MANSIÓN MALFOY
Hermione se fue a su habitación y decidió que era una buena oportunidad para estrenar la enorme bañera. Accionó los grifos y dejó que se fuese llenando, mientras ella elegía unas sales que le gustasen, y no fue fácil, ya que había mucho dónde elegir. Al final eligió unas de madreselva, junto con un gel de jazmines, lo único que no cambió fue su champú con extracto de flores silvestres, que era su favorito.
Mientras la bañera se terminaba de llenar, fue al armario y miró entre su ropa, no sabía qué ponerse, quería estar hermosa para Draco, pero la verdad, no había incluido nada que valiese la pena. Entonces pensó en la falda del día anterior y en la forma en la que el rubio la había mirado, la sacó del armario y luego miró entre los jerséis y camisetas, pero no encontró nada que le gustase. De pronto pensó en el vestido que había llevado a la boda de Bill, recordaba que no lo había sacado del bolsito, ya que en realidad había estado hablando con Harry, su intención había sido que Ginny se quedase a solas con Ron para que hablase con él.
Rebuscó entre las cosas que había metido en el bolso, con el tacto reconoció los libros, los informes del Ministerio y la mayoría de las cosas que habían llevado en su búsqueda de los Horrocruxes. Hermione dio gracias al cielo por haber sacado la pesada tienda de campaña de Bill, la verdad era un estorbo, por fin dio con lo que buscaba, el vestido de la boda. Pensó que si lo retocaba con la varita quedaría perfecto.
Volvió al cuarto de baño y comprobó que el baño ya estaba listo. Se desvistió y se sumergió en el agua caliente y perfumada. Disfrutó del baño. Hacía mucho tiempo que no se dedicaba ni un minuto para sí misma. Se relajó, dejando que sus músculos soltasen toda la tensión acumulada e intentó dejar su mente en blanco, pero no lo consiguió. Los ojos grises de Malfoy la perseguían hasta con los ojos cerrados.
¿Por qué le había preguntado por su relación con Ron? ¿Sentía algo por ella? Él, la noche anterior, le había dicho que nunca estaría con ella, que no la soportaba, que no la quería cerca de él. Pero después, esa mañana, le había pedido perdón, que de todo lo que le había dicho, nada era cierto. Hasta ella se había convencido de que él no sentía nada por ella y que tan sólo podrían ser amigos. Pero ahora ya no sabía qué pensar. Su mente trabajaba de nuevo a toda velocidad y no podía llegar a ninguna conclusión, le faltaba información y solo Draco podía dársela. Tenía que hablar con él.
Draco se metió en su habitación y se duchó a toda prisa. Quería que Blaise le leyese el pensamiento y llegase mucho antes de la hora acordada. Quería hablar con él, que lo ayudase con su lío mental. Se puso un traje negro Gucci, con una camisa gris oscuro y una corbata negra. Siempre le gustaba vestir bien y de negro, su color favorito. Se miró en el espejo, tenía el cabello mucho más largo de lo habitual y le gustaba como le quedaba, pasó una de sus manos por el pelo y lo echó hacia atrás. Salió hacia el salón y se encontró a Sammy.
—¿Quiere tomar algo el amo?
—No creo que mi estómago pueda aguantar más whisky de fuego en una buena temporada.
—Tal vez al amo le guste el Vino de Elfo.
—Sí, tal vez me sienta bien.
El elfo le sirvió el vino que resultó ser excelente. Draco miró el reloj, eran las ocho y cuarto, quería que Blaise llegase pronto. De repente el ascensor anunció su llegada y Blaise Zabini entró en el apartamento.
—¿Me has leído el pensamiento, Blaise?
—Pensé que como en la nota decías que querías hablar conmigo, que lo querrías hacer en privado, ¿me equivoco?
Draco fue hacia el aparador de las bebidas y le dijo a su amigo:
—¿Te apetece algo de beber?
—Un whisky de fuego no estaría mal.
Cuando el rubio le entregó el vaso a su amigo se dirigieron hacia la terraza.
—Creo que aquí tendremos más privacidad.
—¿Y bien, qué querías decirme?— le dijo el moreno apoyándose en la balaustrada de la terraza despreocupadamente.
—Tengo que decírselo, Blaise.
—¿Estás totalmente seguro de eso?— dijo él incorporándose un poco.
—No quiero perderla ¿Sabes que esta noche ha tenido una pesadilla?
—¿Qué ha pasado?
—Ha soñado conmigo y con el incidente del parque. Soñaba que yo lo miraba todo sin ayudarla.
—¿Te lo ha contado ella?
—No, pero estaba hablando en sueños y se le entendía todo ¿Sabes que es lo que he sentido cuando ella estaba retorciéndose y llorando?— Blaise negó con la cabeza— Asco. Me he dado asco a mí mismo por haberle hecho tanto daño. La tenías que haber visto temblar de miedo.
—¿No te da miedo lo que piense la gente?
—Me trae sin cuidado lo que puedan pensar —dijo Draco haciendo un ademán con la mano— Es mi vida, nadie tiene derecho a manipularme.
—¿Tu padre lo sabe?
—¿Te crees que soy tonto? Ya habrá tiempo para contárselo.
—Te va a matar
—No lo creo, soy su único hijo.— le dijo el rubio riendo.
—¿Sabes de lo que me he enterado?
—De algún cotilleo, seguro.
—Tu padre te ha estado buscando esposa.
—¿Qué? ¿Te lo ha dicho tu madre?
—En efecto. Estuvo hablando con sus amigas ¿No quieres saber quién es?
—Me da igual. — dijo Draco caminando hacia la balaustrada.— No me voy a casar con ella.
—Es Astória Greengrass
—¿Greengrass?
—Es la hermana pequeña de Dafne Greengrass, la que viene a nuestro curso. Es dos años menor que nosotros, la debes de haber visto alguna vez. Su madre está entusiasmada con el futuro compromiso.
—Se van a llevar una decepción.
—Draco, antes de decirle nada a Granger habla con tu padre. Haz las cosas bien, te lo digo por experiencia, no seas impulsivo.
—Hablas como si alguna vez te hubieses visto en la misma situación.
—Más o menos, pero ella era una Sangre Limpia.
—¿Quién?
—Pansy Parkinson.
—¡Por Merlín! Esta te la tenías bien callada amigo.
—Sí… ya. No es que no me guste hablar de ello, pero me trae malos recuerdos, que preferiría no recordar.
—Si no quieres hablar de ello no importa.
—No te preocupes. Nuestros padres querían que nosotros nos casásemos algún día, pero ella se encaprichó contigo y rompió el compromiso, pensando que vosotros acabaríais juntos.
—A ti te gusta Pansy ¿no?
—Siempre me ha gustado. Es diferente a las demás. Puede parecer una tonta, pero es mucho más astuta de lo que parece.
—Lo siento Blaise, si yo hubiese sabido algo de todo esto no me habría liado con ella, no le hubiera dado falsas esperanzas, sabes que no la aguanto.
—Lo sé. Se lo he intentado decir un montón de veces, pero ya sabes como es, cabezota como la que más.
—Todo puede cambiar. Blaise.
—¿Vas a hablar con tu padre?— le dijo su amigo cambiando de tema.
—Seguramente sí que lo voy a hacer, pero nada de lo que me diga me va a hacer cambiar de opinión.
—¿Sabe algo tu madre?
—No, pero creo que sospecha algo.
—¿Qué te dijo?
—Nada, solo me dijo que hiciese lo que me dijese el corazón.
—Tu madre es muy buena y te quiere muchísimo.
—También ella me comentó sobre el matrimonio de conveniencia y me dijo que no quería algo así para mí, en pocas palabras, que tenía que elegir yo.
—Tener a tu madre de tu parte te ayudará a convencer a tu padre.
—Supongo que sí. — Draco se quedó pensativo un momento— Entonces, ¿crees que tengo que esperar a decírselo?
—Haz lo que creas más correcto. Nadie mejor que tú para saber como se lo tomará tu padre. Es tu decisión.
Draco pensó que tal Blaise tenía razón, no quería disgustar a su padre en esos momentos difíciles, pero al mismo tiempo tenía miedo de perder la oportunidad de recuperar a Hermione.
—Sé lo que voy a hacer con mi padre. Se lo diré, pero solo le diré una media verdad, solo lo suficiente para que se le quite la idea del matrimonio concertado de la cabeza.
—¿Y Granger?
—Esperaré hasta el sábado por la noche, hasta que yo haya hablado con mis padres.
De repente, unos golpes en el cristal de la puerta de la terraza los sobresaltaron. Cuando Draco se giró para ver qué era el ruido se quedó pasmado. Ante las puertas de la terraza estaba Hermione, pero no parecía la misma. Blaise pasó por su lado, en dirección al salón y le dijo:
—Draco, me parece que vas a tener una noche movidita— y entró en el ático. Cogió la mano de la castaña y se la llevó a los labios— Creo que te debo una disculpa, me he comportado como un…
—Cabrón.— lo interrumpió ella con una sonrisa en los labios.— Disculpas aceptadas Zabini, pero te lo advierto, espero que te comportes.
—Ya, ya lo sé. No quiero acabar en San Mungo, tranquila.
Draco se había quedado en la terraza, incapaz de moverse del sitio. Lo que habían visto sus ojos lo había dejado pasmado. Hermione Granger lo tenía loco. Su mirada la había recorrido de arriba abajo sin dar crédito a lo que sus ojos veían. Llevaba un vaporoso vestido color lila que le llegaba a medio muslo, el pelo recogido en u moño alto desenfadado y completaba la imagen unos zapatos negros de tacón. Ese vestido, que daba rienda suelta a la imaginación de Draco, era una tortura para él, y tuvo que reconocer que era la chica más guapa que conocía, ni la Weasley ni ninguna otra podían compararse a ella.
Nunca la había visto bien vestida, exceptuando el baile de Navidad, pero había estado tan agobiado con Pansy, que apenas había reparado en ella. De pronto, Draco reaccionó al ver a Blaise flirteando con Hermione. Entró en el ático y fue al lado de ella.
—Estás muy hermosa, Granger. Pensé que no tenías nada qué ponerte.— Draco cogió la mano que tenía Blaise entre las suyas y se la llevó a los labios, como un buen caballero.
Hermione se ruborizó de pies a cabeza, bajó la mirada y se quedó absorta mirando como sus manos estaban entrelazadas en las de Draco.
—¿De verdad te gusta? En realidad era un vestido largo de noche, pero le he hecho unos retoques con la varita.
—Estás genial, Hermione.
La castaña se estremeció al oír su nombre salir de los labios de Draco, nunca se acostumbraría a oírselo decir.
—Bueno, como dijiste que teníamos que celebrar algo.
—Pero es que no celebramos nada.— dijo Draco.
—Podemos celebrar que no estoy en San Mungo — intervino Blaise, y los tres se echaron a reír.
La cena fue perfecta, los tres empezaron a hablar de las clases de pociones y de los desastres que causaba Neville.
—¿Os acordáis del día en que el caldero de Longbottom empezó a saltar de mesa en mesa y lo dejó todo hecho un asco?— dijo Draco.
—Sí, no me escuchó bien lo que le decía y en lugar de echar raíz de sicómoro, puso raíz de arbusto nervioso. Ese día pensé que el profesor Snape lo maldecía de verdad.
—El pobre Longbottom, se quedó blanco como la cal y empezó a sudar. Cuando Snape le dijo que estaría castigado tres semanas, parecía que había sido él el que se había tomado esa raíz.
—No tenemos que reírnos de Neville, es un gran mago y de los más valientes. Pocos se habrían atrevido a matar a la serpiente de Voldemort ante sus propias narices. — lo defendió Hermione.
Los dos Slytherin se quedaron callados un momento, pensando en lo que la castaña les acababa de decir.
–Hay que reconocer que Longbottom tiene agallas. —dijo de pronto Draco.
—Sí, a mí me hubiera gustado estar allí para verlo, seguro que fue impresionante. — dijo Blaise.
Cuando terminaron de cenar, Draco sugirió tomar algo en la terraza. Blaise se tomó una copa y enseguida dio una excusa para largarse y dejarlos solos.
—Me parece que me tengo que marchar, mañana tengo una reunión con los abogados de mi madre y voy a tener que levantarme temprano, así que ha sido un placer cenar con vosotros.
—Te acompaño hasta el ascensor.— le dijo Draco.
Los dos amigos se encaminaron hacia el vestíbulo, Draco llamó al ascensor.
—No hagas ninguna tontería, amigo.— le advirtió Blaise al rubio.
—Descuida, me voy a portar como un auténtico caballero.
Cuando Draco volvió a la terraza se encontró con que Hermione estaba apoyada en la balaustrada, observando la cuidad toda iluminada. Estaba hermosa bajo el resplandor de las luces de las calles y los coches. Los mechones que se le habían escapado del peinado, ondulaban bajo una suave brisa de verano. Se acercó a ella sigilosamente y le susurró al oído, desde su espalda:
—¿En qué estás pensando, Granger?
Hermione se sobresaltó, no se esperaba que Draco se acercase tanto a ella y un estremecimiento recorrió todo su cuerpo.
—Estaba pensando en las cosas que me han salido mal durante estas semanas. Mi vida es un desastre. Nada me sale como yo quiero y lo que anhelo no lo puedo conseguir. La vida puede ser muy injusta.
—Yo también pensé esto mismo, hasta hace unos días. Hay una cosa que quiero y la voy a conseguir, cueste lo que cueste.
—¿Tu inocencia?— preguntó Hermione, sabedora de que él no se refería a eso.
—A parte de eso.— sonrió Draco, acariciando el hombro de la castaña.
—¿Qué es lo que quieres?— le preguntó Hermione, conteniendo el aliento al sentir el tibio contacto de la mano del rubio.
Draco se inclinó un poco más hacia el oído de ella e inhaló el perfume de flores silvestres que tanto le gustaba.
—Lo sabrás a su debido momento, Granger.— hubo una pausa y Draco se colocó al lado de Hermione para contemplar junto a ella la cuidad.
—¿Vas a volver a Hogwarts?
—Depende de sí consigo lo que quiero o no.
—Yo sí voy a regresar. Quiero sacarme mis EXTASIS y seguir con mi formación. Tal vez me meta en el Departamento de Control y Regulación de Criaturas Mágicas, para mejorar las condiciones de vida y laborales de los elfos domésticos o también en el Departamento de la Aplicación de la Ley Mágica. Creo que Charles me aceptaría como su ayudante, se me dan bien las leyes.
—Estoy seguro que llegarás muy lejos, elijas lo que elijas.— Draco se acercó un poco más a la castaña — ¿Te he dicho que esta noche estás muy hermosa?
—Sí.— Hermione lo miró nerviosa, estaba segura que él la besaría y no quería saber qué pasaría después, las cosas se podían descontrolar fácilmente. — ¿Qué hora es? Debe de ser ya muy tarde.
—Creo que son las doce y media— le dijo él sonriendo— ¿Estás cansada?
—Un poco. Además, mañana tengo que escribir el alegato final y quiero estar descansada, quiero hacerlo bien.
—Ve a descansar entonces.—Diciendo esto, Draco la cogió de la mano y se la llevó a los labios, primero besó el dorso y luego la palma y la muñeca.
Hermione se quedó hipnotizada viendo como el Slytherin le besaba la mano, eran besos tiernos y cálidos, como si quisiera decirle algo sin tener que decírselo. Sus miradas se encontraron y una corriente eléctrica recorrió los cuerpos de ambos.
Hermione se acercó a Draco instintivamente, su subconsciente le decía que quería que él la besara por todo su cuerpo, que la acariciase hasta la embriaguez, pero ella se dijo que era una locura, un deseo imposible, solo eran amigos, de eso se había intentado convencer todo el tiempo, pero ahora que lo tenía tan cerca, ya no estaba tan segura.
Draco estaba luchando consigo mismo por no abalanzarse sobre ella y besarla hasta que se derritiese entre sus brazos, tuvo que controlarse, tenerla tan cerca y no poder tocarla era una tortura. Vio como ella se le acercaba con sus ojos clavados en los suyos, pero tenía que ser realista, si la besaba ahora, no sabía como podían acabar y tal vez eso sería el fin de una posible relación, tenía que controlarse y dejarla marchar.
—Buenas noches, Hermione.
La castaña tuvo que esforzarse por hacer obedecer a su cuerpo, para que hiciese lo correcto y se diese la vuelta para encaminarse hacia su habitación. Quería gritar de frustración, pero era lo correcto. Una vez allí se desvistió, se puso el pijama y se metió en la cama sabiendo que le sería difícil conciliar el sueño.
Draco esperó un rato, para dar tiempo a Hermione a que se durmiese. Se terminó la copa, tomándose su tiempo, y se dirigió a su habitación. Al pararse delante de su puerta se giró para contemplar la de la castaña, no se escuchaba ningún ruido. Se desvistió y se metió en la cama, no se preocupó de ponerse nada encima, ya que hacía un poco de calor y se metió en la cama con la ropa interior.
Le costó varias horas conciliar el sueño pensando que le diría su padre a la mañana siguiente. A las siete y media se despertó y se vistió a toda prisa, quería llegar temprano a la Mansión Malfoy. Cuando entró en el salón, Hermione ya estaba desayunando.
—Buenos días, Granger, veo que te has levantado muy pronto.
—Es que no he dormido muy bien y a las siete ya estaba cansada de dar vueltas en la cama. Creo que son los nervios del juicio.
Draco se sentó al lado de ella y empezó a desayunar, a los pocos minutos sonó el timbre del ascensor anunciando la llegada del abogado.
—¿Muy buenos días a todos! Señorita Granger ¿está ya preparada para trabajar duro? Hoy tenemos que dejarlo todo listo.
—Me tendrá que disculpar, señor Dickinns, — intervino Draco —, pero hoy voy a tener que ausentarme toda la mañana, tengo que solucionar un asunto antes del juicio.
—Claro, señor Malfoy, no se preocupe. Granger y yo tenemos bastante trabajo antes de repasarlo todo con usted.
—Gracias, por la tarde ya estaré con ustedes.
—¿Pasa algo malo, Malfoy?
—No, no te preocupes. Es un asunto personal. Es algo relacionado con lo que te dije anoche, sobre lo que quiero conseguir, ya lo sabrás. — miró su reloj — En fin, será mejor que me marche, cuanto antes acabe con esto mejor.
Sin decir nada más, Draco cogió su chaqueta y se marchó, entró en el ascensor y salió a la calle para meterse en el callejón del edificio y desaparecerse hacia la Mansión Malfoy. Estaba nervioso cuando entró en el gran vestíbulo blanco. Un elfo doméstico lo recibió.
—¿Está mi padre en casa?— preguntó él en un tono seco.
—Sí, joven amo. El amo está en su estudio.— dijo el pequeño ser haciendo una exagerada reverencia.
—¿Y mi madre?
—En su recámara, amo.
—Gracias.
El elfo levantó la vista de golpe ante esa muestra de amabilidad por parte de uno de los Malfoy, no podía creer que el hijo de los amos le hubiese dado las gracias y se quedó mirando como Draco subía las escaleras hacia la habitación del ama.
Draco había pensado que primero hablaría con su madre y luego los dos irían a hablar con Lucius. Tocó suavemente a la puerta y al cabo de unos segundos una elfina le abrió la puerta. Era muy anciana, llevaba una funda de almohada con encaje como vestido y llevaba el blanco cabello recogido debajo de una cubre tetera. Sus largas orejas de murciélago estaban marchitas y las arrugas surcaban su bondadoso rostro dónde predominaban unos ojos azules tan grandes como pelotas de tenis.
—Buenos días, Glenda — saludó Draco —, ¿está mi madre despierta?
—Sí, joven amo. Pase, el ama se alegrará de verle.
Draco entró en la habitación y siguió a la elfina hasta la recámara de su madre. Glenda hacía muchos años que servía a su madre, estaba con ella desde mucho antes de que se casara con su padre. Era muy obediente y leal, quería a su madre, la adoraba. Entraron en un saloncito, decorado muy sencillamente. Tenía una gran chimenea y cómodos sillones, al otro lado había un secreter con una silla tallada y enfrente de la puerta había una ventana enorme que daba a los jardines.
—Ama, su hijo ha venido a visitarla.
Narcisa Malfoy estaba sentada en uno de los sillones leyendo un libro. Alzó la vista sorprendida y una sonrisa iluminó su bello rostro.
—¡Draco, hijo mío, qué sorpresa! Ven, siéntate a mi lado.— le dijo ella, señalando uno de los sillones.
Draco besó a su madre en la mejilla antes de sentarse a su lado.
—Buenos días, madre.
—¿Pasa algo, hijo? — preguntó Narcisa preocupada.
—Quería hablar contigo primero, antes de hacerlo con papá. — miró a su madre a los ojos — Tengo algo que deciros.
—Supongo que será importante.
—Para mí lo es
Narcisa cerró el libro sobre su regazo y miró a su hijo a los ojos.
—Adelante, hijo, dímelo.
—Verás, madre, he conocido a una persona muy importante para mí. Me he enamorado de ella. Lo que pasa es que ella no es como nosotros, no es de nuestro estatus. Es hija de muggles— Draco miró a su madre, quería ver la reacción de ella ante esa confesión, pero para su sorpresa,
ella estaba sonriendo. Eso desconcertó al pobre muchacho.
—Es la amiga de Potter ¿verdad?
—¿Cómo sabes que es ella?— esas palabras fueron como un jarro de agua fría para Draco.
—He estado hablando con Severus, hijo. Él me contó lo preocupado que estabas por ella cuando vino a buscarnos de Azkaban, y luego está tu pesadilla. — Narcisa cogió la mano de su hijo— Soy tu madre, Draco, y sé que la quieres. Por mí no hay inconveniente, hijo. Es hermosa, inteligente, valiente y será una Malfoy espléndida. El problema ahora es tu padre, ¿no?
—Madre, ya sabe como es él, cómo piensa. No le gustará. No le gustan los hijos de muggles. No lo va a entender.
—Tu padre va a tener que conformarse con esto.
—¡Pero si ya me ha buscado esposa! —exclamó Draco con rabia.
—Lo sé. Yo le dije que primero hablase contigo, pero no me hizo caso.
—No pienso casarme con Astória Greengrass.
—También lo sé, hijo. ¿Has venido para eso a hablar con tu padre?
—Claro. Voy a decírselo todo. ¿Me ayudarás, madre?
—Por supuesto, Draco. Vamos, tu padre debe de estar en su estudio.
—Sí, allí estaba cuando llegué.
Madre e hijo bajaron las escaleras lentamente. En aquel momento, Draco sentía miedo, temía la reacción de su padre. Lucius Malfoy era una persona muy temperamental y sus reacciones eran inesperadas. Pero tenía la confianza que siendo él su único hijo, comprendería su situación. Tenía que ser así.
Narcisa tocó a la puerta tranquilamente y la abrió sin esperar respuesta. Lucius Malfoy estaba sentado tras un escritorio de ébano enorme, con el escudo de la familia Malfoy grabado en el frente.
—Buenos días, querido. Draco ha venido de visita.
—Buenos días, padre.— la voz del rubio sonó quebrada y ronca, estaba muerto de miedo. — En realidad estoy aquí para hablar contigo.
—¿Sobre qué, Draco? — la voz arrastrada y neutra del señor Malfoy le hizo sentir un frío letal en la espina dorsal de Draco —Espero que sea importante, porque estoy muy ocupado.
—Lo es, papá. Es sobre Astoria Greengrass.
Lucius dejó lo que estaba haciendo y miró a su hijo a los ojos. Los ojos de Lucius eran iguales de intensos y profundos como los de su hijo, eran del mismo tono gris glacial que caracterizaban a la familia Malfoy. Los ojos del padre se clavaron en los del hijo y no se movieron de allí mientras le preguntaba:
—¿Qué sabes tú sobre eso, Draco?
—Sé que has estado hablando con los padres de Astória para concertar nuestro matrimonio.
—Es una buena familia, hijo.
—Pero lo has hecho sin consultarme antes, padre.— Draco tragó saliva con dificultad, ahora le tocaba ser valiente y plantarle cara — ¿Te has preguntado si yo ya conocía a alguien, papá?
—No, pero seguramente no es apropiada para ser una Malfoy. — Lucius lo taladró con su mirada — ¿Por qué tú ya tienes a alguien, no es así hijo?
—Es perfecta para ser mi esposa, padre.
—¿De Sangre Limpia? — Draco bajó la mirada, esa era la pregunta que había esperado desde un principio. Su padre no había cambiado, era el mismo de siempre. La Sangre era lo primero, pero no para él.
—Lucius, querido, ¿tan importante es la Sangre? — intervino Narcisa, en rescate de su hijo.
—Somos una de las pocas familias de Sangre Limpia que quedan en Inglaterra y hay que mantenerla tal y como está. Los Greengrass, son una familia antiquísima y están dispuestos a unir las familias.
-—Te recuerdo, Lucius, que en todas las familias hay sangre mestiza, ninguna es pura en estos tiempos. Mi hermana Andrómeda es un claro ejemplo de ello, y los Black siempre alardearon de su pureza.
Lucius miró a su hijo, una sospecha había surgido en su mente. Se acercó a Draco y lo cogió por el cuello de su camiseta.
—No te habrás atrevido a escoger una mestiza, ¿verdad?
Los ojos de Draco chispearon llenos de odio.
—Soy mayor de edad para escoger a quien quiera, padre. Ni tu ni nadie va a decirme con quién voy a casarme. — Lucius se quedó petrificado ante las palabras de su hijo, pero no lo soltó, siguió amarrándolo con fuerza de la ropa —Ya puedes decirles a los Greengrass que no hay compromiso.
—Si quieres seguir formando parte de esta familia, Draco, vas a tener que acatar mis órdenes.
—Estoy harto de obedecer tus deseos, padre. Una vez te hice caso y mi vida se convirtió en un infierno, solo por uno de tus malditos caprichos. Ahora voy a hacer lo que quiera, y si tengo que renunciar a mi apellido, ten por seguro que lo haré.
Las manos de Lucius empezaron a temblar de rabia. Draco lo desafiaba con su mirada, había perdido todo miedo hacia su padre, sabía que si se lo proponía, podía maldecirle y largarse de esa casa y no volver jamás.
Lucius miraba a su hijo sin poder creer que lo hubiese desafiado. Miró las manos sujetando a su primogénito y las vio temblar. Estaba fuera de sí. Nadie se había atrevido, en su vida, a desafiarlo de aquella manera. Levantó uno de sus brazos con el puño apretado y lo descargó con rabia sobre la cara de Draco.
El golpe lo vio venir mucho antes de que su padre alzase el brazo. Draco fue mucho más rápido que él y sacó su varita. Al mismo tiempo que su padre asestaba el golpe, él le lanzó una maldición que lo hizo volar por los aires y se estrelló contra uno de los sofás de cuero del otro extremo de la sala. El rubio caminó hacia su padre y lo contempló en el suelo casi inconsciente. De repente Lucius se levantó del suelo y apuntó a su hijo con su varita, pero en aquel momento intervino Narcisa, interponiéndose entre los dos hombres de la familia.
—Lucius, por favor, sé razonable por una vez. Es nuestro hijo, nuestra sangre. Piensa en lo que te dije una vez.— sin que se diera cuenta, Narcisa le quitó la varita a su esposo—. Los tiempos han cambiado, la sangre ya no es lo más importante. Sé que nos educaron de una manera estricta y precisa, pero hay que adaptarse a los tiempos que vienen. Intenta pensar de otra manera, Lucius, e intenta ponerte en el lugar de tu hijo. Nuestra familia necesita sangre nueva. Las familias puras estamos perdiendo nuestros poderes, cada vez nacen más squibs y vamos a perder nuestra magia. Recapacita, Lucius, puede ser beneficioso para todos. Podemos ser un claro ejemplo de prosperidad y evolución para las demás familias. Ahora que el Señor Tenebroso ya no está la sangre es lo de menos y tú más que nadie deberías saberlo.
Narcisa miró a su esposo, tenía los ojos brillantes y sus manos unidas a las de él. Al cabo de una larga pausa, Lucius habló, mirando a su hijo.
—Tienes que demostrarme que ella será digna de llevar el apellido Malfoy, sino, no te vas a casar con ella y te casarás con Astória Greengrass ¿Me has entendido, hijo?
Draco lo miró estupefacto. Eso no había querido decir un NO y estaba seguro que Hermione era capaz de convencer a su padre, que era capaz de demostrarle que era mejor que cualquier otro mago o bruja de Sangre Limpia.
—Quiero saber quién es ella.
—Lo sabrás a su debido momento, papá. Y esto no es negociable.
—Lucius, confía en tu hijo.—intervino la señora Malfoy.
—¿Tu sabes quien es ella?
—Ya verás que es perfecta. Además, es muy hermosa, lucirá divina con los diamantes de la familia.
Lucius fulminó a su esposa con la mirada, pero se giró hacia su hijo y le dijo:
—¿Hay algo más que me tengas que decir?
—No, padre. Ahora tengo que hacer un encargo. Si quieres puedo venir a comer con vosotros.
—Eso estaría muy bien, hijo. — dijo Narcisa.
—¿A la hora de siempre?
—Por supuesto.
—Bien, entonces me marcho.
Draco salió del estudio y se dirigió hacia la chimenea del vestíbulo, cogió polvos Flu y se metió entre las llamas esmeralda.
—¡Caldero Chorreante!
