-Pobre Ryousuke… -dijo Shoutarou mirando fijamente su Xros Loader. –No se merece lo que está pasando.
-Debe ser un chico fuerte a pesar de que sabe lo que vendrá-nya. –dijo Tailmon desde el Xros Loader.
-Si hubiera alguna forma de ayudarlo… ¿Pero cómo?
Nadie dentro del Xros Loader le respondió.
-No vuelvo a pedirles consejos. –contestó Shoutarou bastante molesto.
-Si tuviera alguna forma, te diría, Shoutarou-nya. –contestó Tailmon. –Pero estamos de brazos cruzados igual que tú-nya.
-¿Y Ryousuke no puede evitar eso? –preguntó Tankdramon.
-Podría ser. –dijo Shoutarou. -¿Pero hay forma de evitar algo que sucederá?
-Estamos en un tiempo pasado. –dijo Megadramon. –En teoría sí podría hacerlo.
-Eso me lleva a otra pregunta. –dijo Shoutarou. –Ya hemos cambiado varias acciones del futuro por nuestra interrupción en este tiempo. ¿Eso no daría pie a que quizás el incidente con su padre no se produzca? ¿O que Ai-chan intente interrumpirlo? ¿Podría ser esa la razón por la que Ai-chan está aquí?
-Te preocupas mucho por los demás-nya. –contestó Tailmon.
-¡Eso no es cierto! –gritó algo nervioso Shoutarou. –Solo… solo… solo quiero ayudar a Ryousuke. No quiero que piense que soy un malagradecido por darle la espalda cuando él me dio la mano…
-Su padre es abogado. ¿No es así, señor? –preguntó Megadramon. –Podría hacer que, en caso de que lo encierren, él le ayude en el juicio.
-¡Olvídalo! –gritó Shoutarou. -¡Eso sería imposible! ¡No conoces a mi padre! ¡Es…! ¡Es…!
-¿Es por eso que nos quedamos en los escalones-nya? –preguntó Tailmon.
-Esto… -dijo Shoutarou bastante asustado. –Sí… Se me hizo tarde y me va a llegar una buena…
-Pero no puedes escapar de esto-nya. –dijo Tailmon. –De todos modos tienes que regresar a casa.
-Tienes razón, Tailmon. –contestó Shoutarou resignado, levantándose de los escalones y caminando hacia la puerta del departamento donde vivía. –Creo que no queda de otra que… afrontar lo que pase.
Opening: Dream5 – COME ON!
24. Reparando el pasado
-Ya llegué… -dijo Shoutarou un poco nervioso al abrir la puerta de su hogar.
-Bienvenido a casa, Shoutarou. –dijo su madre al verlo.
Su padre, quien se encontraba en la mesa disfrutando de su comida, se levantó con firmeza, y se dirigió a Shoutarou.
-¿Dónde estabas? –preguntó aquel señor.
-E-Estaba en el parque, con un amigo… -contestó Shoutarou un poco nervioso.
-Este sujeto da miedo-nya… -dijo Tailmon por lo bajo.
-¿Dijiste algo? –preguntó su padre severamente.
-¡No! ¡Nada! –contestó Shoutarou algo nervioso. Su nerviosismo se hacía más y más evidente. Y eso, para su padre, era sinónimo de que escondía algo.
-¡Pásame tu mochila! –contestó aquel señor, arrebatándosela de las manos de Shoutarou, antes de que éste dijera una palabra.
El padre de Shoutarou comenzó a revisar la mochila de Shoutarou. Solo encontró su carpeta de apuntes, al igual que un libro de matemáticas, puesto que iba a estudiar ese día.
-Buenas calificaciones, hijo. –contestó al revisar sus apuntes. -¿Pero qué es esto?
Shoutarou, asustado, solo atinó a tragar saliva.
-"Yo, Watanabe Shoutarou, en pleno uso de mis facultades…" ¡¿Renunciar al club de lectura?! –gritó con furia su padre. -¡¿Cómo pudiste hacer semejante estupidez?!
-Pues lo hice. –contestó Shoutarou algo nervioso, pero esta vez decidido. -¡Ya me cansé de que todos decidan por mí! ¡¿Acaso mis decisiones siempre están mal?! ¡¿Qué hay de malo en que tome por única vez una decisión propia!
-Los hijos siempre deben obedecer a sus padres. Así es como se sostiene la sociedad japonesa. –contestó su padre. -¿Qué va a seguir? ¿Qué te conviertas en un delincuente juvenil y trunques tu futuro como prestigioso abogado?
-¡No quiero ser abogado! –gritó Shoutarou ya harto de las reprimendas de su padre, mientras su madre solo escuchaba sin pronunciar palabra alguna. -¡Siempre decides sobre mi vida, pero jamás me has llegado a preguntar qué me gusta o qué me gustaría hacer!
-¿Me estás diciendo que ser abogado es algo sencillo? –gritó el señor Watanabe. -¡No sabes cuánto me parto el lomo día a día, litigando, abriendo casos, juntando pruebas, para que mi hijo…! ¡Mi propio hijo, me insulte a mí y a mi trabajo!
-¿Lo ves? ¡Todo en esta casa gira en torno a ti! ¡Todo se debe hacer en base a tus órdenes! ¡Nunca consultas la opinión de nadie, ni la de mamá! ¡No insulto tu trabajo, pero no es lo que quiero ser de grande!
-¡Se acabó! ¡Te vas a tu cuarto y no sales hasta mañana! ¡No me importa si tienes hambre, tienes prohibido bajar a comer! ¡Mañana hablaremos sobre tu rebeldía ante el director! ¡Para que sepas que en esta casa hay reglas, y se deben obedecer!
Antes de entrar a su habitación, cansado, solo atinó a decir.
-Papá… Te respeto… Pero… ¿tú nos quieres? ¿A mí y a mamá?
Y cerró la puerta. El padre de Shoutarou estaba furioso, y corrió hacia la puerta a punto de abrirla, pero su madre lo impidió.
-Lo he pensado muchas veces, y…
-Siempre es lo mismo…
Recitó Shoutarou mientras se dejaba caer de boca sobre la cama.
-Mañana irá a hablar con el director para que reanuden el club de lectura. Pasado irá a ver si no me he metido a algo que no va conmigo, y si me encuentra, me sacará de ahí…
-¿De verdad crees que hará eso-nya? –preguntó Tailmon un poco dubitativa.
-No sería la primera vez. –dijo Shoutarou sin siquiera mover la cara. –A veces me pregunto si solo lo hará para molestarme…
-Ese tipo está loco-nya. –contestó firmemente Tailmon.
-Tailmon… Estoy en este tiempo para arreglar mi futuro, y tan solo lo he arruinado. Karin ya no quiere que seamos amigos, mi padre cree que soy un delincuente… A este paso no podré ayudar a Ryousuke. ¿Qué voy a hacer, Tailmon?
-Lo primero que debes hacer es dejar de preocuparte por lo que no puedes hacer-nya.
-¿Dejar… de preocuparme? –preguntó Shoutarou a punto de llorar.
-¡Sí-nya! –gritó Tailmon algo furiosa. -¡Si tienes un defecto, es que te preocupas hasta de lo que no te incumbe-nya! ¡Deberías dejar de pensar en lo que no puedes hacer y más en lo que has hecho-nya! ¡Eres el famoso General rojo! ¡El líder de los Dreams Come True! ¡Has vencido a dos oficiales de los Death Riders y tienes un ejército muy poderoso-nya! ¿Acaso eso no ha sido algo de qué enorgullecerse-nya? ¡Si algo he aprendido, es que nunca se puede tener lo que se desea-nya! ¡Pero no por eso vas a rendirte o a lamentarte-nya!
-Tienes razón… -dijo Shoutarou. -¡Es cierto! Me la pasé lamentándome muchas veces por todo lo que no pude hacer o por lo que salió mal, que me estuve perdiendo de lo más importante: el hoy. ¡Hoy! ¿Qué día es hoy?
Shoutarou volteó hacia el calendario de su celular, y se dio cuenta del día: "4 de noviembre de 2XXX", dijo.
-Este día debo cumplir 13… Me peleé tan feo con mis padres que se olvidaron de mi cumpleaños. Debo ser el peor hijo del mundo.
-Los padres siempre quieren a sus hijos, Shoutarou-nya. Nunca pierdas de tu mente eso.
-Tal vez debería pedirle disculpas a mi padre por haberle llevado la contraria. –contestó Shoutarou antes de que Tailmon pudiera reaccionar.
-¡No quería decir eso-nya! –gritó Tailmon, después de que Shoutarou abriera la puerta.
Shoutarou encontró la casa vacía, sin nadie a su alrededor. Solo una nota en la mesita de centro del departamento. Shoutarou la tomó y recitó en voz baja:
"Shoutarou:
Tu madre y yo tuvimos que salir a hacer unas compras. Espéranos."
-Genial, ya empezaron los problemas desde ahora. -dijo dejando la nota en la mesa de nuevo. Siempre que mi padre se enoja conmigo, da una vuelta por la ciudad con mi madre. Al rato llegará gritando y diciendo que no me educó para ser un rebelde.
En ese momento se tiró sobre el sofá.
-Estoy frito, Tailmon... -dijo boca abajo sobre el sofá.
-¿Siempre pasa lo mismo, Megadramon-nya? -preguntó Tailmon a sus compañeros Digimon.
-Sí. -contestó aquel dragón. -En ocasiones peor de lo que cuenta el General, pero más o menos es ese esquema.
-Entonces no es primera vez que ocurre esto-nya.
-No tan fuerte como ahora, pero sí.
-Entonces no hay mucho que podamos hacer-nya.
-Es lo que he estado diciendo desde un principio. -respondió Shoutarou, atento a la conversación entre sus Digimon.
En ese momento, un fuerte estruendo sacó a Shoutarou y a los demás de sus pensamientos. Parecía provenir del exterior, pero por precaución Shoutarou no se acercó a la ventana.
-¿Qué ocurre-nya? -preguntó Tailmon.
-Es el hedor de un Digimon. -contestó Megadramon. -Beelzebumon-sama.
-¿Beelzebumon? -gritó Shoutarou asustado.
Inmediatamente se levantó del sofá y se acercó cautelosamente hacia la ventana.
-¡Sal de una vez, maldito General rojo! -gritó aquel Demon lord. -¡Sé perfectamente dónde vives y no dudaré en atacar este lugar hasta que salgas!
Shoutarou decidió ir hacia la entrada de su edificio, "al menos eso calmará la ira de mi antiguo jefe", pensó. Además, era lo mejor si no quería evitar una catástrofe.
-Aquí estoy, Beelzebumon. -dijo mirando a su antiguo jefe. -Saldré con la condición de que no le hagas nada a los que viven aquí.
-Por supuesto, ¿cuándo he roto una promesa?
-Empezando por el hecho de que yo era tu sirviente y me abandonaste.
-Fue una decisión unipartita el que entraras a los Death Riders. –contestó Ai, quien se encontraba detrás de ese Digimon. –Conocías las consecuencias de tu trato con nosotros.
-Y eso no lo reprocho, Ai. –contestó Shoutarou con un tono seco. –Lo único que no entiendo es qué te mueve para hacer todo esto.
-¿Hacer qué? –preguntó Ai sin mosquearse ni un segundo.
-Una masacre a nivel mundial, en el Digital World y en el mundo humano. –contestó Shoutarou. –Sabes bien que los Digimon refugiados en la Tierra eran exiliados de las tierras de los Death Riders, así que diste la orden expresa de matarlos por rebelarse. El cambio del tiempo y el espacio, el saber que puedes manejar esos parámetros a tu antojo y llevar a tu hermano a la más grande depresión que he visto en mi vida, al ver que no puede hacer nada por su familia. ¿Acaso no te da lástima ver a Ryousuke así?
-No. –contestó Ai sonriendo. –A algunos les mueve un motivo, a otros una venganza. A mí sólo me mueve divertirme.
-¡¿Y qué le ves de divertido a esto?! –gritó Shoutarou. -¡¿Acaso no ves el sufrimiento que provocas en tus seres queridos y a los Digimon que matas con todo esto?! ¡Esto no puede ser para nada divertido!
-Si mi hermano nunca hubiera aceptado ayudar a ese rebelde de Monodramon, nada de esto estaría pasando.
-Sabías que lo iba a hacer. –dijo Shoutarou. –Él nunca deja atrás a los que se encuentran débiles y en problemas, aún si arriesga su propia vida.
-En eso te equivocas, Shoutarou. –contestó Beelzebumon. –Si nunca hubieras viajado 20 años atrás en el tiempo, los demás Generales ni siquiera hubieran existido. Cambiaste tu pasado, tu presente y tu futuro. Dejaste atrás los principios que te regían para buscar tu propia venganza, y a consecuencia de ello, ese estúpido Dios mandó a todos los demás Generales para detenerte. A final de cuentas, quien más daño ha hecho al Digital World ha sido el mismísimo General rojo.
-¿De qué hablas? –preguntó Shoutarou extrañado. -¡Yo jamás he viajado en el tiempo! ¡Jamás he tenido la habilidad para hacerlo!
-Eso es porque rescribiste tu propia vida. –dijo Beelzebumon. –Al eliminar en el pasado el motivo para retroceder en el tiempo, éste no existió en tu presente, por lo que el General rojo en este tiempo no tuvo la necesidad de viajar al pasado. Pero a consecuencia, todo cambió. Rompiste el equilibrio de los mundos, y a consecuencia, alguien tuvo que restructurar todo.
-No entiendo nada de lo que dices. –dijo Shoutarou. -¡Pero no pienso dejar que hagas de las tuyas en este mundo!
En ese momento, un extraño ser en forma de diablesa vestida de negro apareció detrás de una pared, sosteniendo a dos personas.
-Mire lo que encontré, señorita Ai. –contestó aquel ser.
-Bien hecho, Lilithmon. –contestó Ai.
-¡Madre! ¡Padre! –gritó Shoutarou con mucha desesperación.
Este intentó correr con todas sus fuerzas hacia aquel nuevo Digimon llamado Lilithmon, con un suave movimiento de uno de sus brazos, como si se tratase de una onda de choque, envió a Shoutarou al suelo, causando el susto (mayor) de sus padres.
-¡Shoutarou! –gritó la madre de aquel General.
-¿Qué está pasando aquí? –gritó el padre de Shoutarou mientras intentaba comprender lo que estaba pasando en ese momento.
-Puedo hacer el trabajo sucio por ti, Dark General. –contestó Ai, acercándose lentamente a Shoutarou.
-¿De qué… estás hablando? –preguntó Shoutarou intentando ponerse de pie.
-Lo sabes muy bien. –dijo Ai mirando fijamente a Shoutarou. –"Quisiera vivir en un mundo donde nadie, ni mis padres, me dijeran lo que debo hacer", ¿o no lo recuerdas? Yo te entiendo perfectamente, por eso te lo digo una vez más. Juntos podríamos hacer que el Digital World y el mundo humano sean nuestros.
En ese momento, Ai le tendió la mano a Shoutarou, quien estaba en el suelo aun, y le dijo:
-Ven conmigo. Sabes que esto es lo que deseas.
-No. –dijo Shoutarou, haciendo a un lado la ayuda de Ai. -¿Sabes? Todos estos meses me ayudaron a pensar mejor las cosas. Sí, tal vez no tengo amigos… Tal vez mis padres no me quieren… Tal vez quise cambiar mi vida de otra manera… Pero hay cosas que no puedo cambiar, como cuánto quiero a mis padres… a pesar de que ellos jamás me correspondan… ¡Porque mientras haya alguien que jamás pierda la esperanza en mí, voy a seguir siendo el de siempre! ¿Me escuchaste?
-Bien, creo que ya firmaste tu sentencia de muerte. –dijo Ai, mientras un decidido Beelzebumon se acercaba hacia el General rojo.
Fue en ese entonces que Tailmon, muy furiosa, comenzó a arañar a Beelzebumon, haciendo que éste retrocediera. Al mismo tiempo, el padre de Shoutarou mordió el brazo de Lilithmon, haciendo que ésta gritara, se distrajera y soltara a ambos. Lilithmon intentó atacarlos, pero un ágil Callismon salió del Xros Loader de Shoutarou apuntándole con su brazo-cañón, diciendo con una sonrisa macabra:
-Ni pienses dar un paso en falso. Aun si soy más débil que tú, puedo llenarte de plomo.
-Eres un atrevido al intentar atacarme. -contestó Lilithmon sin mosquearse siquiera.
-Todo sea por mi General. -contestó aquel grizzly.
-Olvídenlo. Mejor me regreso al Digital World. -contestó Lilithmon desapareciendo en el acto, totalmente molesta.
-¡Ahora, Megadramon! -gritó Shoutarou aprovechando la oportunidad.
En ese momento, del Xros Loader salió Megadramon, para intentar atacar a los dos Demon Lords. Sin embargo Megadramon tenía una gran desventaja: su tamaño. Era perfecto para masacres, tal y como lo había utilizado Shoutarou. Pero para batallas cuerpo a cuerpo era enorme, y no podía acercarse directamente a Beelzebumon sin antes recibir los disparos de aquel motorista.
-¡Megadramon! -gritó Shoutarou asustado, al notar cómo su Digimon era atacado por los golpes y disparos de Beelzebumon.
-¡Shoutarou, vámonos de aquí! -gritó la madre de Shoutarou.
-¡No! -contestó Shoutarou. -¡Ustedes aléjense de aquí!
-¿Qué piensas hacer, Dark General? -contestó Beelzebumon de forma burlona. -¿Vas a dejar que tu querido Megadramon muera de nuevo?
-No quiero perder a nadie… -dijo Shoutarou en voz baja. -¡No voy a perder a nadie! Perdí muchas cosas cuando me uní a ti, ¡pero ya no más!
-Estás perdido, Shoutarou. -contestó Ai-chan acercándose a su querido Beelzebumon.
-No entiendo tus motivos para destruir este mundo. -dijo Shoutarou intentando contener la rabia que lo consumía por dentro.
-Sabes mejor que nadie que el Digital World como nuestro mundo están totalmente mal. -contestó Ai-chan mirándolo fijamente. -Nosotros tenemos el poder de cambiar ambos mundos. Ser casi los dueños de todo lo que tenemos. Solos nos mandaron a este mundo, solos podemos salir adelante.
-Pero no podemos vivir solos toda nuestra vida. -contestó Shoutarou. -Siempre necesitaremos a alguien a nuestro lado, sean Digimon o humanos. Tal vez mis padres jamás acepten mis decisiones, pero si he ganado amigos, ha sido por demostrar lo que he sido, lo que soy capaz, y lo que puedo hacer para ayudarlos.
-¡Pero los amigos no son para siempre! -gritó Ai a punto de llorar. -¡La familia y las amistades se van cuando menos lo esperas! ¡No puedes confiar en nadie porque no sabes cuándo te abandonarán!
Shoutarou logró ver como de las mejillas de Ai-chan, escurrían unas lágrimas. "¿Lo está haciendo por algo?", pensó.
-Tal vez no lo sean para siempre. -dijo Shoutarou. -Por eso lucharé. Lucharé para evitar perder a las personas que más quiero, lucharé para tenerlos a mi lado la mayor parte del tiempo posible. Quiero sentir esa libertad… La libertad de poder disfrutar con la gente que aprecio… ¡Esa es la verdadera libertad!
En ese momento, del Xros Loader de Shoutarou salió una fuerte luz blanca que se dirigió hacia Megadramon envolviéndolo, cegando a Beelzebumon y a Ai-chan al momento, y al desaparecer, un nuevo Digimon comenzaba a aparecer de ese lugar.
Era más pequeño que el antiguo Megadramon, pero a su vez se veía más robusto y gallardo. Seguía pareciendo un dragón a simple vista, pero una armadura más fuerte y una lanza en vez de brazo, se distinguían mejor cuando se le veía a profundidad.
-Es… un Darkdramon… -contestó Shoutarou al ver a su Digimon en su nueva forma. -¿Pero qué pasó?
-¡¿Una evolución?! -gritó Beelzebumon algo asustado, por primera vez. -¡Eso es imposible!
-¿Evolución? -preguntó Shoutarou. -¡Da igual! ¡Darkdramon, haz lo tuyo!
-Vengan, por aquí-nya. –dijo Tailmon intentando dirigir a los padres de Shoutarou.
-¡No pienso seguir a un gato que habla! –gritó el padre de Shoutarou, tratando de cuestionar lo que estaba pasando.
-¡Yo tampoco! –gritó la madre de Shoutarou. -¡No pienso irme sin llevarme a mi hijo!
-¡Él está peleando ahora mismo-nya! –gritó Tailmon. -¡Si regresan, solo complicarán las cosas-nya!
-¿Pero qué está pasando aquí? –preguntó el señor. -¿Qué son todos estos monstruos? ¿Por qué Shoutarou debe quedarse ahí junto con esos monstruos?
-Porque él es el único que puede detener a esos monstruos en su avance en el mundo de los humanos-nya. –contestó Tailmon. –Deben creer en él, solo él puede contener a Beelzebumon-nya.
-¡No dejaré que mi hijo se meta en estas cosas! -gritó aquel señor. -¡Llamaré al ejército, a la policía, a quien sea! ¡Pero Shoutarou nunca!
-¡Por favor-nya! -contestó Tailmon. -¡Deje que Shoutarou haga lo que tiene que hacer! ¡Es su deber-nya! ¿Confía en él-nya?
-Yo…
En ese momento, el padre de Shoutarou no supo qué decir. Quizás algo había calado en el fondo de su alma. Las palabras de Tailmon, o que realmente quería y debía confiar en Shoutarou, fue en ese momento que aquel hombre solo soltó unas cuantas palabras…
-Sí… creo en mi hijo. -dijo aquel señor haciendo una pausa mientras volteaba a ver a Shoutarou. -Siempre he creído en él.
Pero Shoutarou no escuchaba nada de la discusión entre Tailmon y sus padres. La pelea entre Beelzebumon y Darkdramon era una danza de colores majestuosos. Por un lado, Beelzebumon intentaba disparar a Darkdramon, pero éste último era bastante ágil, además, su Gigastic Lance la dominaba a la perfección, desviando todos los ataques de aquel Demon Lord.
La prioridad en ese momento era detener a Beelzebumon. ¿O quizás a la que estaba detrás de este ataque? En realidad Shoutarou estaba más enfrascado en intentar convencer a Ai de que lo que hacía estaba mal.
-Por favor, Ai-chan, detén esto. Estás haciendo sufrir a Ryousuke. -le dijo.
-Lo estoy haciendo por él. -dijo en voz baja.
-¿Qué?
-¡Dije que te calles y no te metas en lo que no te incumbe! -gritó Ai-chan.
-Claro que me incumbe. Quisiste hacerle daño a mis padres, y eso no te lo voy a permitir. También estás haciendo llorar por dentro a Ryousuke. Él confiaba en ti, y le diste la espalda.
-¡Él no confiaba en mí desde antes! -gritó Ai. -¡Nadie confía en mí! ¡Nadie sabe cómo me siento ahora mismo!
-Ryousuke confía en ti. ¡Por eso me golpeó antes que abrir los ojos ante lo que estabas haciendo! No sé lo que está pasando, y quizás jamás lo entienda, pero hay una solución… ¡Por eso estamos aquí, de nuevo en el pasado! Estoy seguro de que es lo que querías hacer desde un principio.
-Nada de lo que haga cambiará las cosas… -dijo Ai a punto de llorar.
-Claro que sí… -dijo Shoutarou, intentando acercarse a Ai, lento pero decidido. -Siempre hay alguien que espera que estemos para ellos. Estamos nuevamente aquí para cambiar ese pasado.
-Shoutarou… -contestó Ai-chan enjugándose las lágrimas mientras intentaba estrecharle la mano.
En ese momento, un grito de "¡Tu oponente soy yo!" de Darkdramon hizo que tanto Shoutarou como Ai salieran de sus pensamientos. Beelzebumon se interpuso entre aquellos dos chicos, gritando:
-¡Tienes buenos trucos bajo la manga, Dark General! ¡Pero ni creas que mi querida Ai va a caer en tu trampa!
-¿Qué haces, Beelzebumon? -gritó Ai un poco consternada por la situación.
-¡Usted nos da toda esa fuerza, y no vamos a dejar que esa fuente de poder se nos corte! -gritó Beelzebumon. -Además… nosotros le prometimos que íbamos a resolver todos sus problemas.
En ese momento, Beelzebumon abrió una especie de Digital Gate en el mundo real.
-Es hora de irnos. -contestó aquel Demon Lord.
-¡Ai-chan, no vayas! -gritó Shoutarou. -¡Puedes hacer aun las paces con Ryousuke!
Pero Ai-chan, prefirió dar la vuelta y acompañar a su Digimon en su viaje, pero antes se detuvo, y le dijo en voz baja.
-Esto es lo que quiero hacer.
-No, Ai-chan… -gritó Shoutarou.
Pero sus gritos fueron en vano. Ai-chan se refugió dentro de aquel Digital Gate, desapareciendo al instante del lugar.
-Ai-chan… -dijo Shoutarou mirando hacia donde se encontraba hace unos segundos el Digital Gate.
-¿Qué sucede, General? -se acercó Darkdramon a preguntar a su amigo.
-Tengo el presentimiento de que esto no es lo que quiere Ai-chan… -respondió Shoutarou antes de darse cuenta de que sus padres estaban corriendo hacia él.
-¡Shoutarou! -gritó la madre de éste al abrazarlo. -¡No vuelvas a arriesgar tu vida en estas cosas!
-Mamá… -dijo Shoutarou sintiendo los brazos de su madre rodeándolo, no sin antes derramar unas cuantas lágrimas. -¡Tenía miedo! ¡No quería que ese Digimon les hiciera daño!
En ese momento, alguien más se unió a ese abrazo. Cuando se dio cuenta, Shoutarou puso unos ojos enormes, quizás de sorpresa, quizás de miedo.
-Padre… -dijo en voz baja. -Yo… lamento lo que les dije en la casa…
-Nunca dudes lo mucho que te queremos… -contestó aquel señor, abriendo su corazón un poco más. Había escuchado con toda claridad aquella parte en la que su hijo expresaba su sentimiento de abandono.
-Siempre… Siempre pensé lo contrario… -dijo Shoutarou aun con los ojos llorosos. -Tenía tanto miedo de tomar mis decisiones… Que algunas de ellas las hice a escondidas, como el no decirles lo de abandonar el club de lectura…
-Tu padre cree en ti, yo creo en ti… Por eso quería dejarte tener esa libertad… -decía aquella mujer.
-Pero no creía que estuvieras listo aún para decidir por ti mismo. -dijo el padre de Shoutarou. -Cuando me dijiste que no querías ser abogado, me cayó como un balde de agua fría…
-Padre…
-No… Dime "papá", como lo haría cualquier chico de tu edad…
-Me es complicado… -contestó Shoutarou algo asustado.
-¡No puede ser! -gritó la madre de Shoutarou. -¡El pastel…!
La madre de Shoutarou señalaba hacia el suelo, un lindo pastel, que parecía ser de chocolate, se encontraba embarrado en el pavimento.
-Debió haberse caído cuando nos atacaron esos monstruos. -contestó el padre de Shoutarou. -¿Qué tal si vamos a un buen restaurante y celebramos tu cumpleaños?
-¿Mi cumpleaños? -contestó Shoutarou asombrado. -¡Pensé que se habían olvidado!
-Pero cómo íbamos a olvidarnos del cumpleaños de nuestro único hijo… -contestó la madre.
-¡Gracias, mamá, papá! -gritó Shoutarou bastante efusivo dando nuevamente un abrazo, esta vez a sus dos padres, y recordando las palabras de Tailmon: " Los padres siempre quieren a sus hijos".
Continuará…
Ending: Dream5 – Minna de te o tsunagou
