Bueno, esta es la segunda parte del primer Ova. Muchas creían que estaba acabado, no! Era solo la primera parte, si lo ponía en el título por dios XD
Y decir, que… esta Ankoku no es la niña crecida de Naruto y Sasuke del presente. Ni hablar. Es la Ankoku del fic, solo que un año antes de que tuviera que viajar al Pasado, que fue cuando conoció a Ichigo, por eso es antes del fic, ya que si recordáis, en este ya estaban saliendo juntos.
Por eso se llama Futuro. Porque trata de los niños del Futuro en el fic. Los Ovas de Presente, irán de nuestros Naruto y Sasuke, y el primero que haré será con Ankoku de pequeñita n.n.
Espero que ahora si quede claro, a leer! XD
Ova 1: Futuro
¿POR QUÉ ÉL?
Parte 2
La Uchiha agarró fuerte la mano de Ichigo y salió corriendo de la fiesta, notó que la gente los observaba pero a ella le daba igual, todavía le quedaba cumplir con algo. Cuando notó que el pobre chico estiraba para pararla y preguntarle, echa hizo una clase de sellos con solo una mano y desapareció.
Antes de que Ichigo se diera cuenta, ya estaba en su casa. Miró a Ankoku y esta se la devolvió.
-¿Qué hacemos aquí? –estaba tan confundido, que no sabía ni que pensar de lo que estaba pasando.
La chica no contestó, es más, comenzó a mirar por su alrededor para ojear el apartamento, arrugó la frente y se acercó al mueble del salón. Con dedos cuidados sujetó una pequeña foto, de una chica realmente linda, tan linda como ella. La levantó e intentando que de nuevo su ira no saliera, intentó preguntar inexpresivamente.
-¿Quién es esta chica?
Ichigo se asomó sobre su hombro para ver de que se trataba, cuando contempló el pequeño cuadro se lo arrebató violentamente y lo dejó en su sitio. Ankoku se sorprendió y enfureció a tal extremo que estuvo a punto de salir de allí, sin embargo se intentó controlar. El peliplateado suspiró tranquilizándose y se quedó observando a la linda chica que salía vestida de anbu en la foto.
-Es la mujer a quién más he amado en mi vida.
Esto si que no se lo hubiera esperado nunca. La morena se mordió el labio y cuando iba a voltearse para salir de allí escuchó el murmullo.
-Mi hermana.
-¿Tu hermana? –preguntó seria, aunque por dentro estaba bastante aliviada.
Ichigo cruzó la sala y se fue a su dormitorio. Se sentó en la cama y se agachó para sacar una caja de debajo de ella.
-Ven, acércate.
Ankoku andó tranquilamente hasta sentarse a su lado. Echo esto esperó a que la abriera. En ella había muchísimas cosas. Pero lo que más le llamó la atención fue una bandana con el signo de Konoha rajado por la mitad.
-Si te vas a quedar más tranquilo, me lo puedes contar.
Ichigo le sonrió, sabía que aunque parecía seria, era ella la que quería saber todo lo que le pasaba. Se sintió bien, sabía que por lo menos la tendría siempre como una amiga, aunque por supuesto él quería mucho más que eso. Agarró un pedazo de tela que pronto Ankoku reconoció, negra con nubes rojas, era pequeño… solo un retazo.
-Mi hermana también era capitán de anbu. Pero del anbu raíz, así que entenderás ya que no era mi hermana de sangre. –hizo una pausa para observar la reacción de ella, se mantenía serena-. Una de las víctimas escrita en su libro de bingo… -lo recogió de la caja y fue pasando las páginas en las cuales había fotos tachadas hasta que se paró en una específica-. Era Uchiha Itachi.
-Mi…
-Sí, tu tío. –para que ella no creyera que tendría algún resentimiento le acarició momentáneamente el dorso de la mano-. Se infiltró en Akatsuki, de ahí la bandana rasgada, sin embargo tuvieron que abortar la misión y ella fue asesinada a manos de Itachi. –agarró el trozo de tela y lo apretó con fuerza, tanto que su nuditos se pusieron blancos-. Le encontramos la tela en la mano.
No quería empezar a llorar, era un hombre y no podía permitirse ese lujo. Apretó más fuerte el retazo y frunció los labios. Ankoku conciliadora posó una mano en su hombro.
-¿Cuándo? -murmuró.
-Hace dos años, yo fui de apoyo, tenía 12, era chunnin.
Ichigo después de un largo suspiró lo volvió a meter todo en la caja y la escondió debajo de la cama. Se sentía muchísimo mejor ahora que se había podido desprender de la única cosa que creía que podría separarlos. No quería que creyera que todo lo hacía por venganza, que la pudiera estar engañando por ser Uchiha, eso no tenía nada que ver. Si que es verdad que buscó la forma de entrar en su escuadrón, le daba curiosidad saber como eran, y cuando lo descubrió supo que todos no eran como ese despreciable de Itachi, bueno… puede que Uchiha-san…, no, solo era protector con su hija, gesto que demostraba lo mucho que la quería.
-Ichigo…
Este se volvió para observarla. Se quedó pasmado. Ella comenzaba a bajarse los tirantes del vestido, dejando ver claramente la curva de sus senos. Subió sus dos piernas a la cama y como una gatita se acercó a él. Le puso un dedo en la boca, la cual mantenía entreabierta por la sorpresa y le ronroneó…
-¿Quieres que te consuele?
El pobre anbu negó con la cabeza cuando pudo cerrar la boca y recobrar el sentido común.
-Esto no esta bien. –la cogió de los hombros e intentó retirarla, eso si, muy suavemente-. Si Hokage-sama se enterara ya no confiaría más en mí. –soltó humildemente.
Ankoku no estaba dispuesta a que la rechazara, ahora comprendía que aquel hombre la ponía realmente caliente, le gustaba y mucho. Lo empujó en el pecho hasta dejarlo recostado en la cama, aun sentado en el filo y en un rápido movimiento se agarró los bajos del vestido y se subió a horcajadas sobre él.
-Esta noche será entera para nosotros, Ichigo. –al ver la indecisión en sus ojos, ella se apresuró a añadir-. Si no te dejas te forzaré, sabes que soy mil veces más poderosa que tu… –se agarró las orquillas que formaban el recogido y se las quitó, dejando que impresionantemente los mechones azules cayeran en su espalda invadiéndola de un brillante manto de noche, se inclinó sobre él y le susurró justo sobre la boca-. Me harás tuya aunque tenga que paralizarte con mi Sharingan. –advirtió.
-M-me da vergüenza decirlo pero… me estas acojonando Ankoku. –repitió el chico, rígido como un estatua e incapaz de levantar ni un solo dedo, simplemente la miraba.
La morena sonrió arrogantemente, y se agachó para quitarse los zapatos, tirándolos por allí. Aun sentada sobre las caderas de Ichigo, llevó las manos a su espalda y agarró la cremallera bajándosela lentamente. La tela se aflojó pero no lo suficiente como para dejar al descubierto sus pechos. Sensualmente se quitó el pelo de delante, para dejar una buena vista y volvió a agarrar los bajos del vestido, subiéndoselo despacio hasta sacárselo por la cabeza. Ichigo se sonrojó y echó la cara hacia otro lado con los ojos cerrados. ¡Se le estaba yendo la cosa de las manos!
Estaba desnuda solo con las finas braguitas. Al ver que aun se seguía resistiendo, se inclinó hacia delante y dejó que sus amplios pechos se rozaran con el torso de él.
-Mírame, Ichigo…
Sentía como temblaba bajo ella, le parecía tan lindo con esa reacción...
Con suavidad para no asustarlo más, le cogió las manos y se las puso en su cintura. El peliplateado suspiró por la suavidad de la piel que tocaba, se tranquilizó un poco y se volvió a mirarla. Quedó totalmente maravillado. Ella estaba sonrojada, aunque se comportara de aquella forma también le avergonzaba. Quitó las manos de su cintura y las llevo a cada mejilla rosácea.
-Eres preciosa, Ankoku.
Se miraron a los ojos, se sentían bien junto al otro, era un momento especial. Ichigo se acercó a la linda carita y le rozó con sus labios, besándola. Ella abrió la boca después de unos segundos y cariñosamente se exploraron. Sintiendo la lengua del otro frotarse dulcemente.
Cuando por fin se separaron el chico la abrazó con fuerza contra su cuerpo. Podría estar toda la vida así, en esa postura.
-Inútil, se me pasa el calentón. –comentó ella como si nada.
Al pobre Ichigo le resbaló una gota por la frente. ¡Pero que poco romántica era, por Dios!
La miró sonrojándose a tal extremo que casi le revienta la cara. Levantó una mano y le rozó un pezón. Ankoku gimió y se mordió el labio.
Asombrado él lo volvió a hacer, recibiendo el mismo efecto.
-Veo que te gusta. –comentó, riéndose tontamente mientras se rascaba la mejilla.
Ankoku quería matarlo. ¿Pero es que era tonto? Se bajó de encima y se recostó a lo largo de la cama, de espaldas y sin querer mirarlo.
-Inútil.
Ichigo sonrió y se acurrucó a su lado, tocándole los largos cabellos, entonces fue cuando vio el parche color carne que llevaba en la espalda, bastante grande por cierto. Le acarició los hombros, mientras ella seguía sin dar señales de hacerle caso y sin que se lo esperara cogió la esquinita del parche y se lo quitó. Ella pegó un quejido.
-Lo siento, solo quería ver… oh… joder… –se quedó pasmado cuando vio las grandes cicatrices de garras que tenía en la espalda.
Ankoku se quedó en la misma posición, sin moverse, dejando la espalda libre para él.
-Como me has contado lo de tu hermana, pues… puedo yo también decirte lo que me pasó.
-Dímelo. –exigió Ichigo, bastante serio.
Con los dedos mientras esperaba, lineaba cada marca, rozándola y viendo su profundidad, era realmente la cosa más horrenda y salvaje que había visto.
-Como bien sabes, nosotros también tenemos un bijuu como Naruto. Los controlamos bien, Tama para mi es una hermana, si embargo mi hermano pequeño no tiene la misma suerte.
-¿Te refieres a Kyo, el rubito? –preguntó, apegándose a su espalda y rodeándole la cintura con sus brazos. Acomodó la nuca de la morena bajo su barbilla.
-Si, su bijuu es despreciable, busca la mínima posibilidad para matarlo. Hay veces que no puede controlarlo y por unos instantes posesiona su cuerpo. –apretó los labios-. Yo era la única que estaba en casa, cuando me di cuenta lo tenía a mi espalda, rajándomela con sus uñas. No pude hacer nada, era mi hermano. ¿Cómo podría hacerle daño? Estuve quieta dejando que me desgarrara hasta que pudo controlar el ataque. –agarró las manos que el chico tenía rodeando su cintura y las apretó-. Ahora, cada vez que se acuerda o me ve las heridas, no puede dejar de llorar, pobrecito. –murmuró, con una sonrisa de tristeza.
Ichigo la tendió boca arriba y se posicionó entre sus piernas.
-Esta noche es nuestra ¿no? –comenzó a tirarse de la corbata y a desabrocharse la camisa-. Entonces olvídalo y disfrutemos.
Ankoku levantó un poco el cuerpo para ayudarle. Tiró la corbata y mientras se miraban deseosos por seguir consiguió deshacerse de la camisa. Levantó las manos y tocó la morena piel de sus hombros. Se acercó más y olió la curvatura de su cuello. Le encanta su olor, realmente era un hombre.
-Bésame. –pidió con sus hermosos ojos carmesí clavados en la boca enrojecida de Ichigo.
Este simplemente se agachó un poco y atrapó la boca de ella, invadiéndola con su lengua mientras sentía sus dedos ágiles acariciarle el abdomen, y pasar por su cintura, explorando la anchura de su espalda. Ankoku suspiró en su boca justo después de separarse.
-Bueno esto yo… –no sabía que hacer, así que comenzó a desabrocharse los pantalones.
Ankoku intentaba aguantar la risa. Se recostó bien en la cama y abrió los brazos como dando la sensación de ser vulnerable.
-¿No me vas a tocar más antes de seguir? ¿Qué prisa ahí, inútil?
El pobre anbu tragó saliva y apoyó ambos brazos a cada lado de la cara de ella. Le dio un leve beso en los labios y siguió por su cuello. Ankoku suspiró y cerró los ojos, se sentía tan bien.
Ichigo con una de sus manos redondeó un pecho y lo acarició, rozándole con el pulgar el pequeño pezón. Oyó el gemido y el rico estremecimiento de la morena, excitándole. Se levantó del cuello cristalino para dirigirse al otro pecho y lo acarició con la lengua, rozándolo en movimientos concisos.
La Uchiha volvió a temblar y notando los exquisitos suspiros que salían de su boca, Ichigo mordió el pezón, una oleada de calor invadió el cuerpo de Ankoku, ardía.
-¿Sigo? –preguntó Ichigo, también con la respiración un poco acelerada y rozando despacio el impresionante cuerpo de aquella mujer, bajando por su plano abdomen y llegando a los torneados y suaves muslos.
-¿Qué si sigues? Como no lo hagas, sabrás de lo que soy capaz. –gruñó ella ariscamente mientras esperaba ansiosa mas caricias de aquellas manos.
-Eso me hace dudar de lo que tendría que hacer, pero bueno, seguiré yo. –rió.
Se echó un poco más hacia atrás para poder coger cada extremo de las finitas braguitas y comenzar a bajárselas. Por el trayecto sintió el tacto de sus muslos, como tenía la piel completamente erizada. Suspiró de gusto al notarlo y se desprendió de aquella última prenda, la admiró. Era una diosa, la mujer más hermosa que había visto en toda su vida.
Contempló el valle de rizos azabache que tenía entre sus piernas, y lo acarició. Ankoku se mordía el labio, estaba caliente pero para que negarlo, también muy nerviosa. Ichigo deslizó los dedos por su sexo y comenzó a acariciarle el pequeño botón. La humedad se adueñaba de sus dedos al mismo extremo que los desenfrenados gemidos de la morena invadían sus oídos. Sirvió para que le echara valor y se agachara entre las piernas de la Uchiha, las cual había previamente separado.
-Más… inútil. –se quejaba ella, lamiéndose los labios. Miraba el techo mientras sentía aquella sensaciones entrar en su cuerpo y juguetear con todos sus sentidos. Su pecho viajaba en un movimiento frenético, que pronto se detuvo al sentir aquella lengua invadir su intimidad y frotarse contra su sexo-. Ahhh… Ahh… sigue, sigue…. Ahhh… mmm… –ella no sabía lo que decía, solo que no podía cerrar la boca, esta se entreabría y los suspiros incesantes se escapaban de ella.
Cuando Ichigo pudo notar que el cuerpo de ella se contraía y los quejidos aumentaban, se separó, relamiéndose los labios y saboreando la exquisita humedad.
-Veo que por lo menos no soy un inútil en todo. –volvió a reírse, rascándose la mejilla.
Ankoku enfadada porque no podía rechistar a eso, le dio una patada en el muslo para que siguiera.
-Eres un inútil por pararte, venga que se me va. –se quejó ella con un ligero rubor en las mejillas.
Ichigo sonrió nerviosamente y comenzó a bajarse los pantalones, los tiró por allí y con una vergüenza exagerada dudaba en si seguir también con el bóxer. La morena se desesperaba. Se volvió a levantar un poco y de un estirón se los bajó, dejando al aire la erección. Primero se sorprendió por que fuera tan grande, aunque no podía estar sorprendida viendo la cara de bochorno que tenía el peliplateado, simplemente sonrió con arrogancia y mientras él levantaba de una a una las rodillas, se los quitó.
-Bueno Ankoku… ya… ya puedes… volver… a tenderte. –dijo entrecortadamente, por el extremo nerviosismo.
La Uchiha sonrió con malicia y le comenzó a dar besitos por todo el abdomen, mientras acariciaba con dedos traviesos la ingle y comenzaba a bajar, rodeando el interior de sus muslos. El pobre Ichigo jadeó y cuando sintió que la lengua de ella se enroscaba en la puntita de su erección, se encogió sobre sí mismo y la escondió.
-¿Qué haces? ¡No la escondas, sácala! –gruñó ella, dándole un leve golpecito en la pierna.
Ichigo negó con la cabeza y mordiéndose el labio la empujó para que quedara de nuevo tendida en la cama. Ankoku estaba un poco irritada, pero se le pasó cuando vio como que comenzaba a acariciarle los muslos y a levantárselos. Entonces supo lo que quería hacer.
El anbu dejó que su erección rozara con la abertura de ella, en un movimiento lento y tortuoso. La morena se agarró a los hombros morenos del chico y suspiró echando la nuca hacia atrás.
Ichigo se inclinó un poco sobre su boca y le dio un largo beso en los labios, saboreándola con plena dedicación. Dejando que todo su deseo entrara en ella a través del beso. Ankoku clavó su Sharingan en él y le mordió el labio inferior, demostrando que su deseo seguía intacto y quería desfogarse.
-Voy. –avisó un poco nervioso.
Ella asintió y se acomodó en las sábanas, rodeando con sus brazos el cuello del chico. El peliplateado tomó aire y suavemente comenzó a entrar en aquel húmedo pero estrecho sexo. Encogió la cara por el placer que le producía la extrema fricción, mientras que Ankoku entreabría la boca para quejarse.
-Molesta… –gruñó ella entre dientes, pero con un tonillo que daba a entender que no era un sufrir insoportable, la palabra estaba velada de deseo.
Cuando Ichigo sintió que conseguía atravesar el himen suspiró extasiado y se acercó a los deliciosos labios de la chica para besarlos. Ella respondió y le entregó todo el dolor al pasado.
-Lo siento… –susurró él dulcemente-. No quería hacerte daño.
Ankoku molesta por que creyera que a una mujer como ella esa insignificancia le molestaría, se quejó con un gruñido.
-Eso no ha sido nada, inútil. –protestó-. Tu que me has visto la espalda… ¿Crees que eso me iba a doler? –Ichigo negó y le dio otro beso-. Ahora muévete. –ordenó.
La petición había llegado a oídos del peliplateado como música celestial, pues creía que ya no podría aguantar más estar dentro de ese cálido sexo. Se inclinó sobre ella y comenzó a golpearla con sus caderas, adentrándose hasta lo más profundo de su ser. Ankoku gimió y se aferró con una fuerza brutal a la espalda de Ichigo, si este no estuviera desesperado por seguir hundiéndose en ella se habría quejado por el dolor.
Volvieron a besarse, mientras que ahora era ella, la que recibía los golpes ascendentes bajando las caderas y apretando los músculos para estrujar la deliciosa erección. El gemido ronco que dio Ichigo se caló directamente en su boca, ella lo recogió y levantó de nuevo los brazos hacia la espalda del chico. Intentó poder mover bien sus manos con el balanceo de ambos cuerpos, agarró la cinta morada que recogía los cabellos del anbu y la quitó de un estirón. Los mechones platino del chico cayeron como un manto resplandeciente entre ambos pechos, haciendo caricias en los senos de ella.
Quedó maravillada, aquel hombre era realmente guapo, y aunque tuviera ese porte masculino y a la vez atontado, la belleza de esos ojos púrpura y esos cabellos plata de daba un aspecto de muñeca realmente perfecto. Ella tragó saliva y le acarició el pelo, recorriendo la suavidad de cada mechón con sus dedos.
-No puedo más, Ankoku… –suspiró él, mirándola fijamente con todos aquellos cabellos cayendo sobre su bella cara.
-Pues vamos a terminar…
La Uchiha levantó las piernas y las enredó en la cadera de él, dejando que se acoplaran perfectamente. El placer ascendió por ambos cuerpos e Ichigo aceleró el paso, lo perseguía, perseguía todo aquel disfrute para que no se le escapara, contra más corría por todo su cuerpo más se apresuraba él. Notando que el orgasmo se centraba en su punto cúspide, gimió fuerte y roncamente, apretando los dientes mientras notaba como el cuerpo debajo suyo se agitaba y se contraía, ella también había llegado hasta el extremo.
-Ahhh… dios…. Ankoku. –se quejó él, cuando todo estalló. Cerró los ojos y se presionó contra el cuello de ella, en un profunda y brusca embestida.
-Ahhh… mmm… Ahhh yo… yo… ah no puedo… -fue ella la que lo atrajo hacia sí y lo abrazó, mientras daban el último grito de placer.
Y allí quedaron, ambos abrazados e intentado controlar el galope alocado de sus corazones. Estaba todo muy tranquilo cuando de golpe y porrazo Ichigo se levantó y se colocó a su lado, con la respiración aun descontrolada pero con la angustia pintada en sus ojos.
-Nos hemos olvidado de algo. –murmuró él.
Ankoku se incorporó un poco y se tapó con las sábanas hasta el borde de sus senos, sabía que era una estupidez pero tenía frío.
-¿El que?
-Pues… -Ichigo se volvió a rascar la mejilla, la morena juró que si lo hacía de nuevo le daría una ostia-. El condón. –soltó rápidamente.
Se miraron en silencio, hasta que la morena se echó a reír y empezó a levantarse de la cama y buscar su ropa. Mientras se volvía a vestir el chico la miraba sin entender. Ella después de martirizarlo un poco sonrío con arrogancia.
-No hay problema con eso, yo no puedo quedarme embarazada porque tengo a Tama, sería ella la que lo haría, y ya estuve hablando con ella para que lo rechazara, así que tranquilízate.
-Eso de los bijuu es un follón, no me entero. –se quejó él, echándose de nuevo en la cama y tendiéndose mientras la observaba.
-Eso es porque eres un inútil. –comentó ya completamente vestida y poniéndose sin dificultad alguna el parche de nuevo en la espalda.
Ichigo la miró, no podía creer que ese pedazo de mujer fuera ahora suya, le parecía tan irreal. Sonrió y cerró los ojos, era un sueño que se había echo realidad y eso que el creía que estos no existían.
-¿Cuando se lo vas a decir a tus padres? –preguntó el chico.
-¿El que? –Ankoku se apoyaba en la pared mientras se colocaba los zapatos de tacón plateados.
-Pues que estás saliendo conmigo. ¿Qué va a ser?
La Uchiha suspiró, sabía que este momento llegaría, pero nunca creyó que le resultara tan difícil. Se sentó en el filo de la cama y se lo explicó.
-No me gustan los lazos, si no los creas no sufres cuando se rompen. –Ichigo la miró nuevamente sin entender-. Yo solo quería darte las gracias, pero no quiero salir contigo, ¿entiendes?
El anbu al escuchar eso dio un salto y se sentó con las piernas cruzadas en la cama, la agarró de un brazo para obligarla a que le mirara a los ojos.
-¿Agradecimiento? ¿Eso es todo lo que ha sido? ¿No me quieres? –él sabía que si que lo amaba. ¿Por qué lo negaba? ¿Por qué tenía que ser tan mula? (por que es hija de Sasuke-bastardo UU)
-Si, eso es. Se que si tuviera una relación contigo sufriría, y no quiero.
Ankoku se levantó dejando al pobre Ichigo totalmente enfurecido, siguió andando sin mirarle a la cara, sabía que si lo hacía no podía evitar echarse de nuevo encima de él y pedirle que la hiciera suya de nuevo. Cuando llegó a la puerta y agarró el pomo sintió la voz profunda del anbu llamarla. Ella siguió sin mirarle.
-¿Recuerdas lo que te dijo tu padre? –no esperó a que Ankoku contestara-. Es verdad, eres una cualquiera.
Ankoku sabía cual sería su reacción, pero ya no había vuelta atrás, no podía hacer nada más por él, le había dado su cuerpo, su virginidad, pero su corazón ya no estaba en la oferta. Simplemente se volvió hacia él y le regaló una sonrisa, donde sus ojos aunque su boca se curvara, seguían desprendiendo suma tristeza.
Cuando Ichigo la vio salir de su departamento, le dio un fuerte puñetazo a la cama ¿Por qué todo tendría que salir mal con ella? ¿Qué había echo él para merecer todo esto?
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Ankoku estaba entrenando nuevamente en el claro que había echo como suyo y donde solían reunirse su equipo cuando había algo importante que tratar. Ya había pasado una semana y hoy sería el primer día que chocara de cara con Ichigo, dentro de quince minutos tendrían que aparecer ambos jóvenes para que ella diera ordenes de las próximas eventualidades del mes. Suspiró y dejó de darle patadas al árbol, le había dicho a Hikaru que llegara un poco antes, tenía que hablar con él de un asunto importante.
Hubiera dejado las cosas como estaban si no hubiera tenido esa conversación con Sasuke. Se sentó en el suelo y apoyó la espalda en el árbol. Cerró los ojos y no pudo más que recordar aquel momento, tenía que reconvencerse nuevamente de que hacía lo correcto sin tener que arrepentirse.
FLASH BACK
A Ankoku siempre le había gustado sentarse en el porche trasero de su casa. Aun a sus 15 años le gusta dejar las piernas flotando para que no llegaran al suelo y miraba la puesta de sol, la cual se veía perfectamente al ser las casitas bastante pequeñas, todas menos la suya claro.
No pudo resistir que sus pensamientos le llevaran al chico que amaba y al cual le había roto el corazón. Creía que si cerraba los ojos lo vería allí, sobre ella, con aquellos cabellos platino balanceándose e invadiendo su rostro, brillando con el mismo esplendor que sus ojos púrpuras. Suspiró y siguió viendo el horizonte. El pensamiento que le recorría la mente en aquellos momentos salió de sus labios sin que ella se diera cuenta.
-¿Qué estás haciendo ahora, Ichigo?
-¿Acostándose con otra?
Ankoku pegó un saltó y se volvió para rechistar.
-¿Acostándose con quién? –gruñó.
Sasuke negó con la cabeza y viendo como su hija le acribillaba con la mirada, se sentó a su lado. Él también se puso a mirar el sol esconderse.
-Con nadie, solo quería ver tu reacción.
La morena arrugó la nariz y le volvió la cara molesta.
-No ha tenido ni pizca de gracia, Sasuke.
Sasuke echó los brazos hacia atrás, apoyándose en la madera y se relajó un poco, pensando en como tratar el asunto con aquella niña rebelde.
-He hablado con Naruto, creo que por fin lo entiendo. –se volvió hacia ella y observó como los lindos cabellos azulados de la muchacha danzaban con la suave brisa, se quedó observándola y le pareció ver a su madre, no pudo evitar sonreír-. Ankoku… ¿Te puedo hacer una pregunta?
Ella asintió.
-Dispara.
-¿A que tienes miedo? –la chica volteó a mirarlo sorprendida-. Hija, dímelo. –susurró, aunque con algo de sequedad se notaba que estaba interesado.
La palabra hija se caló en el pecho de Ankoku, creía que había sido la primera vez que se lo había dicho. Sus mejillas se colorearon de un suave rosa e intentó ser sincera, era lo menos que esa palabra se merecía.
-A sufrir, Sasuke. Tengo miedo a sufrir.
-Vaya… –dijo él, entendía muy bien como se sentía-. Crees que si te separas de la gente no sufrirás cuando ellos te traicionen, ¿cierto?
-Si no creas lazos no sufrirás cuando se rompan. –explicó ella, arrugando la tela de su minifalda entre sus dedos.
-Eso creía yo también. –admitió, Sasuke-. Los lazos no se rompen con tanta facilidad como pensamos, y menos podemos evitar crear nuevos. Las personas vivimos de esa forma, haciendo y deshaciendo lazos sin darnos cuenta. –sus palabras fluían sinceras de sus labios-. Naruto me enseñó que si comentes un error, si rompes un lazo que no querías, solo tienes que coger ambos extremos y estirar de ellos hasta unirlos…
-¿Cómo? –preguntó Ankoku, analizando cada palabra que expresaba su padre.
-Haciendo un nudo. –reveló con una sonrisa-. Si se vuelve a romper, tú lo vuelves a anudar, el espacio de tiempo que sufras será mínimo porque la persona que quieres siempre seguirá ahí para ti. Gracias a que comprendí esto, pude hacer el nudo que ató de nuevo el lazo entre Naruto y yo, de ahí formé mi familia y mis tres… hijos. –la chica lo miraba como si hubiera escuchado algo realmente impresionante, como si a su edad descubrir algo tan fácil fuera una vergüenza, Sasuke levantó la mano y le colocó un mechón de pelo detrás de la oreja, después le acarició levemente la mejilla con el dorso de sus dedos-. Nunca olvides esto, Ankoku. Soy tu padre después de todo.
Ankoku asintió, Naruto le había dicho lo mismo en la fiesta. Se puso de píe y por primera vez desde que tenía uso de razón, le dio un beso en la cara a Sasuke.
-Gracias Otö-san, tengo que preparar un plan de ataque. –después de esto y de la sonrisa del Uchiha, ella echó a correr.
Sasuke se tendió en la madera y colocó los brazos detrás de la nuca, admirando el cielo. Se sentía impresionantemente bien después de hablar un poco con su hija, siempre le había parecido una niña rebelde sin causa, pero ahora se daba cuenta de que era la mujer más fuerte e increíble que había tenido delante.
-Estos niños. –susurró, intentando dormir un poco. Aquella noche Naruto no le había dejado pegar ni un ojo, cuando se ponía alterado siempre terminaba ganando él. Sasuke se tocó un poco el trasero, aun le dolía.
FIN DEL FLASH BACK
Ankoku sintió los matorrales frente a ella, crujir. Alzó la vista y vio como Hikaru a hurtadillas llegaba hasta el claro. Se acercó y recogió aire en sus pulmones, se veía a leguas que había estado corriendo.
-¿Qué pasa? –preguntó la Uchiha.
-Uchiha-taichou, he tenido que despistar a Ichigo, me lo encontré por el camino. No podía decirle que usted me avisó de que viniera un poco antes.
-Hikaru… –este la miró extrañado-. Dime Ankoku, llevamos mucho tiempo juntos, casi cinco meses. Venga repítelo que hay confianza.
Dicho esto, la chica se levantó y se colocó frente al ninja de suna, que la miraba con un pequeño rubor en las mejillas mientras como una de sus mayores manías, se tocaba la punta de sus coletas.
-Ankoku…. –san. –concluyó.
La morena sonrió, algo era algo. Se acercó un poco más, tanto como para poner nervioso a Hikaru, después levantó la mano y la posó en el hombro del muchacho.
-Bien… -se humedeció los labios preparándose-. ¿Me harías un favor?
El castaño asintió rápidamente.
-Por supuesto ¿Qué quieres que haga?
Pensando que tendría que decirlo con tacto, Ankoku soltó.
-Lo primero… un chupetón, por favor.
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Ichigo no entendía porque su amigo Hikaru, el cual se había convertido en uno bastante íntimo, le había dado esquinazo. Se dio cuenta de que iba a llegar tarde, así que apretó el paso, hasta que vio el claro a la distancia, se montó en la rama de un árbol y después saltó al centro de este.
-Ya estoy aquí. –bufó, cansado por la carrera sin antes levantar la cabeza para mirar.
Cuando lo hizo, se dio cuenta de que Hikaru estaba en el suelo con Ankoku entre sus piernas, la cual se echaba en el amplio pecho y se quejaba de algunos dolores que tenía en las caderas.
-Siempre llegas tarde, inútil.
La morena tenía quitaba la capa superior, como siempre que entrenaba o iba a comenzar una lucha, la posterior la tenía alzada, mientras las manos del castaño recorrían sus caderas y trasero para intentar aliviar el supuesto "dolor".
-¿Así? –preguntó Hikaru, que estaba totalmente rojo por formar parque de aquel paripé.
-No un poco más abajo… -Ankoku se inclinó un poco hacia delante y levantó algo el trasero-. Más abajo… -susurró con un tonillo la mar de incitante.
Ichigo también estaba rojo al ver la escena, pero no de vergüenza, sino de furia. Dio tres zancadas y como un salvaje, cogió a Ankoku del brazo y la levantó de entre las piernas del ojiverde.
-¿Qué mierda haces? Si te duele dile a un médico que te haga el masaje, o a alguien de tu familia. ¿Por qué dejas que él te manoseé, Ankoku? –gruñó, con la cara llena de gotitas de sudor por intentar aguantar su furia, después le echó una mirada a Hikaru que lo hizo incomodarse.
La Uchiha se soltó y recogiéndose el pelo como si tuviera calor, le explicó las cosas bien claritas.
-Yo no tengo nada que ver contigo, así que puede tocarme el culo todo el que yo quiera.
Ichigo se mordió el labio y volvió a cogerla bruscamente del codo.
-Y yo te digo que no. –espetó secamente. Intentando tranquilizarse hasta que vio un profundo chupetón en el cuello de la chica, suyo no podía ser, se veía reciente y hacía más de una semana que habían estado juntos. La agarró de ambos brazos y la arrimó a él para que lo mirara directamente a los ojos-. Dime quién te a echo ese chupetón. ¡Ahora! –gritó, los ojos parecía arder del coraje. Tenía el cuello en tensión y lo único que faltaba es que le enseñara los dientes.
Ankoku haciéndose la mujercita débil, se quejó y señaló a Hikaru.
-Ahora me gusta él, yo también le gusto, así que puedo coquetear todo lo que quiera. –comentó como tal cosa-. Inútil. –agregó.
El pobre anbu no sabía que hacer, estaba a punto de estallar por todo el rencor que llevaba por dentro, la sola imagen de Ankoku en los brazos de su mejor amigo, le hizo temblar de ira. Se volvió hacia Hikaru y corrió hasta él, no pudo parar el puñetazo y el pobre castaño se estrelló contra uno de los grandes árboles que rodeaban el claro.
-Joder… -se quejó, tocándose la espalda-. Eso ha dolido.
Ichigo después se volvió hacia la morena y mirándole desde arriba, ya que era bastante más alto que ella, le dijo claramente.
-Me importa una mierda la tontería de los lazos, tú… ¡Tú eres mía! -chilló.
Ankoku suspiró satisfecha. Era verdad lo que le había dicho su padre, los lazos eran imposibles evitar forjarlos y tampoco eran tan débiles como ella pensaba. Después de destrozarle el corazón, Ichigo era capaz de seguir diciendo que ella le pertenecía. Aquello la inundó de inmenso placer.
Finalmente sonrió y se acercó al peliplateado, que la miraba ahora como si la muchacha fuera un extraterrestre, no entendía aquel cambio de posiciones. Se acercó más a su cuello hasta rodearlo con sus brazos. Acercó su mejilla cálidamente a la de Ichigo y la rozó con extrema dulzura. Sus labios se entreabrieron para susurrarle al oído.
-Te quiero, Ichigo… has aprobado.
-¿Apro…? –el pobre anbu no sabía de que leches estaba hablando.
Ankoku se apretó más y comenzó a besarle, Ichigo primero se resistió pero después de notar una y otra vez la presión y el sabor de aquellos deliciosos labios, cerró los ojos y la cargó a pulso, dejando que las piernas de la chica le rodearan la cintura. Mientras seguían besándose, como si hiciera años que no lo hacían.
Hikaru adolorido por el fuerte puñetazo que le había metido su amigo y el golpe de su espalda al chocar contra él árbol, se quejó mientras se levantaba. Se acercó hasta una distancia prudencial e intentó llamar la atención de ambos.
-Bueno esto… chicos… -ellos seguían enrollándose, más Ankoku, que había clavado sus uñas en la espalda del chico y no había ni dios que la bajara de sus brazos-. Esto… ¿Ankoku-san me puedo ir ya…? –esta simplemente movió la mano despachándolo, mientras seguía curvando su cabeza para cambiar la dirección del beso-. Para lo que hemos quedado. –gruñó entre dientes mientras desaparecía de allí.
Siguieron otro buen rato hasta que Ichigo sintió que sus brazos dolían por soportar a pulso a la chica. Suspirando por tener que cortar el beso, la bajo al suelo.
-Pesas… -se quejó, moviendo algo los brazos para calmar el hormigueo que tenía.
Ankoku en vez de enfadarse se apoyó en el árbol y sonrió con orgullo.
-Por supuesto, estoy fuerte, una ninja no puede estar delgada. Tengo que tener los suficientes músculos como para pegarte un puñetazo y partirte la cara, digo yo vamos.
Ichigo sonrió y se posó delante de ella. Acariciándole la cara delicadamente e inclinándose para darle pequeños besitos en la mejilla y el cuello.
-Pero tú estás muy bien, mi niña. –halagó él, lamiendo su oreja y el punto donde esta terminaba y la mandíbula comenzaba. Ankoku jadeó placenteramente, rodeándole la cintura-. Lo de antes… ¿Era un prueba? -preguntó, cubriendo con sus labios el chupetón que tenía en el cuello, esperando la respuesta ansioso.
La Uchiha ronroneó por las caricias y sintió la suavidad del flequillo de Ichigo rozar sus mejillas, le encantaba esa sensación.
-Yo no quiero sufrir, Ichigo. Me da miedo… -el anbu se sorprendió ante tal declaración. ¿Uchiha Ankoku con miedo? Le parecía increíble, aun así, no hizo comentario alguno-. Pero me han demostrado que… cuando quieres a una persona, te tienes que entregar a ella en cuerpo y alma, si tu la amas, será la correcta.
-¿Yo soy la persona correcta para ti? ¿Me amas, Ankoku? –sopló un poco sobre la piel erizada y la morena se estremeció.
-Te amo.
Ichigo se separó de su cuello y la agarró por la barbilla.
-Entonces, bésame.
Ankoku bastante a gusto con aquella petición abrió la boca para sentir los cálidos besos de su chico, como su lengua resbalaba por su boca y se frotaba cálidamente con la suya. Suspiró y restregó su cuerpo contra el de él, notando como la erección crecía y se le clavaba en el bajo vientre. Ichigo dispuesto a llegar hasta el final, metió la mano bajo la minifalda y empezó a acariciarle la parte superior de los muslos, apretando aquella carne, mientras gemía de sumo placer.
-Una cosa… inútil… -el peliplateado gruñó por haber cortado el beso y se dedicó a darle pequeños roces con sus labios por toda la cara-. No te enfades con Hikaru… yo le pedí que… me hiciera el chupetón.
Ichigo se quedó paralizado y la miró. Posó los dedos sobre el morado y comenzó a frotarlo. Cuando vio que este no desparecía arrugó la frente.
-Yo creía que lo tenías planeado y te lo habías maquillado. ¿Me estas diciendo que en verdad te lo hizo? –los puños del pobre anbu se tensaban, igual que los tendones del cuello.
-Bueno… no había pensado lo del maquillaje, ahora que lo dices hubiera sido bueno idea… Pero… ya sabes, yo no lo uso, así que ni siquiera lo pensé.
Antes de que ella se diera cuenta, Ichigo se había dado la vuelta para salir corriendo, menos mal que lo agarró a tiempo.
-¡Lo mato, juro que lo mato!
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Ankoku e Ichigo andaban tranquilamente por la calle, su relación iba bastante bien, tanto como para que pudieran presumir de ella. Esa noche los padres de su novia le habían invitado a comer y el pobre anbu estaba completamente nervioso, era como meterse en una jaula con dos fieras, ya que Naruto y Kyo no contaban, quién le daba miedo eran los otros dos.
Iban algo separados, con una distancia prudencial entre ellos. Así que una pandilla de chicos que pasaban por allí se pararon frente a la muchacha. Esta simplemente levantó la cabeza para ver que querían, Ichigo iba tan a lo suyo que seguía andando sin darse cuenta de nada.
-Apartaos, tengo prisa. –dijo ella con clara cara de mala leche.
El que parecía ser el jefe, sonrió a sus compañeros para vacilar y después se inclinó sobre ella y le tocó un mechón de pelo azul, enroscándoselo en el dedo. Ankoku lo observó sin decir nada.
-Eres preciosa y el Sharingan de tus ojos, me da a entender que eres la querida Uchiha de la que todos hablan, ¿cierto? –rió y siguió jugueteando con su pelo.
-Puede. –dijo ella ignorándolo. No quería tener que matar a todos esos desgraciados justo antes de presentar a Ichigo a toda su familia.
Cuando el peliplateado se dio la vuelta y no vio a la morena, giró la cabeza intentando encontrarla. A cinco pasos de él había una pandilla que rodeaba algo, y no le costó mucho adivinar que era lo que tanto contemplaban. ¡Ya estaba harto de que los tíos se le echaran como hienas delante de él!
Se acercó y cuando vio que aquel tío le estaba tocando el pelo a Ankoku su cara se puso roja por la furia, con una violencia algo inusual en él le agarró bruscamente de la muñeca, apretándola con suma fuerza.
-¿Qué mierda crees que estás haciendo? –preguntó Ichigo con los ojos púrpuras totalmente encendidos.
El matón encogió la cara por el dolor que le había subido por el brazo, aun así no apartó la mano del pelo de la Uchiha, y encima lo encaró con total descaro.
-Solo quiero vacilarme a esta putita, así que desaparece.
Al pobre Ichigo parecía que la cara se le había encendido.
-Serás cabrón. –gruñó apretándole tanto la muñeca como para partírsela.
El líder aulló por el dolor, pero con una señal le dijo a sus compañeros que se encargaran del anbu. Ankoku que ya se veía venir la inminente pelea, se sacó un kunai de su malla de red que tenía en la pierna izquierda y en un ligero movimiento se cortó el mechón que le tenía agarrado, dejando que el estúpido cayera hacia atrás a punto de terminar en el suelo.
Ichigo saltó hacia el otro lado de la acera para alejarse de los demás matones, que de todas formas, se habían quedado paralizados al ver el coraje de Ankoku. Ésta aun con el kunai en la mano se acercó al líder que ahora si que la miraba más seriamente. El Sharingan brillaba amenazador.
-Recuerda algo. –comentó dejando que el filo de este resbalara por la mejilla del estúpido-. Hoy tengo prisa para perder el tiempo jugando, tengo que presentar a mi novio a toda mi familia, así que… ¡Piérdete! –ordenó feroz, en un tono que hizo que todos los demás temblaran.
El líder rió y señaló a Ichigo, que seguía al lado de la morena pero un poco distante, no quería meterse en sus problemas, ella siempre decía que podría encargarse sola. Así que cuando ya se deshizo del agarre del tío ese, él decidió no intervenir.
-¿Ese es tu novio? –rió con total descaro-. Viéndote creía que tirarías por alguien más capaz, no me llega ni a la suela de los zapatos.
El anbu arrugó la frente. ¿Pero quién se creía que era ese tío? Vale que él no fuera muy fuerte pero tampoco tenían que recordárselo, leches. La que si se enfadó fue Ankoku, que dando una vuelta con velocidad le levantó una patada en toda la cara que lo lanzó a tres metros, estampándolo contra una de las paredes. Sonrió con arrogancia y guardándose de nuevo el kunai en la malla se acercó al hombre, que escupía sangre por la boca y parecía a punto de desmayarse.
-Es un hombre muy capaz de darme todo el placer que me hace falta, me deja totalmente satisfecha. -agarró la mano de un Ichigo completamente rojo y se dirigió por última vez al pobre estúpido que le había fastidiado el día-. Te lo advirtió, un insulto más a mi chico y te mato aquí mismo, pedazo de escoria. –con total repugnancia le dio una no tan fuerte patada en la pierna y se fue de allí, no sin antes dirigirle una mirada fría a los subordinados que casi se mean encima del susto.
Caminaron cogidos de la mano hasta que llegaron a la cuesta Uchiha, Ichigo estaba demasiado avergonzado para decir nada. Aunque no podía evitar que algo dañara en su orgullo.
-Esto… An-chan. –llamó a la chica, que siguió caminando sin mirarle.
-¿Sí, inútil?
Ichigo rió nerviosamente al escuchar de nuevo el apodo que le había impuesto, después de todo cariñoso UU.
-Yo comprendo que no quieras que me meta en tus peleas, que no hace falta que te defienda pero… tu tampoco lo hagas. –lo último salió un poco más serio de lo normal. Ankoku asintió.
-Entiendo. –guardó silencio un momento-. Pero no quiero que te hagas daño, si hubieras peleado contra todos ellos, seguramente los hubieras vencido claro esta, pero… hubieras salido con alguna herida.
-No me refiero a eso, cariño. –cuando llegaron justo delante de la casa, la agarró por los hombros para que le mirara-. Cuando me ofendan, no quiero que tú me defiendas, es que… yo soy el hombre, no tú, no puedes dejarme rebajado de esa forma, parezco un calzonazos.
Antes de que la Uchiha pudiera contestar alguien se le adelantó.
-A eso se le llama orgullo, yerno. –Naruto con una sonrisa y una bolsita en la mano entraba por la verja, al ver la cara de flipados que tenían ambos, levantó la compra-. Faltaba salsa se soja, quería comprarla antes de que llegarais.
Volvió a sonreír con amabilidad y entró a la casa dejando la puerta abierta para que ellos pasaran justo detrás. La conversación anterior quedó ahí.
Ankoku se quitó la capa y la colgó en la percha que había por allí, dejando también ambas katanas en el suelo.
-Siento molestar. –susurró algo nervioso Ichigo mientras se quitaba las sandalias, allí todos iban descalzos, igual hizo él.
La pareja pasó al salón y la morena le indicó donde tenía que sentarse, el peliplateado aceptó. La mesa era rectangular, en una de las cabeceras se encontraba Kyo, mirando el suelo sin moverse, a su lado izquierdo se encontraba su hermano y al de este su padre, en la otra cabecera había una silla desocupada que sería para Naruto, al lado de este otra para Ankoku, después estaba él que daba con el lado derecho de Kyo.
La Uchiha se apresuró a ayudar a su rubio padre a terminar de traer los platos con la cena, mientras que Ichigo tragaba saliva al contemplar a Ritsuka con cara recelosa y agarrando la mano de Kyo, mientras que Sasuke seguía observándolo con su cara de póquer.
-Acosador… -el peliplateado miró a niño-. Has tardado poco en meterte en casa, ¿eh?
La cara del pobre Ichigo se puso completamente roja, y volvió a rascarse la mejilla, era una costumbre que tenía cuando se ponía nervioso.
-Bueno, yo… pues…
-Y eso que a nee-chan nunca le han gustado los chicos con pelo largo, ¿verdad, Otö-san?
Sasuke se volvió hacia su hijo mayor y se encogió de hombros, demostrando que le importaba una mierda aquella conversación.
-No lo se, odio el pelo largo. -comentó, exponiendo sus gustos. (jajaja odia el pelo largo porque Itachi lo tiene? XD)
El anbu no pudo evitar echarse la coleta plata hacia delante y acariciar las suaves hebras.
-Bueno, yo creo que necesito un buen corte, un día de estos me pelaré. –soltó no muy convencido.
Ritsuka sonrió malvadamente, cualquiera adivinaría a que vendría esa reacción. Sasuke sin embargo lo observaba fijamente, hasta que se sentó bien en la silla y colocó los codos en la mesa, aproximándose peligrosamente a su pobre yerno.
-Todavía tengo que soportar que Naruto me recuerde el día que nos descubriste follando. –Ichigo por poco se cae de la silla. ¿A que venía eso?-. He oído un comentario de Ankoku sobre que te gusta mi lunar familiar.
El anbu meneó frenéticamente las manos negando con la cabeza. Casi echaba humo por las orejas.
-No… esto… no me gusta. –Sasuke encogió en ceño-. Bueno si me gusta… -arrugó completamente la frente-. Bueno esto… ¿no se? –al Uchiha le entró un tic en la ceja, entonces Ichigo intentó cambiar la conversación-. ¿Ese lunar es familiar? Pues yo no recuerdo que Ankoku tuviera ningún lunar en el culo. –comentó, sonriendo tontamente mientras se rascaba la mejilla de nuevo.
Ritsuka quedó a cuadros con la boca abierta y Sasuke se puso en pie como si hubiera algo que le pinchaba en el trasero. Cerró los ojos y apretó los puños sobre la mesa. Tenía la garganta tan tensa que parecía que le daría un ataque. Ichigo se encogió un poco en su silla, casi metiéndose bajo la mesa.
-Me estas diciendo… que te has… que te has…
-¿Tirado a mi hermana? –terminó Ritsuka la frase que su padre no podía.
Cuando el peliplateado se dio cuenta del error se mordió el labio y se intentó escabullir. Se levantó e intentó salir corriendo hacia la entrada.
-Me acabo de acordar que tengo algo que hacer… -susurró antes de que Sasuke lograra cogerlo.
-¡Te voy a destrozar! –gruñó con cara de loco.
Ichigo viendo su muerte cerca, solo puso hacer algo para salir de allí con vida, gritar.
-¡Ankoku!
Desde la cocina, padre e hija escucharon el chillido y algunos golpes. La pobre morena suspiró mientras que Naruto asomaba la cabeza y comenzaba a reírse. Sasuke le había soltado un capón en la cabeza al pobre Ichigo y dejado de nuevo en la silla mientras él se sentaba y echando humo casi por la nariz intentar tranquilizarse.
-Pobre de tu novio. –río Naruto mientras cogía los dos últimos platos.
Ankoku miró la comida y se extrañó.
-Oye. ¿Si Sasuke es siempre el que hace de comer, porque hoy estás haciendo tú de ama de casa?
El rubio puso carita malvada y empezó a reírse como si el mismo demonio fuera. Sus ojos azules brillaban bribones, entonces la hija entendió de golpe todo lo ocurrido.
-Entonces, la comida la ha hecho Sasuke, pero para aparentar delante de Ichigo ha hecho que tu parecieras el sensible y hogareño, ¿no?
Naruto asintió y se acercó hasta su oído, confidentemente.
-Como le dije a tu novio antes, eso se le llama orgullo, mi pequeña, orgullo masculino. –se rió.
-¿Y tú no tienes? –preguntó burlona y mirándole de reojo.
-Se podría decir que me importa una mierda. –se encogió de hombros y ambos anduvieron hasta el salón-. Si él quiere aparentar lo que no es, adelante. Pero la verdad es que seguirá siendo él el que cuida la casa, el que mime a escondidas a los niños y el que haga lo que yo quiera por las noches, punto.
Ankoku no pudo evitar echarse a reír, la verdad es que su rubio padre era alguien muy peculiar, pero aun así tenía unos principios divinos. Le dio un cariñoso golpecito en el hombro y se sentaron con los demás a la mesa.
Ichigo tenía la cabeza baja mientras que Sasuke intentaba no mirarle. Naruto entre su marido y su hija, intentó saber que ocurría.
-¿Que nos hemos perdido?
Ichigo se escondió un poco más en su silla, y cuando el moreno padre vio que Ritsuka iba a contestar le dio un pellizco en el brazo para que se callara. Este se quejó con un bufido.
-La virginidad de tu hija, eso es lo que hemos perdido. –gruñó Sasuke, mirando fieramente a su yerno.
Naruto alzó una ceja y también contempló al muchacho que ya de la vergüenza parecía a punto de darle un ataque. De repente se echó a reír limpiándose las lágrimas saltadas con la manga de su capa.
-¿Por eso le has pegado? ¿Ya no te acuerdas que la primera vez que nosotros lo hicimos teníamos solo un año más que ellos?
El Uchiha molesto por la burla de Naruto, abrió la boca para rechistar, aunque se encontró sin nada que salir, solo una frase se le escapó de los labios.
-Pero ella… ella es mi niña, la única que tengo. –gruñó.
Ankoku pareció sorprendida por aquella frase, y totalmente satisfecha sintió un calorcito recorrerle el pecho.
-No te preocupes, Sasuke, todo fue bien. –respiró hondo e intentó con una broma-. Si quieres te lo puedo contar y así tu opinas. –soltó con una sonrisita burlona, pues sabía que había dejado a su pobre padre a cuadros.
El rubio se acercó a ella y poniendo los codos en la mesa, apoyó su barbilla en la mano.
-Empieza. –apremió con total atención.
Sasuke le devolvió el pellizco que siempre le daba a él y Naruto puso pucheros con la boca.
-No te hagas la graciosa, o te cuento como me tiro a Naruto.
-En paz. –se apresuró a decir Ankoku, asqueada de solo imaginárselo.
-Bien entonces. –finalizó Sasuke.
La cena prosiguió en pleno silencio. Nadie hablaba por no molestar. Ichigo que no era de comer mucho y no quería mirar hacia la derecha para encontrarse con la pareja de suegros estrafalarios que tenía, se volvió hacia su izquierda, Kyo parecía no inmutarse, además de que nadie se había preocupado de darle de comer.
Un poco dudoso, cogió el tenedor y el cuchillo y cortó un trozo de carne. Después con tranquilidad se la acercó a la boca del niño.
-Hey, Kyo. Abre la boca, toma.
Los demás observaron la escena en silencio. El niño se volvió a mirar a Ichigo, el cual ya conocía de haberlo visto más veces y susurró…
-Ichi-nii… -abrió la boca y se lo comió.
Sasuke y Naruto estaba estupefactos, aquel niño no quería que nadie que no fuera de la familia se le acercase, y menos que le diera de comer. Le había aceptado y encima la forma en que lo había nombrado totalmente fraternal había resultar bastante sorprendente. Ankoku sonrió orgullosa de su chico y siguió comiendo, mientras que al pobre Ritsuka se le calló el tenedor que se estaba llevando a la boca.
De un manotazo, totalmente furioso, le quitó el cubierto de la mano a Ichigo y comenzó a darle de comer él a su pequeño hermano.
-Yo soy el único que tiene derecho a cuidarle. –gruñó bien claro para que le escuchara.
Sasuke le dio un guantazo en la cabeza, haciendo que casi se tragara el plato.
-Esos modales, Ritsuka. –le riñó.
El peliazul únicamente bufó ante la reprimenda y siguió dándole de comer a Kyo. El cual se acercaba a su hermano y a veces le tocaba la mano cariñosamente.
-Lo siento, Ritsuka, no sabía que te encargabas de eso, pero lo vi tan solo que…
Recibió algunas miradas frías por ese comentario pero nadie dijo nada más. La cena casi había terminado. Después de los postres, Sasuke y Ritsuka, este último con Kyo en brazos, se echaron en el amplio sillón y pusieron la tele, Naruto recogió la mesa y observó de reojo como su hija se despedía de Ichigo en la puerta. Suspiró complacido y se fue a la cocina.
-Perdón por todos los contratiempos. –se disculpó Ankoku, tocándole las hebras plata que le caían sobre el hombro al echarse hacia delante la coleta.
-No pasa nada, venía preparado. –se miraron por unos momentos en silencio-. Vale, estaba acojonado perdido.
La morena sonrió y se puso de puntitas para darle un beso en los labios como despedida.
-Ya te acostumbrarás. –aseguró con una cálida sonrisa-. Mañana tenemos que ir de nuevo al claro, ya sabes, la misión pendiente.
-Yo te recojo.
-Bien.
Se dieron otro beso y el pobre Ichigo por fin pudo salir a tomar aire puro, necesitaba una tila.
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Una noche, Ichigo fue a recoger a Ankoku para dar una vuelta. Cada vez que pasaba por la calle y escuchaba los rumores sobre él y su niña, se hinchaba como un pavo, todo orgulloso, después terminaba riéndose solo como si estuviera loco.
Llegó a la casa de sus suegros y llamó a la puerta. Sasuke le abrió y quedó un poco callado al verlo.
-Imposible… -dijo sorprendido dándole una vuelta para mirarle la espalda. No tenía coleta.
Ichigo extrañado volvía a mirar como su suegro dabas vueltas buscándole algo. Ritsuka que bajaba las escaleras y al ver la reacción de su padre, se puso a hacer lo mismo.
-Esto… ¿Que pasa?
Ritsuka dio una carcajada y le señaló el pelo.
-¡Te has cortado el pelo! –soltó en modo de burla.
El peliplateado se señaló a sí mismo.
-¿Yo? –se llevó la mano a la espalda y se dio cuenta de que no tenía la coleta-. Ah, es que bueno… -se metió las manos tras la nuca y se sacó el pelo que había quedado atrapado bajo el chaleco de anbu-. Se me ha olvidado hacerme la coleta y se me ha quedado el pelo debajo jeje. -este caía todo suelto a hermosos mechones plata sobre su espalda.
Ritsuka gruñó y avergonzado por la equivocación le dio un patada a la puerta cerrándola. Sasuke que ya iba a acompañar a su hijo con las risas solamente chasqueó los dientes. Ellos que le habían dicho que a Ankoku le gustaban los chicos con pelo corto, cuando era todo lo contrario, para reírse de él cuando se lo cortara y se habían llevado un buen chasco.
-Kuso… -se quejó el moreno, apoyándose en la puerta de la cocina y esperando a que su hija saliera del baño.
No tardo mucho, a los dos minutos estaba allí, con un vestidito de tirantes bastante corto, dos palmos por encima de la rodilla. Sasuke gruñó al verla.
-¿No hay algo más indecente que ponerte en tu vestuario, niña? –ironizó el Uchiha, al verle todas las piernas descubiertas a su hija.
Ankoku le envió una mirada áspera y le giró la cabeza ignorándolo.
-Olvídame.
Ichigo, intentó que entrara en razón, no quería que cuando fuera por la calle todo el mundo mirara a su novia, la verdad es que ardía de los celos por dentro. Ahí con ese escote que enseñaba todo los pechos y esas largas piernas. Preguntó con total cautela
-An-chan hace un poco de frío. ¿Por qué no te pones la ropa de siempre? –preguntó intento persuadirla.
Esta, por el contrario que a su padre, no le contestó mal. Es mas, asintió y volvió a su cuarto.
Sasuke quedó estupefacto y se giró rápidamente hacia Ichigo.
-Un día me tendrás que decir que le das a esa rebelde para amansarla.
El anbu orgulloso de su poder sobre la Uchiha, se rascó la nuca y sonrió tontamente. Quedaron en silencio hasta que Ankoku volvió a bajar, vestida con normalidad. Cuando se iba a marchar y a una distancia en la que su padre pudiera escucharla le comentó algo bastante curioso a Ichigo.
-Creía que ese vestido sería más fácil para quitar, ya sabes… eres un inútil. Con esto que llevo tantas prendas encima que no tengo ganas de desnudarme, además… hace frío. –le sonrió arrogantemente por el escarmiento y salió de la casa.
Ichigo casi se pone a llorar cómicamente por aquel golpe de mala suerte.
-Kuso… -gruñó, mientras echaba a andar, aunque pudiendo escuchar el último comentario de su suegro.
-Buena jugada. –rió irónicamente Sasuke, totalmente satisfecho de que esa noche no se tirara a su hija, cerró la puerta.
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Jajajaja, que adorable que es Ichigo XD
A ver… este si es el final del primer Ova. El segundo Ova, irá de Ritsuka y Kyo. No lo tengo terminado, y no lo haré hasta que no termine uno de Vampiros y Licántropos que estoy haciendo, de Naruto por supuesto. Llevo 70 páginas, unas 40 más y estará terminado. Esperad un par de semanas por favor.
Comentando el Ova, no se si el lemon era como lo imaginabais, pero yo creo que le viene muy bien a la personalidad de Ankoku, tiene unos toques bordes que son la caña. Ichigo, se parece muchísimo a Naruto, mucho. La vida está llena de casualidades… que cosas.
La escena que más me ha gustado, en la que cena en casa de los suegros jajaja. Me encanta cuando Sasuke se altera al saber que se ha tirado a su pequeña, realmente creo de corazón que si fuera el caso él se comportaría así.
Aquí veis que Sasuke si quiere a sus hijos, lo que pasa es que es un poco… como lo diría… Uchiha XD No sabe exteriorizar sus sentimientos, ahí reside el problema UU
El final fue en plan cachondeo, ya sabéis, para amansar un poco la cosa. Ankoku siempre termina ganando…pobre Ichi jeje.
La conversación de los lazos y demás, me gustó, la saqué del capítulo en el que Naruto y cia van a rescatar a Sasuke. Me gustó esa mención a los lazos, así que la utilicé jeje.
Sin más, seguid pendientes de mis actualizaciones, y por favor, leed con cuidado y aprecio, a nosotras nos cuesta mucho traer estas historias, lo hacemos con todo el amor de nuestro corazón XD (y por calentura a veces, pero eso va a parte jajaja XD)
Ya sabéis, los reviews dentro de unos días en mi blog.
