¡Hola de nuevo! En este capítulo habrá alguna escena erótica más y un poco de misterio añadido a la mezcla. Aquí hay varios narradores, ya que quiero exponer varios puntos de vista de situaciones simultáneas o paralelas.

Los personajes en general tienen características propias de los personajes del juego y libros, pero yo me he tomado la libertad de añadirles más profundidad y drama. ¿Qué puedo decir? Me gusta explicar y complicar mucho todo. Jeje. :)

¡Espero que os guste!

- P.D: Todos los personajes y mundo pertenecen a Bioware. Yo los he tomado prestados para hacer mi propia versión de la historia.


"Espejo"

["¿Puedes sentirlo? Creo… creo que sabe que estamos aquí. Me está mostrando algo… una ciudad… una ciudad bajo tierra. Voy a… acercarme para verlo mejor"]


Comenzaron en la tina pero continuaron en la cama, empapándola y deshaciéndola por completo. Había sido salvaje y dulce, intenso y suave. A pesar de que Lyna no quería distraerse, no pudo controlar lo que su cuerpo le pedía a gritos. Fenarel había sido extremadamente complaciente y su cuerpo acusaba el ejercicio del día que, curiosamente, nada tenía que ver con los típicos entrenamientos diarios con los que salía dolorida cuando se hallaba en el campamento. Este dolor era diferente. Su cuerpo aún se estaba acostumbrando a los nuevos movimientos y ritmos que tal encuentro requería, pero estaba dispuesta a llegar al límite. Ese límite que aún no conocía.

Fenarel era un excelente amante, muy hábil y concienzudo, mientras que Tamlen era dulce e inexperto como era de esperar. Sin embargo, ella quería ver hasta dónde ambos eran capaces de llegar. Algo estaba claro, esta nueva faceta sería para siempre una parte importante de ella, aunque sabía ya por experiencia que podría complicarle la vida tanto a ella como a sus seres queridos.

"Dioses, Lyna… me dejas sin aliento"- le ronroneó el elfo en el cuello mientras desplegaba húmedos besos por su piel. Ella se estremeció y movió sus caderas que seguían unidas a Fenarel, mostrando todavía sutiles espasmos producto del orgasmo que ambos experimentaron al unísono. Era fantástica esa sensación. La humedad de los cuerpos, el dolor, el placer, la agitación, los corazones al borde de su límite… era un mundo nuevo, un mundo maravilloso del que ella quería formar parte a partir de ahora cada vez que lo sintiese. Jamás pensó que algo así pudiera ser posible pero, la unión de sus cuerpos, era casi mágica, un obsequio de dioses, era profunda y necesaria. Su corazón vibraba con algo más que cariño, era alegría por saber que el elfo que se encontraba sobre ella, la admiraba hasta el punto de ceder a sus necesidades y complacerla aun sabiendo que ella no le correspondía como él deseaba.

"Lo mismo puedo decir de ti, lethallin"- Lyna levantó la mandíbula y le besó en los labios con intensidad, dejando su lengua jugar con la de su amigo durante unos largos segundos, encendiendo de nuevo la llama que yacía en las ascuas recientes de su ardiente encuentro.

"Quedémonos Lyna… quedémonos aquí toda la noche… tú y yo… hagamos el amor hasta el amanecer… no quiero que este instante termine"- Fenarel la besaba, la acariciaba insistentemente de nuevo, y comenzaba a moverse otra vez dentro de ella, duro, fuerte, sin descanso. Las caderas de Lyna se unían al ritmo del elfo, intentando sentir un poco más, queriendo que no terminase nunca, pero su mente le gritaba otra cosa.

"Fen…. Uhhh… no…. letha-lethallin…. Por favor"- se mordió el labio pero Fenarel no paró, sino todo lo contrario. Seguía destilando atenciones en ella, volviéndola loca. Al segundo después de morderle un pezón, haciendo que Lyna gimiera por la intensidad del gesto, el elfo bajó su mano hasta sus pliegues para acariciar el bulto que se encontraba inflamado y rojo de previas caricias. Ella volvió a gemir e incrustó instintivamente sus uñas en la espalda de Fenarel, sacándole un gruñido de dolor que no hizo más que acentuar el deseo de ambos.

Como si una bestia les hubiera poseído, ambos se dedicaron a morderse entre besos, a lamerse entre gemidos y a arañarse entre embestidas y choques de piel desnuda y ardiente. Lyna sentía que su culminación estaba cerca y Fenarel comenzaba a temblar nuevamente, liberando su semilla caliente dentro de ella, sin parar de penetrarla y hacerla suya con cada movimiento, caricia y suspiro.

Lyna apenas podía ver con claridad, sentía su fuego quemarla por dentro, su sangre hervir de nuevo como si la lava le recorriese las venas. Cerró los ojos y arqueó el cuello en gesto de placer e invitación a los labios de su amante. Su mente completamente perdida en el momento y en recuerdos de ese mismo día, los sonidos se oían opacos, las sensaciones lejanas pero tan intensas y presentes que su corazón latía con una insistencia enloquecedora.

Sus pensamientos poco a poco se fueron desvaneciendo, dando paso a un estado de ensoñación consciente que comenzaba a doblegar su cuerpo y mente; un estado similar a la meditación, pero con el añadido del placer físico que sentía en esos momentos. Era una sensación completamente nueva, emocionante, extraña.

Lyna se sentía flotar, su cuerpo ahora era un elemento etéreo que caminaba desnudo en el blanco vacío de su mente, persiguiendo el placer más allá de lo que sus ojos divisaban. Con cada paso, una nueva sensación, éxtasis, los sonidos de su placer ahora opacados por los latidos de su corazón que se hacían más intensos en ese mundo, en ese estado…

En ese lugar ella era más libre, más pura, más brillante, más ella; disfrutaba del placer que sentía al tiempo que su mente volaba por ese entorno de claridad, hasta que, sin saber de dónde o cómo, una imagen le asaltó de repente: un rostro adulto, de cabellos negros, de ojos azules y fríos como el hielo, la miraban ahora con un gesto de sorpresa. Lyna se detuvo, confusa, pero le observó con curiosidad. Él le devolvía la mirada, sin parpadear, sin moverse, de pie delante de ella. Varios segundos se mantuvieron así, mirándose, analizándose, ella sumida aún en ese estado mágico y nuevo que la hacía disfrutar del momento plenamente, hasta que la cara del desconocido se tornó más seria e intensa, más rapaz. Esos ojos indescriptibles la miraban con ansia, con necesidad y algo que ella creía era rabia, pero su gesto, lejos de alejarla, hizo que sintiera todavía más curiosidad, más ganas por conocer la persona real detrás de ese rostro – "Tú…"-susurró y levantó una mano para acariciar la cara de ese shemlen. Quería sentir su carne, sus labios, su pelo… y no sabía por qué. El mundo físico la llamaba, tiraba de ella y los ojos de ese desconocido se tornaron más oscuros de lo que pudo esperar cuando los dedos de Lyna acariciaron su rostro en un fugaz encuentro.

En ese instante, el profundo gemido de Fenarel la sacó de ese estado, rompiendo toda imagen y conexión que experimentaba en su mente, haciendo que fuera inmediatamente más consciente de su entorno y notando que su cuerpo ya no aguantaba más. Lyna abrió los ojos e inhaló aire, para justo después liberarlo con un fuerte estallido de placer que le tensaba el vientre y hacía que sus paredes se contrajesen y aprisionasen más el miembro de Fenarel que aún seguía palpitando dentro de ella.

La imagen repentina de ese desconocido la había alterado y su cuerpo reaccionó sobre-excitándose, ayudándola a culminar con fuertes temblores que parecían no acabar nunca, haciendo que su espalda se arquease dolosamente sobre la cama. "¡Dioses!" –gimió entre dientes. Sus dedos apretando tan fuertemente los costados de Fenarel, que hizo que su amante soltara un gruñido de dolor, aunque él no paró de moverse lentamente sobre ella, intentando alargar más el momento del clímax.

"¡Creadores!... "-

"¡Oh, Dioses, Fen!"- concluyó Lyna con voz entrecortada mientras apretaba los párpados con gesto congestionado.

Ambos se mantuvieron unos instantes sin moverse, el uno encima del otro, tan sólo mirándose e intentando recuperar poco a poco el aliento. Lyna respiraba agitadamente y observaba los labios de Fenarel temblar aún del cúmulo de sensaciones.

De repente, como si una pequeña ventana se abriese espontáneamente, fue absolutamente consciente de lo que acababa de experimentar – "Pero… ¡qué demonios!"- pensó asustada. Su mente parecía estarle jugando malas pasadas últimamente, en especial, recordándole la cara de ese desconocido que tan intensamente la observaba la noche anterior en el comedor de la taberna. Un escalofrío le recorrió el cuerpo y se estremeció involuntariamente.

"Eres… maravillosa Lyna…."- susurró Fenarel en su oreja, mientras le mordía el lóbulo.

Ella volvió a escaparse de sus pensamientos y sonrió ante el comentario del elfo – "No exageres, Fen…"- le dio una palmadita en el costado que segundos antes apretaba con fuerza, y él gruñó de dolor – "¡Oh!... lo siento…"- se disculpó Lyna.

"No… no es nada, vhenan…"- Fenarel volteó su cara para mirarse los costados y sus ojos se abrieron como platos.

"¿Qué sucede, Fen?"- preguntó Lyna confusa, mientras dirigía sus ojos hacia donde su amigo miraba. Cuando observó la herida que allí se mostraba, se asustó– "¡Por el lobo terrible! Qué… cómo…. He sido ¿yo?"- murmuró temblorosa. Se incorporó de un movimiento, asombrada y confusa, y Fenarel aprovechó para sentarse sobre sus rodillas para tener mejor ángulo de visión. Él analizaba las heridas de sus costados que se presentaban rojas, como quemaduras leves y algo hinchadas, y ella se sentaba sujetándose las rodillas con ambas manos y mirando, atónita, las llagas de su compañero.

Lyna no daba crédito a lo que veían sus ojos – "Fen…"- susurró indecisa. No sabía qué decir.

"¡Vaya!... voy a tener que usar armadura cada vez que yazca contigo…"- comentó Fenarel en tono de broma, intentando quitar hierro al asunto pero sin mucho éxito.

"Pero… ¿Cómo?"- Lyna levantó sus manos y se las miró. No había rastros de quemaduras ni de heridas. Todo normal, como si nunca hubiera pasado nada, salvo que en sus uñas se apreciaba un poco de piel de la espalda de Fenarel, sintiendo vergüenza al instante por los arrebatos salvajes de unos minutos antes.

"Pues… no sé… creo que se puede decir que el mérito es mío, vhenan… fui yo después de todo quien te ha llevado a ese extremo…"- su tono era travieso y burlón. Su media sonrisa confirmaba lo que se intuía en su voz y Lyna no pudo evitar sonreír – "Puede ser. Nunca antes había sentido tanto… calor"- comentó mientras extendía una mano para acariciarle la mejilla.

De la garganta del elfo, surgió una risa grave que contagió a Lyna al instante, y ambos soltaron unas cuantas carcajadas que hizo que el ambiente se relajase notablemente. Unos pocos segundos después, ambos se calmaron y se miraron a los ojos, con ternura y complicidad.

"Ma serannas, vhenan"- murmuró Fenarel al tiempo que extendía una mano y acariciaba el tobillo de Lyna.

"Ma serannas, lethallin"- contestó Lyna mientras extendía nuevamente una de sus manos hacia la cara de Fenarel para acariciarle suavemente sus mejillas coloradas.

"Bueno… creo que me voy a la tina de nuevo"- continuó Lyna en tono casual. Estiró las piernas y se giró para sentarse en la cama, irguiendo nuevamente la columna y moviendo hacia los lados el cuello, sintiendo todos sus músculos y su vientre doler.

"¿Para qué? Si dentro de poco vamos a volver a sudar, lethallan"- ronroneó Fenarel mientras la cogía por la cintura y se sentaba a su lado, besándola el cuello.

Lyna soltó una carcajada – "¡Lethallin! Algo más tendremos que hacer que estar aquí. Es nuestra última noche en Gwaren. Aprovechémosla"- se apartó de él y se levantó. Sus piernas temblaron por un instante, pero se sentía fenomenal. El ejercicio había relajado su cuerpo, y a pesar de los dolores que sentía por el exceso, la sensación general era indescriptible. "Podría pasarme horas así…"- ronroneó de vuelta Lyna al tiempo que le miraba de reojo y se acomodaba el cabello – "Pero debemos bajar. Además, tengo hambre"- caminó unos pasos hasta su mochila y bebió del elixir que Marethari le había dado.

Fenarel vio el gesto y no pudo evitar comentar con cierto orgullo – "Cuando lleguemos al clan, deberás pedirle más de ese brebaje a Marethari, pues no pienso dejarte dormir sola ni una sola noche"- se levantó de la cama y se fue hasta donde estaba Lyna para abrazarla por detrás, cogiendo con ambas manos sus tersos pechos.

Lyna guardó el elixir antes de que Fenarel llegase y cuando la abrazó por detrás y cubrió sus senos con sus ásperas manos, ella no pudo evitar sentirse nuevamente excitada y ansiosa. Este elfo tenía el poder de encenderla como una almenara en cuestión de segundos y ella era muy débil. Sin embargo, a pesar de lo que su cuerpo volvía a reclamar, la oscuridad de la noche se hacía evidente fuera de la ventana, así que en un rápido movimiento, se giró y con ambas manos apartó a Fenarel de ella, zafándose finalmente de él al instante y, aprovechando ese gesto, se alejó riéndose hacia la tina – "No empieces de nuevo, Fen. Sabes que soy débil"- comentó mientras se metía en la tina y se frotaba con un trozo de jabón que habían dejado en el suelo horas antes.

"Esa es la idea…"- Fenarel sonreía con picardía. Jamás pensó experimentar algo así con nadie, y sin embargo, el día de hoy había resultado maravillosamente inolvidable. Su cuerpo, aunque dolorido, con heridas y agotado, no podía parar de desear a esta hermosa elfa que ya vivía dentro de él como si fuera parte vital de su alma y cuerpo.

Fenarel se quedó observando a Lyna un instante antes de disponerse a vestirse de nuevo con su armadura. Después, estiró un poco las sábanas de la cama, pero cuando fue a levantar una manta, se pinchó con algo – "Ouch… ¿qué es esto?"- dijo asombrado mientras levantaba un pequeño puñal sin empuñadura de la cama.

Lyna salía ya de la tina, sujetando una tela con la que se secaba el cuerpo y el cabello. Caminó hacia él y contestó – "Oh, Ir abelas. Es mi puñal"- lo cogió de las manos de su amigo y lo puso en la mesa de noche. Lanzó la tela hacia un lado de la habitación y se agachó para abrir un frasco de aceite de flor de la espesura que usaba como hidratante, y comenzó a esparcírselo por el cuerpo con energía.

"Pero, ¿Para qué?... y ¿Qué hacía ahí?"- Fenarel no entendía nada. Sabía que la tarde había sido una locura, pero no recordaba haber visto a Lyna usar nada de eso durante sus encuentros.

"Se me debe de haber caído en algún momento"- contestó casualmente Lyna mientras se colocaba su ropa interior, su blusa y comenzaba a ponerse la armadura.

"¿Caído?... ¿De dónde?"- No daba crédito a lo que oía. Estaban los dos desnudos, ¿De dónde se le pudo caer a Lyna algo?

Lyna sonrió – "Ahora te lo enseño"- terminó de ponerse todo el conjunto de la armadura y procedió a trenzarse el cabello con suma habilidad y destreza. Antes de llegar al final, le miró divertida – "De aquí"- dijo señalando su cabello, al tiempo que cogía el puñal y lo enzarzaba en la punta de su trenza, dejándolo después oculto entre sus cabellos que caían ahora atados en una preciosa estela dorada.

Fenarel se quedó atónito. Ahora entendía por qué Lyna se dejaba crecer tanto el pelo a pesar de que se suponía que era una desventaja en combate – "Dioses, Lyna… No dejas nada al azar"-dijo con asombro Fenarel mientras sonreía entretenido por la mirada de orgullo de su amiga.

"Bueno, es muy raro que se me caiga. Lo llevo siempre, incluso cuando me deshago la trenza. Quizá…"- dijo en tono travieso – "Quizá nunca antes me había enfrentado a un enemigo que me hiciera semejantes cosas…"- se acercó y con un dedo tocó la barbilla de Fenarel, mientras soltaba una risita y se acercaba para recoger sus armas.

Fenarel se sonrojó ante el comentario de Lyna, pero contestó con una risa nerviosa que acentuó la sonrisa de su amiga. Después, se acercó a ella y miró confuso cuando vio que no dejaba ninguna de sus armas en la habitación; eso le extrañó – "Lyna, ¿qué pretendes con tantas armas?"-

Lyna terminó de ajustar su Virassan a su espalda y colocó sus flechas en su carcaj que colgaba libremente en sus caderas. Las dagas reposaban en su cinturón, ya pulidas y brillantes, esperando a encontrarse nuevamente con la sangre que les daría vida.

"Después de cenar, quiero entrenar un poco"- se giró para verle de frente.

"Pero no puedes ir sola. Te acompaño yo."- dijo Fenarel.

"No hace falta. He visto un lugar tranquilo alejado de los shemlen. Nada me pasará"- Lyna levantó una mano y le acarició la barbilla cariñosamente mientras le sonreía – "Venga, Fen. ¡A cenar!"- se giró y abrió la puerta. Su amigo la seguía de cerca, cerrando la puerta de la habitación con llave al salir.

Ella se sentía eufórica. El día había sido emocionante en muchos aspectos, aunque algo rondaba en su mente inquietándola: la cara de ese desconocido que había invadido sus sueños y su intimidad. "Quién demonios eres…"- pensó confusa, mientras se dirigía al comedor para recuperar un poco las energías invertidas en sus aventuras con Fenarel.


No supo cuándo sucedió, pero sin esperarlo, se quedó dormido un breve instante. Cerró los ojos y cuando se dio cuenta, estaba en una habitación blanca que apenas le dejaba abrir los ojos. Caminó un rato, hasta que de repente, delante de él como si fuera producto del aire, se apareció el cuerpo desnudo de una elfa.

"¡Por el aliento del Hacedor!"- murmuró incrédulo.

La elfa que se acercaba tambaleándose hacia él, con gesto distraído, era la misma que había invadido sus sueños la noche anterior y la misma de la taberna. Su corazón se apresuró a latir con fuerza pero no pudo gesticular ni huir. El cuerpo de esa elfa era toda una obra de arte; sus caderas pequeñas pero fuertes, su cintura estrecha, sus pechos pálidos, tersos y turgentes, sus pezones rosados y pequeños, el cuello largo que marcaba los huesos de su clavícula, su entrepierna que destacaba por mostrar una pequeña y fina capa de pelo rubio que cubría ligeramente sus pliegues… era toda una visión, era un tormento.

Él no podía moverse, estaba atrapado por esa visión y el entorno parecía obedecer a los antojos de esa mujer. De repente, observó cómo la muchacha le miraba con curiosidad y se acercaba inexorablemente hacia él, quedándose a unos pocos centímetros de su cara. En ese instante, vio a la elfa levantar su mano y acariciarle suavemente la mejilla. Su corazón se detuvo inmediatamente. Sus más puros instintos de supervivencia le obligaban a apartarse, pero su cuerpo no reaccionaba en consonancia; la deseaba, la quería sentir más cerca, quería acariciarla, hacerla suya, doblegarla a placer. Justo cuando pensaba que iba a ceder ante esos impulsos, algo sucedió.

Así como había llegado, se marchó de golpe, dejándole sólo. Él se despertó en ese instante y pegó un respingo que le hizo casi levantarse de la silla de un movimiento. Gruñó al darse cuenta de que había tirado varias vitelas al suelo y, con el gesto, había pisado unas cuantas con sus botas manchadas de tierra. Las recogió, sacudió para quitarles la arena y las posó sobre la mesa.

Su mente volaba hacia la escena en la que esa visión de la elfa le acariciaba y, parecía tan real, que casi podía sentir sus dedos calientes acariciarle su mejilla.

"Dulce Andraste…"- murmuró.

Apoyó los codos sobre la mesa y, con ambas manos, sujetó su frente. Su cabeza le dolía menos, pero este acontecimiento le había dejado más intranquilo de lo normal. Era la tercera vez que él experimentaba algo así en su vida y todo estaba relacionado con esa desconocida que, al parecer, le había marcado.

Se levantó de la silla y se colocó la capa sobre sus hombros. Cogió su espada y su escudo y las ajustó a su armadura. Después, salió como alma que lleva el diablo de la habitación.

"Guardias, a mí"- ordenó en voz alta. Los dos guardias que se hallaban instalados en ambos lados de la entrada de su estudio, se irguieron y le siguieron.

No tenía los pensamientos muy claros, pero necesitaba distraerse. Así que sus pies le llevaron fuera de las barracas y en dirección a la taberna más concurrida del pueblo, donde varios de sus soldados estarían, casi con total seguridad, disfrutando de una noche de vino y música.

"Lyna…"- pensó – "¿Estarás ahí?"- no sabía por qué pensaba en ella, pero desde que la vio por primera vez, no ha podido quitarse su imagen de la cabeza.

Sin perder un minuto más, se dirigió a paso firme hacia la taberna, con la pequeña esperanza de volver a encontrarse con la misteriosa elfa que invadía sus sueños y mente.


Había pasado toda la tarde buscando lugares donde esa elfa pudiera alojarse, hasta que dio con ella. La camarera fue muy amable, pues le explicó con todo lujo de detalles todo lo que sabía de ella, incluso en qué habitación se alojaba y qué solían comer. "No parece haber mucha solidaridad racial después de todo"- pensó mientras agradecía a Margaret por su información con cuatro monedas de cobre.

La taberna comenzaba a llenarse de clientes que iban desde vagabundos hasta soldados y reclutas. Él se sentó en una esquina, intentando pasar desapercibido, mientras sus ojos se posaban en cada una de las personas que entraban al local y en las que bajaban por las escaleras desde sus dormitorios en la misma posada.

No sabía exactamente dónde ni cuándo la encontraría, pero estaba casi seguro de que pronto aparecería para cenar junto a sus acompañantes. Después de todo, era así como había transcurrido la primera noche, según la información de la camarera.

Sus ojos se detuvieron un instante en una figura encapuchada que entraba junto a tres enormes Qunaris. Los cuatro personajes tenían toda la pinta de ser mercenarios o asesinos a sueldo, pues iban armados hasta los dientes y sus expresiones no eran cordiales, sino amenazantes. Excepto el encapuchado. El hombre que intentaba mantenerse oculto debajo de la capucha, tenía la nariz fina, alargada y sus dientes sobresalían ligeramente. También se intuían unos ojos grandes, aunque él no sabía decir de qué color eran pues la capucha evitaba que su rostro se iluminase suficiente como para detallarlo. Debía estar atento. Estos hombres no buscan nada bueno- pensó mientras sujetaba la jarra de cerveza y se la acercaba a los labios.

De repente, algo en el rabillo del ojo llamó su atención. Una pareja de elfos bajaban las escaleras sonrientes. "Es ella"- pensó inquieto – "Y él"- su mirada se alternó entre los elfos, analizando sus expresiones y comportamiento. La elfa llevaba la misma armadura de esta mañana pero más limpia y pulida. Su capa negra ocultaba un arco que él identificó como largo, mientras que de su cinturón colgaban dos dagas enfundadas y un carcaj – "Curioso"- murmuró para sus adentros. Era raro ver a un arquero con su carcaj en el cinto y no en la espalda, pero era una ventaja estratégica que él ya conocía. Además de eso, era intrigante encontrarse con una cazadora dalishana que hiciera uso también de dagas y cuya armadura fuera de peto completo y no de vientre al aire como solían ser. Su entrenamiento con los filos sería seguramente la razón por la cual ella vestía así. De cualquier forma, resultaba alentador. Una posible recluta con esas habilidades, sería una verdadera ventaja en esta guerra- pensó mientras ocultaba parcialmente su cara con la jarra al beber.

A los pocos segundos, observó cómo la elfa y su amigo se acercaban a una mesa y saludaban a otros dos elfos; el joven del callejón y a otro anciano que la miraba con cierto desprecio. "Eso sí que es raro…"- pensó.

En ese momento la camarera se acercó hacia él y le puso un plato de guiso de pescado y le dijo – "Ahí está la elfa que buscabas"- le extendió el pan – "¿Puedo preguntaros algo?".

Él asintió y cogió la cuchara de la mesa, pero la miró antes de comenzar a comer – "¿Para qué la queréis?"- preguntó Margaret.

"No puedo decíroslo"- levantó la cuchara y la metió en el guiso pero antes de que él pudiera llevarse la comida a la boca, la camarera interrumpió – "Sí lo que buscáis es compañía… yo misma puedo serviros. Además, tengo mejores curvas que esa elfa de campo"- se limpió la nariz con la palma de la mano, sin dejar de sonreírle.

Él se quedó mirándola un instante más antes de contestar – "Gracias por el ofrecimiento pero no estoy interesado."- se introdujo la cuchara con el guiso denso que le había traído e intentó apartar de su mente la imagen de una noche de pasión con una elfa que daba la impresión de estar más enferma que sana.

La camarera bufó un momento y se alejó refunfuñando seguramente por haber perdido la oportunidad de ganar unas monedas de más. De todas formas, la noche era joven y el vino corría libre por la taberna. Algún soldado caerá en sus redes, sin duda- pensó distraído.

El bar poco a poco se fue llenando, pero él debía estar atento. Debía vigilarla, ser testigo de sus posibles habilidades y dar o no un paso adelante. Era determinante saber si había encontrado otro recluta o si debía marcharse a Ostagar sin más opciones que él mismo. Pronto lo averiguaría, estaba seguro.


"Aneth ara" – Lyna saludó inclinando ligeramente la cabeza a los dos elfos que se hallaban sentados conversando en la mesa. Ambos la miraron y respondieron de buen grado, excepto Varathorn, que la miraba con recelo y desdén. Ella le dedicó una sonrisa especial que él debió hallar insultante pues apartó su mirada inmediatamente como si hubiera recibido un escupitajo. – "Bien viejo, oculta tu cara de cobarde"- pensó mientras se sentaba en la mesa junto a Fenarel.

Fenarel se sentó al lado de Lyna, esbozando una sonrisa de oreja a oreja que ofrecía una clara reivindicación de su triunfo sobre Deygan. El otro elfo lo notó y frunció el ceño. Él sin embargo sonrió de nuevo y aprovechó para acercarse más a Lyna y darle un beso en la mejilla. Le encantaba poner a prueba a la gente y se estaba divirtiendo mucho viendo cómo Deygan miraba de reojo a Lyna y luego a él, con mirada de rencor e ira.

"Bueno, ¿Qué hay de cena hoy?"- preguntó Lyna mientras volteaba su cara hacia los lados intentando ver lo que los comensales de otras mesas comían.

"Por el olor diría que pescado"- contestó Deygan al instante – "Pero no estoy seguro".

"¿No ha venido Margaret?"- preguntó Fenarel mientras miraba a su alrededor buscando a la camarera.

"Oh, ¿Ahora es Margaret?"- Lyna le miró con una media sonrisa en la cara, haciéndose la ofendida, pero con clara expresión de diversión en sus gestos.

"Al menos ayer lo era. Hoy no sé. Si quieres se lo vuelvo a preguntar, en privado"- dijo Fenarel en tono pícaro mientras sonreía. Lyna le golpeó con el codo y él se rio. Ella se hizo la ofendida un instante pero luego se unió a su carcajada.

"Bueno, entonces si Margaret no viene, tendré que ir a por la cena. Quedaos aquí"- dijo Lyna al levantarse.

"Vhen-, ehm… Lyna… voy yo"- comentó Fenarel de repente. Su lengua le había traicionado por un instante pero nadie pareció notarlo.

"No hace falta. Tú quédate aquí por si… viene tu amiguita"- Lyna sonrió y se giró para dirigirse hacia la barra a recoger los platos y bebidas de la cena.

Dio unos pasos y antes de llegar a la barra una mano la sujetó bruscamente por el brazo dándole a su vez la vuelta. Ella inmediatamente recurrió al puñal que tenía guardado en el brazal, pero otra mano le impedía extraerlo antes de que ella pudiera darse cuenta.

"Yo que tú no le haría eso a un Guardia de la ciudad"- dijo el hombre de voz ronca.

Ella le miró a los ojos y el reconocimiento fue instantáneo – "Vaya, para ser ciego de un ojo, ves bien, shem"- comentó irónicamente. Lyna le reconocía; era el guardia que la había registrado al llegar a la entrada de Gwaren, ese mismo que la registró como si estuviera haciéndole el amor y no su trabajo.

"Mi nombre es Ron y sí, veo perfectamente…"- se relamió mientras pasaba su mirada por todo el cuerpo de Lyna – "Al menos, veo lo importante, lo divertido… ¿no crees?"- la acercó hacia él, y ella pudo oler el pestilente aliento que brotaba de esos dientes torcidos y negros que se dejaban entrever en esa sonrisa sádica.

"Además, creo que tenemos un registro pendiente"- el guardia bajó su brazo hasta su cintura y ella no quiso dar muestras de rechazo bruscas. Había demasiada gente a su alrededor y no quería llamar la atención. Dirigió su mirada a la mesa donde se encontraban sus compañeros, pero ellos se hallaban distraídos conversando. "Maldita sea…"- pensó.

"Yo recuerdo haber vivido eso ya contigo, shem. No creo haber roto ninguna ley por el momento para que tenga que someterme a otra de tus inspecciones"- dijo seriamente, intentando controlar su asco.

"Oh, ¿Y crees que intentar recurrir a tu puñal no es motivo suficiente para… registrarte de nuevo?"- Ron acercó su nariz hacia ella y la olió – "Mmm, lirios y lavanda… debes de saber mejor"- murmuró en su oreja. Lyna se estremeció del asco, pero le interrumpió enseguida – "Está bien… ¿Qué quieres de mí?"- se apartó como pudo de su cara y él permitió que ella se alejase un poco, pero sin zafarse completamente.

"Buena elfa. Acompáñame y te lo diré"- la cogió del brazo nuevamente y tiró de ella hacia la puerta. Lyna intentaba no llamar la atención, pero no quería salir del local con él. No sabía si afuera iban a estar esperándola más hombres armados que pudieran forzarla a hacer algo de lo que ni siquiera quería imaginar.

Pero justo al llegar a la puerta, ésta se abrió de golpe y una figura enorme con armadura brillante hacía su presencia en la sala. Varios comensales se dieron la vuelta para verle. Ron se detuvo inmediatamente y Lyna abrió los ojos en sorpresa; era el desconocido de pelo negro y ojos azules de la noche anterior, el mismo de su sueño y sus visiones, el mismo que esta misma tarde había acariciado en sus pensamientos.

Aguantó un gemido de asombro, pero apenas pudo controlar el temblor que generó la sorpresa de verle tan cerca y con tanta luz. Sus facciones eran muy duras: pequeñas arrugas cubrían la comisura de sus ojos, la mandíbula era cuadrada y algo puntiaguda, haciendo que su barbilla destacara especialmente. Sus cejas estaban juntas, como si hubiera pasado mucho tiempo pensando complicadas estrategias que le hubieran hecho quedarse con ese gesto ya de serie. Sus labios ligeramente rosados y sutilmente carnosos se presentaban en una mueca seria que acentuaba la expresión de formalidad y seriedad que dominaba en su rostro. Sin embargo Lyna notó un pequeño brillo en sus ojos cuando sus miradas se cruzaron. Esos increíbles ojos azules le taladraban el alma. Se sentía impotente. Eran como dos pequeñas flechas que ahondaban en sus entrañas, debilitándola. No sabía cómo reaccionar.

Sin embargo, aunó las fuerzas y miró a Ron de reojo. Vio que el guardia se encontraba a su vez sin saber qué hacer, así que aprovechó – "¡Quítame tus sucias manos de encima!"- gruñó Lyna al tiempo que quitaba su brazo del agarre del guardia.

En ese instante el guardia se giró y la volvió a coger del brazo, pero esta vez menos fuerte. En ese momento, una voz grave interrumpe el forcejeo – "Guardia, ¿Qué estáis haciendo?"

Lyna se sorprendió con la voz de ese hombre. Esa única frase parecía llevar consigo una gran carga de liderazgo y confianza. Era como ella se imaginaba que sería la voz de un Dios.

Antes de que el guardia pudiera responder, ella se adelantó – "¿Qué creéis que querrá hacer un guardia conmigo en mitad de la noche?"- soltó de repente sin pensar realmente a quién se dirigía. En el mismo momento en el que abrió la boca, se arrepintió.

El desconocido volvió a mirarla e hizo una mueca de desagrado – "No os he preguntado a vos"

Se giró de nuevo hacia el guardia y Lyna vio a éste tragar saliva, con claro temor en su voz – "Yo, eh… milord… yo quería… registrarla"

"¿Por cuál motivo?"- contestó el desconocido. Lyna estaba atónita. Se sentía como hipnotizada por este ser que desprendía tanta autoridad y respeto.

"Tie-tiene un puñal…"- contestó tartamudeando Ron mientras levantaba el brazo de Lyna.

"Todos en este lugar portan puñales. ¿Por qué ella?"- inquirió.

El guardia volvió a tragar saliva y empezó a balbucear. Lyna aprovechó ese instante para contestar, esta vez, de forma más respetuosa – "Milord, disculpad mi atrevimiento. Creo que este guardia quiere abusar de su autoridad aprovechando mi inferioridad como elfa y mujer"- Lyna apartó nuevamente su brazo de las garras del guardia y extendió ambas manos hacia el desconocido, en señal de rendición – "Si desconfía de mí, preferiría que usted mismo me registrase. No tengo nada que esconder"- y diciendo esto, apartó su capa y mostró sus dagas y carcaj de forma intencionada.

El desconocido bajó la mirada y abrió ligeramente los ojos en señal de sorpresa. Lyna observó cómo sus ojos detallaban ambas dagas con detenimiento y cómo la nuez de su garganta bajaba y subía con cada movimiento de su mandíbula. "Me está analizando. Bien"- pensó distraída mientras ofrecía la mejor de sus expresiones al extraño.

Unos instantes después, el desconocido apartó su mirada de ella y habló al guardia en tono que no admitía réplica – "Guardia, a vuestro puesto. De inmediato"- y dio unos pasos hacia ella.

"S-sí mi señor"- dijo Ron, y echó a correr hacia la puerta saliendo del local a los pocos segundos.

El desconocido se encontraba ahora a unos pocos centímetros de ella. Lyna pudo observar de nuevo ese brillo en sus ojos y una pequeña corriente de inquietud le atravesó la columna, haciendo que se sintiera especialmente incómoda.

"Gra-gracias, mi señor"- Lyna intentó controlar su incomodidad e hizo una pequeña reverencia con su cara para ocultar momentáneamente su expresión.

"¿Cuál es vuestro nombre?"- la pregunta le sorprendió. Ella levantó la mirada y observó al shemlen mirarla con curiosidad.

"Lyna Mahariel, Milord"- dijo casi en un susurro, como si quisiera seguir guardando su anonimato.

La expresión del desconocido la sorprendió. Los ojos de ese hombre se abrieron más durante un breve instante en el que, además, separó sus labios ligeramente en señal de sorpresa. Pero el gesto apenas duró un segundo y Lyna se apresuró a preguntar, intentando no levantar la animadversión de este extraño – "Milord, sería un honor para mí saber el vuestro en justo intercambio"- sentía mucha curiosidad por conocer el nombre de este shemlen que estaba invadiendo sus pensamientos y sueños. Era como una especie de atracción involuntaria que Lyna no podía controlar.

El desconocido la miró confuso y apretó un poco más los labios, pero lo único que salió de su boca fue una orden – "Espero no veros de nuevo en problemas. Si no, pensaré que el guardia tenía razón en sospechar de vos"- y con esto, se marchó a paso firme hacia una de las mesas del fondo de la sala, seguido de dos de sus hombres.

Lyna no pudo reaccionar. Se quedó mirando el vacío que había dejado ese shem intentando asimilar por completo lo que había sucedido. La presencia de ese humano era tan intensa, tan fuerte y poderosa, que se veía irremediablemente atraída por ese aura de superioridad.

"Lyna, ¿Qué demonios ha pasado?"- una voz la sacó de sus pensamientos.

"Oh… Fen"- murmuró distraída mientras miraba al suelo.

"He visto que ese hombre te hablaba. Pensaba que estabas en problemas. ¿Estás bien?"- Fenarel se acercó a ella y puso una mano sobre su hombro.

Lyna se volteó y le miró a los ojos, sonriendo, aunque aún se encontraba algo distraída por el acontecimiento – "No ha sido nada Fen. Todo está bien"

"¿Seguro?"-

"Sí, lethallin. Ven, ayúdame con los platos"- Lyna se giró de nuevo y le cogió de la mano para llevarle hasta la barra. Al llegar, el tabernero les ofreció los cuencos con comida y la bebida y ambos se marcharon de nuevo a la mesa.

Pasaron varios minutos y los cuatro comieron en relativo silencio. Algún comentario insustancial de Deygan y la correspondiente contestación burlona de Fenarel, pero nada importante. Lyna no podía evitar pensar en el desconocido que había evitado que ese guardia se la llevase. Se sentía, en cierta forma, avergonzada por haber reaccionado tan sumisa, cosa tan impropia de ella, pero viendo el local tan lleno de shemlen, no quería poner en peligro también a sus acompañantes.

Su mente voló nuevamente a lo que había ocurrido esta misma tarde cuando experimentó tal estado de ensoñación. El encuentro había sido intenso, y no pudo evitar distraerse detallando en su mente los rasgos de ese hombre. Lyna nunca había sentido algo así y era algo que no podía justificar de ninguna forma, pues ella no conocía a ese desconocido en absoluto. No podía sino culpar a su curiosidad y su debilidad por figuras o personajes poderosos, que le recordaban a las leyendas y cuentos populares de los que estaban plagadas las historias.

Ella siguió comiendo en silencio, su mente aún divagando en lo ocurrido minutos antes.


Finalmente sus pasos le llevaron a la taberna donde seguramente hallaría la distracción que necesitaba. Abrió la puerta enérgicamente sin prestar atención a sus alrededores, hasta que una silueta menuda captó su atención de inmediato.

La elfa que hace un rato había irrumpido en su mente, se encontraba delante de él con expresión de sorpresa. Él la miró a los ojos y durante un instante no pudo ocultar tampoco su asombro.

Intentando mantener su control, se aclaró la garganta. En ese momento, la elfa habló. Su voz era dulce, aunque amenazadora. "Agresiva. Era de esperar"- pensó mientras no le quitaba ojo de encima. En ese instante, tuvo que interferir, así que le preguntó al guardia por el motivo de ese comportamiento con la elfa.

El guardia explicó que debía registrarla, pero él sabía que lo que quería era algo diferente, así que volvió a hablarle, esta vez, con más dureza. En ese momento, el hombre no supo qué contestar y la elfa aprovechó para confirmar sus sospechas.

Al parecer el guardia, haciendo mal uso de su estatus, quería abusar de ella. Tampoco es que se creyera todo lo que la elfa le decía, pero era un caso típico que había visto miles de veces con anterioridad. Así que decidió despachar rápidamente al guardia.

Después, se acercó a ella unos pasos más y, aunando fuerzas, le preguntó su nombre.

"Oh Hacedor…"- pensó con miedo al conocer el nombre de la muchacha. ¿Cómo era posible que en su sueño él descubriese por casualidad el nombre de esa completa desconocida? No pudo evitar controlar la expresión de sorpresa que afloró en su faz.

La elfa le miraba ahora intensamente, como si entendiera su gesto, como si lo compartiese. Y fue ahí cuando ella quiso también conocer su nombre. Él, sin embargo, no le ofreció respuesta alguna, sólo una advertencia. Una advertencia que soltó con el único fin de disimular su incomodidad y asombro.

Sin más, se volteó y siguió su camino, dejando atrás a Lyna. Sus piernas le llevaron hasta una mesa donde se sentó, instando a los dos soldados que le seguían que rompieran filas para que le dejaran unos minutos solo. Necesitaba pensar. El encuentro había sido breve, pero intenso. La elfa parecía compartir su misma incomodidad y cuando ella se ofreció a él para que éste la registrase, su estómago dio un vuelco repentino que era poco habitual en él.

"Registrarla… tocarla… No"- apartó esa idea de su mente. No podría creer lo que estaba pensando. No podía entender por qué él sentía esta atracción irracional hacia esta desconocida.

"Las dagas…"- murmuró. Esas dagas las había visto antes, pero ¿Cuándo? ¿Dónde?, seguía sin saberlo.

Su cabeza comenzaba a doler más intensamente y soltó un gruñido de impotencia. Parecía que la noche se acababa de complicar ligeramente otra vez.

"¡Por el Hacedor!"- murmuró para sí, mientras se acariciaba las sientes y reposaba su espalda en la silla. Iba a ser una larga e intensa noche.


El crujido de la puerta al abrirse crispó aún más los nervios de Tamlen – "Cuidado Merrill…"- dijo en un murmullo como si algo o alguien estuviera al acecho.

Entraron a la última sala. La mirada de los elfos posándose en cada rincón, buscando la posible amenaza que se pudiera cernir sobre ellos. Merrill se hallaba delante de él, mirando a sus alrededores mientras cargaba su bastón con magia extraída del Velo para atacar en caso necesario.

"Creo… creo que no hay nada"- comentó Merrill aún con cierta reserva. Ella se giró y miró a Tamlen un segundo. Tamlen asintió aunque sin estar del todo convencido.

De repente, un movimiento captó la atención de Tamlen y éste reaccionó de inmediato– "Merrill, ¡Cuidado!"- gritó mientras tensaba la cuerda de su arco al instante.

Detrás de unas raíces retorcidas que sobresalían de la pared de la sala, emergió sin previo aviso un gran oso a todo galope, preparado para embestirles sin darles apenas cuartel. Lo enorme y siniestro del animal, mermó considerablemente la valentía de Tamlen al instante de aparecer. Sin embargo, el elfo lanzó varias flechas envenenadas a su lomo y patas apenas lo tuvo a tiro, sin dudar ni un segundo.

El animal se acercaba a ellos inexorablemente a pesar de las flechas que tenía clavadas en su cuerpo, pero Merrill reaccionó al instante enviando un nuevo conjuro congelante que ralentizó, mas no detuvo, los pasos de la bestia.

Tamlen pudo detallar brevemente la criatura que se les abalanzaba. Era algo que jamás había visto. Era un oso, pero no era normal. De su lomo y espalda sobresalían varias púas que se alzaban varios centímetros hacia arriba, dándole una imagen más salvaje de lo que era originariamente. Sus ojos estaban inyectados en sangre y retazos de su pelaje faltaban, como si hubieran sido arrancados de raíz por algo o alguien. La boca del animal se abría, lanzando varias dentelladas al aire que resonaban en las paredes de la gran sala donde se encontraban. Las babas colgaban oscuras y densas en sus ennegrecidos labios, y sus dientes eran, al menos, dos palmos más grandes de lo normal.

"¿Qué demonios es eso?"- gritó Tamlen, mientras lanzaba otras dos flechas hacia el oso, una de ellas impactando en el ojo del animal, cegándole al instante.

El oso lanzó un gruñido y se detuvo inesperadamente para romper, con una de sus patas, la flecha que sobresalía de la cuenca de su ojo, facilitando así la salida de un gran chorro de sangre que empapaba el suelo del salón.

Merrill no contestó. Simplemente siguió lanzando conjuros, esperando que alguno de ellos funcionase, pero sin acertar en la mayoría, pues el oso parecía inmune a parte de su magia.

"Merrill, su cara es su punto débil, no dejes que nos vea"- gritó Tamlen de nuevo, apartándose del campo de visión del ojo bueno del oso.

Merrill tardó un segundo en planear una estrategia y, moviendo sus manos en el aire, envió un gran cono de fuego hasta la cara del oso, sacándole un fuerte y profundo gruñido que hizo que la bestia se tambalease hacia atrás y comenzara, desesperadamente, a frotarse la cara con las zarpas, mientras se arrancaba trozos de piel y carne chamuscada.

Tamlen aprovechó para guardar su arco en un fluido gesto, y cogió sus dagas al segundo después. Sin dudarlo, se abalanzó a por el oso y en tres rápidos movimientos, lanzó varias tajadas a la yugular del animal hiriéndole de muerte.

En ese instante, no lo vio venir. La gran zarpa del oso caía en picado hasta su cabeza y Tamlen no tuvo tiempo de reaccionar. Sólo pudo esperar lo inevitable. Sin embargo, y sin previo aviso, un viento frío hizo que su mirada se desviara hasta Merrill, que se encontraba en ese instante enviando un fuerte conjuro de hielo al oso, parando el ataque al segundo después. Tamlen aprovechó para rodar sobre su espalda e incorporarse en un salto para asestar el golpe final.

Con un fuerte y certero movimiento, se abalanzó hacia la pata del animal, amputándole la zarpa y haciendo que se quebrase en mil pedazos. Después volvió a golpear la cabeza del animal, que se hallaba aún cegado por el fuego, y decapitó la bestia al instante, haciendo que la cabeza rodase por el suelo rápidamente, enviando miles de gotas al aire, empapándolos a los dos y a las paredes que les rodeaban.

Los dos se quedaron un instante en silencio, recuperando el aliento, hasta que Tamlen dijo con voz entrecortada – "No sé qué demonios era esto pero, fuera lo que fuera, estaba muy mal"- enfundó las dagas y con el revés de la mano se limpió la cara de las gotas de sangre de oso que tenía en sus mejillas. El hedor era insoportable. La sangre del animal era más oscura de lo normal, casi negra y apestaba a azufre y podredumbre. Su estómago se revolvió y se alejó un poco del cadáver de la bestia que yacía inerte en el frío suelo de la sala.

Merrill no articuló palabra, sólo miró al animal con curiosidad y se acercó para inspeccionarlo. – "No te acerques. No sabes qué pude contagiar"- sugirió Tamlen.

La elfa, sin embargo, no hizo caso. Ella se acercó y tocó al animal, llenándose los dedos de sangre oscura que después se llevó a la nariz para olerla. Unos instantes más tarde, se levantó y miró a Tamlen con gesto serio– "La Custodia querrá saber sobre esto. No es nada que haya visto u oído hablar antes"-

A pesar del encuentro, ambos habían salido sin un rasguño. Aunque en el caso de Merrill, el conjuro de protección que había invocado antes aún estaba activo, protegiéndola incluso de aquello que no era capaz de notar.

Tamlen se sacudió un poco su armadura y dio un vistazo a su alrededor. Sus ojos se abrieron como platos al divisar lo que se encontraba al fondo de la sala.

"Merrill… ¡Mira!"- señaló boquiabierto el artefacto que se les mostraba delante, intacto.

Merrill se dio la vuelta y se quedó inmóvil.

Lo que allí se les mostraba, no tenía parangón: un espejo de increíbles dimensiones se alzaba ante ellos, vibrando con una luz azul tenue que hasta ahora no habían visto. Los soportales del espejo, eran dos figuras con espadas que parecían guardar lo que allí se mostraba. El enmarcado del espejo parecía estar tallado en oro y el cristal del que estaba hecho, era opaco, extraño.

Ambos dieron unos pasos más hacia el artefacto, Tamlen por detrás de Merrill.

"Es precioso"- dijo asombrada su amiga – "Me pregunto… qué es lo que significará la inscripción"- se acercó unos pasos más hacia el espejo.

"Quizá la Custodia sepa traducirlo"- comentó Tamlen con curiosidad mientras se ponía a la altura de Merrill sin apartar la vista del espejo.

"Puede ser"- contestó Merrill algo distraída - "¿Has visto… eso?"- Merrill se acercó un poco más, alargando la mano – "Creo que algo… algo se ha movido dentro del espejo"

"No te acerques más lethallan, no parece seguro"- Tamlen tenía un mal presentimiento. Algo no estaba bien. ¿Qué hacía un espejo en mitad de unas ruinas? ¿Por qué estaba intacto y solo? Había algo que no encajaba.

"¿Puedes sentirlo? Creo… creo que sabe que estamos aquí. Me está mostrando algo… una ciudad… una ciudad bajo tierra. Voy a… acercarme para verlo mejor"- Merrill se adelantó unos cuantos pasos más con ambas manos extendidas, como si estuviera caminando en sueños.

"¡No, lethallan!"- gritó Tamlen. Algo no iba bien, lo sentía en sus huesos, en su piel, en su corazón que latía con más fuerza. El ambiente estaba cargado de algo que no lograba identificar y los vellos de su piel, se hallaban en punta, enviando escalofríos por su cuerpo.

Merrill no contestó, simplemente siguió caminando lentamente hacia el artefacto, como si algo invisible tirase de ella. Apenas unos pocos pasos la separaban ya de él, cuando Tamlen presenció un movimiento extraño en el espejo. Una oscuridad inmensa cubrió el cristal y Merrill no parecía advertirlo – "¡Merrill, no!"- volvió a insistir Tamlen con urgencia.

Viendo el peligro que se cernía inminentemente sobre su amiga, no esperó un segundo más; tensó su arco y envió una flecha directa al espejo, rompiéndolo en el acto en mil pedazos justo antes de que Merrill lo tocase. En ese instante, una onda expansiva les enviaba a ambos violentamente hacia atrás, lanzándolos bruscamente contra el suelo de la sala.

La cabeza de Tamlen golpeó fuertemente los adoquines del suelo produciendo un brutal sonido que hizo que su visión se desvaneciese poco a poco. Lo último que oyó fue un grito y todo se fundió a negro.


Ma serannas: Gracias. Agradecimiento.

Aneth ara: saludo entre elfos.

Vhenan: corazón.

Ir abelas: lo siento.

Shemlen: niños rápidos. (Nombre despectivo que se le da a los humanos. Shem; rápido.)

Lethallin: término de cariño hacia un hombre.

Lethallan: término de cariño hacia una mujer.