¡Wow!¡Wow!¡WOW! No me lo puedo creer, más de 3,284 vistas ¿¡Qué es esto !? Siento que estoy soñando, que feliz soy T ^ T


Capítulo veinticinco: Mala espina II

Mephisto Pheles, caballero honorario y segundo príncipe y Rey Demonio de Gehena, nunca antes se había esforzado tanto en ayudar a alguien con anterioridad. Para todo demonio, ser puesto en su situación sería algo imperdonable, pero no podía hacer nada.

— ¡Mephisto!— se escuchó la voz desesperada de Shiro.

— ¡Que ya voy! Maldición.

El desgraciado de Shiro Fujimoto supo cómo traspasar su corazón protegido con aquella barrera de sarcasmo e indiferencia, supo volverse su talón de Aquiles. Sin perder más tiempo, tras ver como Yukio sacaba a los aspirantes a exorcista de ahí, tomó impulso y le propinó una patada de lleno al rostro a Astaroth. El demonio cayó hasta impactar contra el suelo.

— Tendremos que bajar y...

— ¡Rin!— Shiro no se lo pensó y se saltó de los restos del tren.

Los labios de Samael se fruncieron en una mueca. Saltó tras Fujimoto, bien sabía de la resistencia y experiencia del peli-gris como exorcista, pero eso no impediría que saliese con algo roto de semejante caída. A mitad del descenso logró sujetarlo del brazo, aminorando el impacto.

— Uno tendrá que frenar a Astaroth y el otro...

— ¡Tú ve por Rin! Con tus habilidades podrás encontrarlo antes que yo.

— ¿Podrías dejarme terminar de hablar por lo menos?— gruñó el Pheles.

Odiaba que le dieran órdenes. En toda su existencia, según recordaba, solamente a dos personas había hecho caso con respecto a tan delicado tema para el. El primero, realmente un demonio, era su padre: El rey de Gehena. Y el segundo...

— ¿Nos llamó, señor?— cuestionó un conejo verde menta.

Era el actual Paladín. ¿Qué le hizo Shiro? Era casi ridícula la forma en la que no podía negarle nada. La manera en la que dicho humano era capaz de sonsacarle información. Eso era peligroso, no solamente para él, igualmente para el padre adoptivo de los gemelos Okumura.

Invocó a uno de sus familiares: Los manipuladores del tiempo. 6 conejos de color verde menta enmascarados, con singulares borrones negros en lugar de una esponjosa cola, aparecieron ante él. Estos estaban a la espera de instrucciones que seguir por parte de su amo.

— Divídanse en grupos de 2 e intercepten a los esbirros de Astaroth, pretenden llevarse a Okumura Rin — gruñó de malhumor.

Él se fue por la dirección que más le dictaba su instinto seguir, los Manipuladores del tiempo tomaron las direcciones faltantes, claramente después de unos instantes de shock ante la identidad del chico. En Gehena ya no había quien no hubiese oído hablar sobre él con anterioridad, de manera negativa, el mayor de los gemelos se hizo de una fama que nunca deseo.

La razón de la dispersión se debía a la cantidad, nuevamente, industrial que usó el Rey de la putrefacción para su segundo atraco. Shiro se encargaba de exorcizar a Astaroth en lo que Samael rescataba a Rin. Si bien, jamás estuvo en los planes del oji-esmeralda hacerle de niñera, tenía más que en cuenta el hecho de que el peli-gris no le perdonaría si dejaba que se llevaran al chico.

— ¿A dónde creen que van, alimañas?— el hastío se notaba perfectamente en su voz.

Para su suerte, no tuvo que pasar mucho antes que interceptar al pequeño grupo que se llevaba al medio-demonio.

.

.

— Es muy extraño que Samael-san nos haya llamado.

Dos Manipuladores del tiempo, los más jóvenes del sexteto, decidieron hacer equipo y buscar en la dirección que quedaba al norte. Ellos alcanzaron y se deshicieron de los Ghoul y Naberius que se toparon en su camino, sin embargo, aquel grupo era uno de distracción de los muchos que se formaron para obligarlos a dispersarse.

Pese a ser conocidos por su destacable capacidad para devorar los recuerdos del resto y alterar su percepción del tiempo, lo cual les otorgaba el nombre tan característico que poseían, como todo demonio su alta resistencia física y agresividad instintiva les hacía de cuidado tomar. Llegaron al punto de salir del bosque en el cual fueron convocados e iniciar a adentrarse a la ciudad cercana.

— Deberíamos irnos, ya no siento sus presencias por aquí.

— Supongo que tienes razón ¿Dónde estamos? Parece un basurero.

El destartalado sitio de construcción desprendía un olor a óxido y polvo, el suficiente como para provocarle a uno estornudar. Tuvo que pasar su pata sobre su nariz para deshacerse de la molesta sensación de hormigueo.

— Vamos, debemos... ¿Ciaran? ¿Qué dioses haces*? Debemos irnos.

El menor se percató de algo a la distancia. Los demonios eran curiosos por naturaleza, la parte negativa de ello, era la malicia que poseían con esta. Se preparó y saltó por las pilas de vigas y material de construcción que quedaban en el sitio. El otro se extrañó por ello y arrugó la nariz ante la humedad.

— ¡Perfecto! Comenzó a llover— rezongó— ¿Qué estás haciendo, Ciaran? Debemos regresar.

— Hay algo... no ¡Hay alguien aquí!

Se fue acercando poco a poco hacia aquello que había divisado. Conforme se reducía la distancia, el Manipulador del tiempo iba palideciendo, hasta quedar más blanco que una hoja. Eso alertó al mayor de los dos y ocasionó que se le acercara de un solo salto.

— ¿Ciaran? ¡Oye bobo! Hazme caso.

— Pero... Gharan...

— ¿Qué?

— Mira.

Por inercia, volteó a ver hacia donde aquella temblorosa pata de garritas negras apuntaba. Cuando lo hizo, no pudo evitar suprimir un respingo y terminó poniéndose en modo alerta. La mayor parte del desorden no se debía al paso de tiempo, eran los rastros de una brutal pelea. Bajo sus patas podían observar parte de la sangre seca, la que seguía fresca se iba borrando con la lluvia.

— ¿¡Qué vamos a hacer Gharan!?

— ¡Yo qué voy a saber!— chistó el mayor— Tenemos que avisarle a Samael-san.

— ¿Vamos a dejarlo aquí? Samael-san se enojará sino lo llevamos de una vez y le hacemos salir cuando pudimos evitarlo.

— Sí, tienes razón.

El Manipulador más joven decidió transformarse, adquiriendo una apariencia más estilizada y más imponente. Logró subir de un tirón al herido y la falta de alguna reacción, por involuntaria que fuera, no les daba buena espina. No se imaginaron toparse en un lugar y situación así con el tercer príncipe y séptimo Rey Demonio: Amaimon.

.

.

— ¡Maldito exorcista!— Astaroth miró a Shiro con desprecio— ¿Hasta cuando dejarás de entrometerte? ¡De no ser por ti ya me hubiese llevado al joven príncipe!

El paladín bufó con hastío. Él pensaba y opinaba algo muy similar a lo que Astaroth acababa de decir. De no ser por él, muy posiblemente, seguirían en el monasterio llevando una vida normal y tranquila. Lejos de la mención continua de los demonios y los peligros que ello representaba para la existencia de Rin.

— Que demonio más molesto— murmuró mientras preparaba aquella arma que llevaba tanto sin usar, su escopeta— Por aquí no hay ningún joven príncipe, simplemente está mi hijo. No voy a permitir que te lo lleves, grabátelo de una buena vez.

Antes de poder soltar un mordaz comentario, Astaroth miró a ver hacia una dirección determinada y chistó con fastidio. De inmediato, comenzó la retirada. Fujimoto estaba más que dispuesto a seguirle y acabar con él de una vez por todas, no obstante, percatarse del regreso de Samael lo detuvo.

— Siempre terminas forzándome a ayudarte incluso en las situaciones más extrañas, Paladín del Vaticano— soltó el peli-morado de mala gana.

El demonio espacio-tiempo cargaba en brazos al inconsciente chico, quien debido a la herida causada ya cicatrizada, tenía parte de la camisa rota y parte de esta ensangrentada. Aquello fue motivo de alarma para el exorcista reconocido como el mejor en la actualidad. Al ver su minuciosa inspección, Samael simplemente suspiró.

— Él está bien.

Shiro clavó la mirada en la espada, por suerte, Mephisto intervinó justo en el momento exacto antes de que la cola de Rin que tanto le costó volver a esconder quedase al descubierto. Ese tema tal delicado no le correspondía, y esperaba que así siguiese, a él explicarlo. Por bien propio, él tendría que llevar al muchacho durante todo el trayecto.

— ¿Astaroth se retiró?

— Sí, esto no me gusta. Con el tipo de demonio que es...

— Lo sé, han robado su urna para liberarlo a propósito, que se retirara no es ninguna coincidencia. Está trabajando con alguien.

Por unos instantes se tensaron, la maleza comenzaba a moverse con avidez, aunque a fin de cuentas Samael se relajó. Shiro le secundó cuando divisó a cuatro Manipuladores del tiempo. Antes de pronunciar palabra, sintió la presencia de los dos restantes, claramente se percató de la presencia extra que los acompañaba. O, mejor dicho, que se traían a cuestas.

— ¡Señor!— la voz del menor de los conejos verde menta se escuchaba parcialmente preocupada— De camino aquí hemos intentado cualquier cosa para hacerle despertar, pero él... ¡No reacciona!

.

.

— ¿Y bien?

La voz de Astaroth resonó en la habitación. Negaus evitó el contacto visual. Toudou sonrió. Mamushi no se encontraba en ese sitio, debía permanecer con la Orden Myoda hasta que pudiesen conseguir el ojo faltante del Rey Impuro.

— Ha salido a la perfección. Mientras los exorcistas se preocupan en perseguirte y tratar de capturarte, será más fácil lograr nuestro objetivo, Astaroth.

.

.

Todo estaba obscuro. Sentía como la cabeza le dolía a horrores, poco más y podría jurar que si el dolor no se calmaba la cabeza le iría a explotar. Se removió inquieto en la cama, buscando una posición cómoda para dormir, al menos lo hacía hasta que recapacitó que no debería estar en una cama. Los últimos sucesos que recordaba vinieron en tromba, ocasionándole que la cabeza le doliese aún más.

"— Quédate dormido de una buena vez —"

Que cruzara por su mente aquella voz, pronunciando esas frías palabras, lo forzó a abrir los ojos de golpe e incorporarse en la cama de un salto. De inmediato injurio lo primero que le vino a la mente, sujetándose la cabeza con una mano, en una mueca dolida. La monstruosa fuerza de ese demonio lograría dejarle una buena jaqueca por un rato más.

Sus ojos apenas se acostumbraron a la cantidad de luz del sitio recorrieron la habitación de decorado tradicional, normalmente no lograría ubicar dónde estaba, pero ciertos libros que se obligó a sí mismo a leer le daban una idea de su paradero actual. Estaba en lo que parecía ser la habitación de descanso en un ryokan. Se fijó en que únicamente yacían dos futones ahí.

— Rin...

Pudo ver a un chico de tez pálida dormir a pierna suelta, casi roncando, con una pinta bastante tranquila. Ambos portaban sus ropas de uso diario, obviamente, con Rin habían tenido la consideración de haber cambiado las suyas por unas más presentables a comparación como quedó la camisa de uniforme que tenía durante el ataque de Astaroth.

Intentó salir de la cama para ir a avisarle a Samael de una vez, pero justo cuando se iba a poner de pie, el dolor se intensificó orillándolo a volver a tumbarse en la cama para que este aminorara. Tenía en cuenta que, tomando en consideración quién fue su oponente, haber salido vivo ya era un logro. Terminar con "daños menores" se convertía en una total hazaña. No obstante, aún así se sentía como un inútil.

— "No tengo tiempo para esto..."— le frustraba entender que se vería obligado a mantener reposo por un rato más— "Debo avisarle a Aniue que él está aquí, debo decirle que Lucifer se encuentra en Asshia"

Con ese pensamiento en mente, logró sentarse nuevamente y trató de acostumbrarse al punzante dolor constante que padecía. Era difícil. No habituaba experimentar dolor, al contrario, de antaño solía matar lo que se topara por diversión.

— Yo que tú, no me levantaría... Demonio.

El rostro de Amaimon palideció completamente, pese a conservar un rostro indiferente, por dentro temía no volver a ver a Rin nunca más. Ahí, apoyado en el marco de la puerta semi-abierta, se encontraba Shiro Fujimoto.


¡Woah! ¡El encuentro entre Amaimon y Shiro! ¿¡Qué sucederá!? ¿Desmantelarán finalmente su secreto? ¿Los separarán? ¿Dejaré de hacer preguntas? ¿¡Qué!?

Tengo dos cosas qué decir, primeramente: Gracias por todo su apoyo y paciencia. Las actualizaciones...sí, últimamente he estado como tortuga. Lo siento por eso. En segunda, sé que muchos se preguntan por la escena de la biblioteca, y sí...falta muy poco para que se sepa cómo acabaron en esa situación :3

- Avance -

— ¿¡Quién eres tú!? — el Okumura ya se encontraba exasperado.

— Eres tan vulgar — chistó la demonio de cabellos castaños de puntas verdes.

— ¡Cállate, pervertida exhibicionista!

Aquella desconocida pasó a perder el equilibrio ante tal apodo-insulto. Miró a ver a Rin con un latente odio.

— Eres insoportable — soltó despectiva — ¿Qué vio Amaimon en ti?

— ¿Conoces a Amaimon-nii? Espera... ¿De qué lo conoces?

El mitad demonio frunció el ceño, provocando sin querer, que aquella irritante fémina sonriera con malicia.

— Veo...que él no te ha dicho nada sobre mí, ¿Cierto?

Eso ha sido todo por esta actualización ^^ ¡Nos vemos en la siguiente!