Aclaración: Harry Potter pertenece a J.K. Rowling
Capítulo 25- El día antes del 19 de septiembre
La sonrisa de Hermione no podía ser más falsa. Apretó fuertemente los puños para que su cuerpo dejara de temblar. Su cuerpo se tensó en respuesta. Trató de cambiar de táctica y tomar lentas respiraciones. Ella había sido premio anual. Se había dirigido a un gran público en numerosas ocasiones. Perfectamente podía comer en la mesa de los profesores frente a los aurores y todo el alumnado de Hogwarts.
Elevó la vista del plato y observó el Gran Comedor. El bullicio del primer día era evidente. Se fijó en su mesa y los alumnos de primer año. Parecían tan nerviosos como ella. No sabían qué esperar de las clases ni cómo comportarse. Su mirada se cruzó con Ginny. Al juzgar por su intensidad, la pelirroja ya llevaba rato tratando de establecer contacto visual. Le dio ánimos al estilo muggle (con las dos manos en puños y los pulgares hacia arriba) y le guiñó un ojo. Le sonrió de vuelta. Entre la mesa de los profesores y la de los alumnos estaban los aurores. Harry y Ron se habían sentado lo más alejados posible de Draco. Engullían la comida de Hogwarts a una velocidad que superaba sus años como alumnos. Habían vislumbrado lo que era saber que no tendrían esa comida por siempre y querían aprovechar todo lo que pudieran ahora que se les había presentado aquella oportunidad.
Una mano en su pierna le sacó de golpe de todos sus pensamientos.
-Una bruja tiene que ser capaz de controlar sus emociones, Hermione- susurró Tom a su lado en la mesa. Asintió para pasar a comer lentamente. Tenía miedo de que si fuera a más velocidad se le caería el tenedor. Tomó una lenta respiración y se giró para iniciar una intrascendente charla con la profesora Vector.
Hay un momento en la vida de toda bruja en el que no es capaz de decidir a quién matar. Tom tenía altas probabilidades. A pesar de su negativa, Nagini le había acompañado a su primera clase y se ocupaba de asesinar a los alumnos con la mirada. Pero por otro lado, Harry también amenazaba a cada alumno que desviaba la atención de la clase. Había insistido en hacer guardia como auror en su aula. Si ni siquiera tenía que dar clase. Ahora mismo sólo tenía que observar a la profesora Vector y servir de asistenta. Su función era tomar notas para que dentro de una semana pudiera estar ella sola.
-No es necesario que estés aquí Harry- murmuró aproximándose al auror. Le habló sin girar la cabeza, como si allí no estuviera pasando nada.
-Claro que sí- respondió su amigo de la misma forma- En la comida casi no podías coger un tenedor. Nos necesitas- hizo un gesto con la cabeza que abarcaba también a Nagini- para imponer orden. Los niños de ahora no respetan a sus profesores.
-Puedo ocuparme de unos críos- pronunció la última palabra con sarcasmo. Hace dos días ellos estaban en su posición.
-No lo dudo. Sólo estoy aquí por si acaso.
-Te estoy diciendo que es innecesario.
-Tranquila, me turnaré con Ron para que los alumnos no se acostumbren a mi presencia.
Se llevó la mano a la cara y siguió escuchando a su profesora.
Al salir se encontraron con un cansado Ron y una sonriente Ginny. Les miraron esperando a que se explicaran.
-¡Esto es perfecto, chicos! Como Ron me ha estado acompañando y haciendo rondas por donde yo estaba no había ningún profesor y me he podido vengar de un Slytherin de sexto que no dejaba de molestarme.
Hermione fue a regañar a su amiga por ello, mas casi en el momento recordó que ella ya no era Premio Anual. Y todavía no era profesora. No tenía por qué decir nada.
-Vas a conseguir que me despidan, Ginny- masculló el pelirrojo.
-Oh, vamos. No se atreverá a decir nada.
-Shhh- se giraron hacia Harry, que estaba mirando tras ellos. Draco estaba caminando como si acabara de aparecer por la esquina. Les miró e increíblemente pasó de largo.
-¿Y eso qué ha sido?
Todos se encogieron de hombros.
-¿Entonces todavía no has dado clase, Hermione?- cambió de tema Ginny.
-Si todo va bien comienzo la semana que viene.
Los días pasaron mucho más rápido de lo que le habría gustado. Incluso, ya había formado una rutina. Dividía su día de forma que pudiera estar con sus amigos y también con Tom. Le había prometido que iba a estar con él y que el que hubieran ido allí sus amigos no cambiaría nada. No iba a faltar a su palabra. A cambio, Tom se había mostrado muy atento. Normalmente le vigilaba como quien vigila una preciada posesión pero esos días lo hacía de una manera distinta. Por ejemplo, la noche antes de su primera clase había notado sus nervios y para dejar su cuerpo agotado le había cogido del sillón y le había llevado a la cama para realizar tareas más divertidas.
Despertó al día siguiente sintiendo un agradable peso en los músculos. Como siempre, Tom ya estaba despierto. Se tumbó sobre ella, aplastando su cuerpo sobre la cama y le besó. A continuación, se levantó y cerró tras él la puerta del baño.
-¿Qué demonios…?- murmuró desorientada. Se encogió de hombros. Ni ella terminaba de comprender al mago. Hubiera jurado que estaba algo nervioso, como esperando algo. Pero nunca estaría segura.
-Tu primera clase será con los alumnos de sexto, no te darán problemas- informó. Le había acompañado hasta la puerta de la clase junto con Nagini. Ya ni se sorprendía porque se supiera su horario mejor que ella.
-Y si lo hacen yo me ocuparé.
Nagini silbó sonriente. Ella se adelantaría para que la bruja no tuviera que intervenir. La joven entrecerró los ojos en su dirección sacándole otra risa entre dientes.
-¡Hermione! Justo a tiempo- Harry llegó sonriente hacia la clase. El entrenamiento de auror le estaba sentando muy bien. Había tomado aquella responsabilidad de una forma que le estaba haciendo madurar como persona. Atrás se iban quedando partes del alumno de Hogwarts. Era triste pero después de todo en ese colegio también había cambiado. No había sido el mismo al graduarse que al entrar y aun así le seguía queriendo. Por eso no iba a añorar el tiempo pasado. Porque seguiría teniendo allí a Harry. En esencia siempre seguiría siendo él. Ya tendría tiempo de ponerse melancólica. Ahora tenía una clase en la que poner orden.
-¡MMMmmm…! – por poco se cae al ser atacada de nuevo en esa mañana. Ensimismada en sus pensamientos no se había dado cuenta de que Tom se había inclinado para besarle de forma ardiente.
-Al terminar ven a mi clase- susurró. Se marchó con su capa abrazando cada movimiento. La chica se quedó un poco confundida. Normalmente no se habría ido si ella no hubiera entrado en clase. Despejó la mente y se volvió hacia los dos restantes. Ahora no era momento de pensar en el comportamiento del mago.
-Os prometo que como intervengáis en mi primer día de clase haré que deseéis estar en un castigo con Tom, ¿comprendido?- amenazó lentamente. Nagini rodó los ojos y volteó la cabeza hacia otro lado. Harry levantó las manos en señal de derrota.
-¿Y si te hacen algo?
-¿Qué me van a hacer, Harry? ¡Son alumnos en una clase optativa! Están ahí porque quieren estar. Por Merlín, cada día suenas más como Ron- no esperó su respuesta y pasó a la clase.
-¡Eh!
Los estudiantes ya estaban en sus sitios. A la mayoría de ellos ya les conocía pero resultaba extraño caminar hacia la mesa de la profesora hasta detenerse allí. Tomó una lenta respiración y… nada. Observó el sitio en el que se solía sentar, al lado de Luna. Un alumno le devolvió la mirada con una ceja alzada. Su boca se mantenía cerrada. Y no hacía ningún esfuerzo por abrirla. Era como si toda la nostalgia reprimida estuviera saliendo en ese momento. La realidad le estaba golpeando de lleno. Ya no era una niña. Ya no era una alumna de Hogwarts. Estaba dando clases. Trabajando.
Sólo podía registrar pequeños pensamientos, cortos pasos. ¿Qué se suponía que tenía que decir? ¿Dónde había dejado su discurso? ¿Qué había pasado con su planificación? ¿Y por qué justo en ese momento tenía que pensar en que nunca más podría repetir esos años vividos? ¿En serio? ¿El síndrome de Peter Pan justo en ese momento? Aquello magos ni siquiera sabrían decirle quién era Peter Pan…
-¡Hijo de la gran banshee!
Toda la clase giró la cabeza hacia el fondo del aula. Tras un estruendo metálico y la maldición de Harry, le encontraron agarrándose la espinilla con ambas manos. Echó una mirada elocuente a Hermione. La bruja sonrió de lado. Su amenaza había funcionado tanto que para no interrumpir "la clase" Harry se había golpeado y llamado su atención, sacándole así de su pequeño mundo.
-Bienvenidos a Aritmancia- sonrió llamando de nuevo la atención- Como todos sabéis, soy Hermione Granger, la sustituta de la profesora Vector y vuestra futura profesora. Mi objetivo es que aprendáis todo lo posible y, si sentís el más mínimo sentido de la curiosidad por ir a investigar por vuestra cuenta un tema dado en clase, me veré por satisfecha- sonrió- Lo que no quiere decir que no haya que aprobar- añadió al ver las señas de Harry y Nagini hacia un par de alumnas demasiado sonrientes- También quiero que sepáis que podéis contar conmigo para lo que necesitéis. El año pasado yo estaba sentada entre vosotros. Eso no es algo que pueda olvidar fácilmente y tal vez por ello pueda ayudaros de una forma diferente al resto de profesores.
-Yo creo que está siendo muy blanda- susurró Harry hacia Nagini. La serpiente le miró mal. No olvidaba su pequeño secuestro ni que a su amo no le gustaba nada aquél niño. Siseó indignada porque le dirigiera la palabra y se arrastró hacia la mesa de Hermione.
-Oh, supongo que la conoceréis, pero ésta es Nagini, la serpiente del profesor Riddle- hacía tanto tiempo que no le llamaba así que le supo algo pervertido y raro. Se sonrojó ante sus propios pensamientos- No temáis, no os hará nada. Es una serpiente educada aunque algo bromista. ¿Alguna pregunta?
El siseo de Nagini hizo que se despejaran todos los brazos levantados antes de que Hermione tuviera tiempo de verlos.
-Bien, pues comencemos.
-¡Has estado increíble, Hermione!- sonrió Harry nada más terminó- Sabía que terminarías siendo del tipo maternal exigente.
Se aproximó a su mesa mientras la bruja recogía sus cosas. Estaba algo roja de la emoción.
-¿Tú crees? Espero no haberlos aburrido.
-Nadie se ha aburrido. Ni siquiera yo. ¿Tú crees que me podría apuntar a tus clases?
Hermione le dio un golpe sin fuerza en el brazo como respuesta. Sabía que su amigo bromeaba, pero era agradable escuchar sus elogios.
-Cuando quieras te puedo dar clases particulares- esperó a que saliera también Nagini para cerrar la puerta y dirigirse hacia la clase de Tom.
-Pensándolo bien creo que con lo de ser auror no tendré tiempo- respondió al momento el mago.
-Cobarde…
Se cortó cuando frente a ellos, sorteando a los alumnos en el cambio de clase se cruzaron con Malfoy. No hubo más intercambio que el de sus miradas, pero era suficiente.
-¿En serio? ¿Malfoy auror?- gruñó Harry.
-Tal vez haya cambiado- se encogió de hombros.
-Tal vez… o tal vez se haya infiltrado.
-¿Volvemos con la teoría de la infiltración?
-Nunca la abandonamos.
-Os considero más imaginativos, sé que podéis hacerlo mejor- ironizó. Harry escondió la mirada.
-También tenemos una teoría del cebo pero preferimos no contártela- se detuvo con ella frente a su antigua clase de Defensa Contra las Artes Oscuras- Nos vemos luego.
-Ten cuidado.
Sabías que estabas en guerra cuando al despedirte de un ser querido tu corazón se encogía sin poder evitar sopesar el lejano pensamiento de que podrías perderlo. Cogió aire y abrió la puerta. Por poco lleva a cabo el primer asesinato dentro del castillo. Nagini se rio entre dientes y se deslizó hacia su amo y la alumna que se había quedado a solas con él, demasiado cerca. ¿Qué estaba pasando allí?
-Hola, Tom- medio gruñó.
El profesor elevó la mirada hacia ella.
-Señorita Morton, ya puede retirarse.
Sus miradas no se desviaron mientras aguantaron a que la alumna recogiera lentamente y se fuera del aula.
-Déjame adivinar, dudas de última hora.
Asintió.
-¿Algún incidente en tu clase?
Negó con la cabeza.
-Ha ido todo bien.
-Hoy cenaremos en nuestro cuarto.
Su corazón se hinchó al escuchar aquello. Se olvidó completamente de la alumna.
-De acuerdo.
-Nagini hoy déjanosss a sssolasss. Vigila loss alrededoresss.
-¿Qué le has dicho?
-Que esta tarde nos deje intimidad.
Elevó una ceja.
-Últimamente te comportas de forma extraña- murmuró aunque justo ese no fuera el comportamiento más extraño que le hubiera visto. Bajó el tono para que en el camino a su cuarto otros alumnos no les escucharan.
-¿Quieres decir algo con eso?
-Me preguntaba si tú querías decirme algo a mí.
-Todo a su tiempo, Hermione. Todo a su tiempo.
Se apartó para que pasara ella primero y sonrió satisfecho interiormente al escuchar su grito. Pasó tras ella.
-Te he dejado un vestido en el cuarto. Cuando te cambies ven y cenaremos.
Se le quedó mirando con la boca abierta. Se centró en la mesa decorada con velas, un mantel y diversos platos recién hechos. El cuarto estaba bastante oscuro excepto por esa zona.
-¿Por qué has hecho todo esto?
Le miró alzando una ceja.
-¿Acaso has olvidado que mañana es tu cumpleaños? Con tus amigos por aquí nos van a interrumpir todo el rato así que he preferido celebrarlo hoy.
No pudo contener la alegría y se lanzó a sus brazos. Le dio un rápido beso y se fue corriendo hacia el cuarto para cambiarse. Hace un año Tom nunca hubiera hecho algo como eso. Él no lo creía pero estaba cambiando su comportamiento posesivo en cuanto al trato con otro ser humano. Era plenamente consciente de que en su relación había ocasiones en las que reaccionaba como si fuera violento. Pero nunca había alzado la mano en su contra. Digamos que en cuanto a sentimientos era un niño que tenía que crecer. Y esa cena significaba que lo estaba haciendo.
Por otro lado, ella no era una experta en moda, pero estaba segura de que aquel vestido era precioso. Un color verde esmeralda y ajustado hasta la cadera, sin mangas y tan largo que arrastraría algo al caminar. No obstante, tenía una apertura en la pierna izquierda hasta el muslo que le daba un tono sugerente y provocativo.
Tom no movió un músculo cuando la bruja salió de su cuarto. Había escogido bien. Hermione era hermosa, y no se refería al físico. Le atraía de sobremanera aquel brillo perspicaz en la mirada, sus inteligentes respuestas, su férrea pasión en lo que creía y su lealtad en sus amigos. Bien es cierto que le gustaría reducir la lista de esa categoría, pero, como le había dicho a ella, paciencia. Le tendió una mano como un antiguo mago y se sentó tras que ella se sentara.
-Huele todo tan bien- murmuró sin saber muy bien qué decir.
-Si quieres más de algún plato, los elfos me han comunicado que ha sobrado- informó.
-Nunca nadie había hecho esto por mí, Tom. Muchas gracias- dijo sinceramente mientras con un hechizo el mago le servía. Y ella que había sentido envidia por esa alumna que se había quedado a preguntar unas dudas. Qué tonta había sido. Menos mal que no se había lanzado en un ataque de acusaciones.
-Sí, no pensaste con claridad.
Le miró con sorpresa e indignación. Comprobó sus escudos de Oclumancia y vio que estaban en perfecto estado.
-¿Cómo has podido adivinar lo que estaba pensando?
-Una suposición que tú has confirmado. Sueles analizar los sucesos del día comenzando por los más próximos. No era muy difícil.
Gruñó sin querer ser tan obvia.
-Me da la sensación de que no has echado a la alumna para que os pillara.
Ahora quien callaba era él.
-Concentrémonos en celebrar tu primer día de clase y tu cumpleaños.
-Es verdad, mañana seré mayor de edad en el mundo muggle- sonrió de oreja a oreja tras tomar un mordisco de la jugosa comida- Ahora sí que mis padres no podrán poner ninguna pega a nuestra relación.
Tom no estaba tan de acuerdo, pero poco le importaba lo que sus padres dijeran. Charlaron tranquilamente mientras terminaban la cena. Hermione incluso sacó el tema de conversación de Draco y de lo raro que se comportaba. Tom también le preguntó por el auror Dawlish. Tuvo suerte en no haberle visto demasiado en lo que llevaban de curso. Se lo debería agradecer a Harry y Ron, ya que ellos habían insistido en ser los que vigilaran por su zona. Cambiaron pronto de conversación y la chica no pudo evitar sacar el tiempo en el que ella era su alumna y él su profesor y cómo se habían visto atraído y repelidos el uno por el otro.
Fue un gran cumpleaños, y la noche no hizo más que mejorar… hasta que unos golpes en la puerta les interrumpieron. Tom se levantó de encima de Hermione en el sofá y ella pudo ver una de las miradas asesinas más terroríficas de su vida. La bruja se quedó inmóvil como queriendo desaparecer.
-Nagini essstá al otro lado- informó el descendiente de Salazar.
-¿Qué sucede?- preguntó Hermione tapándose un poco viendo que Tom se levantaba. Se dirigió hacia el cuadro sin volverse hacia ella.
-Espérame aquí. Volveré en seguida.
E increíblemente salió. Se quedó sola, medio desnuda, con las cejas alzadas y rostro incrédulo. ¿Cómo se atrevía a dejarle así sin explicaciones? Se quitó el vestido con enfado y se puso su ropa cómoda muggle. Se iba a enterar cuando volviera. Se sentó en la mesa y terminó ella sola el postre. No le pensaba esperar.
A las dos horas se encontraba en una mezcla de enfado a un nivel máximo y preocupación. Tom no le haría esperar tanto. Tal vez le habría ocurrido algo. ¿Y si un Mortífago se había colado en el castillo? Tom era la clase de mago que habría ido en su busca para obtener información. Podrían haber sido más de lo esperado y quién sabe si no estaría herido. Tenía que ir en su búsqueda.
Salió veloz del cuarto sin saber muy bien adónde ir. Lo primero que notó fue la ausencia de aurores. No era muy tarde pero no era normal que no hubiera tantos. Preguntó a alguno si habían visto a Tom, mas no tuvo suerte. Era como si se hubiera trasladado. Pero estaban dentro de los muros del castillo. Era imposible. Se quedó mirando por la ventana hacia el exterior. Tenía que pensar. ¿Qué podría haber sido tan importante, urgente y que le llevara tanto tiempo?
-¿Malfoy?
Se separó del muro estrechando los ojos tratando de enfocar la mirada.
-¿Malfoy?- repitió más segura. ¿Qué hacía Malfoy saliendo del castillo a esas horas? Y no es que estuviese prohibido, pues no era alumno, sino que era de noche y no sabía qué asuntos podría tener el rubio fuera de Hogwarts. ¿Acaso Harry y Ron tendrían razón en cuanto a sus sospechas?
Sin llamar mucho la atención se dirigió hacia una salida no muy vigilada por la parte de atrás. Rodeó el castillo entre las sombras, con la varita siempre preparada y se dispuso a seguir el camino que había tomado el mago. No fue muy difícil. El muy idiota no había limpiado sus huellas. Caminó hasta el Bosque Prohibido, sin poder evitar rodar los ojos. Incluso de profesora se iba a tener que meter ahí. Se dio valor pensando que había roto las normas en demasiadas ocasiones en las que también habían tenido un gran resultado. Aunque tal vez ese día sería diferente.
Las huellas terminaron cuando el terreno dejó de ser tan blando. Las raíces de los árboles sustituyeron al barro, eliminando el rastro que seguía. Tal vez debería abandonar y volver al castillo a seguir buscando a Tom.
-¿Qué haces aquí, Granger?
Se dio la vuelta lentamente, topándose de lleno con una varita apuntándole a los ojos. Tras ella, el rostro envuelto en una máscara de asco le miraba fijamente.
-Quería hacerte la misma pregunta, Malfoy. ¿Por qué un auror en entrenamiento se escaparía al Bosque Prohibido sin avisar a nadie?
-Esto no es de tu incumbencia- masculló lentamente. Apretó la varita con todas sus fuerzas. Pudo ver sus tendones tensarse. Si tantas ganas tenía, ¿por qué no le atacaba? Le daba igual el motivo porque pensaba usarlo para su beneficio.
-¡Expelliermus!
El rubio lo esquivó por poco. Le contraatacó pero siempre con hechizos que no incluían maldiciones. Malfoy no atacaba así. Normalmente cuanto más daño hiciera mucho mejor. Siseó de dolor cuando un hechizo le pasó rozando el brazo. De acuerdo, estaba subiendo un poco el nivel. Con un poco de suerte alguien del castillo vería las luces y vendría con ayude.
-¡Desmaius!
Hermione recuperó la errática respiración. Estaba más nerviosa de lo que debería. Ese no era su primer enfrentamiento con el rubio, no debería sentirse como si su corazón se fuera a salir del pecho. Necesitaba respuestas ya.
Observó su cuerpo desmayado, cavilando acerca de cómo podría hacerle hablar. En cuanto le despertase se iba a dedicar a insultarla. Tendría que desviar su atención con… ¿qué era eso de su muñeca? Se acercó hasta quedar su lado y se inclinó. Apartó lo que quedaba de su capa en su brazo. Ahogó la exclamación de horror.
-Por Merlín- murmuró. Ahí estaba. La marca de los Mortífagos- Un momento…
Tocó el tatuaje y lo sintió. Ella lo conocía demasiado bien. Había inventado ese hechizo en un trabajo para…
-Oh no.
Lo había inventado en un trabajo para Tom.
-¡Petrificus totalus!
Su cuerpo quedó inmóvil, sólo teniendo libertad sus ojos. Una risa loca tras ella se fue acercando más y más.
-Ay, sobrino, sobrino, sobrino. Mira que dejarte atrapar por esta sangre sucia- rio llegando hacia donde estaban- Enervate. Y ahora nos ha descubierto.
Draco apartó de un tirón su muñeca de las manos petrificadas de la bruja.
-No ha sido mi culpa- se quejó- ¿Cómo voy a hacer algo si no puedo herirla?
-Podrías evitar que te siguiera a nuestra reunión, por ejemplo.
-Cuando me di cuenta pensé en dejarla desmayada y seguir hacia el punto de encuentro.
-Bueno, bueno- le restó importancia con la mano y de repente se inclinó hasta quedar frente a ella. Le miró con ojos inyectados en sangre- Hola, sangre sucia, ¿te acuerdas de mí?
Bellatrix Lestrange.
-¿Qué hacemos ahora?
-Sabe demasiado así que lo mejor será que no la llevemos. Tú vuelve ya al castillo o sospecharán. Informa al señor y yo me ocuparé del resto.
Draco tragó saliva nervioso al ver cómo la bruja cogía el cuerpo de la joven. Pero si replicaba firmaría su sentencia de muerte, por muy sobrino suyo que fuera.
-No le hagas mucho daño o te matará.
