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Laboratorio de Vi

Jinx colocó la nueva batería de exhalación, de tal forma que prolongara unas cuatro horas más la resistencia a los golpes de los guantes, y a su vez lo liberaba de unos treinta y dos gramos de peso. Estiró las mangueras de vapor hacia las conexiones de los guanteletes, empezó con el derecho y hasta que no sintió en su mano el fondo de la zona de anclaje y el clink¸ no pasó al izquierdo. Luego pasó a las esclusas de salida, permitiendo así que usaran el aire externo para no depender únicamente del gas como fuente de alimentación.

La corriente de aire hacia vacío en el generador individual de cada guantelete, comprobó que el barómetro marcaba la presión adecuada en el motor. El material que estaba empleando para la estructura de las armas era muy resistente, y obviamente era pesado, pero en cuanto los motores traseros empezaran a girar, el peso de los guantes de metal pasaba a ser el mismo que unos hechos de lana.

- Hora de comprobar el funcionamiento. –

Jinx introdujo su mano en uno de los guanteletes, llegó hasta la parte donde sentía los controles que había debajo de las capas y capas de las aleaciones. Notó cómo los pequeños sensores descendían hasta rodear sus dedos, creando una malla semiconductora que recogería todos los movimientos de la mano para llevarlos a la célula central.

Movió paulatinamente cada dedo. El acolchado se aferró a su brazo tatuado, protegiéndolo del vapor ardiente que salía de entre las juntas de las falanges mecanizadas, era la única vía para que el vapor no dañase el nuevo sistema digital.

La joven levantó el puño gigante a la altura de su cara, dio saltos similar a los de un boxeador y golpeó al aire, tal y como le había visto hacer a Vi en la grieta. Comprobó los detectores de altura, permitían un mayor equilibrio que los anteriores guanteletes, logrando así una mayor potencia de los impulsores. Dio otro golpe rápido, el vapor salió a presión potenciando así el directo.

- Bien, pues con esto ya está todo terminado. ¿Verdad mi querido Espinas? - corrió a recoger la boca de su futuro lanzacohetes.

- Aun sigo esperando que termines de recuperar mi cuerpo. - mueve las "fauces" de la cabeza.

- Vamos no seas quejica, no es fácil hacer miles de armas en un sólo día, y después de gastarme todos los materiales buenos en los guantes de Vi.

- En el fondo quieres a tu hermanita.

- ¡Cállate! - le da un golpe a la cabeza. - Sólo quiero que acabe con esa maldita Catrixce, ya me duele el culo de comerme todos los problemas que causa. -

Un fuerte estruendo hace temblar la mesa del laboratorio en el que se encuentra. Jinx se queda de piedra, escucha atentamente esperando a lo próximo que pueda pasar. Oye unos gritos en la lejanía, algo que la extraña bastante. Deja la cabeza de metal en la mesa y se dirige a la puerta del laboratorio.

Gira lentamente la cerradura mecanizada de la puerta de seguridad, abre un poco y el aire del exterior entra en la estancia, dejando pequeñas piedras y polvo en la entrada. La peliazul la abre de golpe, su boca se abrió tanto que parecía que fuera a tocar el suelo. Literalmente había una guerra desatándose fuera.

Reconoció a esas criaturas que atacaron Piltover hace años, las bestias humanoides y animales hechas de electricidad arcana y metal, mucho más peligrosas que los robots a los que se había enfrentado. Y haciéndoles frente estaba el ejército y las fuerzas especiales de Piltover, aunque ahora parece ser que habían aprendido de sus errores, pues las atacaban con armas hechas de energía.

Pero eso no evitaba que aquellas criaturas los vencieran y los mataran. Una de ellas cayó justo en la entrada. Su estructura le recordaba a una mezcla de Kha'zix y Cho'gath. Con sus garras lanzó por los aires a un pequeño grupo de soldados, mientras que con sus fauces dejaba escapar un gran rayo eléctrico. Los gritos de dolor y auxilio no sirvieron ante la muerte inminente.

El voltiock se giró hacia ella, la miró fijamente con esos supuestos ojos hechos de carga eléctrica. Jinx tragó saliva y paulatinamente fue retrocediendo. La bestia soltó un bufido, se acercó a la entrada a la misma velocidad en la que ella retrocedía.

Hasta que ella dio el movimiento brusco. Cerró con suma fuerza la puerta del laboratorio y tecleó la clave de seguridad, la criatura comenzó a golpearla una y otra vez mientras rugía furiosa. Escuchó el clik de los cerrojos y se puso de espaldas contra la puerta pegándose a ella, pensando en que su peso podría detener los golpes. Notaba los rebotes en su columna, pero lo que la asustó de verdad fue ver como un pequeño tornillo salía disparado por el corredor.

- Creo que me lo acabo de hacer encima. –

Dirige su vista al piso de debajo, donde están los guanteletes mejorados y sus demás pertenencias. Otro tornillo sale disparado, la puerta empieza a ceder, salta la alerta de la clave de seguridad.

- Alerta intruso, alerta intruso. – una y otra vez

- Un intruso sería mil veces mejor que esta cosa. – dice Jinx.

Sin pensárselo dos veces, corre hacia el piso inferior, salta los escalones de dos en dos al tiempo que otro tornillo pasa como una bala cerca de ella, rebotando contra la pared. Jinx se cubre la cabeza con las manos mientras sigue bajando los peldaños. Llega a la mesa de trabajo y empieza a recoger todo lo que hay encima y le sirva de utilidad.

De pronto escucha el fuerte estruendo de la puerta de metal chocando contra el suelo, acompañada de un gran gruñido. Escucha los pasos del voltiock en el interior del laboratorio.

Ω

- Preparados….apunten….¡FUEGO! – Tristana vuelve a darle al resorte de su cañón mejorado.

La bala de cañón imbuida en arcano sale a toda velocidad, llevándose consigo a uno de los voltiocks y estampándolo contra una pared. La criatura chilla, su carga eléctrica se descarga en el aire, desvaneciéndose y quedando únicamente sus restos metálicos por el suelo.

Otra bestia de forma más humana ataca a la pequeña yordle, pero ésta pone el cañón bocabajo y vuelve a disparar, haciendo que su garra golpee el aire mientras ella libremente se escapa del peligro. Cae sobre una gran cantidad de escombros, no pasa ni medio minuto cuando vuelve a volar para esquivar otro voltiock que pretendía partirla por la mitad.

Aterriza y corre hacia la posición de Vayne. La demaciana se desenvuelve sin gran problema con las criaturas eléctricas. Las saetas plateadas se deshacen al tocar la superficie de carga, liberando así la pequeña esfera que contiene la energía suficiente para herir a los monstruos. Una mejora al estilo Heimerdinger.

Hace una pirueta, un voltiock se come literalmente el suelo donde estaba ella previamente. Prepara una saeta de tamaño mayor, apunta y dispara, el engendro es empalado contra una pared, la cazadora no duda en disparar otras tantas para terminar con su vida. Con éste ya son diez los que se había cargado.

- Con cada uno muerto, salen tres más. – suspira Tristana. – A este paso vamos a quedarnos sin munición.

- Por eso mismo hay que evitar que llegue ese momento. –

Un voltiock bípedo corre hacia ellas, rugiendo y mostrando cada uno de sus dientes de metal. Ambas campeonas se apartan del camino, Tristana le pega una de sus bombas y Vayne dispara al pequeño proyectil. El estallido le golpea de lleno en la columna, cargándose su núcleo principal y reduciéndolo a simples piezas de metal.

Se levantan, Tristana se sacude el polvo del pantalón. Un gruñido llama su atención y la de Vayne, más y más criaturas avanzan hacia ellas, con los ojos firmemente fijados en sus cuerpos y con las fauces abiertas. Vuelve a cargar su cañón, Vayne desengancha la ballesta de su espalda y se ajusta las gafas al puente de la nariz.

- Si ni Piltover con su tecnología puede retener a estas cosas, ninguna otra ciudad-estado podrá detenerlas. – se vuelve a Tristana. – Debemos resistir, aunque esto signifique morir en el intento.

- Bien dicho. Una artillera de Bandle no se echa atrás. – la yordle recarga su cañón.

Ω

Acelera. Mete otra marcha, gira el manillar de la moto, de nuevo acelera. Conocía los límites de la velocidad y los riesgos que podría generar ir tan rápido con la moto, pero desde que vio a los voltiocks atacar de nuevo Piltover, lo primero que se le vino a la cabeza fue Caitlyn y su pequeña.

No quería que otra persona inocente muriera a manos de una psicópata que se la tenía jurada, no quería que se repitiera lo mismo de Jayce. Nadie más debía de morir por su culpa, eso solo la haría sentirse más culpable de lo que ya estaba por la muerte de todos aquellos inocentes, no sólo la del Defensor del Mañana, sino también la de aquellas familias que no tenían nada que ver en esto.

A Vi no le importaba que los pequeños escombros o las piedrecillas que levantara arañasen la preciada carrocería de su moto, pues quería llegar al encuentro de esas dos personas cuanto antes. Volvió a girar, la moto casi tocaba el suelo de lo inclinada que se puso, parecía una de esos pilotos de competición.

Salió de la calle, el ruido del motor captó la atención de dos voltiocks que habían acabado con una patrulla de defensa. Vi no se paró a observarlos, pero captó por el rabillo del ojo dos largas y delgadas colas, posiblemente más largas que las de Shyvanna en su forma de dragón.

Las criaturas gruñeron al verla, y no dudaron en salir a su persecución. La agente miró por el retrovisor, eran tan rápidas que la estaban alcanzando. Metió gas y cambió de marcha, el motor aumentó el ruido y con ello la velocidad. Giro bruscamente en cuanto vio la primera esquina, casi se estampaba con la pared. Miró una vez más en el espejo, las colas de esas cosas le servían como timón, de ahí que no les costara demasiado cambiar de dirección.

Vi masculló una maldición, no podía pelear contra ellas sin sus guantes, y menos aún podía llevarlas al hospital donde estaban Caitlyn y Emily. Buscó en su mapa mental una vía donde perder de vista a los engendros eléctricos. La zona más próxima eran las ruinas de la plaza del reloj, y también la más arriesgada, pues no sabía si había más de esas cosas allí.

No obstante era la única opción que se le ocurría en ese momento. Frenó en seco, el neumático se quemó con el asfalto y resonó el ruido de las ruedas. Giró bruscamente el manillar, de tal forma que colocara el vehículo frente a los voltiocks. Éstos pasaron de largo, tan rápido iban que no les dio tiempo de pararse a su lado.

Vi sonrió, aquellas cosas frenaron unos cuantos metros atrás, distancia más que suficiente para poner en marcha su descabellada idea. Giró el acelerador, el motor rugió y la moto salió disparada a toda velocidad. Las bestias no tardaron en reaccionar y volver a seguirla ciegamente a su encerrona.

Izquierda, derecha, recto y derecha. Vi seguía el mapa mental de las calles de Piltover, la más rápida a las ruinas estaba pasando el muro de contención que había levantado el ejército. Se metió en un túnel subterráneo en construcción, la luz eléctrica de los voltiocks le permitió medir la distancia que la separaba de ellos sin necesidad de girarse.

Esquivó las columnas de ladrillo, los restos caídos del techo, los sacos de cemento y las máquinas abandonadas. Lanzó las barras de metal gracias a si velocidad, al igual que los conos de seguridad. Una persecución en un túnel a oscuras, era la misma imagen que la mina en la que estuvo hace años en su intento de robo. Ella abriéndose paso entre oscuridad, escombros y aparatos, la policía persiguiéndole los talones….solo que esta policía eran unos bichos eléctricos que mataban a todo lo que se moviera.

No obstante, a lo lejos vio un ligero destello. Vi frunció el ceño, el túnel era mucho más largo, no podía estar saliendo de el al poco de haber entrado. Frunció el ceño, maldijo entre dientes, aquel destello se iba volviendo más y más grande a medida que se acercaba. Distinguió algo moverse dentro del haz, pero sólo cuando lo separaban unos pocos metros se percató de que otro voltiock iba a su encuentro.

- ¡Mierda! –

Giro bruscamente el manillar de la moto, los frenos actuaron sobre el mecanismo que iba a toda pastilla. La fuerza empleada para el movimiento hizo un fuerte choque con el frenado, haciendo que Vi perdiera el control de la máquina y diera vueltas de campana. La piloto salió despedida contra la pared, mientras que su vehículo era agarrado por las fauces del tercer monstruo. La electricidad hizo contacto con el depósito, provocando así una tremenda explosión, la cual por suerte no dañó de gravedad a la agente.

Vi se sentó en el suelo, le dolía la espalda a horrores y tenía el brazo izquierdo lleno de raspaduras por el asfalto. Las repentinas chispas no captaron su atención, no le hacía falta levantar la cabeza para saber que los voltiocks abrían sus bocas dispuestos a devorarla.

Desearía tener sus guantes, poder hacerles frente con un arma o algo similar, impedir que siguieran atacando la ciudad. Después de todo lo que había hecho para garantizar mayor seguridad, las numerosas armas en las que había contribuido y las investigaciones en las que había ayudado, ¿se merecía un final así?

Jayce, Quinn, los invocadores…..ellos no eran más que los primeros, los primeros de una larga lista de víctimas que Catrixce firmaba con cada acción que cometía. Y todo por el simple hecho de cobrar venganza por algo de lo que ni ella ni Jinx recuerdan, por querer arrebatarle esa felicidad con la que ellas no lograron vivir.

- ¿Así termina esto? - Vi levanta la mirada, viendo de cerca aquel rostro hecho de metál y electricidad. - ¿Todo por lo que he luchado ha sido en vano?

- ¡Al suelo Vi! – gritó la voz de Lux

Agente y bestia miran hacia el lugar donde provino el sonido. Un punto blanco se acerca a toda velocidad, con cada distancia recorrida aumenta su tamaño así como el calor en el túnel. Vi lo reconoce al instante.

Se pega lo máximo posible al suelo y a la pared, la bestia se vuelve hacia ella, ignorando lo que está por venir. La luz aparta las sombras en un santiamén, y a pesar de que tiene cerrados los ojos, puede sentir esa irradiación lumínica bajo sus párpados. La zona se calienta en cuestión de segundos, siente como el asfalto le quema a través de la piel.

Pero ese dolor es una minucia comparado con el que siente el voltiock, pues sus gritos son ahogados en cuanto la ráfaga pasa como un tren por él, derritiendo hasta sus componentes metálicos. No hay sonido, no hay nada salvo un gran rayo de luz que recorre todo el túnel como si pareciera no tener fin.

Vi había sufrido el mismo destino del voltiock cuando la liga aún existía. Más de una vez sucumbió ante el poder calorífico de la Chispa Final de Lux. Un rayo de luz cargado a toda potencia, un rayo que arrasaba todo a su paso y no dejaba ni cenizas como rastro. Era un visto y no visto, en un parpadeo había acabado con todo lo que se interpusiera en su camino. Una simple línea mortal creado por una simple maga que para nada era mortal.

La oscuridad se cierne sobre el túnel, el olor a quemado inunda las fosas nasales de la agente. Abre lentamente un ojo, el asfalto desprende pequeñas hileras de humo, abre el otro ojo y busca algún rastro de los voltiocks. No hay nada. Se incorpora con cuidado, no quiere quemarse las manos tan a la ligera. Unos pasos resuenan por el otro extremo, gira la cabeza y a pesar de las armaduras reconoce a Ezreal, Lux, Jarvan y Shyvanna.

El primero de ellos lleva esa armadura azulada con aquel robot parlante, la clase pulso de fuego diseñada explícitamente para él, una alta tecnología que aún no ha terminado su período de pruebas. Los demacianos llevan otra clase de armadura tecnológica, una en la que tuvo el honor de trabajar junto con Heimerdinger, la clase de la legión de acero.

Sus armas son la mayor innovación en ese armamento. No son las clásicas espadas, magia o arcano que usaban antes, sino armas hechas de una aleación de hextech con carga electroarcana, de tal forma que se lograra una energía inestable capaz de penetrar la defensa de los voltiocks.

La maga demaciana es la primera en llegar, y no duda ni un instante en ayudarla a incorporarse. Ezreal ordena a su robot hacer un análisis de arriba abajo, no hay nada grave o que requiera de asistencia médica.

- Gracias por la ayuda. – dice Vi

- Has tenido suerte. Estábamos peleando contra el último voltiock, de no habérselo seguido no nos habríamos enterado de que estabas en apuros. – responde.

- Siempre he sido una chica con suerte. Veo que las armaduras funcionan a la perfección.

- Más de lo que imaginaba. – la voz de Shyvanna suena mecanizada bajo su yelmo. – Estas piezas se adaptan muy bien cuando me transformo.

- ¿Sabes dónde puede estar esa asesina? – inquiere Jarvan

- Ni idea. Iba de camino al hospital cuando me encontré con esas cosas. Caitlyn y su hija están allí, necesito llevarlas a un lugar seguro cuanto antes. Pero sin un vehículo…

- ¿Para qué usar un vehículo de tierra, cuando puedes volar? – dice Shyvanna.

Ω

Hospital Valkyria

Aprieta el gatillo, la bala sale disparada hacia su objetivo. Impacta en el metal, activando el resorte que libera la esfera de energía que había dentro del casquillo. Ésta atraviesa el metal, la carga eléctrica que hay debajo de éste reacciona con la carga negativa de la acumulada, causando una reacción que genera una explosión en la zona central del voltiock.

Caitlyn recarga su arma, otra bestia de esas cae al suelo. Hizo bien en cambiar las balas de su rifle, de lo contrario sería ella quien estuviera muerta en lugar de las criaturas. El pasillo al tercer piso estaba controlado, prácticamente todo el personal sanitario había logrado evacuar el edificio, y los que no se habían convertido en presas fáciles de esas cosas o estaban atrapados con ella en esa planta.

Uno de los voltiock bípedo carga a toda velocidad contra ella, alza sus garras dispuesto a cercenar a la sheriff. Ella apunta rápido a la cabeza, el rifle vuelve a tronar a lo largo del pasillo y otra bala acaba con otro muerto. Los restos de metal resuenan contra el suelo, el casquillo se une a ellos y la recámara vuelve a girar, preparando la siguiente munición.

Oye un leve rugido, después silencio. Caitlyn apunta con su rifle a un lado y al otro del pasillo, su mirada analiza cada parte del mismo, buscando cualquier alteración en el entorno. Nada, todo está en silenco, un completo e inusual silencio.

- Vamos pequeña, ha llegado la hora de jugar. – escucha la voz de Catrixce a sus espaldas.

- ¡Mamá!

Caitlyn abre los ojos de golpe y corre hacia la habitación como alma que lleva el diablo. Su corazón da un vuelco al ver la escena, aun así punta con el arma a la cabeza de la criminal, pero no dispara. Está contra las cuerdas.

Un voltiock retiene a su pequeña recién despertada con una de sus garras, otro está en posición de ataque contra ella, y Catrixce en medio tan tranquila. Pero está diferente. Ya no es una ciborg solo o una humana, sino que muestra ambas partes a la vez sin nada que lo tape. Las tres gemas de serpientes brillando con furor, al igual que el ojo cibernético de su izquierda.

- Ha pasado mucho tiempo desde que ambas estuvimos unidas. – dice con voz calmada

- ¡Todos estos años por alcanzar la unión completa han servido apara algo! – dice la voz alterada.

Caitlyn sabe a qué se refieren. Las dos entidades trabajando a la vez. Ya no está una dormida y la otra actuando, no, ahora están las dos actuando al mismo tiempo. Si ya costaba hacer frente a una sola de ellas, no quiere ni imaginarse lo que sucederá si hay que hacerlo con ambas a la vez.

- Suéltala Catrixce. Ella no tiene nada que ver con esto. – Caitlyn intenta mantener la compostura.

- ¡Oh vamos, solo estamos jugando! – la mano robótica sujeta a Emily por la barbilla, quien sigue llorando del miedo. - ¡¿Verdad?!

- ¡No la toques!

- No creo que estés en la mejor condición para dar órdenes, sheriff. – vuelve la vista a la campeona. – He de reconocer que ha sido una sorpresa ver que tu pequeña estaba aquí, nosotras simplemente te queríamos a ti, pero mira por donde la suerte nos ha sonreído.

- ¿Una sorpresa? ¡Tú la electrocutaste!

- ¡Por favor, eso sería muy aburrido! ¡Nosotras la habríamos atravesado al igual que hicimos con su padre!

- Hmmm….tendremos que buscar al responsable de esta pequeña ayuda. Pero, por primera vez, nosotras no somos las culpables de atacar a un inocente, aunque nos habría gustado. – vuelve la vista a la niña. – Mírala, llorando por su mami, esperando que la pueda salvar de ésta. Respóndeme a esto sheriff. ¿De verdad crees que dejaremos a tu niña viva después de acabar contigo? – una sonrisa maquiavélica se dibuja en el rostro de Catrixce. El cañón del arma de Caitlyn tiembla, no sabe qué hacer. – Lo que me imaginaba.

- ¡Hora de jugar pequeña! –

El voltiock salta sobre la agente, Caitlyn consigue detener el ataque de un rápido disparo, se dispone a recargar el arma, pero la recámara de ésta se atasca en el momento que tiene que pasar la bala.

- ¡Por dios no, no te atasques ahora!

- Hay que ser más rápida sheriff. –

Caitlyn levanta la mirada, pero ya es demasiado tarde para reaccionar, recibiendo así de lleno el puñetazo de Catrixce en todo el estómago. Su arma cae al suelo, ella de rodillas llevándose las manos al vientre. Pero la criminal no la deja respirar, propinándole una patada en toda la sien que la termina por tumbar al suelo.

Por suerte aquel golpe no le ha hecho perder el conocimiento, mas ese dolor no es nada comparable a los llantos de Emily por ver a su madre brutalmente golpeada. Caitlyn intenta incorporarse, sin embargo Catrixce la vuelve a golpear, haciendo que bese el suelo una vez más.

Un puñetazo por aquí, una patada por allá, una garra clavada en un músculo, una quemadura en otro. Ni un solo ápice de su cuerpo quedaba libre de ser dañada. Caitlyn resiste los golpes lo mejor que puede, se niega a perder estando su pequeña en peligro, y eso lo sabe muy bien Catrixce.

Finalmente, la criminal la agarra del cuello y la levanta del suelo. Instintivamente se lleva las manos al agarre de Catrixce, clavando las uñas en ese brazo metalizado. Ella la estampa contra la pared, su espalda grita más de dolor que el resto de las partes de su cuerpo. Siente la mirada maniática en su ser, disfrutando de este tormento como quien disfruta de un espectáculo de circo.

Nota algo caliente por encima de su labio, sus dedos no tardan en mancharse de la sangre de la nariz, algo pequeño si contamos los diferentes cardenales que están empezando a salir por las otras partes de su cuerpo. Pero lo peor aún no ha llegado.

Catrixce chasquea los dedos. El voltiock que tiene amarrada a su hija rompe el cristal de la ventana con su garra libre. Emily suelta un fuerte chillido que pone más en alerta a Caitlyn. Niega mentalmente, no quiere que pase, desea que Vi o alguien llegase de inmediato, que detenga a esa cosa de lo que está a punto de hacer.

- Hora de volar, pequeño cupcake. –

Ambas Catrixce sueltan una risa maligna que helaría hasta la sangre del más valiente. Caitlyn suelta un grito desgarrador, no puede hacer nada más que mirar como su niña es soltada con fuerza por el voltiock, atravesando la ventana rota y cayendo al vacío.

Los lloros de la hija se desvanecen en el aire. Ahora reina el silencio.

Ω

Por favor, Catrixce es alguien cruel, si no tira a una niña por la ventana no es Catrixce, así que ya podéis ir apagando esas antorchas que ya os estoy viendo las intenciones.

Pero mirar el lado bueno, Emily ha aprendido a volar xD {zhizhu apaga esa antorcha que ya te veo con ganas de quemarme ¬_¬} Y nuestra Caitlyn, ay pobrecilla que va a ser la próxima víctima….al menos que nuestra Vi la salve a tiempo.

Se agradecen los comentarios, aunque sea un "me gusta" anónimo ^^

Kaiserelle.