Capítulo 25
Mi cuerpo se encontraba en la conferencia respecto al nuevo sistema, mientras nos explicaban los efectos del careo y la modalidad anglosajona de los juicios orales; sin embargo, mi mente se encontraba en otro lugar.
Fue por esto que no me di cuenta cuando un atractivo hombre de cabellos negros y ojos grises se sentó a mi lado. Su piel era blanca, casi tan blanca como la nieve.
-Yagami… -una mano, frente a mi rostro, me trajo de pronto a la realidad.
-Su…superior Kudo… -sonreí con condescendencia al verle-. Que sorpresa, no sabía que tú también estarías aquí.
-Tengo como tres minutos intentando llamar tu atención. ¿Acaso una mujer es quien te tiene así?
Aquellas palabras me hicieron enojar. ¿Por qué Yamato tenía que poner siempre mi mundo de cabeza sólo con la frase: "Me haces muy feliz"?
Estúpido, idiota, imbécil, ¿por qué tenía que estar enamorado de él?
El superior Kudo sonrió con condescendencia al verme.
-¿Quién iba a pensar que después de que Nana falleció ibas a conseguirte una novia? Sobre todo cuando Shino dice que eres de ella. Eso significa que no se encuentra inmersa en el ámbito jurídico. ¿Cómo es la mujer que tiene babeando el suelo al Magistrado Yagami?
Entrecerré los ojos por su sarcasmo.
-¿Se le ofrece algo? –rodé los ojos- Además no es una mujer.
No había mentido, así que él me miró, aunque sin creerme.
-Te invito a comer, Yagami.
Sudé una gotita. En primer lugar no quería que él se metiera en mis asuntos personales y en segundo lugar, quería estar con Yamato todo el tiempo que me fuera posible, ya que debido al cambio que me impusieron, me era casi imposible verle.
-Lo siento, pero estoy cansado –dejé escapar un suspiro-; toda esa carga de trabajo me va a matar.
-Ah, pero eso hubieras pensado, antes de declinar mi propuesta para que vinieras a la Corte Suprema de Justicia –su voz sonó a reproche.
-Tengo cuarenta y un años, ¿qué experiencia puedo tener para contar como un miembro?
El superior Kudo sonrió con sarcasmo.
-Eres conocido en el ámbito jurídico por el caso Mori, ese del chico travesti –dijo con una gran sonrisa-. Si hubiera sido una mujer de verdad yo no habría dudado ni un momento en…
-Hablando de mujeres…
Justo al decir eso, él sudó una gotita y se levantó de su asiento.
-Ya me tengo que ir, no recordaba que hay un asunto que debo resolver inmediatamente.
Él desapareció por la puerta del auditorio y yo rodé los ojos. Él sabía adónde iría mi conversación, así que prefirió huir como un vil cobarde.
Miré al asesor, mientras continuaba explicando.
Continué escribiendo en mi tableta, deseando que se terminara pronto esa aburrida conferencia.
Llegué al hotel para la hora de la cena. Todos se encontraban cenando en el restaurante, así que me acerqué a Yamato, dándole un beso en la mejilla, lo que ocasionó que se sonrojara por completo al darse cuenta que era yo quien lo había saludado de esa forma.
-Buenas noches –saludé a todos.
Los chicos se quedaron en silencio, hasta que Natsu se levantó de su asiento y se abalanzó hacia mí.
-Papá Taichi, correspondí inmediatamente a su abrazo.
-¿Cómo has estado, Natsu? –le revolví sus cabellos y ella sonrió.
-Papá Taichi, no sabía que ibas a venir. Mis abuelitos te mandan saludos.
Sonreí con algo de condescendencia.
-Y también mis abuelitos Susumo y Yuuko –dijo Natsu, así que sonreí.
-Dijeron que fueras a visitarlos –mi hijo me saludó de lejos, mientras continuaba cenando-, aunque no sabía que ibas a venir, mamá no me lo dijo.
Un silencio sepulcral se hizo en la mesa, hasta que Sora parpadeó.
-Pensé que tu madre estaba muerta –aquel comentario hecho por Sora, hizo que Yamato se sonrojara sobremanera.
-Mi mamá murió cuando yo era un niño –contestó mi hijo-, pero no me refiero a ella, sino a mamá –señaló sin querer a aquel rubio idiota.
Sora parpadeó y después prorrumpió a carcajadas.
-¿Yamato es tu…? –no pudo terminar la frase, puesto que continuaba riendo.
-Ya te lo he dicho, Taichi, no vayas soltando por todos lados ese comentario –Yamato le dijo a mi hijo, aunque no parecía molesto.
-Lo siento, ma… digo, señor Ishida –sonrió con condescendencia.
Hiro se levantó inmediatamente de su asiento.
-Ya no tengo apetito, con permiso.
Todos le miramos marcharse, excepto una chica de cabellos rubios a la que no conocía; Natsu se fue a sentar a su asiento y Yamato se levantó del suyo.
-Ahora vuelvo.
Fue lo último que escuché decir a Yama, antes de marcharse, seguramente detrás de él.
-Hiro no quiere que mi papá sea feliz –Natsu tomó su tazón de arroz y continuó comiendo.
Me senté en el asiento que estaba vacío, al lado de Yamato. Sora me miró inmediatamente, como tratando de atraer mi atención.
-Quería que por favor persuadieras a Natsu de que se fuera conmigo –Sora soltó de pronto, molestando a su hija-, pero sería imposible, ella está enamorada de tu hijo y a ti hasta te dice papá.
Mimi rio un poco.
-¿Eso quiere decir que ustedes decidieron al fin quedarse juntos? –Mimi soltó de pronto, sorprendiendo incluso a Sora por la pregunta.
-Sí, lo estamos –sonreí con tranquilidad-, Yamato y yo vivimos juntos como una pareja.
Sora sonrió con amargura.
-¿Te molesta también a ti que mi papá sea feliz? –Natsu se veía sumamente molesta- Ustedes dos siempre estaban conspirando en contra de mi papá, siempre encontrándole defectos.
-Ya es suficiente, Natsu, no me hables así –siseó Sora con algo de violencia.
La hija de Yamato se levantó de su asiento.
-Igual que Hiro con mi papá, sabes que yo no te quiero lo suficiente como para dejarlo todo e irme tras de ti, madre. Tu pareja me desagrada, el que le tengas resentimiento a mi papá también. Eres mi madre y jamás dejarás de serlo, pero no quieras gobernar mi vida, ya soy una mujer, no una niña. Iré a visitarte de vez en cuando, pero mi vida la he decidido y la desarrollaré aquí en Japón, no en donde tú quieras. Disculpen mis modales, pero he perdido el apetito, por lo que me retiro.
Ella se alejó y mi hijo se levantó también para perseguirla.
-Con su permiso, que tengan buen provecho.
Aquel chico salió corriendo detrás de su novia.
Sora dejó escapar un suspiro y después me miró, como tratando de encontrar las palabras exactas para no armar un gran escándalo.
-Si ella supiera lo que su padre…
-Los errores que cometemos los adultos no tienen por qué saberlos ni porque cargarlos nuestros hijos –interrumpí sus palabras-. Lo que tengas que reclamarle a Yamato hazlo frente a él y a solas, no despotriques en su contra con tus hijos; no envenenes su corazón sólo porque no puedes hablarlo directamente con él.
-Eso dices porque estás completamente enamorado de él –Sora me miró de forma airada.
-Estás en un error, Sora, eso no tiene nada que ver. Pero los problemas de ambos no tienen por qué saberlos tus hijos, no hagas que lo odien. Si tú ya no sientes nada por él, entonces suéltalo, para que dejes de sentir odio o malos sentimientos en su contra.
-¿Qué pasaría si tu hijo supiera lo que pasó entre Yama y…?
-Lo sé… -la voz de Taichi nos sorprendió a todos, así que lo vimos tomar el bolso de Natsu, la cual lo dejó en su silla-… sé lo que le pasó a mamá cuando estaba en el instituto, además de que por eso mi papá salió huyendo de Tokio. Pero eso fue problema de ellos, no mío. No niego que al principio estaba celoso del trato de mi papá hacia el señor Ishida, pero después lo sentí como un miembro más de mi familia y lo quiero. Si su propio hijo no puede quererlo, yo lo querré el doble, aunque mi papá se enoje.
Sora tembló y comenzó a llorar. Mimi le abrazó y le acarició el cabello.
-Los problemas de ambos no los haré míos, porque no me competen –dijo mi hijo, haciéndome sentir orgulloso-. No compro guerras ajenas, además no me gusta vivir con resentimiento, la vida es tan efímera, pero lo olvidamos y nunca intentamos arreglar nuestros problemas. Si usted, señora Takenouchi, tiene un problema con mamá, arréglelo por su cuenta, pero no meta a sus hijos, ni diga cosas que los pueden herir.
-Lo… lo siento… -dijo Sora.
-Eso deberías de decírselo a Yamato –dije, mientras terminaba de comer la comida que aquel rubio había dejado en su plato-. Arregla las cosas con él personalmente.
Ella se levantó de su asiento y se marchó.
-A veces guardamos muchas piedras en nuestra bolsa y nos empeñamos en llevarla en la espalda –la voz de Mimi sonó, algo débil.
-Pero a veces necesitamos soltar las piedras que ya no necesitamos –dije yo.
Mimi rio un poco, asintiendo.
-Así que al final sí fuiste a esa reunión porque lo querías –sus palabras me molestaron un poco-. Te dije que esa era su esperanza.
-Ya cállate –me sonrojé por el comentario, sin que nuestros hijos comprendieran a lo que nos referíamos.
Había salido del hotel después de aquello, sin despedirme de Yamato, acompañando a Natsu y a mi hijo a que tomaran un taxi. Al día siguiente sería la fiesta de despedida del curso.
Tomé un taxi y me fui al hotel en donde nos estábamos hospedando los magistrados de los tribunales superiores.
Llegué cerca de treinta minutos después y me recosté en la cama de mi habitación, hasta que mi celular sonó. Era el timbre que tenía asignado Yamato, así que contesté.
-¿Dónde estás? –preguntó él.
-En mi hotel.
Se hizo silencio, así que supuse que él quería charlar conmigo.
-¿Puedo…?
Dejé escapar un suspiro y después sonreí.
-Te esperaré en el bar, ¿si? Te mando por mensaje la dirección, porque no me la sé.
Él rio un poco, así que no supe identificar su estado de ánimo.
-Ahí estaré.
La comunicación se cortó inmediatamente, por lo que me incorporé, muy a mi pesar. Salí después al pasillo, para tomar el ascensor y bajar al bar.
Yamato llegó cerca de veinte minutos después, ya que al parecer no había tanto tráfico. Me encontró bebiendo en la barra.
-Hola –saludó él, sentándose a mi lado-. Un whisky en las rocas –le dijo al barman, el cual asintió-. No deberías beber –me miró con enfado.
-Un whisky no se le niega a nadie –elevé mi vaso a modo de brindis y él negó con la cabeza-. ¿Y qué pasó? ¿Arreglaste las cosas con tu hijo?
-Pues algo así –dejó escapar un suspiro y agradeció con un movimiento de cabeza cuando su bebida estuvo frente a él-. Charlamos un poco sobre el porqué los dejé. Estaba molesto por las palabras de Taichi y me reclamó por qué no estuve con ellos cuando más me necesitaron. Al final parece haber aceptado mis disculpas, así que supongo que está bien.
Me sentí aliviado por él y le sonreí; sin embargo, él me huyó la mirada.
-Deja de mirarme así –hizo un mohín-, parece que estás enamorado de mí.
Sus palabras me dolieron sobremanera. Si pudiera romper esas barreras y pudiera cruzar ese abismo que nos alejaba, entonces quizá podría decirle mis verdaderos sentimientos; pero Yamato se encontraba dentro de una coraza impenetrable.
-Lo siento –sonreí con algo de amargura, aunque él no me estaba observando-. Me da gusto por ti.
Nos quedamos en silencio y él disimuladamente tomó mi mano, apretándola fuertemente.
-¿Crees que he sido un mal…?
Sus palabras quedaron inconclusas cuando lo solté de pronto y me levanté de mi asiento, al mirar a algunos magistrados de otros tribunales, acercándose a mí.
-Hey, Yagami, ¿te nos unes? –el Juez Wada, encargado del Distrito de Tokio, un sujeto atractivo de piel morena, cabellos pelirrojos y ojos violetas, de mi misma edad, me sonrió- Escuché que sigues soltero, así que pensé en ti para ir a buscar diversión. Seguro que a las chicas les gustarás, eres muy guapo.
Rodé los ojos. Wada había sido mi colega y estuvimos en la misma clase, por lo que parecía tenerme "cierta confianza", aún y cuando no habíamos entablado una relación de amistad ni nada parecido durante la carrera.
-Lo siento, estoy ocupado en éste momento –sonreí con condescendencia.
-¿Qué puede ser más interesante que encontrarnos con unas chicas guapas? –rio él y sus acompañantes afirmaron.
Me quedé de una pieza, ¿qué diría? Ellos me llevarían a la fuerza, los conocía, sobre todo a Wada.
-Si tu amigo quiere, también puede venir –Wada me sonrió y volví mi vista a Yamato, el cual rio, con algo de amargura.
-Lo siento, ahorita no estoy de humor.
Wada se sentó a un lado de Yamato y yo entrecerré los ojos.
-¿Tienes mal de amores? No hay como una salida con unas chicas para olvidar –dijo Wada.
-No es eso, tuve un problema con uno de mis hijos y Taichi me estaba ayudando con ello.
-Bueno… -Wada rio macabramente y susurró algo en el oído de Yamato, el cual abrió los ojos con sorpresa y se levantó de su asiento.
-Tienen razón, vete con ellos, estaré bien –aquel rubio estúpido ni siquiera me volteó a ver, salió corriendo de ahí.
-¿Qué le dijiste, Wada? –entrecerré los ojos.
-Es un secreto entre él y yo –me sonrió, con algo de diversión-. Vamos ahora, Yagami, estás libre.
Me molesté con él.
-No…
Él me sonrió con algo de molestia al escuchar mis palabras. Pidió entonces la cuenta, pagó y, sin escucharme, me sacó del hotel.
Estaba de lo más aburrido, mientras veía a mis compañeros rodeados de mujeres. No es que no me interesaran ellas, eran bonitas, pero siempre que me enamoraba no tenía ojos para nadie más.
-¿Es tan aburrida mi plática? –la chica que me asignó Wada me sonrió con amargura.
Ella se llamaba Kasumi (aunque era su nombre "artístico"); era rubia, de cabello ondulado, piel blanca y ojos grises. Tenía una vestimenta conservadora, para el lugar en donde nos encontrábamos.
-No… -sudé una gotita y ella me miró directamente a los ojos.
-Quizá se sienta incómodo porque nunca ha estado en ésta clase de lugar.
Volteé a mi alrededor. Contrario a lo que había pensado, en vez de ir a un "host club" me habían llevado a un burdel. Mis compañeros tenían a las chicas sobre ellos, mientras se besaban y demás cosas. En la tarima principal de la habitación que habían rentado se podía ver a una chica bailando en el tubo, sin ropa y con unos altos tacones.
Dejé escapar un suspiro y ella me sonrió.
-Es mi primera vez en un lugar aquí –acepté la plática y ella me sonrió.
-Es la primera persona que no intenta abalanzarse sobre mí desde el principio –ella sonrió un poco.
Apreté los puños.
-¿Qué haces aquí? –solté de pronto, sorprendiéndole- ¿Por qué no te buscas otro tipo de trabajo? No se ve que te guste trabajar aquí.
Ella me miró, sorprendida por mi pregunta.
-No sé hacer nada. No fui a la escuela, no sé leer ni escribir, tan sólo las denominaciones de los billetes, sé contar, puedo escribir mi nombre.
Me sorprendió sobremanera el saber que había gente que no sabía leer ni escribir en nuestros tiempos.
-¿Está bien para ti vender entonces tu cuerpo? ¿No te da miedo? ¿O asco, o repulsión?
-Ya estoy acostumbrada –me sonrió, aunque debajo de esa fachada podía casi palpar su dolor.
Cerré los ojos. ¿Por qué alguien que bien podría ser mi hija, había vivido esa vida tan cruel a tan corta edad?
Sin embargo, di un respingo cuando ella intentó desabrochar la bragueta de mi pantalón.
-Lo siento, yo de verdad no vine aquí para eso –sudé una gotita y ella me miró de forma dolida-. No es que no me parezcas atractiva, pero…
Ella sonrió y se sentó a horcajadas sobre mis piernas y puso mi mano izquierda sobre su pierna derecha, para que acariciara la piel desnuda, ya que llevaba una pequeña falda.
La sangre se me subió a la cabeza, pero la alejé sutilmente de mí y me levanté de mi asiento.
-Lo siento, no quiero ser grosero con usted, pagaré sus servicios, pero no los requeriré.
Saqué mi cartera y le tendí el dinero suficiente; después me encaminé a la salida.
-¿Así que sí fueron ciertas mis sospechas? –Wada rio un poco al mirarme salir de la sala en el privado en el que nos encontrábamos. Venía del sanitario, a mi parecer.
Lo volteé a ver, pero él me acorraló en una pared. Era más bajito que yo, quizá por unos diez o quince centímetros; sin embargo, su presencia y la forma en como había dicho aquellas palabras, me pusieron en alerta.
-Le dije a tu acompañante que los había visto tomados de la mano.
Abrí los ojos como platos, ahora tenía sentido por qué Yamato salió despavorido del hotel.
-No pensé que te gustaran los hombres, Yagami, de haber sabido cuando estábamos en la facultad hubiera hecho algún avance contigo.
Lo intenté alejar, pero él no quitó el dedo del renglón.
-¿No estabas haciéndolo con una mujer justo hace unos instantes? –no quería que mi voz sonara nerviosa, pero no pude hacer nada para disimular.
-Soy bisexual, me gusta hacerlo con mujeres y que me lo hagan los hombres. Tú eres el número uno en mi lista de hombres, Yagami.
Lo intenté apartar, pero no quería lastimarlo ni meterme en un problema mayor.
-Tú no me interesas, Wada, lo siento.
Él se molestó con mi comentario, así que siseó con peligrosidad:
-Bien, pero quizá te parezca interesante ser destituido de tu cargo si se enteran de tu relación en la Corte Suprema de Justicia; después de todo, aunque aquí en Tokio ya se estén aceptando los matrimonios entre personas del mismo sexo, en los demás distritos y prefecturas no es bien visto.
Apreté los puños, él iba en serio.
-Sólo será un momento de diversión –acarició por encima de mi ropa mi sexo y yo intenté hacerme para atrás, pero la pared me lo impidió.
-No voy a engañar a mi pareja sólo por un momento de diversión.
Por fin pude hacerlo a un lado.
-No me importa que lo digas, no me importa que me destituyan –negué con la cabeza-. Es muy triste que yo tenga más moral que todos ustedes.
Caminé fuera del establecimiento, pero mi colega me alcanzó.
-Quizá no te importe lo que digan de ti, Yagami, pero, ¿qué dirán cuando sepan lo que sucedió contigo y él cuando estaban en el instituto?
Me quedé helado. ¿Cómo…?
Mis pensamientos fueron cortados cuando él susurró:
-Te dije que eras el número uno en mi lista, ya sabía que estabas viviendo con él, por lo que lo mandé investigar.
Apreté los puños.
-Pobrecito Yamato, viviendo con su violador.
De repente sentí como si mi alma hubiese abandonado mi cuerpo.
-¿Cómo quieres que salga mañana la noticia en primera plana? ¿Magistrado del Tribunal Superior de Hiroshima violó a su actual pareja del mismo sexo cuando estaban en el instituto y ahora lo obliga a vivir con él? ¿O quizá…?
Lo tomé de la solapa de la camisa y él sonrió.
-Si me pones una mano encima para golpearme, argumentaré que intentaste obligarme a mí también.
-¿Por qué me haces esto, Wada? –apreté los puños- ¿Por qué?
-Ya te lo dije –lo solté y él acarició mi mentón-, te deseo, Yagami.
Él colocó sus prendas en su lugar.
-Nadie se dará cuenta de nuestra ausencia. ¿Qué te parece si compras mi silencio?
Tragué saliva en seco, sintiéndome indefenso. Él caminó por la solitaria calle, esperando a que lo alcanzara. Entonces, mi cuerpo se movió en automático, siguiendo sus pasos.
