CAPITULO 25
BELLA POV:
Todos nos miramos confundidos y giramos nuestros rostros hacia las escaleras para ver a la persona que había entrado.
Deseé que fuera Kate, pero todas mis ilusiones se esfumaron cuando vi al vampiro de ojos carmesí acercarse a nosotros.
Algo me decía que solo se avecinaban más problemas.
Una vez Aro terminó de acercarse me miró con odio para después girar su cabeza en dirección a los Cullen.
- Aro ¿has pensado en mi propuesta? Mi silencio a cambio de nuestra libertad.- dijo Edward sorprendiéndome.
¿Su silencio? ¿A qué se refería?
- ¿De verdad crees que voy a ceder ante tus chantajes, muchacho? Qué equivocado estas.- siseó Aro mientras le miraba envenenadamente.
- Piénsalo bien, Aro. Si le cuento lo que sé a Marco estoy seguro de que el reinado de los Vulturis terminará.- amenazó Edward.
En serio, mi cabeza intentaba encontrarle significado a sus palabras pero me era imposible. Los demás Cullen parecían igual de confundidos que yo.
- ¡Estúpido! ¡A mí no me amenaces!
Edward sonrió burlonamente antes de responder.
- No te amenazo, solo te advierto.- dijo Edward sin perder la compostura.
- Yo también te voy a hacer una advertencia, si abres la boca tu querida Bella pagará las consecuencias.
Tragué saliva mientras sentía como un estremecimiento de terror recorría todo mi ser.
La máscara de compostura que Edward mantenía se descompuso al oír esas palabras.
- ¡No te atrevas a tocarla!
Aro sonrió maliciosamente antes de proseguir.
- Quién iba a decir que Edward Cullen tenía un punto débil, nada más ni nada menos que esta frágil e insignificante humana.
Este era uno de los tantos momentos en que me maldecía por seguir siendo humana, tantas veces le había pedido a Edward que me transformara. Si lo hubiera hecho ahora Aro no tendría con que amenazarlo, yo no sería el talón de Aquiles de la familia.
- Aro, no tenemos porque llevar las cosas tan lejos.- intervino Carlisle.
- Carlisle, amigo mío, no he sido yo quien ha llevado las cosas tan lejos.
- ¿Ah, no?- exclamó aún con una mirada severa y de reproche- ¿Y cómo le llamarías al hecho de secuestrar a un miembro de nuestra familia?
Aro empezó a carcajearse mientras me miraba despectivamente.
- No me hagas reír, Carlisle, es solo una humana. No la podéis considerar en serio un miembro de vuestro aquelarre.
- Familia.- corrigió Carlisle.
Aro rodó los ojos.
- Ay, Carlisle... tú siempre con tus tonterías. Los de nuestra especie no conocemos esa palabra, tú intentas jugar a las casitas con estos vampiros, pero a la hora de la verdad todos te dejaran solo.
- Eso no es verdad.- siseó Edward.
- ¿Ah, no? Entonces decidme donde esta vuestra "hermana"- dijo mientras dibujaba en el aire comillas- ¿Acaso ella no os ha abandonado a la hora de la verdad?
- ¡NO! ¡Y no vuelvas a hablar así de ella nunca más!- gritó enfurecido Emmett mientras apretaba los puños, lo que hizo sonreír burlonamente a Aro.
Carlisle le puso una mano en el hombro mientras le miraba significativamente intentado que se tranquilizara.
- Hijo cálmate, no dejes que sus manipulaciones te afecten. Rosalie tiene sus motivos para no haber venido, estoy seguro. Además, Aro nunca ha conocido lo que es una familia, por lo tanto no puede reconocer una cuando la ve.
La mirada de Aro dejó de ser burlona y pasó a mirar fulminantemente a Carlisle.
- Cuida tus palabras, Carlisle. O si no me olvidaré de que alguna vez fuimos amigos.
- Creo que ya lo olvidaste hace tiempo, Aro.- respondió Carlisle.
Aro y Carlisle se miraron fijamente el uno al otro, por un largo tiempo, hasta que Edward habló.
- Aro reconsidera mi trato, todos salimos ganando.
Aro apartó la vista de Carlisle y la posó en Edward.
- Nunca voy a ceder a tu chantaje.- dijo firmemente.
Edward mantuvo una expresión impasible antes de responder.
- ¿Es esa tú última palabra?- preguntó.
- Lo es.
- Está bien, entonces me veo en la obligación de contarle todo a Marco.
Aro se volvió a reír con desprecio.
- ¿De verdad crees que voy a permitir que llegues a hablar con Marco? Qué equivocado estas... antes muerto que permitir que eso suceda.
- Eso ya lo veremos.- dijo desafiantemente Edward.
- Tienes razón, Edward, ya lo veremos. Voy a encargarme personalmente de que ninguno de vosotros salga con vida de aquí, os doy mi palabra.
Aro me dirigió una última mirada de odio antes de salir por donde había venido.
Una vez nos quedamos solos suspiré aliviada, pero la curiosidad no tardó en florecer en mi.
- Edward ¿de qué iba todo esto? ¿Qué es lo que leíste en la mente de Aro?- pregunté curiosa.
- Sí, Edward, antes se nos había olvidado preguntártelo por el bombazo de que Bella había recuperado la memoria, pero nos tienes en intriga.- exclamó Emmett.
- Tiene que ser algo muy importante como para que Aro se sienta amenazado de esta forma.- agregó Carlisle pensativamente.
Edward suspiró antes de hablar:
- Así es, Carlisle. Antes cuando estábamos hablando con ellos hubo un momento en que su mirada se posó en Marco y recordó las atrocidades que le hizo en el pasado.
- ¿Atrocidades?- preguntó Carlisle con una ceja levantada.
No sabía que podía haberle hecho a Marco pero por lo que había presenciado hacía unos minutos tenía que ser algo bastante grave, por primera vez había visto a Aro perder la compostura.
Edward asintió antes de continuar.
- Aro mató a su propia hermana, la esposa de Marco.
Después de ese bombazo todos nos quedamos en shock.
¿Aro había matado a su propia hermana? ¿Por qué?
- ¿Por qué?- pregunté aun incrédula por sus palabras.
No me entraba en la cabeza como alguien podía asesinar a su propia hermana, a la sangre de su sangre.
- Marco y Dídima pretendían apartarse de los Vulturis para empezar una vida juntos como nómadas, pero Aro no estaba dispuesto a perder el don de Marco, así que para retener a Marco a su lado asesinó a su propia hermana.
Estaba segura que mi cara ahora mismo era un poema. ¿Qué clase de monstruo era Aro Vulturi? ¿Es que no tenía sentimientos?
- ¿Y Marco nunca se enteró?- preguntó aún en shock Jasper.
Edward negó con la cabeza.
- No, Aro lo preparó todo demasiado bien para que nadie nunca sospechara de él.
- Eso es monstruoso...- susurró Esme afligida por lo que Edward nos había contado.
Y no podía estar más de acuerdo con Esme, era la cosa más horrible que había oído jamás. ¿Es que Aro no conocía los límites?
¿En qué momento fue que perdió el corazón para poder matar a sangre fría a su propia hermana? Por lo visto para Aro el poder era mucho más importante que la familia.
- Entonces ¿se lo contaras ahora a Marco?- interrogó Jasper.
- Pues eso pensaba hacer hace unos minutos...- se calló abruptamente mientras me miraba.
- ... hasta que amenazó con hacerle daño a Bella.- concluyó Jasper la frase por él.
Rodé los ojos.
- Edward, tienes que contárselo, es nuestra única oportunidad de salir de aquí. Por mi no te preocupes, estaré bien siempre que vosotros lo estéis.- le dije mirándole a los ojos.
Era lo único que podíamos hacer, contárselo a Marco y esperar que nos creyera e hiciera algo al respecto. Entre esas cosas liberarnos. Y no iba a permitir que Edward permaneciera callado solo para protegerme.
- Bella no lo entiendes, no soportaría saber que te hacen daño por mi culpa.- susurró con dolor.
- Edward, si me hicieran daño no sería por tú culpa. Tú solo estarías haciendo lo correcto.- intenté convencerle pero por su expresión supe que no iba a ser fácil.
- No, Bella, y no hay más que hablar.- dijo firmemente.
- Edward, piénsalo bien, es nuestra única oportunidad de salir de aquí. Además, si no dices nada estoy segura de que Aro encontrara otra excusa para hacerme daño. Pero si le cuentas eso a Marco tal vez nos ayude a salir de aquí antes de que eso suceda.
Vi como Edward se preparaba para volver a negarse cuando Alice intervino.
- Edward, Bella, tiene razón. He estado mirando el futuro y he visto como Aro trata de convencer a Cayo de que somos un peligro y que lo mejor es matarnos para que dejemos de dar problemas. Y te aseguro que Cayo no parece desagradarle la idea. Es solo cuestión de tiempo de que logren convencer a Marco. Necesitamos ponerle de nuestro lado, antes de que ellos lo hagan.
Edward pareció absorto y me imaginé que estaría viendo la visión de Alice.
Edward cerró los ojos y apretó los puños.
- Maldito...- susurró.
- ¿Lo ves, Edward? No tenemos más opción, Marco es nuestra única oportunidad para salir vivos de aquí.- insistió Alice.
- ¿Aro ya no quiere a Bella para su guardia? ¿Y a vosotros tampoco?- preguntó Carlisle refiriéndose a Alice, Edward y Jasper.
Alice negó con la cabeza.
- No, desde que Edward le contó que sabe lo de Dídima su único objetivo es eliminarnos. Temé que le podamos contar la verdad a Marco. Según él es un despilfarro pero es la única opción que tiene si quiere que el reinado de los Vulturis perdure.
Así que Aro planeaba asesinarnos... no me extrañaba sinceramente. Si había asesinado a su propia hermana ¿por qué no iba a hacerlo con nosotros? que ni siquiera llevábamos la misma sangre... (¡Menos mal!)
No me imaginaba siendo familiar de Aro. Vamos, para familiares así ¿quién necesitaba enemigos?
- Edward, yo estoy de acuerdo con Alice y Bella. Es mejor que juguemos nuestra única carta a nuestro favor.- dijo Carlisle con voz calmada pero seria.
- Pero... no soportaría que le hicieran daño, Carlisle.
- Lo sé, hijo. Yo tampoco soportaría que le hicieron daño a tu madre, pero si queremos salir vivos de aquí tenemos que arriesgarnos. Además no tiene porque pasar nada de eso.- intentó convencerle Carlisle.
Edward se quedó callado durante unos minutos, hasta que al fin habló.
- Está bien. Le contaré todo a Marco.
MARCO POV:
Aro estaba actuando muy extraño desde que Edward le había amenazado con contarme no sé qué cosa, pero cada vez estaba más intrigado por descubrir de que se trataba. Tenía que ser algo muy importante para volver a Aro tan desesperado, había estado durante las últimas horas (desde que había mandado a los Cullen a los calabozos) intentando convencerme de que no hablara con Edward.
Pero claro yo no pensaba darme por vencido, iba a hablar con ese muchacho. Aunque me iba a resultar un poco difícil ya que Aro había puesto a dos de sus guardias vigilando los calabozos desde fuera y había dado orden de no dejar entrar a nadie que no fuera él.
Suponía que Aro pensaba que iba a darme por vencido, pero que poco me conocía. Normalmente nada atraía mi curiosidad, pero Edward lo había hecho y no iba a descansar hasta no hablar con él.
Algo me decía que lo que tenía que decirme era sumamente importante e iba a cambiarme la vida. Era la única explicación razonable para el comportamiento de Aro.
Ahora Aro y Cayo se habían marchado para ir en busca de la pequeña Katherine, ya que Jane llevaba horas torturándola.
Sentía un poco de compasión por ella, pero Katherine era una de las guardias de mi hermano Aro por lo que yo no podía interceder. Y mucho menos cuando Aro la estaba castigando por desobedecer una orden de él.
Pero en ese momento me di cuenta de que ese era el momento perfecto para lograr mi objetivo. Aunque si yo intentaba entrar a los calabozos los guardias que vigilaban la puerta no me dejarían entrar por orden de Aro. En cambio si mandaba a uno de mis guardias a por ellos ya sería otro cantar (aunque obviamente solo le dejarían entrar con alguna que otra mentira, pero eso no era problema). Este era el momento perfecto, estaba seguro de que Aro y Cayo aún tardarían en llegar.
Algo me decía que el haber ido a ver a Katherine y Jane solo era una excusa, presentía que se habían ido para continuar hablando entre ellos en privado, pero realmente no me importaba, es más se lo agradecía. Me habían dado la oportunidad perfecta para hablar con Edward. Aunque sería muy sospechoso si mandara traer solo a Edward, seguramente los guardias que vigilan la entrada le fueran con el chisme a Aro, sería mejor llamarlos a todos.
Aunque hablar con Edward en la sala principal no sería conveniente, Aro y Cayo podían aparecer en cualquier momento. Sería mejor llevarlos a un lugar más privado.
Mi habitación, por ejemplo.
No había dejado entrar a nadie desde la muerte de Dídima, no quería que nadie pisara el mismo suelo que ella había pisado alguna vez. Desde su muerte me había jurado a mi mismo que nadie más entraría, quería que ella fuera la última persona en pisar esa habitación, exceptuándome a mí. Pero algo me decía que iba a valer la pena.
Además, era el único lugar seguro donde no nos interrumpirían. Aro jamás sospecharía que llevara ahí a los Cullen, ni siquiera le había dejado entrar a él mucho menos iba a pensar que iba a dejarlos entrar a ellos.
Pero tenía un presentimiento, era algo extraño de describir, lo único que sabía con certeza era que necesitaba hablar con Edward Cullen.
Llamé a mi guardia de confianza para hacer esto de una buena vez, no tenía mucho tiempo.
- Maestro, ¿me llamaba?- preguntó humildemente.
- Sí, quiero que vayas a los calabozos y traigas a los prisioneros a mi habitación. Pero cuando los guardias que vigilan los calabozos te pregunten quien te manda tu responderás que Aro ¿está bien?
Mentir sobre quien requería su presencia era la única forma posible de que los vigilantes que había puesto Aro dejaran salir a los Cullen.
- ¿No me meteré en problemas con el maestro Aro?- preguntó temeroso.
- Por supuesto que no, tú solo cumples ordenes. Además no te preocupes por mi hermano, de él me encargo yo.
BELLA POV:
Estábamos hablando cuando oímos como la puerta se abría de nuevo. Otra vez deseé que fuera Kate pero, otra vez, no era ella. Era un vampiro que no había visto nunca.
Se acercó a nosotros y nos miró de forma neutra antes de hablar:
- El maestro Marco requiere vuestra presencia.
Todos nos miramos intentando ocultar la sonrisa que se extendía por nuestros rostros. Esta era nuestra oportunidad de decirle la verdad.
El vampiro abrió la celda de los Cullen y procedió a abrir la mía.
- Seguidme.- dijo antes de empezar a caminar.
Entonces sin importarme nada más me lancé a los brazos de Edward.
- Edward.- susurré aspirando su aroma.
Al fin podía tocarle, había sido una tortura tenerle tan cerca y a la vez tan lejos.
- Bella.- dijo con un profundo amor mientras acariciaba mi pelo.
- Vamos.- dijo el vampiro un poco molesto al ver que estábamos cortando el paso a los demás, me sonrojé violentamente al ver las sonrisas en los rostros de los demás y empecé a andar con Edward a mi lado. El cual rodeó mi cintura con su brazo. Haciéndome sentir más segura.
Al empezar a andar volví a sentir el dolor en mi tobillo, pero esta vez mil veces más fuerte. Tendría que pedirle a Carlisle que le echara un ojo, seguramente tendría que ponerme un vendaje para que no fuera a más. Pero dudaba que pudiera conseguir vendas aquí.
- ¿Bella, qué te ocurre? ¿Te duele el pie?- preguntó Edward preocupado al ver que cojeaba.
- Sí, creo que me hice un esguince cuando estuve forcejeando con Mike.- susurré avergonzada.
Un gruñido escapó de su garganta a la vez que sentí como me apretaba aún más a su cuerpo, le miré y vi la furia en cada centímetro de su rostro.
- Newton me las va a pagar...- susurró ácidamente.
Edward giró su vista hacia atrás y vi como asintió con la cabeza casi imperceptiblemente, imaginé que estaba asintiendo a algo que le habían dicho mentalmente.
El vampiro abrió una puerta de madera, era bastante diferente de la que pertenecía a la sala donde tenían los tronos. Esta era más pequeña y tenía pinta de ser más antigua. Nunca la había visto, al abrirla me percaté de que era un dormitorio. Pues había una cama ("Un poco irónico" pensé para mí misma) y encima de la cama había un retrato, en el cual habían dos personas. Un hombre y una mujer. Fue fácil reconocer al hombre, era Marco y tenía el mismo aspecto, excepto por la ropa. A la mujer no la reconocí, pero asumí que se trataba de Dídima, era una mujer hermosa, saltaba a la vista.
En ese retrato ambos se veían tan felices que sentí pena por Marco, no sabía que habría sido de mí si me hubiera pasado lo mismo que a él. Yo no podría soportar toda una existencia sin Edward. Ya lo había comprobado hacía unos meses…
Bajé la vista del cuadro y recorrí la habitación con la mirada cuando oí como el vampiro que nos había llevado hasta ahí hablaba.
- Maestro, aquí están tal y como pidió.
- Muchas gracias, muchacho, puedes retirarte.
El susodicho asintió con la cabeza antes de salir en silencio y cerrar la puerta.
Entonces mi vista se posó en Marco, estaba sentado en un sillón de cuero, al lado de una chimenea. La habitación era diez veces más grande que mi habitación.
- Por favor tomad asiento.- nos indicó Aro mientras señalaba los asientos enfrente de él.
Una vez nos sentamos, Marco, el cual había estado mirando a la chimenea con la mirada vacía, nos miró.
Su mirada nos recorrió a todos y cada uno de nosotros, pero su vista se clavó en mi mano y la de Edward, las cuales estaban entrelazadas.
- ¿Sabéis? Vosotros dos me recordáis tanto a mi esposa y a mí cuando nos enamoramos...- susurró con nostalgia más para sí mismo que para nosotros.
Tenía que reconocerlo de los tres Vulturis, Marco, era el que mejor me caía. Había algo en él que le hacía diferente de sus hermanos.
Nadie dijo nada durante minutos por lo que por el rabillo del ojo vi como Edward se disponía a hablar.
- Marco, me gustaría hablar contigo de un tema importante.
Marco pareció volver en sí y nos miro con una mirada de disculpa.
- Lo lamento, a veces me pierdo en mis recuerdos. Son lo único que me quedan… Pero claro, Edward, por eso precisamente te he hecho venir. Quiero que me cuentes que es eso que has leído en la mente de Aro que me concierne.
Sentí tristeza y dolor por lo que Marco iba a descubrir. No quería ni imaginarme como se sentiría en cuanto supiera la verdad. Supuse que la vieja herida volvería a resurgir, si es que alguna vez se había cerrado, que lo dudaba mucho.
Miré de reojo al resto de los Cullen y todos tenían expresiones parecidas, pero la de Edward les ganaba a todas con diferencia. No fue difícil averiguar el motivo, Edward podía leer en la mente de Marco lo felices que él y Dídima eran antes de su asesinato. Es más, estaba segura de que Marco estaba pensando en eso hacía unos minutos.
- Marco, lo que te voy a decir no es fácil, te va a resultar duro. Pero creo que es hora de que abras los ojos.- susurró con voz dolida.
Al parecer no era la única que estaba sintiendo lástima por Marco.
- ¿De qué hablas, Edward? ¿Qué es eso tan terrible que me tienes que contar?
Edward suspiró profundamente antes de hablar.
- ¿Recuerdas la muerte de Dídima?
La expresión de Marco me rompió el corazón, era como ver la cara del dolor y la desolación juntas.
Marco asintió, sintiéndose incapaz de hablar, supuse.
- Supongo que también recordaras lo que ibais a hacer antes de su muerte. Queríais empezar una nueva vida lejos de todo esto, querías iros de nómadas. Digamos que Aro no tenía los mismos planes.
Marco abrió los ojos con horror.
- ¿D-de qué hablas?- preguntó casi tartamudeando, se veía tan frágil en ese momento.
Fue raro ver a un Vulturi en ese estado, teniendo en cuenta que yo les tenía terror. Bueno, más a sus hermanos que a él. Marco siempre había sido diferente.
- Marco, Dídima fue asesinada por Aro.
La habitación quedó en un silencio sepulcral durante unos largos minutos. El rostro de Marco estaba en shock, su mirada estaba vacía, estaba segura que en esos momentos solo estaba presente físicamente. Mentalmente ya era otra cosa.
- ¿Por qué?- dijo con voz rota y vacía mirando aún a la nada.
- Aro no estaba dispuesto a que te marcharas y contigo tu don. Mató a tu esposa solo para retenerte a su lado.
Marco aún seguía en shock cuando oímos unos gritos procedentes de fuera.
- ¿¡CÓMO QUE LOS PRISIONEROS NO ESTAN!? ¿¡POR QUÉ DEMONIOS LES HABEÍS DEJADO SALIR!?- esa sin duda era la voz de Aro, pero mil veces más aterradora.
- Maestro, vino uno de los guardias y nos dijo que venía de su parte.
- ¿¡QUÉ!? ¿¡DE MI PARTE!? ¡OS MINTIERON PEDAZO DE INÚTILES! ¡OS DIJE QUE NO LES DEJARAIS SALIR, YO SOI EL ÚNICO QUE PUEDE HABLAR CON ELLOS! ¿¡DÓNDE DEMONIOS SE ENCUENTRAN!?- preguntó Aro con voz demente, no quería ni imaginarme como estaría su rostro en estos momentos.
- No lo sabemos, maestro. Pensábamos que estaban con usted.
- Demetri localízalos.
- Sí, maestro.- después de eso cesaron los gritos y todo se silenció.
Solo pasaron unos segundos antes de que Demetri volviera a hablar.
- Están en el dormitorio del maestro Marco.
Silencio.
- ¿Estás seguro?- preguntó Aro con voz más calmada.- Sabes perfectamente que Marco no deja que nadie entre en esa habitación si no es él.
- Lo sé, maestro, pero le estoy diciendo la verdad.
Volví a prestar atención y vi como todos estaban en silencio oyendo los mismos gritos que yo.
Marco aún parecía un poco en shock pero sus facciones poco a poco se iban transformando en odio y rabia contenida.
Nadie pudo volver a decir nada pues Aro irrumpió la habitación abriendo las puertas de par en par y entrando con guardias a su espalda.
- Marco, explícame que sucede aqui. Te dije que no podías hablar con Edward, él solo planea engañarte para su beneficio.
Marco volvió en sí y fijo la vista en Aro.
- Aro te lo voy a preguntar solo una vez y por tu bien más te vale decirme la verdad, aunque solo sea por una vez en tu vida. ¿Tú mataste a mi esposa? ¿A tu hermana?- dijo ignorando las palabras de Aro.
Aro nos miró a todos con el mayor odio y rencor del que fue capaz antes de volver a centrar su vista en Marco.
- ¿Cómo te atreves a decir tal cosa? Sabes perfectamente que yo amaba a mi hermana pequeña, ¿cómo crees que sería capaz de hacer semejante cosa? ¿Qué clase de monstruo crees que soy?- preguntó fingiendo indignación.
- La clase de monstruo que asesina sin piedad y tortura a gente inocente solo por poder. Ese monstruo creo que eres. Así que ten un poco de decencia y dime la verdad sobre la muerte de mi esposa. Si no lo haces por mí hazlo por ella, respeta su memoria y di la verdad.
- ¿Quién demonios te crees que eres para hablarme así, Marco? Soy tu hermano y por supuesto que no asesiné a mi hermana. No puedo creer que prefieras creer a este vampiro demente, que se enamora de humanas, antes que a tu propio hermano.- dijo Aro en tono "ofendido".
- Le creo a él antes que a ti porque conozco a Carlisle, y sé que Carlisle no le tendría en su familia si no fuera alguien de confianza y que tuviera los mismos valores que él. En cambio a ti no te creo precisamente porque te conozco. Sé hasta dónde eres capaz de llegar por poder.
- ¡Marco! No te voy a permitir que me hables así, de todas formas te lo perdonaré porque sé lo convincente que haya podido llegar a ser Edward con sus mentiras. Pero déjame demostrarte que está mintiendo.
- ¿Demostrarme? ¿De qué hablas?- preguntó escéptico Marco.
Yo me preguntaba lo mismo que Marco. ¿Qué locura tenía ahora en mente Aro?
- Te demostraré que Edward te ha mentido con el fin de salirse con la suya y separarnos.
- Yo no estoy mintiendo, Marco.- aseguró Edward.
- Déjame demostrarte que miente, si no lo haces por mí hazlo por mi hermana. Como tú has dicho se merece que se respete su memoria y eso mismo pienso hacer. No voy a permitir que este vampiro estúpido ensucie la memoria de mi hermana con semejante blasfemia.
- ¿Y cómo piensas demostrármelo, Aro?
- Confía en mí, hazlo por todos estos siglos que hemos pasado juntos. Dame un voto de confianza.- le pidió Aro en tono manipulador.
No podía creerme lo que estaba pasando. Marco no podía creerle a Aro. Estaba segura de que si Marco aceptaba, Aro, haría cualquier cosa desesperada con el fin de salirse con la suya, me atemorizaba la sola idea de pensar en ello.
Marco se quedó pensativo durante unos minutos, pero esta vez mirando el retrato de su esposa y él.
- Está bien, Aro. Esta es la última vez que confió en ti, si en verdad está mintiendo demuéstramelo. De lo contrario vas a pagar muy caro lo que hiciste.- dijo con tono frio.
Aro asintió y ordenó a los guardias que habían presenciado todo en silencio que nos llevaran de vuelta a los calabozos.
- Marco, estas cometiendo un grave error. ¡No puedes confiar en Aro!- gritó Edward mientras nos arrastraban afuera de la habitación.
Pero Marco simplemente no respondió, Aro empezó a seguirnos dejando a Marco solo en su habitación.
Volvimos a hacer el mismo recorrido que antes pero esta vez estábamos siendo llevados bruscamente. A mí me sostenía un vampiro que había visto antes y que si no me equivoca se llamaba Felix, y el resto de la familia estaban en iguales condiciones pero llevados por diferentes vampiros.
Una vez nos dejaron en nuestras respectivas celdas Aro ordenó que le dejaran solo y se retiraran.
Se giró a Edward con una expresión maliciosa.
- Edward, vas a pagar muy caro lo que has hecho. Te advertí que si abrías la boca tu queridísima Bella pagaría las consecuencias.
Edward gruñó de forma aterradora, pero no fue el único, el resto de los Cullen hicieron lo mismo.
Aro solo se carcajeo y entró en mi celda.
Yo me hice para atrás todo lo que me fue posible hasta que toqué la pared con mi espalda.
Aro avanzó hacía mi ignorando los gruñidos de mi familia y las amenazas.
- ¡Cómo te atrevas a ponerle una mano encima te juro por mi vida que te mato!- Edward estaba fuera de sí, pero no era el único.
- ¡Aléjate de ella!- gritó Alice enfurecida.
Pero a Aro poco parecieron importarle las amenazas ya que no detuvo su avance y cuando me quise dar cuenta ya tenía su mano en mi mejilla, acariciándola.
Giré mi rostro y él me tomó del mentón violentamente obligándome a mirarle a los ojos.
- Bueno, Bella, parece que tus queridísimos vampiritos te acaban de sentenciar a muerte.
¿Qué ocurrirá? ¿Qué piensa hacer Aro? ¿Qué pasará por la mente de Marco? Todo esto y mucho más en los proximos capítulos! ^^
Bueno espero que os haya gustado y ya ya sabeis si quereis hacerme feliz apretad ese botoncito verde de abajo!! XD
Seguramente suba nuevo capi el lunes, porque tengo que ir a la biblio para otra cosa asi que creo que aprovecharé y subire nuevo capi! XD
Nos vemos!! n_n
