Podrick sabía que era culpable. Tenía cara de atolondrado, eso no lo iba a negar, pero no era estúpido como tanto creía la gente.

Cualquiera se habría dado cuenta de que Tyrion había acabado con la vida de Joffrey y la de Lord Tywin. Incluso alguien como él, que parecía estar la mitad del tiempo en las nubes. Sabía que era un asesino, que había luchado en batallas y tenía un cerebro prodigioso, pero eso no le daba derecho a abandonarlo. Dioses, era su escudero. Habían luchado juntos en la batalla del Aguasnegras, Pod lo había salvado de aquel caballero blanco. ¿Por qué lo dejaba solo ahora? ¿Pensaba que no le sería fiel por lo que había hecho?

Paseó la mirada por la habitación, angustiado. No debía estar allí, tampoco quería. su lugar estaba junto a aquel enano de mal genio y lengua vivaz. ¿Quién lo ayudaría a montar si incluso Ser Bronn lo había abandonado? ¿Quién le acomodaría la ropa sobre la cama y le pondría la armadura? Definitivamente, no podía seguir allí.

Probablemente su señor se había olvidado de él, razonó. Era tan silencioso que ese descuido era posible. ¿Y si le pasaba algo malo? ¡Tenía que buscarlo!