Ciento ocho… ciento ocho almas, ciento ocho millones de pasos dados, ciento ocho vidas, ciento ocho mil recuerdos, ciento ocho mil lagrimas, ciento ocho deseos de venganza, ciento ocho dolores distintos… todo eso, acumulado, entremezclado, sumándose, revolviéndose, carcomiéndote. Todos esos sentimientos, ciento ocho mil sentimientos dentro de ti que de forma irremediable te hacen sentir el deseo destructivo por el que fuiste encarcelado, castigo, atrapado o enjaulado, como guste ser llamado aquel acto abominable contra ti, de forma tan cruel e injusta.

Has luchado siempre de forma desesperada y tortuosa por mantener un poco de cordura, pero es imposible hacer aquel acto tan difícil por completo y de forma perfecta todo el tiempo. Ciento ocho son el tipo de mentes que te carcomen y confunden, demostrándose la locura que llevas dentro y a veces por fuera en uno de tus ojos, arremolinado, mezclado, hecho un completo revoltijo igual que tu mente en ocasiones cuando mantener la lucidez es algo muy difícil para ti.

La sonrisa difícilmente dibujada en tu boca, torcidamente dibujada, solo demuestra parte de la felicidad que te llena, parte de la alegría y a la vez la tristeza y desesperación que te orillan a sonreír con excesiva falsedad, intentando encubrir detrás de una establemente inestable apariencia lo que ocurre en tu mente y en tu alma, resultado de ciento ocho tipos diferentes de existencia pasadas, todas ellas con algo podrido, algo malo, algo cruel, algo retorcido dentro de ellas. Es simplemente impensable como algo así puede existir, pero existe. Tú eres la prueba de ello.

Pero es solo que pese a lo que podría esperarse de ti por tu endemoniado comportamiento, sientes que todo es parte, todo es proveniente y a causa de tu endemoniado origen. Ni tú te sientes capaz de soportar la carga de ciento ocho, ciento ocho malditos corazones dignos de seres demoniacos almas torturadas de forma cruel y repugnante. Pero has de hacerlo contra o a favor de tu voluntad, ya que no te queda de otra realmente.

Tal vez esa es la razón de porque no hace ciento ocho, sino casi cinco veces eso, explotaste finalmente, te desahogaste, causando uno de los mayores desastres jamás concebidos por el hombre o pokemón. No, posiblemente más. Tal vez más de ciento ocho infortunios.

Pero pese al tipo de almas de las que has sido conformado, no por ello eres totalmente malo y cruel. Cierto remordimiento te carcome en ocasiones por tus acciones pasadas no solo en esta vida, sino en esas malditas ciento ocho vidas. Puede que ciertas partes de ti sean crueles e inhumanas que no son capaces de sentir culpa pero otras partes de ti lo son, y eso te hiere y lastima, pero debes ser fuerte y resistir todo ello.

Aunque en ocasiones tú deseo de destrucción, tu odio, tu rencor, tu ira y tú malicia sean más grandes que la humanidad que te conforma. Ciento ocho almas con algo malo y podrido dentro no pueden traer nada bueno consigo, solo de ciertas pequeñas y diminutas maneras que aun no logras descubrir o aun no has notado. De ahí tu carácter tan torcido y cruel, tan malvado y sádico en ocasiones que te hace tener la fama de alguien tiránico y mal agradecido por el derecho de seguir existiendo ¿Pero quien quisiera una vida como esa de todas formas? Si pudieras devolverla lo harías, seguro que si. Y sin dar ningún maldito gracias. Ningunos ocho cientos malditos gracias.

Son ciento ocho millones de sentimientos y de emociones las que sientes lo que se ha demostrado en tu locura interna y externa… incapaz de describirse en ocho simples párrafos… pero es entendible, y a la vez inexplicable, porque eres un Spiritomb después de todo ¿no es así?