Secretos

Capítulo 25 – De la Cámara a la ducha con Ginny

Harry no saltaba precisamente de contento cuando llegó al departamento de los mellizos. Narcissa lo había despertado poco antes y había tenido que abandonar los cálidos y confortables brazos de Draco para venir.

Narcissa y Lupin no habían disimulado su preocupación cuando lo vieron salir con la escoba y el Manto de Invisibilidad. Les había tenido que explicar que Ginny no sabía nada de la nueva capa y que era mejor que por el momento no se enterara de su existencia… pero no les confió ningún otro detalle de lo que se proponía hacer ese día.

—Harry, ¿qué te pasa? —le preguntó Ginny.

—Apuesto a que recién se levanta de la cama. —dijo Fred.

—Sin lugar a dudas tiene la cara malhumorada de las mañanas. —lo secundó George— Aunque ya son las diez.

—Es de suponer que Ginny se la conozca muy bien. —agregó Fred con tono inocente.

—Ah, pero esas veces seguramente no se levantaba tan malhumorado. —aclaró George.

Harry y Ginny los miraron muy enojados y ella procedió a recriminárselo a viva voz. Harry ahogó un gruñido, dio gracias de que Draco no estuviera presente, hubiera reaccionado muy mal ante esas insinuaciones. Draco… ¡cómo le hubiese gustado estar entre sus brazos y no ahí!

Después de la reunión con los Lovegood, dos días antes, había regresado a Grimmauld Place y la mayor parte del tiempo la había ocupado entrenando. Habían sido sesiones difíciles con dos profesores atacándolo al mismo tiempo. Draco también había tenido que aguantar lo suyo durante las prácticas para aprender y dominar mejores encantamientos de escudo. Pero por suerte, Remus se había encargado de curarlos al final de las clases. Y le habían dado a cada uno un frasco de ungüento prodigioso que podía curar casi cualquier tipo de lesión. Igual habían quedado exhaustos después de la práctica y justamente por eso a Harry le hubiese gustado mucho más haberse quedado en la cama descansando unas horas más.

Sacudió la cabeza para aclarársela un poco, los gritos de Ginny y las réplicas de los mellizos lo estaban mareando. Pidió silencio y les preguntó a los mellizos cómo se las habían arreglado para convencer a la señora Weasley de que dejara venir a Ginny. Escuchó muy divertido el relato de los dos, al parecer le habían contado un elaborado y largo infundio de que Ginny era la única que podía ayudarlos con un nuevo producto que habían inventado. La confundieron y atormentaron tanto que al final la pobre mujer había terminado dando su permiso con tal de que la dejaran de fastidiar. Pero eso sí, la señora Weasley le había ordenado perentoriamente a su hija que bajo ninguna circunstancia debía abandonar el departamento de sus hermanos.

—Pero no nos vamos a quedar acá, ¿cierto? —preguntó Ginny.

—Depende de vos. —contestó Harry, miró a los mellizos y sonriéndoles con un poco de culpa levantó un encantamiento silenciador alrededor de Ginny y él— Necesito hablar con vos de Riddle y de la Cámara de los Secretos.

—¿Supongo que no estarás considerando volver a bajar? —le preguntó ella alarmada, de repente se había puesto muy pálida.

—Bueno… en algún momento voy a tener que volver a bajar… ya sea que vos me acompañes o no… —admitió Harry— Pero yo tenía esperanzas de que vos aceptaras acompañarme… porque necesito saber más sobre la Cámara.

—Harry… vos sabés tanto o más que yo. —protestó Ginny.

—Quizá… —dijo él dubitativo— Riddle habló conmigo esa vez, pero vos estuviste más tiempo que yo ahí abajo… y lo cierto es que vos hablaste con él durante casi todo ese año.

—Sí… pero más que nada hablábamos sobre vos. Sobre la Cámara o sobre él no hablamos nada. Y casi todos mis recuerdos sobre eso, o se borraron o son muy confusos.

—Eso ya lo suponía… vos lo habías mencionado en alguna oportunidad antes. Pero vos te acordás de algunas cosas de esa noche… y Riddle debe de haberte hablado…

Ginny arrugó la frente con expresión reflexiva. —Es muy poco lo que me acuerdo. Estuve inconsciente casi todo el tiempo. Y de lo que él dijo… alardeaba… que iba a lograr atraerte…

—Sí, a él le encanta alardear… —masculló Harry con acritud.

—¿Qué es exactamente lo que vos querés saber?

—No sé… pero cuánto más pienso en la Cámara tanto más me convenzo de que hay algo que estoy pasando por alto. Y se me ocurre que si regresara quizá vea algo que gatille algún recuerdo…

—No sería mejor que vos vieras mi memoria en un pensieve. —sugirió ella.

—Eso no se me había ocurrido… no dispongo de un pensieve en este momento pero creo que podría conseguir uno… —hizo una pausa.

—¿No sería lo mismo…?

—No sé… he visto muchas memorias en un pensieve, siempre me pareció que eran muy reales como si uno estuviera ahí… pero vos tendrías que entrar en el pensieve conmigo.

—Vos igual estás decidido a bajar, hoy u otro día.

—Sí, porque los instintos me dicen que hay algo que encontrar.

—Entonces es mejor que te acompañe.

—Pero Ginny… en realidad no hace falta… el pensieve suena como una buena alternativa.

—Te voy a acompañar. —dijo ella con determinación.

—¿Estás segura? Tené en cuenta que va a estar el esqueleto del basilisco… aparte de que por sí ya es un lugar tétrico…

—Sí, no veo la hora de volver… —agregó ella con sorna y una mueca de asco.

Almorzaron algo en el departamento antes, a los mellizos no les gustó nada que les dijeran que tenían que irse, sobre todo porque Ginny estaba muy pálida y se había puesto muy tensa, pero igual no plantearon objeciones.

No tuvieron ningún inconveniente durante el viaje a Hogwarts. Cuando entraron al baño de Myrtle lo invadió una riada de emociones para la que no estaba preparado. Había tenido la mente ocupada en tantas otras cosas que no se había puesto a pensar que en ese mismo baño había tenido el duelo con Draco…

Ginny se puso a hablar con Myrtle mientras en la mente de Harry los recuerdos de los hechos de ese día giraban en torbellino. Draco llorando... el duelo… la maldición… y Draco yaciendo sobre el piso con el pecho abierto… yéndose en sangre…

—Harry, ¿te sentís mal?

Negó sacudiendo la cabeza. De repente sentía una urgencia desesperada de volver a Grimmauld Place para asegurarse de que Draco estaba bien… pero iba a tener que aguantarse, había algo importante que tenía que hacer antes. Caminó hasta los lavabos y se detuvo… ¿realmente era una buena idea haber vuelto? ¿era una buena idea que los recuerdos de entonces afloraran? ¿iba a poder tolerarlos? Miró a Ginny. Ella lo animó con un gesto.

Se concentró en el relieve de la serpiente y siseó la orden. Los lavabos se desplazaron.

Hizo una mueca de repugnancia ante la vista del caño cubierto de inmundicias. —¡Qué asco! —exclamó Ginny arrugando la nariz y torciendo la boca.

—Va a ser más rápido si bajamos deslizándonos, el tubo es muy angosto, montados en las escobas va a ser muy difícil. —los mellizos le habían prestado una escoba a Ginny— Pero eso sí, el regreso necesariamente va a tener que ser volando.

—¿Y Fawkes no podría ayudarnos otra vez? —preguntó ella esperanzada. El tubo era realmente muy angosto.

Harry se encogió de hombros. — No sé… la última vez era una emergencia… en cambio esta vez no… Puedo intentar llamarlo cuando tengamos que subir, pero sinceramente no sé cómo funcionan las cosas con respecto a Fawkes… y si no hay más remedio vamos a tener que subir en escoba. —sonrió— ¿Estás lista para ensuciarte? —le preguntó animándola.

—Lista para una nueva aventura con Harry Potter. —contestó ella sonriendo.

Harry se deslizó primero y Ginny detrás de él. Aterrizaron sin inconvenientes y usaron un par de encantamientos para limpiarse un poco. Y se pusieron en marcha.

—Me pregunto qué será de la vida de Lockhart. —dijo Harry trepando por los escombros del derrumbe.

Ginny soltó una risita, pero le había salido bastante forzada. Mientras avanzaban Harry habló sin parar de cualquier tontería que se le ocurriera, todo para distraerla… y distraerse de la lóbrega atmósfera opresiva.

Cuando llegaron a la Cámara propiamente dicha se detuvieron un instante.

—¿Todo bien?

Ella respiró hondo. —Todo bien.

Harry abrió la puerta, le tomó la mano y entraron juntos. El impacto fue sobrecogedor. La Cámara estaba exactamente igual que como la recordaba, tal cual aquella noche… nada había cambiado… el cuerpo del basilisco no se había descompuesto como él había esperado… y la pestilencia del ambiente era la misma de entonces.

—¿Por qué no se pudrió? —preguntó en voz alta. Su voz resonó en el recinto con ecos siniestros.

—El frío… —susurró ella.

Harry pareció darse cuenta en ese instante que tenía la piel de gallina. Ciertamente hacía mucho frío, pero con tanta adrenalina circulándole en las venas no había llegado a percatarse. De repente Ginny le aferró el brazo con tal fuerza al punto de hacerle doler. Había una mancha de sangre seca sobre el suelo marcando el lugar donde Harry había caído a su lado.

Los recuerdos le volvieron precipitándose en tropel. Había encontrado a Ginny… el diálogo con Riddle… la lucha contra el basilisco… las lágrimas de Fawkes curándolo… revivió todo como si lo estuviera experimentando una vez más.

No hubiera podido decir cuánto tiempo demoró en reaccionar, pero de pronto fue consciente de que Ginny a su lado sollozaba y gemía incontroladamente. La abrazó contra sí y los dos se dejaron caer sentados sobre las losas duras y heladas. Le frotó la espalda mientras la acunaba en sus brazos murmurando palabras tranquilizadoras y de consuelo. Por dentro se maldecía por haberla traído, por someterla a algo tan doloroso.

Él también se sentía muy trastornado, quizá haber bajado no había sido una buena idea después todo… se sobresaltó cuando ella articuló unas palabras.

—No me acuerdo cómo fue que llegué… —susurró. Se separó lentamente, se enderezó y miró alrededor, hizo un esfuerzo evidente para recomponerse un poco. Unos segundos después se puso de pie. Harry hizo lo mismo observándola con atención. Ella caminó, al parecer sin rumbo fijo durante un par de minutos, Harry la fue siguiendo de cerca. Finalmente ella se volvió hacia él, se había sobrepuesto casi por completo al shock emocional inicial, había recobrado la determinación en sus rasgos. —Recuerdo haber estado parada aquí mismo. — dijo e indicó el suelo—… Riddle estaba allí… apenas a unos pasos… —señaló con el dedo— Se reía. Yo estaba muy asustada… había estado en la cama, ¿cómo había llegado hasta acá? Y ese chico que me hablaba… yo no sabía quién era… y cuando me lo dijo al principio no le creí. —miró a Harry— Era tan parecido a como vos sos ahora. —agregó estremeciéndose.

Harry apretó los ojos. La comparación no lo complacía en absoluto. Y Riddle también había mencionado las semejanzas…

—Menos mal que me parezco al joven y no al cara de víbora de ahora… dentro de todo la comparación es tolerable. —dijo Harry sarcástico.

Ginny sonrió apenas. —Pero vos sos más atractivo.

—Menos mal. —replicó Harry más distendido.

La escuchó con atención mientras Ginny le contaba sobre la conversación con Tom Riddle. Riddle le había dicho algunos detalles que la habían convencido de que se trataba del mismo chico del diario. Le había dicho cómo la había atraído hasta ahí y que iba a usarla, que iba a usar su energía para recuperar forma corpórea.

Ginny arrugó la frente. —Dijo que había algo… especial en el diario… que le permitiría volver. Dijo… que estaba bien que él adoptara esa forma y que este lugar, la Cámara, ocultaba muchos secretos. Que estaba bien… —repitió— Harry, otras veces que habíamos hablado, él siempre mencionaba secretos… yo creía que hablaba de mis secretos, porque yo le contaba todo. —Harry no dijo nada, sospechaba que estaba por decirle algo importante y no quería distraerla, siguió con los ojos fijos en ella, expectante.

—Yo siempre me quejaba de que era la menor, la séptima, con seis hermanos mayores. Y cuando veníamos acá él decía que era un lugar ideal para el séptimo secreto.

Harry la animó a que prosiguiera con un breve gesto.

—Por entonces yo creía que se estaba burlando de mí… porque él se reía mucho cuando me contaba esas cosas. Pero no se estaba burlando, ¿verdad? Vos estás buscando su séptimo secreto.

—No exactamente un séptimo secreto… —dijo Harry con una sonrisa sombría— Pero sí, algo por el estilo… —giró la cabeza recorriendo el entorno— Así que está acá… en alguna parte.

—Harry… ahora que lo pienso… esa vez Riddle dijo algo como… que una vez que se hubiera ocupado de vos… que me iba a arrojar a la guarida del basilisco…

Harry giró de inmediato la cabeza hacia la inmensa estatua de piedra de Salazar Slytherin… la boca se había abierto para dejar salir al basilisco… en ese momento estaba cerrada.

—Vos quedate acá. —dijo y se acercó a la estatua.

Riddle había hecho una invocación…

Habladme Vos, ¡oh Slytherin!, el más grande de Los Cuatro de Hogwarts.

La boca se abrió como entonces, un gran agujero negro. Sintió un escalofrío, sus ojos se desviaron hacia el cuerpo del monstruo abatido… y luego otra vez hacia la estatua… decidido, comenzó a escalarla.

—¡Harry, no! —gritó ella corriendo hacia él— ¡No sabés lo que pueda haber ahí!

Sonaba como Hermione, pensó Harry, pero no podía culparla por tener miedo. —Vos quedate acá, yo… tengo que ir a ver lo que hay ahí dentro.

Ginny empezó a trepar.

—¡No, vos quedate!

—De ninguna manera voy a dejarte entrar solo.

Harry había llegado a la boca y se sentó en el borde. Otro túnel oscuro y limoso. La luz de la varita no alcanzaba a iluminar muy lejos.

Ginny llegó y se sentó a su lado, con una mirada desafiante.

Harry asintió resignado y se dejó deslizar, y Ginny detrás de él. El túnel era muy empinado y más corto que el otro, cayó sentado pero se puso inmediatamente de pie. Ginny llegó dos segundos después.

Había antorchas apagadas fijas en las paredes. Ginny murmuró algo y la más cercana se encendió iluminando el recinto. La guarida del basilisco… donde había hibernado durante siglos. Debía de haber algún tipo de encantamiento puesto que la temperatura no era tan baja como en la cámara mayor. Era bastante amplia pero no demasiado y de forma circular. No parecía haber ninguna otra salida aparte del agujero por el que habían ingresado.

Ginny fue repitiendo el encantamiento y las otras antorchas fueron encendiéndose.

Ése era un lugar ideal para esconder un horcrux, pensó Harry. Pero estaba vacío. Podía observarlo con claridad a la luz de todas las antorchas… no, no de todas

—¿Por qué no encendiste esa antorcha, Ginny?

—Traté, pero el encantamiento fue inefectivo.

Harry se aproximó a la antorcha y la estudió con atención. Había una serpiente grabada en el mango… igual a la del lavabo del baño.

—Ginny, volvé a la cámara principal. —dijo con un tono perentorio que no dejaba lugar para objeciones.

—Harry…

—¡No! —con un Accio conjuró una de las escobas

Aterrada, pero sin protestar, Ginny montó y salió.

¡Abre! —siseó Harry.

La pared se desplazó revelando la entrada. Las antorchas del recinto más pequeño se encendieron, en el centro había una mesa.

Temblando y con la varita en alto, entró. Había un espejo de mano descansando inocentemente sobre la mesa, parecía estar hecho de plata. Giró la cabeza alrededor, las cuatro paredes estaban cubiertas por estantes vacíos.

Dio un par de pasos adelantándose hacia la mesa. En el mango del espejo pudo ver grabadas dos letras R primorosamente filigranadas… Rowena Ravenclaw… estaba seguro de eso.

De lo que no estaba seguro era de si sería sensato tocarlo. Se estremecía de sólo pensar en lo que podría ver sobre la superficie azogada. ¿Tom Riddle? ¿Voldemort? ¿O sólo un reflejo de sí mismo?

Desvió la mirada hacia los estantes y comenzó a caminar rodeando la mesa. En el estante inferior de la pared opuesta a la puerta había un libro y una piedra, no los había visto hasta ese momento porque quedaban ocultos por la mesa. La piedra le inspiró el mismo miedo que el espejo… pero el libro era tentador. Era tan parecido al diario de Riddle.

Estiró la mano y lo agarró. Suspiró aliviado… no había pasado nada. Lo abrió. Las páginas estaban cubiertas de escritura manuscrita. Fue hojeándolo. La palabra horcrux se repetía una y otra vez. Debía de ser el libro de notas de Voldemort… lo invadió un entusiasmo indescriptible.

Se acordó entonces de Ginny. Metió el diario en la mochila, no iba a tocar por el momento ni la piedra ni el espejo… volvería otro día, cuando supiera más sobre el asunto. Sonrió ampliamente y salió. Con una orden hizo que la puerta se cerrara. Conjuró la Firebolt y abandonó volando la guarida. La sonrisa se le desvaneció cuando aterrizó al lado de Ginny.

—¿Ginny? ¡Ay, mierda! ¡Perdón!

Lágrimas le corrían por las mejillas y temblaba aterrada.

—Tranquila, Ginny. —le susurró abrazándola— Encontré mucho más de lo que esperaba. Vamos, salgamos de acá.

Ella se dejó llevar sin decir palabra pero no dejaba de temblar. Cuando llegaron a la boca del túnel de salida, Harry llamó a Fawkes. Que se hizo presente al instante y los acarreó hasta el baño.

—Sobreviviste una vez más. —dijo Myrtle con evidente decepción en el tono.

—Así es. —replicó Harry exasperado— Y es preciso que no le cuentes a nadie sobre esto.

—Yo sé guardar secretos. —contesto ella ofendida.

Harry siseó algo y la entrada se selló. —Fawkes, ¿podrías transportarnos de regreso a Diagon, al departamento de los mellizos? —el ave trinó un par de notas. Harry lo entendió como una respuesta afirmativa. Sacó el Manto de la mochila, abrazó a Ginny y la cubrió y se cubrió con el Manto. Estiró la mano y tocó las plumas de la cola del pájaro.

Al instante siguiente estaban en Diagon. Fawkes se despidió con un gorjeo y desapareció.

—¡¿Qué carajo les pasó?! —exclamó George alarmado cuando los vio entrar.

—Estamos bien. —contestó con brusquedad, dejó caer las escobas y el Manto y se desprendió de la mochila.

—¿Ginny? —dijo Fred muy preocupado.

Ella sacudió la cabeza con vehemencia, no estaba en condiciones como para articular nada.

—Vamos, Ginny… —dijo Harry con suavidad conduciéndola lentamente hacia el baño— …una ducha te va a venir bien, te vas a sentir mejor enseguida.

—Harry, no podés entrar al baño con ella… —le advirtió Fred.

—¡En este momento no la puedo dejar sola! —bramó Harry. Entraron y cerró la puerta azotándola detrás de sí.

—¿Vas a poder desvestirte sola? —le preguntó.

Ella lo miró aturdida durante varios segundos y luego alzó las manos temblorosas y comenzó a desabotonarse la blusa. Pero no podía coordinar los movimientos. Bajó las manos frustrada y nuevamente comenzaron a brotarle lágrimas.

Maldiciéndose por lo bajo por haberla puesto en ese estado, Harry se le acercó y la ayudó a desvestirse. Cuando quedó frente a él sólo con la bombacha y el corpiño, Harry cerró los ojos apretándolos… Draco me mataría si llegara a enterarse, pensó.

Cuando reabrió los ojos, Ginny estaba tratando, sin conseguirlo, de desprenderse el corpiño. Harry respiró hondo y se lo desprendió… y tuvo que ayudarla también a sacarse la bombacha. Abrió las canillas y la instó de inmediato a que se metiera en la ducha.

—¡Soy hombre muerto! —masculló por lo bajo y luego en voz alta dijo: —Ginny, ¿estás bien? —no obtuvo respuesta, metió la cabeza para ver qué pasaba— ¿Ginny?

Estaba quieta y con la mirada en blanco. El agua que caía sobre ella se iba mezclando con sus lágrimas.

—¡Oh, Ginny! Ya sé que es difícil… pero tratá de… —no había caso, no parecía reaccionar.

Maldiciendo, Harry comenzó a quitarse la ropa. —¡Soy hombre muerto! ¡Lo que no sé es quién me va a matar primero…! —farfullaba.

Sólo con los boxers puestos se metió en la ducha. Agarró la esponja, la cargó con jabón y se la dio. —Yo voy a lavarte el cabello pero vos andá enjabonándote el cuerpo, ¿te parece bien? —la hizo dar vuelta para que le diera la espalda, tomó un poco de champú del frasco y procedió a lavarle el pelo. Ella lo dejó hacer pero no hizo ningún movimiento.

—Lavate, Ginny. —la instó con voz suave.

Ella asintió apenas y obedeció. Harry suspiró aliviado y procedió a lavarse sus cabellos. Cuando ella terminó, salió sola de la ducha. Harry aprovechó entonces, se sacó los calzoncillos y terminó de bañarse. Cerró las canillas, estiró una mano fuera de la ducha, agarró un toallón y se cubrió fijándolo alrededor de la cintura.

Ginny también se había envuelto en un toallón, estaba sentada en el inodoro sobre la tapa. Tenía la mirada fija en el suelo. Harry se arrodilló a su lado.

—¿Te sentís mejor? —le preguntó esperanzado.

Ella alzó los ojos y lo miró. —Un poco. —susurró, eran las primeras palabras que pronunciaba desde que habían salido de la Cámara.

—Perdón… no tendría que haberte hecho pasar por todo esto.

—No te inquietes… —dijo ella con voz temblorosa como conteniendo un sollozo—…resultó mucho más duro de lo que yo había supuesto.

—Si yo hubiese sabido…

—Habríamos ido igual… —lo interrumpió ella.

—Eh… sí, posiblemente… pero vos sabés por qué tenía que llevarte conmigo, ¿no?

Ella sonrió. —No, Harry, en realidad no lo sé. Sé que tiene que ver con Voldemort… y sé que saliste muy entusiasmado… así que presumo que es algo muy bueno que encontraras… lo que sea que hayas encontrado.

—Bueno… lo que me ayudaste a encontrar es en realidad algo malo. Pero haberlo encontrado es algo muy bueno. Ahora tengo que ver la forma de cómo sacarlo de ahí… pero no creo que vaya a ser difícil.

—Harry… ¡yo estaba aterrada! ¡Pensaba que nunca ibas a salir! Es algo muy peligroso, ¿no?

Harry titubeó un instante buscando en su mente alguna respuesta adecuada que pudiera darle. Para ganar un poco de tiempo agarró una toalla y se la pasó a Ginny para que se secara los cabellos. Agarró también una para él y comenzó también a secárselos.

Ginny se ató la toalla alrededor de la cabeza. —Contestame, Harry…

—Es muy peligroso. —admitió él con renuencia.

Ella lo miró con preocupación. Él sacudió la cabeza. —No, no te inquietes… Vos ya hiciste tu parte… vos eras la única que poseías la clave…

—¡Cuán afortunada de mí! —exclamó Ginny sarcástica.

Harry sonrió con tristeza. —Si te sirve de consuelo… puedo decirte que sé muy bien cómo te sentís.

—¡Oh Harry! Perdoname vos a mí. Sé que para vos también debe de haber sido espantoso, no sé de dónde sacás la entereza para soportar tanto sin desmoronarte.

Él se encogió de hombros. —A veces yo tampoco sé cómo explicármelo. ¿Te sentís mejor ahora?

—Sí… creo que él shock ya se me pasó…

—Tus hermanos me van a matar cuando se enteren…

—No se van a enterar. Fred y George son los únicos que saben algo… y ellos no van a decir nada, confían en vos para lo que sea… —Ginny hizo una pausa, inclinó apenas la cabeza y entrecerró los ojos estudiándolo con suspicacia.

—Eh… ¿qué pasa? —preguntó él mirándola con aprensión.

—¿Y por qué alguno de ellos tendría que decir nada porque te duchaste conmigo?

—Eh… ¿cómo? …no entiendo qué querés decir…

Ella revoleó los ojos. —Harry… nosotros hemos tenido sexo… no sé porqué te dejaste los calzoncillos puestos… ya te había visto desnudo en más de una oportunidad… pero vos no sólo tenías miedo de mis hermanos… ¡vos estás saliendo con alguien!

Harry gruñó y agachó la cabeza. —Es verdad… estoy saliendo con alguien… que me mataría si se enterara.

—¿Y pensás decírselo? ¿Ella sabe que vos y yo estuvimos de novios?

Harry asintió.

—¿Y no vas a decirme quién es?

Él alzó la vista, sonrió culpable y negó sacudiendo la cabeza.

—¿Y sos feliz con ella? ¿Encontraste esa chispa que faltaba?

Harry amplió la sonrisa. —¡Sí! ¡Es increíble, Ginny! Nunca nadie me había hecho sentir así… —se interrumpió al darse cuenta que decir eso era casi como insultarla.

Ella no lo tomó a mal, por el contrario, le devolvió la sonrisa. —Harry, estoy tan feliz por vos. Me siento tan contenta de que hayas podido encontrar a la persona indicada… ahora quiero que se muestre tu vena melosa y sentimental y me cuentes todos los detalles.

—Yo no tengo una vena melosa y sentimental… —protestó Harry sin dejar de sonreír.

—¡Pero claro que sí! Aunque no te des cuenta… vamos, me lo debés por todo lo que me hiciste pasar hoy… estoy sumamente trastornada, necesito que me levanten el ánimo. —lo presionó ella con malicia.

—Me parece que ya estás mucho mejor… —dijo él incorporándose y amagando hacia la puerta.

—Nada, nada… —Ginny se puso de pie y corrió a bloquearle la salida— De acá no salís si no me contás todo… ¡Vamos, quiero oírte!

No lo iba a dejar salir si no la complacía… Harry cerró los ojos, se apoyó contra la pared y pensó en Draco.

—Es de un atractivo celestial, fuerte, sagaz y desafiante… desborda de creatividad… quizá tiene demasiado empecinamiento a veces y celos… lo que considera suyo lo quiere para sí… pero no le falta solicitud… y me protege siempre. Le otorga suprema importancia a la familia, es excelente en Pociones y colosal volando sobre una escoba, adora los desafíos, detesta el aburrimiento… brillante cuando besa, la seducción misma hecha persona… y en la cama ideal para acurrucarse y gozar de su ternura.

—¡Harry! ¡¿Quién diablos es!? —exclamó Ginny fascinada con la descripción— ¿Por casualidad no tendrá un hermano que me venga bien a mí?

Harry negó con la cabeza riendo. —No te lo puedo decir, Ginny… estamos en medio de esta guerra… y no sería seguro si alguien lo supiera —abrió los ojos— Y no se lo podés decir ni siquiera a Ron o a Hermione… nadie debe saber que estoy saliendo con alguien…

—Entiendo, se transformaría en un blanco prioritario si se supiera… y Ron y Hermione te abrumarían hasta la demencia para que les dijeras quién es…

—Me alegra que lo entiendas… y con Ron y Hermione ya he tenido muchos roces ásperos últimamente… se opusieron terminantemente a que te llevara conmigo a la Cámara… me prohibieron incluso que siquiera hablara con vos del asunto… aunque creo que en algún momento voy a tener que decírselo.

—¡Ellos no son mis guardianes! —declaró Ginny— Y si bien me afectó bastante… ya casi se me pasó.

—Entonces… ¿podríamos ya salir del baño?

Ella extendió las manos. —Ya estoy mejor, Harry, pero todavía estoy temblando. Quizá precisaría algunos detalles más sobre…

Ah, no, no… no más detalles… abrigate un poco y tomate una buena taza de chocolate caliente y el temblor se te va a pasar.

—Oh, está bien… —dijo ella sonriendo y abrió la puerta.

Fred y George estaban los dos muy ansiosos parados junto a la puerta.

—¿Están los dos bien? —preguntó Fred.

—Los dos estamos bien. —lo tranquilizó Ginny— Yo estaba muy sacudida pero ya se me está pasando.

—Correr aventuras junto a Harry suele tener ese efecto. —bromeó George, pero se le notaba el gran alivio en el tono.

—Gracias. —dijo Harry con sorna— ¿Podrían prestarnos algo de ropa?

—Hay ropa de Ginny en el cuarto de huéspedes, te habías dejado algunas cosas la última vez que viniste a pasar el fin de semana. —dijo Fred— Me temo, Harry, que vos te las vas a tener que arreglar otra vez con ropa mía.

—¿Otra vez? —preguntó Ginny con curiosidad dándose vuelta, ya había enfilado hacia el cuarto de huéspedes.

—Una vez tuve que pedirle ropa prestada. —dijo Harry restándole importancia al asunto. Fred le alcanzó un bulto de ropa y Harry volvió a meterse en el baño para vestirse.

Apenas hubo cerrado la puerta lo atacaron y lo estamparon contra la pared.

La cabeza de Draco se materializó de la nada. Y antes de que pudiera darse cuenta de lo que estaba pasando, Draco lo estaba besando con violencia posesiva. Su cuerpo respondió de inmediato a las caricias y se aferró a sus hombros invisibles para anclarse y no desplomarse por el ímpetu inusitado del asalto. Podía sentir la erección de Draco sobre su vientre… se puso en puntas de pie para lograr que entrara en contacto contra la suya.

Gimió de placer cuando las manos invisibles lo despojaron del toallón y se lanzaron a sobarlo lujuriosas. Una ola increíble de placer lo inundó por completo. La lengua ávida de Draco le invadía la boca reclamándosela…

Sus dedos torpes trataban de desabrochar la capa, quería sentir su piel contra la suya. Pero no podía concentrarse… una mano invisible le estaba apretando y frotando la verga… y los testículos.

Finalmente lo logró y se la desprendió de los hombros, la capa cayó al suelo. Le metió la mano por debajo de la cintura del pantalón. Draco interrumpió el beso cuando le aferró la dureza enhiesta.

—¡Dioses, Draco! —gimió sacudiéndole la erección.

Draco también gimió y respondió atacándole el cuello, chupando y mordisqueando con fiereza.

—¡Ay… Draco! ¡Ay… no puede ser…! ¡Ay, sí…! ¡Draco! —gimoteó. Sacudió las caderas acometiendo en la mano de Draco al tiempo que trataba de mantener un ritmo similar frotándole el miembro. A como estaban las cosas sabía que no iba a durar mucho más.

No era sólo el acto en sí, sino también lo repentino… y la actitud intensa y avasalladora de Draco… que lo reivindicaba como de su propiedad… y Harry que quería entregarse y al mismo tiempo reclamar a Draco para él. Pero no había tiempo para pensar en nada de eso… sólo para sentir… para gozar… alcanzaba el clímax... ya… ¡ahora!

Pero la boca de Draco no se detuvo cuando Harry acabó, seguía tanto o más voraz. Harry aprovechó que su mano había quedado conveniente lubricada con su pegajosa esencia y aceleró frenéticamente la velocidad de las sacudidas. Unos segundos después Draco claudicó, todo su cuerpo se estremeció espasmódico, alzó la cabeza, dejó escapar un ronquido de gozo y su frente bajó apoyándose sobre la suya. Harry pudo sentir los chorros tibios impactando sobre su piel. Lo abrazó apretadamente y así permanecieron, jadeantes durante un largo minuto.

Finalmente Draco alzó un poco la cabeza y lo miró a los ojos. —Vos sos mío. —declaró vehemente.

—Sí… tuyo… sólo tuyo.

Draco asintió satisfecho, se soltó, retrocedió un paso y procedió a limpiarse y a acomodarse la ropa.

—Vos estuviste acá todo el tiempo, ¿no? —dijo Harry.

—Naturalmente, mirá si te iba dejar solo en el baño con la Comadrejita.

—No le digas así…

—Conformate con que me haya aguantado y no la haya cosido a maldiciones. ¡Ella no tiene ningún derecho a ducharse con mi novio!

Harry lo miró muy nervioso. —No pasó nada, Draco.

—Ya sé, boludo. Si algo hubiese pasado a vos también te habría acribillado a hechizos.

—Por mi culpa había quedado muy mal. Tenía que asegurarme de que se recompusiera. No es que quisiera ducharme con ella… pero ella no hubiera querido que fueran Fred y George los que la ayudaran.

Draco se le acercó de nuevo y le tomó la cara con una mano. —Pude ver todo. Me di cuenta de lo mal que estaba. ¿Qué fue lo que pasó, Harry? ¿Vos estás bien?

—Sí, yo estoy bien. No fue sino otras de esas tareas desagradables que siempre me tocan. —los ojos se le llenaron de brillo, le dio un rápido beso a Draco, se separó y comenzó a vestirse murmurando por lo bajo— Estoy seguro que es el de Ravenclaw… y el otro es el de Hufflepuff… así que quedaría saber cuál es el de Gryffindor… —hizo una breve pausa y se calzó la toga— Godric Gryffindor… —masculló… y los ojos se le agrandaron de repente— ¡Oh Merlín! —exclamó— Es posible que no me equivocara cuando…

Draco lo estaba mirando perplejo y alarmado, pero Harry no registró la expresión de su rostro, su mente estaba en otra cosa. Siguió farfullando —Voy a tener que ir… y no por una cuestión de sentimentalismo… ¿acaso a Dumbledore también se le había ocurrido?... ¡tiene que estar ahí!... pero Dumbledore debe de haber revisado todo… ni siquiera sé si queda algo…

—¡Harry! —lo interrumpió Draco gritando— ¿De qué puta estás hablando?

Harry lo miró aturdido, recién se percataba de que había estado pensando en voz alta.

—¿Quiero suponer que no tendrás que irte de nuevo? —preguntó Draco mirándolo con desaprobación.

—No, no esta noche. —dejó caer los hombros y suspiró hondamente— Es más razonable que vaya de día. Se dio vuelta y captó su imagen en el espejo. —¡Maldición! —gruñó por lo bajo y se llevó los dedos al muy conspicuo chupón que ostentaba en el cuello.

Draco soltó una risita. Le rodeó desde atrás la cintura con los brazos y le apoyó la barbilla sobre un hombro. Las miradas de ambos se encontraron en el reflejo. —Te sentís muy orgulloso de tu hazaña, ¿no?

—Naturalmente.

Harry sonrió. —¿Y ahora? ¿Cómo se supone que lo oculte?

Draco hizo un puchero, ¿quería esconder su obra maestra?, así y todo le contestó: —Un simple encantamiento cosmético bastará. —levantó la varita y murmuró algo.

El moretón desapareció al instante. Harry arrugó la frente, se pasó los dedos por el cuello, la piel seguía tan sensible como antes pero no quedaba ningún rastro de la marca. Le sonrió.

Draco le devolvió la sonrisa y trató de acomodarle un poco los cabellos mientras Harry terminaba de abrocharse la toga.

—Estuve demasiado tiempo acá adentro deben de estar preocupados.

—Los mellizos saben que estoy con vos. —le informó Draco con tono distraído.

Harry se sorprendió un poco, no demasiado… era lógico si uno lo pensaba. — ¿Y vos viniste a visitarlos después que yo me fui? ¿Tan bien te caen?

Draco hizo una mueca de disgusto. —Sabía que ibas a venir acá. —alzó la capa caída y volvió a cubrirse— Además…—agregó—… estuvimos trabajando juntos para mejorar la Capa… para que también sirva para enmascarar los olores.

Así que Draco había estado colaborando con los mellizos… muy notable. —¿Y tuvieron éxito?

—Es posible… necesitamos a Lupin para una prueba concluyente. —dijo y la cabeza desapareció debajo de la capucha.

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