Capítulo Beteado Por: Karen CullenPattz – Flor Carrizo Betas Elite Fanfiction

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Los personajes de la saga pertenecen a Stephenie Meyer, y encontraran algunos hijos míos estos como la historia son míos.

Hola hermosas aquí estoy con un capítulo más, muchas gracias a mis betas que sin ella no traer este capítulo bueno las dejo leer.

Capítulo 24: Tres meses después

Jasper POV

Tres meses después del atentado, todos estuvimos en la corte esperando el veredicto que condenaba a Renée y a sus secuaces. Estaba completamente seguro de que su condena sería alta, ya que ella era la mente criminal detrás de todo lo sucedido y, a parte, James cooperó con información.

La forma en la que encontramos a Renée fue algo traumático para todos nosotros, pero creo que los más afectados fueron papá, mamá y Bree.

Flashback Dos meses antes…

Ya casi se cumplían dos semanas desde que estábamos en el hospital. A Ximena le dieron de alta dos días después de lo acontecido, pero Matt y Bree no tuvieron la misma suerte, ya que estaban internados en cuidados intensivos.

Bree estuvo inconsciente los dos días siguientes al atentado y en el momento en el que despertó, todos sentimos un gran alivio, ya que el doctor había dicho que ella podía mantenerse en estado de coma por mucho tiempo, dado que estaba muy débil por su problema de anorexia. Todos nos regocijábamos y gritábamos al aire que Bree era una chica fuerte y por eso había regresado a nosotros. Aun así, papá y el doctor decidieron dejarla unos días más en el hospital para estar seguros de que ella no sufriera más daños y poder monitorearla mejor.

Todos nos sentíamos a salvo con Renée en la cárcel. Su detención se llevó a cabo al día siguiente de los sucesos, pero nadie contaba con su habilidad y perspicacia, ella logró escaparse de su encierro. Jake fue notificado y casi al minuto siguiente, me habló a mí. Yo estaba más cercano al hospital y por lo tanto fui el primero en llegar. Sabía que Rose estaba con Bree, que ellas estaban acompañadas por los policías, aun así las sentía desprotegidas.

Mi hermano y yo estábamos juntos, no sabíamos los planes de esa mujer y nos daba miedo el simple hecho de pensarlo.

Fue en ese instante donde empezó mi infierno: cuando abrí la puerta de la habitación que le habían asignado a Bree, lo primero que vi fue a Rose desmallada. Sin pensarlo, corrí hasta quedar de rodillas frente a ella.

—Rose, vamos, despierta —hablé suave para trata de despertarla—. Vamos, pequeña, despierta —volví a hablar de la misma forma, con algo de preocupación y desesperación en mi voz.

Gracias al cielo ella comenzó a reaccionar. Solté un fuerte suspiro.

—¿Qué pasó? —preguntó desorientada.

Rose intentaba ponerse de pie, entonces me di cuenta de que tenía sangre en su cabello. La detuve y vi sus ojos rebosantes de lágrimas.

—Jasper, ¿dónde está Bree? —volvió a preguntar preocupada.

Cargué a Rose en brazos para poder dejarla recostada en la cama, inmediatamente, ella empezó a cerrar los ojos.

Y ahí entré en pánico.

—Rose, mírame, no te duermas en tanto voy por un doctor y una enfermera, por favor, tienes que estar despierta —pedí tratando de ser suave para que no notara mi preocupación.

Dejé la puerta cerrada y empecé a correr por los pasillos esperando encontrarme a papá, pero no lo hice. Entré a la habitación de Matt pensando que papá podría estar allí, en cambio, me encontré con una enfermera.

—Ayúdeme, por favor, mi cuñada está casi inconsciente —rogué desesperado.

Al igual que yo, Matt se preocupó y me preguntó qué estaba pasando; solo le di la información estrictamente necesaria y salí con la enfermera. Ella empezó a ordenar que buscaran a papá y llamó a otra enfermera para que se hiciera cargo de Matt.

Al llegar a la habitación de Bree, al primero que vi fue a Amún quien ya estaba con Rose. Al otro lado de la cama donde estaba Rose, había un par de policías pidiendo su versión de lo que había sucedido.

—Solo recuerdo que escuché cómo se abría la puerta y pensé que era mi mamá, de ahí en adelante no recuerdo nada más, todo se volvió negro —declaró.

—Está bien, necesitaremos los videos de seguridad para saber por dónde entró y salió la persona en cuestión y, además saber si alguien la ayudó; pondremos policías alrededor del hospital. Le informamos que una patrulla ya se encuentra en su casa —dijo uno de los policías.

Después de unas horas dejaron que Rose regresara a casa. Los policías estaban en casa de Esme, donde estaba la familia. Matt, quien aún estaba en el hospital, estaría protegido por el personal de seguridad.

El trayecto a la casa fue silencioso, aunque noté que Rose se limpiaba, de vez en cuando, las lágrimas que corrían por sus mejillas. Al llegar a la casa vimos que estaba rodeada de patrullas y eso me hizo sentir más tranquilo. Ayudé a Rose a descender del auto y caminamos hasta la entrada. Ella abrió la puerta de su casa y fue allí donde nos dimos cuenta de que todos estaban reunidos en la sala.

—Dios, hija, ¿te sientes bien? —preguntó Esme.

En un segundo, ella ya estaba junto a Rose, quien tenía un poco rojo su ojo, ya que se había golpeado al caer.

—Mamá, estoy bien, lo importante es recuperar a Bree, ¿dónde están Carlisle y Jake? —preguntó Rose.

—Ellos ya saben dónde tiene Renée a Bree y fueron por ella —respondió Esme.

Esta última guiaba a su hija al sillón más cercano. Fui directo a sentarme con mi preciosa esposa, la cual no estaba muy bien estos últimos días; ya que al parecer tendría náuseas durante todo el embarazo.

Estábamos esperando a que papá y Jake se comunicaran con nosotros y rogando que hubiesen encontrado a Bree en la cabaña donde Renée se había escondido la primera vez. Cuando llamaron para confirmar que la habían rescatado, todos por fin sentimos algo de alivio.

Desgraciadamente, Bree tuvo que regresar al hospital. Una de sus heridas se infectó y papá se la llevó de inmediato para hacer las curaciones necesarias, mientras Jake se encargaba de la bruja que agregaba más delitos a su caso. En este instante, Renée contaba con el delito de secuestro. Era seguro que la muy perra no saldría de la cárcel.

Fin del flashback

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Los días pasaron convirtiéndose en semanas, todo el proceso contra Renée y sus cómplices fue por buen camino. Aunque papá y Esme se sentían apenados por la esposa de James y ni qué decir de su pequeña hija.

Tanto James como Vladimir fueron sentenciados. El primero obtuvo una condena de treinta años por abuso de confianza y robo, y al segundo lo condenaron a cadena perpetua por intento de asesinato; mientras que el juicio de la bruja duraría un mes más.

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Mi querida esposa se encontraba en el quinto mes de embarazo. Era el quinto mes y parecía como si fuera el décimo; claro que eso último no se lo diría, porque me dejaría diez metros bajo tierra.

Mi dulce Alice, la amaba tanto que me aterraba llegar a casa y encontrarla llorando en la recamara porque ya no le quedaba su ropa o porque tenía los pies tan hinchados que no podía pintarse las uñas. Además, mientras ella dormía, repetía una y otra vez que yo la dejaría porque estaba gorda, cosa que no haría nunca.

Estacioné en nuestra casa, sí, vendí mi departamento de soltero y compré una casa nueva. Podía ver a mi pequeña por la ventana de la sala de estar.

Ese día, teníamos cita con su doctor y esperaba con ansías saber el género de mis pequeños saltamontes. El mes pasado no se dejaron ver, aunque estaba seguro de que ambos eran niños.

—Hola, cariño, pensé que no llegarías —dijo desde su posición.

No tardé en unirme a ella. Al llegar a su lado dejé un beso en sus labios y luego bajé mis labios hasta su vientre para besar a mis saltamontes.

—Hola, amor, solo dejo esto y nos vamos —dije mientras iba camino a mi despacho.

Nuestra casa era hermosa, contaba con sala de estar, sala de televisión, comedor, cocina y cuatro recámaras con baño propio. Mi preciosa Alice se enamoró de ella en cuanto la vio.

Rápidamente, dejé mis cosas y tomé lo necesario para reencontrarme con Alice e ir a la cita con el doctor.

—Vamos, es hora de saber cómo van los chicos —afirmé emocionado.

—Jasper, ya hablamos de eso, no son niños, son niñas, ¿verdad que sí, mis dulces chicas? —preguntó viendo su barriga.

Al menos les podía decir niños de camino al consultorio. Alice y yo nunca pudimos ponernos de acuerdo, así que solo quedaba esperar a que en esta ocasión pudiéramos saber el género de mis bebés.

Tuvimos que esperar un rato para que nos atendieran y tanto Alice como yo estábamos bastante ansiosos. Para cuando nos tocó pasar, Marcus ya nos esperaba.

—Buenas tardes, chicos. Me da mucho gusto tenerlos por aquí —nos saludó.

Marcus nos invitó a tomar asiento en frente de su escritorio, mientras él se acomodaba en su puesto. Puso su mentón sobre sus manos cruzadas y miró a Alice.

—Bien, Alice, dime ¿cómo te has sentido estas semanas? —preguntó gentilmente.

—He estado bien, aunque algo cansada y mis pies se hinchan demasiado —respondió encogiéndose de hombros.

—Tranquila, eso es normal, corazón. Te sientes cansada porque es un embarazo múltiple y por consiguiente retienes más líquidos. No me veas así, sé que vas demasiado al baño, pero aun así los retienes. Bueno pasaremos a hacer la revisión de rigor, ya sabes lo que tenemos que hacer —dijo tendiéndole la bata a Alice.

Alice se empezó a poner la bata y yo todavía tenía muchas preguntas; así que mientras ella se alistaba, yo aproveché para preguntar.

—Marcus, ¿qué puedo hacer para que no se canse demasiado y le baje la hinchazón de los pies? —pregunté pensando en mi dulce Alice.

—Jasper, el cuerpo de tu mujer está generando el doble de todo: hormonas, síntomas y algunas cosas más, si sabes de lo que te hablo. —Asentí con la cabeza sin decir nada.

Claro que lo entendía. Otro extra que trajo el embarazo de Alice fue la cantidad de sexo que habíamos tenido, debo de decir que no fue algo normal todo el ejercicio que hemos hecho los últimos meses.

—Es normal, hijo. Tu mujer lleva un embarazo tranquilo a pesar de ser múltiple —respondió con serenidad.

Alice tomó su lugar en la camilla, Marcus encendió el monitor e hizo el mismo procedimiento del mes pasado. Él revisó a los pequeños para cerciorarse de que todo estuviera bien y ver si por fin nos dejaban saber si eran niños o niñas.

—Bien, chicos, todo está perfecto; los bebés llevan el peso exacto para este tiempo y miren, creo que nos dejarán saber qué serán —dijo moviendo el aparato.

Marcus presionó algo en el teclado y la pantalla cambió a cuarta dimensión, siguió moviendo el aparato y nos mostró a nuestros pequeños

—Chicos, creo que esto los hará felices. Éste de aquí, es un varoncito —dijo señalándonos a mi niño en el monitor.

Y sí, ese era mi hijo. No pude disimular mi sonrisa, yo tenía razón. Como bonus extra, no tendría que preocuparme por tener que descuartizar algún niño en algunos años. Estaba seguro de que de ser niñas vivirían encerradas hasta tener cincuenta.

Marcus siguió revisando.

—Y veamos, ¿qué tenemos por aquí? Jasper, hijo, yo que tú me iba buscando una buena escopeta: aquí tienes a tu princesa. —Me mostró mientras sonreía.

Casi grité en ese momento… una niña. Tenía que empezar a buscar una escuela de monjas lo antes posible y sí, también la escopeta que me recomendaba Marcus, nadie tocaría a mi princesa.

Ya saliendo de mis pensamientos, vi por el rabillo de mi ojo a mi mujer, quien estaba llorando.

—Son mellizos, ¡Dios, gracias! Oh, Marcus ¿podrías regalarnos un video?, así se lo podríamos mostrar a nuestra familia —pidió Alice.

A pesar de las palabras de Alice, yo aún pensaba cómo descuartizaría al chico que se atreviera a tocar a mi niña.

Besé a mi esposa por el maravilloso regalo que me daría…

Pasaron dos meses más y Alice tenía veintisiete semanas cumplidas.

Por otro lado, toda la familia se encontraba a la espera de la sentencia de la bruja de Renée. El juicio tuvo una duración de dos días, ya que Vanessa había tenido algunos sangrados graves en el proceso de su embarazo y no podía salir de la casa, hasta que Marcus lo permitió después de hacer un estudio riguroso. Vanessa por fin rindió su declaración y, en el proceso, Renée no se contuvo y trató de golpearla. Para defenderse, Renée dijo que ella era su cómplice provocando que su hija fuera con ella a la cárcel, como venganza por haberla traicionado.

Fue así como los jurados y la juez decidieron darle cadena perpetua. Sí, la muy perra se pudriría en la cárcel.

Gracias a Dios, nuestras vidas volvían a ser tranquilas e iban por buen camino. Mi esposa estaba mejor que nunca y mis pequeños crecían saludables.

Me alegraba que papá estuviera feliz, al igual que mis hermanos.

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Bella POV

Este era uno de los mejores días de mi vida, Edward se había divorciado legalmente hacía unas semanas de Vanessa, así que nuestro noviazgo salió a la luz. No era como si no supieran que andábamos juntos, pero ahora era oficial.

Por desgracia, Vanessa no podía dejar el departamento de Edward hasta que tuviera al bebé, ya que tanto Edward como yo temíamos que no nos diera a nuestra niña pequeña.

Edward estaba tan ilusionado, que estábamos en el centro comercial comprando ropa, juguetes, pañales y un montón de cosas más; incluso tenía la cuna, sí, así de emocionado estaba. Hacía un mes nos habíamos llevado un gran susto con los sangrados que tuvo por su falta de alimentación. Afortunadamente, Marcus logró salvar a la bebé.

—Mira, este es hermoso y este otro —dijo enseñándome dos pequeños vestidos—. ¿Mañana tienes algo que hacer por la tarde? —preguntó distraído.

—Salgo del trabajo a eso de las cinco, ¿por qué? ¿Necesitas hacer algo? —respondí pensativa mientras le pasaba otro conjunto.

—Es que tengo una sorpresa para ti, podría recogerte en tu trabajo —comentó.

La pregunta del millón sería por qué no regresé a trabajar con Edward y la respuesta era que quería conseguir algo por mi cuenta y el hecho de que hubiera trabajado con él me ayudó.

—Está bien, pero sabes que odió las sorpresas —respondí mientras seguía buscando entre la ropa.

—Pues estoy seguro de que esta sí te va a gustar. Anda, vamos a pagar todo esto —dijo jalando el carrito con todo lo que íbamos a comprar.

Pagamos las compras con toda la normalidad del mundo mientras que hablábamos de temas sin importancia. Nos dijeron que la cuna y los muebles llegarían a la casa de Carlisle en dos días.

—Tengo que comprar un regalo, es el cumpleaños de Bree —comenté

Empecé a caminar hacia los perfumes, si había algo que amaba mi pequeña hermanita eran los perfumes.

—Bueno, vamos a comprarle algo hermoso a la pequeña Swan —dijo Edward.

Le compramos sus perfumes. Edward quiso comprarle otra cosa con la cual mi hermana se pondría muy feliz.

—Tengo que pasar al departamento, ¿está bien? No tardaré mucho, lo prometo —dijo rápidamente.

—Claro, te espero —contesté sonriente.

En cuanto Edward cerró la puerta, solté un gran suspiro. Esperaba que esto terminara pronto o yo me volvería loca.

Mi móvil empezó a sonar en mi chaqueta, lo saqué de inmediato y me sorprendí al ver que era Alice. Últimamente, se estaba enojando por todo y los que estábamos a su alrededor sufríamos las consecuencias.

—¿Qué se te ofrece hermanita? —pregunté dejando los rodeos.

—Necesito que me hagas un favor, porque a mi querido esposo se le olvidó pasar por el pastel de Bree. —Escuché que Jazz se quejó y pensé, de inmediato, que Alice le había pegado—. Isabella, escúchame bien, si no llegas con ese pastel en media hora serás hermana rostizada. —Sin decir nada más, me colgó.

Edward había salido de su departamento y se acercaba con algo en las manos, cosa que llevó directo a la parte de atrás del auto.

—Bien, vamos a celebrar con la pequeña —dijo Edward mientras tomaba su lugar tras el volante.

—Me habló Alice, preguntó si podíamos pasar por el pastel, porque Jasper lo olvidó —comenté.

—No me digas que mi hermano sigue vivo después de eso —respondió sonriendo.

En este poco tiempo, nos habíamos dado cuenta de quien era la que llevaba la voz cantante en la relación de ellos.

—No creo que sea el único. A mí me amenazó diciendo que si no llegábamos con el pastel en media hora, yo sería hermana rostizada —dije haciendo un puchero.

—Bueno, entonces creo que debo darme prisa, no quiero una novia rostizada —comentó en tono alegre.

Dado que Edward cambió la velocidad del auto, yo sentí una pequeña sacudida que Edward notó y soltó un par de risitas.

En sí, la pastelería no quedaba muy lejos de casa y no tardaron en entregarnos el pastel. Edward condujo su auto en tiempo récord, así que no fui hermana rostizada.

Ya llegando a la casa, nos encontramos con todos y, cuando digo todos, son todos. Los amigos de Bree estaban con ella en el sillón abriendo algunos regalos y la familia estaba alrededor de ellos. Mamá le propuso invitar a más chicos o hacer una fiesta solo con sus amigos, pero mi hermana se decidió por algo más familiar. A pesar de haber salido del hospital, todavía se encontraba un poco decaída, por eso solo se encontraban Karla, Tom y Riley; este último se encontraba como novio, más que como amigo.

La noche fue agradable entre risas y juegos que hicimos con los chicos y con las bromas de Jake todo fue muy bien. Bree se lo pasó muy bien, poco a poco ella estaba volviendo a ser la chica que era antes de llegar a Los Ángeles.

Casi al terminar la reunión, Edward no tardó en decir que tenía que irse, porque al día siguiente tenía que trabajar, al igual que yo.

—Recuerda, mañana pasaré por ti a las cinco —me dijo.

Tomó mi cara entre sus manos y me besó, fue uno de esos besos que me subía a las estrellas y tardaba en regresar a la Tierra.

—Te amo y lo sabes —susurró cerca de mi boca.

—Yo también te amo. Estaré lista a las cinco —dije sonriente.

Y nos besamos de nuevo antes de que él se fuera.

Después de que Edward se fuera, no tardé en disculparme diciendo que mañana yo también trabajaba. Emmett y Jake se burlaron, pero no les presté atención, mi cabeza se estaba imaginando cuál podía ser la sorpresa de Edward.

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Edward POV

El día siguiente a la reunión de cumpleaños de Bree, llegué a mi oficina y lo primero que hice fue llamar a la tienda de bebés para darles la dirección de nuestro nuevo lugar de residencia, ese sería el lugar perfecto para pedirle a mi amada Bella que fuera mi esposa y así poder compartir con ella y con nuestros hijos la maravillosa casa. Quería muchos hijos y sin importar que la hija de Vanessa y Alec no fuera mía biológicamente, lo sería de corazón y nunca haría distinciones entre ella y sus próximos hermanos.

Sabía que a Bella le encantaría y que se pondría berrinchuda porque no le dije nada antes, en lugar de eso lo hice como una sorpresa; pero esa era la casa de mis sueños, las hermosas las imágenes que tenía en mi móvil y tablet no le hacían justicia. La casa constaba de dos plantas, cinco recámaras cada una con su propio baño, cielos rasos altos, sala de estar, sala de televisión, sala de cine, despacho, cocina, comedor, alberca y un chalet.

Era un gran sueño, me encantaba, daba por hecho que a Bella le fascinaría y estaba muy ansioso de que la viera.

—Scarlet ¿podrías traerme los contratos de Orlando y Chicago? —le pregunté a mi secretaria.

Estaba terminando de revisar los contratos, responder algunos correos y reexaminar algunas propuestas de edificios que me quedaban pendientes. Di un vistazo al reloj y me sorprendí cuando vi que faltaban tres horas para revelar la casa.

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Estaba esperando a Bella afuera de su trabajo. Gracias a los cielos Demetri Salvatore la dejó en paz. Él solo quería andar con ella por fregarme la vida, pero mi chica era inteligente y digamos que a él le costaría tener hijos.

Vi a mi chica acercarse al auto y se veía hermosa con una blusa blanca y una falda tubo color negro; ya estaba duro y solo la estaba viendo.

—Hola, cariño ¡Dios, que día! Hoy tuve una junta tras otra —me saludó.

Me dio un beso en los labios y yo me aproveché y la besé con ganas, mi mano se deslizó por su pierna para encontrarme con un liguero.

—Edward, estamos en la calle, por favor contrólate —soltó jadeante.

Un reto era tenerla a ella jadeando entre mis brazos, no me podía concentrar así y tendría que hacer acopio de todas mis fuerzas.

—Solo porque nuestro camino es largo; pero en cuanto lleguemos a nuestro destino no te vas a librar de mí, señorita Swan —dije mirándola a los ojos.

Por unos segundos, nuestras respiraciones fueron erráticas mientras conducía alejándome de la ciudad. Solo pensaba en llegar a la casa y tomar a Bella en la primer superficie plana que encontrara, pero primero tenía que taparle los ojos, ya que nos quedaba muy poco para llegar.

—Muy bien, mi amor, hasta aquí vas a poder ver. Esta será la mayor sorpresa que te he dado hasta ahora —comenté sonriente.

No tardamos en llegar a la casa, la majestuosa fuente estaba iluminada de fondo para hacer el ambiente perfecto.

Ayudé a Bella a bajar, para luego ponerla frente a la casa, deslicé la venda de sus ojos para sorprenderla por fin.

—¡Sorpresa, mi amor! —exclamé.

La cara de mi chica se iluminó, pude ver los cambios en su rostro que iban desde la sorpresa y la duda, pero siempre regresaba al de la sorpresa.

—Edward, esto es impresionante —dijo suavemente.

Este era el momento para hacer que esta hermosa mujer aceptara ser mi esposa. Puse una de mis rodillas en el suelo, los ojos de mi chica se llenaron de lágrimas al descubrir lo que tenía planeado, así que me aclaré la garganta para empezar.

—Cariño sabes que al principio fui un desgraciado contigo, pero con el paso del tiempo me di cuenta que no eras como esas chicas a las que estaba acostumbrado y me fui enamorando de ti; al ver al maldito de Demetri rondándote me ponía loco de los celos, fue ahí cuando me di cuenta que yo estaba enamorado de ti, que no solo eras una obsesión y que por ningún motivo dejaría que te aparten de mi lado. Quiero que en esta casa veamos crecer a nuestros hijos y envejecer juntos, ¿querrías hacerme el hombre más feliz de la tierra y casarte conmigo? —pregunté.

Mi Bella tenía sus preciosos ojos color chocolate llenos de lágrimas y había una preciosa sonrisa en su rostro.

—Sí, acepto ser tu esposa —chilló emocionada.

Con la misma emoción que ella tenía, le coloqué el anillo en forma de corazón y en seguida me puse de pie para besarla. Sonreí mientras rozaba sus dulces labios con los míos.

—No habrías tenida opción, eres mía desde que chocamos —comenté con algo de humor.

Mientras nos besábamos nos guié a la sala de estar. Nuestro beso cada vez era más salvaje, más apasionado, mis manos no podían estar en un solo lugar. Así fue como nuestra primera parada se convirtió en la sala de estar, después fue el despacho y muchos más lugares fueron bautizados en algunas horas.

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Emmett POV

Esto era asqueroso, no podía evitarlo; mientras más sentimientos guardaba en mi corazón, mientras mi familia se encariñaba más con las Swan, más sufría, y si les pasa algo no sabía que sería de mí. Gracias a Dios no perdimos a nadie, pero lo que más me lastimaba era lo que le habían hecho a mi madre y no quería sentirme así de nuevo. Esme era magnífica y tenía tanto amor; ni hablar de las chicas, cada una era especial a su manera.

Y Rosalie, esa mujer era mi perdición. La amaba en verdad, pero solo pude darme cuenta hacía unos meses, al verla con Mark Sloan. Estuve a punto de ceder y el día que estuvimos en mi apartamento, después del restaurante, me sentí completo por primera vez, porque fue a lo más cercano a tener una relación con mi Rose. Nunca olvidaré eso, pero como lo dije, yo era muy cobarde para afrontarme a una relación.

Sabía que Rose me quería, pero no le podía ofrecer lo que mis hermanos le habían dado a las hermanas de Rose; todos ellos estaban en su gran burbuja de amor y ella se merecía a alguien que le correspondiera y le diera estabilidad. Yo quería lo mejor para ella, desgraciadamente yo no era ese algo que ella se merecía, así que mi única opción para que Rose se olvidara de mi, era volver a mi vida normal.

No tardó mucho el desfile de mujeres que dejaban mi despacho o con las cuales aparecía cada fin de semana en casa de papá, al parecer a él también lo decepcioné, pero era lo mejor.

Las cosas pasaron como tenían que pasar, Rose renunció y al siguiente fin de semana anunció que se mudaba a New York. Jasper fue el único que se dio cuenta de mi reacción, sentí como si me echaran un balde de agua helada, afortunadamente me recompuse al instante; yo había sido quien buscó esto y lo seguía sosteniendo, era lo mejor.

Lo único que se me ocurrió hacer fue tomar la mano de mi acompañante, de la cual no sabía ni su nombre.

—Bien, nosotros tenemos otro compromiso, así que nos retiramos. Rose, espero que te vaya bien en New York. Nos veremos en la próxima reunión en familia —dije algo más serio de lo que pensaba.

Sin más salí de la casa de papá, me sentía pesado y se me estaba haciendo un hueco en el pecho, que traté de ignorar tratando de concentrar parte de mi atención en mi acompañante de turno.

—Maggie, aquí tienes, te dejaré en donde puedas tomar un taxi —hablé usando el mismo tono de antes.

—Mi nombre no es Maggie, es Megan. No es necesario que me des dinero, no soy una puta y si no es mucha molestia, ya me puedes sacar de este lugar para poder irme a casa —contestó furiosa.

Preferí quedarme en silencio, no tenía nada que discutirle porque sabía que había sido un gran cabrón, así que la dejé lo más cerca de un sitio de taxis y me fui al bar más cercano.

Y así fue el resto de mi semana y del mes. Rosalie ya se encontraba lejos y Jasper iba por mí cada noche a los diferentes bares de los cuales le hablaban.

De por sí, mi hermano ya tenía una vida complicada esperando el nacimiento de sus hijos. Ya hacía unos días les habían advertido que el embarazo de Al no llegaría a término, así que podía ser en cualquier momento.

Me encontraba en mi departamento después de mi noche habitual. El resultado de embriagarme, había sido una gran resaca y mi cabeza sintió explotar cuando se escuchó el teléfono del intercomunicador.

—Señor Cullen, su padre va en camino. Disculpe, yo le dije que usted no se encontraba, pero no me creyó —me comunicó el vigilante.

—No te preocupes, Sam, mi padre ya se estaba tardando demasiado en venir —contesté y terminé la comunicación.

Caminé perezosamente hasta la puerta y la dejé entreabierta para que mi padre entrara sin problema.

—Vaya, para no estar eres un buen holograma. ¡Qué asco!, apestas a alcohol y a sudor, ni hablar del departamento. ¿Qué estás haciendo, Emmett? —preguntó arrugando la nariz.

No respondí, era más que obvia la razón por la cual estaba así y mi padre lo sabía. Me miró de forma paternal y ahí supe que venía la charla emocional que había estado tratando de evitar.

—No vas a conseguir olvidarla así. Tú decidiste alejarla de tu vida, ahora compórtate como hombre y sigue a delante, ¿no crees que no me duele ver a mi hijo noche tras noche borracho? A tu mamá tampoco le gustaría verte así. Edward te ha estado hablando, ya nació tu sobrina y no estuviste ahí —comentó en tono triste.

—Me duele pensar que en algún momento la perderé y no lo soportaré. No soy como tú, yo no soportaría perder a Rosalie por cualquiera que fuera la razón; sufrí mucho con la pérdida de mamá. Nunca podría vivir sin estar plenamente consciente de que mi Rose está bien —le confesé.

—¿Te das cuenta de lo que dices? Tú la amas, ¿piensas que para mí fue fácil perder a tu madre? No, hijo, al perder a tu madre perdí mi otra mitad. El tener una relación con Renée fue para mí como un escape de mi dolor, pero sucedió todo lo contrario cuando el dolor fue en aumento. Luego se me hizo difícil salir de esa relación y después llegó Esme. Hijo, yo nunca me olvidaré de tu mamá, ella me dio cinco razones para mantenerme en pie y poder seguir adelante, ¿tú crees que si hubiera sido al revés tu mamá se dejaría vencer y no lucharía por ustedes? Yo te amo, hijo, y no me gusta verte así, prométeme que ya no beberás —pidió.

—Te lo prometo. ¿Así que Eddy ya es papá? —dije en tono jocoso.

Sonreí de solo de imaginarme a mi hermano en su papel de padre primerizo.

—Iré a ducharme para poder irnos —alcancé a decir antes de irme a la ducha.

Me quedé pensando por un momento, no di otro paso hasta que una pregunta cruzó por mi cabeza. Volví a ver a mi padre de frente y dudé de si debía hacer la pregunta o no.

—¿Rose ya está aquí? —pregunté con demasiada rapidez, apenas se entendieron mis palabras.

—No, llega el viernes por la noche. Hijo, en algún momento tendrás que verla —respondió dándome ánimo.

—Sí, es solo que no me gustaría que supiera lo que he hecho —dije cabizbajo.

—Tranquilo, solo sabemos Jasper, Alice, Esme y yo; nadie dirá nada que tu no quieras —respondió.

De alguna forma, me sentí satisfecho con esa respuesta, así que asentí con la cabeza. Fui a ducharme, me afeité y ordené mi habitación lo más rápido que pude.

Después de media hora, papá y yo nos dirigimos al hospital para conocer mi sobrina y ver a los nuevos papás. En el camino, mi padre me contaba que aunque Edward le había prometido a Vanessa no actuar legalmente contra ella, Renée se encargó de hundirla junto con ella y la acusaron de complicidad, así que pasaría algunos años en prisión.