Bueno, aquí otro capitulo, espero perdonéis mi retraso con esta actualización. Exámenes de ultimo año de instituto que me vuelven loca.
Cada vez queda menos para acabar.
Me quedé en la cama y escuché las voces tranquilas de Jasper y Alice en la otra habitación. Rodé rápidamente sobre la cama y me incorporé. Luego, me dirigí trastabillando hacia donde ellos estaban.
Alice estaba dibujando otra vez, Jasper miraba el boceto por encima del hombro de ésta. Estaban tan absortos en el trabajo de Alice que no miraron cuando entré. Me arrastré hasta el lado de Jasper para echar un vistazo.
— ¿Ha visto algo más? —pregunté en voz baja.
—Sí.
Observé el dibujo que Alice tenía entre sus manos.
—Es la casa de mi hermana. — Sin darme cuenta le había arrebatado el dibujo.
Arrugue el papel en mis manos hasta convertirlo en una bola imposible de identificar, Alice iba a decirme algo cuando su móvil empezó a sonar y abandonó la estancia, al ver esto Jasper reaccionó rápidamente y se acercó a mi poniendo su mano sobre mi hombro. Sentía como poco a poco me iba relajando y con una sonrisa agradecí el gesto.
—Jacob. — Me llamó Alice recargándose contra el sofá. — Jacob, Edward viene a buscarte. Emmett, Carlisle y él te van a recoger para esconderte durante un tiempo.
— ¿Viene Edward?
—Sí. Va a tomar el primer vuelo que salga de Seattle. Lo recogeremos en el aeropuerto y te irás con él.
—No, el rastreador va a ir a por mi hermana y no pienso dejarla sola. Dile a Edward que puede ahorrarse el venir.
—Jacob, Jasper y yo cuidaremos a tu hermana y no dejaremos que se acerquen a ella.
—No puedo hacer eso Alice, compréndeme. — Me levanté y abracé suavemente a Alice, sabía que no le iba a gustar lo que le iba a decir. — Él no va a por mí directamente, tarde o temprano encontrará alguien al que atacar, un punto débil y todo eso será mi culpa.
—Le atraparemos, Jacob —me aseguró ella.
— ¿Y si os hiere? ¿Y si hiere a alguien de tu familia? Encontrará la manera de hacerlo.
Alice miró a Jasper de forma significativa. Una espesa niebla y un profundo letargo se apoderaron de mí y los ojos se me cerraron sin que pudiera evitarlo. Mi mente luchó contra la niebla cuando me di cuenta de lo que estaba pasando. Forcé a mis ojos para que se abrieran y me levanté, alejándome de la mano de Jasper.
—No vuelvas a hacer eso. — Amenacé enfadado.
Caminé hacia mi habitación y cerré la puerta, para dejarme caer en la cama.
Toda aquella situación estaba saliéndose de control y lo peor es que era consciente de que la única solución era la que me ofrecían los Cullen pero me negaba a aceptarlo.
Me negaba a aceptar que mi familia y no sólo mi familia, si no toda persona que me importase mínimamente estaría en peligro hasta que el rastreador llegase a mí.
Estuve horas pensando sobre lo mismo hasta que me di cuenta de que me estaba comportando como una chiquilla cuando Alice y Jasper solo intentaban ayudar.
Salí de mi habitación esperando no haberles hecho daño con mis palabras y que no estuviesen enfadados conmigo. Miré el reloj; eran las cinco y media de la mañana.
—Acaban de subir al avión. Aterrizarán a las nueve cuarenta y cinco —dijo Alice sonriéndome mientras me señalaba un lado del sofá junto a ella.
— Supongo que eso significa que mis palabras de antes no han hecho mella en vosotros. —Su suave risa no tardó en envolver el ambiente.
—Lo siento Jake pero la decisión estaba tomada.
El móvil sonó de nuevo, lo que hizo que el ambiente de humor que se había instalado durante unos segundos desapareciese.
— ¿Diga? —Contestó Alice—. No, está aquí —me pasó el teléfono y anunció «Tu hermana», articulando para que le leyera los labios.
— ¿Si?
— ¿Jacob? ¿Estás ahí? — Era la voz de Rachel, podía oír ruidos de fondo, como si estuviese en la calle y aun así el pánico en su voz me indicaba que ya era consciente de todo lo ocurrido.
—Rachel, tranquila, déjame explicarte lo que ha pasado. — Me alejé de Alice unos metros y en seguida ella se marchó dándome privacidad.
—Ten mucho cuidado de no soltar prenda hasta que haya dicho todo lo que tengo que decir —la voz que acababa de escuchar me fue tan poco familiar como inesperada. Era una voz de hombre, afinada, muy agradable e impersonal. Hablaba muy deprisa—. Bien, no tengo por qué hacer daño a tu hermanita, así que, por favor, haz exactamente lo que te diga y no le pasará nada. Ahora repite mis palabras, y procura que tu amiguita lo oiga. Por favor, di: «No, Rachel, quédate donde estás».
—No, Rachel, quédate donde estás. —Intenté hablar con un tono de voz elevado pero natural.
—Bien, si, esto puede ser divertido, ahora di «Rachel, escúchame».
—Rachel, escúchame. — Esta vez añadí algo de angustia al hablar.
— ¿Está tu amiguita contigo? Contesta sólo sí o no.
—No.
—Pero todavía puede oírte, estoy seguro.
—Sí.
—Está bien, entonces —continuó la voz amigable—, repite: «Rachel, confía en mí».
—Rachel, confía en mí.
—Esto ha salido bastante mejor de lo que yo creía. Ahora, quiero que me escuches con mucho cuidado. Necesito que te alejes de tus amigos, ¿crees que podrás hacerlo? Contesta sí o no.
—No.
—Lamento mucho oír eso. Créeme, Jacob. — El tono de voz que usaba para pronunciar mi nombre logró que un escalofrío invadiese mi cuerpo. — No quiero hacerle daño a tu dulce hermana, pero es necesario que tú y yo nos veamos ¿lo entiendes, verdad? Ahora dime, ¿crees que puedas alejarte de tus amigos?
Recordé que tendríamos que ir a buscar a los demás al aeropuerto. — Sí.
—Eso está mejor Jacob, mucho mejor. Esto es lo que has de hacer. Quiero que vayas a casa de tu hermana. Hay un número junto al teléfono. Llama, y te diré adonde tienes que ir desde allí. Sé que podrás hacerlo, y como última petición espero por favor que puedas hacer todo esto antes del mediodía, no tenemos tiempo que perder.
— Si, tranquila Rachel. — Respondí tomando aire dificultosamente.
—Es muy importante ahora que no hagas sospechar a tus amigos cuando vuelvas con ellos. Diles que ha llamado tu hermana, pero que la has convencido de que no puedes ir a casa por lo tarde que es. Ahora, responde después de mí: «Gracias, Rachel».
—Gracias, Rachel.
—Di: «Te quiero, hermana. Te veré pronto». Dilo ya.
—Te quiero, hermana. —Repetí con voz espesa. — Te veré pronto.
—Adiós, Jacob, no sabes cuánto deseo volver a encontrarme contigo. — El sonido del teléfono al ser colgado me sacó de mi ensimismamiento.
Apreté los dientes con fuerza tragándome toda la ira que me inundaba, sentí los pasos de Alice acercarse a mi espalda y pronto sus delgados brazos se envolvieron alrededor de mi cuerpo.
—Tranquila, era mi hermana, Billy le ha contado todo lo ocurrido y sólo estaba un poco nerviosa. La he convencido de que no salga de su casa.
—Nos aseguraremos de que esté bien, Jacob.
Asentí con la cabeza volviendo a irme por donde había venido.
Evité a toda costa salir de mi habitación hasta que el momento de irnos al aeropuerto llegó, suspiré observando a mi alrededor cuando Jasper me abrió la puerta del coche.
La decisión ya estaba tomada y no había marcha atrás.
— ¿Alice? —pregunté con indiferencia.
— ¿Sí? —contestó con prevención.
— ¿Cómo funcionan tus visiones? —miré por la ventanilla lateral y mi voz sonó aburrida—. Edward me dijo que no eran definitivas, que las cosas podían cambiar.
—Sí, las cosas pueden cambiar... —murmuró, supongo que de forma esperanzada—. Algunas visiones se aproximan a la verdad más que otras, como la predicción metereológica. Resulta más difícil con los hombres. Sólo veo el curso que van a tomar las cosas cuando están sucediendo. El futuro cambia por completo una vez que cambian la decisión tomada o efectúan otra nueva, por pequeña que sea. Asentí con gesto pensativo. —Por eso no pudiste ver a James en Phoenix hasta que no decidió venir aquí.
—Sí —admitió, mostrándose todavía cautelosa.
Suspiré un poco aliviado, si ella no había visto anteriormente esas cosas era probable que aún no hubiese visto mi encuentro con James. De todos modos la situación se estaba volviendo imposible. La suerte se puso de mi parte cuando llegamos al aeropuerto, o tal vez sólo era que habían mejorado mis probabilidades. El avión de Edward iba a aterrizar en la terminal cuatro. Sin duda, era la terminal que más me convenía.
Aparcamos en el cuarto piso del enorme garaje. Alice y Jasper siguieron mis pasos fielmente ya que por una vez era yo el que les guiaba por aquel enorme lugar.
Sopese mis posibilidades, si echaba a correr sabía que no iba a llegar muy lejos, aun con la ventaja de conocer perfectamente el aeropuerto si ellos decidían rastrearme me encontrarían antes de que pudiese poner un pie fuera.
—Chicos, creo que necesito comer algo antes de que lleguen los demás. — Los dos se pararon al oír mis palabras y asintieron como respuesta.
—Iré contigo. — Indico Alice.
— La verdad es que preferiría que viniese Jasper, no es nada personal. Es solo por si necesito su ayuda.
Alice pareció sopesar mis palabras, sabía que había tenido una visión sobre el lugar en el que me iba a encontrar con el rastreador pero probablemente pensase que se trataría de una treta por parte de James y no de una posible huida mía.
— Vamos. —Jasper se adelantó a responder por Alice y andaba delante de mí hacia la zona de la comida.
—Espera, necesito ir al baño. — Señalé las puertas ante las que nos habíamos parado. — ¿Te importaría esperarme aquí?
—Claro que no. —Respondió recargándose en la pared mientras yo entraba.
Recordé que aquel baño tenía dos puertas, me moje las manos asegurándome de que el ruido era audible para Jasper y golpee una de las puertas de los distintos cubículos que habían en aquel lugar. Sólo tenía que dar un pequeño salto para ganar los ascensores cuando saliera por la otra puerta. No entraría en el campo de visión de Jasper si éste permanecía donde me había dicho. Era mi única oportunidad, por lo que tendría que seguir corriendo si él me veía. La gente se quedaba mirándome, pero los ignoré.
Los ascensores estaban abiertos, esperando, cuando doblé la esquina. Me precipité hacia uno de ellos y metí la mano entre las dos hojas de la puerta que se cerraba. Me acomodé entre los irritados pasajeros y me cercioré con un rápido vistazo de que el botón de la planta que daba a la calle estuviera pulsado. Estaba encendido cuando las puertas se cerraron. Salí disparado de nuevo en cuanto se abrieron, a pesar de los murmullos de enojo que se levantaron a mi espalda.
No tenía forma de saber si Jasper ya me estaba buscando. Sólo dispondría de unos segundos si seguía mi olor. Estuve a punto de estrellarme contra los cristales mientras cruzaba de un salto las puertas automáticas, que se abrieron con excesiva lentitud. No había ni un solo taxi a la vista a lo largo del atestado bordillo de la acera. No me quedaba tiempo. Alice y Jasper estarían a punto de descubrir mi fuga, si no lo habían hecho ya, y me localizarían en un abrir y cerrar de ojos.
Espero que dejéis reviews, dentro de no mucho tiempo me volveréis a tener por aquí. También espero que hayáis pasado una navidades y vacaciones estupendas, si queréis contarme algo de ellas o lo que sea, sois libres.
A.-
