Disclamer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S Meyer, y la trama de LyricalKris, solo nos adjudicamos la traducción.


The Boy At Table Seven

By: LyricalKris

Traducción: Yanina Barboza

Beta: Melina Aragón


Capítulo 25: Estudiar. Descansar. Recuperarse.

La última semana había sido estresante.

Bueno, más estresante de lo normal, corrigió Bella. La vida había estado lejos de ser un picnic por meses pero la última semana había sido particularmente atroz. Edward estaba trabajando horas extras por la prisa de la gente para conseguir sus autos verificados para los viajes de carretera del verano. Cuando la escuela comenzó a llegar a su fin, Bella estuvo inmersa en las prisas de trabajos que terminar y finales que estudiar de nuevo. La mayor parte del tiempo libre de Edward por derecho fue para Benji.

Consiguieron un par de horas juntos. La mayoría de las noches de la semana Bella las pasaba en la casa de los Cullen, feliz de quedarse dormida con los brazos de Edward colgando alrededor de su cintura.

Pensando que Edward debería tener algún tiempo a solas con su familia —y que ella en verdad necesitaba dejar de dilatar el estudio— Bella le envió un mensaje de texto a Edward una noche de viernes no muy especial diciéndole que se iba a quedar en su dormitorio por la noche.

—Um. ¿Discúlpame? ¿Quién eres tú y qué estás haciendo en mi lugar? —bromeó Angela cuando entró por la puerta.

Bella le dio a su amiga una sonrisa burlona.

—Mira quién habla. No creo haberte visto en todo el año por no hablar de este semestre.

—Novios, ¿verdad? —Angela negó con la cabeza—. Consumidores de tiempo.

—No es broma. ¿Recuerdas el año pasado? Éramos inseparables. —El tono de Bella era triste. Hacía un año, se habría reído si alguien le hubiera dicho que ella y Angela serían prácticamente extrañas. Sin embargo ahí estaban. Sus vidas pocas veces se cruzaban.

Los labios de su compañera de cuarto se curvaron.

—Este es uno de esos momentos cuando te das cuenta que tus padres tenían razón y la vida cambia sin darte cuenta, ¿eh?

—Sí. —Bella envolvió a su amiga en un impulsivo abrazo—. Prometo no olvidarme de ti, si tú prometes no olvidarte de mí.

—Estás atascada conmigo —prometió Angela. Suspiró—. Dicho esto, me tengo que ir. Tengo un grupo de estudio.

—Claro que sí.

Después de que Angela se fue, Bella hizo algunas palomitas de maíz y se acomodó con sus libros.

Solo había estado estudiando por alrededor de veinte minutos antes de que un golpe en la puerta la interrumpiera.

—¡Edward! —Bella estaba encantada de encontrar a su novio afuera de su departamento. Agarrando sus manos, lo jaló hacia el interior, besándolo antes de que jadeara y lo soltara—. ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Quién está con Benji? ¿Qué…?

Él silenció su letanía de preguntas con otro beso, riendo contra sus labios.

—¿Qué vas a hacer esta noche? —preguntó en lugar de responder la pregunta de ella.

Ella arqueó una ceja, dando un paso atrás fuera de sus brazos.

—Tengo que tratar de estudiar un rato.

Él no la dejó escaparse, siguiendo su paso con uno de los suyos. Sus ojos estaban llenos de picardía.

—¿Estás segura de que tienes que estudiar?

Como siempre, la cercanía de él, especialmente cuando la estaba mirando así, le hacía cosas maravillosas a su cuerpo.

—Estoy bastante segura de que estudiar es un requisito de toda esta cosa de la universidad, sí.

Él se presionó hacia delante de nuevo forzándola a tomar un paso atrás de modo que estaba contra la puerta.

—Eso es una lástima. —Inclinó la cabeza hacia ella, sus labios tan cerca de los suyos que podía sentir su aliento caliente en su piel pero no la besó.

—¿Por qué es eso? —Ella trató de capturar sus labios pero él alejó su cabeza solo un poco. Provocador.

—Benji está en una pijamada. Mamá y papá volvieron a Forks para resolver unos detalles de último momento antes que la venta de la antigua casa se lleve a cabo. —Su mano se deslizó alrededor de la cintura de ella y la alejó de la puerta—. Solamente somos tú y yo, nena. Toda. La. Noche.

El corazón de Bella ya estaba tratando de escapar de la jaula de sus costillas para galopar alrededor de la habitación. Cuando él bajó su cabeza, rozando la punta de su nariz en una línea desde su oreja hasta su mentón, su respiración vaciló.

—Entonces dime. —Sus palabras fueron una vibración contra su cuello mientras él salpicaba pequeños besos en su garganta—. ¿Cuánto en realidad necesitas estudiar?

Mientras hablaba, él levantó la mano, enganchando un solo dedo en el cuello de su camiseta y tirándola hacia abajo hasta que el lugar donde su cuello se encontraba con sus hombros estaba expuesto. Presionó su boca allí. Sus dientes raspando ligeramente a lo largo de su piel, enviando un estremecimiento de puro placer por su columna.

—Yo, um... —Tragó con dificultad, tratando de hacer que su cerebro funcione de nuevo—. Debería... um. —Dejó salir una exhalación—. A la mierda. —Tirando sus brazos alrededor del cuello de él, ella atacó su boca con la suya.

~0~

—Esta noche es tuya. Soy tuyo. Podemos hacer lo que quieras hacer —le había prometido Edward.

Bella le pidió que la dejara conducir. Él lo hizo. Edward estaba tan completamente concentrado en ella, que ni siquiera se dio cuenta dónde estaban yendo hasta que se detuvieron enfrente del lugar.

Él parpadeó y si Bella no estuviera tan nerviosa, habría reído ante la expresión estupefacta en su cara.

—¿Quieres que vaya al trabajo?

—No. —Ella tragó el bulto en su garganta, recordándose que era Edward. Él no se iba a reír de ella, incluso si su petición era ridícula—. ¿Puedes entrar al taller? —Sabía que sus mejillas tenían que estar en llamas.

Él no le respondió. Estaba mirando fijamente. Su boca abierta e incluso en la tenue luz, Bella podía ver que la mirada en sus ojos era oscura.

Su boca se secó. Ella estaba sedienta y él era agua.

Se inclinaron sobre la consola entre ellos al mismo tiempo, los labios juntándose en el medio. Él había captado rápido lo que ella deseaba. Su mano aterrizó primero en su rodilla pero rápidamente se movió hacia el interior de su muslo. Ella gimió en su boca cuando él frotó sus dedos sobre el centro de su vaquero.

Antes de que pudieran llegar más lejos, Bella lo empujó hacia atrás.

—¿Puedes entrar al taller o no?

La sonrisa de Edward era traviesa.

—Oh, sí puedo. —Él la agarró por las solapas, atrayéndola más cerca de él de nuevo. Sus labios hicieron cosquillas en la piel cerca de su oreja y su voz era un murmullo cuando habló—. Isabella Marie. Hemos estado juntos por siete meses. ¿En serio ahora vas a decirme que tienes fantasías con un mecánico?

Negándose a dejarlo tener el control, Bella empuñó sus dedos en la camisa de él, jalándolo cerca así podía besarlo. Solo cuando él se había rendido, su boca buscando la suya y su cuerpo inclinado hacia adelante, ella rompió el beso.

—Edward Anthony, si no has descubierto que tengo fantasías con un mecánico, no has estado prestando atención.

Él gruñó y la besó una vez. Duro.

—Deme solo un minuto, señorita y después meta su auto. —Él esbozó una sonrisa que la habría hecho caer de rodillas si no estuviera sentada—. Trabajaremos en usted inmediatamente.

Bella se estremeció con anticipación. Tan pronto como Edward estuvo dentro de la puerta de la oficina, ella salió del auto y corrió hacia el baúl. Hizo una mueca cuando vio que su uniforme de repuesto del trabajo estaba arrugado. Tendría que funcionar. Abriendo la puerta trasera, se paró entre las dos puertas en el lado del conductor del auto. Tan rápido como pudo se cambió a su uniforme de trabajo, volviendo de nuevo al asiento del conductor justo cuando Edward abrió la puerta del taller.

Bella dobló sus brazos sobre el volante, golpeando su cabeza mientras gemía. Edward también se había cambiado. Estaba usando su mameluco ahora, luciendo como si justo estuviera saliendo de un set de una película porno.

El mecánico y la camarera.

Ella entró al taller y él llamó su atención, su sonrisa se extendió lentamente por su cara. Él se paseó, jodidamente se paseó, hasta su ventana y se apoyó en la puerta del auto para hablar con ella. Antes de que él pudiera decir algo, pareció notar que ella se había cambiado y gimió, golpeando su cabeza en la parte superior de la puerta.

—Jesucristo —murmuró bajo su aliento. Ella prácticamente podía sentir sus ojos viajando por el largo de su cuerpo, verificando para ver si tenía puesta la falda también—. Serás la muerte para mí, Bella, te juro que lo serás.

Bella mordió el interior de su mejilla para mantener su sonrisa bajo control.

—¿Así que cree que puedo conseguir algún servicio aquí, o qué?

Él frunció los labios.

—Sí, creo que puedo servirle. —Sus palabras hicieron tensar el cuerpo de ella—. ¿Por qué no sale aquí y me muestra lo que está mal? —dijo él, abriendo la puerta del auto por ella.

Bella salió del auto, notando cómo él permaneció dentro de su espacio personal mientras ella daba la vuelta al frente del auto. Jadeó cuando él la agarró por el brazo y la empujó sobre el capó del auto inesperadamente.

—No necesita explicar, señorita. Soy bueno en darme cuenta de los problemas. —Sus dedos recorrieron los costados de ella.

—Bueno con sus manos, ¿verdad? —preguntó ella, orgullosa de que no era una pila de porquería temblorosa para ese momento.

—Eso es lo que me dicen. —Él movió sus manos para ahuecar el trasero de ella—. Tendrá que dejarme saber si tienen razón.

Bella apretó los labios pero no pudo evitar el pequeño chillido que su toque provocó. Las manos de él ahora estaban bajo su falda, sus dedos se deslizaron por la parte trasera de sus muslos y de vuelta a su trasero.

—¿Ya lo ha descubierto?

Él tarareó.

—Muy cerca. —Sus manos se deslizaron debajo de la cinturilla de sus bragas. Bella se mordió el labio pero no amortiguó totalmente el gemido lascivo que su toque provocó. Él frotó su clítoris con dos dedos, dejando a sus dedos arrastrarse más lejos, sintiéndola donde estaba resbaladiza—. Mire, este es su problema justo aquí. —Él presionó un dedo dentro de ella, haciéndola gemir—. Es una simple fuga de fluido.

No había razón por la que debería ser tan caliente pero lo era. Realmente lo era.

Edward se inclinó hacia delante de modo que su cuerpo estaba sujetando el de ella en el capó. Ahora empujó dos dedos dentro de ella, sin dejar de hablar en una voz baja y enloquecedoramente firme, cerca de su oreja.

—Es una reparación fácil. La grieta solo necesita ser llenada.

—Oh, Dios —murmuró Bella. Recostó la frente contra el frío metal del auto.

Mientras tanto, Edward continuó trabajando con sus dedos dentro y fuera de ella. Con su otra mano, él retiró el cabello de su hombro y mordió su lóbulo.

—¿Es eso lo que quiere, señorita Swan? —Usó su rodilla para separar sus piernas—. ¿Quiere que la llene?

—Ahora. Ahora, Edward. Por favor.

El peso de él la dejó pero solo el tiempo suficiente para bajar sus bragas. Después extendió su gran mano entre sus hombros. Ella escuchó un susurro cuando él se desprendió los pantalones.

—¿Tienes alguna idea de lo esto me hace, Bella? ¿Tienes alguna idea de cuán caliente es?

—Creo que tengo alguna idea. Edward. —La palabra fue una súplica. Ella empujó el trasero hacia atrás, invitándolo más cerca.

Él gimió.

—Joder, eres tan hermosa. —Sus manos estaban entre las piernas de ella de nuevo, guiando la cabeza de su pene a su entrada. La provocó con solo un golpe, dos, tres y después se deslizó dentro de ella.

Por minutos, ninguno de los dos dijo una palabra. Edward tomó las manos de ella, sosteniéndolas en ambos lados de su cabeza mientras golpeaba en ella a un ritmo rápido. Él gruñó. Ella gimió. Él suspiró. Ella hizo un sonido que podría haber sido su nombre. Él mordió su hombro. La fría temperatura del metal bajo sus manos y el calor del cuerpo de él rodeándola eran la mezcla perfecta, excitante, que le impedían la combustión.

Él gimió, arrastrando sus labios de nuevo hacia su oreja.

—Sientes esto, ¿no? Cómo fuiste hecha para mí.

—Sí —gritó cuando él golpeó un punto dulce dentro de ella—. Más duro. Por favor, Edward. Más.

—¿Quieres más, nena? —Él estaba tan profundo dentro de ella.

—Todo —dijo ella en un suspiro.

—Soy tuyo. —Él se agachó, presionando su cabeza contra la de ella. Su respiración llegaba en jadeos ásperos y desiguales a la oreja de ella.

Bella no podía hablar en ese momento. Podía hacer ruidos no inteligibles mientras él entraba en ella duro y rápido justo como ella quería. En ese momento, estaba contenta de que estuviera más allá de hablar. Era demasiado. Podría haberle rogado para que parara. Como iba la cosa, cuando ella se vino, su visión se volvió blanca. Gritó tan fuerte, que Edward puso sus manos apretadamente sobre su boca, amortiguando el ruido así no serían pillados. Él ahogó su propio orgasmo con su boca en el cuello de ella, sus dientes clavándose en su piel.

—Jesús —dijo él bajo su aliento mientras jadeaba. Le besó la oreja—. Te amo.

—¿Amas a Jesús o me amas?

Él rió.

—Listilla. —Con un gemido, se salió de ella, dándole a su trasero una bofetada. Bella chilló, levantándose en sus piernas tambaleantes.

Edward envolvió sus brazos alrededor de ella, jalándola contra su pecho y apoyándose en el auto para sostenerse. Abrazándola cerca, besando el dolorido lugar en su cuello donde sus dientes se habían enterrado.

—¿Puedo llevarte a casa, Bella?

—Sí. —Abrió la boca, porque quería decirle que podía quedarse con ella. Quería que fuera su hogar. Ella era suya—. Llévame a casa —dijo en su lugar. Se imaginó que quería decirle cuando estuvieran acurrucados en su cama.


Un lindo capi entre ellos dos… Ya se lo merecían después de tantos problemas que estaban teniendo. ¿Qué les ha parecido?

Solo queda un capítulo más y el epílogo y va a ser momento de despedirnos de otra historia… ¡No puedo creer que estemos llegando al final! ¿Qué sienten ustedes?

¡Esperamos sus comentarios contándonos que les ha parecido este capítulo! Gracias por todos los rr, alertas y favoritos. Recuerden que #DejarReviewNoCuestaNada y que es bueno #SerAgradecidas con todas las chicas que trabajan para que podamos leer lindas historias.

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¡Hasta el próximo capítulo!