Peter se había quedado completamente paralizado mientras contemplaba la escena que se estaba desarrollando delante de él. Su padre, al que tanto él como Nathan, habían dado por muerto casi un año antes, estaba delante de él, mirándolo fijamente, con una extraña sonrisa en los labios, mientras con la mano levantada en el aire, era capaz de sostener a Nathan, en el aire, dejándole apenas respirar.

"¿Qué me dices ahora Peter, estás decidido a ayudarme a que salvemos el mundo o vas a permitir que tu hermano muera delante de ti?"

Todo el cuerpo de Peter se puso en tensión. Obviamente no tenía tiempo para pensar. "Déjalo ya Papá, sabes que nunca trabajaré para ti." Dijo casi gritando, pero más con desesperación que con furia. "No voy a permitir que acabes con la mitad de la población mundial sólo por tu estúpido sueño de cambiarlo todo."

Su padre sonrió ampliamente, mientras se volvió hacia Nathan. "Lo siento hijo, pensaba que tu hermano te quería un poco más y que valoraría tu vida lo suficiente, pero veo que no es así."

La mano, que de forma invisible, sujetaba a Nathan, comenzó a ejercer una mayor presión, tanto que Nathan casi había dejado de respirar por completo.

"Pe…ter." Apenas pudo hablar, notando que el poco aire que todavía quedaba en sus pulmones desaparecía, pero su mirada, llena de miedo, un pánico que Peter nunca había visto en sus ojos apareció de repente.

Entonces fue cuando el pequeño de los Petrelli, ya no pudo aguantar más. Se volvió un momento hacía su padre, que seguía con la mirada fija, mirando a su hijo mayor, casi deleitándose mientras la vida se le escapaba poco a poco.

"¡Papá, detente!" Por mucho que había intentado que su tono de voz sonara todo lo firme y duro que era capaz, el hombre mayor pareció no escucharle, no prestarle atención.

Peter dudó un segundo más, pero en el mismo momento en el que Peter vio que su hermano perdía el conocimiento y sólo se quedaba sujeto por la fuerza que ejercía su padre con su poder, algo apareció en su interior, una energía que inundó su cuerpo y que había comenzado a tomar el control de su cuerpo.

Con movimientos rápidos se acercó a la mesa y vio que su padre, seguro de tener toda la situación controlada y de saber como iba a actuar su hijo pequeño, había dejado sobre ella una jeringuilla igual a la que había utilizado con él y la que había intentado usar con Nathan. La cogió sin que el hombre se diera cuenta.

"¡Papá!" Cuando otra vez, su padre no le contestó, Peter se concentró en su poder de telekinesia y dejó la jeringuilla suspendida en el aire, dio un par de pasos hacia atrás y tras mirarle un par de segundos, queriendo convencerse de que aquella era la única solución posible, lanzó con todo el poder que encontró en su mente la jeringuilla contra el cuerpo de su padre.

El tiempo pareció casi detenerse mientras Peter observaba la nueva escena, mientras veía como la jeringuilla impactaba en el pecho de su padre, como este, al darse cuenta se olvidaba de Nathan, que caía al suelo, quedando allí tirado, todavía inconsciente y como su padre tambaleándose unos momentos y dando un par de pasos hacia Peter, caía al suelo sin más.

Muchas veces durante los últimos meses, Peter había pensado que el mundo se había vuelto complemente loco, pero después de lo ocurrido en los últimos minutos, pensó que nada podía haber sido comparado a eso. Su padre había intentado destruir el mundo tal y como lo conocían, demasiadas veces ya, le había amenazado con dañar a Nathan si no le apoyaba y aquella mañana, por fin, había llevado su amenaza a cabo.

Ahora su hermano yacía en el suelo, volviendo poco a poco en si, abriendo los ojos con cierta dificultad, apoyándose en los brazos, para tratar de levantarse e intentando enfocar la mirada hacia donde estaba Peter.

"Peter, ¿estás bien?" Peter se volvió hacia él, como si su voz le hubiera devuelto al mundo real de nuevo. Se acercó a su hermano y le ayudó a levantarse.

Nathan se apoyó en él y vio que su mirada había cambiado. Seguía siendo su hermano pequeño, pero había perdido por completo la inocencia que tanto le caracterizaba, sus ojos parecían ahora vacíos mientras le miraba.

"Peter, ¿Qué ocurre?" Mientras Nathan había estado inconsciente, no sabía lo que había ocurrido, pero entonces fue cuando se dio cuenta que no veía a su padre por ningún lado. "Peter ¿Y papá, que ha pasado?"

Peter tan sólo movió la cabeza, indicando donde estaba el cuerpo sin vida de su padre, sin quitarle los ojos de encima al cadáver. "Yo… no quería. Nathan, ha sido un accidente." Peter apartó con rapidez la mirada del cuerpo, justo cuando Nathan se percataba de él.

Todavía algo confuso después de lo sucedido, Nathan rodeó el cuerpo de su hermano, dejando que este se apoyara en él. Notó sus manos, ahora débiles, apoyadas en su espalda y le escuchó sollozar. "Ya lo se Peter, no es tu culpa."

"Claro que si, Nathan he matado a papá." Peter cerró los ojos, dejándose envolver por el abrazo de su hermano, igual que hacía de pequeño cuando le asustaba la oscuridad y Nathan se tumbaba a su lado; Peter se abrazaba a él, se volvía a tumbar y cerraba los ojos, sabiendo, que mientras su hermano mayor estuviera cerca, nada malo podía sucederle.

"No Peter." Nathan separó a su hermano de él y lo miró a los ojos, que ahora estaban empapados por las lágrimas. "Tu me has salvado la vida, si no hubiera sido por ti, ahora estaría muerto."

Peter abrió la boca para decir algo más, pero no pudo, ya no sabía que decir, por mucho que intentaba pensar con claridad, todo parecía dar vueltas en su cabeza sin más. Empujado por Nathan y dejándose llevar, caminando sin más, sin importarle hacia donde iba, Peter llegó a su dormitorio. Se sentó en la cama, con la mirada perdida en el suelo.

Nathan se arrodilló delante de él y puso sus manos sobre las rodillas de su hermano pequeño. "¿Por qué no duermes un rato? Ha sido un día muy largo para todos, te vendrá bien descansar."

"Nathan, no creo que pueda."

Nathan sonrió y le acarició la mejilla, limpiándole algunas de las lágrimas que todavía corrían por su cara. "Soy tu hermano mayor y sólo quiero cuidar de ti, es mejor que duermas." Igual que había hecho tantas veces cuando su hermano era tan sólo un niño y hablaba con él, le revolvió el pelo.

Se levantó su decir nada más y le ayudó a recostarse. De nuevo Peter se dejó llevar, sin hacer ningún esfuerzo, sin luchar, notando las manos firmes de su hermano sobre sus hombros y su pecho, ayudándole a tumbarse.

Una vez que puso la cabeza sobre la almohada, un terrible frío recorrió su cuerpo y le hizo temblar. Pensó que si se dormía iba a soñar, que volvería a reproducir lo que acababa de ocurrir y no quería, no quería volver a ver eso. Intentó levantarse, pero Nathan se lo impidió, poniendo una mano fuerte y segura, otra vez sobre su hombro.

Le cubrió con la sabana y se detuvo un momento, sentado a su lado en la cama, observando el cuerpo de su hermano, que poco a poco se había hecho un ovillo en la cama. Al menos había cerrado por fin los ojos. Le apartó un mechón de pelo de la cara y le escuchó suspirar.

Tratando de no hacer ruido, Nathan salió de la habitación y tras cerrar la puerta, se dejó caer en el suelo, quedándose sentado en el suelo. Había estado aguantado una terrible angustia demasiado rato, pensado que iba morir a manos de su propio padre, que Peter iba a tener que matarlo y que ello le pesaría el resto de su vida y luego observando la mirada de Peter, sabiendo que tenía razón, que haber tenido que tomar aquella decisión le había costado un precio demasiado alto a su hermano pequeño.

"Peter no es así, él no es un asesino. ¿Cómo hemos llegado a esto? ¿Por qué Peter? El no se merece todo esto. ¿Por qué, papá? Peter era tu hijo y le has obligado a hacer algo por lo que se odiará el resto de su vida."

Nathan, habiendo aguantado demasiado tiempo siendo el hermano fuerte, el que luchaba por su hermano, no pudo más y dejó que la desesperación se apoderara de él por fin. Recordaba cuando había sido la última vez que había llorado y se había prometido a si mismo que no dejaría que eso volviera a ocurrir, no cuando había visto a su hermano muerto, no podía permitir que algo así volviera a suceder otra vez.

Por ello había luchado por protegerle, arriesgando su vida, incluso enfrentándose a su propio padre, pero aquel día todo se había desmadrado y por mucho que lo había intentado, había tenido que ser de nuevo Peter el que le había salvado a él, se había enfrentado a su padre e incluso había terminado matándole, todo por salvarle. Su hermano había sacrificado su inocencia, su pureza por salvarle. Nathan sentía que de nuevo le había fallado.

Por ello comenzó a llorar, sabiendo que nadie le escucharía, que nadie le vería siendo un ser débil. Tal vez Peter le diría que estaba bien llorar, que era normal hacerlo, pero él nunca lo había visto así. Su padre le había ensañado a ocultar los sentimientos.

Por ello en ese momento, mientras lloraba, sabiendo que su hermano estaba al otro lado de la puerta, sufriendo por sus errores, notó que el mundo se desmoronaba a su alrededor, que todo lo que tanto le había costado diseñar desaparecía poco a poco.

Dejó que unos pocos minutos pasaran, para luego levantarse. Respiró profundamente y se fue a buscar a Mohinder y Matt, tenía que contarles lo ocurrido, sobretodo a Mohinder, ahora más que nunca tenía que estar cerca de Peter.

- o -

La puerta del dormitorio se abrió lentamente y un pequeño rayo de luz penetró en la total penumbra. Mohinder entró en la habitación. Apenas veía nada, pero no le importaba, conocía demasiado bien ese cuarto como para moverse sin problemas aún sin luz.

Sin decir nada, llegó hasta la cama, donde vio el bulto, junto al borde de la cama. Peter estaba acurrucado, de medio lado y ni siquiera se movió cuando llegó Mohinder. Este en silencio se sentó en la cama y fue hasta él, tumbándose a su lado y abrazándolo con fuerza. Peter murmuró algo y se revolvió un poco tratando de separarse.

"Peter, soy yo, vamos soy Mohinder." Susurró con delicadeza en su oído.

"No deberías estar aquí." Dijo Peter sin moverse, con la voz quebrada.

"Vamos, mírame por favor." Mohinder le acarició la mejilla notando como las lágrimas caían sin parar. "Por favor, Peter."

Con movimientos lentos, Peter se dio la vuelta, mientras Mohinder se apartaba un poco, sin dejar de mirarle. Peter fijó su mirada en el profesor, que se volvió a acercar a él y volvió a abrazarle.

Peter apoyó la cabeza sobre el pecho del genetista y rodeó su cuerpo con fuerza. "No ha sido tu culpa, no podías haber hecho otra cosa."

"Pero era mi padre. He matado a mi propio padre." Mohinder deslizó una mano bajo la barbilla de Peter y le hizo levantar el rostro hasta que sus miradas se juntaron otra vez. Se acercó a él, poco a poco y le besó lentamente, notando como los labios de Peter temblaban al notar su contacto.

Mohinder dirigió el cuerpo de Peter hasta que volvió a quedar tumbado en la cama. "Tal vez fuera tu padre, pero no te quería, ni a ti ni a Nathan, no cuando ha intentado mataros a los dos. Sólo quería dominar el mundo, a cualquier precio." Peter lo miraba en silencio, escuchándole, sabiendo que tenía razón, por muy mal que se sintiera.

"Ha estado a punto de mataros a los dos. Tu te merecías mucho más. Por eso estoy aquí, contigo, igual que Nathan, porque te queremos y queremos que seas feliz, no como ese…" Mohinder se cayó, por mucho que odiara al hombre que tanto había hecho sufrir Peter, no quería hacerle más daño con sus palabras.

Volvió a acariciar su mejilla, viendo con la poca luz que había en el cuarto, que había dejado de llorar. De nuevo volvió a juntar sus labios con los de Peter, notando que también había dejado de temblar, mientras sus manos, un momento antes caídas a ambos lados de la cama lo abrazaban otra vez con fuerza.

Mohinder se volvió a tumbar a su lado, escuchando su respiración, mucho más tranquila de lo que era antes. "Dime que nunca me dejarás, que estarás siempre a mi lado."

"Claro que si, nunca voy a dejarte." Peter cerró de nuevo los ojos, mientras sentía como el profesor depositaba un tierno beso sobre su frente, con su cuerpo junto al de Mohinder, que había comenzado a cantar, con voz muy baja, una canción que su madre entonaba cuando era niño y que siempre le había ayudado a dormir cuando era pequeño. Un momento después Peter dejó de moverse, otra vez se había quedado dormido.

Una sombra apareció en la puerta y Mohinder miró a la figura de Nathan. Este miraba a su hermano, en silencio, sabiendo que había sido buena idea llamar al profesor y que fuera él quien estuviera con su hermano en ese momento.

Su mirada se encontró con la de Mohinder, que le sonrió tímidamente y asintió, sabiendo lo que el mayor de los Petrelli estaba pensando. Un momento después Nathan desapareció.