Día 3

Una nueva y apacible noche se dejó caer en medio del océano. Todo estaba muy tranquilo en el Sunny, la cena ya había terminado y cada uno estaba en lo suyo para en un par de horas más retirarse a dormir.

Chopper se había ido a la enfermería con Deni, ya que su compañera le comentó durante el día que quería una revisión general para saber como iba todo. El chequeo tan solo le tomó media hora, dado que se encontraba perfectamente de salud.

—Va todo bien con el embarazo, Deni —comentó el renito quitándose el fonendoscopio de las orejas—. ¿Por qué estabas preocupada?

—Es solo que aun sigo entrenando —respondió bajándose de la camilla—, solo quería asegurarme de que no me perjudicara.

El renito se llevó una mano al mentón pensativo, si el embarazo iba bien no habría problema en que entrenara, pero más valía estar prevenido.

—Esta bien que hagas ejercicios leves —continuó Chopper entregándole un frasco de vitaminas—, pero no te sobre esfuerces demasiado.

—Procuraré no hacerlo, Chopper, gracias.

Antes de pensar en retirarse, Deni comenzó a mirar el estante de medicamentos y libros de medicina que guardaba el renito. Sonrió inconscientemente al ver toda esa gama de fármacos, los cuales para ella eran nuevos en aquel mundo.

Quizás sería bueno retomar aquellos conocimientos guardados…

—¿No es genial ser médico, Chopper? —soltó de repente, dejando a su compañero con cara de extrañeza ante tal pregunta—. Atropina —comenzó a leer un frasco del estante—; así que también usan esta droga para activar el sistema simpático.

—¿Eh, también sabes de medicina? —preguntó al notar que su compañera también tenía algunos conocimientos del área.

—Yo —comenzó a decir con un deje de tristeza en sus palabras— llevaba tres años estudiando medicina: veterinaria para ser más precisa, pero no pude terminar, te imaginarás el por qué.

Se hizo un silencio incómodo en el ambiente, Chopper no sabía que decir ante esa confesión, pues entendía perfectamente bien el pesar de Deni, quien no pudo cumplir su sueño a causa de la destrucción de su mundo.

De repente una luz de esperanza se hizo en la mente de la chica, por lo que miró al instante a su compañero esbozando una gran sonrisa, dejando a este confundido por el cambio tan repentino de ánimo.

—¡Chopper —suplicó tomándole las manos—, enséñame medicina!

—¡¿Qué?! —gritó atónito con los ojos abiertos a mas no poder. Nunca se imaginó en su vida que alguien depositara aquella confianza para algo tan importante; lo cual era traspasarle sus conocimientos.

—Por favor, di que si—continuó la chica haciendo más fuerte el agarre—. No sabes lo importante que sería para mí terminar mi carrera. En mi mundo veía muchos animalitos sufriendo y sufría yo también al no tener los suficientes conocimientos para ayudarlos. Sé que tú eres el indicado para alcanzar mi sueño.

—¿Eh? ¿Yo? —seguía dudando su compañero, si bien no tenía problema, no sabía si se le diese bien enseñar o no, sumando a que aun estaba shockeado por la petición—. Pero no se si…

—¡Vamos, Chopper! Estoy segura que serás un excelente profesor, a parte de ser el mejor médico del mundo —finalizó Deni con una sonrisa.

—¡Tonta! ¡No me digas esas cosas que no me harán feliz!

Chopper comenzó a mover el cuerpo en forma de espiral, típico de cuando lo alagan, mientras Deni solo le quedó mirando con una gota de sudor en la frente. Finalmente aceptó ayudarla, comenzando esa misma noche con un repaso general.

A la hora después, Zoro se encontraba en el gimnasio, preocupado porque su compañera aun no aparecía, ¿le habría ocurrido algo?

No quiso ni siquiera pensar en esa posibilidad, así que comenzó a buscar por todos los rincones del barco, preocupándose cada vez más.

Hasta que al fin dio con la enfermería.

—¡Zoro! —el primero en notar su presencia fue Chopper, quien se acercó a él— ¿Vienes a buscar a Deni? —preguntó haciendo que el espadachín mirara hacia otro lado, no queriendo aceptar que era así—. Creo que es suficiente por hoy —continuó mientras se dirigía a la chica—, mañana seguiremos.

Deni se paró de su puesto dirigiéndose a la salida de la enfermería, no sin antes darle un abrazo de agradecimiento a Chopper, quien estaba dichoso de que alguien en el barco compartiera la misma pasión que él.

Zoro se encontraba en el pasillo esperándola, hasta que finalmente emprendieron camino al gimnasio una vez Deni apareció.

—¿Retomando? —preguntó el espadachín, mirándola de reojo. Se imaginaba perfectamente de que se trataba, pues él la mayor parte del tiempo que estuvo en su mundo tuvo que acompañarla a clases. Aunque, no obstante siempre terminaba dormido apoyado en una esquina del salón.

—Si —respondió Deni, asombrada al ver que Zoro le preguntaba algo—, al fin terminaré mi carrera.

Día 4

A la caída del atardecer de aquel día, Robin se encontraba sentada en una silla en cubierta disfrutando del aire tibio que proporcionaba la puesta de sol y leyendo, como no, un libro inmenso.

—¿Hay algo que te inquiete, Deni? —dijo interrumpiendo su lectura al ver que su compañera se encontraba a unos metros de ella, esperando que la morena terminara su libro para no distraerla.

—Perdón, Robin, no quería interrumpirte —respondió Deni avergonzada—, si quieres después…

—Por mí no hay problema —prosiguió la arqueóloga dando por terminada la lectura—, este libro ya lo había leído una vez.

—Vaya si que lees mucho —comentó al ver que ese libro tenía por lo menos unas mil páginas—. Es por eso que quería pedirte un consejo: me gustaría leer algún libro, ya que desde que abandoné mi mundo que dejé de lado la lectura. Pero en la biblioteca hay cientos, que me mareo con tanto titulo.

—Te acompaño entonces —concluyó Robin con una sonrisa.

Al entrar en la biblioteca la arqueóloga se situó en uno de los estantes repasando con un dedo cada uno de los títulos. Efectivamente existían cientos de libros apilados en aquellos muebles, pero la morena conocía cada título de ellos y ya se formaba una idea de lo que a Deni le podría gustar.

—¿De que tipo te gustan?

—Bueno —Deni se llevó una mano al mentón pensando que podría ser—: de ficción, acción, y sobre todo romanticismo, pero —continuó soltando un suspiro— no estoy de ánimo para leer finales felices, cuando mi historia es todo lo contrario.

Robin le dirigió la mirada, viendo como Deni desprendía un aura de tristeza. Volvió a mirar el estante, sonriendo al encontrar el libro indicado.

—Yo no creo que sea así. Tu historia va por buen camino.

—¿Eh? —Deni volvió a levantar la vista, asombrándose por las palabras de su nakama, las cuales para ella reflejaban un rayito de esperanza al saber que alguien tenía esa opinión— ¿De verdad lo crees así?

—Zoro es hombre, y extremadamente orgulloso, pero se ve que tiene sus sentimientos bastante claros —continuó haciéndole entrega de un libro—. Solo dale tiempo.

— "Tiempo" —dejó salir en un leve susurro Deni. Eso era probablemente lo que menos tenía.

Comenzó a ojear el ejemplar que Robin le había entregado, interesándose bastante en él. Definitivamente su compañera había hecho una buena elección.

—¡Esta genial! —agradeció alegremente— ¿Cuándo lo termine me recomendarías otro?

—Por su puesto que sí —respondió Robin ofreciéndole una última sonrisa antes de buscar uno para ella también.

En la biblioteca cada mugiwara, a excepción de Luffy, tenía algún libro favorito almacenado ahí.

Y Deni no se dio cuenta, pues tampoco lo sabía: Robin le hizo entrega del libro que pertenecía a Zoro. Dicen que a veces la personalidad de alguien se ve reflejado en lo que lee, y quizás le podría servir a ella para llegar a comprender y conocer mejor el comportamiento del espadachín.

Día 5

Los primeros rayos del sol comenzaron a asomarse por la ventana dando directamente en el rostro de Deni, quien terminó por despertarse luego de una noche extrañamente tranquila.

Abrió los ojos perezosamente; se encontraba en el sillón del gimnasio, el cual se había convertido en su nueva cama desde que Zoro comenzó a entrenar por las noches.

Escuchó unos leves ronquidos los cuales provenían del espadachín, quien estaba roncando escandalosamente de espaldas y brazos abiertos en el suelo con una pesa al lado, lo que indicaba que se había quedado dormido en pleno entrenamiento esa noche.

Se acercó sigilosamente para extender los mantos encima cubriéndolo por completo, pues este yacía en el suelo sin nada que lo abrigase. No pudo evitar sentir en parte pena por todo el sobre esfuerzo que estaba haciendo Zoro para protegerla a ella y a su hijo. Más aun, le daba impotencia y rabia el hecho de que se tenga que ver involucrado en algo tan complicado, por un asunto que tenía que ver exclusivamente con ella y Hokusai.

Por aquel motivo, también ella seguía entrenando, porque no quería ser un estorbo a la hora de dar la cara y no permitiría por nada en el mundo que ese monstruo le hiciese daño a unos de los suyos, no otra vez.

En un impulso Deni acercó su rostro hasta quedar a un centímetro de Zoro, cerrando los ojos para sentir la cercanía del su nakama junto con su respiración tan pausada e inhalando el embriagador olor a acero que desprendía aquel cuerpo. Y sintió la necesidad de rozar sus labios, aunque fuese una vez, pero como este despertara la mandaría por la borda, por lo que se contuvo. Ya tendría su día con el espadachín.

Luego de tomar desayuno y de ir a dejarle algo de comer a Zoro antes que despertara, se dirigió a la sala de armas de Franky. Al entrar, encontró a su nakama ensimismado en un nuevo invento de arma.

—Bueno, bueno —dijo Franky al ver a Deni—, veo que tenemos espectadores para mi súper nueva creación.

—¡Wow! —exclamó Deni sin poder ocultar su asombro— ¡Franky, ese nuevo experimento tuyo esta quedando de maravilla!

—¿A que si, eh? Tú si que sabes apreciar la buena calidad —alardeó el cyborg levantándose las gafas para posarlas en su frente.

—Bueno, precisamente de experimentos quería hablarte.

—¿Necesitas algo? —preguntó para luego estirar sus inmensos brazos y juntarlos formando la estrella que lo identificaba— ¡Tú solo dime y yo te hare uno súper!

—¿De verdad, Franky? ¡Muchas gracias! Bueno —comenzó a decir llevándose una mano a la nuca, mientras pensaba de que forma transmitirle a su nakama la idea—, ya sabes que navegando por el Grand line corre peligro mi bebé y dentro de mi embarazo necesito algo que lo proteja, no se si me entiendes.

—Déjame decirte que has hablado con el indicado —respondió dejando su creación de lado por el momento—. Lo que necesitas es un cinturón que abarque todo el vientre y resista cualquier golpe, ¿no?

—¡Si! —exclamó Deni sorprendida al ver que Franky captó perfectamente su objetivo—. Sería algo genial, algo que proteja de todo a mi bebé y así nunca le ocurra nada… ¿Eh? —se extraño al ver que su nakama estaba tapándose los ojos con un brazo como si estuviese sollozando.

—¡Es solo una basura que me entró al ojo! —protestó dándose la vuelta para que Deni no lo viese llorando—. Joder, el amor de una madre es tan súper —murmuró creyendo que ella no lo escucharía.

—No era para tanto —comentó con una gota de sudor en su cabeza.

Luego de tres horas de arduo trabajo mientras Deni lo acompañaba, Franky logró confeccionar un cinturón de maravilla, de un grosor considerable y duro como el acero, que ayudaría a protegerle aquella área tan sensible a su nakama.

—Pruébalo y ya me dirás.

—¿Eh? —Deni miró extrañada el objeto, pues parecía tan sencillo—. ¿De verdad crees que me ayudará? —preguntó enganchando ambos limites del cinturón.

—¿Me estas subestimando? —inquirió el cyborg con una sonrisa triunfante.

Deni no alcanzó a ver en qué momento el puño de Franky iba directamente hacía ella.

—¡Espera! ¡¿Qué piensas hacer?! —gritó con los pelos de punta y cerrando los ojos, pero al minuto se dio cuenta que no había pasado nada— ¿Eh?

—Lo sabía —concluyó quitando el puño de su vientre, observando como no le había echo ni siquiera un rasguño.

—¡Maravilloso! —gritó Deni con un resplandor en los ojos al ver que no le había pasado nada— ¡Franky, quedó genial!

—Ya ves, cuando necesites algo solamente me avisas —terminó el cyborg juntando con fervor sus brazos que se alzaban en forma diagonal, simplemente él era súper y lo sabía.

Deni le agradeció enormemente aquel favor tan grande que le había hecho su nakama, pues con eso se sentiría más segura en caso de que hubiese algún peligro rodeándola.

Se dirigió corriendo hacia cubierta para mostrarle su nueva adquisición a los demás, encontrándose a Luffy y Chopper sentados en la baranda del barco.

—¡Chicos! —llamó a los presentes a la vez que agitaba la mano para que estos le prestaran atención— ¡Miren lo que hizo…! ¡Ah!

No alcanzó a terminar la frase cuando se vio de boca en el suelo, ya que con la emoción del momento no alcanzó a frenar, tropezándose con un peldaño.

—¡Deni! —gritó Chopper alarmado— ¡Doctor! ¡Necesitamos un doctor! —comenzó a correr por todo el barco en busca de un médico, pero se detuvo al ver que de un momento a otro su compañera se paró rápidamente y con una gran sonrisa en el rostro.

—¡No me ha pasado nada! —clamó a los cuatro vientos elevando los brazos.

Chopper y Luffy quedaron con la boca abierta, al igual que Zoro que alcanzó a ver lo que estaba ocurriendo. El espadachín estuvo a punto de saltar del puesto de vigía cuando vio el accidente de Deni, hasta que se detuvo al ver la extraña reacción de esta.

Deni comenzó a explicarle a sus dos nakamas el por qué no le había ocurrido algo malo, dejando a los presentes sorprendidos al ver el objeto.

—¡Yo también quiero uno! —exclamó el capitán con un destello en los ojos.

—¡Luffy, tú no estas embarazado!

Día 6

Hace tan solo tres horas el sol había aparecido en el horizonte, regalando un día maravilloso para disfrutarlo en cubierta mirando el océano.

Por eso Deni aprovechó la ocasión para levantarse temprano y salir a tomar aire, encontrándose a Luffy en el camino, quien estaba sentado en la baranda con una caña de pescar.

—¡Luffy! ¿Tan temprano estas pescando? —preguntó acercándose al capitán.

—Fueron ordenes de Sanji —respondió inflando los mofletes—, dijo que si no reponía la carne que me comí anoche no almorzaría hoy.

—Ya veo ¿Y no has cogido ni uno? —al ver que Luffy giró el rostro hacia otro lado de forma sospechosa imaginó la respuesta— ¿O ya te los comiste?

—¡Ah! —gritó horrorizado intentando limpiar algún rastro que quedara en su cara— ¡Me descubrieron!

—No tienes remedio —Deni soltó un leve suspiro—. ¿Qué tal si te ayudo? Puede que entre los dos pesquemos algo enorme.

Este asintió feliz y Deni fue a buscar otra caña para ayudarle. Estuvieron una larga hora intentando atrapar algo, sin embargo tan solo se asomaban pequeños peces, que ni diez juntos podrían saciar el inmenso estómago de Luffy.

—Espérame aquí —dijo Deni dejando de lado la actividad para ir a la cocina—, tengo una idea.

Al rato después volvió con una gran sonrisa traviesa, mostrándole a Luffy un trozo de carne.

—¡Wow! ¡Deni me trajiste comida! —exclamó el capitán, echando baba por la boca.

—¡Por supuesto que no! —respondió ella alejando el bocado—. Es la carnada perfecta para nuestro objetivo, ya veras que con este trozo obtendrás cientos y cientos de kilos más.

—Shishishi —rio convencido—. ¡Sugoi!

Deni ancló la carne, mientras Luffy le ayudaba a amarrarla a una cuerda más gruesa, pues el trozo era mucho más grande, ideal para pescar incluso un tiburón.

—¡Bien! —dijo el sombrero de paja con mucha convicción una vez estuvo todo listo— ¡Ahora si no escaparán!

Tomando vuelo con mucha energía, alzó la caña de pescar hacia arriba haciendo que la cuerda se elevara hacia lo mas alto del cielo con la carnada.

Sin embargo había un pequeño percance: Deni, quien fue la encargada de amarrar el trozo a la cuerda, no se percató en qué momento esta dio una vuelta por su pierna, quedando fuertemente enganchada.

—¡Espera, Luffy! —gritó una vez sintió el tirón en el tobillo, pero tarde fue cuando este la mandó a volar por los cielos.

Solo se alcanzó a ver una luz entre medio de las nubes, junto a la cuerda que aun tenía tomada Luffy. Ni siquiera se había dado cuenta de la no presencia de su nakama, y menos, de que por culpa de él la chica se encontraba en algún lugar del cielo.

Mientras tanto, en el gimnasio se encontraba Zoro haciendo pesas, cuando de pronto miró hacia la ventana, divisando a alguien a lo lejos volando.

—Ah —comentó indiferente—, un hombre pájaro —dijo irónicamente, pero de repente se percató de que esa figura le era conocida—. ¡¿Qué?! —corrió hacia la ventana con los ojos a punto de salirse de su cuerpo.

—¡¿Luffy, que demonios hiciste?! —gritó desde la puerta del gimnasio con el rostro endiablado y unos afilados dientes.

—¡Zoro! —se dirigió el capitán hacia su compañero con una gran sonrisa—. Con Deni estábamos… —miró hacia donde debería estar su nakama, pero al no encontrarla en su lugar se percató de lo que había echo—. ¡Deni! —gritó alarmado tomándose la cabeza, para luego mirar hacia el cielo viendo como la chica iba cayendo hacia el océano— ¡Gomu gomu no!

Estiró su brazo lo más que pudo en dirección donde se encontraba ella y una vez la alcanzó le rodeo por la cintura para atraerla hacia el barco.

Al mismo tiempo Zoro bajó a cubierta y luego de que el brazo de Luffy estuvo a la altura del Sunny dejó caer a Deni en brazos del espadachín.

Apenas sintió los brazos de su compañero rodeándola, intentó deshacerse en un segundo del agarre y quedar en pie con el rostro enrojecido. Aquella atajada por supuesto también le había resultado vergonzosa al espadachín.

—¡¿Se puede saber en que estaban pensando?! —alegó Zoro cabreado.

—Lo siento Deni —dijo Luffy relajadamente mientras posaba una mano en su sombrero.

—¡No lo digas como si lo tomaras a la liger,a idiota! —espetó el espadachín propinándole un golpe en la cabeza a su capitán.

—¡Fue muy divertido! —exclamó Deni luego de soltar una carcajada— ¡Pensé que estaba volando! Luffy, después que nazca mi bebé hagámoslo de nuevo ¡Por favor!

—Vale, shishishi —rio este divertido—. Por mi esta bien.

Zoro se llevó una mano al rostro resignado y sin decir nada se retiró para seguir entrenando.

Si que le había dado un gran susto el haberla visto de esa manera, y ella sin embargo, lo tomaba como un chiste. Simplemente aquella mujer a veces podía ser tan infantil como Luffy.

Día 7

Séptimo día, tan solo quedaban tres nakamas: Usopp, Brook y Zoro ¿Quién sería aquella tarde?

O era Usopp, si no Brook, ya que Zoro lo dejaría para el último día, pues si aun le daba el coraje después de lo que iba a hacer seguiría mirando a la cara al espadachín.

Se encontraba en la cocina comiendo un segundo postre después de almuerzo, hasta que dirigió la vista hacia cubierta por la ventana para ver si tenía la suerte de encontrar a algún nakama restante.

—El grandísimo y genial Usopp esta a punto de mostrar el último invento jamás creado —comenzó a decir el tirador mientras posaba en forma de mandatario para luego desenfundar su nueva arma, mostrando lo que parecía una cañón común y corriente— ¡Lo llamo el Sure Kill Cañon!

Se quedó de pie esperando la opinión de alguien, pero estaba tan ensimismado con su invento que no se dio cuenta que no había nadie en cubierta.

—¡Yo quiero verlo! —alzó la mano Deni entusiasmada, mientras salía de la cocina con su plato de postre en la mano.

—¿Lo dices en serio? —preguntó el tirador con alegría—. Entonces toma asiento y mira esa roca —Deni hizo caso observando a ver que hacía—. Imagina que es un barco lleno de piratas que viene a atacarnos, pero gracias a mi valiosa puntería —activó el cañón que lanzó una granada, la cual al chocar con la roca dio a lugar a múltiples plantas carnívoras —. Serán derrotados —Finalizó triunfante, elevando dos dedos para hacer el signo de la paz.

—¡Has estado esplendido, Usopp! —opinó Deni sorprendida—. De seguro que te cargarías una flota completa de marinos.

—¿Verdad que si? Si quieres el gran capitán Usopp puede dejar que pruebes una vez este valioso invento.

—¿De verdad? ¿De verdad puedo? —preguntó la chica emocionada, dejando de lado el plato que traía en mano— ¡Claro que quiero!

Caminó hacia el cañón para que su nakama le enseñara a usarlo, pero en eso no se percató de que Zoro apareció rápidamente ahí impidiéndole el paso, anteponiendo su katana en frente de ella.

—¿Quieres salir volando otra vez? —preguntó de manera seria y tajante.

—¿Ah? ¿Qué dices? —Deni quedó extrañada ante aquella pregunta—. Si eso fue ayer.

—Ayer y el otro día cuando te lanzaste al suelo —respondió Zoro con una vena de la frente hinchada, a punto de perder la paciencia, ya que ya estaba con los nervios encrespados de todas las locuras que se había mandado Deni últimamente—. ¡Deja ya de hacer el payaso y preocúpate más por ti!

Usopp al ver que una discusión se avecinaba optó por tener la enfermedad de prefiero-no-participar-en-discusiones. No quería entrometerse en sus asuntos, además, toparse con Zoro de mal genio era cosa sería y de temer. Dicen que soldado que arranca sirve para otra guerra y eso era precisamente lo que haría él.

—¡¿Que sabes tú lo que haga o deje de hacer?! —alegó Deni de malas, simplemente aquellas palabras del espadachín le habían dado en lo más profundo—. Eso es asunto mio.

—Bien —concluyó el espadachín a punto de estallar, sin embargo optó por retirarse—, entonces los esfuerzos no servirán de nada, ya que terminaras matándote sola —terminó diciendo mientras se dirigía al gimnasio nuevamente.

¿Por qué? ¿Por qué actuaba de esa manera? ¿Acaso era necesario usar esas palabras tan hirientes?

—¡Pues entonces no sigas, señor esforzado! —gritó Deni con rencor pero sin mostrar una pizca de debilidad, aunque eso implicara hacer el esfuerzo sobre humano para que la primera lágrima no se le escapase— ¡Me encargaré de demostrarte que yo sola puedo con el problema! —dicho esto se retiró, dirigiéndose hacia la parte trasera del barco.

Media hora después, Deni aun se encontraba en el mismo lugar; mirando hacia el océano mientras estaba sentada en el suelo con las piernas flexionadas. Había llevado un buen rato llorando.

De repente, escuchó los pasos de alguien, y al mirar hacia un lado, se dio cuenta que una nariz muy particular se estaba asomando de un costado de la pared.

—¿Ocurre algo, Usopp? —preguntó sonriéndole al francotirador que al verse descubierto dio un salto hacia delante.

—Es que… —comenzó a decir un poco nervioso, ya que no sabía si sería oportuno hablar con Deni luego de su discusión con Zoro—, hace un rato, por mi culpa, yo…

—No tienes de que preocuparte —interrumpió Deni regalándole nuevamente una sonrisa. Sin dudarlo la colocó de buen humor el echo de que su compañero se haya preocupado por ella—. ¿Qué te parece si me cuentas una de tus historias como el gran guerrero de los mares?

—¿Qué? —preguntó Usopp cerrando los ojos repetidas veces, sin poder creer que alguien quisiese escuchar sus "aventuras"— ¡Por supuesto! El gran Usopp dará a conocer como se cargó a tres reyes marinos en unos pocos minutos —continuó mientras se situaba en frente de su compañera, quien escuchaba atentamente sin importarle que algo fuese de mentira—. Antes de que me uniese a la tripulación de Luffy, yo tenía cien mil hombres a mi mando.

—¡¿Qué?! —gritó Chopper, quien se había asomado y no pudo evitar escuchar la historia— ¡¿Cien mil hombres?!

—¡Vaya, eso es genial! —dijo Deni luego de que no pudo evitar soltar una risa ante la inocencia del renito—. Queremos saber más.

Y así la tarde transcurrió, con Deni y Chopper escuchando animadamente las historias que su nakama tenía para ofrecerles. Fue muy divertido, así lo sintió ella, y aunque algunas historias no fuesen 100% reales, eran lo suficientemente buenas para desconectarse por algunos minutos de aquel mundo.

Ya un poco más tarde y una vez entró al gimnasio para dormir, Deni se quedó observando a Zoro quien entrenaba. Sentía que el espadachín ni siquiera estaba inmutado por la discusión de aquella tarde, ¿cómo podía llegar a ser tan orgulloso? ¿es que ni siquiera le había importado ser tan duro?

Le dolía, dolía que aquel idiota como siempre no tomase en cuenta sus sentimientos y le hacía sentir mal de la peor manera posible: ignorándola.

Ya no aguantaba más, no quería estar cerca de él, el estar en el mismo lugar lo único que le producía era más dolor.

Dejó sus mantos a un lado, se levantó y con paso decidido se dirigió hacia la puerta. Esa noche dormiría en su dormitorio, aunque fuese sola.

Antes de que pudiese dar un paso fuera del gimnasio, Zoro la tomó de la muñeca. Sin embargo, Deni ni siquiera se molestó en mirarlo a la cara.

—¿A dónde vas? —preguntó con tono seco el espadachín.

—A cualquier lado —recibió por respuesta—, no quiero estar aquí.

El espadachín frunció el seño y en un impulso dio vuelta a Deni para poder mirarla a la cara, encontrándose por escena con su rostro tapado en lágrimas.

Sabía perfectamente que había sido duro en sus palabras esa tarde, y que ella lo único que quería era aprovechar cualquier momento con sus nakamas antes de que se viniesen los problemas.

Sin embargo él se había sobrepasado, pero si había un motivo por el cual lo hizo: fue porque se preocupaba por la salud de ella y su bebé.

—Oye, sobre lo de esta tarde…

—Déjalo ya, Zoro —interrumpió Deni esquivando la mirada—, no quiero seguir discutiendo.

—No tienes que demostrar nada —siguió el espadachín, ya que precisamente no quería discutir—, yo decidí hacer esto por mi propia cuenta.

—Tampoco quiero que pelees, ni tú ni nadie —continuó su compañera sin poder aguantar el llanto—. ¡Solo deseo que ese maldito desaparezca! ¡Tengo miedo que algo le ocurra a nuestro…!

—¡Me encargaré personalmente de que eso no ocurra! —cortó Zoro tomándola de los hombros, ni siquiera quería imaginar que algo así podría suceder. El solo pensarlo hacía que un ardor molesto le invadiese por dentro y ya bastante tenía con tener que soportar esos oleajes de sensaciones cada día, desde que Deni le había dado el aviso que Hokusai estaba cerca.

Mas allá de sentir preocupación por el estado en que se encontraba su nakama, era obvio que el espadachín también se sentía celoso. Celoso de imaginar como a futuro ese maldito vampiro haría de las suyas con ella, teniéndola para siempre con él. No lo iba a permitir, aunque él mismo fue quien dio por finalizada la relación, no podía sacarse ese sentimiento de posesión por dentro, de sentir que Deni aun era de él y nadie más, y eso en parte, lo empujaba a desear más aún destrozar al enemigo.

Deni, por su parte se sentía tan segura al escuchar aquellas palabras salir de la boca de aquel hombre que siempre intentaba demostrar frialdad e indiferencia. Del primer día en que le dio la noticia de su embarazo, había sentido que para el espadachín no era más que un estorbo y que jamás iba a hacer algo por ella y su hijo. Sin embargo últimamente estaba demostrando todo lo contrario.

—Gracias —terminó diciendo Deni emocionada, sin poder evitar abalanzarse hacia el cuerpo de Zoro dándole un abrazo, lo que dejó a este en transe—, gracias, Zoro.

Día 8

Por la tarde de aquel día los mugiwaras se encontraban en la cubierta del barco, cada uno haciendo algo en particular.

Todos excepto Brook, el músico del Sunny se encontraba en el acuario, solitario y tranquilo, mientras tomaba un té, observando detenidamente las especies marinas que se encontraban dentro del tanque, intentando encontrar en ello la respuesta que necesitaba para su pequeño problema.

—Brook —interrumpió el silencio Deni al asomarse por la puerta—, hoy estas un poco solitario al parecer.

—¡Yohohoho! Deni-san, que grata sorpresa —comentó el esqueleto—. Si a veces la tranquilidad es lo ideal para cuando me quedo sin ideas para mis canciones.

—Oh, siento interrumpirte, Brook —se disculpó su compañera a punto de retirarse—. Si quieres…

—No —contesto sirviéndose su habitual tasa de té—, no me molesta —continuó dejándolo sobre la mesa de centro—. Deni-san, ¿hay algo en que pueda ayudarte?

—Vaya, si que me has leído la mente —comentó mientras se sentaba en frente de él—. Sé que es muy pronto, pero quiero tenerlo todo listo para cuando él nazca.

El esqueleto le quedó observando como Deni sonreía mientras tenía una mano en su vientre. Mientras esperaba a que su compañera retomara la palabra se inclinó hacia la mesa para volver a servirse una tasa de té.

—¿Brook, tú me ayudarías a componer una canción para mi bebé? —preguntó con un tono carmesí en sus mejillas—. Ya sabes como son los niños, si me sale muy llorón estoy segura que una melodía tuya sería algo perfecto para tranquilizarlo.

—Oh —dijo Brook sorprendido—, con que de eso se trataba. Será muy emocionante Deni-san, tanto que me has dado la idea ¡Yohohoho! ¿Te parece si comenzamos ahora mismo?

—¡Me encantaría! —exclamó sonriente Deni. De seguro saldría una canción bastante hermosa para su hijo, la cual le cantaría todas las noches para que este durmiese tranquilo y en paz.

Y así el resto de la tarde se les pasó volando a ambos mientras componían aquella canción. Deni le daba la idea a Brook sobre la letra, mientras que el esqueleto transformaba esa idea en casi un poema y a la vez agregándole una dulce melodía.

—¡Muchas gracias, Brook! —le dijo Deni, una vez ya estaba finalizada la composición, siendo ya el momento de ir a dormir a esa hora—. Has sido muy bueno conmigo —sonrió mientras cruzaba la puerta para retirarse— . De seguro algún día encontraras una mujer que te enseñe sus bragas.

Esas últimas palabras le provocaron un sangramiento nasal a Brook, imaginándose el maravilloso día en que aquello ocurriese. Simplemente moriría de la emoción.

Oh, pero claro… si ya estaba muerto.

Horas después, en el nuevo "dormitorio" de Deni y Zoro, el espadachín se encontraba listo para seguir su entrenamiento, había tomado sus tres katanas para comenzar, hasta que miró hacía los sillones donde estaba Deni haciendo algo extraño.

Se acercó sigilosamente para espiar, percatándose que la chica tenía un cojín que se asemejaba al tamaño de un bebé y en el cual se encontraba practicando la forma de colocar un pañal.

Doblaba el pedazo de tela hacia arriba, luego llevaba un extremo del trozo libre hacia un lado enganchándolo con un alfiler, lo mismo repetía en el otro extremo. A los ojos de ella estaba quedando bien, pero al levantar el cojín el supuesto pañal se desarmó completamente en un segundo.

¿Tan difícil era colocar un simple pañal? Definitivamente a ella nadie le había enseñado a ser madre y jamás pensó que fuese tan complicado.

Se dejó caer en un rincón del gimnasio derrotada, con un aura depresiva como queriendo decir "Si me molestas, te mato".

Zoro la observó enarcando una ceja ¿Qué tanta dificultad podría tener?

Se acercó al sillón en donde Deni había dejado las cosas, e imitando el acto de su compañera comenzó a intentar armar el pañal también.

Tan solo unos segundos le tomó al espadachín dejarlo listo, por lo que esbozó una sonrisa triunfante mientras levantaba el cojín.

Sin embargo en menos de lo que se demoró armarlo, se desarmó.

Deni soltó una carcajada sin poder evitarlo ante la mirada asesina de Zoro ¿Qué era tan gracioso?

—Seremos los padres más desastrosos —concluyó con una sonrisa, mientras le lanzaba un biberón a Zoro para seguir con el simulacro.

—Y que lo digas —contestó esbozando su habitual sonrisa de medio lado, después de haber hecho malabares para agarrar el biberón, mientras sostenía el cojín sin soltarlo como si fuese de verdad.

Al parecer, ser padre le traería más de un dolor de cabeza, pero nada comparado con los buenos momentos que se veía venir.


Les pido mil disculpas por la demora, se que esta vez tardé demasiado. Pero no fue porque haya querido, siempre tuve en mente que tenía que actualizar para que los lectores no se aburrieran de esperar jeje. Pasó que estamos en proceso de cambiarnos de casa y bueno, sumado a los estudios se me ha consumido la mayor parte del tiempo :S

Espero les haya gustado este capítulo, para mí fue uno de los más difíciles, buscar el momento adecuado para situar a cada mugiwara e intentar mantenerlos como son ha sido todo un reto, pero quedé satisfecha con el resultado, ojala les guste a ustedes también :D

Con tanta cosa en la cabeza ni me acuerdo si contesté a los comentarios anteriores, pero cada una sabe lo agradecida que estoy cada vez que se toman el tiempo de dejarme sus palabras, nuevamente perdón por el atraso, el próximo no tardará tanto. Ya se habrán dado cuenta de que se tratará el próximo, ¿no? xD