Capítulo 24: Condena

El atardecer había caído sobre la Sabana africana. Shenzi se había recostado un momento bajo la sombra de una acacia, cuando vio a lo lejos que la sacerdotisa en turno de la jauría, Makhpil, recolectaba algunas hierbas medicinales. Y mientras la observaba, los recuerdos de la maldición que esta le había conjurado, pasaban desagradablemente por su mente:

Ahora lo veo –decía Makhpil muy a su pesar. A través de un ritual para indagar la mente de Shenzi, había visto las verdaderas razones por las que Shenzi se había visto obligada a traicionar a Scar. —Sin embargo, eso no te resta culpa— le dijo severamente— Así que, te marco con la señal de Corban, y te condeno a que todo amigo que tengas, te traicionará... Y agradece que esté siendo compasiva contigo.

"No entiendo por qué después de que me lanzó esa maldición, yo sigo aceptándola en la jauría." Se reprochaba Shenzi para sus adentros.

Pasaron las horas hasta que cayó la noche. Era hermosa. El manto nocturno cubría la sabana para cobijar a todos los hijos de Aiheu. Claros y brillantes rayos de luna se esparcían sobre África combinados con los más preciosos destellos estelares, pero esa brillantez se vería ensombrecida por un lamentable e indeseable suceso.

"¡Socorro!", gritaba una y otra vez un pobre cálao con desesperación; Zenzén el consejero y mayordomo de Tuni, estaba siendo asesinado por una hiena quien lo agitaba de un lado a otro con alevosía y ventaja. Como días antes el ave se había fracturado una pata, le resultó imposible escapar rápidamente al ataque. La sangre brotaba por todos lados, y pronto su voz fue apagada. Era una escena realmente perturbadora.

Kass, se deslizaba en medio de los sombras, llegando hasta la cueva donde Shenzi y el resto de su jauría dormían profundamente. Sin hacer ningún ruido, Kass se acercó a Shenzi, colocando el cuerpecito inerte del desafortunado cálao junto a ella. Después se acercó rápidamente a un charco para enjuagarse su hocico, sus patas, y no dejar así, ninguna evidencia.

A la mañana siguiente, unos gritos espantosos hicieron que Shenzi abriera los ojos inmediatamente. Todavía se sentía un poco adormilada, pero el susto hizo que su corazón bombeara velozmente.

"¡Mire alteza! ¡Fue ella!, lo ve, ahí está, ¡Ella lo mató!"

Tuni estaba desahuciado; al ver a la avecilla muerta se acercó corriendo, mientras lanzaba un terrible alarido de dolor.

"¡Nooo!" Gritaba de manera desgarradora. "Zenzén era mi consejero y mi amigo, ¡¿Por qué él?!"

Ajenti su esposa, lloraba en silencio. Se acercó a Tuni, frotando su rostro contra el de él.

Cegado por la furia, Tuni se acercó a Shenzi, quien se había puesto de pie.

"¡Asesina!" Le gritó, lanzándole un poderoso Zarpazo. Shenzi sintió un profundo ardor. No se atrevió a ver a los ojos al Rey. Tenía una pata en su mejilla, Se sentía como caliente. En un intento de calmar el terrible dolor, se la frotaba suavemente. Ella se quedó pasmada. Como en estado de Shock.

"Y nosotros que te dimos todo", decía el encolerizado león; "Te dejamos vivir en nuestro reino, te asignamos una cueva… Y, ¡¿Así es como nos pagas?!... Dudo mucho que ignoraras que es Corban atacar a los consejeros reales.

Shenzi estaba petrificada y pálida. Respiraba con agitación. Poco entendía de lo que estaba ocurriendo, y sólo se dejaba guiar por los hechos del momento.

"Esperen un Segundo", grito Banzai, llegando por detrás a defender a su hermana. "Mi hermana no hizo nada… Ella sí". Finalizó apuntando con su pata y mirando severamente a Kass.

Kass puso cara inocente; "Mi señor… ¿usted sería capaz de creer eso, después de todos los años que mi jauría ha vivido en su reino?, después de que hemos demostrado respetar todas las reglas, y de saber perfectamente que es Corban atacar a un consejero real."

"¡Mientes, Kass!", gritó Banzai, quien parecía lanzar chispas por los ojos, "yo sé que fuiste tú, yo mismo vi cuando complotabas contra mi hermana y contra el resto de nuestra jauría."

Edd no hablaba, pero con una expresión de angustia asentía con la cabeza, ante todo lo que Banzai decía.

Kass fingió gran indignación; "¿En serio usted, su majestad, podría creer semejante cosa?, es evidente que ellos quieren desprestigiarnos para ser las únicas hienas en su reino. Nos quieren fuera para no tener problemas al conseguir alimento, ya sea a través de la cacería o búsqueda de carroña."

"Te creemos, Kass", dijo de repente Ajenti, "aunque ustedes nos generan muchos problemas, es innegable admitir que han respetado los códigos reales por generaciones."

Kass sonreía con aire triunfal. Tuni bajó la cabeza, y con cierta actitud inflexible, comenzó a sentenciar:

"Shenzi, Esto es intolerante. Has violado un protocolo real, y has realizado un acto por demás malvado. Te marco con la señal de Corban. Tienes hasta el ocaso para que tú y tu jauría abandonen estas tierras, o todos ustedes serán sentenciados a muerte".

"Pero señor…", decía Shenzi, con la voz quebrada.

"Ya lo he decidido." Interrumpió secamente Tuni, "no quiero volver a ver a tu jauría, ni a ti, nunca más."

Banzai estaba más que furioso.

"¡Oiga!, ¡Eso es injusto!, Kass es la verdadera culp…"

"Ya, hermano," decía Shenzi con lágrimas en los ojos, "déjalo así. Encontraremos donde establecernos."

"Pero… Pero…"

"Basta hermano, tal como dijo 'Leo Segundo', nos marcharemos de aquí, antes del ocaso." Los ojos de Shenzi brillaron llenos de furia. "Pero habrá alguien que no nos seguirá más."

Ajenti cargó suavemente con su hocico el inerte cuerpo del ave. Ambos leones salieron de la cueva, llenos de un profundo dolor, seguidos por Kass, quien antes de marcharse miró a Banzai con una expresión de satisfacción combinado con burla en el rostro.

Después de que se hubieran ido, Shenzi se acercó a donde se encontraba Makhpil, la sacerdotisa de la jauría, quien venía sustituyendo a su madre Shimbekh desde el día en que ésta había decidido quitarse la vida.

"¡¿Con que tu maldición ha surgido efecto, verdad?!", le decía Shenzi, mostrándole los dientes.

"¡¿Y qué si así fue?!" Preguntó Makhpil, desafiante.

"Pues que ahora, tú pagaras muy caro las consecuencias." Decía Shenzi casi rabiosa.

"A mí no me amenazas, Shenzi." Contestó Makhpil. "No te tengo miedo."

"Tal vez no a mí," decía Shenzi Jadeando de coraje, "pero, ¿Qué tal a tu destino?, a partir de ahora te expulso de la manada; Te convertirás en una hiena vagabunda. Y de verdad espero, que no logres sobrevivir en el gran mundo."

"Pues no le tengo miedo al destino. Ya verás que lograré sobrevivir."

Después, Makhpil se acercó a una hiena hembra de nombre Diótima. Esta última había sido por muchos años discípula, sin embargo al escuchar este mandato se sorprendió mucho, ya que su preparación espiritual aún no estaba completa.

"Pero, ¿cómo?, maestra, yo aún no estoy lista para ser su sucesora."

"Los siento, pero así será. Finalmente conoces lo más básico para ser una sacerdotisa. Ahora escúchame con atención; te encargo a la manada, y sobre todo, cuida del pequeño de Leasha. A partir de ahora, 'tú' eres La nueva sacerdotisa de esta jauría."

Diótima había sido entrenada espiritualmente por Shimbekh, junto con Makhpil, para que sustituyera a ésta última, sólo en algún caso muy extremo en el que ella no pudiera continuar con sus actividades como sacerdotisa. Nadie hubiera imaginado que al final se iba a terminar necesitando dicho reemplazo tan prontamente.

Después de esto, con gran seguridad, Makhpil abandonó la jauría con paso firme. ¿A dónde iría?

…Tal vez más adelante lo sabremos...

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