Quiero arrancar disculpándome si en los capítulos pasados no hubo mucho Faberry. Este no será muy diferente al resto, si debo ser honesta, pero si tendrá sus momentos entre las chicas. Están invitados a leerlo si quieren, y si no a que lo ignoren hasta que la semana que viene se publique el próximo que sí tendrá más Faberry que éste y los capítulos anteriores. Por otro lado, les aviso que me quedé sin capítulos de reserva, asi que no se sorprendan si en algún momento les pido que me regalen una semana sin actualizar para poder ponerme al día escribiendo los capítulos futuros, ¿Está bien?

Ahora si... los dejo con la lectura.


24


«Frank le pedirá matrimonio a mamá. Es por eso que quiere hablar con nosotras. Quiere pedirnos su mano, Quinn. »

Frank quería casarse con su madre.

El calvo Fred, como ella lo llamaba solo para molestarlo, quería pedirle matrimonio a Judy; y antes de hacer eso quería hablar con ellas para pedir la mano de la mujer. Quinn no supo sí quiso golpear al novio de su madre por anticuado o simplemente por lo que pensaba hacer. No necesitaba pensar en la respuesta de su madre porque era más que obvio cuál sería. Entonces ellos pasarían a ser la nueva y ensamblada familia Fabray-Douson. Bueno, ella Frannie y Camille mezclarían apellidos porque Judy adoptaría su apellido de soltera junto con el de Fred… Frank.

Lo dicho por su hermana no dejaba de rondarle por la cabeza aunque se obligara a si misma olvidarlo. ¿Su mano? ¿La mano de tu madre? ¿Qué se creía ese calvo salido de internet? ¿Qué se le cruzó su cabeza desértica de cabello al pensar eso? ¿Cómo osaba querer hablar con ellas para decirles en la cara que quería casarse con su madre? ¿Cómo…? Se detuvo abruptamente de su ida y vuelta por la sala del departamento segundos antes de que una sonrisa diabólica se apoderara de sus labios.

—Oh, oh… pensamientos asesinos —escuchó decir a Frannie cuando se sentó en el sofá.

Exacto. Pensamientos asesinos.

¿Cómo podía matar a ese calvo antes de que le propusiera matrimonio a Judy sin que sospecharan de ella? ¿Cómo podría deshacerse del cuerpo sin levantar sospechas? ¿Cómo sería su coartada? Debería pensar en una porque bajo ningún punto de vista pensaba pasarse el resto de su vida en prisión por culpa de un maldito calvo que se había atrevido a casarse con su madre.

—Y… de nuevo está gruñendo —volvió a hablar Frannie pero Quinn la escuchaba lejana. Como si estuviera en otra habitación—. ¿No hay cervezas?

El fugaz pensamiento del nuevo nombre que adoptaría su madre pasó por su mente, sacudió la cabeza y se puso de pie alejándose del sofá. Sintió las miradas de Frannie y Camille sobre ella pero no se las devolvió. Continuó con su ir y venir de un lado para el otro intentando quitarse de la cabeza toda esa situación. Podía ver que sus hermanas estaban atentas a sus movimientos por lo que, en determinado momento en el que ya no aguantó más, explotó:

— ¿Cómo se le ocurre? ¿Cómo se le ocurre a Fred pedirle matrimonio a mamá, Frannie? ¿Cómo…? ¿Cómo puede pensar siquiera en algo así? ¿Cómo…?

—De las dos, ella siempre fue la más celosa de mamá —le comentó Frannie a Camille que asintió con la cabeza. Quinn fulminó con la mirada a su hermana mayor y ésta se encogió de hombros—: ¿Qué? Sabes que tengo razón. Y ahora, por si no lo has notado, estas montando una escena por nada. Mamá es una mujer adulta que sabe lo que hace, cómo lo hace y con quién lo hace.

—Oh, por Dios —se escandalizó Quinn ganándose otro par de ojos en blanco de parte de Frannie—. ¿No quieres ofertar a tu madre en internet también, Fabray? Eres una descarada. No mereces ser llamada mi hermana. ¿Quién eres y qué hiciste con la Frannie protectora? Frank…

—Hey, cuidado lo que dirás de mi padre —advirtió Camille con el entrecejo fruncido—. Es calvo, sí, pero sigue siendo mi padre.

—Por eso quería ir de copas —resopló Frannie interrumpiendo la respuesta de Quinn—. No puedo tener esta conversación estando cien por ciento sobria. ¿Sabes qué, Quinn? ¿Por qué no dejamos esta charla para mañana, cuando estemos…?

— ¿Con resaca? —preguntó Camille con aire pensativo. Quinn gruñó a modo de protesta—. Piénsalo, Fabray. Tu hermana…

—También soy tu hermana —replicó Frannie con el entrecejo fruncido.

—Lo que digas —ironizó Douson rodando los ojos—. ¿Quieres parar un poco, Quinn? Por si no lo habías notado, es mi padre de quien hablamos. Yo también estoy… impactada con la noticia pero… ¿Qué esperas que haga? ¿Qué me ponga toda rabiosa como tú? Por favor, sé adulta, ¿Quieres?

— ¿Adulta? —murmuró con los dientes apretados y señalando a las otras dos con el dedo índice—. Me estoy comportando como una adulta y ustedes… ustedes como unas traidoras.

De verdad se estaba comportando como una adulta, por supuesto que sí… ¿O no? ¿Estaba exagerando con su reacción? ¿Frannie estaba en lo correcto al decir que su madre sabía lo que hacía, cómo lo hacía y con quién lo hacía? ¿Y si ella estaba equivocada y Fred no iba a comportarse como un idiota? ¿Si el padre calvo de Camille solo quería reafirmar el amor por Judy de esa manera, pidiéndole matrimonio? ¿Por qué se ponía realmente histérica con toda esa situación?

Judy había sufrido mucho cuando pasó lo de Russel. La mujer debía tener sobre ella los fantasmas de su matrimonio fallido, debía estar temerosa de arriesgarse nuevamente. Tal y como Quinn se sentía estando en presencia de Rachel. Pero quizás también Judy sentía esas cosas buenas que ella sentía por la morena. Quizás al mirar a Frank, su madre sentía que allí estaba su hogar, su lugar en el mundo, que una parte de ella —una gigantesca parte— le pertenecía a ese hombre que le había devuelto la sonrisa a sus labios.

Pero, ¿Y si no era así? ¿Y si Frank había salido de la misma fábrica de personas sin alma de la que había salido Russel? ¿Si una vez casado con Judy cambiaba por completo mostrándose realmente como era? ¿Si su madre, debido a eso, volvía a sufrir? Ella jamás se perdonaría a si misma el no haber hecho algo para evitarle un nuevo sufrimiento a la mujer. Se sentiría la peor persona del planeta y ni siquiera tener a Rachel a su lado le ayudaría a sentirse mejor.

¿Frannie y Camille estarían pensando lo misma que ella? Sobre todo su hermana mayor que conocía a Russel perfectamente. ¿Qué estaba cruzando por la cabeza de Camille al saber que su padre tenía intenciones de volver a casarse con otra mujer que no era su madre? ¿Qué estaba sintiendo la adolescente? ¿Estaba pensando siquiera en eso o seguía anclada al sufrimiento que le había provocado Dani?

—No quiero que Frank lastime a mamá como lo hizo Russel, Fran —confesó en voz baja. Dos pares de ojos azules, uno más eléctrico que el otro, se clavaron en ella automáticamente—. Lo siento, Cam, es tu padre pero yo conozco al mío y sé lo mucho que puede marcar a una persona. Si mamá después de todo el infierno que sufrió por culpa de mi padre volvió a creer en el amor, quiero asegurarme que no volverá a pasar por lo mismo de nuevo. Mamá merece ser amada de buena manera, Frannie, se merece un amor del bueno. Personas como ella y Rachel merecen tener el mundo a sus pies y que le hagan sentir las personas más especiales de este puto planeta. ¿Y…? ¿Y si Frank…?

—También me aterra esa parte, Quinn —interrumpió Frannie estirando los brazos hacia ella junto con una sonrisa tierna. Quinn puso los ojos en blancos pero aun así se recostó en el sofá con su hermana y la abrazó por la cintura—. Soy perfectamente consciente de todo lo que tuvo que pasar mamá por culpa de… de papá. No necesitas recordármelo. Tampoco quiero que sufra de nuevo, Quinnie. Ya hay demasiados corazones rotos en esta familia, ¿No te parece?

—Oh, eso es para mí —intervino Camille con un ligero tono de broma. Las dos Fabray miraron a la adolescente que se encogió de hombros—. Si les sirve de consuelo, jamás había visto a papá comportarse de la forma en que lo hace con la madre de ustedes. Ni siquiera con mi madre, aunque ellos se separaron cuando yo era pequeña pero era lo suficientemente consciente de lo que sucedía a mí alrededor. Mi padre no lo tuvo fácil tampoco y puedo molestarme con él el ochenta por ciento del tiempo pero me alegra mucho verlo feliz. Ustedes conocen a Judy y saben sus estados de ánimos. Yo conozco al mi papá y sé cuándo está feliz y cuando no; y… y con Judy es feliz. Un hombre calvo pero feliz.

Las tres comenzaron a reír y Quinn pensó que a lo mejor no estaría mal dejar a un costado todo lo referente a la futura boda de su madre, o la propuesta de matrimonio. Más tarde, y a solas, podría lidiar con eso y quizás también podría crear un plan de venganza en contra de Frank si éste lastimaba a Judy. Hasta podría compartir su idea con Rachel. Entonces ella y la morena tendrían más cosas en común: el asesinato de su padrastro, por ejemplo.

—Yo quiero cerveza —soltó Frannie sacándola de sus pensamientos. Quinn buscó a Camille con la mirada pero ya no estaba junto a ellas, la adolescente estaba con casi medio cuerpo inclinado dentro del refrigerador—. Cam…

—No tenemos cervezas. La madre superiora Quinn no me deja comprarlas —se quejó la adolescente mostrándole a Frannie dos botellas de plásticos con una mueca en el rostro. La rubia de ojos azules soltó un sollozo—. Mira lo que tenemos para beber. Agua mineral y agua saborizada con gas. Como veras, Fran, aquí no tengo muchas posibilidades de matar mis penas en alcohol.

—Discúlpame porque querer librarte de una resaca al otro día, chica mapache —se quejó Quinn escuchando un nuevo sollozo por parte de su hermana mayor—. Deja de ser infantil, Frannie, y ayúdame con ella. ¿Puedes decirle, por favor, que un corazón roto y el alcohol no son buenos aliados?

—Quinn tiene razón, Cam —dijo Frannie bastante seria. Quinn sonrió con arrogancia en un claro «te lo dije» dirigido a la adolescente. Estaba por decir tal cosa en voz alta cuando su hermana mayor agregó—: pero vamos a ignorarla e ir a la tienda a comprar esas bebidas, ¿Qué te parece?

— ¡Frannie! —se quejó. Camille en la otra punta de la cocina saltaba en el lugar moviendo los brazos al aire—. ¡No! No haremos… eh, quédate quieta, adolescente infradotada. Nadie de aquí va a beber, ¿Está claro?

El departamento se sumió en un silencio sepulcral y Quinn volvió a sonreír de manera arrogante. Debería haber sabido que esa alegría solo le duraría unos pocos minutos porque cuando quiso darse cuenta, Frannie y Camille estaban riéndose de ella mientras se ponían en movimiento. Escuchó un «Yo me ducho primero» de parte de la adolescente. Frannie pasó por al lado de ella y le murmuró un «No seas cascarrabias, Quinn, y prepárate que esta noche salimos sí o sí» justo antes de dejarle un beso en la parte más alta de la cabeza.

—No —se negó poniéndose de pie. Frannie la miró con el entrecejo fruncido—. No te haré caso así como así. Vamos a hacer esto de manera justa. Si tú ganas, saldremos; si yo gano, nos quedaremos.

—Ok.

—Piedra, papel o tijeras —continuó la menor de las Fabray.

—Quinn hace tijeras —gritó Camille desde el interior del baño. El rostro de Fabray se tornó caliente y estaba segura que también estaba completamente rojo, para diversión de la adolescente que asomó la cabeza por la puerta. Una fugaz punzada de pánico cruzo por el interior de Quinn que no supo qué hacer después de eso.

— ¿Qué…? Oh… Oh, Quinn, ¿En serio? —preguntó Frannie con una sonrisa tierna abrazando a su hermana menor. Camille desde la puerta del baño sonreía de manera traviesa—. Oh, por Dios. No tenía ni idea. ¿Cómo…? ¿Cómo fue? ¿Te…? ¿Te cuidaste? ¿Se cuidaron? ¿Quién…? ¿Quién es la chica? Debo practicar para cuando mi hija tenga su primera vez, ¿Viste? —soltó Frannie con ojos brillosos mirando a Douson que asintió con la cabeza sin dejar de sonreír—. Cuéntame, Quinn, ¿Cuándo…?

— ¡Basta! No pasó nada, ¿Ok? Solo es una broma de la idiota aquella —escupió Quinn, por fin, tomando uno de los almohadones del sofá para lanzárselo a Camille. Obviamente, el almohadón no recorrió ni a la mitad del camino esperado—. Vete a la mierda, Douson. Deseo que te duches con el agua más helada que exista.

—Como digas, Timmy Turner —se rió Camille restándole importancia—. Y solo para aclararlo, yo hablaba del juego. Ganarte es fácil porque tú siempre haces tijeras, Quinn. Quien lo llevo para otro lado, fue Frannie. Cúlpala a ella.

—Sí, claro. Tan inocente— replicó. La adolescente formó una aureola con las manos sobre su cabeza para más molestia de Quinn—. Vete a duchar de una maldita vez.

Camille no perdió el tiempo metiéndose nuevamente al baño pero antes de que eso ocurriera, Quinn escuchó perfectamente la risa diabólica de la joven. Buscó desesperadamente con la mirada el juego de llaves en la que estaba incluida la del baño pero antes de que pudiera encerrar a su hermanastra en el mismo, dos golpes en la puerta de entrada la interrumpieron.

Frannie la miró interrogándola con la mirada pero Quinn, que no sabía quién podría llegar a ser el visitante, se encogió de hombros a modo de respuesta. Se encaminó hacia la puerta encontrándose con Rachel y su adorable sonrisa del otro lado. Su mente, al ver a la morena, se olvidó completamente que su hermana mayor estaba alrededor de ellas por lo que, cuando se dio cuenta, ya estaba inclinada hacia el rostro de la morena regalándole un beso. Frunció el entrecejo, medio molesta y medio confundida, cuando Rachel giró su rostro hacia un lado y el beso fue a parar a la mejilla de la joven.

—Frannie nos está mirando —susurró la camarera a modo de aclaración de su actitud. Quinn volvió a su realidad y abrió los ojos como plato al darse cuenta de lo que había hecho—. Pánico no, por favor. Respira. No pasó nada.

Y si Rachel le decía que el infierno era frio, ella se lo creería sin un ápice de duda. Esa vez no iba a ser la excepción. Por lo tanto, respiró con profundo alivio y se hizo a un lado de la puerta invitando a la morena a entrar al departamento. Ignoró por completo la mirada de Frannie aunque una parte de ella estaba completamente segura que su hermana no dejaría pasar la escena como si nada. De hecho, Quinn se obligó a si misma a prepararse mentalmente para enfrentar con suma paciencia el interrogatorio que su hermana, seguramente, tendría para ella más tarde.

—Rachel… que sorpresa —fue el saludo de Frannie y Quinn decidió que lo mejor era hacer de cuenta que no había notado el tono de voz ligeramente irónico y confuso de la rubia mayor—. No sabía que vendrías, Quinn no ha dicho nada.

—El cerebro es quien retiene la información y Quinn no tiene uno —fue la respuesta de Rachel provocando la protesta de la menor de las Fabray—. Entonces, no habría podido recordar que yo vendría de visita. ¿Dónde está Camille? —preguntó la morena cambiando de tema. Frannie, quizás algo aturdida, señaló con el dedo hacia el baño seguido de un «ducha». Rachel asintió antes de levantar la voz y gritar—: ¡Coyote, traje la cena! ¡Sal!

— ¿Coyote? —indagó Frannie acercándose a Quinn.

—Así se tratan, yo qué sé, Fran. Cosas de ellas.

— ¿Y ella acaba de bromear?

—Sí, en su tierra lejana, esa de donde viene, era un duende bufón —respondió Quinn elevando la voz para ser escuchada por la morena. Rachel la fulminó con la mirada antes de sacarle la lengua. Quinn iba a replicar el gesto cuando la puerta del baño se abrió—: ¡Por Dios, Camille! No salgas envuelta solo en una toalla. ¿Quieres ir a vestirte, por favor?

— ¿Por qué? ¿Rachel se podría enamorar de mí?

Quiso golpear a su hermanastra por la desfachatez que acababa de responder pero más quiso golpearse a sí misma cuando pudo identificar como celos la sensación molesta que le recorrió el cuerpo y se instaló en su estómago. Rachel estaba con ella, Camille no tenía por qué hacer ese tipo de comentarios como si la morena estuviera disponible. Aunque si lo pensaba bien un segundo, Rachel estaba disponible. Rachel no estaba de novia con nadie; Rachel no estaba atada a nadie; Rachel podía salir con quien quisiera y ella no tendría por qué decirle algo porque oficialmente no eran nada.

Y todo era su culpa.

¿Por qué no tenía el valor de invitar a la morena a una cita? ¿Por qué se estaba demorando demasiado? ¿Por qué no le ponía título de una maldita vez a lo que tenía con Rachel y gritaba a los cuatro vientos, como deseaba hacerlo, que ella ya tenía dueña? Que una morena no más alta que el metro sesenta había logrado apoderarse de todo lo de ella sin que se lo esperase en absoluto. ¿Por qué demonios no podía decírselo a Frannie de una vez? ¿Por qué no tenía el valor suficiente para hacer tal cosa? Y todavía faltaba que viajara a Lima y se enfrentara a su madre. Por mucho que no quisiera pensar realmente en eso, en algún momento tendría que sentarse con Judy, tal y como había hecho con Frannie, y debía ser honesta con la mujer.

Por ella, por Rachel. Por la relación que se estaba creando entre ambas.

—Me halagas, Camille —escuchó decir a la morena con una sonrisa divertida. Su atención, y todos sus nervios, se pusieron en alerta esperando la continuación de esa respuesta—. Pero alguien ya se… Ya tengo a alguien en mente.

Algo dentro de Quinn se sintió ligeramente decepcionado cuando la morena se corrigió en la respuesta. «Alguien ya se…», ¿Qué? ¿Ya se adelantó? ¿Ya le hizo sentir enamorada de una vez? ¿Ya qué? Fue en ese entonces que Quinn se dio cuenta lo mucho que había deseado escuchar a la morena decir que estaba enamorada. Y no habría hecho falta decir nombres porque con una simple mirada, Fabray sabría que se refería a ella. Esperó a que el pánico se apoderara completamente de su interior pero eso no pasó, cosa que le sorprendió por completo. En su lugar se expandió algo cálido por todo su interior, hasta el más recóndito de los lugares, haciéndole sentir ligeramente mareada.

Debía ser realista también y pensar en lo que habría pasado si Rachel terminaba su respuesta sin corregirse. ¿Estaría ella preparada para asumir que la morena se había enamorado? ¿Estaría lista para afrontar esa responsabilidad? ¿Sería completamente honesta, tanto con ella como con Rachel, y admitir que el sentimiento era mutuo? ¿Dejaría el miedo aparte y se lanzaría a ciegas? Pero como los «si hubiese…» no existen, se enfocó en otra cosa que la distrajera de su manojo de pensamientos revoltosos.

Obviamente, Camille ignoró su pedido y cenó envuelta nada más que en una toalla. Rachel parecía encontrar eso completamente divertido y Frannie cada tanto alternada sus ojos azules entre las tres, deteniéndose más de lo pautado en ella y Rachel. Quinn, con el estómago hecho un nudo porque su hermana podía descubrir lo que pasaba con la morena y también lo que pasaba por su cabeza, no cenó demasiado. Quizás casi nada. Podía sentir la mirada de reproche de Rachel sobre ella pero le respondía a la morena entornando los ojos de manera divertida, provocando una ligera sonrisa en la camarera.

—Si es por nosotras, ya estaríamos de fiesta pero aquí, nuestra hermana del medio…

—No somos hermanas —canturrearon Quinn y Camille con los ojos en blanco.

—Nuestra hermana del medio —continuó la rubia mayor como si no la hubieran interrumpido—, no quiere salir. Quiere quedarse aquí encerrada viendo esa película de mierda con actores sin expresiones faciales. Esa, Cam, que nos tenía viendo antes de que entrara en crisis.

— ¿Quinn en crisis? No me lo creo —ironizó Rachel con burla provocando la risa de las otras dos y la mirada seria de Quinn.

—Que gracioso el duende bufón —replicó Fabray en el mismo tono—. ¿O acaso Dobby está feliz porque le regalaron un calcetín y quedó libre por fin?

Jamás pensó que podría bromear con Rachel de esa manera, y mucho menos sentirse como una adolescente. Admitía para sí misma que eso no le molestaba como pensaba que lo haría. ¿Cómo podía molestarse cuando escuchaba la risa de Berry enfrente de ella? Esa risa que transmitía tanta alegría que se contagiaba fácilmente en todo su interior dejando esa sensación cálida que ya le era demasiado familiar. No, no podía molestarse por sentir que estaba dejándose llevar, incluso si tenía de testigos a sus hermanas. Rachel realmente merecía que le demostrara la libertad que sentía estando a su lado. Y Quinn sabía eso perfectamente.

«Eres patética», se dijo a sí misma en su cabeza al notar todos esos pensamientos cursis. «Pero también eres feliz»

¿Lo era? Jamás había conocido la felicidad, no a consciencia, así que no sabía con exactitud si eso que sentía estando junto a Rachel lo era realmente. Tenía que serlo, ¿No? Esas ganas de reír y llorar de alegría al mismo tiempo tenían que significar algo, su pecho hinchándose de orgullo también tenía que tener algún significado, el deseo de permanecer por siempre junto a la causa de esas sensaciones debía tener un nombre. Así que si esas cosas que ella sentía y no era capaz de describir correctamente no era felicidad, entonces no estaba segura qué lo sería realmente.

—Que friki —se burló Rachel como respuesta. Tomó un poco de agua antes de agregar mirando a Frannie—: Kurt, Kitty y yo saldremos esta noche. Pueden venir con nosotros si lo desean. Quinn puede quedarse encerrada si no quiere…

—Iré —determinó sorprendiéndose a sí misma. Camille rió por lo bajo con la mirada en el piso y Frannie la miró entre sorprendida y confundida—. No me mires así, Fran. Alguien debería ir con ustedes y cuidarlas. Rachel saldrá a divertirse con sus amigos, no a hacer de niñera de ustedes dos. Seré la conductora designada.

No pensaba admitir, ni siquiera bajo amenaza, que la oleada de celos volvió a aparecer en ella. Su mente le jugó una fugaz y mala pasada haciéndole imaginar a Rachel de fiesta con sus amigos bailando y bebiendo con cualquier idiota que se acercara a ella con intenciones turbias. No era dueña de Rachel, lo tenía perfectamente claro a eso, pero tampoco iba a hacer de cuenta que la joven no le importaba lo suficiente como para despertar su lado protector y algo celoso. Incluso si solo fueran meramente amigas, ella estaría al lado de la morena para cuidarla.

—No llevaremos coche —observó Frannie llamando su atención—. Porque no llevaremos coche, ¿Verdad? Quinn es un peligro al volante. No te ofendas, Quinnie.

—Sí lo hago.

—Supéralo entonces —replicó la rubia mayor con un movimiento de manos—. Y tú, Cam, te vas a enfermar si no te vistes ya. Ve a vestirte así salimos.

— ¿Ahora se lo dices? —se indignó Quinn—. Pasó toda la maldita cena con nada más que una toalla puesta, ¿Y recién ahora la mandas a vestirse? Te recuerdo que tenemos una invitada y es una falta de respeto…

—Bla, bla, bla —interrumpió Frannie antes de fingir que se quedaba dormida—. Deja de rabiar y ordena esto, ¿Quieres? Mientras tanto Cam y yo nos arreglaremos para salir.

— ¿Quién es el elfo domestico ahora? —se burló Rachel.

Aun así se quedó con la menor de las Fabray ayudándole a ordenar la cocina. Quinn no quiso concentrarse demasiado en el hecho de que, aunque no tuvieran el titulo aun, ella y Rachel empezaban a comportarse como una pareja. La morena cenaba con ella, luego le ayudaba a lavar los platos, recoger la mesa, cada tanto —muy de seguido— le robaba un corto pero tierno beso, o le dejaba otro en las mejillas. Fabray sentía que podía acostumbrarse a esa rutina, y ni siquiera saber que las rutinas podían llegar a ser agotadoras le impidió que deseara pasar sus días de esa forma.

—Tu amiga, Kitty, ¿Estará de acuerdo con que yo vaya? —preguntó en voz baja terminando de lavar el ultimo plato sucio. Rachel, con un repasador en la mano para secar los platos, la miró confundida—. Creo que no le caigo bien desde esa vez que… Ya sabes, cuando era una idiota.

—Aún sigue siendo una idiota, cielo —señaló Rachel inclinándose para dejar un nuevo beso en la mejilla de la rubia. Fabray la miró sorprendida por el apelativo, cosa que provocó timidez en la morena—. Lo siento. No quería… ¿Te molesta?

¿Le molestaba? Nunca había sido de esas personas que llamaban a sus parejas de manera cariñosa y no dejaba que sus parejas lo hicieran con ella. Por lo tanto, era bastante nueva en todo ese asunto. «Cielo», volvió a repetir en su cabeza y permitió que su mente saboreara cada letra de la palabra. Cuando notó la tirantez de sus labios elevándose en una sonrisa, supo que ser llamada de esa forma por Rachel no le molestaba para nada. Si debía ser honesta, le había gustado que le llamara así. Fue por eso mismo que inclinó la cabeza hacia el costado y le dio un suave beso a Rachel en sus labios.

— ¿Una idiota? —preguntó con diversión para aliviar la tensión en la morena.

—Una idiota —respondió Berry entendiendo lo que Quinn quiso decir.

Su pecho aleteó al notar que la complicidad entre ella y Rachel seguía intacta a pesar de los malos momentos que tuvieron que vivir a lo largo de todo ese año. Una vez más su mente le recordó que la morena era una de esas personas que debería tener en su vida, aferrarla con fuerzas y jamás soltarla porque, básicamente, era todo lo que estaba bien en ese mundo.

Estaban por profundizar el beso cuando Camille apareció interrumpiéndolas con un carraspeo de garganta. La adolescente se mordió el labio tratando de ocultar una sonrisa traviesa pero no lo logró, por lo que Quinn la fulminó con la mirada —no por la burla que se notaba en sus ojos, sino por la interrupción—, y continuó con lo que estaba haciendo. Escuchó a Rachel reír por lo bajo y la molestia en su interior desapareció por completo.

—Lamento interrumpir —susurró Camille en tono confidencial tras haberse acercado a ellas—. Pero recuerden que no están solas esta noche. Rachel, ayúdame con el pelo… ¿Suelto o recogido?

— ¿Por qué no lo consultas conmigo? —quiso saber Quinn.

—Tienes mal gusto para todo, menos para las mujeres —fue la respuesta de Camille guiñándole un ojo a Rachel. La morena se rió por lo bajo antes de responder un simple «Suelto, resalta más tu belleza», ganándose una mirada por parte de Quinn—. Ugh, suerte que llegaste antes, Fabray, de lo contrario esta morena habría sido mía.

—Lo dudo, Rachel y yo estamos destinadas desde nuestra vida anterior. Por lo tanto, chica mapache, busca en otro sitio a tu medio limón —replicó Quinn con altanería, y de manera inconsciente, parándose delante de Berry como un escudo humano. Camille la miró de manera extraña antes de reírse y alejarse de ella. Frannie salió de la habitación de su hermana y miró a las tres completamente confundida—. No ha pasado nada, Fran.

—Debo… Debo irme —balbuceó Rachel sonriendo de manera extraña, mucho más radiante que de costumbre. Le dejó una caricia a Quinn sobre el hombro e hizo lo mismo con Frannie de camino a la salida—. Nos vemos en la entrada dentro de una hora, ¿Ok?

La morena se perdió de vista antes de que alguna de las dos Fabray pudiera responder correctamente. Frannie no le dio importancia al asunto por lo que se encogió de hombros y caminó hacia su hermana menor que no había entendido muy bien la escapada de Rachel. O quizás no estaba escapando y solo debía ir a arreglarse para salir esa noche. Quinn decidió que lo mejor era no pensar cosas que no significaban nada y se enfocó en prestarle atención a su hermana mayor que parecía inquieta por alguna razón.

Berry tenía razón, cuando Frannie estaba nerviosa tamborileaba los dedos y se mordía el labio inferior. Tal y como ella solía hacer cuando se encontraba en ese estado. Se recostó sobre la mesa de la cocina y con un movimiento de cabeza invitó a Frannie a hablar. Tuvo que esperar unos largos segundos hasta que eso ocurriera.

— ¿Hacemos bien? —preguntó Frannie inclinándose hacia Quinn—. Ya sabes, saliendo de fiesta. Camille no está pasando por su mejor momento y no quiero empeorarlo. ¿Y si…? ¿Y si beber le hace peor en vez de ayudarla? ¿Sí abre más la herida? Es algo reciente todo eso. Solo han pasado tres días, ¿Cierto? —Quinn asintió a modo de respuesta—. ¿Ves? Es muy pronto. Deberíamos…

—Deberíamos salir, Fran —interrumpió Quinn con aire resignado pero decidido—. Es obvio que beber no le ayudará pero salir de aquí la distraerá un rato. Ya me lo dijo, no quiere que la tratemos como si fuera a romperse. Creo que, si bien necesita que la cuidemos, no necesita dos niñeras. Necesita dos hermanas. Alguien que le de la libertad de hacer lo que quiera pero recordándole que llegará a casa sana y salva. No estoy de acuerdo con que beba, pero no pienso impedírselo si eso le hace sentir libre esta noche.

Frannie la miró como si le hubiese salido una segunda cabeza. Se sintió repentinamente nerviosa por la mirada azulada de su hermana sobre ella y estaba a punto de preguntar un «¿Qué?» cuando Frannie la abrazó con fuerzas. Si ese abrazo hubiese sucedido tiempo atrás, más precisamente un año, otra había sido la historia pero en ese momento lo que podía hacer, por deseo propio, era corresponder el gesto de su hermana mayor. Aquel abrazo era todo lo que necesitaba, todo lo que pedía, era más de lo que merecía, fue por eso mismo que se aferró más a Frannie.

No sabía la razón del abrazo pero no iba a interrumpirlo para preguntar. La Quinn de antes se habría negado por completo a ese gesto, la de ahora lo disfrutaba. Y no le daba miedo admitir tal cosa.

—Eres una buena hermana mayor —murmuró Frannie separándose del abrazo. Quinn notó el temblor en la voz de la otra rubia pero no dijo nada—. Me alegra saber que Camille te tiene.

—Tú también me tienes —aseguró respirando profundo para desatar el nudo en su garganta—. Es más, con la chica mapache tenemos un viaje pendiente. Podrías venir con nosotras.

—Planearon ese viaje a lo Thelma y Louise.

—Lo reprogramaremos al estilo Ángeles de Charlie entonces —rió la rubia de ojos verdes—. Ven con nosotras, Frannie. No sabemos cuándo será pero… pero estaremos feliz de que vengas con nosotras. Escucharemos música de los noventa en todo el camino, aunque Camille canta horrible.

Escucharon la protesta de la adolescente detrás de ellas y antes de que Quinn se diera cuenta, el almohadón del sofá dio de lleno en su rostro. Definitivamente ella y Camille poseían habilidades que a la otra le faltaban. Ella podía cantar bien, dentro de todo, y la hija de Frank tenía puntería. Frannie, para molestia y envidia de ambas, poseía las dos habilidades.

Quinn se descubrió riéndose de algún chiste en particular que Frannie hizo tras la llegada de Camille a la cocina. Y también se sorprendió a si misma deseando que todas las noches, de ahora en adelante en su vida, fueran de esa misma forma: cenas compartidas con Rachel y risas con sus hermanas.

Si esas cosas iban a convertirse en una rutina, ella estaría encantada de recibirla con los brazos abiertos.


—Cada minuto perdido dando vueltas, es un trago menos que me tomo —se quejó Frannie ganándose las miradas de los demás—. Yo solo digo.

Quinn ya estaba demasiado inquieta con la presencia de Kitty, la amiga de Rachel, a su alrededor como para encima tener que sumarle un incipiente malhumor por culpa de su hermana. Prefirió no obviar el hecho de que estaban ligeramente perdidos. Se suponía que debían estar en Greenwich Village y estaban en… Quinn no sabía con exactitud dónde estaban. Pensó fugazmente que a los demás les convenía saber la ubicación exacta en la que estaban perdidos si no querían conocer al monstruo malhumorado que se escondía dentro de ella.

—Te dije que no deberíamos haber tomado el autobús, Kurt —se quejó Rachel. El amigo de la morena la fulminó con la mirada—. ¿Qué? Es verdad. Primero, porque jamás habíamos tomado esa ruta antes. Segundo, porque nos miraban como si fuéramos extraterrestres y no jóvenes que salen de fiesta. Y tercero, porque era más que obvio que nos perderíamos.

—Si me hubieran dejado manejar a mí, esto no habría pasado—comentó Quinn con arrogancia.

—Sí, y a esta hora en lugar de perdidos, estaríamos muertos —señaló Camille poniendo los ojos en blanco—. ¿Pueden consultar el maldito GPS, por lo menos? Esto es como algún tipo de desafío de supervivencia. Guíense por el sol… Salvo que no hay sol porque es de noche —se corrigió cuando cuatro pares de ojos se clavaron en ella—. ¿Qué? Esto es culpa de Quinn. Y apoyo a Frannie, cada minuto perdido es una copa menos.

Quinn quiso ahorcar a su hermanastra con sus propias manos pero no lo hizo porque estaba en presencia de los amigos de Rachel y, aunque lo negase, quería dar una buena impresión. Kitty ya estaba apuntándola con un rifle imaginario por como había hecho sufrir a Rachel, no quería darle una razón más para efectuar el disparo definitivo. Kurt estaba atento a ellas pero si Quinn debía ser honesta, el chico parecía estar realmente más pendiente de que su vestimenta y peinado no se viera alterados por nada del mundo que de ellas dos. Cosa que en el fondo, tranquilizaba a la rubia. Ya está inquieta por todo ese encuentro, no quería llegar a los nervios también.

—Ya sé dónde estamos, inútiles —anunció Kitty acercándose nuevamente al grupo. Hasta ese momento, Quinn no había sido consciente de que la joven se había alejado de ellos. Todos miraron a la rubia esperando que continúe—. Ah, sí. En TriBeCa, a diez minutos de Greenwich Village.

— ¿Y no lo supieron antes a eso? —preguntó Frannie retóricamente—. Llevan no sé cuánto tiempo viviendo aquí y, ¿No saben dónde queda cada lugar de la ciudad? Llevamos veinte minutos dando vueltas. Veinte minutos que podría haber empleado en…

—Tragos. Ya lo sabemos —canturrearon todos al unísono.

—Iba a decir bailando pero sí… en tragos también.

Antes de que alguno más pudiera agregar algo a lo que Quinn consideraba una tremenda estupidez, se encaminaron hacia la esquina de la calle en la que estaban en busca de dos taxis. A Fabray le hubiese gustado viajar en el mismo vehículo que Rachel pero Frannie y Camille se lo habían impedido arrastrándola lejos de la morena, mientras que los amigos de Berry hicieron lo mismo con la camarera.

No pensaba dejar que se notara pero su mano sentía la ausencia del tacto de Rachel. Era absurdo que se sintiera de esa manera pero también era completamente aceptable. Jamás pensó que llegaría el día que echaría de menos a alguien estando a pocos metros de distancia, pero allí estaba la prueba de que lo hacía. Antes de que pudiera seguir notando más la ausencia de la morena, el taxi se detuvo frente a una discoteca que ella no conocía para nada. Ni siquiera pudo leer el nombre del lugar porque al segundo siguiente de bajar del vehículo estaba siendo arrastrada por su hermanastra hacia donde estaban todos los demás.

Sintió una repentina timidez cuando los ojos de Rachel se posaron en ella y al segundo siguiente la morena se mordió el labio inferior en un claro gesto de deseo. La oleada de excitación que ya le era familiar, hizo su aparición de nuevo, y si no besó a Rachel hasta el cansancio en las afueras de esa discoteca, fue porque estaban rodeadas de sus amigos y familiares.

—Lamento no habértelo dicho antes —comentó Rachel en susurros una vez que se apartaron disimuladamente del resto. Quinn la miró sin entender a qué se refería exactamente—. Estás preciosa.

Y nuevamente esa mordida de labio que provocó un ligero temblor en las piernas de Quinn hizo aparición. Fabray se acercó más a Rachel y una vez que se aseguró que no la estaban mirando, entrelazó sus dedos a los de la joven. Como si de esa forma pudiera corresponder, sin necesidad de palabras, el cumplido recibido. Quizás si no estaba distraída con ese gesto, no se había asustado cuando Frannie les preguntó qué hacían tan alejadas de ellos, tampoco habría soltado rápidamente la mano de Rachel como si quemara o habría balbuceado incoherencias hasta que Camille intervino salvándola una vez más.

En su cabeza todavía estaba pendiente averiguar qué era lo que la adolescente podría llegar a querer a cambio de guardarle el secreto de su relación con Berry. Su mente catastrófica y exagerada no dejaba de pensar que quizás, Camille la chantajearía de alguna manera con esa información. Otra más ingenua y potente pensaba que la hija de Frank solo le había ayudado porque le caía bien. Sintió el impulso de tomar a la adolescente del brazo, alejarla hasta un rincón y preguntarle a qué mierda estaba jugando pero antes de que pudiera siquiera ponerse en movimiento ya estaba dentro de la discoteca.

Frunció ligeramente el entrecejo cuando Rachel comenzó a saludar a algunas personas que allí había, aunque no era la única. Kurt y Kitty hicieron lo mismo y Quinn se preguntó con qué frecuencia el trio de amigos iba a aquel lugar. Kurt fue el primero en separarse del grupo dirigiéndose directamente hacia la cabina del que Quinn suponía era el Dj. Kitty, y la menor de las Fabray se preguntó de dónde sacó tanta confianza, le susurró algo a Camille en el oído y ambas se encaminaron hacia la barra segundos después.

—Fueron por bebidas —se hizo escuchar Frannie por encima de la música alta. La rubia de ojos azules parecía no poder quedarse quieta en el lugar, por lo que Quinn la tomó de los hombros estabilizándola—. Entiende, Quinn. La última vez que fui a una discoteca estaba de moda el Tik Tok de Kesha. ¿A qué hora ponen el Aserejé?

— ¿Qué dem…? —soltó Quinn tratando de entender lo que su hermana le gritaba al oído. Cuando por fin lo entendió, se abstuvo de darse una palmada en la frente—. Dime que no eres tan extraña de recordar el nombre de la banda.

—Era algo con mostaza, mayonesa o algún aderezo de ese tipo —fue la respuesta de Frannie. Estaba por decir algo más cuando Camille se acercó a ellas nuevamente—. Oh, Cam. Qué suerte que ya estás aquí. ¿Crees que pondrán el Call me maybe?

—Tu hermana se quedó en el túnel del tiempo —aclaró Quinn cuando Camille la miró interrogante—. Que no te sorprenda si pide algo de N'Sync, las Spice Girls o los Hanson.

— ¿Esos todavía están vivos? —le pareció escuchar por parte de Douson. Al segundo siguiente la adolescente estaba bailando, junto con Frannie, al ritmo de la música de moda que sonaba en todo el lugar.

No tenían ninguna intención de mover siquiera un dedo al ritmo de esa música que a ella le parecía completamente extraña —en realidad, se negaba a bailar porque no quería que pareciera que estaba sufriendo un ataque de epilepsia. Como Frannie, por ejemplo— pero Rachel la tomó de la mano y la obligó a ponerse en movimiento por mucho que se resistiese. Sorpresivamente, Kitty se unió a ellas con varias copas acompañadas de Kurt. Quinn jamás había visto sonreír de manera tan radiante a su hermana como cuando el amigo de Rachel les comunicó que pasada la medianoche, el Dj pondría canciones de décadas pasadas.

—Old Hit's, perras —gritó Frannie con las manos en alto.

Quinn estaba pendiente de cada movimiento por parte de sus hermanas, sobre todo de Camille. La adolescente parecía estar pasándola bien, como si por un momento hubiese dejado de lado todo el asunto de Dani, la idea de su padre y se hubiese enfocado en disfrutar de esa noche con familiares y amigos. Después de varios tragos —Quinn ya había perdido la cuenta—, Frannie y Camille, evidentemente rozando la borrachera, la abrazaron por los hombros e intentaron bailar de esa forma. Quinn se descubrió riendo a carcajadas. Una risa que obviamente quedó ahogada por el alto volumen de la música.

Desde ese momento se entregó por completo a disfrutar de la noche como lo estaban haciendo sus hermanas. Bailó con Rachel de todas las maneras que le fue posible dentro de los límites establecidos. Juntas, separadas, seduciéndose una a la otra, pidiendo permiso de tocar algunas partes del cuerpo ajeno. Incluso Kitty se acercó a ella sorprendiéndola por completo, y por un momento dejó de lado la tirante relación entre ellas y se permitió reír y bailar con la amiga de la morena.

Era más que evidente que el alcohol comenzaba a correr también por sus venas porque de lo contrario no encontraba explicación alguna para el penoso intento de coreografía que realizó con Frannie cuando la hora de música retro llegó y Crazy In Love, de Beyoncé, comenzó a sonar. Con ellas también bailaron Rachel y Kurt mientras Kitty y Camille les sacaban fotografías, o las filmaban quizás, riéndose. También cantó a los gritos Girlfriend de Avril Lavigne y A Kissed a Girl de Katy Perry con Douson, y le pareció que estaba bailando Low de Flo Rida de maravilla hasta que se dio cuenta que no era así.

Por primera vez en mucho tiempo se sintió libre, y se entregó por completo a eso. A ese momento de distensión que estaba teniendo, a esa libertad de dejar que su cuerpo y su mente hicieran lo que le venía en ganas. Abrazaba, bailaba, cantaba, bebía sin preocuparse en las consecuencias que eso traería. Durante toda esa noche dejó de ser cabeza y fue solamente corazón y alma. Veía a sus hermanas bailar completamente risueñas, a los amigos de Rachel dándole quizás una silenciosa bienvenida, Kitty y Kurt se divertían junto a ella como si se conocieran hacía años, y eso ayudó muchísimo a su estado de alegría.

El éxtasis mayor fue cuando su mirada se enfocó en Rachel.

Las luces del lugar, la música, los movimientos de la morena al ritmo de las canciones, las miradas que le obsequiaba, las mordidas de labio, las sonrisas, todo, absolutamente todo, estaba perfectamente marcado para que Quinn sintiera que esa mujer, que no llegaba al metro sesenta, era la única con la que quería pasar el resto de sus días. Y ni siquiera darse cuenta de lo que cursi que era ese pensamiento evitó que tomara a la morena de la mano y la arrastrara hasta a ella pegándola a su cuerpo. Esperaba que Rachel entendiera el mensaje de que no era necesario que la besara, aunque lo deseaba completamente, para hacerle saber que esa estaba siendo la mejor de sus noches solamente porque estaba compartiéndola con ella, con sus hermanas y con los amigos de la morena.

If you could see that I'm the one who understands you

(Si pudieras ver que soy la única que te entiende)

Been here all along

(He estado aquí todo el tiempo)

So why can't you see, you... You belong with me

(Entonces por qué no puedes ver que deberías estar conmigo?)

You belong with me

(Tú deberías estar conmigo)

— ¿Qué cant…? ¿Qué canta? —preguntó Quinn enderezando el cuerpo lo máximo posible como si eso ocultara lo borracha que estaba.

Ya habían salido los seis de la discoteca bastante mareados y «alegres». Si no hubiera estado tan borracha habría mirado la hora en su reloj pulsera y sería consciente del tiempo pero a esas alturas, le daba lo mismo la hora que fuera. Si sol estaba por salir, si se había pasado el fin de semana completo dentro del lugar o si solo había trascurrido unos insignificantes minutos, le daba igual. Se suponía que ella había ido para cuidar de sus hermanas pero al final terminó en igual o peor estado que ellas. Incluso, se olvidó por completo de todo el asunto de su madre y Frank.

Los amigos de Rachel estaban igual que ella, o quizás peor. Porque Kurt mirándose las uñas de las manos y diciendo lo fabuloso que era no parecía ser una gran prueba de sobriedad. Kitty, en algún momento del camino hasta la parada de taxis, se apoyó en ella y hasta parecía caminar medio dormida. Quinn sintió el impulso de empujarla y que se cayera al suelo, solo porque su vena malvada así se lo pedía, pero decidió que lo mejor era no hacerlo. Debía ganarse a los amigos de Rachel, no lastimarlos.

— ¡Dani! —gritó Camille antes de mover las manos de manera extraña y cantar entre balbuceos ebrios.

Dentro de todas esas incoherencias, Quinn distinguió el estribillo de Girlfriend de Avril Lavigne una vez más y antes de que pudiera impedir que su hermana menor continuara con tremendo espectáculo lamentable en plena calle, la canción había cambiado por completo.

Love is sweet as summer showers

(El amor es dulce como duchas de verano)

Love is a wondrous work of art

(El amor es una maravillosa obra de arte)

But your love, oh, your love, your love

(Pero tu amor, oh, tu amor, tu amor)

Is like a giant pigeon

(Es como una paloma gigante)

Crapping on my heart

(Cagando en mi corazón)

Quinn definitivamente se habría reído, y quizás hasta habría cantado con su hermanastra cuando ésta volvió a cantar lo mismo otra vez, pero todo rastro de alcohol en su cuerpo pareció esfumarse por completo cuando casi llegando a la esquina se encontró con quienes menos esperaba: Santana y Brittany apoyadas en una camioneta negra.

Frannie, que estaba varios metros por delante de ellas, giró la cabeza rápidamente mirando a Quinn, por lo que menor de las Fabray supo que no era la única a la cual la borrachera se le había esfumado rápidamente. Rachel, que hasta el momento solo se había dedicado a reírse de las payasadas que hacían los demás, tomó la mano de Quinn y ésta sintió todo el apoyo y cariño en ese solo toque.

No sabía si avanzar o quedarse en el lugar. Santana y Brittany la seguían mirando apoyadas en el vehículo y Camille, junto con Kurt y Kitty, parecía no haberse dado cuenta de nada de lo que pasaba a su alrededor. Ella en cambio, junto con Frannie y Rachel, era plenamente consciente de la situación. Dicen que si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma. ¿Acaso el destino estaba jugando con ella una vez más? ¿Le estaba demostrando que por mucho que se intente retrasar un momento, éste tarde o temprano se perpetuaría? ¿Qué debía hacer en ese momento? ¿Quedarse parada donde estaba o avanzar hacia donde estaban quienes en el pasado habían sido sus amigas?

No tuvo tiempo de decidir porque una vez más Brittany se adelantaba a ella y la abrazaba como si no hubiera mañana. Y una vez más volvía a sentir que todo ella se internaba en un estado de completa paz. Dejándose llevar, soltó la mano de Rachel y rodeó la cintura de Brittany con sus brazos elevando a la otra rubia en el aire. Sobre el hombro de ésta última vio la mirada aun fría de Santana sobre ella y algo dentro de ella volvió a romperse. En cuanto Brittany rompió el abrazo y se alejó unos centímetros, Quinn buscó rápidamente la mano de Rachel que le regaló un apretón. Como si quisiera recordarle que estaba a su lado.

— ¿Qué…? ¿Cómo…? ¿Qué hacen…? ¿Qué hacen aquí? —logró preguntar a pesar del nudo en su garganta y en todo su cuerpo. Sintió más apretado el toque de Rachel, como si el estado en el que estaba ella se hubiese contagiado en la morena—. ¿Cómo…?

—Estábamos en la discoteca también —respondió Brittany con una sonrisa de oreja a oreja—. De hecho, te vimos desde el piso de arriba. San quiso irse pero yo le insistí en que nos quedáramos. Luego vimos que parecía que abandonarían el lugar y salimos primero a esperarte, Quinn. Teníamos muchas ganas de verte y hablar contigo.

—Tú habrás tenido ganas de eso —aclaró Santana con los brazos cruzados y sin expresión alguna en su rostro más allá de la indiferencia—. Yo solo tengo ganas de pisarla con la camioneta.

—Es bueno verte también, Santana —ironizó Quinn poniendo los ojos en blanco. Se puso inquieta cuando Camille, aun en su estado completamente ebrio, se acercó a la latina y la miró de cerca, como si la analizara o algo así. Santana soltó un «¿Y a esta que le pasa?» que puso en alerta a Quinn—. Frannie, encárgate de Camille, por favor. Tráela así nos vamos.

—Podemos llevarlos a todos en la camioneta —ofreció Brittany y Quinn tuvo la sensación de que la rubia solo quería alargar más el encuentro.

Fabray sintió algo cálido expandirse por su interior y, como si fuera algo vital, buscó a Rachel con la mirada. Le sorprendió que la morena estuviera mirando fijamente hacia la posición de Santana. Muy en el fondo de ella misma sabía el recelo que Rachel mantenía respecto a la latina. Sabía que todo ese asunto de almas gemelas no era agrado de la morena. Lo menos que quería era provocar malos ratos entre ellas, por lo que le dio un ligero apretón en la mano a la camarera para llamar su atención.

— ¿Estas bien? —preguntó cuando los ojos de Berry se clavaron en los suyos.

—Sí —fue la respuesta de Rachel que sonó más fría que sincera—. Solo estoy cansada. Si quieres me llevo a Camille y…

—No —interrumpió con determinación—. Vinimos todos juntos, nos vamos todos juntos.

La presencia de Brittany y Santana cerca de ella no hacía más que enterrarla en el dilema que se había creado en su interior. ¿Debía aceptar la oferta de quienes habían sido sus amigas y dejar que los llevaran hasta su departamento? ¿Qué pasaría después de eso? ¿Prepararía el desayuno para las tres y pasarían la mañana hablando como si nada hubiese pasado? ¿Qué pensaría Rachel? ¿Cuál sería la reacción de la joven? ¿Cuáles serían las consecuencias si, por el contrario, rechazaba la oferta y se tomaba un taxi? ¿Santana y Brittany se sentirían rechazadas? ¿Se volvería más lejana la relación entre ellas? ¿No volvería a verlas jamás?

«Pregúntate qué es lo que quieres y qué es lo que necesitas», le sugirió una voz en su cabeza pero prefirió ignorarla. Más que nada porque podía notar las primeras señales de la inminente resaca que se avecinaba. No quería hablar con sus amigas en ese estado. Por respeto a ellas, a sí misma y a la unión que compartieron en el pasado, lo mejor era hablar con todos sus sentidos en alerta.

Y así se los hizo saber.

—Gracias por la oferta, Britt —sonrió tomando con su mano libre la de la rubia que sonrió radiante—. Pero creo que lo mejor es que nos vayamos en taxi —apretó los dientes cuando vio la sonrisa de Santana, una clara muestra de «Lo sabía» pero prestó más atención a Brittany y la mirada triste de ésta—. Hey, eso no quiere decir que no nos volvamos a ver. ¿Te parece si la semana que viene paso a verte por la academia?

Claramente no era consciente de lo que estaba diciendo pero tenía que admitir que no era su mente lo que hablaba, era su corazón. Y en su corazón, deseaba volver a ver a Brittany, volver a abrazar a la rubia, volver a sonreírse una a la otra. Por el momento Santana no parecía querer ser muy participe de eso pero esa observación no borraba la alegría que la invadió cuando Brittany comenzó a dar saltitos en el lugar mientras sonreía y asentía con la cabeza a la pregunta hecha.

Su interior se sintió ligero nuevamente. Tal y como se sentía antes de haberse encontrado con la pareja. Como si una nueva pieza volviese a encajar. Sin soltar la mano de Rachel —ni de dejar de buscar la mirada de Frannie que le hacía saber que todo estaría bien—, se despidió de Brittany con un nuevo abrazo. De Santana en cambio, se despidió con un movimiento de cabeza que la latina correspondió de igual forma. Quinn no quiso pararse a analizar lo que eso podría llegar a significar, más que nada porque su cabeza le pedía un poco de tregua.

Nuevamente le hubiese gustado compartir taxi con Rachel pero Frannie razonó que no era buena idea dejar que tres borrachos viajaran solos en un taxi. «Kitty pierde el sentido de la orientación cuando bebe», dijo Rachel antes de que Quinn asintiera con la cabeza permitiendo que se alejara de ella. Camille seguía sin haberse dado cuenta de nada de lo que sucedió y por un momento Quinn sintió envidia de eso. Por lo menos, la mente de su hermana menor estaba libre de todo tipo de pensamientos.

— ¿Estas bien? —preguntó Frannie una vez que estuvieron en el interior de taxi.

En el espejo retrovisor se podía ver que detrás de ellas viajaba Rachel con sus amigos mientras que Camille dormía con la boca abierta sobre el hombro de Frannie. Quinn no respondió enseguida porque si tenía que ser honesta no sabía que responder. Quizás fue por eso mismo que buscó la mano de su hermana mayor y la tomó entrelazando sus dedos antes de recostar su cuerpo sobre el de Douson que murmuró algo en sueños.

—Lo estaré —aseguró en voz baja—. Pero para eso necesito a mis hermanas conmigo.

Era extraño decirlo de esa forma y por un segundo sintió miedo de que Frannie se burlara pero la rubia de ojos azules una vez más le demostraba que no iba a hacer lo que pensaba. Quinn se emocionó ligeramente cuando Frannie le apretó la mano. Sintió entonces que todo estaría en perfectas condiciones. La historia de su madre, su situación con Santana y Brittany, la relación con Rachel. Absolutamente todo estaría bien, y absurdamente se sintió feliz cuando Frannie murmuró:

—Siempre te apoyaremos, Quinnie, y estaremos a tu lado. No dudes de eso.


Al que llego al final de este capitulo se lo agradezco enormemente. Y me disculpo otra vez.

Buen inicio de semana para todos.

Hasta la próxima!