Capítulo 24: Código de mujer
El gran Colegio de Hibernalia, sede de los magos en Skyrim y "culpable" de la mayor parte de desastres ocurridos en esta junto a los Thalmor. Mientras andas por el gran puente deteriorado por los más de setecientos años de historia al borde de un acantilado que conduce a su entrada te das cuenta de su esplendor. Te das cuenta de cuanto brillaba, del paraíso que suponía para toda persona aficionada a la magia. Esos hechizos que iluminaban el camino solo eran el principio de la gran aventura que le espera a todos los nuevos estudiantes, el inicio de sus nuevas vidas. A medida que te acercabas notabas cuan grandes eran las murallas que rodean la institución y cuán grande era el poder que contenían. A saber la gran cantidad de prodigios que habrán pasado por ahí.
La puerta se abrió sola mientras el chirrido del óxido de las bisagras hacía de música para mis oídos. Y entonces vi el gran edificio que resguarda el Salón de los Elementos, los aposentos del archimago y la famosísima biblioteca: el Arcaneum. Delante de una gran estatua había una persona encapuchada pero que si te fijabas bien podías notar sus bigotes, un khajita. Nada más acercarnos nos dio a ver su rostro. Era un khajita de mediana edad de rostro gris con algunas rayas blancas saliendo desde su frente y poseía un pequeño bigote negro. Su físico no era nada del otro mundo. Nada más vernos se lanzó hacia Scott fundiéndose en un fraternal abrazo.
─ J'zargo se alegra de ver a su gran amigo. ─ A pesar del monótono tono y voz un tanto ronca se notaba emoción en esta. ─ No sabes cuánto tiempo ha esperado J'zargo para volverte a ver, camarada.
─ En verdad es una alegría verte, viejo amigo. Mas no hay tiempo, necesito ir al Arcaneum. Es urgente. ─ A pesar de como suele ser, se le notaba con gran confianza hacía el gato. Agarró sus brazos desde poco más debajo de los hombros cuando pidió eso.
─ J'zargo no lo entiende, pero si eres tú supongo que J'zargo no puede hacer nada. Vamos, este viejo khajita hará de protector. ─ Comenzó a andar hacia el gran edificio.
─ ¿Qué ha sido de Ogmun y Brelyna? ─ Preguntó el demonio.
─ J'zargo no sabe mucho. ─ Abrió la puerta. ─ Pero desde que te fuiste el grupo se disolvió. ─ Prosiguió por unas escaleras. En el Salón de los Elementos había un hombre mayor dando clase a unos cuantos alumnos. ─ J'zargo se quedó a hacer de profesor de la escuela de la destrucción, Brelyna volvió a Morrowind con los Telvanni restantes y Ogmun se supone que se unió a los Capas de la Tormenta mas J'zargo no sabe si lo logró.
─ No, lo hubiera reconocido. Seguramente le ocurrió algo. ─ Se dejaba ver algo de preocupación. Esto demostraba que Scott tenía algo más que odio dentro de sí. Era humano pues sentía.
En la gran biblioteca todos buscaron algo relacionado con los Sangre de Dragón. Horas de exhaustiva búsqueda entre un mar de libros recogidos desde la Segunda Era. Estaban los típicos que te hablaban sobre estos humanoides con espíritu de dragón, su gran capacidad de aprendizaje de gritos y su habilidad de absorber almas de dragón pero nada que tuviera que ver con el podrido poder del rubio. La desesperación me engullía a medida que me quedaba sin libros, los sudores recorrían mi frente a cada página que pasaba sin encontrar algo. ¿En qué lugar habría información además de aquí? Entonces una oración se vio reflejada en el libro que poseía:"Los Barbas Grises son unos eruditos que llevan entrenando a los Sangre de Dragón desde hace milenios, son los mayores expertos en el tema pues siguen el camino de la Voz, una corriente filosófica iniciada por Jurgen Llamador del Viento." "¡Claro! ¿Cómo se le pudo olvidar?" Pensé indignada conmigo misma y rauda informé.
─ ¡Scott! ─ El mencionado miró. ─ ¡Los Barbas Grises son nuestra solución, son los mayores expertos en este tema! ¡Tienen que saber algo! ─ En ese momento la puerta de la gran biblioteca se abrió de golpe y entró Ralof en solitario.
─ ¡Demonio, al fin te encuentro! ─ Dijo mientras recuperaba el aliento. ─ La batalla por conquistar Soledad comenzará de aquí a una semana, tienes que ir al frente. Ulfric te espera.
─ Comprendo. Tenemos los que buscábamos, nos vamos. ─ Marchaba hacia la puerta. ─ No volveremos a ver, J'zargo.
─ Te esperaré con ansias, camarada. Y si necesitas algo, J'zargo ayudará. ─ Vio como todos marchaban por la puerta. ─ J'zargo estará otros siete años sin saber de él, ¿verdad?─ Suspiró decaido.
La prisa era primordial, teníamos que marchar de inmediato pues se tardaría justo una semana en llegar y los ejércitos estaban a mitad de camino, la batalla final iba a comenzar. Subiéndonos, los caballos emprendieron la marcha rumbo a la capital de Skyrim mientras nos cubríamos con calientes pieles resguardados del frío.
Las sensaciones de ese momento eran indescriptibles. A penas conozco palabras para decir cuan nerviosa estaba. La preocupación de Lokir, pues no decía ni una sola broma. Sven mantenía un rostro calmado, pero atento ante cualquier cosa. Un mínimo inconveniente supondría no llegar a la lucha a tiempo, y sin la compañía ni su mayor general los Capas de la Tormenta estaban perdidos. Sentía bajo mi armadura como el caballo respiraba cansado, agotado por la carrera. Por un momento el tiempo se detuvo, miré a mi alrededor y todo iba más lento. Esos eran los nervios previos a una batalla, y a pesar de no ser mi primera vez en luchar sí lo era en sentir aquello, era la primera vez que temía perder algo más que mi vida. Esa adrenalina que sentía recorrer mis venas me hacía agudizar mis sentidos. Me di cuenta, esa lucha no iba a ser fácil. Sería una batalla peligrosa. Ya sabíamos de Zehagann, descendiente de Ysgramor, y que había gente tan o más fuerte que él. "¿Lo veremos defendiendo a Tulio?" Apretando los dientes me tragué mi angustia y volví a observar la crin de mi caballo blanco como la nieve bailar al son del galope. La batalla final por Skyrim estaba ahí mismo, y recé a todos los dioses por nuestras vidas. Ese era mi destino, debía afrontarlo pues yo, en cierta manera, lo elegí. Y si algo aprendí de mi madre es que hay que defender a la persona que amas hasta la muerte si hace falta, aun si no está. Ese es mi código. El código de toda persona enamorada. ¡Y juré defenderlo con uñas y dientes mientras quedase un hálito de vida entre mis huesos!
Mierda, entre tanta materia, test y exámenes se me ha olvidado subir la semana pasada. Pues nada, subo también el de esta ya que estoy. Respecto a este capítulo es otro que no me convence pero es importante. Me gustaría que lo dedujerais pero tampoco voy a trabar mentes: Alenadii es un personaje muy importante. Es crucial, diría yo, pero no sabréis porque.
Editado: 28/08/2017
