¡Hola a todos! ¿Qué tal? Lo sé, me he retrasado muchísimo y de esto no tengo disculpas. Podría decir que fue por las vacaciones, porque tenía un examen (que por cierto aprobé :D), o mil cosas... pero lo cierto es que lo principal es que me quedé sin inspiración. Después me ha venido toda de golpe, por lo que el capítulo es larguísimo xD lo único bueno, es que creo que es ameno pues en su mayoría trata de comedia. Lo siento que se ha retrasado más, porque FF está muy muy muy raro :S Aunque lo creáis, este capítulo no es de transición, y aunque algunas cosas sean MUY pijas (para mi vergüenza), son necesarias contarlas así, pues tendrán mucho que ver para acontecimientos futuros. Solo espero que me perdonéis por la demora. Quiero que sepáis que no voy a abandonar el fic, así que aunque veáis que a veces tardo más de lo que prometí, no temáis, solo lucho contra la falta de inspiración.
Os respondo a los reviews:
Lili: ¡Hola mi niña! ¡Que bueno volver a saber de ti! Me preguntaba donde estabas :P espero que todo vaya muy bien en clase. Me alegro que te guste mi forma de escribir :D me hace muy feliz :P lo del padre de Sadie y Jeff es muy triste, pero es todo más oscuro aún de lo que hemos visto. No fue a la cárcel por casualidad. Jeff y Nicole no estarán mucho tiempo separados tranquila, son la pareja más estable del fic a fin de cuentas :P Lily está un poco loca y me va a asustar a James en algún momento jejeje James dice lo de su madre, porque teme que se junten las dos y ya lo decidan todo sobre él. Ya sabes, en cualquier momento se nos acaba casado, y eso con diecisiete años asusta jejeje Me gusta tu teoría de por qué encarcelaron al hombre. Sigue por ahí :P un besazo enorme wapa!;)
Quiero daros las gracias por las condolencias que me habéis dado con la muerte de mi chiquitín. Gracias por entenderlo. Ya estoy mejor, aunque el pasado día 31 habría hecho 9 años, y me pasé todo el día triste acordándome de él :(
En fin, que ya estoy divinamente, no os preocupéis xD La semana que viene vuelvo a clases :S lo bueno es que no tengo asignaturas pendientes, por lo que iré estudiando las del curso y no me comerán más tiempo del normal. Creo que podré seguir el ritmo ;)
Os dejo leyendo, ya sabéis que nada de esto es mío, pues de tener tanto dinero pagaría a los profesores para que dejaran de amargarnos a todos jajaja
"JURO SOLEMNEMENTE QUE MIS INTENCIONES NO SON BUENAS"
O-oOOo-O
Capítulo 25: El cumpleaños de Gis y la fiesta de Slughorn.
- ¡Muchachos, os quedan cinco minutos para terminar! –gritó el profesor Slughorn cuando la clase estaba por acabar-.
Iba andando por las mesas a medida que hablaba, alabando el trabajo de unos y criticando el de otros.
- Buen trabajo señor Black, veo que ha utilizado sabiamente el jarabe de eléboro. ¡Señorita Sandler! El filtro de la paz debe tener un color azul muy claro, no amarillo. Últimamente la noto más despistada que de costumbre, ¿se encuentra bien?
Grace compuso una sonrisa irónica al dirigirse al profesor.
- Será que estoy agobiada, profesor. Este año nos están presionando mucho.
- Eso es cierto –aceptó el hombre dedicándole una cálida sonrisa, e ignorando a Sadie que trabajaba en silencio-.
Cuando se dio la vuelta, Grace le miró frunciendo el ceño y borró su sonrisa de la cara. Claro que últimamente le iba peor en pociones. La habían quitado a Lily de su lado. Miró hacia delante, donde su mejor amiga hablaba en susurros con James, y suspiró con nostalgia. Había sido muy fácil para ella crearse una imagen de buena estudiante teniendo a Lily al lado en todas las clases. Si la quitaban en el resto, estaba segura que sus notas decaerían notablemente en casi todas las asignaturas. Bueno, al menos en runas podía superar a su amiga. Esa materia la costaba especialmente a Lily, lo que significaba que necesitaba algo más de estudio para llegar al Extraordinario, y ella parecía tener un don natural para descifrarlas, cosa que enrabietaba a Lily, y que a ella la encantaba recordarla.
Se inclinó para mirar la poción de Sadie, pero el naranja fosforito que tenía no la hacía muy fiable a la hora de copiar. Miró hacia su lado izquierdo, donde la poción de Sirius tenía el color perfecto.
- Échame una mano, anda –le susurró con voz suplicante y poniendo un puchero que enternecería incluso a Filch-.
Sirius se giró hacia ella con una ceja levantada y una sonrisa de suficiencia impresa en el rostro.
- Está prohibido copiar, señorita Sandler. Así no aprenderá nunca nada.
- Vamos, por favor –suplicó ella-.
Sirius se rió, negando con la cabeza y mirando su poción mientras espolvoreba con tranquilidad unas hojas de menta arbórea.
- Me lo agradecerás el día de mañana cuando seas una gran abogada. Me lo veo venir. Tras ganar un juicio de importancia nacional, los de el Profeta te entrevistarán y tú declararás: "Todo se lo debo a Sirius Black. Si él me hubiera permitido copiarme su poción, y hacer trampas, yo no estaría hoy aquí. Mi defendido se lo debe a Sirius Black y la nación entera debería hacerle un homenaje".
Sonó el timbre, dando por finalizada la clase, y el profesor les exigió que presentaran sus pociones sobre su mesa. Grace miró su poción, ya irreparable, y llenó un frasco con enfado.
- No sé cuando te darás cuenta que tus bromas no tienen gracia y que no puedes ir por la vida fastidiando a los demás sin pagar consecuencias en el futuro –le espetó furiosa-.
- Claro señorita honradez. Nos veremos cuando me envíe a Azkaban –respondió con una risa, mientras se echaba la mochila al hombro e iba en busca de Kate-.
Murmurando entre dientes la muchacha entregó su poción al profesor, dedicándole una sonrisa forzada, y fue hacia el pupitre de Lily que estaba limpiando su caldero.
- No sé por qué Slughorn me castiga poniéndome a semejante intento de ser humano al lado –murmuró en un gruñido-.
- Una de dos: o te vuelves a llevar mal con Sadie, o Sirius ha vuelto a hacerte algo –la contestó su amiga con aires de suficiencia-.
- Es solo que no puedo entender por qué una persona con tan pocas neuronas es capaz de ser tan bueno en todas las materias.
Lily se encogió de hombros mientras se echaba su mochila a la espalda.
- La única neurona que tiene la usa en eso –la respondió sacándola la lengua, y las dos acabaron riéndose-.
- Veo que el sentido del humor le tiene intacto, Sandler. Haber si con él remontas este bajón en la asignatura –dijo de pronto una voz a sus espaldas-.
Grace se puso seria al ver al profesor intentando regañarla cariñosamente, mientras Lily esbozaba una amplia sonrisa.
- Simplemente está algo agobiada, profesor. Son muchas asignaturas, y nos lo jugamos todo este año –le dijo la pelirroja con una sonrisa encantadora-.
- Eso mismo dijo ella, Lily, eso mismo –concedió el profesor con una amplia sonrisa, dedicada a una de sus alumnas predilectas-. El caso es que quería hablar con vosotras sobre la fiesta que hago siempre en Navidades para mis alumnos más destacados.
- Y como yo he bajado en mis notas, supongo que no estaré invitada, ¿no profesor? –dijo Grace casi con esperanza-.
Slughorn rió agitando sus bigotes de morsa.
- Nunca sería tan cruel, mi querida Grace. Por supuesto que estás invitada. Me encantará contar con la presencia de ambas.
- Allí estaremos, profesor –prometió Lily con una amable sonrisa-.
- ¡Ah, señor Potter! –exclamó Slughorn cuando vio a James acercarse sigilosamente-. Las hablaba a las chicas sobre la fiesta de Navidad de este año. Como por fin le veo centrado, y por lo visto muy enamorado de una gran chica –añadió guiñándola el ojo a Lily que se rió nerviosamente mientras apartaba la mirada-, creo que también me gustaría que usted viniera. Confío en que ya no ocasione tantos problemas como antaño...
Tanto James como Sirius llevaban desde quinto año sin ser invitados a las fiestas de su profesor de pociones, pues siempre acababan organizando alguna broma pesada que acababa con Snape en calzoncillos. Sobra decir que los chicos no estaban precisamente disgustados por el veto al que habían sido sometidos, y que aprovechaban para burlarse de Richard cuando él no podía librarse de las fiestas.
- Claro que se comportará, profesor. ¿Verdad? –cuestionó Lily mirando a su novio peligrosamente-.
- Yo soy un santo –aclaró el muchacho encogiéndose de hombros con fingida inocencia-.
- ¡Entonces será un placer contar con usted! –exclamó el profesor tan feliz como a quien le dan una buena noticia-. Y dígale de mi parte al señor Black que él también está invitado. Veo que ha huido enseguida con la señorita Hadelman.
Lo de no aprenderse algunos apellidos ya iba de largo, por lo que ninguno hizo nada para corregirle. Sin embargo, James decidió ser un buen amigo e intentó hacer algo a favor de Sirius.
- ¿Qué día será la fiesta, señor?
- El dieciocho a las siete de la tarde, hijo.
- Entonces creo que Sirius no va a poder ir. Me parece que tiene castigo toda la semana –comunicó con una gran pena en el rostro-.
La expresión del profesor fue volviéndose parecida, y James supo que había colado. Sin embargo, Grace sí tuvo algo que decir.
- ¡Tonterías! Sirius acabó ya con el castigo, y sé de buena tinta que estaba esperando por si usted decidía invitarle este año profesor. ¡Tenía muchas ganas!
Tenía la expresión más sádica que la habían visto en mucho tiempo, y la cara del profesor cambió de la decepción a la alegría en unos segundos.
- ¡Fantástico! Entonces también le espero a él.
James no se atrevió a decir nada más, y no pudo evitar reírse al ver la satisfacción inundar el rostro de Grace.
- Bueno muchachos, será mejor que vayamos a comer ya. ¡Yo, por lo menos, estoy hambriento! ¡Raffael! ¡No le había visto!
Remus tuvo que aguantar el impulso de gruñir cuando el profesor le palmeó levemente la espalda después de equivocarse de nuevo con su nombre.
- Pobre Pad –murmuró James con una amplia sonrisa una vez el profesor se hubo ido-. Eso ha sido cruel, Grace.
- Cruel es negarse a ayudarme con la poción cuando era evidente que me iban a suspender, así que se aguante –respondió la rubia con una risita mientras abandonaban el aula-.
- ¿Os dejaréis de peleas algún día? –preguntó Lily con un suspiro cansado-.
- Pregúntale al unineuronal ese...
Como los demás ya se habían marchado al Gran Comedor, ellos cuatro marcharon solos hacia allí, bromeando.
- La verdad es que somos unos pelotas –aclaró Grace-. "Sí, profesor". "Nos encantaría, profesor" –comenzó a imitarse a sí misma y a sus amigos-. Y poniendo la sonrisa falsa de "usted es mi profesor favorito".
- Yo no finjo, de verdad el profesor Slughorn es mi favorito. Siempre se ha portado muy bien conmigo –contradijo Lily mientras James y Remus se reían dándola la razón a su amiga-.
James se rió más fuerte.
- Sí, Lily, lo sé. Tu historia con el pececito Francis es muy bonita y conmovedora –la dijo entre risas-.
Lily se paró en seco.
- ¿Tú cómo sabes de Francis? –preguntó mosqueada-.
James no contestó, pero miró a Grace con complicidad al tiempo que él y Remus volvían a reírse, el segundo intentando esconderse. Lily miró con rencor a su mejor amiga, que intentaba aguantarse la risa.
- ¡Serás traidora! ¡Eso era privado! –exclamó saltando sobre ella-.
Grace se apartó a tiempo y echó a correr mientras se reía. Podía burlarse de su amiga fingiendo rezagarse y volviendo a correr de nuevo gracias a que estaba en mejor forma física que su amiga.
- ¡Vamos Lily, tenía que contarlo! ¡Era lo más pijo y pelota que había visto en mi vida! Prometo que solo se lo quería contar a Remus, pero el entrometido este me oyó, y estuvo riéndose toda la tarde.
Lily se paró para mirar mal a James, quien esbozó una encantadora sonrisa.
- Si hubiese sido cruel lo habría ido contando por ahí –dijo como defensa-.
- Y no lo hiciste porque yo te convencí –intervino Remus entre risas-.
- Gilipollas...
James intentó abrazar a Lily mientras se reía, pero esta se zafó aún algo molesta e incómoda. Lo que no pudo evitar fue que la diera un beso en la mejilla y saliera corriendo con Grace detrás, ambos riéndose, rumbo al Comedor. Al final la pelirroja se resignó a sonreír y negar con la cabeza, mientras caminaba junto a Remus a paso más normal.
- ¡Siriuuuusss! –oyeron a Grace llamar a Sirius cuando entraron al Comedor. La rubia usaba un tono especialmente dulce, de ese que se nota a leguas que es fingido-. ¡Te tengo una buena noticia!
Sirius separó su boca de la de Kate para mirarla interrogante, mientras Grace le dedicaba una radiante sonrisa y batía las pestañas.
- Sorpréndeme.
- ¡Te toca ir a la fiesta de Slughorn de Navidad!
- ¿Qué? –preguntó el chico frunciendo el ceño y mirando por encima del hombro de ella a James, quien se encogió de hombros y se sentó a la mesa sirviéndose un filete de ternera-. A mi nadie me ha dicho nada, así que siempre puedo decir que no me llegó el mensaje.
Parecía muy satisfecho consigo mismo por la excusa que se había inventado, pero su sonrisa flaqueó al ver que la de Grace se hacía más amplia. Ella comenzó a negar con la cabeza al tiempo que Lily y Remus entraron al comedor y se sentaron a ambos lados de Jeff.
- Ya te has comprometido a ir. Al parecer estás ansioso porque llegue el día.
- ¿Y qué te hace pensar eso?
- Que yo le di el mensaje de tu parte –le dijo con una sonrisa aún más amplia-.
- Serás...
- ¡Ey, para vaquero! –exclamó Kate interviniendo-. No vayamos a empezar con las palabras malsonantes, que luego esto se pone desagradable.
Sirius frunció el ceño, pero se metió un trozo de carne en la boca para evitar la tentación de soltar alguna "lindura" contra la chica.
- No pienso ir –confirmó una vez hubo tragado su bocado-.
Frunció más el ceño al ver reírse a los cuatro recién llegados, pero Kate le puso un dedo en el entrecejo y sonrió con dulzura.
- Yo te acompañaré, ya verás como no será tan malo.
Sirius la sonrió, pero cuando ella apartó la mirada volvió a fruncir el ceño. Kate ignoró su gesto y se volvió hacia Grace.
¿Cuándo es? –la preguntó-.
- El día dieciocho a las siete de la tarde –contestó Grace formulando la frase como si fuera la pregunta, y mirando a Lily para confirmarla-.
- ¡Ejem! –exclamó Kate fingiendo que tosía-.
Lily la miró interrogante, y la chica rodó los ojos para hacerla entender algo que no llegaba a comprender. Comenzó a hacer gestos con las manos mientras negaba con la cabeza, pero cuando Gis y Sadie dejaron de hablar para mirarla, se detuvo y siguió comiendo tranquilamente.
Lily la dio una pequeña patada por debajo de la mesa, pero la chica hizo un gesto indicándola que más tarde la contaba.
Una hora más tarde, todos habían acabado de comer, y Kate aprovechó que todos estaban pendientes de la conversación de James para arrastrar a Lily y Grace a un lugar más apartado.
- No podéis ir a la fiesta –las dijo en voz baja-.
- ¿Por qué? –preguntó Lily-.
- Es el cumpleaños de Gis. Quedé con Rachel en hacerla una fiesta en la habitación de ella, por eso de la intimidad.
- ¡Ey, fiesta! Yo paso de Slughorn y me apunto –exclamó James colgándose del cuello de Lily-.
- Pero, ¿no podemos ir a los dos sitios? –preguntó Lily contrariada-.
- ¿Qué vais a hacer, ir un pequeño rato a lo de Gis y después pasar de ella para ir a la fiesta de Slughorn? Además, James, la idea nuestra es que fuera una fiesta solo para chicas.
- ¿Cómo que solo para chicas? ¡Eso es discriminación! ¡Yo también quiero ir! ¡Padfoot! ¿Has oído lo que pretenden estas?
- ¿El qué?
Al responder Sirius también se voltearon Gis, Peter y Sadie quienes estaban hablando con él, y Kate le dio un codazo a James para que se callara.
- Ojo con lo que dices que la fiesta de Gis es sorpresa.
- ¿Qué pretenden, Prongs? –volvió a preguntar Sirius con curiosidad-.
James bufó, pero su cerebro comenzó a trabajar a toda velocidad para inventarse una excusa y que todos dejaran de mirarle así.
- Estas... que quieren que las enseñe otro pasadizo para ir a Hogsmeade a saltarse las clases.
Sirius, Peter y Gis se echaron a reír a la vez divertidos.
- ¡Muy buena, Prongs! De la rubia me lo creería, pero, ¿de la empollona pelirroja y mi adorada responsable? Ellas nunca se saltarían las clases para ir a Hogsmeade.
- ¿Y yo sí? –preguntó Grace algo picada-.
Gisele la miró divertida y al final optó por encogerse de hombros y reírse. ¿Para qué negarlo?
- Bueno, a lo que íbamos –continuó Kate cuando todos volvieron a lo suyo-. Que no podéis ir a los dos sitios. Lo de Gis nos llevará toda la tarde.
- Pero, ¿no podemos hacer la fiesta otro día?
- Entonces no será su cumpleaños, Lily.
- Yo prefiero ir al cumple, Lily –opinó Grace-. Paso de las fiestas de Slughorn que nunca han sido muy divertidas. Para oír a alguien presumir de toda la gente que conoce y lo bien relacionado que está, hablo con mi padre.
Lily suspiró con fuerza, y cerró los ojos rindiéndose.
- Está bien. Siempre puedo pasar por la fiesta a última hora a saludar.
Al instante Grace y Kate saltaron sobre ella contentas.
- ¿Qué celebráis? –preguntó Gis llegando hacia ellas-.
- ¡Lily nos va a dejar copiar la redacción de historia! –exclamó Grace diciendo lo primero que se la pasó por la cabeza-.
Kate tuvo que contener el impulso de reírse, mientras la cara de Lily perdía color. La expresión de Gis era de indignación.
- ¡Yo también quiero! ¿Querías ocultármelo, Lily?
La mirada que la pelirroja le dedicó a Grace no presagiaba nada bueno.
OO—OO
- ¡Yo no pienso ir! –exclamó James ofendido, mientras Lily paseaba por su cuarto escogiéndole la túnica de gala-.
- Claro que vas a ir –le contestó ella desechando una de color azul eléctrico-. Yo ya me he disculpado, y tú tienes que ir de parte de los dos.
- Lily, no somos un matrimonio, así que yo no tengo que ocuparme de tus obligaciones.
Se sentó en la cama cruzado de brazos, y enfurruñado como un bebé.
- No, pero tienes que ocuparte de las tuyas. Te comprometiste a ir.
- Corrijo: Tú me comprometiste a ir, y supuestamente porque iríamos juntos. Yo prefiero ir al cumple de Gis.
Lily bufó y apartó de golpe la escoba del armario.
- ¡Ya os hemos dicho que solo es para nosotras! ¿Acaso quieres estar con nosotras mientras hacemos cosas de chicas?
James bufó de nuevo tirándose sobre la cama. Durante todos esos días tanto Sirius como él habían insistido hasta la saciedad de que no pensaban ir solos a la fiesta de Slughorn, y Lily y Kate habían insistido por su parte que ya se habían comprometido a ir. Además, Grace parecía encontrar muy gracioso el cambio de acontecimientos que llevó a que ella se librara y ellos se vieran obligados a ir, y no había parado de chincharles en ningún momento.
- Aceptémoslo, Lily. Ni Slughorn me tiene mucho aprecio, ni yo se lo tengo a él. Al final de la noche acabaré castigado por, ¡yo que sé! Explotarle los calzoncillos a Quejicus, y encima tú te enfadarás. Sacaremos más en limpio si me dejas quedarme con Moony y Wormtail.
- Remus va a ayudar a Peter a hacer la tarea de Transformaciones, que falta le hace. Y ya ha dicho que no necesita vuestra ayuda.
- Esquirol. Aún no me perdona... –murmuró James entre dientes-.
Hacía unos días habían tenido la charla que tanto temían. Finalmente habían tenido que contarle toda la verdad a Remus de lo que había ocurrido en la luna llena, pero todo resultó ser mejor de lo que habían esperado. Esta vez Remus no se había encerrado en sí mismo, sino que les había gritado a ellos tres por lo menos durante dos horas, se había ido con Rachel y había evitado a los demás durante el resto del día. Después se comportó normal con los demás, y algo rencoroso con ellos, especialmente con James, en quien confiaba más en ese aspecto. Con Sirius aún guardaba cierto recelo por lo ocurrido en quinto con Snape, y no confiaba en Peter si el primero le amenazaba.
Se puso la almohada sobre la cara, ignorando a Lily que seguía revoloteando por su cuarto. De pronto la luz le cegó los ojos al quitarle la almohada de golpe, y en su campo de visión aparecieron unos ojos verdes bastante serios.
- James Potter, compórtate como un adulto.
- Pues deja de mandarme como a un niño –protestó haciendo un puchero-.
- Lo haré cuando dejes de comportarte como tal. –de repente su mirada se suavizó y esbozó una pícara sonrisa-. ¿Puedo intentar convencerte?
Su sonrisa aumentó al ver la expresión de asombro de James. Levantó una pierna y se sentó sobre él a horcajadas, dándole un beso en la nariz. James sonrió con picardía mientras la aprisionaba con sus brazos, y estrechaba el abrazo. Lily le dio un tímido beso en los labios, pero se apartó cuando él intentó profundizarlo.
- ¿Irás a la fiesta?
James no contestó, pero se echó hacia delante intentando volver a besarla. Lily se echó hacia atrás riéndose.
- James...
Él bufó, pero asintió con la cabeza, cerrando los ojos derrotado. Lily compuso una amplia sonrisa y le besó de nuevo, permitiéndole esta vez profundizar el beso. Estuvieron un rato besándose, hasta que James la empujó contra el colchón, intentando ponerse encima suyo. Ella se apartó riéndose, y le acarició la mejilla para suavizar le rechazo.
- Es tarde, vamos.
- No sé cómo lo haces Lily, pero me vuelves loco –admitió el chico revolviéndose el pelo y dedicándola su sonrisa torcida característica-.
OO—OO
Era difícil prepararlo todo con Gisele revoloteando por allí, máxime cuando no podían sugerirla que visitara a Rachel, pues allí estaba todo más evidente aún. Por el momento, habían conseguido que se encerrara en el baño a darse un baño tras volcarla un frasco de tinta en la cabeza.
Kate doblaba lo que parecía ser una gran manta y la reducía hasta hacerla diminuta, mientras Grace metía un montón de cosas en su bolso, al que había hecho un hechizo para que no tuviera fondo. Sadie estaba sentada en su cama mirándolas ir de un lado a otro, preguntándose qué narices eran la mayoría de los productos que iba a llevarse la rubia.
- Tenéis fiesta hoy, ¿no? –la preguntó por decir algo-.
Grace sonrió animada por la idea.
- ¡Claro! –de pronto se extrañó de la pregunta y añadió-. Pero tú también vienes, ¿no?
- ¿Yo? –preguntó Sadie extrañada. Nadie la había dicho nada, y aunque su relación con las chicas había vuelto a ser buena, e incluso había mejorado notablemente, no pensaba auto invitarse-.
- ¡No fastidies que no te lo hemos dicho! –exclamó Kate abriendo mucho los ojos-.
Sadie negó con la cabeza. Habían hablado del tema delante de ella con total tranquilidad, lo que la había parecido descortés, pero nadie había dicho nada de que ella estuviera invitada.
- Es una fiesta de solo chicas, pero todas las chicas incluidas –dijo Grace como si eso justificara el hecho de no haberlo dicho en voz alta-.
- Pero... vuestra amiga... –murmuró-.
No había vuelto a hablar con Rachel desde el día que les contaron la verdad, y aunque el abrazo que les dio a ella y a Jeff indicaba que ya no les quería matar, no creía que fuera tan fácil eso de estar las dos juntas en una fiesta como si fueran amigas de toda la vida.
- ¡Pero si ella misma me dijo que te invitara! –exclamó Kate con una amable sonrisa-.
Sadie se contagió de su sonrisa. No lo habría adivinado ni aunque se lo hubiese leído en la mente. Sintió un agradable calor en el estómago, que aumentó cuando Kate y Grace la dedicaron unas amistosas sonrisas, mucho mayores de las que la pudieron dedicar con anterioridad, sobretodo Grace con quien nunca había conectado especialmente. Nunca había tenido amigas. No es que su campo de amistad fuera muy amplio, pero siempre se había sentido más cómoda con los chicos, aunque en ese momento pensó que quizá no sería algo tan desagradable.
- ¿Qué dices, vienes? –quiso confirmar Grace-.
Se sorprendió de darse cuenta de que se había quedado callada. Sonrió más ampliamente, pero no con malicia ni ironía. Una sonrisa de verdad.
- ¡Claro, puede ser interesante! –dijo con una risa que contagió a sus amigas-.
De pronto dejaron de reírse al escuchar a Gis salir del baño, tarareando una canción. Grace y Kate escondieron sus cosas a tiempo para que la latina no las viera. Sadie recordó algo de golpe, y se levantó de un salto.
- ¿A dónde vas? –la preguntó Kate en un susurro-. Esto empieza enseguida.
- Tengo que cancelar una cita –dijo escuetamente-.
Kate se rió en voz baja, de una manera bastante tonta en opinión de Sadie, pero esa la ignoró.
- Espera, te acompaño –la dijo la chica cuando se quitó la mano de la boca-. Tengo que comprobar que Sirius se está preparando para su fiesta.
OO—OO
Sadie llegó corriendo a los soportales, al tiempo que vio a Regulus subir corriendo las escaleras desde las mazmorras. Parecía que el chico iba tan acelerado como ella, lo que la divirtió.
- ¿Mucha prisa? –le preguntó entre risas-.
Regulus sonrió levemente, y se acercó a ella con un paso más tranquilo
- Un poco –dijo una vez hubo llegado-.
- Yo venía a decirte que hoy no puedo venir –aclaró Sadie antes de que se pusieran a hablar y se perdiera en la conversación-.
- Yo tampoco –dijo Regulus divertido por la coincidencia-. La fiesta de Slughorn, ya sabes...
Comenzaron a caminar despacio por los soportales, en vez de quedarse sentados como era su costumbre. Ella se había imaginado que también iría a la fiesta del profesor de pociones, pues más de una vez en clase ese hombre había intentado alabar a Regulus delante de Sirius, lo que siempre ocasionaba que este interrumpiera con alguna frase de mal gusto o provocando que algún Slytherin tuviera accidentes con sus pociones.
Sonrió un poco, y miró a otro lado, sintiéndose algo extrañada por lo que iba a decir. Lo justo sería aclarar también donde iría ella, pero se sentía bastante tonta. Miró de reojo la expresión de Regulus, que pareció volverse más divertida mientras ella cogía aire.
- Yo tengo una fiesta de cumpleaños. Solos chicas.
Regulus se echó a reír divertido. Aunque lo había supuesto, eso la molestó bastante.
- ¿Qué? –preguntó ella secamente-.
- Nada. Solo que no te pega algo tan común. Además, tú no eres especialmente femenina.
Si pretendía aliviar la tensión, esa no era la mejor técnica, pues Sadie frunció más el ceño.
- ¿Me estás llamando mari macho? –preguntó ofendida-.
- ¡No, mujer! –se apresuró a aclarar-. Me refiero a como andas, o como vuelas. No tienes precisamente "movimientos gráciles de bailarina" –dijo entrecomillando con los dedos las palabras-. Tu estilo es más... despreocupado. Pero eso no es malo. Es tu estilo.
Sadie asintió pensativamente. Estaba de acuerdo en que no era su estilo, pero algo en ella no dejaba de molestarla esa afirmación. Una cosa es que no la gustara esa forma de comportarse, y otra que dieran por hecho que no era capaz de tenerla. Ella podía hacer lo que la viniera en gana, hasta ser femenina. De cualquier forma, tampoco dijo nada para desmentirle.
- Bueno, yo me voy ya, que me han invitado a última hora y aún no sé qué la voy a regalar –dijo para marcharse-.
De pronto no se sentía muy cómoda allí. Regulus la miró extrañado, pues había pensado que quizás aún podrían hablar un rato antes de irse, pero ella parecía andar con prisas, por lo que se encogió de hombros y se despidió de ella con un gesto perezoso de la mano.
OO—OO
- No sé cómo me he dejado convencer para esto...
- Ay Sirius, deja de protestar, que vas con James –le respondió Kate ayudándole a ponerse bien la túnica-.
- Todo por culpa de esta... –murmuró él mirando de reojo a Grace que estaba en la puerta riéndose en voz baja-.
Kate miró a su amiga, avisándola que fuera condescendiente, y Grace rodó los ojos y salió de allí, dirigiéndole una sonrisa a Remus y Peter, que observaban la escena también bastante divertidos.
- Mira Kate, entre tú y yo: Lily es una loca pelota solapada, pero tú no. Así que no tienes que obligarme a ir porque ella obligue a James.
Kate frunció un poco el ceño, pero le sonrió con dulzura mientras le hacía darse una vuelta para ver el resultado.
- Voy a ignorar lo que has dicho de ella, porque si se entera me quedo sin novio. Pero desgraciadamente ya te has comprometido, o te han comprometido –añadió al ver que iba a protestar-. Así que no te queda otra. Tú no quieres que la tome contigo, ¿no? Sabes que necesitas aprobar el EXTASIS de pociones, así que intenta ser un pelota solapado tú también.
Peter se echó a reír, y Remus la hizo un gesto a Kate para indicarla que había hecho una buena jugada. Ella ignoró los refunfuños de Sirius y bajó las escaleras de dos en dos con alegría. Por el camino se encontró a Jeff.
- ¡Hola! ¿Qué tal te ha ido? –le preguntó con curiosidad-.
Hacía unos días Kate se había hartado de observar de lejos la relación tan rara que últimamente se traían él y la pequeña Gryffindor, por lo que le preguntó directamente qué les había ocurrido. La respuesta fue realmente un shock para alguien tan romántico como Kate, hasta tal punto que Sirius le echó la bronca a Jeff por traumatizarla. Sin embargo, tras pensarlo detenidamente, también encontró muy romántico lo de construir la confianza de cero, y se había puesto un poco pesada con Jeff para que la contara cómo evolucionaba todo. Lo bueno de Kate es que siempre le encontraba el lado rosa a cualquier asunto.
Jeff suspiró con una sonrisa.
- Lento, pero creo que empieza a volver a confiar en mi...
Había puesto en marcha los consejos más suaves que ella le había dado (ya que de los demás no podía acordarse sin morirse de vergüenza ajena), y había que reconocerla que ella sabía dar en el clavo de la sensibilidad, aunque Nicole tampoco era la persona más romántica del mundo. Se sentó en el sofá con un suspiro.
- ¿Dónde habéis ido? –preguntó Kate sentándose junto a él-.
- A dar una vuelta... otra vez –suspiró algo enfurruñado-.
Kate no pudo evitar reírse.
- Has usado el mismo tono que cuando Sirius quiere tema y no hay forma. Claro que últimamente...
Jeff la miró interrogante, y la muchacha se dio cuenta de que lo último lo había dicho en voz alta y se sonrojó violentamente.
- No he dicho nada... –murmuró sentándose incómoda-.
Jeff tampoco se sentía cómodo al oír esa declaración, por lo que ambos se quedaron callados hasta que Grace interrumpió el silencio, entrando por el retrato de la Señora Gorda riéndose a carcajadas.
- ¡Julieto! ¡Romeo ya viene a buscarte para ir al baile!
Kate no pudo evitar reírse junto a los demás compañeros que estaban en la Sala Común, pero ocultó la sonrisa cuando vio aparecer a Sirius con el ceño fruncido.
- Algún día, rubia, te morderás con esa lengua que tienes y te envenenarás –la dijo a Grace-.
La chica la sacó la lengua y fue a esconderse detrás de Kate cuando él hizo el intento de sacar su varita.
- Si os lo vais a pasar genial –dijo Lily animada mientras llegaba de la mano de James. Se volvió hacia su novio, quien traía mejor cara que Sirius y le pasó los brazos por el cuello, dándole un pequeño beso-. Quizá pueda pasarme por allí a última hora.
James aprovechó para volver a besarla más profundamente, haciendo que algunos chicos de sexto silbaran y Lily se pusiera más roja que su pelo. Notablemente más animado agarró a Sirius de un brazo y le arrastró por el retrato.
OO—OO
Los globos ya estaban colgados, había un par de guirnaldas repartidas por la habitación, y de frente a la entrada había una gran pancarta que decía: "¡Felices diecisiete, Gis!", que ella misma había dibujado y pintado. Lily la había ayudado con un hechizo que había hecho que brillara y que surgieran estrellas por todas partes. Era bonito y sencillo al mismo tiempo, y como Rachel tenía tiempo de sobra, había matado muchas horas con eso.
Movió más al centro la mesilla de noche, donde colocó su regalo después de asegurarse que el envoltorio estaba bien. La mesa más grande, la destinada a la comida y la bebida, la había colocado más cerca de donde había improvisado un living con los sofás y muchos cojines por el suelo (alguno de los cuales había sido robado de la torre Gryffindor por su mejor amiga para que tuviera algo de los leones). La mesa estaba vacía, pues Grace había insistido que la dejaran esa parte a ella. Rachel no se atrevió a contradecirla, aunque se moría de curiosidad por saber qué pretendía hacer su amiga con tanto secretismo.
Un golpe en la puerta la alarmó, y consultó la hora algo extrañada. Aún era pronto. Algo cautelosa, deshizo la seguridad de la puerta y la abrió.
- ¿Puedo pasar? –peguntó Sadie desde el otro lado visiblemente incómoda-.
Rachel también se sentía bastante incómoda, pues no habían vuelto a hablar desde el día que les revelaron toda la verdad, y, aunque se sentía agradecida por su intento de salvar a su familia y avergonzada por haberla atacado, no sabía cómo comportarse con ella. Desconocía completamente a esa chica, y pese a que la habían dado algunas ideas de su forma de ser, seguía sin saber cómo tratarla.
- Claro –dijo titubeante-.
Se apartó para dejarla pasar, y cuando entró miró disimuladamente al pasillo en busca de las demás.
- Las chicas me dijeron que ellas traerían a Gis enseguida, así que supuse que estarías sola organizándolo todo, y pensé que quizás necesitaras ayuda –la dijo Sadie al ver su gesto-.
Sadie se balanceó de atrás adelante con un paquete pegado al pecho. Era realmente incómodo sentirse tan inseguro. Ahora entendía a Jeff. Normalmente ella se escudaba con su forma de ser fría y cortante, pero no la parecía justo comportarse así con Rachel después de todo lo que había pasado.
Sin embargo, Rachel se llenó de valor y la sonrió lo más abiertamente que pudo, pasando por su lado para volver a colocar los cojines, por aquello de tener algo que hacer. De pronto cayó en cuenta del paquete que sostenía la chica, y la hizo un gesto inseguro.
- ¿Quieres ponerlo en esa mesa? No tienes porque cargarlo –añadió para que Sadie no pensara que ella la estaba exigiendo nada-.
Sadie miró por primera vez el paquete, como recordando que lo llevaba en las manos, y lo puso junto al regalo de Rachel. De pronto está reconoció la estructura, y se acercó allí con curiosidad, olvidando la incomodidad.
- ¿Es tu... pensadero? –preguntó algo insegura. Solo lo había visto ese día, pero los recuerdos vistos en él la habían marcado tanto que lo reconocería en cualquier parte. Y eso que se había negado a ver el peor recuerdo de todos-.
- ¿Qué? –preguntó Sadie mirándola distraída. No había prestado atención al principio, pero enseguida supuso el resto-. ¡Oh, sí! Es parte de mi regalo. Como me han avisado tarde no se me ha ocurrido otra cosa...
- ¿Cómo que te han avisado tarde? –preguntó Rachel extrañada. Hacía ya cinco días que las había recordado a las chicas que la invitaran también a ella-.
- Me lo han dicho hoy. Al parecer se las había olvidado que no me habían invitado –la respondió encogiéndose de hombros-.
- Matarlas era poco... –musitó Rachel en voz baja. Después pareció querer obviar el tema, y miró de nuevo el pequeño paquete que, suponía, debía ser el auténtico regalo-. Bueno, ¿y qué es?
- Es una sorpresa –explicó Sadie con una sonrisa algo traviesa. Rachel se estremeció un poco, pues era la primera vez que la veía sonreír, y ese tampoco era el fuerte de Sadie-. Un recuerdo bastante divertido que viví hace unas semanas. Creo que te gustará verlo a ti también.
Rachel sonrió divertida. Tenía que reconocer que algo sí la llamaba la atención sobre la legeremancia. Su tío había intentado que Richard estuviera tentado, pero él pasaba de esos temas. Sin embargo, cuando comenzó a explicar todo el proceso, fue ella la encandilada. Ella querría haber aprendido, pero eso era algo que ya estaba fuera de su alcance. Ante ese pensamiento su rostro se entristeció.
Se dio la vuelta, fingiendo arrastrar una silla unos centímetros del sitio. También había algo que la hacía sentir mal, y quería quitárselo de encima.
- Oye... Sadie... –la dijo tartamudeando. Se dio la vuelta, y la miró con los ojos algo aguados por los recuerdos-. Quería disculparme por...
- Ni lo digas –la interrumpió esta con una sonrisa leve pero auténtica-. Las circunstancias eran especiales, y estás en tu completo derecho de odiar a quien le hizo eso a tu familia.
Rachel asintió en silencio. Sin siquiera pensar en ello, ambas fueron acomodándose en uno de los sofás. Parecía que el tema se volvía cada vez más serio, y ambas miraron al suelo, incapaces de sostenerse la mirada.
- Durante todos estos meses les he odiado, pero especialmente a tu padre. Todo apuntaba a que él había sido la mente del ataque. Dieron tantos datos, todo estaba tan seguro... ¿Cómo llegarían a su varita los hechizos de los asesinatos?
Esa pregunta llevaba días rondándola por la cabeza. Todos la habían descrito sin falta de detalles lo ocurrido en los recuerdos que vieron de ese día, y ya no podía dudar ni un poco. Pero, ¿y el prior incantatem que le realizaron a la varita?
- Yo tampoco lo entiendo –dijo Sadie con la confusión escrita en el rostro-. Pusieron tantas pruebas que, si no fuera porque yo lo vi con mis propios ojos, habría dudado de mi propio padre. Pero sin duda alguien estaba muy empeñado en quitar a mi padre de en medio...
- Sí... –comentó Rachel distraídamente. De repente se envalentonó para preguntarla otra duda que llevaba días rondando por su cabeza-. Oye, ¿tú viste la cara de los asesinos?
Sadie levantó la vista de sus manos para mirarla. A Rachel la temblaba la barbilla pero la miraba fijamente.
- Sí, les vi. Pero no les conocía.
- Sé con certeza quién es uno de ellos –confirmó Rachel con voz dura-. Pero nunca hemos sabido quién era el otro. El primero fue Greyback. Además, dicen que en la escena del crimen puso su "marca". No sé si sabes que es un licántropo y...
- Sí, lo sé –la interrumpió Sadie. No necesitaba escuchar más, recordaraba perfectamente la "marca" que había dejado el hombre lobo-. Yo también lo averigüé. Vi su cara en un cartel de busca y captura hace unos meses, y lo reconocí de inmediato. El otro no sé... un chico joven, pero no me suena de nada.
Rachel asintió, comprendiéndolo. Podría ser cualquiera, y no habría forma de reconocerle. Cada día había más mortífagos nuevos, y si su rostro era muy común no llamaría la atención de nadie.
- Quizá ya sepas mi historia gracias a tus trucos –la comentó como quien no quiere la cosa. Sadie la miró con gran curiosidad. La verdad es que no sabía tanto-. Bueno, la versión oficial es que estoy escondida con mi familia en una casa protegida, pero lo cierto es que hace casi dos meses que no veo a mis padres –Sadie asintió. Era la versión que habían tenido en la mente la mayoría durante mucho tiempo-. Estuve en una especie de misión, intentando atrapar a ese...
Su rostro se crispó de rabia, y Sadie se mordió el labio evitando preguntar nada. En esta ocasión no sería curiosa, y solo escucharía lo que la chica estaba dispuesta a contarla.
- Tengo una habilidad especial que me hizo perfecta para esa misión. Pude internarme entre los suyos, y conseguí, durante un mes, información necesaria para atraparle, dejándole ese trabajo a otro. Por desgracia, el otro día el director vino a decirme que se le ha escapado. O más bien, el cazador ha sido cazado, y nunca mejor dicho.
Sadie tragó fuerte imaginándose el final que habría tenido ese hombre, muy parecido al que había presenciado ella de la prima de Rachel. Al final no pudo contenerse.
- ¿Habilidad especial?
Rachel sonrió con misterio.
- Puede que algún día te la muestre.
Sadie iba a preguntar más, pero un golpe en la puerta las interrumpió, haciendo que se levantaran de golpe del sofá.
- Rachel, somos nosotras –se escuchó la voz de Kate detrás de la puerta-. Venimos a verte.
Rachel corrió hacia la mesita de los regalos donde había posado su varita, y apuntó con ella a la pancarta que se adelantó hasta quedar flotando delante de la puerta, justo detrás de ella. Le hizo un gesto a Sadie para que se pusiera a su lado, y cuando esta lo hizo abrió con la varita el seguro de la puerta.
Cuando abrieron la puerta, apareció Gis la primera, inmediatamente seguida por sus tres amigas. Antes de que pudiera reaccionar, las cinco gritaron:
- ¡SORPRESA!
Gis se quedó quieta, en silencio y con los ojos muy abiertos durante unos segundos. Parecía que había entrado en shock, hasta que se puso a gritar y a brincar como una niña pequeña.
- ¡Sois unos bichos! ¡No me esperaba nada! –exclamaba mientras las abrazaba a todas-.
Las chicas habían tenido el cuidado de no ser muy evidentes. Si hubieran fingido que se habían olvidado del cumpleaños, Gis, con su mente retorcida, habría sospechado pronto algo, por lo que nada más entrar a desayunar esa mañana la habían cantado el cumpleaños feliz.
Cuando llegó donde Sadie, se sorprendió de verla y titubeó un momento, pero al final también la abrazó haciendo que la chica se tensara incómoda.
- ¿Pensabas que ya habíamos acabado?
- ¡Pero si no te habíamos dado los regalos!
- ¡Regalos! –gritó de pronto Gis aún más entusiasmada-. ¡Dadme, dadme!
Rachel la cogió del brazo y la señaló la mesa donde estaban el regalo de ella y el de Sadie, al tiempo que las otras tres sacaban también unos paquetes y los posaban en ella.
Cada vez parecía más como una niña pequeña. Danzaba de un lugar a otro de la mesa, indecisa sobre cuál abrir primero. Cogía uno, y luego le soltaba cogiendo otro. La temblaban muchísimos los manos, y soltaba pequeños chillidos de emoción. las demás, incluso Sadie, se reían, encantadas de su reacción. Sus cuatro amigas de siempre ya estaban acostumbradas a esas escenas en cada cumpleaños, y Sadie sentía que ya nada podía sorprenderla de esa loca impulsiva que tenía por compañera de cuarto.
- ¡Ey! –exclamó Rachel de pronto-. ¿Y Nicole?
- ¿Nicole? –preguntaron Sadie, Lily y Grace extrañadas-.
- Sí, ya sabéis. La del otro día. ¿No la habéis invitado?
- ¿Por qué habríamos de invitarla? –cuestionó Grace-.
- Hombre, no sé... Pensé que eráis amigas y tal. Sale con tu hermano, ¿no? –la preguntó a Sadie-.
Esta se encogió de hombros.
- Creo que sí, pero no estoy segura.
- A mi me cayó bien –admitió Rachel-. No dije nada, porque di por hecho que cuando os dije que se lo dijerais a Sadie, también se lo diríais a Nicole.
Gis saltó de nuevo.
- ¡Es verdad! Cuanta más gente mejor, ¿por qué no la habéis invitado?
Lily y Grace compartieron una mirada de confusión.
- No sé, supongo que no caímos –se intentó excusar la pelirroja-. Para la próxima vez se lo diremos.
- De todas formas creo que Jeff prefiere tenerla hoy para él solo e iniciar la reconquista –murmuró Kate con una sonrisa-.
- ¿Reconquista?
Ella le pidió tiem- po después de enterarse que la había ocultado cosas, y ahora Jeff está intentando volver a salir con ella –las confesó en voz baja-.
Sadie tuvo que contenerse muchísimo de soltar un bufido. Ya empezaban con tonterías, y encima hablando de su hermano. Estuvieron unos instantes cotilleando sobre la nueva información, hasta que Gisele volvió a recordar sus regalos.
- ¿Cuál abro primero? ¡¿Cuál?! –gritó haciendo que Grace y Lily que estaban a su lado pegaran un bote-.
- Que alguien la diga algo, por Merlín –suplicó Sadie entre dientes-.
- Abre el mío, Gis –ofreció Kate dándola un pequeño paquete-.
Sadie casi la besa de agradecimiento, y por la cara de Lily, la pelirroja debía estar pensando lo mismo. Gis se tiró sobre el paquete ávidamente. Quitó el envoltorio azul con impaciencia. Era una caja cuadrada, que las provenientes de familias mágicas no reconocieron. Sin embargo, Lily sí supo de qué se trataba, y por lo visto, Gisele también.
- ¡Un disco de Bruce Springsteen! ¡The Boss! –gritó como una loca-.
- ¿Quién? –preguntó Rachel con cara de confusión-.
Sadie y Grace también tenían la misma cara. Con un apellido tan largo, las sonaba a fabricante de escobas, pero no creían que fuera eso.
- Es un cantante muggle –aclaró Lily-.
- Y es genial –añadió Kate con entusiasmo. Gis botó en el suelo mientras miraba el disco, dándola la razón-. Este verano vino de concierto a Londres y llevé a Gis, porque no se creía que los muggles hicieran una música tan marchosa como nosotros.
- ¡Me equivocaba, es genial! –exclamó Gis besando la portada del disco-. ¡Menuda fiesta! ¿Te acuerdas los que estaban delante nuestro, Kate? ¿Te acuerdas qué pintas?
- He intentado olvidarlo desde entonces -musitó esta-. Parecía que fueran capaces de atracarnos o algo así. Me pase todo el concierto agarrada al bolso, e intentando que esta no les pisara mientras saltaba. ¡Miedo me daba que se enfadaran!
- ¡Bah, no era para tanto!
Las demás se rieron imaginando la situación: la tranquila y dulce Kate intentando apartar de los problemas a la loca e hiperactiva Gisele. Viendo como se ponía con solo tener el disco en las manos, se la podían imaginar en el concierto.
- ¡Es genial, gracias! –exclamó saltando sobre Kate para abrazarla-. Además mi padre me ha prometido para Navidades un reproductor como el que tiene tu padre.
Como era bastante más bajita que su amiga, prácticamente se la colgó del cuello, pero a Kate no pareció molestarla y la dio un beso en la mejilla mientras sonreía contenta.
- Me alegro que te haya gustado.
Gis dejó el disco sobre la mesa, y volvió a pasearse hiperactiva por esta, en busca del siguiente regalo.
- Abre el nuestro –exclamó Grace antes de que volvieran a preguntar-. Es de parte de Lils y mío.
La tendió un paquete más grande que el de Kate, de forma irregular, envuelto en un papel de plata, adornado por un flor de papel blanca. Gis reconoció el logotipo del envoltorio y las manos la temblaron cuando rasgaba el papel.
- ¡Oh! –suspiró con cara de asombro-.
Sacó del paquete una túnica de verano, de mangas muy anchas cortadas a mitad del brazos, y con una largura que parecía no llegarla más debajo de los muslos. Tenía tonos tierras, creando formas inconcretas, y al borde de la falda y de las mangas estaba cosido en color dorado, que la hizo sospechar que fuera hilo de oro.
- ¿Esto es...? No, ¿no? –casi prefería pensar que no. La tienda ya de por sí era cara sin ese detalle-.
Sin embargo, las chicas asintieron con la cabeza con alegría. Gis abrió la boca y los ojos al máximo.
- Pero, ¿cómo se os ocurre? Ha debido costaros un dineral...
- En realidad es más regalo de Grace que mío –anunció Lily-.
Inmediatamente recibió un codazo de su mejor amiga.
- ¡No digas tonterías! Lo hemos pagado a medias –aclaró a las demás con un tono que no admitía a réplicas. Las demás fingieron que la creían-. ¿No te gusta? –preguntó algo temerosa. Era muy raro que ella fallara en ropa-.
- ¿Qué dices? –exclamó Gis ofendida-. ¡Me encanta! ¡Es genial! ¡Ya veréis que cara me pone mi prima este verano cuando me lo lleve a Santo Domingo!
Grace y Lily se miraron sonrientes, mientras Gis se ponía la túnica sobre el cuerpo, y Rachel se lo juntaba a la cintura para comprobar que era de su talla. Después, la chica miró nerviosamente a las demás, y titubeó al coger su regalo de la mesa y tendérselo a su mejor amiga.
- No he podido ir de compras pero... –intentó disculparse-.
Gis cogió el paquete con una sonrisa muy amplia. Era grande y pesaba, y Rachel observaba ávidamente cómo su amiga rasgaba el papel escarlata con lo que lo había envuelto.
Cuando lo sacó del paquete, se vio un gran libro de encuadernaciones marrón oscura, y Gis acarició la portada con reverencia. Ella no era una entusiasta de los libros, pero si se los regalaba alguien especial como su mejor amiga, los convertía en su tesoro.
- ¡Ábrelo! –exclamó Rachel risueña-. El regalo es lo de dentro.
Gis fue a sentarse en el sofá para poner el libro en sus piernas y abrirlo por la primera página. Todas se apostaron a su alrededor, mirando por encima de sus hombros.
No era un libro de texto, sino un álbum de fotos. En la primera página, Gisele y Rachel con doce años se reían y saltaban alegres. Ambas estaban en bañador, pues era verano, y de fondo se podía ver la casa de Rachel con la pequeña piscina que su padre la había comprado en un centro comercial muggle. Ambas comían helados, pero mientras que Rachel lo saboreaba civilizadamente, la cara de Gis estaba llena de chocolate, con el que también pretendía manchar a su amiga. Debajo de la fotografía, Rachel había escrito con una caligrafía muy cuidada: "Friends Forever".
Lo más gracioso era ver a Gis sin palabras, mirando fijamente la fotografía con los ojos empañados. Levantó la vista por fin, y la fijó en la de su mejor amiga, con la sonrisa temblándola en los labios. Dejó el álbum en el suelo con cuidado, y la abrazó con tanto ímpetu que ambas acabaron en el suelo, riéndose y medio llorando de la emoción.
Sadie las miró algo extrañada, y con un toque de envidia. Hasta ahora ella no había visto lo profundas que podían ser a veces la amistad entre las chicas, pues en las únicas en las que se había fijado, estaban demasiado pendientes de sí mismas como para ser verdaderamente íntimas de ninguna otra chica. Nunca había extrañado nada de su amistad con Emil, pues siempre se habían divertido mucho y habían hablado casi de todo. Ahora que también tenía a Regulus, no había notado que quizás podría haber algo más en una amistad como los abrazos, pero es que ella nunca había sido especialmente cariñosa. Ya tenía dos amigos, aunque la relación con cada uno era opuesta por motivos evidentes, así que no envidiaba exactamente a Rachel y Gisele. Sin embargo, tenía que reconocer que la parecía muy tierna esa amistad.
- ¡Aquí fue cuando ganamos la copa hace dos años! –exclamó Grace con una sonrisa, mientras miraba una foto donde aparecían James y ella vestidos con el uniforme de quidditch, junto a Rachel, Gis y Remus, riendo y festejando-.
Las demás se inclinaron para mirar la foto, y Rachel y Gis se incorporaron.
- ¿Por qué tiene James el ojo morado? –preguntó Sadie extrañada de ver al chico con esa pinta, pero aún saltando y riendo como el que más-.
- Iba como una cuba e intentó darla un beso a Lily, a lo que ella respondió con un buen derechazo –contestó Gis con una risa-.
Las demás se rieron, algunas recordándolo y otras imaginándoselo.
- Aún no me acostumbro a veros juntos –admitió Rachel mirando a Lily-. Es que es difícil de creer. No hace ni un año os tirabais con todo, y ahora...
- Misterios del amor –respondió la pelirroja encogiéndose de hombros y echándose a reír-.
Rachel de pronto se dio la vuelta con una sonrisa, y agarró a Sadie de la manga de la túnica.
- ¡A ver tu regalo!
- ¿Regalo? –preguntó Gis-. ¡No tenías que traerme nada!
Sadie negó con la cabeza mientras iba a recoger su pensadero y el pequeño paquete, y lo llevaba hasta la zona de los sofás donde estaban las demás.
- No es gran cosa –la dijo-. Es lo único que se me ha ocurrido, pero creo que os gustará.
- ¿Es un recuerdo? –preguntó Lily mirando el pensadero-.
Grace y Kate compartieron una mirada alarmista al recordar los que habían visto en ese objeto. Sin embargo, Sadie sonrió levemente, pero con bondad.
- Es algo bueno, os lo prometo. Es una escena de la que fui testigo hace un par de meses en la sala común, y pensé que os divertiría verla.
Gis saltó en su asiento con emoción.
- ¡Vamos a verlo! –exclamó animada mientras Sadie la pasaba el pequeño paquetito en el que había guardado el frasco con el recuerdo-.
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El profesor Slughorn estaba apostado en la puerta de su despacho. Iba vestido con su batín de terciopelo burdos, conjuntado con un sombrero con borlas que, según James, le hacía parecer un gnomo de jardín.
James y Sirius fueron caminando sin prisa hacia la puerta, observando como el profesor saludaba a un grupo de chicas que acababa de llegar.
- Aún no nos ha visto –susurró Sirius apremiante-. ¡Vámonos!
Se dio la media vuelta, pero James le cogió del brazo y le obligó a volver a girarse.
- No podemos. Con lo pelota que es Lily, seguro que le pregunta y él dice que no hemos venido.
Sirius comenzó a refunfuñar cada vez con más mala leche.
- Tengo un plan, Pad –le dijo James poco antes de llegar donde el profesor, quien ya les miraba algo atemorizado-. Pasamos, estamos media hora dentro, y nos piramos a Hogsmeade un rato. Moony por fin me ha devuelto el mapa.
- No sé para qué tanto secretismo con eso –dijo Sirius encogiéndose de hombros-. Pero te tomo la palabra. Llevamos más de un mes sin visitar a Rosmerta, y no quiero que piense que la dejamos de lado.
Llegaron donde el profesor Slughorn, quien les esbozó una sonrisa titubeante. Ellos dos pusieron cara de angelitos, con sonrisas de inocencia, mientras veían divertidos como crecía la sospecha en la mirada del maestro.
- Potter, Black, bienvenidos –dijo algo atemorizado por las ideas de esos dos-.
- Gracias profesor –contestó James intentando pasar lo más rápido posible-.
- Habrá traído wiskhy de fuego, ¿no, profesor? Mire que sino, no es fiesta ni es nada –exclamó Sirius consiguiendo que Slughorn se pusiera blanco-.
James tiró de su amigo mientras este se reía de la cara del hombre.
- Pad, el truco era pasar desapercibidos para que no se diera cuenta cuando nos piramos –le regañó-.
- ¡Ey, tranqui Prongs! –exclamó Sirius divertido-. Si tanto miedo nos tiene, se alegrará de que nos piremos lo antes posible.
Divertidos siguieron caminando mientras se burlaban de estudiantes e invitados por igual. Sirius insistió en cambiarle el color de la túnica a un comentarista de quidditch que le caía bastante mal, mientras que James le puso un píldora que provocaba diarrea en la copa de una de las jugadoras de las Arpías de Holyhead.
Enseguida comenzaron a fijarse también en el decorado, que, aunque pretendía ser ante todo fiestero, no dejaba de reflejar muy bien las preferencias de Slughorn. Tanto el techo como las paredes estaban adornado por colgaduras verde esmeralda, muy propios de un Slytherin. La luz era algo apagada y de color rojizo debido a la oscura lámpara que la proyectaba, y creaba formas extrañas en la pared.
- Esto es siniestro –comentó Sirius algo más serio. Después se encogió de hombros-. Pero bueno, la casa de mis padres no era mucho más acogedora.
- Pad, tío, creo que me está saliendo urticaria. Esto es muy Slytherin.
- Tú no respires mucho, colega. Es el único consejo que puedo darte.
Los dos se miraron muy seriamente antes de echarse a reír divertidos.
Pasaron varios minutos haciendo tiempo, mientras embrujaban dos platos para que siguieran a Snape golpeándole la cabeza por detrás, o haciendo pequeños embrujos a unos alumnos de primero que miraban alrededor algo asustados.
- ¡Anda mira, la chica de rosa! –exclamó Sirius entre risas, y señalando detrás de James-.
Este se giró, y de inmediato volvió a dar la espalda a esa persona, que era un guapa rubia con una túnica de color rosa chicle, que observaba a los demás invitados con una expresión algo sombría.
- Que no me vea –le pidió a su amigo poniéndose de espaldas a ella-.
Sirius se rió, pero hizo lo que pudo para pasar desapercibido. Sin embargo, tal y como pudo comprobar por sí mismo, Jane no estaba muy pendiente de lo que ocurría a su alrededor. Por eso el chico se permitió darla un repaso con la mirada.
- Tengo que reconocer que cuando no te está acosando, puedes ver que está muy buena –admitió con un asentimiento aprobatorio-.
- Y tanto –coincidió James-. El problema es que eso suele ir parejo con la locura. ¡Quien iba a pensar que una chica con esa cara podía dar tanto miedo! Amortentia, Pad. No lo olvides, ¡Amortentia!
- ¡Ey, calma! –exclamó Sirius levantando las manos en señal de paz-. Que no me voy a colar por ella. Solo la miro como a un cuadro: se disfruta de su vista pero se mantiene a distancia.
Después se rió de su propio chiste, mientras James negaba con la cabeza divertido.
- Yo creo que ya ha pasado la media hora, Pad. Vamos a hacerle una visita a Mer.
Los dos chicos se apresuraron a la salida contentos, cuando una figura barriguda les cortó el paso.
- ¿Ya os vais, chicos?
Se miraron con complicidad, intentando encontrar en silencio la mejor respuesta.
- La verdad es que sin las chicas nos aburrimos mucho, profesor –dijo James, confiando en que el halago hacia las chicas distrajera a Slughorn-.
Sin embargo, el maestro sonrió ampliamente, estirando sus bigotes de morsa con buen humor.
- ¡Precisamente de chicas venía a hablar yo! James, querido amigo, quería pedirte un favor.
Los dos chicos se miraron confusos, y volvieron a mirar de nuevo al profesor. Este continuó al ver que el muchacho no preguntaba nada.
- Verás, sé que mi querida Jane tiene una especie de debilidad por ti –admitió guiñándole un ojo, a lo que James tuvo la tentación de darle un puñetazo-. Y la verdad, últimamente está muy desanimada. Me preguntaba si podrías hablar con ella para alegrarla. No sé, quizá invitarla a bailar.
James estuvo a punto de negarse de una forma nada educada, cuando dos ojos enfadados, de un color verde brillante precioso, se le aparecieron en la mente, frunciendo el ceño. La tentación de pasar también de la moralidad de Lily, estuvo a punto de irse sin responder al profesor, pero sin duda Slughorn haría que ella se enfadara, y no creía que mereciera la pena una discusión con su novia por algo así.
- Claro, ¿por qué no? –suspiró derrotado-. Un baile.
- ¡Estupendo! –exclamó Slughorn dando palmadas con sus regordetas manos-. Seguro que Jane se anima mucho. ¡Me alegro que mi querida Lily haya influenciado tan bien en ti!
Por detrás de James se escuchó la risita sofocada de Sirius, quien recibió un codazo en el estómago de su mejor amigo.
- Esto... Prongs... yo voy yendo, y cuando termines de bailar me alcanzas, ¿vale? –dijo adelantándose un paso-.
James le sujetó con fuerza el brazo, y tiró de él hasta que volvió a su lado.
- Si tengo que aguantar en el infierno, tú te quedarás conmigo –le dijo entre dientes desviando la boca a un lado-.
Slughorn se puso entre los dos muchachos abrazándolos a ambos por los hombros.
- ¡Fantástico! Y mientras James le sube el ánimo a Jane, también quería algo de ti, Sirius.
- Mientras no sea un masaje en los pies –murmuró el muchacho entre dientes, lo suficientemente bajo para que le escuchara-.
Slughorn le fue apartando de su mejor amigo, y le dirigió hacia un grupo de chicos que hablaban entre sí, pero que se interrumpieron al verles llegar. Al mirar a Sirius, las miradas se tornaron de odio, menos una, que fue de indiferencia total.
Sirius al verlo, tragó saliva y miró sobre su hombro, como James hablaba con Green y la ofrecía una mano. Con gusto le cambiaría el lugar en ese momento. Sin embargo, Slughorn no pareció notar la tensión, pues llegó hacia el grupo con una sonrisa alegre.
- ¡Lamento si soy inoportuno, muchachos! –dijo como si hubiera sido recibido casi con vítores-. Pero la verdad es que siempre he querido hacerme una foto con los hermanos Black para mi estantería.
Sirius no pudo evitar que su expresión se descompusiera, y lo mismo le ocurrió a Regulus un segundo antes de volver a poner su fría máscara en su rostro. Slughorn les cogió a cada uno de un brazo, como si hubieran accedido encantados.
- ¿Quién nos hace la foto? ¡Ah, Severus! ¿Te importa hacer los honores?
El muchacho le miró como si preferiría ser atacado por una Quimera antes que apuntar a Sirius con una cámara, pero aceptó el aparato con indiferencia. Apuntó con ella a las tres personas que posaban, y el flash saltó cegándolos momentáneamente.
Solo Slughorn sonreía con alegría. Regulus mantenía el rostro impasible y neutral, mientras que Sirius tenía los labios fruncidos en una fina línea, mientras alzaba la barbilla y miraba de reojo la expresión de su hermano. Era lo más cerca que habían estado desde hacía un año, y ninguno parecía sentirse cómodo así.
Cuando por fin el profesor les soltó, Sirius se dio la vuelta y se marchó sin despedirse, con la intención de poner toda la habitación de por medio.
Regulus echó un leve vistazo a su figura, que se alejaba, y los ojos brillaron de indignación. Una vez más, como siempre, Sirius huía.
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- ¿Cómo funciona esto? –preguntó Gis mirando el pequeño frasco con un ojo cerrado, mientras lo ponía al trasluz-.
- Pues vertiéndolo en el pensadero e introduciéndose en él –suspiró Sadie mientras la arrebataba el objeto para hacerlo ella misma-.
Gis asintió, impaciente por ver qué recuerdo era.
- Pero entonces, ¿no hay que decir ningún hechizo ni nada?
- Gis, ¿cuántos pensaderos has visto que necesiten eso? –preguntó Grace divertida-.
- Disculpe, señorita, pero en mi casa no somos tan importantes como para necesitar uno –la respondió esta sacándola la lengua de forma infantil-.
Grace la tiró un cojín dándola en la nuca, y Gis se lo fue a tirar de nuevo como revancha, pero Lily lo interceptó, poniendo fin al juego.
- Vamos a verlo ya, anda –dijo Kate sonriendo por la expresión de Lily-.
- Salís algunas de vosotras –dijo Sadie mientras el recuerdo comenzaba a hacerse más claro en el pensadero. Le hizo un gesto de invitación a Gis-. La cumpleañera primero.
La muchacha la miró durante un segundo con dudas, pero después se inclinó impaciente sobre la vasija. Aterrizó en un lugar que reconoció de inmediato como la sala común de Gryffindor. Dio un respingo al ver a la propia Sadie oculta tras una torre de libros, como si de verdad quisiera esconderse. Estaba echada sobre un pergamino, escribiendo algo que no se leía, pues lo tapaba con su cuerpo.
Rachel aterrizó a su lado, encogiendo las rodillas para después volver a estirarlas.
- Echaba de menos este lugar –comentó cariñosamente-.
- Pues la última vez que lo visitaste no te fijaste mucho –se mofó su mejor amiga-.
- Estaba demasiado ocupada en hechizarme como para pararse a observar el mobiliario –respondió Sadie quien había llegado detrás de Kate-.
Lily y Grace aparecieron justo después, y la última reconoció la escena de inmediato.
- ¡Allí estoy yo con Remus! –exclamó alegremente-.
Se acercó a sí misma, que aún llevaba puesta la ropa del entrenamiento de quidditch, y estaba sentada junto a Remus, con cara algo ofuscada, mientras el chico repetía con paciencia:
- Haber Grace, ¿no crees que tiene sentido que el número ocho lo represente la acromántula?
La Grace del recuerdo bufó mientras se incorporaba para estirarse.
- Que eso sí. Pero no tiene sentido que la salamandra represente el seis. ¿Cómo me voy a acordar de esta tontería?
- Representa el seis porque es el número de horas que puede sobrevivir lejos del fuego.
- Eso depende de la especie, Remus –contraatacó la chica-.
Lily chasqueó la lengua.
- Mira que eres difícil –la reprendió-. Con lo bien que se te da la asignatura, y el drama que montas.
Grace bizqueó los ojos mientras sacaba la lengua, para darla a entender que ella pensaba lo mismo de ella. Para entonces, Remus se estaba quedando sin argumentos.
- Haber Grace, eso lo sabemos ahora, pero antes, los antiguos solo conocían una especie de salamandras, y por eso le dieron ese número rúnico. Y así se ha quedado. ¿No puedes memorizarlo sin hacerte tantas preguntas?
- Es que si no le encuentro lógica, no puedo aprendérmelo –respondió recostándose contra la silla y fingiendo más desesperación de la que sentía-.
De vez en cuando echaba miradas a la puerta, demostrando que no estaba tan pendiente de su trabajo como quería hacer creer a su amigo.
- Venid aquí –dijo Sadie-. Que si no estamos cerca no nos enteramos.
Las guió de nuevo hacia donde estaba ella, aún escribiendo, y a su lado, tumbado en un sofá con las manos en la cabeza estaba Jeff.
- ¿Se puede saber qué estás escribiendo? –la preguntó su hermano con voz ronca-.
-Una carta para mamá –contestó únicamente y sin levantar la vista del pergamino-.
- Pero si la escribimos ayer –protestó el chico levantando un poco la cabeza, con los chicos entrecerrados-.
- Sí, pero quería preguntarla un par de cosas.
Jeff se volvió a tumbar, y se puso un cojín sobre la cabeza.
- Vale, pero no la tomes con ella si no te puede contar lo que tú quieres. Ella no tiene la culpa.
Sadie chasqueó la lengua, y levantó por fin la vista, mirando a su hermano extrañada.
- ¿Qué te pasa?
-Me duele la cabeza... –se quejó el chico bajo el cojín-. Nunca había tenido un día tan intenso.
La chica se incorporó, y arrastró su silla hasta que estuvo muy cerca de su hermano, hablándole en susurros.
Rachel se apartó, pensando que iba a chocar con ella, pero evidentemente, la chica la traspasó.
- ¿Has visto algo? –preguntó algo preocupada-.
Jeff se quitó el cojín de la cara y la miró apenas sin abrir los ojos.
- Nada de interés. Aquélla –dijo señalando a una chica morena que hablaba con dos chicos-. Le va a poner los cuernos al de la izquierda con el de la derecha. Este de aquí va a invitar a la salida al pueblo a esta otra.
- ¡Es Sarah! –exclamó Grace viendo a su compañera sentada cerca de ella, hablando con un grupo de amigos entre los que estaban Josh y Johnny-. Así que tu hermano lo supo antes que nadie, ¡que guay!
- Eso si te sueño es ser portera –la contestó Sadie ácidamente-.
Grace la ignoró, y siguió escuchando las visiones que había tenido Jeff, que eran todas sobre las típicas tonterías adolescentes.
- Ah, por cierto –dijo el chico una vez hubo terminado-. El novio de Grace es idiota.
- No hace falta que lo jures –contestó esta entre dientes, haciendo que Lily se riera-.
Sadie le había escuchado bastante aburrida, e hizo un gesto de fastidio.
- Vaya don el tuyo –contestó con sorna-. Muy práctico. Y yo que quiero saber de una maldita vez de qué va esa Orden del Fénix de la que tanto piensa James, y tú no me lo dices.
- Ya sabes que yo no decido qué ver. Deja de darme la murga.
Lily la miró extrañada, pero no dijo nada. Sadie iba a contestar a su hermano, pero en ese momento alguien bajó gritando por las escaleras, atrayendo la atención de todo el mundo.
- ¡Grace! –era Gisele, y lo más estrafalario: Solo iba con una toalla enredada al cuerpo, y el pelo rizoso la caía por la espalda, mojando todo a su paso. Era evidente que acababa de salir de la ducha-. Tu novio está en la ventana –dijo cuando llegó hacia Grace que la miraba extrañada junto a Remus. Grace se giró hacia la ventana de la sala común, y Gis, al ver su equivocación, corrigió-. En nuestra habitación.
Las chicas se reían tanto por la situación como por la cara de algunos de los testigos. Gis parecía recordar aquello con mucha diversión, mientras Lily intentaba esconder su sonrisa.
- Eso es indecoroso, Gis. Si McGonagall llega a entrar en ese momento te quita cien puntos de una vez.
- Sí, mira cómo me has dejado al pobre Josh –dijo Grace señalando a su compañero de equipo, que miraba a latina con los ojos desorbitados-.
Tampoco era el único. Varios chicos, sobretodo el grupo de sexto en que estaban Sarah y Josh, no se cortaban a la hora de mirar a su compañera. Al fin y al cabo, no todos los días tenían una oportunidad así de explorar la anatomía femenina.
- Le eché de allí hace veinte minutos -dijo Sarah en respuesta a una pregunta de Grace. Cuando se giró, le dio un capón a Johnny, quien cerró la boca de inmediato-.
- Algunos podrían ser más discretos –comentó Kate con hastío, y se volvía para observarse a sí misma, que miraba a su amiga desde un sofá, con Sirius al lado hablándola al oído-.
Vieron a Grace salir corriendo hacia su cuarto, mientras algunos murmuraban, y Remus les mandaba una mirada gélida a los alumnos de sexto.
- Ahí voy yo a hacer el primo –le susurró Grace a Lily al verse a sí misma desaparecer por las escaleras-.
Remus se levantó, y se quitó la túnica para dársela a Gis, que se le puso por encima un poco sonrojada, pero sin quitar la sonrisa de su boca.
- Ese gesto de Remus fue muy detallista –dijo Lily sonriendo-.
- ¡Y tanto! –exclamó Gis riéndose-. Tuve que recordarme a mi misma que era el churri de mi mejor amiga para no tirármele encima. ¡Que caballero!
Rachel la dio un codazo haciendo que se riera más fuerte, y Kate negó con la cabeza divertida.
Sadie no prestaba mucha atención a su alrededor, pues había vuelto a escribir en el pergamino de nuevo. Jeff se había vuelto a poner el cojín en la cara, nada interesado en la escasa vestimenta de su compañera. Sin embargo, las chicas se fijaron en Gis, quien soltó una carcajada y exclamó en voz alta:
- Sé que me deseáis pero prometí llegar virgen al matrimonio así que si no tenéis intenciones casamenteras, me temo que no puedo ni siquiera miraros.
El chiste lo escuchó toda la sala, pero fue evidente que se dirigía especialmente al grupo que estaba cerca de Sadie y Jeff.
- Estás grillada –la dijo Grace entre risas-.
- Mira la cara de Remus. Le has dejado sin palabras.
Gis se fijó por primera vez en el novio de su amiga, y se rió aún más fuerte.
- Con lo que se ha esforzado por mantener mi virtud intacta –la respondió haciéndola reír-.
Los demás aún parecían asimilar lo que había dicho la chica, y el primero en reaccionar fue Sirius, quien estaba intentando aguantarse la risa.
- ¡Gis, yo me caso contigo! –gritó rompiendo el hielo mientras Kate a su lado se llevaba una mano a la boca para ocultar la risa-.
Varias personas se echaron a reír, y Remus empezó a empujar a Gis para que saliera de la sala.
- No veáis la bronca que me echó. Creo que piensa que soy como tú –la dijo a Rachel-. ¡Como si yo fuera tan monjita! Sé exactamente lo que piensan estos –dijo señalando al grupo.-
Enseguida la sala común volvió a la normalidad. Kate y Sirius se perdieron tras el sofá, y las demás prefirieron no ser testigos de eso. Jeff se levantó al cabo de un minuto avisando a su hermana que iba a echarse a dormir un rato.
- Acercaos un poco aquí –sugirió Sadie con una mueca de diversión, mientras señalaba al grupo de sexto-.
Se aproximaron un poco y vieron que los chicos se reían de algo que comentaban, mientras algunas de las chicas se apartaban a hablar a otro lado. Sarah se levantó molesta atravesando a Lily en su huída.
- Sois unos babas –recriminó enfadada, antes de darse la vuelta e ir hacia las habitaciones-.
Un chico de pelo castaño claro hizo el ademán de levantarse tras ella, pero Josh le detuvo con un brazo.
- No te lo aconsejo, Johnny. Mejor déjala que se cabree un rato sola.
- Pero...
- ¿Acaso te molesta por algo que Sarah se moleste? –preguntó otro chico con segundas-.
El chico pareció sonrojarse un poco, pero enseguida puso una sonrisa irónica en su rostro.
- Deja de decir tonterías. ¿Qué me decís de lo que acabáis de ver?
Era evidente que intentaba cambiar de tema, pero sus amigos no parecieron percatarse.
- ¡Tampoco me sorprende! –exclamó otro-. Ya os dije una vez que Mendes tenía el mejor culo de todo Gryffindor.
Las chicas se echaron a reír ante eso, y Gis fingió tirar besos al público, al tiempo que, chistosamente, se besaba la palma de la mano y la posaba en su trasero.
- Estoy de acuerdo. Se nota la sangre latina –exclamó otro chico haciendo la forma de curvas en las manos, mientras las chicas se alejaban más poniendo caras de asco-.
También Sandler tiene un buen culo –dijo un tercero-.
Los demás se empezaron a reír, mientras Gis y Grace fingían pelearse, mientras Rachel y Lily se reían.
- ¡Eso lo sabe mejor Josh! ¿A qué sí?
Grace dejó de fingir que le tiraba del pelo a Gis, y miró con el ceño fruncido a su compañero, pensando que este había insinuado algo de ella a sus amigos. El chico se había puesto muy colorado, y balbuceó torpemente algunas palabras.
- ¿Qué? ¡Y-yo no sé nada!
- ¡Venga ya! –exclamó su amigo-. ¿Me estás diciendo que no has visto nada de nada en los vestuarios?
Josh miró a Johnny y ambos se echaron a reír divertidos.
- ¡Sí claro, se ducha delante de mí todos los días! –exclamó irónicamente-.
- Menudo idiota. Ni siquiera ha intentado echar un vistazo...
- Pero, ¿qué va a mirar? ¡Si este está obsesionado con Green!
Lily se sorprendió muchísimo ante esto, y cuando lo confirmó al ver el sonrojo del chaval.
- ¿En serio? –las preguntó a sus amigas-. Pues la puso fina el otro día.
- Eso es lo insólito –la susurró Grace-.
- Chicos, hay gente que no es tan pervertida como vosotros –dijo Johnny en defensa de su amigo-.
Los otros comenzaron a reír divertidos, y Josh y su amigo se miraban como si tuvieran que tener mucha paciencia con ellos.
- ¡Vamos Josh, algo raro hay en ti! –exclamó otro de los chicos intentando picar al chaval-. ¿Tan obsesionado estás que estás en el equipo con una tía como Sandler y no intentas ni echar un vistazo? ¡Nos consta que Martin ya lo ha hecho!
- Recordadme que me cargue al cabezota de Allan –murmuró Grace entre dientes-.
- Es cierto tío. Que vamos a acabar pensando que lo de Green es una excusa y estás por la otra acera. Está claro que las dos nuevas del equipo no incitan a nada.
- Y que Sarah es un callo –añadió el primero-.
- Sí, pero...
- ¡Ey! ¿qué has dicho? –preguntó Johnny molesto-.
Los chicos se volvieron a reír.
- Menos mal que no te molesta nada que tenga que ver con ella.
- No es que me moleste, pero os habéis pasado –dijo Johnny intentando disimular-. ¿Por qué una chica no sea miss Inglaterra ya tenéis que faltarla al respeto? ¿Acaso os habéis mirado al espejo vosotros?
- Déjales, colega –intervino Josh sonriendo-. Ya les gustaría a ellos que una tía tan simpática como Sarah les hiciera caso.
Los demás se rieron, pero los dos chicos parecían muy seguros.
- Bueno, al menos hay un porcentaje muy pequeño que aún puede salvarse –comentó Kate fulminando a los otros borregos con la mirada-.
Sadie se puso al lado de Gisele, mirándose a sí misma que miraba la escena disimuladamente.
- Ahí viene tu regalo –la susurró-. Es un desafío, por si lo aceptas.
Gis la miró extrañada, pero acentuó su sonrisa, esperando lo que venía, mientras miraba a los chicos hablar.
- ¡Eres un bocas, Izan! –exclamó Johnny hablándole al primero de los chicos-. Tú comes una y cuentas veinte.
- ¡Eso ha sonado a envidia! –exclamó el chico entre risas-.
- ¡Ya, claro! Como lo de antes. Solo dices lo del culo de Mendes ahora que no está, que a la cara no te atreves.
El otro chico disminuyó la sonrisa, y puso una cara que recordaba mucho a James y a Sirius cuando alguien les piropeaba.
- Yo a esa, si quisiera, la tumbaba, ¡ya me entendéis!
Los otros dos se echaron a reír con complicidad, mientras que Josh y Johnny se reían por motivos distintos.
- ¿De qué va este gilipollas? –exclamó Rachel ofendida-.
Sin embargo, Gis la palmeó el brazo, componiendo una amplia sonrisa de suficiencia. Kate y Rachel compartieron una mirada, preguntándose qué estaría pasando por su mente.
- ¿A una de séptimo? –se burló Josh-. Te tumba ella a ti, pero de un puñetazo.
Las chicas también rieron la gracia mientras Josh y su amigo chocaban las manos.
- Esa es buena, Josh –felicitó Grace riéndose de la cara del otro chico, el que se llamaba Izan-.
- Mira Josh, porque no me interesa, que sino...
Su respuesta fue interrumpida cuando uno de los amigos le dio un codazo en el pecho, y le señaló con la cabeza a Sadie, quien había dejado de lado el pergamino, y les observaba con una mueca extraña, que las muchachas interpretaron como diversión.
- Esto... bueno. ¡Eh Josh! –exclamó el chico incómodo-. ¿Cómo va el equipo? ¿Crees que le ganamos a Ravenclaw?
De repente el recuerdo se fue borrando, mientras las chicas se vieron expulsadas del pensadero. Rachel aún estaba ofendida, pero las demás miraban a Gis expectantes por su expresión divertida. Ella miraba a Sadie con una sonrisa de complicidad.
- ¿Me conoces bien, eh? –la dijo-.
Sadie se encogió de hombros con una pequeña sonrisa.
- En ese momento no te conocía mucho, así que pase de contarte. Pero esta tarde estuve pensando, y de repente me acordé. Me pareció justo que tuvieras al menos la opción de devolvérsela.
- ¡Hazlo Gis! –la animó Kate-. Ya vale que siempre vayan por la espalda hablando de nosotras como si fuéramos objetos.
- Y Josh tiene razón –añadió Grace-. No solo porque eres un año mayor, sino por todo, le puedes dejar en ridículo como quieras.
- Ya lo sé –respondió alegremente la cumpleañera-. Y ya sé qué voy a hacer.
Las demás se echaron a reír, divertidas, mientras la chica las explicaba cómo pensaba aprovechar su regalo de cumpleaños.
OO—OO
James estaba bailando con Jane, asegurándose de poner una distancia adecuada, y comprobando que las manos de la chica no se movían de sus hombros. Sin embargo, ese día, Jane no parecía especialmente dispuesta a acosarle. Estuvo a punto de dejarla allí como el maniquí que era, pero se encontró con la mirada apremiante del profesor Slughorn que le incitaba a hablarla. Suspiró. Seguro que si no le hacía caso le iría con el cuento a Lily, de modo que él quedara como el culpable de todo. Maldito viejo...
Miró de nuevo a la chica, quien tenía la cabeza bajada, y la expresión ausente. Estaba tan guapa como siempre, con el pelo semi recogido, y la túnica rosa que favorecía sus suaves facciones, pero no tenía su habitual porte orgulloso. Pareciera como si en ese momento no la importara si el vestido la quedaba bien o no, o si James se había fijado en su collar. No parecía la Jane de siempre.
Sintió una pequeña punzada de culpabilidad. Por mucho que se negara a pensar en ello, en parte era muy responsable de la actitud que había tenido la chica los últimos meses. Ella había tenido razón en que la había echado a un lado sin miramientos en cuanto pudo acercarse más a Lily, y de hecho lo había hecho sin ningún tipo de remordimiento. Sin embargo, durante el curso anterior, a James no le había importado seguir el juego de ella, sin pensar que sus sentimientos estaban involucrados. Los de él no lo estaban, y eso era todo lo que le había importado.
Sabía que entonces le había dado igual por inmadurez y egoísmo, y el hecho de que se percatara entonces solo se debía a que había madurado. Gracias a Lily. Sabía que ella no se sentiría orgullosa si supiera todos los pormenores de cómo él había tratado a la Ravenclaw. Prácticamente él la había impulsado a esa obsesión tan ridícula que tenía con él. Y, al fin y al cabo, no podía juzgarla sin ser hipócrita. Merlín sabía que si él no había utilizado los mismos trucos con Lily, incluida la amortentia, era porque Remus le había controlado de cerca para impedírselo.
Claro que eso no quitaba que aquellas ideas de la rubia le habían dado problemas, y se enfurecía cada vez que recordaba la pelea que ella había tenido con Lily. Por eso, cuando la habló, lo hizo con voz más dura de lo que en un primer momento había planeado.
- ¿Se puede saber qué te pasa?
Jane levantó la cabeza sobresaltada, como si el propio sonido de su voz la hubiera pillado desprevenida.
- ¿Qué? –preguntó perdida, en un susurro que hacía parecer que su voz era la de otra persona-.
- Que estás rara. El profesor Slughorn está preocupado porque dice que llevas días así, y me ha pedido que hable contigo.
Jane rió despectivamente.
- Ya decía yo...
Ese tono se parecía más al suyo, excepto que en vez de sarcástico, sonaba algo triste.
- ¿Y bien? –apuró-.
- ¿Y a ti qué te importa? –preguntó Jane mirándole por primera vez a los ojos-. Esto no te afecta ni a ti ni a tu noviecita, así que pasa de mi.
James se apartó, dejando de bailar y fulminándola con la mirada.
- En realidad no me importa, tienes razón. Pero si me piden un favor lo hago. Si esto es un truco para que yo me sienta mal por estar con Lily ya puedes dejarlo, porque, por mi, como si te quieres suicidar de pena.
Desde luego lo último había sido sarcasmo puro, pero eso no evitó que Jane levantara el mentón orgullosa, y le mirara con más asco del que podía recordar.
- No eres el centro del mundo, James –la dijo tajante-.
James sonrió burlonamente. Al menos había conseguido sacar a la antigua Jane, aunque fuera la malhumorada. Habría preferido a la inteligente y divertida que él sabía que podía llegar a ser, pero hacía tiempo que no la veía salir a la luz.
- Entonces, ¿qué problemas tiene la niñita? –preguntó con burla-.
Jane se ofendió más. Evidentemente se estaba burlando de ella. James sabía que ella no tenía problemas serios en su vida, por lo que esa actitud solo podía deberse a una rabieta. Pero James tampoco podía saber lo que había su vida en los últimos días. Jane había rememorado mil veces la frase de esa niñata de Gryffindor que se había burlado de ella después de que Cambell la humillara delante de todos. "Princesita destronada" la había llamado. Y Jane no podía evitar pensar que tenía razón.
Una persona que estaba acostumbrada a tenerlo todo, no asimilaba fácilmente el que hubiera ciertas personas que se burlaran de ella cuando pasara cerca. Aún seguía siendo la líder entre sus amigas, y seguía teniendo chicos que la miraban con atención cuando se cruzaba con ellos. Sin embargo, aquello se opacaba cuando veía a esa minoría de personas tratarla de esa forma. También algo la molestaba enormemente cuando veía que el chico de Gryffindor, que anteriormente babeaba a su paso más que ninguno, ahora no se dignaba ni a mirarla, y cuando tenía que hacerlo en alguna clase era para fulminarla. No comprendía por qué aquello la molestaba tanto, cuando al fin y al cabo, siempre la había molestado tener la atención precisamente de ese muchacho.
Por esas razones ni siquiera se había sentido animada a aceptar la invitación de alguno de sus pretendientes que ser sus acompañantes en la fiesta. De hecho, solo acudía porque el profesor Slughorn, quien siempre la había tratado maravillosamente, había insistido. Tan regodeada había estado en su pérdida de popularidad, que no se había fijado siquiera en James y Lily.
- No tienes idea.
- Si es por lo que te hicieron en el pelo...
- No hables en tercera persona, James. Esa broma tenía tu firma –respondió tajante, caminando hasta unos sillones, donde se desplomó-.
- ¿Sabías que fuiste yo? –preguntó él desconfiado. Jane asintió vagamente, mientras observaba a algunas parejas bailar-. ¿Y por qué no me denunciaste?
Jane suspiró teatralmente, como si la conversación la aburriera más que nada.
- Porque me importa todo una mierda... Ya me contarás cómo lo hiciste –añadió, lanzándole una mirada de la antigua Jane, que le hizo sonreír a James-. Pero ahora no me importa. Hay cosas peores. Algunos han aprovechado para vengarse de cosas, para humillarme. Hay gente que ha cambiado drásticamente su opinión sobre mi, y no sé por qué.
- ¿Te refieres a Josh? –preguntó James enarcando las cejas-. ¿Es por lo que te dijo el otro día?
Jane se removió en el asiento incómoda, mientras James se echaba a reír divertido.
- ¡Es por eso! ¿Qué pasa? ¿Ahora te molesta que ya no le tengas besando el suelo por donde pisas?
- No digas gilipolleces...
Se había vuelto a remover, y su cara expresaba fastidio más que amargura. James supo por eso que iba bien encaminado en sus suposiciones, y eso solo le hizo reírse más.
- No será lo que yo creo que es, ¿no?
- Insinúalo y te meto un guantazo, Potter –dijo Jane realmente molesta-.
- ¡Ey, ey! No eres tú quien más se tendría que cabrear, sino yo. ¡Imagínate que he estado todo el curso siendo acosado, para que al final resulte que te guste otro!
Recibió el golpe prometido, mientras la rubia resoplaba, mientras se apartaba el pelo de la cara.
- No seas imbécil. A mi el que me gusta eres tú –exclamó ofuscada-.
James solo sonrió. Aquello era otra de las cosas que diferenciaban a Lily de Jane. Su novia aún no era capaz de utilizar ciertos apelativos en voz alta sin ponerse roja como un tomate, y la rubia no tenía ningún tipo de vergüenza a la hora de admitir sus sentimientos.
- Yo creo que no. Sino, ¿por qué has dicho lo último? "Hay gente que hay cambiado drásticamente su opinión sobre mi" –añadió imitando la voz de la chica, aunque poniéndola más aguda y repipio-. ¡Verás cuando se lo cuente a Josh!
Siguió riéndose pese a que Jane le fulminó con la mirada.
- Dile a alguien más alguna de tus ridículas invenciones y te dejo sin descendencia, James. Sabes que soy capaz. –fingió hacer memoria mientras se llevaba un dedo a la barbilla-. Creo que hay una poción que es imposible de rastrear y que provoca impotencia y la pérdida del miembro masculino. ¿Cómo se llamaba?
- ¡Vale, vale, para! –exclamó James entre risas-. Me callo, mujer. Pero si estás triste por aquello que me has contado, déjalo correr. Si a mi me importara lo que los demás piensan de mi, habría caído en depresión. Es más, me hubiera tirado al lago la primera vez que Lily me dijo lo que pensaba de mi.
Jane le sonrió con diversión.
- Debo reconocer que, cuando quieres, puedes animar hasta a un muerto.
- Y yo debo reconocer que cuando no te comportas como una loca psicópata, puedes resultar una buena compañía.
Jane se acabó riendo finalmente, diciéndole que quizás tenía razón. James sonrió de lado, con arrogancia, como siempre. Se levantó de un salto y la tendió la mano teatralmente.
- Venga. Para celebrar que ha vuelto la Jane que yo conocía, te invito a bailar otra canción.
La chica aceptó al instante, pero no intentó ningún movimiento extraño. Tal parecía que la antigua Jane había vuelto. Sin embargo, James se prometió preguntarle a Lily sobre esa poción que había mencionado la chica. No pensaba callárselo, y psicópata o no, Jane era capaz de utilizarla, si es que existía.
OO—OO
La mesa que Rachel había dejado para las bebidas y la comida, estaba a rebosar. Grace sacó de su mochila el último objeto: una caja extra grande de ranas de chocolate.
- ¿Cómo has conseguido todo eso? –preguntó Lily asombrada-.
- Le hice chantaje emocional a Remus para que me dejara ese mapa tan chulo que tienen –contestó la chica son una sonrisa de superioridad-.
- ¡¿Te dejaron el mapa?! –exclamó Kate-. ¡A mi nunca me le dejan!
Grace se rió, pero se apresuró a aclarar.
- En realidad no me lo dejó, sino que conseguí que él mismo me acompañara a Honeyduckes a comprarlo, y conseguimos que Rosmerta nos diera un poco de crédito con las bebidas. No llevaba dinero suficiente, así que se lo tendré que pagar en la próxima visita. Por cierto Rach, no sé si sabes el filón que tienes –la dijo a la chica que la miró interrogante-. Le chantajeé con que estabas aquí sola y aburrida, y no se pudo resistir.
- ¿Qué es eso de un mapa? –preguntó Lily con curiosidad-.
Sadie estaba tan perdida como ella, pero las otras cuatro parecían saber de qué iba el tema.
- Eso es algo que te tiene que contar James –la respondió Kate con una sonrisa tierna-. Créeme, es más bonito así.
Lily miró interrogante a Grace, que simplemente se encogió de hombros, y, a espaldas de Kate, se llevó un dedo a la sien para indicar que su amiga estaba un poco loca.
- ¿Vosotras cómo lo sabéis? –les preguntó Rachel a Grace y Gis con curiosidad-. La última vez que supe solo lo sabía Kate.
- Casualidad –murmuraron las chicas a la vez-.
Se miraron y se echaron a reír. Sadie bufó desde el sofá donde se había tumbado.
- Es decir, que para enterarme de qué va el asunto, ¿tengo que liarme con alguno de esos? O sufrir una casualidad, claro –añadió ante la mirada de Gis y Grace-.
- Por lo visto –la respondió Lily igual de perdida-. Ya le diré luego a James.
- ¡Pues a mi no me merece la pena! –dijo Sadie encogiéndose de hombros-. Demasiado sacrificio para saber de qué va un trozo de papel.
- Sobretodo porque la única opción sería Peter –respondió Grace entre risas-.
Las chicas se rieron, pero Gis la tiró a su amiga con un cojín.
- No te metas con Peter. Es un chico encantador. Además, creo que está detrás de ti.
Lily y Kate se rieron aún más y comenzaron a jalear, provocando la incomodidad de la rubia.
- Oye Grace, que ahora no sales con nadie, y podrías darle una oportunidad al chico –se burló Kate-. Así la cosa no sale del grupo.
- También podría quitarte a ti a Sirius, y así seguiría dentro del grupo –propuso Sadie divertida-.
Se divirtió más cuando vio la cara de Gis y Rachel, la expresión celosa de Kate y la alarma en los rostros de Lily y Grace. Un par de segundos después, se echó a reír con esa risa que tantos escalofríos causaba a todo el mundo.
- Se llama ironía –las dijo, provocando las risas divertias de Rachel y Gis, y las risas nerviosas de las otras tres-.
Detrás de la máscara de diversión que se había puesto, observó mejor la expresión de Kate. ¿Sospecharía algo de la relación entre Sirius y Grace? Parecía haberse sentido incómoda con esa broma. Pero no era posible que supiera nada, pues ella lo había comprobado. Claro que también había descubierto que la muchacha estaba llena e inseguridades, y muchas de ellas se debían a como se comparaba constantemente con sus amigas. Siendo Grace la más popular, no la extrañaba que fuera en la que más se fijara. Eso la sacaba de quicio, pero no parecía ser la única a la que le pasaba. Ella, al igual que el resto de sus amigas, no creía que Kate tuviera nada que envidiar a las demás.
- Disculpa si no pilla la broma –dijo Gis risueña. Al parecer Sadie se había quedado demasiado tiempo observando a la morena-. Es que cualquier cosa que sea referente a Sirius, Kate se lo toma muy en serio.
Las chicas rieron, y Sadie creyó ver un leve sonrojo en las mejillas de Kate.
- Desde siempre –añadió Rachel-. Desde el primer día del primer curso.
- Chicas...
- Aún recuerdo la cara de tonta que ponía cuando le miraba –continuó Gis sin escuchar a su amiga-. Parecía como si estuviera esperando que en cualquier momento se arrodillara y la jurara amor eterno.
- Eso no es verdad –se defendió Kate-.
- Bueno, tienes que reconocer que sí –dijo Lily-. Me acuerdo en los TIMOS. En los exámenes te tocaba siempre detrás de él, y tenías que haber visto cómo le mirabas. Tu cara era un poema.
Las chicas se volvieron a reír, y Sadie no pudo evitar contagiarse.
- ¿Habéis acabado de divertiros a mi costa? –preguntó Kate con una sonrisa en los labios-.
- ¡Pero si no nos burlábamos mujer! Solo recordábamos viejos tiempos, y comentábamos lo bonito que es el amor.
Volvieron a reírse todas, pues el tono de Gis era realmente chistoso. Estaban pasando una tarde muy amena, como hacía meses que no tenían.
OO—OO
Regulus observaba toda la fiesta con parsimonia, fingiendo de beber de una copa que llevaba rato vacía. Aún sentía un nudo en el estómago por haber tenido que soportar el trago de estar cerca de Sirius. Le distinguió al otro lado de la habitación, con un plato de canapés en la mano y una postura relajada aunque elegante. No parecía afectado por el encontronazo que habían tenido hacía unos minutos. Eso era una de las cosas que le molestaban de Sirius, su indiferencia total hacia los sentimientos de los demás. Supuso que era fácil para él. Una persona que carece completamente de sentimientos, suele olvidar con frecuencia que los demás sí los tienen.
Mientras le miraba masticar vagamente la comida, con la mirada perdida, intentó verle como decía Sadie, como su hermano. Sin embargo, le fue imposible. Hacía años que ese lazo estaba roto, y le era imposible concebir en ese momento, que ese extraño compartiera la misma sangre que él. Por mucho que su amiga insistiera, él ya no tenía ningún hermano. Solo sentía frialdad al mirar a ese muchacho que tanto se parecía a él, y quizás algo de vacío. Puede que echara en falta al hermano que tuvo alguna vez, el que jugaba con él, el que le prometía las mil aventuras que vivirían juntos en Hogwarts, el que se enorgullecía de ser su hermano mayor... Pero ese hermano, ese Sirius, para él había muerto hacía muchísimo tiempo, y Regulus ya había superado esa pérdida. El lugar que en algún momento ocupó en su corazón, ahora estaba lleno de piedra.
- Regulus, ¿me estás escuchando? –preguntó alguien a su lado, sacándole de sus pensamientos y haciendo que apartara la vista del Gryffindor-.
Descubrió entonces que Yaxilia Selwyn llevaba rato hablándole, y le miraba con el ceño fruncido. Hasta entonces Regulus no se había percatado de su atuendo, pero en ese momento vio lo ridícula que estaba con esa pluma verde en la cabeza. Intentó esbozar una sonrisa cortés, ignorando la burla que sentía en su interior. Y nunca era buena idea meterse con un Selwyn.
- Disculpa, me distraje.
Yaxilia agitó la cabeza con presunción, y le habló de nuevo, más seria que antes.
- Te decía que estás navidades daremos una fiesta en casa. Los Malfoy la dieron el año pasado, pero la verdad es que quedó bastante cutre al final. No me extraña que Lucius se muriera de la vergüenza. Invitar a su primo para que apareciera con una mestiza... En fin, no se habló de otra cosa hasta las fiestas de Pascua. Nosotros tendremos mucho más cuidado con quien invitamos. Solo los puros –añadió sonriendo-.
Regulus forzó una sonrisa de vuelta. La verdad es que solo la había escuchado a medias. La mayor parte del tiempo la había estado mirando las cejas, y preguntánose como era posible que no hubiera ningún espacio entre ellas. Notó que le había vuelto a decir algo, pero por la cara de su compañera debía haber sido una pregunta, pues estaba esperando su respuesta. Para no reconocer que había vuelto a distraerse, asintió levemente, haciendo que la chica sonriera más.
- ¡Perfecto! Pues allí nos veremos. Mis padres se alegrarán mucho sabiendo que tú serás mi pareja en la fiesta, y seguro que tus padres también estarán encantados.
Regulus se rió nerviosamente, pero al parecer Yaxilia no lo había notado, pues le sonrió de vuelta y dio un gran trago a su bebida mientras observaba en derredor. Regulus tragó saliva. Ya había tenido bastante con la compañía de la chica en el baile de Halloween, y ahora volvería a tener que sufrirla toda la noche de Navidad. Al menos la primera vez Sadie le había salvado, aunque fuera sin querer, de soportar durante más tiempo a su aburrida compañera. Definitivamente, el ser una Selwyn no compensaba todos sus demás defectos, por mucho que Regulus había pensado que sí al principio.
Lejos de él, Sirius observaba como James bailaba por tercera vez con Jane. Se estaba empezando a aburrir, y ver a su amigo hablar en voz baja con la chica mientras esta sonreía, no era lo más divertido del mundo. Se prometió a sí mismo que si James tardaba dos minutos más, se encargaría de que Lily se enterara de eso.
- Hola, Sirius –dijo una voz cerca de él-.
Miró en derredor, y tuvo que bajar la mirada para ver a la chica que le había hablado, que no debía medir más de metro y medio. La miró con su ceja derecha alzada, preguntándose quién sería.
- Hola –contestó mecánicamente-.
La miró detenidamente, intentando encontrar algo que le recordara quién era esa chica. Bajita, buen cuerpo, el cabello peinado en una morena melena por debajo de los hombros, y los pómulos altos. No le sonaba de nada.
Sin embargo, la chica le sonrió como si fueran amigos de toda la vida, y se apoyó en la pared, de modo que el escote de su túnica color azul se abriera más. La mirada de Sirius bajó hasta allí instintivamente, y la chica sonrió más ampliamente.
- No te acuerdas de mi –le dijo. No era una pregunta-.
Soltó una estúpida risita que le irritó, y Sirius se apoyó en la pared, volviendo a buscar a su amigo con la mirada, ignorando la presencia de la chica.
- Bueno, no importa –dijo ella tras un rato en silencio-.
Sirius la volvió a mirar, y la chica hizo una mueca que pretendía ser seductora. Sirius suspiró. Algunas eran muy evidentes. Ella se tomó a bien el suspiro del chico y se acercó más a él, rozando a propósito sus muslos con la rodilla derecha del chico.
- Oye, ¿es verdad lo que dicen?
Sirius tardó un rato en contestarla, pero consideró que no tenía por qué callarse ante una pregunta tan inocente.
- Depende. La gente dice muchas cosas.
La chica volvió a soltar otra vez la risita, y él rodó los ojos mientras se llevaba el vaso a la boca. Sentía que si seguía allí dos minutos más, iba a necesitar algo más fuerte que una cerveza de mantequilla.
- Pues dicen que has vuelto con Hagman.
Sirius bajó la mirada sorprendido.
- No es que sea asunto tuyo, pero es evidente. ¿No nos has visto juntos últimamente?
La chica no alteró su sonrisa ni siquiera un poco, sino que entornó los ojos divertida.
- Solo quería asegurarme...
Sirius volvió a resoplar. Más bien parecía una excusa absurda para acercarse a hablar con él, pero temió que si lo decía en voz alta, la chica se tomara mayores confianzas.
- Entonces ya te has asegurado. ¿Necesitas confirmar algún rumor más? –preguntó ya molesto-.
La chica volvió a reírse. Él se prometió mentalmente comunicarle a James que si tanto le molestaba la risa de la novia de Jeff, era porque no había escuchado a su nueva amiga. Sintió una caricia en su brazo, y vio cómo la chica pasaba la mano por toda la extremidad, acariciándolo también con la mirada. ¿Qué pretendía?
Levantó la vista, y le miró con una sonrisa sensual, mientras un brillo desconocido se reflejaba en sus ojos.
- Dime, Sirius. ¿En verdad eres tan despistado, o esta frialdad es una técnica para ponerme a mil?
Sirius la miró sorprendido. ¿El desprecio la ponía a mil? Desde luego había chicas muy raras. Se apartó, intentando no ser demasiado brusco, no fuera que eso la excitara.
- Una buena técnica, esta de hacerse de rogar –dijo la chica sin percatarse de sus verdaderas intenciones-.
Definitivamente esa chica estaba loca. ¿Quién utilizaría una técnica tan absurda? Cualquiera que se interesara por una chica, haría lo posible para acercarse a ella, no alejarse. Él no creía que la mayoría de las chicas se sintieran incentivadas por el rechazo, al menos no con las que él se había relacionado.
Además, las técnicas de Sirius eran tan sencillas como conocidas por todos. Cuando una chica le gustaba, iba a por ella de forma evidente, para que ella no tuviera dudas. ¿De qué servía ser sutil? Eso, tanto James como él, lo tenían claro. Esa era la técnica que había utilizado con Grace en el pasado, a pesar de que le daba vergüenza ser tan directo en un tema en que aún era un novato. Y esa técnica la había usado con más chicas después de ella.
Con Kate fue distinto. No se fijó en ella hasta que salieron juntos la primera vez, y no comprendió lo especial que era hasta varias citas después. No sabía si era por la inseguridad que ella reflejaba o por qué, pero Kate no era una chica que llamara la atención a simple vista. Había que conocerla mejor para ver lo que la hacía única, y Sirius agradecía eso, pues sino alguien más lo habría visto y se le habría adelantado.
Se había despistado pensando, y volvió a la realidad cuando notó que la chica estaba más cerca suyo de lo que recordaba. Estaba casi a su altura, y no sabía cómo lo había hecho solo con ponerse de puntillas. Lo más acojonante era lo cerca que estaba, un poco más y sus labios estarían sobre los de él.
- ¡Eh, eh, que corra el aire! –exclamó pasmado-.
La empujó lejos, siendo más brusco de lo que pretendía en un primer momento. Ella se apartó el pelo de la cara, e ignoró las miradas de algunos de alrededor.
- ¿Qué pasa? ¡No me irás a decir que no te interesa! –exclamó sin creérselo, y soltando de nuevo la risita-.
- Pues es justo lo que te voy a decir –la contestó Sirius molesto-. ¿No decías que sabías que tengo novia?
- Pero no me importa, no soy celosa –dijo con otra risita. Se acercó de nuevo a él, acariciándole el pecho hasta que él la apartó la mano. Le miró un poco más seria, pero aún con su sonrisa sensual-. Si el problema es la gente, podemos ir a un sitio más tranquilo. Tu novia no se enterará de nada, no será como la anterior vez.
Sirius se quedó un poco pillado por esa afirmación, hasta que de repente se acordó de la chica. Era a la que había usado como prueba para la apuesta de Moony, esa que tanto había molestado a Kate, por culpa de quien habían estado un mes peleados. Eso no hizo que sintiera más simpatía por la muchacha, y luego recordó que lo que le había parecido el gran fallo, era el gran vacío que parecía haber en la cabeza de la chica. Por eso, no pudo evitar preguntar con desprecio.
- ¿Qué haces en la fiesta?
La chica no pareció molestarse por el tono, sino que se encogió de hombros.
- Vine con Dirk Cresswell, pero cuando te vi solo pensé que tu novia te había vuelto a dejar, y quizá necesitabas compañía.
Sirius volvió a apartarse de nuevo. Estaba empezando a perder la paciencia.
- No necesito compañía. He venido con mi colega, solo que ahora le tengo ocupado haciendo de psicólogo.
La chica volvió a acercarse de nuevo. Se puso de puntillas y le pasó los brazos alrededor del cuello con fuerza.
- Vámonos donde quieras. Yo no se lo diré a nadie, prometido.
Acercó sus labios de nuevo, y Sirius, quien no la podía soltar los brazos apartó la cara, ya enfadado.
- ¡Mujer, date a respetar un poco! –la gritó a la cara, consiguiendo que le soltara-.
La chica frunció un poco el ceño.
- Si no te gusto, ¿por qué me buscaste ese día? –preguntó confundida-.
- Pues por una apuesta –contestó Sirius con impaciencia-.
La chica sonrió con confianza de nuevo.
- Sí, claro... –contestó con sarcasmo, acercándose de nuevo-.
Esta vez Sirius no se estuvo con tonterías. Con un movimiento de barita, los labios de la chica se convirtieron en una cremallera cerrada, y él suspiró cansado.
- Que conste que te lo has buscado tú –la dijo con indiferencia-.
Pasó por delante de ella para dirigirse a buscar comida, sin hacer caso de las quejas ahogadas que emitía la chica. Necesitaba comer algo más para superar ese trauma.
OO—OO
Dumbledore se paseaba de un lugar a otro por el pequeño despacho, mientras escuchaba todo cuanto su colega le estaba contando. Ese lugar no guardaba ningún parecido a su despacho e, Hogwarts, pero tenía aún más protección y discreción si eso era posible. Pese a su aspecto sucio y desvalijado, el lugar contaba con los más potente hechizos defensivos que existían.
Terminó de escuchar lo que Adam Potter le estaba contando, mientras el hombre también se paseaba nerviosamente por la habitación. Aún llevaba su túnica de viaje, y en un rincón descansaba su pequeña maleta. Ni siquiera había pasado por su apartamento para asearse, sino que nada más poner un pie en Londres había acudido a la cita que previamente había preparado con el comandante de la Orden. No había podido regresar antes de su trabajo en Suiza, y la espera de informar de la inusitada visita que había tenido, le había carcomido por dentro.
- ¿Cómo resolviste el asunto frente a los demás compañeros? –preguntó Dumbledore una vez lo hubo escuchado todo-.
Estaba tranquilo, pero en sus ojos brillaba la preocupación. Pocas veces contaban con un ataque tan directo que no fuera perpetrado por los mismos mortífagos. Alguien intentaba jugar al despiste.
- Hice parecer que era un ataque contra los miembros del Ministerio. Fue útil que Anderson resultara herido, pues creyeron simplemente que había detrás un loco que intentaba crear un problema diplomático entre ambos países. El conserje no recuerda nada sobre quién le pude echar la maldición, por lo que no ha sido de mucha ayuda. Y además, los Ministerios zanjaron enseguida el tema. Habrían considerado muy sospechoso que yo siguiera investigando cuando fue Anderson y no yo quien resultó atacado.
Dumbledore asintió mientras se sentaba en una de las viejas sillas de madera.
- ¿Y tú estás seguro que no es eso, Adam?
- Iba a por mi, Albus. Al principio no me quedó tan claro, pero después me di cuenta de que Anderson solo fue un daño colateral. Antes de que me atacara, comprobé que algunas cosas no estaban en su sitio. Me estuvo registrando.
- ¿Y crees que buscaba...?
- No lo sé. Pero, ¿qué, sino? –respondió el hombre encogiéndose de hombros, mientras se apartaba el sudoroso cabello rizado de la cara-.
Dumbledore se llevó una mano a la barbilla de forma pensativa. Estuvo varios minutos en silencio, ignorando el nerviosismo del hombre que se seguía paseando por la habitación.
- Me preocupa mucho –dijo finalmente-. No es lógica la forma en que se dieron las circunstancias. Además, ¿quién podría saber...?
Dejó la pregunta sin terminar, pero no era necesario.
- El contenido de las cajas solo lo sabemos nosotros cuatro y usted, señor. A menos, claro, que haya decidido confiar en alguien más.
- A veces te ves obligado a confiar en quien no quisieras, amigo mío –suspiró el anciano-.
- ¿Qué quiere decir? –preguntó Adam parando su caminata y mirándole con el ceño fruncido-.
Dumbledore levantó la vista, hasta fijarla en los ojos marrones que le miraban con suspicacia.
- Quiero decir que el contenido de las cajas no es mi secreto. Otros conocían ese misterio antes que yo, y no sé si son las personas adecuadas.
- ¿Por eso ha llegado a oídos de Voldemort su existencia?
- No lo sé. Quiero pensar que no, pero la situación es delicada... Lo único que sabemos a ciencia cierta es que Voldemort sabe de la existencia de las cajas, y que las quiere en su poder. Lo demás, son solo conjeturas. Roguemos a Merlín para que no sepan que están en nuestro poder ni cómo acceder a nosotros, porque eso os colocaría en más peligro del que quiero exponeros. Quiero pensar que ese ataque es casualidad, pero nunca habían actuado así.
Adam se removió inquieto. Sujetó el respaldo de una silla con las manos, apretando fuerte hasta que los nudillos se quedaron blancos. Por fin se aventuró a realizar la pregunta que le estaba rondando la mente los últimos días.
- ¿Cree que hay una forma de que sepa dónde están exactamente? ¿Cree que mi ataque esté relacionado con algo?
Dumbledore suspiró de nuevo.
- Supongo que hay muchas formas a través de las que podría averiguarlo. Por eso debéis estar preparados –se levantó con determinación, mientras volvía a caminar frente a su antiguo alumno-. Siempre he considerado que la información es poder, y en eso podemos aventarle a Voldemort. Él no cuenta con toda la información.
- Pero nosotros...
- Nosotros sí podemos tenerla, amigo mío. Mi amigo Leonardo solo conocía una parte del proceso. La otra correspondía a sus compañeros. Sé quién sabe el resto de la información, y creo estar seguro de que nos la dará.
Adam se le acercó con curiosidad y asombro.
- ¿Quién? No entiendo, pensé que solo tres lo conocían, y ahora aparecen más...
- A su debido tiempo, muchacho. Intentaré contactar con esa persona, e intentaré realizar una reunión. Cuanto antes, mejor.
- Verdaderamente nunca debieron crear esas cajas... –murmuró Adam cerrando los ojos con un suspiro cansado-.
Dumbledore se acercó hacia la pequeña ventana que había tras una estantería a medio caer. Observó el cielo nublado por unos instantes, y también suspiró.
- Cuanta razón tienes. Los magos no deberíamos intentar comportarnos como dioses...
OO—OO
Tras comer y beber lo que las apetecía, las chicas se habían acomodado, y habían comenzado con una sesión que aburría increíblemente a Sadie. Se estaban peinando y arreglando entre ellas mientras se contaban cotilleos de personas a las cuales, la mayoría, ella no había oído mencionar nunca. El ambiente era tan cursi, que a la chica la extrañó que no salieran de las bebidas burbujas rosas adornando el ambiente.
- ¡Eso no es nada! –exclamó Grace con emoción mientras la hacía trencitas a Gisele por toda la cabeza. Al contrario que Sadie, ella estaba en su ambiente-. ¡Si supierais! ¡Lily! –gritó, recordándola a la chica por qué la había odiado el primer día que la conoció-. ¿A qué no sabes quien va ahora detrás de Mark? ¡Lisa McKonnor!
Sadie no tenía idea de quien era, pero las demás sí debían saberlo, pues comenzaron a hablar varias a la vez emocionadas.
- ¿La de sexto? –preguntó Rachel con alegría. Esa chica llevaba desde cuarto curso colada por Remus, y se pasaba el día siguiéndole para pedirle consejo en sus clases, como excusa. La verdad es que acababa pareciéndose a una fan, muy muy pesada-.
- ¡Sí! –exclamó Grace entre risas-. Al parece ha oído que Lily quedó bastante satisfecha, y también quiere probar.
Lily la ignoró, aunque se sonrojó levemente por el comentario, y siguió alisándola el pelo a Rachel, mientras se mordía la lengua por la dificultad. Lo cierto es que ni la mejor varita podía dejar completamente lisos esos rizos. Grace la tiró con un cojín para que reaccionara, y la pelirroja la sacó la lengua infantilmente, haciendo que Kate tuviera que dejar de pintarle las uñas a la cumpleañera del ataque de risa que tuvo.
- Eso solo prueba que la gustan inteligentes –concedió Lily ganándose el apoyo de Rachel-.
- A mi lo que me preocupa es lo que vio tu hermano, Sadie –dijo Gis, aunque parecía todo menos preocupada-. ¿Es cierto que Emma le ha puesto o le va a poner los cuernos a Daniel con Rupert?
- ¿Quién? –preguntó completamente perdida. ¿Qué hacía Jeff en medio de eso? Ya no entendía nada-.
- Los que señaló en el recuerdo –la dijo Kate apuntando al pensadero con el esmalte de uñas-.
A Sadie aún la costó recordar de lo que hablaban, pero de pronto recordó la pequeña e insignificante conversación que había tenido con su hermano antes del espectáculo de Gisele.
- ¿Te doy información para que te vengues de un niñato, y lo más importante que sacas del recuerdo es eso? –preguntó atónita-.
- Pero, ¿es cierto? –preguntó Gis ignorando su tono de voz. Sadie se encogió de hombros y se tumbó en un sofá, haciendo caso omiso a la conversación-.
- Yo ni siquiera sabía que Emma y Daniel estuvieran saliendo. Siempre han sido íntimos ellos tres –dijo Rachel encogiéndose de hombros-.
- Nah, fue a principios de curso.
- Y menuda sorpresa, porque todos pensábamos que a Emma la gustaba Rupert –dijo Lily negando con la cabeza-.
- Bueno –se rió Rachel-. Como sea verdad lo que vio Jeff, tampoco íbamos tan desencaminados-.
Al contrario que Sadie, ellas parecían disfrutar de una conversación tan absurda e insustancial. Si se concentraba, casi podía ignorarlas. Claro que eso fue hasta que recibió un almohadazo en plena cara. Casi no necesitó abrir los ojos para saber quién había sido.
- Sandler, ¿tengo que decirte dónde puedes meterte el cojín?
- Seguramente no en un sitio bonito –contestó esta sarcásticamente, pero de buen humor-.
Sadie reprimió una risa, pero sus labios se curvaron hacia arriba sin poder evitarlo. Iban mejorando día a día su trato, pero extrañamente a ella se sentía incómoda al llamarla por el nombre de pila. Tenía la sensación de que, pasara lo que pasara, esa chica siempre sería Sandler.
- No te estás divirtiendo mucho –observó Gis algo menos animada-.
- ¡Déjame pintarte las uñas! Al menos así te entretienes –se prestó Rachel intentando animar el ambiente-.
- No, déjalo –rehusó Sadie sin moverse-.
Rachel se puso en pie, arrastrando con ella a Lily que seguía apuntando a su pelo con la varita.
- Te las pintaré de negro, así no traicionas tu estilo –insistió haciendo que Sadie sonriera-.
Sin embargo, se llevó las manos a la espalda para protegerlas de la chica. Grace bufó sin dejar de mirar su trabajo en el cabello de Gisele.
- Tampoco se te van a caer –la dijo-.
Sadie suspiró, y dejó que Rachel la pintara las uñas como quisiera, pues no quería parecer descortés, y mucho menos con ella.
- Si no es porque no tenga nada que me entretenga...
- ¿Entonces?
- Nada –dijo encogiéndose de hombros-. Es solo que no me divierte hablar de gente que no conozco, ni me importa.
- ¡Pues hablemos de nosotras! –exclamó Gis de fondo-.
Lily chasqueó la lengua.
- Nos conocemos de sobra entre nosotras, Gis.
- No, no. ¡Me refiero a que hagamos una guerra de confesiones! Digo yo que algo más habréis hecho desde la última vez. ¡Haber quien gana! –añadió entre risas-.
Sadie las miró extrañada mientras por la cara de las chicas pasaban multitud de emociones, desde la conformación de Kate, pasando por la cara de asqueo de Lily, hasta la emoción de Gisele.
- ¿Quién gana? –preguntó en voz alta. ¿Cómo se podía ganar en confesiones? Era lo más absurdo que había oído en toda la tarde, y eso era decir mucho-.
- Es un juego que jugábamos en tercero o cuarto –dijo Lily con expresión paciente-. Se dice un tema, y cada una tiene que contar su experiencia en él. La que lo haya hecho antes, gana. Llevamos años sin jugar porque ya es absurdo.
- No. Era porque estabais hartas que siempre ganáramos Gis y yo –la recordó Grace-.
- Cierto –apoyó Gis-. La última vez solo jugué con Kate y Rach y parecía que estaba jugando sola. Se volvió aburrido. ¡Pero ahora ya deberíamos tener más experiencias! –añadió risueña, mientras Grace se reía detrás de ella-.
Sadie arqueó las cejas. Era igual de absurdo que lo demás, pero al menos parecía más entretenido, y no empezarían a nombrar a personas que vete a saber tú quiénes eran. Se apuntó sin mucho entusiasmo, y las demás no tardaron en aceptar resignadas.
- ¡Al ser mi cumple yo decido! –exclamó Gis pegando un bote que casi le da con la cabeza a Grace en la barbilla-. La última vez recuerdo que gané porque fui la única que lo había hecho, pero ahora sé que no –dijo sacando la lengua. Se volvió hacia su mejor amiga con una sonrisa maligna-. Rachel, el primer beso. Desembucha.
Rachel rodó los ojos, y compartió una risa divertida con Lily. Era lo más predecible por parte de Gis, y al menos no era incómodo de su parte.
- Ni que fuera un misterio. Solo me ha besado una persona porque los demás me dan grima. Fue con Remus cuando empezamos a salir.
- Y poco después llegó su primo, les pilló en plena faena, e intentó pegar a Remus con la escoba de James –le explicó Kate a Sadie mientras se reía, recordando aquello. Sadie sonrió un poco, imaginándose la situación-.
- ¿Sadie? –preguntó Rachel. Esta la miró interrogante, y la chica sonrió más ampliamente-. ¡Cuéntanos tu historia!
Sadie puso cara de horror, y estuvo segura que si hubiese sido un poco más parecida a Jeff, ahora estaría colorada como un tomate.
- Yo no he tenido beso –dijo intentando escapar de la respuesta-.
- ¡No me lo creo! –exclamó Grace negando con la cabeza-. ¿Ni siquiera el experimental?
- ¿Qué es eso?
Grace dejó por un momento las trenzas de Gis, y se irguió, imitando la postura que ponía Lily cuando la preguntaban algo en clase.
- Dícese del beso que te acabas dando con un amigo o similar, para ver de qué va el rollo del que todos hablan, y comprobar si es para tanto.
Incluso Sadie tuvo que reírse ante esa actuación, pero cuando las cinco se la quedaron mirando, se removió incómoda.
- Pero eso es sin importancia –las demás siguieron insistiendo, hasta que se rindió-. Bueno, fue con mi amigo Emil a los doce años.
- ¿A los doce? –preguntó Rachel con una sonrisa irónica dirigida su a mejor amiga-.
- Sí, pero fue lo más asqueroso del mundo. No nos hablamos durante dos semanas porque el muy tonto se ponía colorado. A mi, personalmente, no me dieron ganas de repetir con nadie. Y a él le aclaró bastantes cosas –recordó riéndose-.
Las demás también se rieron, aunque no sabían qué era tan gracioso. Al parecer estaban esperando a que ella le preguntara a otra, por lo que se dirigió a la que más cerca la quedaba.
- ¿Kate?
La chica sí se sonrojó un poco mientras soltaba una risa divertida.
- Aviso que esto va a ser insólito. ¿Preparadas? –se había conseguido la atención de todas con eso, y habían dejado lo que estaban haciendo para mirarla. Incluso Sadie levantó la cabeza con curiosidad-. Fue con Richard.
Tardaron unos segundos en reaccionar, en los cuales podía haberse oído lo que susurraban los Slytherins en su sala común.
- ¿Mi primo Richard? –preguntó Rachel pronunciando las palabras despacio-.
Kate se había cohibido un poco con la reacción de las demás, y asintió con la cabeza, un poco extrañada.
- Fue más bien como lo de Sadie. Un beso experimental de esos de los que tanto sabe Grace.–añadió riéndose, pero se encogió de hombros, pues las demás aún no salían del asombro-. Estábamos en quinto y todos estabais hormonados perdidos, hablabais todo el día de ello, y sentíamos curiosidad. Siempre tuvimos mucha confianza, así que...
- ¿Y, cómo fue? –preguntó Grace con curiosidad-.
Kate se puso aún más colorada, y se encogió de hombros torpemente.
- No estuvo mal –admitió-. Algo húmedo, eso sí, pero fue agradable.
Repentinamente Rachel se echó a reír.
- ¡Lo consiguió y no me dijo nada, que capullo!
- ¿Por qué te lo iba a decir? –preguntó Kate algo picada y profundamente aliviada de que Richard no hubiera sido tan chismoso como su prima-.
- Porque él sabía que yo sabía que estaba colgado por ti, y habría estado bien saberlo –la respondió con suficiencia-.
Kate se quedó un poco shokeada cuando oyó eso, pero la mayoría de sus amigas se echaron a reír.
- No digas tonterías –dijo con un hilo de voz-.
- No son tonterías -dijo Gis sonriendo-. De hecho, lo sabíamos todos, menos tú, claro, que no te enteras de nada.
Se habría podido freír un huevo en las mejillas de la pobre Kate, y aún pensativamente le cedió el turno a Lily. Esta rodó los ojos, como si el recuerdo no fuera el más agradable del mundo.
- Bueno, fue a finales de quinto con Bertram Aubrey.
Compartió con Grace una mirada exasperada, y la rubia se echó a reír sin control.
- Eso explica por qué James se ensañó de esa forma con el Premio Anual –dijo Gis comenzando a reírse-.
- ¿Fue por eso que James y Sirius le pusieron la cabeza así? –preguntó Rachel divertida-.
- Justo –murmuró Lily entre dientes. A ella no parecía hacerla gracia-. Fue poco antes de los TIMOS y me estaba explicando mejor lo de los animagos, cuando se fue inclinando poco a poco. En fin, quizá lo habría disfrutado más si no se hubiera separado al instante gritando de dolor. De repente su cabeza comenzó a crecer a una velocidad alarmante, y vi al idi... a James, apuntarle con la varita. Cuando conseguí que le dejara en paz, Sirius continuó su trabajo. Tal para cual...
Se cruzó de brazos con fastidio, suspirando como quien suplica paciencia.
- Era un chico bastante mono –dijo Gis para que se la pasara el cabreo-.
- Pero no quedó muy guapo después de eso –rió Rachel recordándolo-.
- Sí, ya... Bueno, dejémoslo. Grace, cuenta lo tuyo anda...
Grace hizo un gesto con la mano, indicando que dejaba a su amiga por imposible. Se la quedó mirando unos segundos, repentinamente seria, y Lily se puso a pensar qué sería lo que la incomodaba. Sin embargo, al segundo siguiente la rubia tenía la misma expresión divertida de siempre.
- Bueno, mi primer beso fue con Ben Harmer.
La reacción de las chicas la hizo ver a Sadie que no era alguien muy querido. Como siempre, Gis fue la más clara.
- ¡Ese era gilipollas! Iba por el colegio como si fuera de él. James y Sirius a su lado, son solo unos chicos modestos y encantadores.
- Lo sé –respondió Grace encogiéndose de hombros-. Pero yo estaba en cuarto y él era de último año. "Estaba guay" –ironizó con un gesto despectivo-. En fin, Mellisa me convenció para que saliera con él a una cita, y yo la hice caso con los ojos cerrados.
- Siempre la hacías caso –contestó Lily con un resentimiento ya antiguo-.
Desde el primer día que pisó Hogwarts y Grace conoció a Mellisa Spellman, la consideró en su ídolo personal, y se convirtió en su perro faldero, haciendo caso de todo lo que la decía.
- Ya lo sé –contestó de mal talante-. Todo el mundo tiene derecho a ser imbécil una vez en su vida. Créeme, aprendí muy bien a no confiar en esa...
Se quedaron dos segundos viendo el enfado que se reflejaba en su rostro. Todos sabían que no habían acabado bien, pero había sido llamativo ver como Grace había pasado de la admiración al odio de un día para otro. Para distraer la atención, Lily le recordó a Gis que la tocaba el turno.
- Buah, esa ya la sabéis.
- Sadie no –insistió Lily-.
- Bueeeeno. –se volvió hacia la chica para contarla exclusivamente a ella la historia-. Verás, cuando yo estaba en tercero, en sexto año había un pobre chico con la peor pinta que te podías imaginar: granos por toda la cara, orejas de soplillo, las gafas de su abuelo... Vaya, que no tenía nada que agradecerle a Merlín. Pues resulta que me lo encontré un día en el baño con la cabeza dentro de un retrete, obra del simpático con el que más tarde salió Grace. Le ayudé, le consolé un rato, y por pena le di un beso. Fue cutre, ¡pero fui la primera! –vitoreó alzando los brazos-.
Las demás se rieron y Grace y Kate la dieron una colleja a la vez.
- Ya no –anunció Kate risueña-. Por fin encontramos a alguien que te ganó –dijo señalando a Sadie, que hizo una especie de vago saludo con la mano, como si estuviera demasiado perezosa para hacer más-.
Gis hizo un mohín de disgusto, pero aceptó la derrota con deportividad.
- Vale, vale. Sadie ha ganado lo del primer beso, me da igual. Hay muchas cosas en las que no me podéis ganar ninguna –dijo con una sonrisa traviesa-. ¡El primer castigo! Creo que en este castillo en toda su historia solo me ganaron James, Sirius y Peter.
- Creo que nadie, en la historia de Hogwarts ha corrido tanto como ellos –dijo Lily con disgusto-. Ni siquiera dieron tiempo a acabar el banquete de selección...
- Ellos son los ganadores innegables –concedió Gis-. Pero a mi me castigaron dos semanas después. Slughorn aún debe tener pesadillas con eso. Aún hoy en día me mira con rencor...
- También es que pobre profesor –se compadeció Lily-.
- Se puso demasiado intransigente –intercedió Rachel por su amiga-. Acabábamos de empezar, y eso le pudo haber pasado a cualquiera...
Hubo algunas risas ahogadas. El "talento" que tenía Gis para las pociones, no lo podía tener cualquiera tampoco.
- Tuvieron que comprar mesas nuevas después de aquella explosión –recordó Lily en su defensa del profesor-.
- Y Remus y yo acabamos en la enfermería con ramas de alcornoque em la frente –Grace no podía parar de reír al recordar aquello-. Yo ahí tardé más. Solo me han castigado una vez, el año pasado por pegar con el bate a un Slytherin. La profesora McGonagall fue muy exagerada ahí, porque una cosa es una jugada peligrosa, y otra una agresión deliberada.
- Grace, el partido había acabado hacía diez minutos, y tú le golpeaste con el bate que le habías quitado al golpeador –la recordó su mejor amiga-.
Grace bufó, tirando sin querer a Gisele del pelo.
- Encima que lo hice por ti, Lils. Él te insultó.
- No te pedí que lo hicieras. Bien sabías que era una provocación porque le habíamos hecho perder el campeonato.
- Me acuerdo de que James estaba tan contento de haber hecho perder a Slytherin, que no le importó que Hufflepuff se llevara la copa –recordó Kate con una sonrisa. Por hablar las demás se la quedaron mirando para que contara su experiencia, si es que la tenía-. Bueno. Yo también el año pasado, ya sabéis. Se me ocurrió intentar a ayudar a Sirius a librarse de un castigo –la aclaró a Sadie con expresión de disgusto-. Nunca más.
Las demás rieron, pero Lily las propuso que tomaran nota para no terminar igual.
- ¡Bah Lily! Porque a ti no te hayan castigado nunca, no significa que a las demás no nos guste el peligro –la picó Gis en broma-.
- ¡Eso es falso! Aquí nuestra impoluta prefecta perfecta tiene una mancha en su expediente –se chivó Grace armando un gran revuelo-.
Lily se habría cargado a su amiga, pero estaba bastante ocupada ofendiéndose por las reacciones de sus amigas.
- ¿Cuándo ha sido eso? –preguntó Rachel con los ojos como platos-.
- Hace como un mes –dijo una voz que no esperaba nadie: Kate-.
Lily frunció el ceño. Era mucho esperar que Sirius se callara la boca. Al menos no lo había publicado en el tablón de la torre, aunque seguro que Remus tenía que haber intercedido para lograr eso.
- ¿Qué hiciste? –preguntó Gis con curiosidad-.
- Incluso Sadie estaba interesada.
- Intentó pervertir a James.
- ¡Oye, Grace, no lo cuentes así! Solo intenté averiguar si se sentía atraído por mi, y GRACE me dio la idea de que podría vestirme un poco sensual haber cómo reaccionaba. Evidentemente la profesora McGonagall no lo consideró una buena idea.
- ¡Así que era por eso! –exclamó Sadie carcajeándose-.
- ¿El qué? –preguntó Lily extrañada-.
- Nada. Que el pobre comentó un par de veces que si tenía que seguir sufriendo desfiles de ropa, y seguir mostrándose caballero, le acabarían explotando los pantalones.
Lily se sonrojó violentamente mientras las chicas lloraban de risa. Gis acabó rodando por los sillones sin poder dejar de sujetarse el estómago. La pelirroja, incómoda, intentó desviar el tema.
- Si llego a saber que Sadie era mejor fuente de información, acudo a ella.
- Si hubieras acudido a mi desde el primer momento, las cosas se habrían hecho antes –la respondió esta con una sonrisa enigmática-.
Parecía que Lily la iba a preguntar, por lo que Sadie se apresuró a añadir:
- Yo no recuerdo cuándo fue el primero, pero sí de que me castigaron en lugar de otra compañera. Ella había roto algo y me echó la culpa a mi. Claro que me vengue –aseguró con una sonrisa maligna-.
Rachel se pasó la mano por el pelo, por fin liso, y se encogió de hombros inocentemente.
- Yo debería ganar por santa. Nunca me han castigado.
- ¿Ni por hacer una chapuza en clase? –preguntó Sadie extrañada-.
- Eso podría haber sido, pero siempre echaban la culpa a Gis –aclaró riéndose-.
- ¡Da igual, al menos en esto os gano! –exclamó Gis, contenta de vencer sean las circunstancias que sean-.
Siguió inventándose situaciones en que pudieran compararse. Era divertido recordar viejos tiempos y compartirlos con las demás. En ese momento, las preocupaciones no existían.
OO—OO
Sirius ya estaba aburrido. Hacía diez minutos que tenían que haberse marchado según sus planes, pero en el momento en que James estaba preparado para huir, Slughorn insistió en que Jane y él tenían que hacerse una foto junto a él. Después les había pedido que continuaran bailando para que pudiera sacarles otra foto, y, por la cara de su amigo, James estaba tan harto como él. De mientras le esperaba, se había dedicado a comer. No había vuelto a ver señales de la chica, lo que era un alivio.
Volvió a robar otra bandeja de canapés a otro elfo que pasaba por allí. Ya se había comido una entera. Excepto por algo que sabía como a tripas de dragón, lo demás estaba estupendo. El problema es que todos los canapés se parecían entre sí, por lo que comerlos era tan arriesgado como probar las grageas de todos los sabores.
Se preguntó vagamente qué estarían haciendo las chicas en ese momento, pero seguro que se lo estaban pasando mejor que él. Eso le recordó que debía devolvérsela a Grace por haberle comprometido a ese aburrimiento de fiesta, y encima cuando Kate no podía acompañarle para hacérselo más ameno. Se estaba cansando de esa relación tan rara que tenía con la chica: en un momento hablaban como buenos compañeros, y en otro momento se lanzaban pullas o se hacían putadas el uno al otro. La verdad es que ya era agotador. Claro que no por eso iba a ser él quien se rindiera primero. Y cuando un grupo de niños de tercero pasaron por delante de él, le dieron la idea que necesitaba para su pequeña venganza.
Se llevó otro canapé a la boca, y al instante escupió el contenido detrás de una cortina. Allí estaban las tripas de dragón. Miró con desagrado el resto del canapé que tenía en la mano y lo tiró por encima de su hombro con despreocupación, mientras iba hacia el otro lado de la habitación a buscar una bebida. Necesitaba algo que le quitara el mal sabor de boca.
Poco más atrás que él, Severus se llevó una mano a la cabeza cuando sintió que algo le golpeaba por detrás. Alguien le había tirado algo, y al comprobarlo, descubrió que la parte posterior de su cabeza estaba llena de una mezcla de tomate rancio, algún embutido, y unas bolitas negras que desconocía qué eran. Miró hacia atrás con el ceño fruncido, intentando descubrir al autor de la "bromita". No le extrañó cuando se encontró con James Potter, quien bailaba con una chica cerca de él y miraba continuamente a todas partes, como si quisiera pasar desapercibido.
¿Quién sino iba a hacer ese tipo de gracias para quedar como un gallito delante de una chica? Ya hacia mucho que Severus se había hartado de ser la víctima de ese bravucón mimado. Él no había nacido para ser víctima. Él no era débil. Él había nacido para ser verdugo, y la marca que tenía en su antebrazo izquierdo lo confirmaba. Sin embargo, lo que más le enfadó fue que fuese a hacerse el gracioso con una chica, teniendo a Lily como novia. Sabía que alguien como Potter no respetaría algo así, y que en cuanto tuviera a Lily, pasaría a la siguiente sin mirar atrás. Alguien tan simple era incapaz de distinguir la singularidad de alguien como ella.
Sacó su varita, dispuesto a retarle a un duelo como siempre había soñado. Sin embargo, la lógica volvió a él en menos de un segundo. Él no era un estúpido Gryffindor, que se basaba en instintos pasionales. Y desde luego la fiesta de Navidad del profesor Slughorn no era el lugar adecuado para hacerle pagar todo a Potter. Parecía muy probable que acabara castigado antes de poder hacer nada, o incluso nuevamente humillado. Allí estaba Black, quien no dudaría un segundo en salir a ayudar a su amigo.
No. El día que se enfrentara directamente con James Potter, lo haría asegurándose que este no contaría con ventaja. Sería un duelo justo y equitativo. Por eso miró a su alrededor, y se aseguró que nadie le vería cuando le lanzó un hechizo a James. Esta vez se podía conformar con eso.
James estaba bailando con Jane, intentando rehuir la atención de Slughorn para salir del despacho corriendo. Al menos había conseguido la complicidad de su compañera de baile. Mientras buscaba a Sirius con la mirada, intentó por última vez hacer de casanova.
- En serio que Josh es un buen chico, ¿eh? Mira que a ese le mangoneas como quieres –comentó James intentando vender a su compañero de equipo-.
- James, sino dejas el temita te juro que no respondo –respondió la chica rodando los ojos, entre fastidiada y divertida-.
De repente, él sintió una quemazón en las piernas, y la túnica se le cayó desgarrada, dejándole solo con los calzoncillos y la camisa que llevaba bajo la túnica.
Se apartó de Jane de un salto, quien se llevó una mano a la boca para ocultar su risa. Varios a su alrededor se rieron, y James recogió su varita, para hacer otro sencillo embrujo que le devolvió su imagen al completo. Miró con el ceño fruncido a Jane, quien dejó de reír al instante.
- Lo siento. ¿Qué ha pasado? –preguntó la chica, pues no había visto venir nada-.
- Prongs, colega, cuando dije que perdía los pantalones por pirarme de aquí, hablaba metafóricamente –exclamó Sirius riéndose sin disimulo, a la vez que llegaba junto a él-.
- ¡Vete a la mierda, Pad! ¿Quién ha sido? –preguntó James de mal humor, y fulminando a todos con la mirada, consiguiendo sofocar las burlas-.
Algunos se siguieron riendo en voz baja, pero fueron lo suficientemente cautos como para hacerlo disimuladamente. Sirius, aunque seguía divertido, también les observaba con fiereza, casi retándolos a reírse. Con los dos muchachos de ese humor, ninguno era tan estúpido como para hacer una burla evidente.
- Igual tiene que ver que Quejicus esté yendo a toda hostia hacia el otro lado de la habitación.
James se giró rápidamente hacia donde su amigo señalaba con el mentón, y vio a Snape intentando confundirse con la gente. Sus ojos se convirtieron en dos rendijas de luz, mientras observaba la figura alejarse con profundo odio.
- Me parece que he tenido a mi amigo Quejicus muy descuidado últimamente. Se ve que me echaba de menos. Ya verás...
- Oye James –intervino Jane observándole con cautela-. Que hacer algo aquí en medio no es muy inteligente. Yo creo que...
- A ti nadie te ha dado vela en este entierro –respondió James secamente-.
Echó a andar a buena velocidad, con Sirius siguiendo sus pasos con una mueca divertida. Jane se encogió de hombros con despreocupación. Luego que no dijeran que no había avisado. A ella, a fin de cuentas, lo mismo la daba.
Se marchó a servirse otra copa, mientras consideraba seriamente si respondía a la sonrisa que el chico castaño del fondo la estaba dedicando. Lo que más gracia la hacía eran las absurdas bromas de James. ¿Que a ella la gustaba el sosainas de Cambell? Desde luego su antiguo amor era único haciendo chistes.
OO—OO
La competencia pasaba por todos los temas. Tan pronto hablaban de la primera discusión con los padres, la primera pelea o el primer regalo, como de la primera cita o el primer amor platónico. Muchos de esos los había ganado Gis, por lo que estaba como loca. Claro está, que nadie había podido superar a Grace con el primer amor platónico. Las chicas creían, o más bien esperaban, que no hubiera muchas más con esa pasión por Davie Walker. Por el bien del cantante y de la música pop confiaban en que nunca llegaran a coincidir en la misma habitación.
Ahora habían llegado a la pregunta del primer suspenso. Por supuesto, Lily había sido eliminada a la primera. Lo del castigo había sido un incidente puntual, pero jamás en el expediente de Lily Evans podría haber un suspenso. Se la había reflejado el horror en la cara tan solo de imaginarlo. Otra que se había desmarcado era Sadie, pero por razones completamente opuestas. Ella no podía recordar cuando había sido el primero, pues nunca le había tomado demasiado interés a sus notas. Kate estaba terminando de contar su trauma con una tentácula venenosa en quinto curso, que la llevó a tener su primer suspenso con un mítico cero redondo.
- No me vuelvo a acercar a una de esas ni aunque me paguen diez mil galeones –dijo con resentimiento-.
- ¡Mi primer suspenso también fue en quinto! –exclamó Rachel con alegría. Al contrario de lo normal, a ella parecía enternecerla mucho ese recuerdo-. Fue en Defensa Contra las Artes Oscuras, y fue la mejor excusa del mundo para pasar más tiempo con Remus.
- Todo en la vida de Rachel parece girar entorno a Remus –le dijo Grace a Sadie fingiendo confidencialidad, pero manteniendo alto el tono de voz-.
- Es su satélite –confirmó Lily entre risas-.
Rachel las sacó la lengua, pero no se molestó en contradecirlas, pues se llevó otro caldero de chocolate a la boca y se recostó con indiferencia.
- El mío fue en adivinación, en tercero –recordó Grace. De pronto frunció el ceño al recordar la bronca que el profesor la echó delante de toda la clase-. Ese rancio no se creyó mi predicción.
- Ya te lo advertí cuando te pusiste a inventártela –le regañó Lily con cara de "Te lo dije"-.
- Todos la inventamos –repuso Grace con brusquedad, mientras Rachel y Gis asentían con la cabeza, dándola la razón-. ¿Acaso tú viste algo en ese mapa astral? Tampoco me parece tan difícil de creer eso de que me fueran a dar el premio a la cazadora del año.
- Sí, era muy verosímil teniendo en cuenta que entonces ni siquiera estabas en el equipo –la respondió Kate con una sonrisa-.
Para no perder la costumbre, la rubia la respondió con un almohadazo y una risa en cuanto dio en el blanco.
- ¿Cumpleañera? –preguntó Sadie. La verdad que era un juego al que podías acabarte picando. Se recordaban momentos muy cómicos de esa forma-.
- ¿Acaso lo dudáis? –preguntó Gis con suficiencia-. ¡En primero, obsequio de Slughorn!
Levantó ambos brazos en señal de victoria, y las demás se rieron resignadas. Kate cogió la última cerveza de mantequilla y se la ofreció como premio.
- Has vencido –reconoció, a lo que Gis contestó con un baile de la victoria-.
Todas se rieron mientras Gis se dejaba caer al lado de su mejor amiga, mandándolas besos con las manos, como si fuera un estrella famosa.
- Has tenido suerte –la picó Rachel en voz baja-. Con otras cosas no habrías ganado.
Una sonrisa maliciosa se hizo paso en el risueño rostro de Gisele, y Rachel se dio cuenta de lo que había hecho. Si había algo que había aprendido en siete años de convivencia es que nunca, jamás, se sacaba algo bueno de retar a Gis.
- Olvida lo que he dicho –dijo apresuradamente-.
Gis se rió negando con la cabeza.
- No, no. Es una idea estupenda. ¡Chicas, la última competencia! Esta sube de nivel, y la que la gane, la nombramos ganadora de todas las competencias.
- En que momento hablé... –suspiró su amiga cerrando los ojos con fuerza, para ver si así se libraba de oír lo que estaba segura que oiría en unos segundos. Las demás aceptaron por el buen humor que las había dejado el juego, sin sospechar nada-.
- La primera vez –anunció Gis orgullosa-.
- ¿La primera vez, que qué? –preguntó Lily perdida-.
- ¿Quieres decir el primer polvo? –habló Grace llamando a las cosas por su nombre, y consiguiendo un codazo de parte de Lily, cuya temperatura facial había subido alarmantemente en milésimas de segundo-.
Gis asintió entre risas, y las chicas comenzaron a rehusar incómodamente. Ella no se dio por vencida.
- ¡Vamos! A la ganadora también la corresponde la última cerveza. Esta casi llena –dijo alzando la botella y moviéndola para que se oyera el líquido que había en su interior. Las chicas continuaron negándose-.
- ¿Estamos en confianza, no? ¡Atreveos! –para sorpresa de todas, la que reflejaba ese entusiasmo era Sadie-.
La miraron extrañada, preguntándose por qué no era la primera que quería guardarse eso para sí misma, y acabaron aceptando aún en shock por la impresión.
- Yo me libro –dijo la alemana una vez volvieron a comenzar el juego-. No lo he hecho nunca, y no tengo problemas para admitirlo.
Ese era el motivo por el que a ella no la importaba pasar por eso. Debían haberlo imaginado.
- Acabemos con esto antes. Yo tampoco –anunció Lily aún colorada-.
- ¿No? Pobre James –dijo Kate con sincera confusión. Lily la fulminó con la mirada-.
- Solo llevamos unos días saliendo, es pronto.
- Claro, es pronto para darle la gracia divina, pero no para meterle a la guarida de los lobos y presentarle a los suegros –respondió Grace con sarcasmo-.
- Lily se puso colorada, y prefirió no contestar. Se escuchó de fondo el bufido de Gisele.
- Con vosotras no tiene gracia –dijo rodando los ojos-. Y con Rach tampoco, porque esta no ha visto más mundo, y encima tardó una vida...
- No lo he necesitado, lista –la respondió su amiga sacándola la lengua-. Y no tardé tanto. Solo un año.
- ¡¿En serio?! –exclamó Kate de nuevo sin entenderlo-. ¿Todo un año?
- ¿Cuánto tardaste tú? –preguntó Rachel incrédula. Ella no concebía la idea de hacer las cosas sin antes prepararse mucho psicológicamente. A su lado, Gis las escuchaba con interés mientras se llevaba a la boca un trago de cerveza-. Porque eso no es como dar un beso...
- Yo, no sé... pues unos días. –se incomodó al ver a las demás mirarla con sorpresa, unas más que otras-. Bueno es que, es que, eh... En mi defensa diré que Sirius puede llegar a ser muy persuasivo.
- Ya te digo... –suspiró Grace con la mirada perdida-.
Lily la dio una patada nada más terminó de decir la frase, y sus ojos se centraron en sus amigas que la miraban con el ceño fruncido.
- Quiero decir que me lo imagino –dijo improvisando. Daba gracias a que ella no fuera como Lily ni se pusiera colorada-. Vamos, quiero decir, que Kate tampoco es una chica fácil.
- Sí –dijo Kate tragándose la excusa-. Pero supongo que influye también el hecho de que a mi me gustara desde siempre –sonrió con nostalgia, mientras su mirada se perdía en los recuerdos-. Incluso antes de que él se diera cuenta de que las niñas éramos más que simples dianas para globos de pintura. O cuando le gustaba Grace...
La aludida acababa de llevarse una pasta de calabaza a la boca, y estuvo a punto de ahogarse atragantada. Tras varios segundos en que estuvo tosiendo con apuro y las demás se levantaron a ayudarla, Grace recuperó el aire, aunque ahora estaba de color azul.
- No bromees con esas cosas –la dijo a Kate intentando sonar cabreada-.
Kate se echó a reír despreocupada.
- ¿Quién bromea? Cuando estábamos en tercero babeaba por donde tú pasabas. No te ofendas cielo, pero fue cuando peor me caíste.
Grace rió nerviosamente, mientras compartía una mirada con Lily. Si Kate lo supiera todo, habría habido otra época en que la habría caído muchísimo peor.
- Serían imaginaciones tuyas, mujer.
- No, yo también me acuerdo –dijo Gis animada, mientras bebía de nuevo-. Si además James se reía mucho de él. Claro que luego cuando él se colgó de Lily bien que se la devolvió Sirius.
- Chicas, que siempre habéis tenido mucha imaginación –insistió Grace con una sonrisa que flaqueaba. Le lanzó una mirada de socorro a Lily que la hizo reaccionar-.
- Es cierto. Probablemente os lo hayáis imaginado. Yo nunca vi nada de eso.
Su tono fue tan cortante que no dio señal a réplica. Rachel y Sadie se miraron, aunque cada una con un motivo. La primera se sintió muy curiosa porque las chicas se pusieran tan nerviosas con el tema, y la segunda porque sabía exactamente lo que ocurría, y quería confirmar si alguna sospechaba algo.
- Bueno, Grace, cuéntanos tú –dijo Rachel para cambiar de tema, dada la tensión que se había creado-.
Grace no se había relajado lo suficiente como para inventarse una excusa distinta a la realidad.
- Que lo diga la cumpleañera antes, que fue su idea –fingió despreocupación y aburrimiento, y pareció colar, pues Gis rodó los ojos pero se apresuró a contestar-.
- Como si esto te librara durante mucho tiempo. –dijo, contuvo el aire con anticipación, y soltó la bomba-. ¡Lo reconozco! Soy tan pura y casta como lo era Rachel con doce años. Bueno, mentalmente no, claro –añadió con burla-.
- No te creo –exclamó Lily anonadada. La parecía imposible de creer, no cuando se hablaba de Gis-.
- Yo soy testigo –dijo Rachel entre risas-. A no ser que se me haya desatado últimamente con ese chico tan bromista con el que sale...
- Que va a ser que no –aclaró ella misma-. ¡Ey, no me miréis así! Una cosa es besarse y no tener pelos en la lengua para hablar de ello, y otra cosa es llegar a mayores. Cuando dije que llegaría virgen al matrimonio, hablaba en serio –como las demás se echaron a reír, no pudo continuar con la farsa y ella también se carcajeó-. Vale, en serio. No había salido más de dos veces con alguien hasta ahora, y esto es más un tonteo que otra cosa. Lo que pasa es que justo he ido a encontrarme con uno que no solo no huye del compromiso, sino que le persigue desesperadamente. Pero yo no estoy enamorada ni nada, ¡así que si piensa que va a pillar cacho, lo tiene claro! Aún tengo intención de ser decente por un tiempo.
Su pose era tan orgullosa y jactanciosa que las demás no podían parar de reír.
- ¡Que payasa eres! –exclamó Kate en nombre de todas-.
- Te toca, quisquillosa –dijo ella alargando el pie para dar a Grace una suave patada-.
Grace se incorporó sobre sus codos, mirándolas con una sonrisa de anticipación. Solo tenía que decir un nombre, y se desataría la locura, lo sabía.
- Jack Wyatt.
Lo sabía. Las reacciones no se hicieron esperar. La única que se comportó sosegada fue Sadie, quien no tenía ni idea de quien era. La reacción de las demás no indicaba que fuese muy importante, sino que no se lo habrían imaginado nunca.
- ¿El antiguo capitán de quidditch? –preguntó Kate atónita, como queriendo asegurarse que hablaban de la misma persona. Grace asintió con una sonrisa, y la chica silbó incrédula-.
- Esto sí que me ha pillado por sorpresa –ni siquiera Lily acababa de creérselo. Miró a su amiga, cuestionándola con la mirada si eso era cierto y Grace asintió de nuevo-.
No mentía. Resultaba más fácil hablar sobre algo que sí había pasado, que inventárselo completamente. En realidad esa había sido su segunda experiencia, pero como la primera no podía contarla sin provocar el enfado de Kate, decidió pasar a la siguiente.
- Pero, pero... ¿Cómo? –preguntó Rachel asombrada. La verdad es que cualquiera que hubiera visto los acontecimientos por fuera, no podría creérselo. Grace se había llevado bien con el que había sido el capitán antes de James, pero nunca habían sido especialmente íntimos. En ningún momento había habido muestras de acercamiento entre ellos-.
- Digamos que hubo una tarde en que las duchas del vestuario sirvieron más que para asearnos –dijo con voz maliciosa y una sonrisa sin ningún tipo de vergüenza-.
- ¡¿Cuándo?! –preguntó Kate-.
- Pues en quinto. En enero o febrero, no me acuerdo... fue después del partido contra Hufflepuff.
Las demás se rieron nerviosamente. Lily, como su mejor amiga, no tenía ninguna intención de juzgarla, y pese a lo diferentes que eran en ese aspecto, ella ni siquiera se permitía opinar. No cuando era de Grace de quien se hablaba. Las otras chicas se dividían entre la incredulidad y el rechazo. Gis tuvo que beber otro trago para controlar su expresión. Por supuesto que no pensaban decir nada delante de ella, pero eso era una prueba más de que Grace siempre había sido excesivamente liberal para su gusto. Una cosa era ahora, pero que la primera vez y a una edad tan temprana, se lo hubiera tomado tan a la ligera...
- No, no espera –exclamó Gis de pronto-. Eso no puede ser. A ti Jack Wyatt te caía , y nos dijiste que tu primera vez fue con un imbécil que no valía la pena recordarlo.
- ¿Qué? ¿Cuándo he dicho yo eso? –preguntó Grace pérdida. Ciertamente no tenía recuerdos de haber hablado de aquello con Gis-.
- El otro día, cuando estábamos en la torre de Lily y James, y Sirius te picó con que si te ibas a casar virgen, ¿te acuerdas?
Grace lo pensó unos segundos, pero después aquella conversación llegó a su mente. Mierda. Siempre tendía a hablar de más cuando Sirius se empeñaba en provocarla, pero no podía creer que hubiera soltado eso en público. Afortunadamente, Kate no estaba presente cuando lo dijo, pues ella era más intuitiva que Gis para haber pasado por alto cómo miró a Sirius cuando dijo eso.
- Esto... fue... bueno, una forma de hablar...
En esos momentos límite envidiaba la elocuencia de Lily para salir del apuro. Sin embargo, su amiga la miraba con una mano en la boca, fingiendo rascarse la mejilla mientras también intentaba inventarse algo.
Quien sí supo salir del problema fue Sadie. La chica consideró que ese era el momento adecuado para compensar todas las indirectas que había lanzado sobre la rubia. Además, como siguiera metiendo así la pata, podía desencadenarse una guerra mundial que la pillaría a ella entre la batalla y la salida de emergencia.
- Más bien creo que en el fondo era otro del equipo y no lo ha dicho porque Lily la mata.
La pelirroja la miró extrañada por verse incluida en la frase, pero ella la guiñó un ojo haciéndola comprender. De inmediato se puso de pie, poniendo una pose ofendidísima.
- ¿No te habrás atrevido a meterte con James, no? –exclamó aún con la risa escapándose de sus labios-. ¡Traidora!
Cuando se lanzó sobre su mejor amiga, la otra ya se estaba riendo a mandíbula batiente, y no pudo esquivarla, provocando que la aplastara, y, estaba segura, la formara varios cardenales en los brazos y las piernas. La pegaba más fuerte de lo que debía, teniendo en cuenta que estaban peleando en broma, pero Grace supuso acertadamente, que Lily estaba aprovechando para cobrarse por haber contado a los chicos sobre Francis, el pececito, y por haberla obligado a dejarle a Gis su redacción de historia.
De pronto un montón de comida cayó sobre ellas, y las demás se unieron a la pelea. Sadie se reía, pero se negó a participar en eso activamente, y las miraba a las cinco repartirse comida por el pelo y las uñas que tanto habían arreglado con anterioridad. Por debajo del montón, Grace las gritaba a todas que se quitaran de encima. Ninguna la hizo demasiado caso.
Cuando se hubieron cansado y hubieron acabado más que sucias, se apartaron, aún riéndose.
- ¡No te escabullas nena! –gritó Grace cuando Gis volvía a su sitio para volver a beber de la cerveza de mantequilla-. Dijiste que la que ganara esta vez, era la ganadora absoluta y dueña de esa cerveza, ¡así que trae acá!
Gisele se encogió de hombros y la pasó la botella, pero cuando la rubia fue a beberla, no quedaba más que un sorbo.
- ¡Serás tramposa! –la gritó mientras la tiraba el contenido por encima de la cabeza, que se mezcló con chocolate y trozos de pastas-.
Gis se rió y se encogió en el suelo, tapándose la cabeza con las manos, momento en que aprovechó Grace para darla con un cojín en el trasero.
- Bueno, por la hora que es, decidme que os quedáis aquí –suplicó Rachel haciendo morritos-. Podríamos hacer una fiesta de pijama. Así no me dejáis sola.
- Eres única haciendo chantaje emocional –la dijo Kate mientras negaba con la cabeza sonriendo-.
- Vaya, ¡mira que hora! Quería haberme pasado por la fiesta –exclamó Lily con consternación-.
- Será que encontraste más divertida la fiesta –la dijo Sadie encogiéndose de hombros-.
Las demás parecían encantadas con la idea de quedarse, y no las importó que fuera domingo, de hecho, Kate había metido en su mochila, de contrabando, pijamas para todas, para que así no se pudieran negar. Lily se mordió el labio, regañándose mentalmente porque se había olvidado por completo.
- Le prometí a James que me pasaría –le susurró a Grace en voz baja-.
- ¡Bah, deja de preocuparte! ¿Acaso crees que porque no estás James ya habrá aprovechado para armar jaleo? –la contestó su amiga con despreocupación-.
OO—OO
- ¿Creías que te podías reír de mi, Quejicus? –preguntó James con una sonrisa divertida en el rostro, mientras Snape daba vueltas sobre sí mismo dirigido por la varita del chico-.
Había aprovechado que el Slytherin se había alejado de la zona donde estaba Slughorn, y los que se habían congregado a mirar hacían lo posible que para no le descubrieran. Se lo estaban pasando en grande a costa del pobre muchacho. Sirius, al lado de su mejor amigo, se reía a carcajadas, con la varita de Snape en la mano, mientras le miraba bailar una danza clásica, con su túnica transformada en un tutú de color rosa, y el grasiento pelo teñido de color púrpura.
- ¡Ey, Quejicus, que no te oigo! –exclamó James entre risas-. ¿Qué pasa? ¿Ahora que estoy cara a cara no te atreves?
El caso es que era imposible que el muchacho se defendiera. Cada vez que hacía algún intento por recuperar su varita, que estaba en manos de Sirius, James volvía a hechizarle de nuevo. Severus respiraba con agitación, y mientras saltaba y danzaba, miraba a James con profundo odio.
- Espera... y verás... –logró decir entre los jadeos que soltaba por el esfuerzo-.
- Otra vez con lo mismo, Quejicus –dijo Sirius con fingido cansancio-. Te repites más que la sopa de calabaza. ¿Qué vamos a ver?
- Supongo que nos llenará a todos de grasa, solo con sacudirse la cabeza –respondió James a lo que los demás rieron-.
Bajó de golpe la varita para que Severus se cayera de golpe contra el suelo. Cuando este cayó, James volvió a apuntarle, haciendo que pegara saltitos de ballet y pusiera los brazos según la coreografía.
- ¡Ya verás, Potter! Cuando salgamos de aquí, donde no tenga restricción de los hechizos que puedo usar, y nos enfrentemos como iguales, te enterarás –le espetó con furia-. ¡Te juro por lo que más quiero que no saldrás con vida de ese enfrentamiento!
James pensó en el hechizo más humillante que conocía, pero antes de que pudiera levantar la varita, Snape cayó al suelo con un montón de espinas saliendo por su cara. Miró a Sirius, quien apuntaba al Slytherin con el rostro crispado por la furia, y una mirada asesina.
- Cuidado con lo que dices, Snape. Porque quizás el que se encargué de demostrarte un par de verdades soy yo. Nadie amenaza a mi hermano.
Los demás habían dejado de reírse en cuanto Snape dijo aquello, y al oír a Sirius hablar en un susurro cargado de odio, se tensaron y miraron a los tres implicados, ansiosos y temerosos de lo que fuera a ocurrir.
James se había quedado momentáneamente sin habla. Miraba a su amigo con sorpresa y cautela, y parecía haber olvidado la presencia de Snape, quien ya tenía toda la cara cubierta de espinas y cardos y gemía de dolor. Siempre había sido su mejor amigo, y nunca tuvo dudas de ello. Pero, pese a que se habían llamado "hermano" en multitud de ocasiones, jamás había visto a Sirius comportarse de un modo tan serio y preocupado. Se avergonzaría en admitir que se sentía emocionado, pero así era.
Por la puerta, captó también una imagen confusa. Era Regulus, el hermano de Sirius, que miró la escena durante un segundo, y después se dio la vuelta como si no fuera lo suficientemente importante para captar su atención. Este había oído perfectamente toda la trifulca, y no pudo continuar fingiendo que no se enteraba cuando escuchó a Sirius. Su cuerpo había reaccionado antes de que pudiera controlarlo, y miró como los dos amigos estaban codo con codo, como verdaderos hermanos. ¡Qué demonios! A cualquiera, por más frío que sea, le dolería saber que tu propio hermano prefiere a otro de la calle antes que a la sangre de su sangre. Hasta a alguien quien juraba y perjuraba que no tenía ningún hermano.
- ¡Slughorn! –gritó alguien alertando a los dos amigos, que despertaron de la ensoñación-.
Todo el mundo comenzó a dispersarse, y Sirius apartó la vista de Snape, mientras que James aclaró la mente. Los dos intercambiaron una rápida mirada.
- Yo creo que ya es hora de ir a dormir, ¿no, Pad?
- Nunca he estado más de acuerdo, Prongs.
Juntos emprendieron la huída, solo que no llegaron muy lejos.
- ¡Alto! ¿Qué significa esto? –el profesor por fin se había hecho paso entre la multitud, y los miraba alternativamente a los dos y a Snape con los bigotes temblando de rabia-.
James y Sirius volvieron a mirarse indecisos, pero al ver que no tenían forma de excusarse, decidieron que al menos saldrían que dignidad.
- Verá, profesor, resulta que Severus pedía un cambio de look urgente –dijo Sirius fingiendo humildad-.
- Lo hicimos por él. Insistió tanto... –añadió James mientras veía que la cara de Slughorn perdía todo el color-.
El hombre levantó la mano, que le temblaba de ira, y apuntó a Snape con la varita, haciendo que todos los embrujos desaparecieran. El muchacho estaba desorientado, y un par de compañeros de su casa le ayudaron a levantarse.
- Nunca, en todos mis años...
Parecía que esta vez habían rebasado su paciencia.
- Por eso no os he invitado estos años, ¡sois unos irresponsables, unos macarras, unos buscalíos, irrespetuosos e inmaduros!
Lejos de avergonzarse, James y Sirius sonrieron con arrogancia, e incluso sacaron alguna carcajada ahogada en sus compañeros.
- Nadie le obligó a invitarnos este año, profesor –respondió James recostándose en el marco de la puerta-.
- ¡Tú! –exclamó el maestro aún más sorprendido-. Pensé que Lily había conseguido sacar algo bueno de ti, pero veo que no hay nada que sacar.
James sonrió con arrogancia, y falsa disculpa.
- Lo siento, profesor. No sé qué decirle.
- ¡Y tú! –le espetó a Sirius, quien se recostó en el otro marco de la puerta-. ¿No podías haberte parecido un poco más a tu hermano que es un ejemplo de comportamiento y buena educación?
- Si quisiera parecerme a él, le habría lanzado un Avada en vez de convertirlo en un puercoespín –le susurró a James.
Sin embargo, Slughorn y los que estaban más cerca oyeron eso, y fue la gota que colmó el vaso.
- ¡Cien puntos menos de Gryffindor! ¡Y estáis castigados! Me encargaré de que el director Dumbledore lleve este caso personalmente. ¡Si es por mi, conseguiré que os expedienten!
Estuvo gritando durante unos minutos más, pero cuando comenzó a escupir saliva, los dos se miraron y decidieron en silencio que ya habían aguantado mucho. Se marcharon sin despedirse, aún escuchando de lejos los gritos del profesor. En ese momento pasaban de todo, pues no podían imaginarse de lo que ese acontecimiento podía ocasionarles en un futuro cercano.
O-oOOo-O
¡Hasta aquí hemos llegado! Agradeceréis que se haya terminado, ¿no? Más largo imposible xD suele ocurrir cuando la inspiración te falta por un mes y después te vuelve de golpe jejejeje
¿Qué os ha parecido? Si alguien se ha dado cuenta del detalle de "Daniel, Rupert y Emma", quiero aclarar que no es por faltar, pero es que necesitaba tres nombres y decidí no ir más lejos jajaja, y también hice mi especial homenaje a la sexta película con el pececito Francis. ¡Me encantó ese detalle!
Diréis: ¿por qué nos pones las pijadas de los juegos? Creedme, algunas será importantes saberlas. Y no se me ocurrió otra cosa que a través de juegos tontos. Creo que hice uno así con los doce años. En fin, humillante jajaja
¿Y la última escena? :P Creedme que esto de James y Sirius va a ser muy serio. No se van a salir de rositas como siempre. Además, en el próximo capítulo tendremos la reacción de Lily, algo más de lo que hablaron Dumbledore y el tío de James, la venganza de Gis y habrá algo muy especial para los seguidores de la no-pareja "Sirius-Grace". Si queréis que la inspiración me llegue antes, ya sabéis: En la tecla verde.
Hasta entonces...
"TRAVESURA REALIZADA".
Eva.
