—Hiro... ¿Quieres hacer el amor conmigo?
Hiro abrió sus ojos con sorpresa. Sintió un calor rebosante en su pecho. Salió de los brazos de Crawd para encararlo. Podía ver como el semblante del kaizoku estaba serio, esperando una respuesta, y su único impulso fue besarlo.
Crawd sólo pudo sonreír unos segundos dentro del beso, antes de entregarse por completo a este. Recorriendo con hambre la cálida boca de su amado Hiro. Estableciendo una batalla de lenguas para determinar quien dominaba a quien.
Lentamente fueron caminando dentro de la habitación hasta estar cerca de la cama. Entonces, Crawd cargó a Hiro en sus brazos, sacándole un aullido de sorpresa para colocarlo cuidadosamente en la cama como si fuera una de las piezas más finas de cerámica.
El rubio se posó sobre el cuerpo del pelirrojo. Sus manos estaban a ambos lados del rostro de Hiro, quien tenía sus mejillas arreboladas. Se acercó y le dio un beso. Sus lenguas recorrían sus bocas con avidez. Reconociéndose mutuamente. Hacía mucho tiempo que no se encontraban así y planeaban reponer todo el tiempo perdido.
Crawd rompió el beso, descendiendo por la barbilla del pelirrojo hasta llegar al cuello. Allí se dedicó a compartir besos de mariposa. Suaves caricias recorriendo la sedosa piel.
El kaizoku se levantó para quitarse el saco. Hiro se incorporó, jalando su corbata y atrapando sus labios. Mientras era besado, Crawd se despojó de su camisa y volvió a acostar a Hiro sobre la cama. Besó el cuello nuevamente, bajando un poco hasta llegar a la concavidad de la clavícula. Mientras Hiro comenzaba a suspirar, el rubio bajó hasta el pecho del pelirrojo y dio una lamida a una de sus tetillas.
—Aah...
Un pequeño gemido ahogado salió de sus labios del menor. Crawd atrapó el pezón entre sus dientes y empezó a lamerlo, succionando en ocasiones, dejando al pezón totalmente erecto y sensible. Decidió pasarse al otro pezón y darle el mismo tratamiento, degustando la suave piel. Hiro gimió al sentir el sensible tejido de esa área siendo estimulado por la ansiosa lengua de su antiguo amo. Sentía las mariposas en su estómago volar despavoridas.
»Hmmm...
El kaizoku bajó por el abdomen, sintiendo en su movimiento la respiración acelerada de su pareja bajo sus labios. Llegó hasta el ombligo e introdujo su lengua.
»Aahh... hmm...
En poco tiempo se encontró frente a la delgada tela vaporosa que cubría sus piernas. Sus dedos bordeaban el fin de la tela introduciendo las yemas de los dedos bajo la cinturilla de la prenda, deslizándola por la nívea piel hasta deshacerse de ella y que quedara olvidada en algún lugar de la habitación. Su boca se movió por el bajo vientre, ladeándose hasta la cicatriz en un costado de su cadera, lamiendo la antaño lastimada piel que hacía años había dejado de doler. Se movió, evitando concienzudamente la excitación del pelirrojo, como quien deja el bocado favorito para el final, bajando por las piernas lampiñas. Sus labios se deslizaron por la tersa piel. Se levantó un poco, sosteniendo la pierna derecha en alto y besó el empeine.
Suavemente le quitó la sandalia como quien le quita un pétalo a una flor y atrapó uno de sus dedos, lamiéndolo, deslizando su lengua entre las coyunturas.
»K-sama... aahh...
Hiro sentía su excitación crecer. Su pene estaba totalmente erecto y clamando atención, liberando pequeñas gotas de pre-semen. Podía sentir las hebras doradas de su antiguo amo rozando su piel, mandándole sensaciones inimaginables por cada uno de sus poros.
Crawd se pasó a la otra pierna y le quitó la otra sandalia, repitiendo sus acciones. El saber que el centro receptor sensorial de los pies se encontraba al lado del centro del placer sexual era una gran ventaja, pues un simple masaje en los pies durante el acto sexual era suficiente para volver loco a su amante. El kaizoku volvió a subir, llegando a la diminuta prenda de ropa que lo separaba de la masculinidad de su amado. Sus manos viajaron a los bordes de la prenda. Le dio un beso a Hiro mientras deslizaba la tela por las piernas. El pelirrojo volvió a ruborizarse y trató de tapar su miembro con las manos.
Crawd soltó una armoniosa risa y lo besó de nuevo.
—Eres hermoso Hiro... No te avergüences de tu cuerpo... Eres perfecto
—Usted es más hermoso que yo K-sama... Yo sólo soy un simple humano —decía el pelirrojo mientras volteaba su rostro tratando de ocultar su sonrojo. Crawd posó sus manos sobre las mejillas del otro hasta tener su boca a pocos centímetros de distancia
—Pero eres mi humano... Mi hermoso y perfecto humano.
Le dio un beso arrebatador. De esos que te quitan el aliento. El pelirrojo no se dio cuenta en qué momento el rubio se quitó la ropa interior, pues sentía la erguida masculinidad a la altura de su cadera.
—Hiro... Onegai...
Quitándose de la pena, Hiro quitó sus manos para pasarlas por el cuello del otro y lo jaló para darle un beso al tiempo sentía como sus miembros empezaban a frotarse. Mientras el beso los consumía, Crawd se movía sobre él como su lo estuviera embistiendo, haciendo que sus miembros bailaran entre sus cuerpos.
»Te daré un inigualable placer mi amado Hiro.
El kaizoku se incorporó y descendió por su cuerpo hasta llegar a su miembro. Tomó aquel falo con sus manos y lo frotó lentamente de arriba abajo.
—Aaahh... K-sama...
En poco tiempo tenía al pelirrojo deshaciéndose bajo su toque. Sacó su lengua y le dio una lamida a la cabeza del pene. Hiro arqueó un poco la espalda, liberando un gemido ahogado. Crawd lamió, deslizando su lengua por la sensible piel. Recorriendo cada vena, llegando al glande e introduciendo la punta de su lengua en la entrada de la uretra. En poco tiempo estaba de regreso y en esta ocasión mordía levemente los testículos.
»Nnhhh... Motto... K-sama...
Crawd sonrió y se introdujo el miembro del pelirrojo en su boca. Los gemidos de Hiro aumentaron de volumen, siendo cada vez más difícil acallarlos. El kaizoku usaba sus labios y dientes para provocar placer a su amado...
»K-sama... apártese... ya no...
El rubio sabía lo que se avecinaba, lo sentía en las caderas del pelirrojo moviéndose tratando de apartarlo.
—Déjame probarte Hiro.
Volvió a atrapar su miembro, para, en pocos segundos, sentir la simiente del mayordomo en su boca. Los gemidos de placer inundaban sus oídos. Los ojos del pelirrojo estaban cerrados y su respiración acelerada. Crawd subió hasta encontrarse a su altura. Sus mejillas arreboladas y su cabello de fuego extendido sobre las sábanas blancas era una visión excitante. Recordaba perfectamente todas y cada una de las ocasiones en las que había tenido a su amado en esa posición, y ninguna era comparable con esta. Una perfecta reconciliación.
»Hiro...
Abrió sus ojos y se encontró con unos profundos ojos azules que lo veían con tanto amor. Y devoción. No pudo evitar estirar los brazos y atrapar su cuello para besarlo. Un beso lento entregándose a la degustación de su boca. El sabor de su simiente combinado con el propio sabor del otro daba una sensación embriagante.
—Hiro mi amor... te extrañé tanto...
Crawd se abrazó al pelirrojo, aspirando su aroma, inundando sus sentidos.
»Hiro... ¿Quieres continuar?
El rubio se incorporó, enfocando su mirada de nuevo en su amado quien le dirigió una sonrisa y enmarcó su sonrojo.
—K-sama... Yo lo amo más de lo que se podría amar a una persona... Usted es mi todo y... yo quiero que... me haga suyo.
Crawd sonrió sinceramente, sintiendo como su corazón brincaba de alegría al escuchar aquellas hermosas y deleitantes palabras. Le dio un beso corto para después bajar a la zona genital. Estimuló un poco el pene haciendo que volviera a excitarse. El kaizoku aún mantenía su erección aguantando las ganas de hacer suyo a aquel que estaba entre sus brazos.
Colocó un almohadón bajo el pelirrojo, levantando su cadera. Bajó hasta los testículos y los lamió.
»Aaahhh... hmmm...
Podía sentirlos duros y contraídos por la excitación. Su lengua llegó hasta el perineo. Ejerció un poco de presión en ese punto y arrancó un gran gemido del pelirrojo. Aquel lugar tan sensible, en el cual, tras una delgada capa de piel se encontraba su próstata. Con un poco de estimulación externa era suficiente para hacer alucinar a cualquier hombre. Lamió el perineo, mordiendo suavemente la piel, mientras Hiro abría más sus piernas para darle más espacio.
La lengua de Crawd sondeó la entrada del pelirrojo, lubricándolo. Empujó un poco, haciendo presión en la reducida entrada. La respiración de Hiro se aceleraba cada segundo que pasaba. Un dedo se introdujo en él, sobresaltándolo. No dolía pero incomodaba. La falange se movió dentro de él y en poco tiempo fueron eran dos las que hacía tijeras en su interior.
—K-sama... Onegai...
El rubio subió a su encuentro y lo besó mientras dirigía su miembro.
—¿Estás bien mi amor?
—Ha... Hai
Crawd empujó y se detuvo al sentirse completamente dentro de esa húmeda y caliente cavidad, el cuerpo bajo él se tensó. Hiro hiperventilaba tratando de soportar el dolor.
—Ha pasado mucho tiempo mi amado Hiro.
El kaizoku besó a su pareja tratando de calmarlo. Los minutos pasaron hasta que sintió como Hiro movía un poco su cadera, entonces todo comenzó.
El cuerpo de Hiro era una bienvenida al pecado. Ahora ese ángel caído era totalmente suyo de nuevo. A pesar de todo lo que había pasado y del tiempo transcurrido, el cuerpo de su amado lo recibía con el mismo candor que antaño. El fuego de amor entre ellos, ardía tanto como la pasión del momento.
Sus caderas se movían al compás de la música de sus gemidos. Las respiraciones desbocadas eran interrumpidas por besos avasalladores, intercambiando sus respiraciones.
»Te amo tanto Hiro...
—K-sama... Aaahhh... Yo también...
El ritmo era constante, mientras el tiempo pasaba. Recordando lo que vivieron en el pasado y lo que hubiera sido si nada malo los hubiera separado. Era momento de empezar de nuevo.
»K-sama... Ya no...
El kaizoku entendió y tomó el miembro de Hiro que se movía entre sus caderas y lo frotó con más velocidad. El clímax se acercaba, podían sentirlo en su bajo vientre. Sólo faltaron unos pocos movimientos para que la mano del kaizoku quedara manchada de una sustancia blanquecina, mientras que Hiro sentía como su interior era llenado copiosamente.
Crawd salió suavemente del pelirrojo y se recostó a su lado, cobijándolo entre sus brazos, sintiendo su respiración acelerada debido al reciente orgasmo.
—Ha sido...
—Maravilloso K-sama...
Ryuichi llegó a la habitación de su amo y justo cuando iba a tocar la puerta, esta se abrió mostrando a un enojado Takako.
—Aah... Así que por eso me dijo que me fuera... Llegó su putita favorita.
Ryuichi se mantuvo la mirada desafiante mientras lo veía desaparecer por el pasillo. Tomó aire y se adentró en la habitación donde lo esperaba su amo.
—Ansiaba verte... Ryuichi...
Yuki contemplaba a Shuichi dormir en la amplia cama de su habitación. El pecho del joven subía y bajaba con parsimonia. El domingo sería el último día que estarían ahí. Podía ver claramente que Shuichi estaba agotado, y como no, si se la habían pasado teniendo sexo casi a todas horas. Y al día siguiente disfrutaría de lo que quedaba de sus "pequeñas" vacaciones.
—Aaahhh... amo... onegai...
Ryuichi gemía fuertemente mientras su amo embestía con su miembro, entrando y saliendo con vehemencia sin escuchar las súplicas de su esclavo. Ryuichi sentía dolor en sus muñecas ante el agarre de acero que ejercía su amo. Sentía su interior arder por las duras arremetidas. Todo su cuerpo se convulsionaba por el onírico elixir del dolor y el placer.
Tatsuha estaba enceguecido por el placer. La estrecha y húmeda cavidad que envolvía celosamente su miembro le daba grandes oleadas de placer. Mientras apresaba fuertemente las manos de su esclavo con su mano derecha, la izquierda se encargaba de friccionar sus pezones y recorrer su estrecha cintura. Sus embestidas causaban estragos en el esclavo, sin embargo, no se percataba de ello, su mente estaba obnubilada por el placer.
Las lágrimas escapaban de los ojos de Ryuichi cual afluente embravecido. Ya debería irse acostumbrando a esta vida, sin embargo, el dolor en su corazón aún era muy grande. Había pasado de ser un simple humano a un objeto para el mero disfrute y placer de otro. Y lo irónico del asunto... es que no quería irse de allí...
»Aaahhh... Tat-sama...
A la mañana siguiente...
Cuando Hiro despertó se vio envuelto en un fuerte abrazo que le impedía moverse. Se giró un poco, pero lo único que logró fue que el abrazo se cerniera más sobre su cintura.
—Buenos días Hiro.
—Buenos días K-sama.
El rubio atrapó sus labios en un corto beso.
—¿Cómo te sientes?
—Cansado.
Sus cuerpos no tuvieron suficiente con una sola ocasión, y para cuando se dieron cuenta, ya eran las cuatro de la mañana. Crawd sonrió y le besó la frente.
—Quedémonos un rato más.
Shuichi abrió los ojos y se encontró con que estaba nuevamente sólo en la habitación perteneciente a su amo. Lo que le extrañó fue que no lo hubiera tocado en toda la noche.
« Parece que calmó su libido»
Se levantó y se metió a bañar, recorriendo su cuerpo con una suave esponja.
«Hoy en la noche regresamos a la mansión»
Al fin era domingo. En la noche regresaría a la mansión y su amo volvería al trabajo por lo que podía asumir que la "demanda de sexo" iba a disminuir.
Cerró la llave del agua y salió a cambiarse. Como su amo no le dejó ropa, se pondría algo cómodo. Una chaquetilla de zipper sin mangas y unos pantaloncillos cortos a medio muslo. Quería hablar con Ryuichi antes de irse para empezar a planear su escape.
—Amo... Podría... ¿Podría ver a Shuichi hoy?
Tatsuha dejó de vestirse y volteó a ver a su esclavo. ¿Le estaba pidiendo ver al esclavo de su hermano? ¿A ese chiquillo que le había estado tocando la cabeza? Cada vez que pensaba en ese enano, un calor incómodo se asentaba en su pecho.
—¿Ver al otro enano?
—Ha... Hai...
Ryuichi bajó un poco la mirada, esperando una inminente negativa.
—Voy a nadar. Haz lo que quieras. Te quiero de vuelta a las cinco.
Tatsuha salió rápidamente de la habitación, no dándole la oportunidad a Ryuichi de ver su cara de inconformidad.
Ryuichi se metió a bañar. Tallaba su piel con cuidado, con movimientos suaves, tratando de lastimar lo menos posible su lacerada piel. Cuando salió de la ducha, se quedó viendo al espejo. Tenía nuevos moretones...
Iba saliendo del baño cuando Shuichi estaba entrando a la habitación.
—Hola Ryu. Me encontré a Tatsuha en el pasillo y me dijo que querías verme.
—¿Eso dijo?
—Bueno... Más o menos.
Shuichi no iba a decirle que el moreno casi le había rugido «El enano quiere verte». Ryuichi estaba parado en la puerta del baño cubriéndose con una toalla hasta el pecho. Tenía una mirada cansada de tanto "ejercicio".
»Ryu... ¿Estás bien?
—Shu, ¿podrías pasarme un poco de ropa?
Shuichi se dirigió al armario y sacó un conjunto sencillo y cómodo de dos piezas en color azul. Cuando le pasó la ropa de Ryuichi y éste trató de agarrarla, sin querer su toalla se soltó, mostrando su maltrecho cuerpo.
—¡Ryu! ¡¿Qué te pasó?
La mirada del castaño estaba baja. Se apresuró a recoger la toalla y cubrirse de nuevo.
—Es la marca de mi esclavitud Shu.
—¡Eso no es justo! —chilló Shuichi indignado—. No debería de tratarte así.
—No hay nada que pueda hacer.
—¡Tenemos que escapar! —Ryuichi se mantuvo en silencio—. Espera un momento, no te vistas.
Shuichi dejó la ropa sobre la cama y salió de la habitación con paso presuroso para regresar dos minutos después con un pequeño frasco de cristal lleno de una sustancia cremosa de color rosa pastel dentro.
—¿Qué es eso?
—Es una pomada para moretones y dolores muy buena. Me la regaló Hiro cuando llegue a la mansión.
—¿Funciona?
—Claro. Recuéstate —Las mejillas de Ryuichi refulgieron en rosa con la petición de Shu. No quería que lo viera en esas condiciones—. Vamos Ryu. No te apenes. Te hará sentir mejor.
Ryuichi se recostó en la cama mientras Shuichi le aplicaba la pomada en la espalda y en la parte trasera de las piernas. Después se dio vuelta, para poder aplicarla en el pecho, abdomen y piernas. Cuando terminó de aplicarla, le ayudó a Ryuichi a cambiarse.
—Deberías de descansar Ryu..
—Shu... Tenemos cuatro días aquí y casi no nos hemos visto.
—Lo sé. Pero nos seguiremos viendo, ¿no?
—¿Porqué lo dices?
—Trataré de convencer al amo de vernos.
—¿Y cómo lo harás?
—Ya veré, aunque tengo buenos métodos de "persuasión".
Ambos rieron por el comentario, sintiéndose por unos momentos como si fueran libres de nuevo.
—Sabes... el amo no debe de tardar en regresar a la mansión.
—Lo sé.
—En teoría debería de regresar hoy en la noche, pues es cuando regresa Uesugi-san.
Un chico moreno y uno con cabellos verdes estaban en la cama del segundo abrazados. Ya habían perdido la cuenta de cuantas veces lo habían hecho, disfrutando que por una contada ocasión, su amo había salido de la mansión.
—Extrañaré estos días.
—Quizás en alguna ocasión el amo vuelva a salir por muchos días.
—Eso espero...
El menor se irguió y se sentó en la cama, para empezar a levantarse.
—¿A dónde vas?
—Vamos a comer. Tengo hambre
Crawd y Hiro parecían recién casados —si es que eso fuera posible—.
Se habían levantado para almorzar algo. Después de eso habían ido un rato a la piscina donde se estuvieron tocando, y terminaron haciéndolo en uno de los camastros.
Llegando la hora de comida, se habían detenido en el comedor para después ir al gran patio de la mansión a caminar un poco. Mientras admiraban la exótica vegetación que el amo de la mansión tenía en ese lugar, el kaizoku se decidió empezar una conversación
—Hiro...
—¿Sí?
—Sé que es un poco apresurado... Pero quisiera preguntarte algo.
Crawd los dirigió a una de las bancas que adornaban el entorno e instó a Hiro a tomar asiento al mismo tiempo que él lo hacía. El rubio tomó una de sus manos y él la envolvió con las suyas.
»Hiro... ¿Quisieras ir a vivir a mi mansión... conmigo?
Hiro abrió los ojos por la imprevista petición. Pero aún así... Tanto tiempo separados... Tanto tiempo sufriendo cada uno por su lado, sin saber que todo era producto de una mera confusión... confusión que hora ya no existía en su corazón.
—Sí K-sama... Quiero regresar a la mansión
Shuichi estaba sentado sobre la cama, velando el sueño tranquilo de su amigo. Habían pedido algo para desayunar y después de eso, se recostaron un rato. En eso, tocaron la puerta.
—Adelante.
Por el marco entro uno de los sirvientes de la casa de playa.
—El amo Uesugi solicita su presencia en la playa joven Shuichi.
—¿Cuál Uesugi?
—El mayor de los amos, joven Shuichi.
—En seguida iré.
—Solicita su presencia inmediata...
—Ya lo sé. Iré en un momento.
El sirviente salió dejando solos a los muchachos. Ahora tendría que irse a ver a su amo sin haber podido hablar con Ryu sobre su escape. Bueno... Ya lo hablarían en otra ocasión.
Shuichi caminó hasta la entrada trasera de la casa que daba a la playa. Desde ahí pudo ver a su amo recostado en un camastro tomando el sol. Se acercó hasta estar frente de él.
—¿Dónde estuviste toda la mañana?
—Estuve con Ryuichi.
—¿Y quién te dio autorización?
—Como no lo vi esta mañana, y no dejó órdenes para mí, me tomé la libertad de visitarlo.
Contestó Shuichi con autosuficiencia. ¿Que acaso ese rubio se creía el dueño del mundo?
Eiri se levantó y quedó frente a él, marcando una notoria diferencia de estatura. Con sus manos rodeó la cintura del menor y lo pegó bruscamente a su cuerpo.
—Tú eres mío, ¿entiendes?
Shuichi se sintió un poco incómodo por la rápida acción, pero aún así, no dudó en contestar.
—Quizás seas mi amo, pero no has cumplido con lo que me prometiste.
—¿Qué te prometí?
—Ryuichi. Tu hermano lo está haciendo sufrir mucho y...
—No mal entiendas. El trato fue que no terminaría en el mercado negro. Nunca te prometí nada acerca de su integridad.
—¡Eres un maldito!
Shuichi forcejeó dentro del brazo de acero, pero el rubio lo afianzó aún más.
—Recuerda tu posición. Recuerda lo que eres.
—¡Lo sé! ¡Soy un esclavo! Un simple esclavo... un mero juguete.
El rubio mostró una sonrisa de autosuficiencia.
—Así es... Mi juguete —respondió, haciendo énfasis en el pronombre posesivo.
El tono de posesión que Shuichi escuchó no le agradó para nada pero no pudo negarse a ser tomado por su amo en ese mismo lugar, sin importar que cualquiera pudiera verlos.
Cuando la tarde llegó, los hermanos Uesugi ya estaban listos para regresar cada uno a su respectiva mansión. Sus pertenencias ya estaban listas en los vehículos. Ambos se encontraban en las puertas de la mansión. Un poco lejos de ellos, estaban Shuichi y Ryuichi.
—Tenemos que idear un plan para escapar Ryu.
—Lo sé —contestó el castaño con la mirada retraída.
A cierta distancia, Eiri veía a los esclavos hablando para después darse un abrazo. Sus pensamientos fueron interrumpidos por su hermano.
—Me llamó Tohma esta mañana. Como ya sabe que regresamos, quiere hacerles pruebas a ambos.
—Ya lo sé.
—Voy a disfrutar viendo como le hacen las pruebas —dijo Tatsuha con sorna en su voz, sin embargo, al rubio no le gustó este comentario. Tenía cosas que hacer al llegar a la mansión—. ¡Ryuichi vámonos!
El castaño se separó del abrazo de Shuichi y despidiéndose, se metió al automóvil de su amo. Segundos después, la limosina partía con rumbo a la ciudad. Tendría que esperar a la oportunidad de verlo de nuevo.
—Shuichi.
El esclavo reaccionó y se encaminó al automóvil. Ya estando dentro de la unidad, el chofer puso en marcha el vehículo. Shuichi comenzó a divagar.
«Regresaré a la mansión... Todo volverá a ser igual. Yuki comenzará a trabajar de nuevo y yo volveré a mi aburrida rutina. En las noches llegará y me tomará como siempre, aún contra mi voluntad. Al día siguiente llegará Hiro con mi desayuno y con mi...»
Ahí los pensamientos de Shuichi se congelaron.
En la mansión del mayor de los Uesugi, Hiro y Crawd estaban en la habitación del primero, más específicamente en la cama, compartiendo besos hasta que el pelirrojo tomó un poco de distancia.
—Debo ducharme.
—¿Para qué?
—El amo llegará hoy en la noche y tengo que recibirlo.
—Sí, y será cuando le digas que te irás a vivir conmigo.
Hiro sonrió.
—Sí, eso le diré, pero primero tengo que bañarme.
—Y yo te acompañaré.
La ducha tomó un poco más de tiempo que el estimado pues Crawd no perdía oportunidad para toquetear al mayordomo.
Para las ocho de la noche, ambos se encontraban en el vestíbulo de la mansión, besándose de nuevo. Entonces la puerta sonó y Hiro sonrió.
—Ya llegaron.
El pelirrojo abrió la puerta, pero su sonrisa se congeló en ese instante. Ahí en la puerta se encontraba su amo y, con la mirada baja estaba su mejor amigo. Un solo pensamiento llegó a su mente.
«Shuichi... Tus pastillas...»
