Barty Crouch jr.

Estaba enamorado.

No podía describirlo de otra forma. Estaba irremediablemente enamorado de Glenda Hooper desde primer curso.

Cada vez que la veía sentía un nudo en el estómago y como si sus vísceras se volviesen de plomo. En su presencia se olvidaba de cómo se andaba, de cómo se hablaba. Temía incluso que se le olvidase cómo se respiraba.

Ella era..fantástica. No había otra palabra.

Pero sabía que no tenía posibilidades. Él era un torpe hufflepuff y ella era la reina de Ravenclaw (al menos así la veía)

Una mañana en la que había programada una visita a Hogsmeade la vio pasar con sus amigas y, siguiendo un impulso que nada tenía que ver con él, le preguntó a voces a dos centímetros de su oreja:

- ¿Querrías tomas luego algo conmigo?

Glenda le miró espantada y cuando recuperó su ritmo cardiaco rompió a reír en mitad del vestíbulo. Sus amigas hicieron otro tanto; incluso alguna se atrevió a señalarle con el dedo.

Barty, rojo como un estandarte de gryffindor, bajó la mirada y sintió como los ojos se le llenaban de lágrimas de rabia, de impotencia, apartándose a un lado y dejando pasar al resto de los estudiantes.

Después de un rato, ya sin llorar pero con la sangre bullendo en sus sienes, oyó una risita a su espalda. Se dio la vuelta furioso y vio al pequeño de los Lestrange, Rabastan, que se acercaba a él con paso decidido.

Barty se dispuso a bajar a su sala común, pero el slytherin le agarró de un brazo con fuerza y le dijo:

- Si yo fuera tú, no me dejaría tratar así por esa puta hija de muggles. Le daría su merecido.

Barty dibujó una O perfecta con la boca, pero no dijo nada. Rabastan le rodeó los hombros con su fuerte brazo y le obligó a caminar fuera del castillo.

- Ven conmigo Barty, te presentaré a unos amigos. Quizás entre todos podamos darle una lección a esa asquerosa sangre sucia. Y de paso, también al resto de los de su especie.

La lección a Glenda Hooper tardó un par de años en producirse, pero Barty saboreó cada instante de tan ansiado momento.