Disclaimer: No me pertenece ninguno de los personajes de Naruto.

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¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Bueno, por razones de fuerza mayor no voy a poder actualizar la historia más tarde y para no faltar a mi promesa de subir un capítulo por día lo hago ahora. En fin, ya saben, como siempre quiero agradecerles a todos por tenerme tanta paciencia y leer mi humilde historia, también por hacerme saber su opinión y ayudarme a mejorar. ¡Gracias, a todos! Espero que el capítulo les guste... ¡¡Nos vemos y besitos!!


Grietas

XXV

"Únicamente amigos"

Abrió pesadamente los ojos, contemplando con los párpados cansados el techo del lugar en el que se encontraba. No era su apartamento, de eso estaba seguro. Tampoco era su casa pero se sentía realmente a gusto donde estaba, por lo que no hizo ademán alguno de moverse. Simplemente permaneció allí, recostado, su mente vagando entre los límites de la conciencia y la inconsciencia. Dormitando por momentos, dejando descansar su mirada. Imposibilitado de hilar una serie de pensamientos coherentes. Hasta que la imagen borrosa de alguien peculiarmente familiar le hizo removerse entre las mantas incómodo.

Una voz, que para él sonaba más distante de lo normal, gritó —Ino, déjalo en paz.

Aún así ignoró todo aquello que sucedía a su alrededor y se dio vuelta en el sofá, quedando de frente al respaldar y de espaldas al resto de la habitación. Una vez más la imagen se cernió sobre él, ésta vez pudiendo vislumbrar un destello dorado, el cual por un instante llamó su atención pero luego simplemente lo ignoró. Entonces algo extrañamente cálido y suave hizo contacto con la punta de su nariz —Mmm... —cerró nuevamente los ojos, su borrosa vista nublándose por completo. Sin embargo, aquel suave roce –que él había creído producto de su imaginación por la somnolencia- continuaba contra la piel de su nariz. Dibujando círculos irregulares, a veces más grandes, a veces más pequeños.

—Despierta... —intentó incorporarse pero su cuerpo no se lo permitió. ¡Dios, como odiaba a veces tener el sueño tan pesado!. La curiosa voz volvió a insistir un poco más fuerte, alguien a lo lejos rió— Despierta.

—¿Ino? —murmuró entonces parpadeando unas cuantas veces antes de poder enfocar la imagen de su amiga sobre sí—. ¿Cómo entraste a mi apartamento?

La muchacha rió —¿De qué hablas Shikamaru? Estás en mi casa.

Él levantó la cabeza y recorrió lentamente con la mirada la habitación, a medida que sus ojos vagaban por el lugar podía recordar lentamente lo sucedido la noche anterior. Había pasado la noche en casa de Ino. Pesadamente se dejó caer y cubrió su rostro con el antebrazo, suspirando cansinamente.

—¿Qué hora es? —Ino sonrió alegremente.

—Las 11 de la mañana, holgazán —el moreno reprimió un bostezo con la mano y se incorporó, quedando sentado en el sofá –con las piernas cubiertas por las mantas-, los brazos a ambos lados de su cuerpo y su cabeza colgando hacia delante. Sus ojos cerrándose nuevamente, pero antes de que pudiera siquiera conciliar el sueño Ino lo sacudió —¡No! Levántate.

Él se dejó caer contra el sofá, gimiendo —¡Mujer problemática!

—No lo soy —exclamó molesta, tomando uno de los mechones negros del cabello de él— Deberías verte —rió— estás hecho un desastre.

—¿Y? —Ino dejó ir el cabello de entre sus dedos.

—Y que deberías levantarte ¡Ya! —exclamó con severidad—. Además, ya está el desayuno...

Shikamaru asintió, incorporándose nuevamente —Bien, bien. ¡Dios! Eres más problemática que mi madre.

—Pues... alguien tiene que vigilarte. Si fuera por ti pasarías todos tus días durmiendo —el moreno negó con la cabeza, poniéndose finalmente de pié y contemplando hacia abajo sus vestimentas.

—¿Mi ropa? —ella señaló una pila a su lado.

—Ya está seca, apúrate y vamos a desayunar —él enarcó una ceja.

—¿Tú todavía no desayunaste?

—No, mi mamá dijo que debía esperar a mi invitado. Que era de mala educación y no me dejó —bufó, cruzándose de brazos. Shikamaru simplemente rió.

—Está bien. Ya regreso —y sin decir más se encaminó al baño y cerrando la puerta detrás de sí comenzó a quitarse aquellas ropas prestadas para reemplazarlas con las suyas. Recogió rápidamente su cabellera negra en una cola y salió al encuentro de la chica —Listo.

—¡Vaya! Eso fue rápido, al menos para ti —el moreno torció el gesto y ambos se dirigieron hacia la cocina, donde los dos padres de Ino se encontraban sentados a la mesa ya desayunando. Al entrar a la habitación, ambos se voltearon a verlo y por un instante no supo qué decir. ¿Estarían molestos con él por haberse quedado?

—Buenos días, Shikamaru —saludó finalmente Inoichi, y con las palabras del hombre toda tensión en su cuerpo desapareció. Inmediatamente la madre de Ino repitió las palabras de su esposo y poniéndose de pié se dispuso a alcanzarle el desayuno a ambos jóvenes, los cuales se sentaron uno al lado del otro, enfrentados a Inoichi.

—Gracias —murmuró el moreno tomando un sorbo de su taza de café. Ino alegre bebió su té.

—¿Cómo dormiste? —preguntó entonces la madre de Ino, él la observó y masculló la respuesta. En un tono de voz tan suave que hizo a Ino reír.

—Muy bien, gracias —miró de reojo a su amiga. ¿De qué demonios se ríe?. Ino desvió la mirada deliberadamente y fingió inocencia.

—Me alegro —él asintió con la cabeza y bebió otro sorbo de su café, en completo silencio. Inoichi continuaba observándolo por encima del pergamino que estaba leyendo, con cierto disimulo aunque fallando estrepitosamente en el intento. Probablemente de allí habría heredado Ino su mala predisposición a mentir.

—Papá ¿Tienes una misión? —el hombre giró la vista a su hija y sonrió, agitando el pergamino en sus manos.

—Si, con Choza y Shikaku —dijo, una vez más posando su vista en Shikamaru, quien comenzaba a removerse incómodo en su asiento. Enfocando su mirada en el humeante líquido marrón casi negro frente a él más que en Inoichi—. Pensé que lo sabrías, Shikamaru.

Su tono de voz calmo, estaba seguro que no inculpaba ni insinuaba nada, simplemente intentaba conversar un poco con él —Eh. Me mudé el jueves pasado y no he hablado con ellos desde entonces.

Inoichi asintió —¡Oh, cierto! Shikaku había mencionado que te mudabas a un apartamento cerca —el moreno asintió, deseando salir de la cocina. No es que los padres de Ino no le gustaran, muy por el contrario los había conocido desde que era pequeño y siempre habían sido amables y agradables con él. Sin embargo, la idea de tener que conversar y sociabilizar en la mañana no le atraía en lo más mínimo. De hecho, sentía que su mente aún seguía entumecida.

—Si —respondió.

—¿Y? ¿Qué te parece? —el moreno suspiró.

—Está bien. Supongo... —Ino lo pateó por debajo de la mesa, lo que le indicó que estaba siendo un poco cortante con el asunto— Es bueno tener un lugar donde puedo estar tranquilo. En casa mi madre no me dejaba en paz —Inoichi rió, había oído a Shikaku varias veces decir algo similar.

—¡Claro! Yoshino puede ser demasiado insistente y dominante —Shikamaru miró de reojo a Ino pero no encontró necesario mencionar a Inoichi la similitud con su hija.

—Demasiado problemática —farfulló, e Inoichi rompió a reír nuevamente.

—Idéntico a tu padre —exclamó y poniéndose de pié se despidió para dirigirse hacia la puerta al encuentro de sus dos compañeros de equipo. Shikamaru e Ino lo observaron marcharse y tras terminar de desayunar, se despidieron de la madre de Ino y se marcharon nuevamente a la sala.

Al llegar allí Shikamaru se detuvo y se dejó caer contra el sillón, Ino lo imitó, sentándose a su lado con una amplia sonrisa —¿Qué es tan gracioso? —espetó molesto.

La joven rubia soltó una carcajada —Tú —y el moreno puso los ojos en blanco, colocando sus manos detrás de la cabeza.

—Explícate —dijo.

—Bueno, por empezar te sientes intimidado por mi padre —el moreno la miró de reojo.

—¡No es cierto! —exclamó, Ino rió.

—¡Si lo es! —Shikamaru bufó.

—Tiene una mirada intensa —admitió, avergonzado. Aquello era probablemente lo más tonto que había confesado a Ino. Pero ¿Qué podía hacer? Era cierto, y no tenía sentido alguno negarlo. Había algo en los ojos de Inoichi que le recordaban a Ino misma, los mismos ojos, la misma intensidad. Además, el hombre lo miraba con demasiado interés lo cual lo incomodaba. Él prefería pasar desapercibido.

—¡Jajaja!

—Ey, no te rías —exclamó y al cabo de unos segundos la risa se detuvo, aún así la tonta sonrisa de Ino no parecía querer borrarse de sus labios. Borra esa estúpida sonrisa, pensó para sí pero se aseguró que las palabras no escaparan por su boca.

—Además, eres tan formal —dijo finalmente la rubia, poniendo los ojos en blanco ante la mención de las palabras. Shikamaru la observó en silencio.

—¿A qué te refieres? —ella se encogió de hombros.

—Los tratas como si no los conocieras desde pequeño —el chico la miró ofendido.

—¿Qué tiene de malo ser respetuoso? —Ino sonrió.

—Nada, es solo que...

—¿Qué? —espetó fastidiado. Ella desvió la mirada hacia la cocina y apretó los labios en un acto de silencio, lo cual irritó aún más a Shikamaru —¿Qué, Ino?

—Bueno... —rió— es tonto, pero me recuerda a cuando alguien se presenta a los padres de su novia —Shikamaru enarcó una ceja y luego rompió a reír.

—Si, claro —replicó con sarcasmo, riéndose ante lo absurdo de la situación, que extrañamente no le había parecido tan absurda como debería—. Si ese fuera el caso... ¿Crees que habría salido vivo de la cocina?

—¡No seas exagerado! —exclamó, también riendo—. Mi papá no es así.

—¿Negarás que es demasiado protector de ti en ese aspecto? —¿Qué pensaría si supiera que Ino ya está con alguien?, se preguntó pero apartó la idea inmediatamente de la cabeza. No tenía intenciones de volver a pensar en aquello, no ese día.

—Bueno... algo —admitió.

—¿Algo? —replicó sarcásticamente, Ino rió.

—Bueno, si lo es ¿Contento? —el moreno asintió— Pero a ti y a Chouji los adora. Jamás los haría sentir incómodos —el chico puso los ojos en blanco. No mientras seamos únicamente amigos. Y una vez más sintió aquella puntada en su interior, seguida de un revuelto de estómago que culminó en un extraño nudo. Intentó ignorar la desagradable sensación, sin éxito.

—¿Estás bien? —preguntó Ino al ver la expresión de su amigo, Shikamaru había dejado de repente de sonreír y se encontraba serio. Su ceño levemente fruncido y las comisuras de sus labios curvadas hacia abajo. Pareciera como si hubiera bebido un sorbo de algo amargo.

—Si, no es nada —ella asintió. Habitualmente no dejaría pasar aquello, le parecería insoportable no saber de qué se trataba. Siempre que alguien dejaba una frase en el aire ella necesitaba saber lo siguiente, le era imposible dejar ir algo. Siempre que sucedía su mente comenzaba a trabajar a velocidades descomunales, pensando todas las posibilidades e inclinándose siempre por las peores. No podía evitarlo, era un defecto insoportable, pero ésta vez algo le decía que no debía insistir, que esa expresión tenía que ver con algo de lo que ella no querría hablar. Ni él tampoco.

—Está bien.

—Creo que debería irme ya, es tarde y no intento quedarme a almorzar también. Sería un abuso de la bondad de tu madre, sin mencionar que sería problemático —Ino asintió, poniéndose de pié y acompañándolo hasta la entrada, en la cual se detuvieron.

—Recuerda que ésta noche quedamos de cenar con Chouji en Barbacoa Q —le recordó la joven, él asintió.

—No lo olvidé —Ino sonrió y extendió su brazo hacia él, dudosa de si debía abrazarlo como habitualmente lo hacía. Al final apartó toda duda de su mente y lo hizo de todas formas, sabiendo que estaba mal. Que no debía hacerlo, no debía disfrutar el contacto con él tanto como lo hacía, no debía disfrutarlo más allá de la amistad.

—Adiós —murmuró ella contra él, sintiéndose repentinamente incómoda por la situación. Quiso apartarse, como siempre, pero su cuerpo no se movió. No respondió, simplemente permaneció contra el de él.

—Adiós, mujer problemática —dijo mirando por encima del hombro de ella con la mirada perdida, odiaba esa sensación de agitación en su interior. Debía desaparecer, ni siquiera debía existir, no era racional, no era propia de él, y estaba sencillamente mal sentirla. ¿Por qué?.

Finalmente, ella lo soltó, haciéndose de toda su fuerza de voluntad para apartarse del cuerpo de él. Odiaba ese impulso que sentía de acercarse de aquella manera, porque aunque ese tipo de reacción fuera habitual en ella –pues con Chouji también tenía ese tipo de demostración de afecto, al menos desde la muerte de Asuma, donde finalmente vio quienes eran verdaderamente sus amigos y que importaba en verdad-, con él era distinto. Lo sabía, los dos lo hacían, pero no podían evitarlo porque ¿qué razones tenía ella para no abrazar a Shikamaru de la misma forma que a Chouji?. Ninguna, después de todos los dos eran sus amigos. Amigos. Únicamente, amigos.