Una risa eufórica escapó de los labios de Elaine mientras agitaba las riendas de su caballo para tomar más velocidad. El viento removía su cabello y rosaba la piel de su rostro en una suave caricia. Era un día despejado de verano, el sol brillaba en lo alto del cielo y las hojas de los arboles a los lados del camino se agitaba en una suave danza a su paso.
Con cada metro que cabalgaba el olor a sal y a arena mojada se volvía más intenso, el bosque iba quedando atrás dando lugar a la playa. El mar se extendía frente a ella inmenso y magnifico, con tantos tonos de color azul que jamás había llegar a pensar que pudieran existir.
Elaine bajó del caballo mirando a su alrededor, a la distancia se alzaban Cair Paravel apuntando hacia las nubes con sus torres, adornadas con los estandartes de los Pevensie y algunas aves sobrevolaban el cielo en círculos, pero su mirada fue atraída por un caballo que se encontrar también en la playa, muy cerca del límite entre la arena y el agua, era un animal muy bello de, pelaje color ocre que bajo el sol tomaba un ligero tono dorado, con una única mancha blanca en la cabeza.
Comenzó a caminar, buscando al jinete del caballo, pero no parecía haber nadie cerca de ahí, la playa se encontraba por completo desierta, sin embargo, de pronto percibió en el límite de su campo de visión, una figura que iba aumentando de tamaño y cuando giró el rostro para ver de qué se trataba, al fin lo encontró.
Una sonrisa incontrolable se dibujó en su rostro y sin detenerse a pensar se apresuró a alcanzarlo. No recordaba de donde venía, qué hacia ahí o porqué, de echo ni siquiera recordaba que día era, pero tampoco era como si le importara demasiado.
—¡Peter! —exhaló rodeándolo con sus manos, recargó la barbilla sobre su hombro y cerró los ojos con fuerza, tratando de aferrarse a él. Sentí como si hubiera pasado una eternidad separados, alejada del calor de su cuerpo, de su voz siempre tan solemne, capaz de hacerla olvidar del resto del mundo, y de la risa que en ese momento salía de sus labios y vibraba en su pecho, junto al suyo.
—Pensé que no vendrías —dijo el chico, colocando una mano sobre la cintura de Elaine, atrayéndola un poco más hacia él.
Ella negó, aún con el rostro ocultó entre su cuello. No sabía que decir, —¿Hay alguna razón en especial para que estemos aquí? —dijo al fin, alzando su rostro
El chico se encogió de hombros. Sus ojos, grises por la intensa luz de la tarde inspeccionaron su rostro ante de hablar. —Sólo quería verte —Admitió, acariciando su mejilla con la mano que tenía libre.
Y aunque pareciera imposible la sonrisa de Elaine se amplió aún más. —En ese caso —dijo separándose de él y tomando sus manos entre las suya —. Tengo una idea, ¡vamos!
Caminó hacia atrás, tirando de él en dirección hacia el mar. Peter frunció el ceño, sin embargo, no dijo nada hasta que el agua comenzó a salpicar sus zapatos y su ropa.—¿Qué estás haciendo? —preguntó, tratando de resistirse.
Elaine resopló divertida, sabía que en realidad Peter sólo fingía, él era por mucho más fuerte y pesado que ella, bastaba con que hiciera un poco de esfuerzo para detenerla.
—Sera divertido —afirmó ella. El agua era refrescante y pronto comenzó salpicar a cubrir sus pantorrillas. Cuando el nivel del mar llegó hasta la altura de sus rodillas Elaine hizo una mueca triunfante, pero él también tenía un gesto de triunfo que la hizo dudar. Antes de que pudiera reaccionar Peter jaló de ella hacia atrás en el mismo instante en que una ola chocaba contra ellos, la fuerza del agua los derribó y ambos cayeron entre un remolino de agua y tela.
Por un segundo Elaine perdió el control de su cuerpo, la ola la arrastró hasta la playa, su vestido se extendía en todas direcciones y su cabello había quedado revuelto, el agua se incluso se había metido hasta sus oídos, dejando sorda por unos vagos segundos.
Cuando el mundo parecía volver a estar en orden vio a Peter, unos metros alejada de ella, tratando de ponerse de pie entre risas, al mirarla aun en el piso extendió una mano para ayudarla a ponerse de pie y Elaine bufó negando con la cabeza, tratando de contener la sonrisa que amenazaba con delatarla.
Peter puso los ojos en blanco y ella terminó por aceptar su ayuda—. Mira lo que provocante. Estoy echa un desastre — se quejó bajando la mirada hacia su vestido.
—Eras tú la que quería meterse al mar —le recordó él, tomando el mecho de cabello que cubría gran parte de su cara.
Estaban tan cerca, pensó Elaine observando sus ojos, de ese azul claro que tanto le gustaba, miró la línea de su mentón, su piel cubierta por una ligera capa de agua, su boca, separada únicamente de la de ella por un par de centímetros… y de forma automática sus labios se abrieron esperando los de él.
La mirada de Peter se suavizo antes de besarla. Sus labios se movían entorno a los de ella, explorándolos, jugando con ellos, al principio temerosos como un niño pequeño ante algo desconocido, pero con cada segundo se volvían más osados, ansiosos por descubrir los secretos que ocultaba.
Elaine enredó sus manos sobre sus cabellos mojados, percibía algo cálido creciendo en su pecho, algo que no había experimentado en mucho tiempo y que había descubierto que sólo él podía hacerla sentir. Un sentimiento del que había tenido miedo por mucho tiempo, pero del que ahora estaba segura que no quería dejar ir.
Cuando el aliento comenzó a faltarse y no tuvieron otra opción más que separarse, Elaine sintió que le arrebataban algo de su interior. Recargó su cabeza sobre su pecho, aun con la respiración agitada. —Te amo— susurró ella. Él debía de saberlo, no sabía por qué nunca se lo había dicho. Recordaba habérselo declarado en una carta, pero parecía ser la carta de un sueño, tal vez de otra vida.
Los brazos de Peter la rodearon y la sostuvieron. No supo cuando tiempo estuvieron así, juntos, sin importar otra cosa en el mundo, pero aunque hubiese sido durante toda una vida sintió que no era suficiente.
—No fue tan difícil, Peter —dijo alguien a su espalda, interrumpiendo el momento.
Elaine frunció el ceño y se apartó de Peter. Giró su rostro con demasiada lentitud, temerosa de lo que encontraría. Toda la calma que había sentido se había evaporado más rápido que un suspiro, ahora el vacio se había instalado en su pecho y comenzaba a extenderse.
Susan estaba de pie detrás de ella, el agua la cubría hasta la cintura y hacía que los pliegues de tela de su vestido flotaran como si cientos de peces nadaran a su alrededor. Elaine abrió la boca sorprendida y los labios de Susan se curvearon en un movimiento casi imperceptible cuando sus ojos se encontraron con los de ella.
—Hiciste un buen trabajo —exclamó Edmund.
En menos de un parpadeó Susan se había desvanecido y su hermano había tomado su lugar.
—¿Edmund? —susurró confundida. ¿Qué estaba sucediendo? Sus ojos se movieron de un lado a otro buscando a Susan. La costa había desaparecido, ahora el mar los rodeaba, sombrío y agitado. El cielo había oscurecido, adornado con nubes negras que amenazaban con dejar caer una tormenta sobre ellos.
Su corazón comenzó a latir sin control, aterrador por lo que estaba por venir.—¿Qué es esto? — Jadeó
—Lo siento —dijo Peter atrayendo de nuevo su atención hacía él y Elaine descubrió con una sonrisa divertida en su rostro.
Elaine se apoyó en su pecho y lo empujó tratando de alejarlo, pero las manos de Peter se cerraron con fuerza en torno a sus muñecas. Entonces lo comprendió todo—. No — exclamó desalentada, el peso del mundo había caído sobre sus hombros, aplastándola hasta hacerla pequeña.
El mar cada vez estaba enfurecido, las olas se agitaban a su alrededor embravecidas. Intento huir, pero Peter no se lo permitía, permanecía estático, aun con ese gesto burlón tallado en su rostros, como si se hubiera convertido en piedra.
Grandes olas comenzaron a tragarse el cielo, las nubes, al mundo entero. Horrorizaba, Elaine, vio una enorme ola que se dirigía a ellos, para sumergirlos junto con el resto del mundo en la oscuridad, tomó aire y lanzoóuna última mirada de pesar a Peter antes de sentir el impacto de la ola.
Con la respiración agitada, Elaine despertó, tratando de tomar el aire que aun sentí le faltaba, pero, ¿En realidad había despertado? Todo estaba en completa oscuridad y ni siquiera era capaz de mirar lo que había a unos cuantos centímetros de ella.
Con el cuerpo adolorido levantó sus manos sus ojos, sintió sus laragas pestañas y las lágrimas que habían humedecido sus mejillas.
La sensación angustia se había instalado en su pecho durante todo el tiempo que llevaba en ese lugar, pero en ese momento, más que en cualquier otro, se sentía verdaderamente atemorizada. ¿Y si no había sido un sueño? si en realidad se encontraba en las profundidades del mar, donde no llegaba ni un rayo de luz, donde todo era frío y sombrío
No sabía cuánto tiempo llevaba en ese lugar, pero no se sentía capaz de soportarlo por mucho más. Cada sueño siempre era igual, termina con Peter llevándola a ahí, a la oscuridad, incluso había llegado a preguntarse si solo eran sueños y no visiones, un recuerdo que solo cuando dormia era capaz de recordar.
—Achlys te lo advirtió y no quisiste escucharla —susurró a su oído una voz suave, proveniente de la oscuridad. —No es contra quien debías luchar, ella no es el enemigo.
Elaine brincó sorprendida por su repentina presencia y sin pensarlo se llevó las manos hasta sus oídos. No quería volver a escuchara esa voz que solía aparecer cuando más miedo sentía, esa voz que de pronto había surgido de la nada y cada vez aparecía con más frecuencia, con el único propósito de torturarla.
—Todo estará bien —balbuceó Elaine, para darse valor—. Nada de esto es real.
Era difícil saber si se trataba de una mujer o un hombre el que hablaba, incluso parecía ser la de un niño. Era la voz de todos y de nadie a la vez.
—Te advirtieron que no confiaras en los Pevensie —siguió hablando la voz. Elaine presionó con más fuerza sus orejas tratando de silencia, pero ésta no disminuía, era como si hablara desde el interior de su cabeza —. Preferiste no escuchar, ahora mira donde estas gracias a ellos.
—No —murmuró desesperada. Quería que se detuviera, la primera vez que la había escuchado había logrado controlarla, pero cada vez su fuerza iba disminuyendo y sentía como poco a poco iba cediendo ante sus palabras.
—De verdad creíste que te aceptarían sin esperar nada a cambio, qué ellos no sabía nada de ti. — se burló la voz —Pensaste que el sumo monarca se había enamorado de ti, que los Pevensie eran tus amigos.
—Basta —gimió tratando de callarla. Sus manos presionaron aun con más fuerza sus oídos, sin embargo, la voz fue haciendo más potente, impidiéndole pensar con claridad.
—Qué estúpida fuiste
Elaine dejó escapar un gritó de angustia que desgarró su garganta y pareció llevarse las escasas fuerzas que aún conservaba su cuerpo, pero esta vez había hecho que la vozse desvaneciera.
Repentina calma que había dejado su desaparición fue interrumpida un chirrido estridente que se escuchó en la oscuridad. En el tiempo que había pasado ahí había escuchado algunas veces ese sonido antes de que un pequeño punto de luz, el único que había visto en todo ese tiempo, apareciera por unos instantes dejando un plato con pan y un vaso de agua junto en el piso junto a la puerta. Pero el chirrido que acaba de escuchar era más intenso.
En medio de la oscuridad, Elaine se puso de pie antes de que la puerta se abriera por fin. Una luz intensa se filtró en el cuarto de piedra e inevitablemente tuvo que cubrirse los ojos con sus manos, había permanecido tanto tiempo en la oscuridad que incluso la leve luz que producía la antorcha del pasillo lastimaba su vista como si estuviera mirando directamente hacia el sol.
Elaine dio un paso hacia delante. En el umbral de la puerta había una silueta masculina y conforme su vista se fue acostumbrándose, ésta tomó forma.
—Jeremy —dijo en un susurró, aliviada. Era su mejor amigo, jamás le haría daño, estaba segura de que la ayudaría, podía confiar en él. Dio un paso hacia adelante, pero cuando Jeremy camino en su dirección se detuvo de golpe, temerosa de su presencia. ¿Si ese era otro juego de su mente, otro sueño que pronto se convertiría en una pesadilla?
—Tranquila—trató de calmarla él, manteniendo una distancia prudente entre ellos. El rostro de Jeremy tenía claros signos de fatiga tallados en la piel y sus ojos la miraban cansados, como si hueran vivido toda una vida en tan poco tiempo.
—¿De verdad eres tú? —preguntó ella.
Jeremy frunció el ceño —Por supuesto que soy yo
Elaine entrecerró los ojos y tomó aire. —Yo… — comenzó a decir, tratando de recordar. Varias imágenes vagaran por su mente, Achlys sosteniendo un reloj en esa misma habitación, Jeremy y ella vestidos con extrañas ropas en un lugar tan diferente a Narnia, Peter besándola, sus manos recorriendo su cuerpo, una ninfa flotando como el aire a la orilla de un río, Cair Paravel cubierto de nieve tan blanca como el mármol de sus paredes y de nuevo Peter, burlándose de ella, llevándola a la oscuridad —¿Cuánto tiempo he estado aquí? —preguntó abriendo los ojos de golpe.
—Cinco días —Jeremy guardo silencio, pensativo—. Casi seis.
Ella asintió asimilando la idea, había perdido seis días de su vida pero en la oscuridad sentía que se había consumido la mitad de su vida.
—He estado intentando venir pero no había podido hacerlo — se apresuró a contarle Jeremy antes de que ella pudiera sacar sus propias conclusiones—. No se le permitía a nadie acercase a esta zona de los túneles sin permiso.
Elaine negó con la cabeza. — ¿Qué ha sucedido en este tiempo? —con cada palabra que decía inconscientemente se acercaba un poco más a él.
—Hace cuatro días Achlys lanzó un ataque contra simultaneo contra Beruna y el prado danzarín. Después de eso envió un ave a Cair Paravel pidiendo la rendición de los Pevensie, pero ellos se negaron. Hace dos días se hizo oficial la guerra, los dos ejércitos se han puesto en movientes y pronto habrá una batalla—dijo él—. Nadie se fija demasiado en mí en las últimas horas, todo el mundo está demasiado ocupado, es por eso que apenas hoy pude venir a verte.
Elaine asintió cuando Jeremy dejó de hablar. No podía creer lo que estaba escuchando, estaban en guerra. "Y todo es por los Pevensie" pensó repentinamente, convencida por completo de esa idea. Por eso la habían encerrado en ese lugar, para que no pudiera ayudar a Achlys. El miedo que había sentido empezó a transformarse en odio, quería que pagaran por haberla dejado en esa oscuridad, por haberla engañado.
—Tengo que salir de aquí —dijo ella, convencida, e intentando esquivar a Jeremy para dirigirse a la puerta.
—No —se apresuró a decir Jeremy, alzando una mano a la altura del estómago de su amiga al momento que ella paso a su lado. Elaine chocó contra ella y le lanzó una mirada llena de veneno.
—Déjame salir, Jeremy
—Aun no —alegó él—. Sí sales ahora será un error, te volverán a encontrar y ya no podré hacer nada para sacarte ayudarte a escapar.
—No puedo permanecer más tiempo aquí —se quejó. Jeremy le sacaba casi quince centímetros de altura y tuvo que alzar el rostro para poder mirarlo a los ojos—¡Estoy enloqueciendo!
— ¡Tú también estas con ellos, tú los ayudaste para que me encerraran! —lo acusó Elaine
—¿Qué? —Jeremy parecía tan sorprendido por el giro de las cosas— ¡No!, por supuesto que no.
—Entonces por qué lo haces —Elaine se puso frente a él, retándolo.
—¡Porque me preocupo por ti! Como crees que me sentiría si te ocurriera algo. — Jeremy bufó exasperado ante la visión sorprendida de su amiga y dudosa apartó su mirada de ella antes de besarla.
El aire escapó de sus labios al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo. Jeremy, su mejor amigo, la estaba besando. ¿Cómo se suponía que debía reaccionar? Lo quería, eso era innegable, pero de qué manera lo quería, podía ser acaso que lo que sentía por él era más que el simple amor que se tiene por lo amigos. Ya lo había pensado antes, pero no fue hasta ese momento que le idea le parecía tan real, tan sólida.
Sus labios comenzaron a responder a los de Jeremy, y él al verse correspondido poso sus manos sobre su cintura. Elaine cerró sus ojos y se concentró en disfrutar de esa sensación que le producía el beso. Ambos sentían la adrenalina en sus venas, era algo inesperado, algo prohibido.
Elaine apoyo sus manos sobre los hombros de su amigo, pero de pronto las imagen que apareció ante sus ojos cerrados no fue la de Jeremy, era otro hombre, era Peter, quien la había traicionado y sin embargo su corazón se agitaba con el simple echo de pensar en él, no en Jeremy, solamente en Peter.
Elaine abrió los ojos y se apartó con un movimiento brusco de Jeremy.
—Lo siento —se disculpó él, con su rostro aún muy cerca del de ella.
—Esto… —intentó hablar Elaine, pero qué podía decir, ¿Qué no le podía corresponder porque aun sentía algo por la persona que los había traicionado? No, no podía hacerle eso
Su amigo parecía tan desorientado como ella. Le dio la espalda sin decir nada y comenzó a caminar a grandes zancadas hacia la puerta. Elaine lo miraba sin saber qué hacer, estaba anonadada por lo que acababa de suceder. —Jeremy —lo llamó pero su voz sonó pesada, él ya estaba cerca de la puerta, se apresuró a aclárese la garganta antes de volver a hablar. —No te vayas.
Jeremy se detuvo en el umbral de la puerta. —Pronto saldrás, lo prometo —dijo sin girarse a verla antes de cerrar la puerta.
Elaine suspiró derrotada de nuevo en medio de la oscuridad.
Por varias horas estuvo esperando que la puerta volviera abrirse, espera que en cualquier momento Jeremy volviera a aparecer ante ella. Pero cuando la puerta volvía a abrirse no era su amigo el que estaba detrás de la puerta, de echo ni siquiera era humano. Un joven fauno, casi un niño, apareció en la entrada. —Mi lady — la saludó con una reverencia.
"No soy ninguna dama, no soy de la realeza" pensó pero no dijo nada. —Ser Jeremy me han ordenado que le entregue esto —dijo el fauno ofreciéndole un pergamino y un pequeño puñal. Elaine tomó el pergamino y lo extendió, se trataba de un mapa detallado de los túneles de la fortaleza. —También me ha dicho que salga de aquí sin dudarlo, no lo espere, ni lo busqué, él la encontrara después.
—Gracias —respondió ella, "pero no me iré sin él" pensó mientras tomaba el puñal.
El fauno hizo una reverencia más y se apresuró a marcharse. Elaine camino tras él y cuando salió de la habitación se sintió liberada. —Tienes que ser valiente —se susurró a si misma, sosteniendo con fuerza el puñal entre su manos. Resopló y comenzó a avanzar por el túnel, preparada para enfrentar lo que fuera que la estuviera esperándola.
Hola!
Aquí el nuevo capítulo, y con doble beso por que acaba de pasar san valentín jaja… ok no, solo coincidieron las fechas. Bien, admitiré que a mí me gustó mucho escribir este capítulo, me desestreso bastante hacerlo y el resultado final también lo ame, Sí, en definitivo estoy muy satisfecha con él.
Dato curioso de este capítulo: Mientras estaba escribiendo sonaron dos canciones en mi biblioteca de música que siento que le quedaron como anillo al dedo al capítulo, una de Muse que hasta hizo que se me ocurriera otra historia T.T y una del grupo Hurs que realmente es por completo perfecta para este capítulo y el resto de la historia , es como si fuera escrita para la historia, la canción Hurs se llama Help por si la quieren escuchar y la otra ammm pues no es tan perfecta por eso no la doy jejeje
Ya casi llega el final de la historia! Me muero de ansían por escribir el próximo capítulo, espero que al final más de uno de ustedes cof termino odiándome y con ganas de matarme cof se quede sorprendido.
Nos vemos en el próximo capitulo…
P.D 1. En el próximo capítulo ya tendremos al Peter real!
P.D 2. Atrasado por dos días pero, ¡Feliz 14 de febrero!
