¡Hola!
Aquí está el capítulo puntualmente, tal como prometí. Es un regalo especial para las amantes del NejiSaku como yo ^.^ Es algo duro de leer, pero he disfrutado increíblemente escribiéndolo. Espero que a vosotras os guste tanto como a mí.
Mirad las notas finales, porfiiiis, donde dice IMPORTANTE
Dedicado a Layla Harrison y a Lilii por comentar. Lilii: en respuesta a tu comentario te doy las gracias por leer y me alegro de que te guste. No sé si podré regalarte esa escena, pero espero poder intentarlo al menos.
¡A leer!
Corría. Corría a cuanto daban mis piernas, como si me persiguiese el mismo demonio. Las ramas del bosque se enganchaban en mi kimono y me arañaban la cara y las manos, y más de una vez me cayó algo de nieve encima por no esquivarlas, y es que no era capaz de centrar mi atención en nada que no fuer correr cual caballo desbocado. No había salido del Palacio haciendo escándalo, pero tampoco fui sigilosa. Uno pensaría que siendo la casa del Emperador debía de estar fuertemente custodiado, y así era, pero Neji tenía razón: salir no era tan difícil como entrar.
Antes de darme cuenta llegué al lago donde más de una vez había ido a bañarme con Tenten, cuando el tiempo era más grato, y me detuve. Intenté coger aire; estaba asfixiada por la carrera y creo que no me equivoco si digo que nunca en la vida había hecho semejante esfuerzo físico. Retomé el paso, esta vez andando más calmada y avancé hacia la orilla. No cesé de caminar incluso cuando el agua gélida mojaba los calcetines -hacía rato que había perdido mis getas- y las puntas de mis cabellos, ni siquiera cuando me llegó al cuello.
Sumergí la cabeza completamente y el frío me arañó como mil cuchillos infligiéndome un dolor como nunca antes había sentido, pero la adrenalina de mi cuerpo lo hizo soportable. No era capaz de hilar un solo pensamiento coherente en mi cabeza, que estaba saturada con las imágenes de aquella misma mañana, no hacía ni media hora.
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FLASHBACK
Después de todo el tiempo que llevaba en Palacio aún había sitios que no había recorrido, por increíble que pudiera parecer. Desde que Gaara no dormía conmigo había tenido que volver a mis aposentos de concubina, con la única compañía de Shion. Ino seguía encerrada en alguna habitación del castillo cuyo paradero no se me permitía conocer, y el poco contacto que conservaba con Hinata se esfumó con la noticia de su embarazo. Yuta hacía algo más llevaderos mis días, pero necesitaba más para entretenerme.
Así que ahí estaba, dando vueltas por unos pabellones por los que no había estado nunca antes. Un sirviente al que pregunté me dijo que allí estaban las concubinas del padre de Gaara, e incluso alguna del tiempo de su abuelo. Si bien la compañía de otras concubinas de Gaara me hubiera resultado insoportable debido a la competitividad, pensé que tal vez pudiera hallar consuelo y consejo entre mis predecesoras. Qué ingenuo por mi parte.
El pabellón de las antiguas concubinas era espacioso y silencioso, pero no de la manera en la que una se siente tranquila, sino más bien de la forma en la que sientes que estás entrando en la guarida del dragón. Me atreví a correr ligeramente una puerta de papel de arroz y asomarme al interior de una sala. No había nadie.
Seguí avanzando por entre pasillos y corredores. ¿Cómo era posible que reinase tal silencio y que no hubiera hallado a nadie? Entonces lo oí. Oí un canto entonado por muchas voces femeninas a la vez. Lo seguí como hipnotizada, hasta llegar a un templo budista. Dentro había decenas de mujeres rezando frente a la estatua de un gigantesco Buda. Debí de hacer algún ruido, porque todas se dieron la vuelta a un tiempo, y lo que vi me dejó en shock.
Eran mujeres ancianas, con el rostro surcado de arrugas y expresiones crueles. La piel flácida les colgaba de tal manera que parecían llevan algún tipo de bufanda macabra en la papada, y apenas permitía observar sus ojos. Algunas tenían las bocas entreabiertas, dejando entrever sus bocas desdentadas. La mayoría estaban medio calvas, y más de una parecía tener los ojos ciegos por la edad a juzgar por su color gris.
Una de ellas se puso en pie y rió cruelmente, al tiempo que exclamó algo que sonó como "intrusa". Entonces las otras la imitaron poniéndose de pie. Se acercaban a mí extendiendo sus manos huesudas. Una de ellas comenzó a tirarme del pelo, mientras otra me agarraba y una más me escupía. Las demás seguían acercándose y no me quedó de otra que salir de allí escopetada. *
FIN DEL FLASHBACK
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Las imágenes de lo ocurrido tan solo momentos antes se arremolinaban con fuerza en mi cerebro, que se esforzaba por ignorar el dolor que el frío provocaba en mi cuerpo. Entonces la realidad me golpeó aún más fuerte.
No me había dado un ataque de ansiedad por ver a esas ancianas, que si bien eran siniestras no eran motivo suficiente para ponerme en ese estado. No, lo que pasaba era que mi mente había comprendido algo antes que yo. Las favoritas del Emperador ocupaban un lugar importante hasta su muerte, incluso aunque el Emperador hubiese fallecido mucho antes de ellas. Sin embargo, existían casos de concubinas que nunca habían sido llamadas por el Emperador, por lo que morían vírgenes e incluso sin haberle visto en persona jamás.
Gaara no me prestaba atención desde el anuncio del embarazo de Hinata, y Shion me había estado atormentando y burlándose de mí diciendo que una vez que el Emperador yace con una mujer no suele volver a llamarla. Si realmente el pelirrojo terminaba por ignorarme yo podría acabar convertida en una de esas mujeres. Llegaría a mi vejez virgen y viviendo en la más absoluta soledad, luchando cada día contra la locura.
Me imaginé toda arrugada, sin que una sola de esas arrugas fuera de felicidad. Mi pelo largo y brillante se volvería blanco y se me caería, al igual que los dientes, que acabarían podridos. Entonces dedicaría cada día de mi vida a rezar, juntando mis manos huesudas y lamentándome de mi destino, mientras la desesperación y el rencor anidaban en mi pecho.
Creo que fue cuando sentí que me faltaba el aire. Intenté recuperarme de la impresión por todos los medios y sacar la cabeza del agua para respirar, pero entré en pánico una vez más. Sabía nadar, pero los nervios y el peso del kimono de invierno, que además me impedía mover las piernas con libertad jugaban en mi contra. Pataleé y agité las manos todo lo que pude, pero estuve segura de que iba a morir ahogada cuando el cielo visto desde debajo del agua comenzó a tornarse oscuro.
Instantes antes de cerrar los ojos definitivamente noté una fuerza que tiraba de mí. No sabía en qué dirección lo hacía ni cuánto tiempo me aferró porque había perdido toda noción del tiempo y el espacio pero me dejé llevar por ella, suponiendo que era la mano fría de la muerte reclamándome.
Fue cuando el aire me golpeó de nuevo en el rostro, con la fuerza de una bofetada. Abrí la boca como un pez, más por instinto que porque supiera que debía respirar, y la fuerza que había tirado de mí me alzó en brazos por encima de la superficie del agua. Luego me soltó casi de golpe, mi cuerpo cayendo con fuerza contra el suelo, pero no emití ningún gemido de protesta porque apenas sentía nada.
—¡Sakura! ¡Abre los ojos, maldita sea! ¡Sakura!
La voz grave y conocida retumbaba en mis oídos por encima del chapoteo de mi cuerpo tembloroso en el charco de agua bajo mis ropas. Obedecí abriendo ligeramente mis ojos, y cuando fui capaz de enfocar mínimamente reconocí a Neji con los labios morados. Su pelo se le adhería al cráneo y algunos mechones caían por su cara, pálida como sus ojos, y con una expresión de angustia que nunca le había conocido.
Entonces giré bruscamente sobre mí misma y de manera involuntaria, quedando boca abajo. Di varias bocanadas con desesperación y escupí el agua que había tragado. Fui vagamente consciente de cómo Neji me incorporaba y me aferraba contra él con tanta fuerza que me hizo recuperar parte de la sensibilidad.
—¡Por Kami! ¡¿En qué estabas pensando?!
—N-ne… ji… —la voz me temblaba y no me sentía en condición de decir nada más.
—¡No entiendo nada, Sakura! ¡No lo entiendo! ¡Nunca sé lo que pasa por tu cabeza!
Sonreí ligeramente y reuní fuerza para hablarle.
—Y-yo… tampoc-co te e-entiendo a ve… ces…
—¡Esto no es un juego! ¿Cómo has salido del castillo? ¿Por qué has ido a parar al fondo del lago? ¿Planeabas suicidarte?
El frío y la rabia le hacían temblar violentamente y por extensión a mí también, recostada como me tenía contra su pecho. No contesté a ninguna más de sus preguntas porque sentí todo el dolor acudir a mi cuerpo conforme me hacía más consciente de mí. Neji pareció darse cuenta de que si nos quedábamos más tiempo tirados en la nieve y empapados acabaríamos por morir congelados y dejó sus preguntas para después. Me deshizo el nudo del obi como pudo y me quitó el kimono de invierno, que pesaba como un muerto, dejándome sólo con el kimono interior y me cargó en brazos.
Yo recuperaba y perdía la conciencia de manera intermitente, y tras un tiempo que me pareció una eternidad Neji me depositó sobre algo más o menos cómodo. Abrí los ojos lentamente de nuevo y me di cuenta de que estábamos en una de las habitaciones para criados, las cuales estaban desiertas ya que todos se encontraban trabajando a esa hora del día, y probablemente nadie apareciera por allí hasta bien entrada la noche.
Neji se acercó a algo parecido a una pequeña chimenea y prendió fuego. Me senté en la cama sobre la que me había depositado. Le vi sacarse su yukata empapado, y cuando comprendí que iba a deshacerse también de su ropa interior miré a otro punto indefinido de la habitación, dándole algo de intimidad. Cuando volví a mirar estaba vestido con otra yukata y se escurría el pelo lejos de la lumbre para evitar apagarla. Se acercó a mí y me tendió un yukata limpio y una manta.
—Tendrás que desvestirte si no quieres coger una pulmonía. ¿Necesitas ayuda?
Ni siquiera tuve fuerza para sonrojarme. Le hice un gesto para que se diera la vuelta y me quité el kimono interior. Me puse uno de sus yukatas tratando de ajustármelo todo lo posible y me arropé con la manta. Seguía temblando. Cuando le indiqué que podía volverse de nuevo, Neji se acercó a mí. Me arrimó al fuego y me sentó entre sus piernas, con su pecho pegado a mi espalda mientras me rodeaba con sus brazos. Cogió mis pequeñas manos enrojecidas y las brotó vigorosamente hasta que dejaron de estar hinchadas y adquirieron un color normal.
Yo me dedicaba a mirar el fuego, ida como estaba, y a calentarme los pies con él, mientras disfrutaba del estable latido de su corazón contra mi espalda y de su aliento en la oreja. Me había apartado el pelo húmedo a un lado para que no se interpusiera entre nosotros, y cuando más o menos entré en calor Neji se apartó y acercamos nuestras cabelleras al fuego, tratando de secarlas.
—Vas a tener que darme algunas explicaciones. —me miraba por el rabillo del ojo, así que asentí. —Pero primero tengo que volver al lago.
—¿Por qué? —pregunté con voz firme. No quería estar sola pero le vi ponerse en pie.
—Porque mi armadura y tu kimono siguen allí. ¿Te imaginas lo que pasará si alguien encuentra nuestras ropas mientras tú y yo estamos desaparecidos? —al caer en la cuenta de lo que podía pasar un escalofrío que nada tenía que ver con el frío me recorrió la espalda. —Quédate aquí. No salgas y no hagas ruido, y sécate bien.
Neji salió por la puerta tras ponerse un elegante kimono de invierno encima y me dejó sola. Inspeccioné la habitación y caí en la cuenta de que lo que había tomado por un cuarto de criados era en realidad la habitación de Neji. Los criados y los samuráis de bajo rango dormían en barracones, a menudo apelotonados, mientras que el capitán disfrutaba de una habitación para él solo.
Me dediqué a observar el fuego, que me recordó el sueño que tenía cada dos por tres cuando aún vivía en mi feudo. Pensé que mi sueño se había cumplido la noche que nos abordaron aquellos bandidos paso por paso, excepto por el detalle de que no había habido ningún incendio en la vida real. Abrí los ojos con sorpresa al recordar que esa misma noche yo le había salvado la vida al samurái disparando una flecha. Más de una vez pensé en cobrarle el favor algún día, y ese día había llegado justo esa mañana. Me había devuelto el favor sin que yo se lo pidiera, salvándome de morir ahogada. Sonreí.
Ni diez minutos pasaron cuando Neji volvió cargado con su pesada armadura y su espada. Dejó caer la armadura y de dentro asomó mi kimono. Dejó su katana tirada de cualquier manera y se sentó cerca del fuego, junto a mí. Su expresión era tranquila hasta que me vio sonreírle. Entonces perdió los nervios y toda fachada de tranquilidad se le vino abajo.
—¿Pero cómo puedes sonreír aún? ¿Es que no eres consciente de la situación? ¡Por poco mueres, Sakura!
Mientras él hacía esfuerzos por no gritar yo sólo podía fijarme en que me había estado llamando Sakura y tuteándome.
—Lo siento mucho, Neji. No era mi intención…
—¿Que no era tu intención? ¡Entonces estaré encantado de oír cómo fue que acabaste en el fondo del lago!
Respiré profundo un par de veces y entonces procedí a narrarle la desagradable experiencia de esa mañana con las concubinas. Acudí a ellas buscando consejo para recuperar la atención del pelirrojo, y lo que encontré fue que la envidia de verme joven y feliz las consumió, porque ellas no eran ni lo uno ni lo otro. Después había corrido todo lo que daban mis pies, y en medio de mi ataque de ansiedad había acabado por meterme en el agua. No conté con el peso del kimono mojado ni con mi desorientación y así fue cómo acabé a punto de ahogarme.
—Cuando estuve debajo del agua me di cuenta de que no tenía miedo de ellas, sino de acabar como ellas. Shion sólo dice que Gaara no volverá a fijarse en mí, que no tendré su atención nunca más… Y tú no sabes lo que… Para una mujer, una concubina no hay destino peor… Y no sabía qué estaba… Me entró el pánico… Lo siento tanto…
Neji se acercó a mí y me abrazó con fuerza justo cuando rompí a llorar. Estuve un buen rato sollozando e hipando. Neji me acunaba casi como a un bebé. No pude evitar sentirme protegida y me calmé.
—Nunca estuvo entre mis planes suicidarme… —confesé cuando recuperé el habla. —En serio, Neji, no estaba en mis cabales cuando acabé en el agua.
—Tranquila, Sakura. Está bien, te creo. Tranquila.
Me limpió una lagrimilla con el pulgar.
—¿Cómo me has salvado? ¿Qué estabas haciendo allí?
—Estaba dando una vuelta. Hoy no tenía que entrenar a la tropa, así que decidí dar un paseo. No te vi sumergirte en el agua. —sus manos grandes acariciaban mi espalda. —Sólo oí un chapoteo, vi las ondas en la superficie y cómo la punta de tu cabello terminaba de sumergirse. Y bueno, supe que algo estaba mal porque a nadie en su sano juicio se le ocurriría darse un baño allí en pleno invierno y me lancé al agua. Aunque dudo que estés en tu sano juicio.
Suspiró y el aire que expulsó me hizo cosquillas en la coronilla. Sonreí, agotada por todas las emociones del día. Sin darme cuenta iba quedándome dormida de lo relajada que estaba ahora gracias a él cuando su voz suave como el terciopelo me lo impidió.
—Creo que nunca había pasado tanto miedo, ¿sabes?
—Lo siento, sé que Gaara te hubiera ajusticiado si me hubiera pasado algo porque se supone que eres el encargado de mi seguridad. Perdóname, Neji.
—No, Sakura —me separé de él y le miré con dolor al pensar que no iba a perdonarme, pero continuó hablando y supe que no se refería a eso. —No tenía miedo del Emperador. Cuando vi tu pelo hundirse en el agua no me vino a la cabeza su imagen. Tenía miedo de no llegar a tiempo, de no encontrarte bajo el agua o no tener fuerza para sacarte. Tenía miedo de perderte.
No tenía ninguna expresión en la cara, pero en su mirada se adivinaba un brillo de fiera determinación parecido al que tiene un guerrero momentos antes de librar una batalla. El peso de sus palabras tardó en alcanzarme, y cuando lo hizo Neji ya había comenzado a acercar su cara a la mía lentamente. Me miraba a los ojos y luego a la boca de manera simultánea. Sus labios terminaron por rozar los míos sin que yo pusiera resistencia. Era un contacto suave como una caricia.
A mi mente acudieron todos los pensamientos que había tenido sobre él desde el día que lo conocí. Al principio pensé que era un machista engreído, luego le vi preocuparse de verdad por mí y jugarse mucho para darme una tarde de paz antes de irnos del feudo Hyuga. Recordé su expresión de haber sido traicionado el día que Sasuke me acorraló, y la de culpabilidad el día que yo lo encontré besándose con Tenten.
Mientras todos estos sucesos adquirían un nuevo significado en mi cabeza, Neji profundizó el beso y yo sólo pude abrir la boca y darle paso. Me sentí derretirme al ser invadida por su fuego, como si el frío de esa mañana jamás hubiera existido, y la imagen que tenía de mí siendo una anciana decrépita se hizo añicos.
Cuando nos separamos, Neji juntó su frente con la mía y nos quedamos así, con los ojos cerrados y pegados el uno al otro. Volvió a nacer en mí la esperanza de ser amada algún día.
A la mañana siguiente desperté antes que él, cuando aún no había salido el sol. Habíamos dormido abrazados, pero después del beso Neji no había intentado nada más. De hecho, ni siquiera volvió a besarme en otro sitio que no fuera la frente. Abrí los ojos y giré mi cabeza, apoyando la barbilla en su pecho para poder verle dormir, y no fue a Neji durmiendo precisamente lo que vi.
Vi a Neji presentándose en el feudo Yamanaka para escoltarnos, envuelto en su armadura samurái y pensé que sus ojos eran ojos de ciego. Vi a Neji presumiendo de su habilidad con el arco, invitándome a dejar las armas para los hombres. Neji jugándose la vida para defendernos del asalto. Neji cargado con una hakama y esperándome con dos caballos, para después recibir la reprimenda de Hiashi. Los ojos de Neji mirándome en la oscuridad con un deseo que no había encendido Tenten aunque fuera ella con quien se estaba besando antes de que yo llegara. Neji en mitad de la nieve, siendo el protagonista de un cuadro que ni siquiera Sai podría retratar. ¿Alguna vez os habéis enamorado?
Luego me vi a mí, deteniendo mis pensamientos cada vez que caminaban por derroteros peligrosos, una y otra vez. Yo, restregándole que le había salvado la vida. Yo, sintiendo una punzada aguda y penetrante al verlo besándose con Tenten. Celos. Yo, mendigando por un poco de atención de un hombre. Yo, repitiendo una y otra vez que aquello no estaba bien, como si alguna vez a mí me hubiera importado lo que estaba bien. No tenía un carácter femenino, sabía manejar arco y espada y no sabía enhebrar el hilo. Hipócrita.
Pensé que Gaara me daba serenidad, pero Neji me daba paz. Que Neji y yo teníamos una historia -una que me había esforzado en no crear- era algo casi tangible ahora. Ahora me daba cuenta de que él sí se había enamorado alguna vez. Ahora tenía la respuesta a mi pregunta en el jardín, pero eso sólo planteaba más preguntas. ¿Podría yo decirle que sí, que me había llegado a enamorar? Antes de seguir dándole vueltas al tema decidí que era mejor salir pronto, antes de que amaneciera y tuviera que pasarme otro día encerrada.
Zarandeé suavemente al capitán, y él sonrió levemente al abrir los ojos y verme a su lado. No hablamos en el rato que tardamos en quitarnos los yukatas y ponernos los kimonos, y antes de salir de la habitación todo lo que Neji dijo fue que no hiciera ruido. Me condujo suavemente de la mano por pasillos discretos, y cuando estuvimos demasiado cerca de las habitaciones de concubinas para poder seguir esquivando criados Neji me hizo detenerme antes de doblar una esquina.
Nos miramos fijamente con expresiones relajadas. Me acarició la mejilla con la mano y me dio un pequeño beso en los labios. Después desapareció en las sombras y yo fui corriendo a encerrarme en mi habitación. Allí lo primero que hice fue quitar el nudo del obi atado por delante** para deshacerme del kimono y meterme en mi cama. Horas después, Tenten vino a despertarme y me ayudó a prepararme para empezar uno de los últimos días de paz de mi vida.
Durante semanas, Neji y yo nos frecuentamos. Nunca concretábamos una fecha y un lugar como tampoco nos vimos a escondidas porque decidimos que eso llamaría demasiado la atención. A veces no compartíamos más que una mirada en todo el día, mientras que otras veces a mí "me apetecía" salir del Palacio y me llevaba escolta, siendo él siempre mi guardián.
Procuraba por todos los medios sacar a Gaara de mi mente. Yo era su posesión y él mi dueño, y a veces me acostaba llorando, sintiéndome sucia y culpable. Él siempre se había portado bien conmigo sin contar con el tiempo que llevaba ignorándome. Fue paciente y comprensivo cuando no estaba obligado a serlo, y ¿cómo le pagaba yo? Pensando las veinticuatro horas del día en Neji, con quien compartía besos y caricias clandestinos.
Sentía que mi vida se me había escapado de las manos. Daba igual lo mal que me sintiera por el Emperador cada noche o saber que nos jugábamos la vida; cada día reincidía en mis encuentros.
Si antes no me permitía poner nombre a esa punzadita de celos o a otros acercamientos con el joven samurái para no desarrollar ningún tipo de sentimiento, ahora procuraba atesorar cada uno de esos instantes.
Una de esas tardes robadas que a mí se me permitía pasear siempre y cuando llevara escolta, Neji y yo hablamos largo y tendido sobre las posibles consecuencias a las que nos enfrentábamos si nos pillaban, que no eran otras que morir. Neji siempre me daba la opción de retirarme, me decía que aún no había pasado nada irreversible, que siempre podíamos hacer como si nada hubiera pasado. Pero es que había pasado, y yo no quería ignorar eso. Yo estaba dispuesta a enfrentar las consecuencias de mis acciones, y Neji me seguiría allí donde yo decidiera llevarle.
*Todo el flashback está inspirado -que no copiado, ni remotamente- de una escena del libro "La ciudad prohibida de China", de Anchee Min, que narra la historia de la última emperatriz de China, Cixí. No sé si lo he dicho alguna vez, pero ella es un personaje real de la historia en la que me he basado para escribir el fic. No juzguéis a las concubinas ancianas por sus arrebatos. La soledad puede ser durísima, y más si se prolonga durante toda una vida.
**El obi es mucho más difícil de atar de lo que parece, y más en kimonos ricos y antiguos. Sólo un tipo de mujer, que necesitase vestirse y desvestirse constantemente lo llevaría atado por delante, donde es más fácil deshacer su nudo. Sí, las prostitutas.
IMPORTANTE: La semana que viene es mi cumple -el día 15, como Kakashi. Sabéis que nuestro adorado ninja copia disfruta de la tranquilidad, así que me ha pedido que no invite a nadie a nuestra pequeña fiesta privada. ¡Lo siento!-, además he actualizado el fic puntualmente, y me he graduado en bachillerato. Por todo ello os pido que me hagáis un regalo: ¡dejadme muchos reviews!
Próxima actualización: mmm… el mes que viene como MUY tarde. Dependerá en gran medida de lo generosas que seáis con mi regalo -dejadme ser un pelín mala-.
Muchas gracias por leer, y especialmente a las que dejáis vuestra opinión, aunque sea para tirarme tomates. Espero que hayáis disfrutado leyendo tanto como yo escribiendo.
¡Besos!
P.D.: cuando termine este fic vendrá otro. Esta vez habrá vampiros y altas dosis de ItaSaku. ¿Qué os parece?
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