Just deal with your fate


Notas de la Autora: Debía atender un par de asuntillos personales y por esto este capítulo se ha saltado la racha esta de capítulo diario que llevaba estos días XD.

Rinoa Haatarii: Muchas de las últimas escenas son readaptadas de las primeras versiones del fic... así que a lo mejor no han llegado a encajar del todo v.v... La historia ha madurado y evolucionado considerablemente desde que la empecé y lo mismo me ha pasaso a mí... así que esa última escena del capítulo anterior tan mona... no sé XD A mí a día de hoy no me acaba de encajar. Y sobre el baño... ahora mismo estoy en la misma situación XD

AkiraTokugawa: Tranquilidad, tranquilidaad! XD Ha tardado un par de días más pero aquí está el 25... corre para abajo que se ve quien anda en el Lagunamov!! XD

rinoaangelo: A mí también me cuesta ver a Seifer así v.v... pero necesitaba a un Seifer algo más maduro y centrado para el papel que le toca ahora mismo XD Y si Rinoa no encontró a Squall en el capítulo pasado... es porque hubiera sido demasiado obvio v.v... y no espoileo más XD corre a leer!!

Elise: No podía ser otra más que Quistis XD pero decirte que habías acertado (como la mayoría seguramente) no me parecía lo correcto v.v... Y bueno... nada más...

Un mensaje a todos los lectores... El próximo caítulo será el último!!!


CAPÍTULO XXV: ENCONTRANDO EL CALOR ENTRE LA NIEVE.

De nuevo un fondo oscuro, ni una sola luz en la habitación. En el centro una mujer permanecía sentada sobre una silla, con un niño recién nacido en sus brazos, no un niño, sino una niña. Rubia y con los ojos verdes. La mujer seguía meciendo a su hija mientras le susurraba una canción. Un sueño que Quistis ya había visto tiempo atrás.

Igual que la última vez aquella persona dentro de la que se encontraba se acercó lentamente a la mujer, con paso amenazador.

Quistis no había vuelto a pensar en aquel asunto, pero en ese momento se sintió mal por haberse olvidado de Thomas y Eleanor, y lo que había ocurrido con aquella niña.

La mano volvió a alzarse, grande, peligrosa, y durante un segundo rozó la pequeña cabeza de la niña. La madre de nuevo giró la cara hacia Quistis, aquellos ojos azules la volvieron a mirar asustada, y no fue hasta entonces que Quistis pudo reconocerse en ellos.

Quistis Sueño¡Dios santo, Seifer!... Me has asustado...

La joven instructora notó cómo la persona dentro de la cual se encontraba se arrodillaba y pudo verse a sí misma sonriendo con una mezcla de complicidad y fastidio fingido en su semblante.

Seifer Sueño: No era mi intención...

Quistis: 'Era yo...'

Y la forma en que Quistis despertó de aquel sueño también fue distinta a la última vez. Levantó la mirada hacia el techo, un techo pintado de color blanco, con una sola bombilla en el centro.

Una bombilla completamente distinta a la pequeña lámpara que había en su habitación, pero a la que había acabado acostumbrándose en muy poco tiempo. De hecho se había acostumbrado a muchas cosas en tan sólo una semana.

Seifer: No se oye nada...

Entre ellas a aquella voz profunda y baja, como un susurro meloso y perseverante al mismo tiempo.

Quistis levantó la cabeza y miró en dirección a los pies de la cama. Estaba tumbada sobre su espalda y hacía ya tiempo que sentía cierta presión sobre su cuerpo.

Quistis: ... ¿Qué estás haciendo?

El muchacho en cuestión estaba tumbado sobre ella, con la cabeza apoyada por debajo de su ombligo.

Seifer¿No se supone que se tiene que oír algo... o... algo?

Quistis: ...

Seifer¿Qué...?

Quistis no pudo evitar que una sonora carcajada escapase de su garganta al mismo tiempo que comenzaba a incorporarse

Seifer¿Por qué te ríes?...

La joven consiguió después de un minuto quitarse al chico de encima y continuó sonriendo para sí mientras se sentaba en el borde de la cama y buscaba su ropa.

Seifer: Te recuerdo que estoy completamente desnudo y te advierto que esa risita tuya podría dañar gravemente mi ego masculino...

Quistis: No es eso... Pero... ¿qué se supone que intentas oír?

Seifer: Em... No sé... Algo... ¿que no se suela oír...?

Quistis: Seifer...

La joven se levantó y se ajustó la falda de su uniforme a la cintura, abrochando con cuidado la cremallera y los dos botones que la mantenían bien sujeta.

Quistis: Sólo han pasado poco más de dos meses... ¿Qué esperas oír?... El movimiento de miles de células?... Eso no se oye, por Dios...

Seifer¡Yo que sé!... ¿Dónde vas?

Quitis estaba ahora colocándose la camisa blanca que vestía bajo la chaqueta de su uniforme, abotonándola cuidadosamente.

Quistis¿No has visto qué hora es?...

Seifer: No... no quiero verla...

El chico se estiró completamente en la cama, hundiendo la cabeza en la almohada mientras se negaba en rotundo a atender sus deberes laborales.

Quistis¿A qué hora empiezan las clases¿Todavía no te sabes los horarios?

Seifer: Yo quiero que llegue el fin de semana ya...

Quistis se dirigía hacia el baño de la habitación del chico, dispuesta a encontrar los enseres necesarios para adecentarse un poco el pelo, y de camino un leve ronroneo y algo cálido y peludo se enroscó en su pierna derecha, amoldándose ágilmente al movimiento de su caminar.

La joven se agachó y pasó una mano por el lomo de aquel pequeño gato negro, que la persiguió hasta el baño.

Seifer observaba la escena desde lejos, casi con celos.

Seifer: A mí no me hace eso... sólo se me acerca cuando le voy a poner comida...

Quistis: Normal... yo también te odiaría si me hubieras puesto Clawies por nombre...

La joven hablaba alzando la voz desde el baño, en el que se dedicaba a refrescarse la cara con agua limpia mientras Seifer miraba al gato con ojos recelosos, y éste permanecía a los pies de Quistis, mirándola con devoción, siguiendo cada movimiento que hacía.

Seifer: Clawies... significa zarpitas... tú no sabes los arañazos que me dio el primer día de traerlo...

Quistis salió al rato del baño, con la cara limpia y recogiéndose el pelo tras la nuca con una de sus pinzas.

Quistis: Son las 7 y media... yo me voy a desayunar y no pienso esperarte...

El ex-caballero profirió un sonoro gruñido y se levantó de un salto para salir después corriendo hacia un montón de ropa que había dejado tirada en una esquina, intentando encontrar esa prenda rara que va debajo de los pantalones y que en ese momento no tenía tiempo para pararse a recordar su nombre.

Seifer¡Espérame!

El joven entró en el baño en ropa interior, abrió el grifo, se mojó ambas manos y se las pasó un par de veces por el pelo corto y limpio, dejándolo bien ordenado. Quistis mientras tanto se paró a observar las agujas de su reloj de pulsera.

Quistis: Llevas 10 minutos olgazaneando en la cama...

El chico salió del baño con el cepillo de dientes metido en la boca y comenzó a colocarse los pantalones sin contestar a aquella observación de Quistis, que parecía intentar justificar el que no lo quisiera esperar.

La joven instructora abrió la puerta, agarrando las llaves de su dormitorio, que estaban sobre el escritorio del muchacho, para pasarse a coger sus cosas antes de ir a la cafetería.

Quistis: Meeee voooooyyyyy.

Seifer¡Que te esperes!

La chica estaba ya con un pie fuera de la habitación, la puerta abierta, esperando paciéntemente a que el chico estuviera listo mientras le metía prisas.

Un par de cadetes pasaron entonces por el pasillo, mirando curiosamente la escena. Quistis se giró al notar su presencia y en cuanto sus miradas coincidieron los jóvenes intentaron disimular mirando hacia delante.

Seifer¡Ya eshdoy!

El joven terminó de pasarse el cepillo entre los dientes y lo tiró después desde la puerta hacia el baño, donde se oyó que caía en algo lleno de agua después de chocar un par de veces contra algo de mármol.

Quistis¿Sabes que ha caído en el váter?...

Seifer: Da igual, luego compro otro...

Seifer cerró la puerta en cuanto salió y comenzó a andar apresurado.

Quistis: Seifer...

El joven volvió a girarse hacia ella.

Quistis¿Las llaves?

El muchacho se llevó las manos a los bolsillos de sus pantalones, palpando sobre la tela para ver si las había cogido antes de cerrar.

Seifer: Mierda...

Y el tintineo de las pequeñas piezas metálicas lo hizo levantar de nuevo la mirada hacia Quistis. Ella mantenía las llaves del joven sujetas con dos dedos ante sí.

Seifer respiró aliviado y se volvió a acercar a ella para cogerlas, y al hacerlo sujetó durante un segundo su mano, en forma de agradecimiento por haberse acordado de cogerlas antes de salir.

Otro joven pasaba entonces en aquella dirección y también se los quedó mirando mientras Seifer comenzaba a caminar, estirando de la chica que aún mantenía su mano unida a la del joven.

Quistis observó al chico de reojo, mientras éste los miraba extrañado. Le había llevado una semana acostumbrarse a comportarse de aquella manera con Seifer, y ahora tenía que acostumbrarse a la reacción que aquello producía en los demás.


Ino miraba indecisa los letreros con la oferta del día en desayunos, haciendo cola en la cafetería, mientras Zell la abrazaba por la cintura, desde atrás, y se dedicaba a besarla en la base del cuello, donde alcanzaba estando de puntillas.

Zell (Ino): Paara...

La voz de la chica era un susurro casi suplicante, cualquier contacto de aquel tipo era como una pequeña descarga que le hacía difícil concentrarse en nada.

Ino (Zell): Déjame... que luego te irás al despacho y me dejas solito...

Ambos chicos llevaban más de una semana de relación con todo lo que ello implicaba. Sin embargo se había terminado desarrollando una especie de tensión sexual entre ambos, y no era fácil intentar canalizarla estando cada uno en el cuerpo equivocado. No querían que su primera vez fuera de aquella manera. Querían algo más... convencional... Menos raro.

Zell notó algo pegado a su espalda y cuando quiso girarse para ver de qué se trataba se encontró atrapado entre la amplia espalda de Ino y alguien bastante más alto que él que los abrazaba a ambos desde atrás.

Irvine¡Oiiiiiiiigh! Pero qué bonito es el amor, y las mariposas que revolotean en el estómago y el algodón de azúcar que sabe como los besos de la persona más maravillosa del mundo en primavera mientras contempláis un atardecer en el porche de vuestra casita de madera en mitad del campo a los 80 años mientras os cogéis la manita y--

Ino (Zell)¡Irvine!

El cowboy se quedó callado y se separó de ambos jóvenes para dedicarles una mirada aburrida.

Irvine: Si os pincho a uno de los dos... ¿el otro lo siente?...

Zell se había terminado separando de la joven, y ambos permanecían ahora dándole la espalda a la barra de la cafetería, mirándolo con algo de desprecio en los ojos.

Irvine: Parecéis siameses... Siempre enganchados...

Los tres pasaron unos minutos decidiendo lo que iban a tomar y se giraron después con sus respectivas bandejas hacia la mesa que siempre solían ocupar cerca de los ventanales de la cafetería. En ella encontraron a Quistis y a Seifer, que desde que había conseguido la licencia de instructor y estaba ejerciendo en prácticas solía acompañarlos durante las comidas.

Ambos permanecían con la cabeza agachada, mirándose mientras hablaban muy bajo, como conspirando contra el resto del mundo sin llegar a darse cuenta de que estaban completamente rodeados de gente.

Irvine tomó asiento junto a Quistis y dejó su bandeja con un golpe sonoro sobre la mesa, intentando captar la atención de los dos jóvenes.

Irvine¿Entonces ya no os odiáis... o como es eso?

Quistis lo miró intentando disimular la sensación de incomodidad que le hacían sentir aquellas insinuaciones que el resto del grupo les dedicaba desde que ella y su ex-alumno problemático se dirigían la palabra en público.

Seifer: No nos hemos odiado nunca...

Todos los presentes se quedaron mirando fíjamente al muchacho, como si nadie se creyera aquellas palabras, ni siquiera Quistis.

Seifer: ... No... del todo...

Irvine se llevó el primer bocado de su donut a la boca y en ese mismo momento apareció una muy irritada Selphie tras él, con un vaso de plástico lleno de café con leche en su mano, mirando al cowboy como con desprecio.

Selphie: Son las ocho menos diez... tienes trabajo...

Irvine levantó la vista hacia ella, que no parecía dispuesta a sentarse ni cinco minutos antes de dirigirse a su despacho. Irvine agarró su donut y se puso de pie mientras apretaba las mandíbulas con furia.

Seifer: Y yo también lo tengo... luego te veo.

El chico se levantó de la silla y se reclinó levemente para besar a Quistis en los labios, mientras ésta murmuraba un "vale" casi inaudible y volvía su mirada hacia abajo, para continuar balanceando lo que quedaba de su batido de chocolate como si nada, sin prestar la más mínima atención al gesto del muchacho.

Seifer agarró la chaqueta que había dejado sobre el respaldo de su silla, y se alejó como si tal cosa. Mientras tanto el resto de personas allí presentes continuaban mudos, observando a Quistis con atención... como esperando a que les explicase qué había pasado allí en los últimos días.

La muchacha en cuestión levantó aquel vaso, apoyando ambos codos sobre la superficie de la mesa mientras alzaba la cabeza para poder tragar apropiadamente lo que quedaba en aquel recipiente. Entonces los vio a todos ellos, muy serios, mirándola fijamente.

Quistis¿Qué...?

Los jóvenes se miraron los unos a los otros, casi esperando para ver quien sería el primero en preguntar.

Ino (Zell): Ese beso...

No fue hasta entonces que la chica comenzó a sentirse incómoda, sabiendo que aún tenía muchas cosas que contarles a sus amigos.

Quistis: Em... bueno... yo también tendría que irme...

Y comenzó a levantarse mientras se pasaba una servilleta por los labios, deshaciéndose de posibles restos de batido.

Selphie: De eso nada, señorita... Que me comentaste ayer que ahora empezabas las clases una hora más tarde y no tienes nada que hacer...

Quistis se quedó con la chaqueta a medio poner, colando el brazo izquierdo en la manga correspondiente mientras pensaba en alguna estrategia para poder huir de aquella situación. No es que no quisiera que se supierta nada de su relación con Seifer, pero tampoco había pensado en cómo decírselo.

Así que simplemente optó por hacer como que no había oído a Selphie, mientras se dirigía apresuradamente hacia la salida.


Rinoa se reclinó sobre el asiento de pilotaje del Lagunamov y suspiró en un gesto de agotamiento y casi derrota.

Llamaba cada noche al Jardín de Balamb, preguntando si Squall había pasado por allí, y la primera llamada también tuvo que disculparse por haber cogido el Lagunamov sin permiso.

Después de haber salido de Balamb con la nave había ido hasta el pueblo Shumi. Donde le habían dicho que habían visto a un extranjero aquel mismo día en la mañana, pero que había partido en cuanto preguntó por una tal Rinoa en el hotel y no le pudieron dar ningún tipo de información.

Él también la andaba buscando...

Así pues se había decidido a pasarse por todos los lugares que se había saltado pensando que no eran buenos escondites para el chico. Había estado en los Jardines de Trabia y Galbadia, en Dollet, Timber e incluso en el Lunatic Pandora. Se estaba quedando casi sin sitios en los que buscarlo y por un momento puso incluso en duda la edad mental del joven. Si la estaba buscando también a ella lo más lógico era que se quedase en algún lugar fijo y la esperase allí.

Y mientras ese pensamiento cruzaba su mente la chica no pudo hacer otra cosa más que golpearse la frente con los nudillos mientras se insultaba a sí misma.

Rinoa: Seré... imbécil...


Selphie permanecía en su sitio, tecleando lentamente mientras miraba sin inmutarse la pantalla de su ordenador.

Irvine por su parte la observaba de reojo desde su escritorio, en la otra punta del despacho.

Se quedó mirando un momento el icono en su pantalla que señalaba el programa que usaba el equipo directivo y estratégico del Jardín para comunicarse idividual o colectivamente.

El chico clicó dos veces sobre el dibujito y se abrió una ventana en la que figuraban diversas acciones y una gran lista de nombres.

El chico clicó nuevamente sobre una pequeña casilla seguida de la palabra "buscar" y escribió en ella el apellido de su comandante.

Una vez la localizó en la inmensa lista de personal señaló la opción de enviar un mensaje privado, y marcó la casilla de "no mostrar mi ideantidad" para que aquel mensaje fuese anónimo.

Selphie continuaba tecleando, contestando mails a diversos clientes y revisando informes.

Irvine miró de nuevo a su pantalla y escribió procurando no hacer ruido al pulsar las teclas, mientras abría ante él un archivador lleno de folios, de manera que él pudiese leer su contenido pero que Selphie solo alcanzase a verlo a él detrás de las tapas, concentrado en aquellas letras.

Selphie oyó un minuto después un ruidito proviniente de su ordenador, que le avisaba de un nuevo mensaje de algún miembro del personal del Jardín.

"Anónimo.

Me gusta cuando te peleas con ese idiota de tu ayudante y pareces siempre enfadada... Llevo mucho tiempo observándote y desde que estás de tan mal humor no paro de pensar en ti cada noche.

Atentamente, un admirador."

La chica miró fijamente al vaquero, sospechando que tenía algo o todo que ver con aquel mensajito.

"Tilmit, S.

Déjate de jueguecitos imbécil"

En cuanto pulsó el botón de "enviar" la chica miró fijamente a su ayudante, que permanecía absorto en aquel montón de folios. Quería verlo teclear para tener una nueva excusa para echarle la bronca, o no verlo teclear y ver que aquel anónimo no le contestaba para echársela igualmente.

El chico no se movió, la contestación de su mensaje no llegaba.

La joven esbozó una leve sonrisa y justo en ese momento aquel ruidito llamó su atención de nuevo.

"Anónimo.

No me digas eso, mujer... Yo te hablo muy en serio, me vuelves loco desde hace mucho tiempo."

Selphie volvió los ojos a toda prisa hacia su ayudante, y lo vio lamiéndose un pulgar para pasar de página y continuar absorto en su lectura. Era imposible que hubiera escroito nada, tenía ambas manos en aquel archivador.

"Tilmit, S.

¿Quien eres?"

Irvine fingió rascarse la nariz por tal de que la chica no advirtiese su sonrisa. Veía por el rabillo del ojo el parpadear de la ventana de aquella conversación, la chica había contestado. Por algo había sacado una de las notas más altas en estrategia, nunca podría jugar con él al mismo nivel en ese terreno.

El chico había tomado la precaución de escribir un segundo mensaje antes de enviar el primero, contestando de manera poco concreta al mensaje que Selphie podía enviarle como contestación al primero. Así pues, en cuanto vió que había contestado por primera vez sólo tuvo que rozar la tecla de enter con el codo, para conseguir enviarle aque segundo mensaje sin moverse lo más mínimo, sabiendo que la chica iba a estar alerta por si lo veía escribir.

El chico se levantó entonces de golpe y estiró los brazos en el aire, ante la atenta mirada de Selphie. Fingió mirar la pantalla como una mera y rutinaria comprobación de que todo andaba como debía y cerró rápidamente el programa de intercomunicación.

Irvine¿Quieres un café?...

La joven lo miró extrañada mientras el chico se dirigía hacia la puerta.

Selphie: No...

Y el joven desapareció tras la puerta.

En cuanto Selphie tuvo tiempo de reaccionar se levantó de un salto y se precipitó hacia el ordenador del muchacho, para encontrarse con que no tenía siquiera el programa de intercomunicación iniciado.


En cuanto hubo cerrado la puerta Irvine se tiró prácticamente tras el escritorio de Viento.

Irvine¡Déjame tu ordenador!

Se acomodó en la silla e inició de nuevo su sesión en el programa de intercomunicación.

"Anónimo.

No puedo decirte quién soy... soy un admirador secreto..."


Seifer¿Y esto lo tenemos que pegar en la nevera o algo así?

Eran las 5 de la tarde y Seifer y Quistis se dirigían del garaje del Jardín hacia los dormitorios, mientras Seifer mantenía ante su nariz una especie de polaroid.

Quistis: Si no se ve nada...

Seifer: Ya... pero es la priemera ecografía... deberíamos hacer algo bonito con ella...

Comenzaron a entrar en el edificio y Quistis le arrebató aquella lámina de las manos para introducirla en su bolso.

Quistis: Por ahora se quedará en el cajón de mi escritorio...

Seifer continuó caminando a su lado hasta llegar a la entrada de los dormitorios femeninos. Quistis se giró hacia aquel pasillo rebuscando sus llaves en aquel mismo bolso y Seifer la observó atentamente hasta que volvió a mirarlo dispuesta a despedirse hasta aquella noche.

Seifer¿Por qué no te vienes?

Quistis levantó una ceja sin saber muy bien a qué se refería.

Seifer: Como Zell y esa novia suya... vente conmigo.

Quistis esbozó una leve sonrisa y se rascó la nuca haciéndose en realidad la misma pregunta que el chico acababa de formular.

Quistis: Si ya paso allí la mayor parte del tiempo... Sólo paso por mi habitación para cambiarme de ropa y preparar las clases del día siguiente...

Seifer: Pero puedes traerte tus cosas... Los dormitorio masculinos están mejor iluminados...

Quistis miró por un segundo hacia el suelo, girando las llaves de su habitación bajo sus manos. La verdad es que no era muy normal que continuasen legalmente viviendo separados en su situación.

Quistis: Hay que hacer unas peticiones... y firmar un par de papeles.

Seifer¿Para qué?

Quistis: Así cambiarían todos mis datos y figuraría como tu compañera de habitación.

Seifer: Pues dámela...

El chico señalaba hacia su bolso, pidiéndole la pequeña lámina que ella acababa de guardar en él.

Quistis¿Para qué?

Seifer: Para colgarla en la nevera...


"Anónimo.

Si me dieses una sola oportunidad sabrías de lo que te estoy hablando. Tendrías todo lo que quisieras antes incluso de desearlo."

Selphie se llevó el dedo pulgar a la boca, mordisqueándose la uña como una colegiala leyendo cartas de un admirador secreto. Y de hecho es lo que estaba haciendo.

Se volvió a acomodar por enésima vez en la cama, colocando cuidadosamente el portátil sobre su regazo.

"Tilmit, S.

No necesito darte oportunidad alguna, tengo todo lo que podría desear."

La chica se levantó en cuanto hubo enviado aquel mensaje y se dirigió corriendo a la nevera, buscando lo que quedaba de un trozo de tarta que había cogido hacía un par de días del buffette de postres del Jardín.

Volvió al trote y se acurrucó de nuevo sobre las mantas.

Pellizcaba el trozo de tarta nerviosamente, esperando a que le contestasen.

Sonó el aviso de un nuevo mensaje y la tarta se vió abandonada casi si haber sido empezada.

"Anónimo.

¿Seguro que te despiertas todas las mañanas como a ti te gustaría?"

La chica levantó ambas cejas sin entender completamente aquella pregunta.

"Tilmit, S.

¿A qué te refieres con despertarme como me gustaría?"


El Lagunamov había quedado a cierta distancia del orfanato, como hacía siempre. No era un transporte cualquiera que dejar aparcado en el primer hueco que se encontrase, así que siempre se quedaba en alguna planicie no demasiado lejana de su siguiente destino, pero tampoco demasiado lejos.

Rinoa llegó a la puerta y volvió a tocar como hiciera una semanas atrás, cuando Eleone y Edea la invitaron a hacer una parada en el camino para descansar allí.

Después de un buen rato oyendo voces de niños chillando y armando jaleo un hombre le abrió la puerta.

La chica miró algo más arriba de donde había dirigido su vista, que había ajustado a la altura media de cualquier hombre, para encontrarse con una cara seria y severa. Alraune la miraba desde lo alto esperando a que dijese algo.

Rinoa: Hola... ehm... ¿No ha vuelto aún Eleone?

Los niños se quedaron callados, espectantes, observando la escena desde el otro lado de la puerta. Hasta que vieron a Angelo y se abalanzaron a la salida deseando tocar al animal y jugar con él.

Rinoa tuvo que echarse a un lado y pudo observar por un momento como el perro la miraba como pidiéndole ayuda.

Alraune: Pasa...

Rinoa entró tal y como se le había mandado y se encontró mirando hacia cada rincón, como buscando a Squall en cualquier esquina. Sin embargo la estancia estaba vacía, escepto por los niños y por aquel hombre.

Alraune por su parte había entrado ya en la cocina, y se encontraba sirviendo una taza de café a la recién llegada. Mientras tanto Rinoa permanecía de espaldas a él, observando tras una ventana la playa, cubierta de nieve hasta bien cerca de la orilla.

Alraune: Es una lástima que haga tanto frío... A estas horas se está muy bien allí abajo...

Rinoa esbozó una sonrisa algo triste. Seguramente se estaría muy bien en la playa a esas horas sin importar el frío. Sólo se necesitaba una manta y buena compañía.

Alraune: No sé cómo puede aguantar ahí fuera con este tiempo... y mira que le he dicho que esperase aquí dentro...

La joven se giró extrañada por aquellas palabras mientras aquel hombre de color le tendía una taza de café caliente.

Alraune: No es muy normal ¿no crees?...

El chico señalaba a otra ventana, a la izquierda de la chica. A través de ella se hubiera podido ver un inmenso campo de flores, de no ser porque en aquella época habían desaparecido todas. Ahora era sólo un campo cubierto de nieve, completamente blanco. Y en el centro de aquella blanca planicie podía advertirse un puntito oscuro.

La forma era la de una persona sentada de espaldas, sobre algo parecido a una piedra. Los hombros encogidos, lo más pegados al cuello posible. Llevaba una chaqueta gris oscura, con una gruesa bufanda apretada al cuello, tapándole casi hasta las orejas, y un gorro con orejeras, debajo del cual sólo podían verse un par de mechones de pelo castaño claro, de un color muy pálido, casi ceniza.

Rinoa: Squall...

La voz de la joven sonó como un susurro, pero ella no se extrañó siquiera de que temblase levemente por la emoción, ni siquiera se había oído pronunciar aquel nombre, permanecía con los ojos muy abiertos, reconociendo perfectamente el movimiento que se adivinaba bajo aquel montón de prendas, cuando aquella persona se frotó la nariz intentando calentarla. A Squall nunca le gustó tener la nariz fría.

La chica salió corriendo hacia la puerta, sin pararse a pensar siquiera en la taza de café que acababa de soltar en la mesa sin demasiado cuidado. Ésta se volcó y Alraune se giró resignado a coger unas servilletas para retirar los restos de café de la mesa. Mientras tanto podía ver a través de la ventana a la joven corriendo entre la nieve, acercándose a aquel bulto esperanzador.

Y en menos de un minuto ya se encontraba a sus espaldas, respirando con dificultad aquel aire gélido mientras buscaba las palabras adecuadas.

Sin embargo no hicieron falta. El chico se giró al notar aquella nueva presencia, esperando encontrarse con Alraune sosteniendo otra taza de chocolate caliente entre sus manos. Pero no fue así...

Aquella muchacha permanecía inmóvil tras él, respirando con dificultad, formando nubes fugaces ante su cara por el calor de su aliento.

Squall mantenía sus manos pegadas a una gruesa taza de barro, enfundadas en unos gruesos guantes de lana, y tan sólo alcanzó a ver sus ojos, ya que era lo único que se atrevía a dejar expuestos al frío.

Finalmente había llegado, después de una semana de fría espera en aquel campo de nieve la chica había cumplido su promesa. Había vuelto a por él.

Rinoa había imaginado aquel momento incontables veces desde que recuperó la consciencia en la residencia Calway, y en todas aquellas fantasías lo primero que veía era la cara del muchacho cruzada por su mano. Ante todo tenía ganas de arrearle un buen puñetazo. Pero llegado el momento no era capaz de pensar siquiera de qué tenía ganas.

Squall: Rinoa...

El chico miraba ahora hacia sus ojos, distintos, con aquella especie de sombra rojiza que se veía tras su mirada atónita. Mandó inmediatamente a su cuerpo que se levantase de aquella piedra y se acercase a ella, pero la joven no le dio tiempo. Estaba ya rodeándolo con los brazos mientras enterraba su cara en aquella cálida bufanda, escondiendo las lágrimas que se habían empezado a formar sobre sus pestañas.

Alraune por su parte permanecía callado al otro lado de la ventana, observando aquellos dos jóvenes sin mediar palabra, esperando pacientemente a que entrasen en casa. Por una vez había decidido dejar de lado su hospitalidad natural y no ofrecerles el calor de la chimenea antes de que ellos vieran el momento oportuno para moverse.


Selphie bostezó sonoramente mientras esperaba a que el ascensor alcanzase la altura de su despacho.

La noche anterior se había pasado unas cuantas horas hablando con aquel anónimo, mientras se dedicaba a limpiar recipientes con gelatina, pastelillos, batidos, helados y otros dulces por el estilo. Se sentía como en sus años de estudiante en Trabia, cuando se pasaba las noches en las habitaciones de sus amigas, comiendo dulces y hablando de chicos.

El susodicho admirador no le desveló ningún tipo de información a cerca de él, era muy cuidadoso con no ponerse al descubierto, sin embargo se pasó la noche preguntándo por ella, por sus gustos, sus anhelos, sus manías...

Tampoco le interesaba demasiado aquella persona, simplemente le agradaba sentirse protagonista de una historia como aquella, sentirse admirada por alguien de aquella manera casi clandestina le devolvía la sensación que había sentido contadas veces en el pasado. La sensación que seguramente sentían todas las chicas que Irvine intentaba seducir en el pasado y que nunca le hicieron demasiado caso. Eso era lo que más envidiaba en aquel entonces, la atención que les dedicaba.

Y ya no era sólo el sentir que a alguien le importaba de esa manera, sino el poder hablar con alguien de todas las cosas que Irvine no parecía entender.

El chico le estuvo preguntando por él, si había algo entre ambos, sobre sus sentimientos. Ahora se paraba a pensarlo y sabía que no debería haberle contado tanto a alguien que no conocía de nada. ¿Y si era algún colaborador de la revista de estudiantes del Jardín?

Igualmente se había desahogado como debía y aquella mañana se había levantado cansada por la falta de sueño, pero se había quitado un peso inmenso de encima.

En la recepción que comandancia y dirección compartía no se sabía nada aún de la secretaria del director. Viento era bastante estricta con sus horarios, y si faltaban dos minutos para las 8 faltaban dos minutos para verla aparecer en aquella planta.

Selphie se acercó al escritorio de Viento, su atención fija en los tres cajones, con su nombre, el de Irvine y el del director en cada uno de ellos, donde el servicio de correo dejaba cada mañana antes de que ellos llegasen su respectiva correspondencia.

Andaba de carta en carta, repasándolas sin prestar demasiada atención mientras continuaba recordando aquella larga conversación. También le había ido bien para situarse de manera objetiva en aquella disparatada historia, de alguna manera estaba furiosa con el chico pero a veces le costaba entender el por qué. Ahora ya no.

Le irritaba aquella tendencia a no pararse siquiera a pensar sobre los sentimientos, lo hacía todo con palabras. Era el típico galán de película que en el último momento lo suelta todo en plan poema y listos. A ella le iba algo más... abstracto.

Le bastaba con que las cosas ocurriesen, sin necesidad de que ninguno de los dos dijera unas palabras mágicas ni nada por el estilo. Simplemente quería que el chico fuese capaz de demostrarle lo que sentía sin que tuviera que hacerlo con palabras.

Finalmente agarró el pequeño taco de cartas y sobres sin haber visto muy bien de donde venían y coló su tarjeta identificativa en la ranura que había bajo el pomo de la puerta. Sin embargo ya habían abierto. Posiblemente Irvine hubiera madrugado más de lo normal aquella mañana.

Las luces estaban apagadas y habían bajado las persianas. La estancia se encontraba completamente a oscuras. Selphie se desvió un par de pasos a la izquierda buscando el interruptor de la luz, pero se lo encontró tapado por una especie de caja de cartón, que habían pegado a la pared con celo, de manera que no pudieran encenderse las luces.

Selphie¿Irvine?

La chica avanzó un par de pasos, viendo a duras penas hasta donde llegaba la luz que entraba por la puerta que había dejado abierta a sus espaldas.

Una leve melodía comenzó a sonar en el aire, lenta y suave. Un piano susurraba acompañado por un par de instrumentos más, sonidos del desierto, tímidos y casi reverenciales ante la dulce melodía del piano.

Selphie: ... ¿Irvine...?

Una mujer comenzó a cantar al ritmo de aquellos instrumentos mientras una de las persianas se levantaba lentamente, despojando uno de la media docena de ventanales que había al otro lado del despacho de la máscara que lo privaba de la luz del sol.

Like anyone would be
I am flattered by your fascination with me

La voz de aquella mujer era como el ronroneo de un gato, distante y adormecedora. La joven avanzó un par de pasos mientras veía una figura alta pasarse frente a los ventanales, levantando todas las persianas con tranquilidad.

Like any hot blooded woman
I have simply wanted an object to crave

Pero parecía que pasaba algo raro con aquellos ventanales, estaban cubiertos de parches, de un palmo de tamaño como mucho, que permanecían pegados al cristal uno junto al otro, dejando entrar sólo pequeños rayos de luz entre parche y parche.

But you... you're not allowed
You're uninvited
An unfortunate slight

Una guitarra igual de respetuosa y sosegada se unió a aquella sinfonía de tranquilidad y sinceridad.

Selphie: Irvine...

Irvine: Sin palabras... dando más importancia a lo que siento... que a la forma en la que quiero decirlo...

La chica abrió los ojos más de lo normal, reconociendo de inmediato las palabras que había tecleado la noche anterior en la voz de su ayudante.

Selphie¿Cómo?

Must be strangely exciting
To watch the stoic squirm

El chico terminó de levantar la última persiana, y la luz que entraba en la sala era tenue pero suficiente, los parches permanecían oscuros a aquella distancia, marcando la slueta del joven en aquella oscuridad como una sombra iluminada tan sólo en su silueta.

Must be somewhat heartening
To watch shepard need shepard

El chico tendió una mano invitadora ante sí.

Irvine: Acércate...

But you're not allowed
You're uninvited
An unfortunate slight

Y mientras varios violines y una batería tomaban el protagonismo en aquella melodía la chica comenzó a caminar hacia el joven, con paso firme aunque procurando guardar cautela. Aún seguía intentando imaginar cómo se había enterado de sus conversaciones con aquel admirador secreto.

Like any uncharted territory
I must seem greatly intriguing

La joven estaba ya frente a su subordinado, miraba su cara, intentando distinguir su expresión sin conseguirlo demasiado. Tan sólo podía ver que sonreía de una forma extraña.

Irvine: No llegaste a decirme como se expresa un sentimiento de este tipo sin palabras...

Selphie: Decirte... ¿Eras tú?

You speak of my love like
You have experienced love like mine before

Irvine se acercó a ella y se colocó detrás, sujetándola con ambas manos sobre los hombros, invitándola a observar aquellos parches que cubrían los ventanales.

But this is not allowed
You're uninvited
An unfortunate slight

De nuevo los instrumentos subieron en volumen e intensidad y la chica achinó los ojos intentando distinguir las imágenes que aparecían en aquellos trozos de papel que cubrían las ventanas.

Irvine por su parte se agachó a sus espaldas, colocándose en cuclillas, con ambas manos ahora en la cintura de la chica, y su cabeza junto a sus caderas, observando a su lado su gran obra.

Irvine: Encontré... encontré esta canción... Y lo que decía me recordaba a lo que me haces sentir y pensar...

La chica continuaba observando atentamente, mientras se hacía una nota a sí misma, buscar la letra más tarde para poderla estudiar a fondo.

Irvine: Y si me paro a buscar el motivo de lo que me haces sentir... sólo se me viene ésto a la cabeza.

Señalaba hacia los ventanales, donde Selphie comenzó a reconocerse en un par de fotos.

I don't think you unworthy
I need a moment to deliberate

La voz de aquella mujer se paró y los instrumentos callaron con ella, y unos segundos después volvieron a sonar, todos a una vez, formando una melodía sin palabras eufórica y a la vez transcendental. En aquellos seis ventanales había cientos de fotos, y ella aparecía en todas. Sola, acompañada, en primer plano, segundo, asomando en una esquina, entre la multitud. Aparecía cuando apenas levantaba un metro del suelo, en el orfanato, fotos que le había dado al chico de sus años de estudiante en Trabia, de su familia adoptiva, de ellos tras la derrota de Artemisa.

Selphie notaba todos sus sentidos adormecidos ante aquel inmenso mural que podría ser perfectamente su biografía en imágenes.

Selphie¿Cómo...?

La música comenzó a desvanecerse en el aire, y por un momento lo único que Selphie pudo oír fue su corazón latiendo desembocado.

Irvine: Todas y cada una de estas imágenes... tú... cada parte de ti...

Selphie se giró y se le quedó mirando atónita, mientras él se había levantado y hablaba con la mirada fija en aquellas fotos.

Irvine: Me... me desmontas...

Parecía que le estaba costando más de lo normal, no era capaz de explicarle lo que aquella canción acababa de decir.

Irvine continuó balbucenado unos segundo y después dejó escapar una risa desesperanzada, rindiéndose en su intento de justificar lo que había hecho.

Irvine: Eres... la única mujer en el mundo ante la que me quedo sin palabras.

Selphie se apoyó sobre la punta de sus pies y rodeó el cuello del chico intentando que bajase a su nivel.

Selphie: Tienes...

Irvine bajó la mirada hacia ella, sonriendo levemente mientras se dejaba llevar por sus brazos, esperando sus labios.

Selphie: ...cinco minutos...

Él continuaba sonriendo, esperando más a que llegase hasta su boca que a que terminase aquella frase.

Selphie: ... para recoger las fotos y limpiar las ventanas...

El joven se quedó en ese momento algo parado. La magia acababa de romperse...

Irvine: Pero...

Y antes de que intentase pedir una justificación para aquella demanda la joven había apoyado sus labios en los del chico, impidiéndole que terminase la frase. Se separó después de él lentamente, con una sonrisa divertida en la cara.

Selphie: Pero primero quiero que le hagas una foto... que no se pierda la noche que has pasado gastándome el celo...


Y a continuación la traducción de la canción de la última escena:

Uninvited, ALANIS MORISSETTE (no invitado)

Like anyone would be (Como lo estaría cualquiera)
I am flattered by your fascination with me (Me siento halagada por tu fascinación hacia mí)
Like any hot blooded woman (Como cualquier mujer de sangre caliente)
I have simply wanted an object to crave (Simplemente quería un objeto que anhelar)
But you're not allowed (Pero tú no estás permitido)
You're uninvited (No estás invitado)
An unfortunate slight (Un desafortunado desprecio)

Must be strangely exciting (Debe ser muy excitante)
To watch the stoic squirm (Ver lo estoico retorcerse)
Must be somewhat heartening (Debe animarte de alguna manera)
To watch shepard need shepard (Ver al pastor necesitar pastor)
But you're not allowed (Pero tú no estás permitido)
You're uninvited (No estás invitado)
An unfortunate slight (Un desafortunado desprecio)

Like any uncharted territory (Como cualquier territorio inexplorado)
I must seem greatly intriguing (Debo parecer muy intrigante)
You speak of my love like (Hablas de mi amor)
You have experienced like mine before (Como si hubieras tenido un amor como el mío antes)
But this is not allowed (Pero esto no está permitido)
You're uninvited (No estás invitado)
An unfortunate slight (Un desafortunado desprecio)

I don't think you unworthy (No creo que no lo merezcas)
I need a moment to deliberate (Necesito un momento para deliberar)

Y de esta letra... aunque hable de una relación que parece que no está permitida... quería quedarme con la sensación de Irvine de que lo que siente hacia Selphie es algo que lo confunde y que ella es la única a la que no puede tratar como el galán que siempre es.