Capítulo 24 - Cara a cara

La cena fue incómoda, pero lo fue más el entrar en su habitación y ver a Elia en la litera de arriba. Al menos mientras cenaba había podido permanecer en silencio mientras la tía May y ella hablaban, pero ahora tenía que enfrentarse directamente a su mirada de culpabilidad.

-Buenas noches -masculló, metiéndose en la cama. Simplemente, no tenía ganas de hacerlo.

-Buenas noches, Pet -suspiró ella.

Estaba a tan solo unos centímetros, pero era inalcanzable. Durante los últimos días había querido hablar con ella y tratar de aclarar un poco la situación entre ellos, ver al menos qué opinaba ella. Ahora, tenía claro que no iban a estar juntos. Sí, había algo de atracción, pero Viktor había entrado en escena. Peter no sabía muy bien cómo tomarse el hecho de que Elia no le quisiera contar nada sobre él y, aunque no quería presionarla, se moría de curiosidad por saberlo; por eso mismo había decidido besarla. Bueno, también quería y la situación era perfecta para lanzarse, pero que ella se apartase era la prueba que necesitaba para comprender que había otra persona. La vez anterior que se habían besado, ella simplemente se había alejado porque su teléfono había sonado. Si eso no hubiera pasado, estaba seguro de que se habrían seguido besando o de que, al menos, habrían hablado del tema. Esta vez nada les había interrumpido y la única diferencia que veía era que ahora Elia conocía a Viktor. También podía ser que simplemente no quisiera tener nada con él, pero al principio ella se había acercado más para facilitarle el beso, lo cual le hacía estar incluso más confuso. ¿Elia tenía algo con Viktor? ¿A Elia le gustaba él pero prefería a Viktor? No tenía nada claro, lo único que sabía era que agradecía que no hubiera sido la tía May quien les hubiera interrumpido el beso, porque eso sí habría sido algo caótico. Adoraba a su tía, pero era una mujer muy insistente y cotilla, con lo que no descansaría hasta haberles sometido al tercer grado.

Se acomodó mejor en la cama y trató de dormirse. Para una noche que no podía salir a patrullar como Spiderman, iba a aprovechar para dormir.

Peter se despertó bostezando, como siempre. Aunque había pasado toda la noche en la cama sentía que no había descansado lo suficiente y eso no le gustaba. Sin embargo, eso le hizo recordar por qué no había salido esa noche y se giró rápidamente. No obstante, la litera de arriba estaba vacía, lo que le extrañó mucho. Elia no estaba en la habitación, así que salió a ver si la veía por el resto de la casa. En cuanto abrió la puerta su voz se oyó. Provenía del salón y fue hacia allí, encontrándola hablando con la tía May. Elia aún llevaba ese pijama tan feo, pero en ella quedaba adorable.

-¡Por fin te despiertas! -exclamó tía May-. Llevamos aquí ya un rato.

-Haberme despertado -respondió él, encogiéndose de hombros.

-Elia decía que estabas muy mono dormido y que no quería despertarte.

La mencionada se refugió en la taza de leche, aprovechando para bebérsela de un trago. Seguramente, no esperaría que la tía May soltase ese comentario.

-Gracias por dejarme descansar -dijo, mirándola.

-De nada -sonrió ella. Parecía más calmada que la noche anterior-. Bueno, voy a vestirme, Happy estará al llegar -informó, poniéndose en pie.

-¿Te tienes que ir tan pronto? -Peter no necesitó mirar a su tía para saber que estaba haciendo pucheros.

-Sí -respondió con algo de culpabilidad-, la gala es esta noche, pero tengo que ir a mirar vestidos y esas cosas -suspiró. Peter sabía que no le hacía ninguna gracia.

-Ay, pues luego le mandas una foto a Peter para que me la enseñe, ¿vale? -pidió May-. Es que quiero ver cómo vas.

Elia asintió y se fue a la habitación. Mientras, Peter trató de desayunar bajo la atenta mirada de su tía. Ella era demasiado lista y, aunque ya no estaba todo tan mal como anoche, se habría dado cuenta de la situación. Posiblemente, tan solo quisiera hablar del comportamiento tan extraño de ambos en la cena. Por suerte, Elia salió antes de que ella pudiera decir nada.

-Bueno, Happy ya me está esperando abajo -anunció-. Ha sido un placer conocerte, May, y muchas gracias por todo -se despidió, dándole un par de besos.

-Espero verte por aquí más a menudo -contestó ella.

-Lo intentaré -aseguró. Después se quedó parada en frente de Peter sin saber qué hacer-. Bueno, Peter...

-Ven, te acompaño a la puerta -dijo, caminando hacia allí. La abrió y se quedó esperando-. Pásalo bien y no hagas locuras -le advirtió cuando ella pasó a su lado.

-Descuida -asintió.

Ambos se quedaron mirando unos instantes hasta que Peter decidió acercarse y darle un abrazo. No iba a dejar que se marchase de esa manera.

-Te veo el lunes en clase -se despidió Elia tras unos instantes.

-Hasta el lunes -repitió él, quedándose de pie en la puerta hasta que ella desapareció por las escaleras. Entonces cerró y cuando se dio la vuelta se topó con la mirada inquisitoria de su tía.

-Peter Benjamin Parker, ¿qué ocurre?

No podía ocultarle nada a la tía May, bueno, casi nada, pero era muy consciente de que su cara le delataba. Además, ella era muy insistente y, aunque estaría durante días hablando del tema, necesitaba un consejo.

-Me gusta Elia -confesó sin rodeos.

-Cariño -dijo mirándole con ternura-, eso es algo que sé desde la primera vez que me hablaste de ella. ¿Por qué te crees que insistía tanto en conocerla? -Peter se quedó mudo, ¿tan evidente era?-. Lo que me preocupa ahora es saber lo que ha pasado entre vosotros. Habéis estado muy tensos todo este tiempo.

Peter suspiró. De perdidos al río.

-La he besado -su tía dejó escapar un pequeño grito de emoción-, pero ella no parece estar muy interesada en mí.

-¿Por qué dices eso?

-Porque luego ella no ha querido hablar de la situación y... también la he visto con otro chico. Tengo la sensación de que se está apartando de mí.

-Cuando la viste con ese otro chico, ¿qué hacían? -preguntó pensativa.

-Pues nada, hablaban -dijo, sin querer dar muchos más detalles. No le parecía bien contarle que una de esas veces ella estaba llorando.

-¿Y ella te ha hablado de él?

-Eso es lo que me extraña, que ella le odia -dijo, exasperado.

May le miró, algo dudosa.

-No sé que decirte, cielo -suspiró-, simplemente que no la presiones. Cuando ella quiera, hablaréis, pero hasta entonces déjala, no insistas más. Por lo que me has contado de ella, sé que ante todo es tu amiga y, si no quieres perderla, es mejor que la dejes pensar.

Peter asintió y la abrazó. Su tía siempre sabía qué decir.

-¿Conseguisteis terminar el trabajo? -le preguntó Tony una vez estaban en el coche. Elia asintió-. Espero que ese niño se comportase.

Pepper soltó una carcajada y Elia miró a ambos con confusión.

-Tu padre piensa que Peter es un adolescente hormonado y que va a ir a por su niñita.

-¿Qué? -preguntó Elia, soltando una risilla nerviosa. Peter no era exactamente así, aunque no podía negar que el beso de anoche no había estado nada mal. No, se regañó, no era el momento de pensar en eso, había tomado una decisión e iba a mantenerla.

-Decid lo que queráis, pero los que van de listos son los peores -aseguró Tony-. Miradme a mí -él abrió los brazos en su característico gesto-, a los quince años era como Peter.

Esta vez, Elia se rió de verdad. No podía imaginarse a Peter teniendo ese mismo carácter egocéntrico y comportándose como un playboy de la vida.

Pepper y Tony comenzaron a discutir sobre eso, algo en lo que Elia prefirió no meterse. No obstante, no ayudaba mucho que estuvieran hablando de Peter, pues él no paraba de introducirse en su mente. Al menos no todo había sido un desastre y parecía que Peter no estaba tan molesto con ella como pensaba, pues el abrazo que le había dado al irse había sido demasiado emotivo. Tan solo esperaba que, en el momento en el que pudiera contarle todo lo que estaba sucediéndole, Peter estuviera dispuesto a escucharla y no fuese demasiado tarde. Por el momento, no iba a pensar en eso, iba a centrarse en el presente. Llevaba un vestido precioso, negro y con unas flores por los tirantes y el escote. Había seguido los consejos de Nat y había tratado de que no fuera largo y que tuviera vuelo suficiente para poder moverse en caso necesario. Así, con la ayuda de Pepper, había conseguido encontrar esa preciosidad de vestido, uno que según Peter y su tía le quedaba de maravilla.

Y ahí estaba, de nuevo Peter en su cabeza. Eso de estar enamorada era una mierda, pero aún más horrible saber que el chico te correspondía y que no podíais estar juntos.

Por suerte no tardaron mucho en llegar y el ruido de los flashes, los periodistas y la gente la impidieron seguir con sus pensamientos. Esta vez dejó que su padre y Pepper hablasen ante los periodistas para luego seguirles al interior del edificio, donde, de nuevo, ellos saludaron a la gente mientras ella se perdía entre la exquisita decoración. Ella permaneció junto a ellos, respondiendo a los formales saludos de la gente y respondiendo a las escasas preguntas que les hacían. Lo cierto era que no sabía muy bien qué pintaba ella en ese tipo de eventos, pero no iba a decir nada al respecto, al menos no sin probar una en la que no intentasen matarla. Si esta no le gustaba, no pensaba volver a ir a ninguna más.

Continuó junto a Pepper y Tony mientras avanzaban por la sala, hasta que una figura llamó su atención. Era un chaval joven, de su edad más o menos, y que hablaba animadamente con los invitados. Elia le reconoció al intante y corrió junto a él.

-¡Hola, Harry! -saludó.

Él se giró, sorprendido.

-¡Elia! -exclamó abrazándola-. ¿Qué tal todo?

-Muy bien -sonrió, apartándose un mechón de la cara. Prácticamente se había olvidado de que Harry también estaría allí y se había llevado una grata sorpresa. Además, ahora tenía un motivo para acceder a ir a esas fiestas-, ¿y tú?

-No me puedo quejar -sonrió.

-¡Rhodey! -exclamó entonces su padre tras ella.

Elia se giró y le vio abrazando a un hombre que tenía una especie de exoesqueleto en las piernas. No le hizo falta más para saber que se trataba de Máquina de Guerra. Su cara en esos momentos debía ser todo un poema, pues su padre sonrió en cuanto la vio y le hizo señas para que se acercase.

-Mira, Rhodey, te presento a mi hija.

El hombre la miró de los pies a la cabeza, impresionado.

-Creo que aún esperaba que fuera una de tus bromas, pero veo que no -comentó. Después le tendió la mano-. Es un placer, soy James Rhode, aunque tu padre me llama Rhodey.

-Es un placer, señor -dijo, emocionada-. Sí, él es muy dado a poner motes.

Tony rodó los ojos.

-Me cae bien esta chica -sonrió Rhodey.

Su padre y Pepper continuaron hablando con Rhodey y con el resto de miembros del grupo mientras Harry y ella estaban a su aire. De vez en cuando se introducían en la conversación, pero su diversión consistía en que Harry le iba contando los cotilleos que sabía de cada uno de los invitados. Ese chico había acudido a demasiadas fiestas y no tenía con quién compartir toda esa información, así que ahora que tenía una compañera de travesuras no iba a quedarse callado. No obstante, llegó un momento en el que si lo hizo. Elia se extrañó y, al ver que sus ojos estaban clavados en un punto fijo, miró hacia allí. Norman Osborn caminaba hacia ellos con decisión, saludando a todos los invitados, hasta que se detuvo en el grupo en el que estaban.

-Hola -saludó con elegancia. Su voz era bastante fría-. Hijo -dijo mirando a Harry.

-Padre -respondió él, asintiendo.

Norman continuó hablando, pero Elia no le prestaba atención. ¿Como que Harry era el hijo de Norman? Su amigo nunca se lo había dicho. Había tenido la llave de los secretos de Oscorp al lado durante todo este tiempo y sin saberlo. No obstante, no pensaba utilizar a su amigo de esa forma, aunque era bueno saber que podía recurrir a él en un caso desesperado. Sin embargo, no estaba segura de la información que él pudiera darle. Su reacción ante su padre delataba que su relación no era muy buena.

-¿Elia? -preguntó su padre, sacándola de sus pensamientos.

Elia miró a todas partes hasta que se fijó en que Norman la miraba con atención. No hizo falta que ella dijera nada, pues él directamente repitió la pregunta.

-Estoy deseando saber más de tus inventos, tu madre trabajaba en mis laboratorios y era una gran científica. Estoy seguro de que tú seguirás sus pasos, además de que ahora tienes a Stark de maestro.

Esa frase de nuevo. Su madre era más que una científica, era una persona, quien la había cuidado desde el momento en que llegó al mundo. Era la mejor de su campo, sin duda, pero estaba cansada de que la gente redujese a Tessa Krane a su profesión. También era la mejor del mundo haciendo galletas, pero eso nadie lo valoraba. Además, ¿quién se creía ese hombre para hablar así de su madre? Su compañía había hecho que su madre trabajase en unas condiciones deplorables y que ese talento del que tanto presumían estuviese a punto de pasar desapercibido. No obstante, sí fu él quien consiguió financiación para su laboratorio y que la cambiasen de lugar. Quizás estaba reaccionando precipitadamente porque era la primera vez que le tenía cara a cara, no estaba segura. Respiró profundamente y trató de controlarse, no solo por el lugar en el que estaban y porque al final parecía que Norman no tenía la culpa, sino porque no quería que Harry se molestase con ella. Al fin y al cabo era su padre, por muy mala relación que tuvieran estaba segura de que no le gustaría que se pasase con él.

-Me alegra que piense eso de mí -contestó-, aunque lamento decirle que mi padre no permitiría que trabajase para la competencia.

Todos rieron, demostrando que había sido la frase idónea para esa situación.

-Ves, Norman, quizás ahora seas propietario de todo Oscorp y te puedas parecer un poco más a mí, pero cuando ella comience a trabajar en Industrias Stark te será imposible alcanzarme -sonrió-. Sin ofender -añadió, mirando a Harry.

-Tranquilo, estoy acostumbrado a que Elia sea la mejor de la clase -respondió él, haciendo que Elia se sonrojase. Una cosa era hablar un poco de sus inventos y otra que la conversación girase en torno a ella.

-Bueno, no estés tan seguro -advirtió Norman-. Antes de marcharse, Stromm dejó unos cuantos proyectos finalizados que estamos desarrollando. Tal vez te lleves una grata sorpresa.

-¿Stromm? -preguntó Elia. Sabía de sobra a quién se refería, pero quería ver si averiguaba algo más.

-Mendel Stromm, su antiguo socio -contestó su padre-. Terminó en la cárcel y Norman compró su parte de la empresa, siendo así el único propietario.

-Así es -afirmó-, pero será mejor que hablemos de algo más agradable. Ese día aseguré mi fortuna, pero eso nunca compensará el haber perdido a un amigo.

Elia se desilusionó, había averiguado exactamente lo mismo que ya sabía, pero tampoco podía seguir insistiendo. La gente comenzaría a sospechar, además de que no era el momento. Tal vez podría preguntarle a Harry un día en clase, pero tenía que pensar bien qué era lo que debía responder si el camino comenzaba a volverse peligroso. Decidió dejar ese tema de lado y centrarse en disfrutar de la fiesta, ya que estaba allí no iba a amargarse la noche.