Una serie de puntos para unir
Capítulo 25 – Draco: La cueva de la bestia
¿Acaso podría sentirme más dichoso?
Yo, Draco Malfoy, hijo de uno de los más temidos mortífagos, estaba oficialmente comprometido con Harry Potter, El Niño Que Sobrevivió. Me entraban ganas de dar brincos de alegría de pensar que pasaría toda mi vida, por muy corta que pudiera llegar a ser, con el chico de cabellos negros desordenados que adoraba.
Tomados de la mano íbamos a la segunda clase del día, habíamos faltado a la clase de DCAO de la primera hora. Lo cierto era que no quería separarme de él tan pronto, pero él tenía Encantamientos, una de las pocas que no compartíamos.
Al doblar en unos de los recodos del pasillo oímos los fatídicos pasos… la profesora McGonagall se cernió sobre nosotros como un dementor. Cruzó los brazos y nos encaró con la más severa de las miradas. —Señor Potter, ¿podría tener unas palabras con Ud. en mi oficina? —si bien lo había formulado como una pregunta era claro que se trataba de una orden. Harry asintió obediente y me dirigió una rápida mirada como disculpándose. No entendí por qué tenía que disculparse hasta que me di vuelta y vi a Snape a unos pocos pasos, también de brazos cruzados y con una mueca desdeñosa en los labios.
—Malfoy, sígame. —siseó, giró sin esperar respuesta y se puso en marcha. No tenía alternativa, partí tras él según me lo había ordenado.
Ya en su oficina, cerró la puerta y me espetó. —¿Es que no has aprendido nada de los Slytherins, Draco?
—¿Quiere decir aparte de aprender a sonreírse como si nada mientras lo despedazan a uno?
—Discreción, Draco. Es la clave para manejar las situaciones problemáticas. ¿Pensás acaso que el Señor Oscuro no se entera de nada de lo que ocurre en Hogwarts?
—Por supuesto que no. No soy imbécil.
—Entonces deberías dejar de actuar como si lo fueras. Desde que te enganchaste con Potter parece que has perdido la sensatez. Estás actuando como el más necio de los Gryffindors… poniendo innecesariamente tu vida en serio peligro.
Me puse muy tenso; en realidad no alcanzaba a entender del todo de qué estaba hablando. ¿Sabía acaso de la incursión de reconocimiento en la Mansión? ¿O se refería a que mis devaneos por Harry me habían vuelto descuidado? —He asumido algunos riesgos calculados. —respondí, consciente de que no era del todo cierto. Aparicionar a la Mansión había sido una movida peligrosísima… casi irracional.
—¿Acaso podés llamarle riesgo calculado al espectáculo que dieron esta misma mañana a las puertas del Gran Salón?
—Bueno… no… pero no puede echarme la culpa por el impulsivo comportamiento de mi Gryffindor, yo hubiese preferido que me lo pidiera en privado… pero Ud. ya sabe cómo es Harry. Haga lo que haga él es siempre el foco de atención. —sonreí para mis adentros recordando la imagen del hermoso e idiota de Harry de rodillas. Harry siempre se las ingeniaba para enredar todo… pero sus ocurrencias eran encantadoras.
—Ojalá no se le hubiese ocurrido tal despropósito… va a ser imposible ocultar esto del conocimiento del Señor Oscuro.
—Soy consciente de eso. —expresé con determinación— Pero poco me importa… es posible que esté muerto antes de que pueda llegar a enterarse.
—¿Cómo? —preguntó con incredulidad, de golpe se había puesto lívido.
—Tengo intenciones de matarlo. —expliqué— Esta noche.
—¿Y cómo podrías lograr algo así, él está en la Mansión y vos acá? —había querido sonar irónico pero pude darme cuenta de que estaba aterrado.
—Me extraña que no lo haya Ud. notado. —dije y alcé la mano mostrándole el anillo.
—¿De dónde lo sacaste?
—Padre. —dije escuetamente— Si bien tengo que decir que él nunca se hubiese imaginado que terminaría usándolo para esto que he planeado.
—¿Y qué es lo que has planeado? —preguntó receloso.
—Ya hice una prueba. Me trasladé a la Mansión… anoche. Las defensas no mostraron ni la menor alteración… me conocen, no se produjo perturbación alguna. Voy a comunicarme con mi madre esta noche y ella va a indicarme donde duerme. Voy a matarlo mientras duerme… mientras sueña con matar a mi prometido.
—Estás asumiendo una carga demasiado pesada, Draco. No sos sino un chico. —dijo Snape. Podía sentir la furia brotándole como en ondas, lo que no hacía sino confirmar el miedo que tenía— Y no es tu responsabilidad.
—Sólo me faltan unos pocos meses para la mayoría de edad, Harry ha hecho mucho más que esto… y era mucho más chico. Y si uno se pone a pensarlo, matar a alguien mientras duerme no es nada del otro mundo. —murmuré. Que mi padrino estuviera tan asustado no era precisamente algo que me diera ánimos, pero no iba a cambiar de parecer por eso. El monstruo tenía que morir. Por Harry, por mí, por nosotros. Nunca tendríamos un momento de paz en tanto su amenazante presencia siguiera sobrevolándonos.
—¡Sé razonable! —ordenó Snape, echaba humo de ira— ¡Vos no sos Harry Potter! ¡Vos no sos El Elegido! ¿Qué te hace pensar que este plan de pacotilla que ideaste pueda dar resultado? ¡Es Potter el que está destinado a matarlo, no vos!
—Tengo que intentarlo. Si no lo hiciera y algo llegara a pasarle a Harry… —no pude concluir la frase, se me formó un nudo en la garganta…la sola idea de que pudiera fracasar… no podía permitir que Harry expusiera su precioso cuello en una batalla enfrentando a ese enajenado. La vida de Harry era lo más importante de todo. —Lo amo.
Un largo suspiro exasperado fue su respuesta. Tras una larga pausa, finalmente asintió solemnemente y entrecerró los ojos. —Sea… ya veo que nada podría disuadirte de cometer una locura como ésta… vas a necesitar de mi asistencia.
—Yo no necesito… —empecé a protestar, pero Snape desestimó mi queja con un gesto brusco y me clavó una mirada negra que no dejaba lugar a réplica.
—¿Ya pensaste de qué forma vas a matarlo? —me preguntó.
Negué con la cabeza, avergonzado. —No en realidad… se me ocurre que esa maldición seccionante… la que Ud. me enseñó el año pasado…
—No es lo suficientemente rápida… —masculló— Es efectiva… pero le daría tiempo para despedazarte varias veces antes de desangrarse hasta morir.
—Sólo con que sirva para que Harry no sufra daño alguno… —empecé a argumentar pero me cortó con otra mirada negra, más intimidante que la anterior.
—¿Y cómo creés que va a quedar Potter si vos murieras? ¡Destrozado, sintiéndose miserable por no haber hecho nada para impedirte que cometieras una necedad fatal!
Sí, era innegable… Harry quedaría muy mal… pero con el tiempo lograría superarlo. Si las posiciones se invirtieran… ¿podría yo superarlo?... No. —Oh, está bien… —concedí finalmente— ¿Qué es lo que Ud. sugiere?
—Ahora no. Esta noche después de la cena te espero en el aula para una "penitencia". Lo discutiremos entonces.
Suspiré y asentí, no estaba en posición para hacerle planteos. —Quiero suponer que va a guardar secreto sobre todo esto…
Revoleó los ojos y torció los labios con desdén. —A diferencia de vos yo no hice a un lado mi naturaleza de Slytherin… ni la de espía. Hacé un esfuerzo y tratá de comportarte de manera sensata siquiera durante las próximas horas.
—Haré todo lo posible. —le aseguré, di media vuelta y marché hacia la puerta, alcancé a oírlo musitar por lo bajo: —Salazar se apiade de nosotros.
oOo
No podía quitarle los ojos a la piedra sobre la que Harry se había arrodillado para hacerme la propuesta. Cuando lo vi acercarse, noté que él también traía los ojos fijos en la misma piedra. No… si iba a resultar que mi padrino tenía razón, me estaba transformando en un Gryffindor sentimental.
Tenía que frenar esa mutación dañina antes de que fuera demasiado tarde.
Harry llegó hasta mí y me dio un casto beso. —Hola. —me saludó con su habitual falta de elocuencia. Era encantadora su carencia de pericia para expresar sus sentimientos con desenvoltura, pero ese simple "Hola" susurrado en el lóbulo de mi oreja bastaba para mí.
—Hola. —le susurré a mi vez, no sin un dejo de ironía— Yo también estaba mirando el suelo… todavía no me convenzo de que sea cierto… —se sonrojó y me dieron ganas de llenarlo de besos, pero eso no hubiese sido propio de un Slytherin… y yo le había prometido a Severus…—¿Te pusieron penitencia?
—Naah… Me sacó puntos… pero más que nada quería hablarme… asegurarse de que no hubiera perdido la razón.
Podía hacerme un cuadro de cómo había sido la conversación, semejante a la de Snape conmigo, sólo que de diferente perspectiva. La voz incisiva de la profesora seguramente le habría pontificado que un joven tan prometedor como él nada tenía que hacer a la vera de un más que objetable mortífago como yo. Lo que me llevó a preguntarme si llegaría alguna vez el día en que todos terminaran aceptando nuestra relación sin cuestionarla… o acaso íbamos a tener que batallar indefinidamente y de manera constante con el resto del mundo.
—Sí, ya me imaginaba que haría lo imposible para disuadirte. —bufé sin disimular la irritación. Harry se apresuró a calmarme, me acarició el brazo y luego me tomó de la mano. De repente ya no me importaba cuántas batallas nos tocara pelear, Harry y yo íbamos a ser felices juntos… aunque tuviéramos a todo el mundo en contra.
—Le dije que tenía razón, que estaba loco… loco de amor por vos… —susurró intencionadamente— …y que nada me haría cambiar de parecer.
No pude contener la risa, pero la sensiblería empalagosa de la ocurrencia me había llenado de calidez. Era tan opuesto a mí en todos los sentidos concebibles… y sin embargo se había ganado un lugar en mi corazón para siempre— Pero que edulcorada cursilería, Harry. —comenté sarcástico.
—Y a vos te encantó. —volvió a ronronearme en la oreja y me arrancó un estremecimiento, se sonrió ante mi reacción— ¿Y a vos cómo te fue? ¿Te salvaste también de una penitencia?
Me limité a encoger los hombros, no quería entrar en detalles. Sabía que ocultarle cosas estaba mal… pero no podía contarle. Sabía que si se enteraba de lo que estaba tramando, intentaría impedírmelo. —Sí y no. — repliqué con deliberada vaguedad. Pero él no estaba dispuesto a dejarlo pasar así sin más, alzó una ceja instándome a que continuara— Oficialmente es una penitencia... pero va a ser más como una clase avanzada de Pociones. No me va a poner a fregar calderos como a vos.
—No me hagas acordar. —dijo riendo, me rodeó la cintura con un brazo e ingresamos al Gran Salón. —Eso es completamente injusto, —se quejó— siempre supe que vos eras su predilecto.
Estuve a punto de replicarle que él no era el más indicado para hablar puesto que Dumbledore siempre lo había privilegiado, pero fue entonces que noté que todas las cabezas se daban vuelta para mirarnos. Me vino a la mente la voz de Snape exigiendo: Discreción, Draco. A como estaban las cosas, ya no era posible. Todos estaban enterados de la propuesta y, con sólo vernos, hasta el más tonto podría deducir cuál había sido mi contestación.
Granger y Weasley le sacaron toda la información pertinente apenas nos sentamos. Al parecer sus viejos amigos habían vuelto a ganarse su simpatía… ¿sería que volverían a ganar precedencia sobre mí en la estima de Harry? No era mi intención protestar o mostrarme celoso, Harry quería a sus amigos… y si mi plan no resultaba, iba a necesitarlos además.
Traté de apartar esos pensamientos. No le fallaría… no podía fallarle. Traté de concentrarme en la conversación, intercalé uno que otro comentario jocoso sobre las ropas de gala de Weasley y cosas así. Pero en realidad no podía poner demasiado espíritu en la charla, lo que me había dicho Snape me tenía por demás de inquieto.
oOo
Entré al aula de Pociones y cerré la puerta detrás de mí soltando un profundo suspiro. Harry se había mostrado tan ansioso de estar conmigo, de que hiciéramos el amor… y si bien yo tenía tantas ganas como él, sabía que esa noche no iba a poder ser. Tenía mucho que hacer… y obstáculos que superar aguardándome.
—¿Vas a pasar de una vez o pensás quedarte toda la noche junto a la puerta? —demandó Snape sin levantar la vista de lo que estaba escribiendo.
—¿Cómo vamos a matarlo? —pregunté sin preámbulos. Bien hubiera preferido estar en mi habitación en dulce contienda romántica con Harry; si me lo estaba perdiendo, más valía que esa reunión resultara productiva.
Levantó la vista y me miró con una ceja en alto. —Vas a tener que usar la Maldición Mortal. —contestó.
—¿Tanta sabiduría y agudeza para llegar a esa conclusión? ¿Avada? Podría haber llegado a la misma conclusión sin necesidad de ayuda. —siseé, dispuesto ya a dar media vuelta e irme.
—Pero no fue eso lo que se te ocurrió.
—Claro que sí… —repliqué—…lo que pasa es que…
Snape terminó la oración por mí: —No crees ser capaz de usarla. —tenía razón, de repente fui muy consciente de que eso transparentaba debilidad. Se puso de pie y se me acercó— No hay nada de malo en eso, Draco. —dijo con un suspiro— No me cabe duda de que una de las cosas que Potter ve en vos es eso… no está en tu naturaleza matar… lo tuyo no va mucho más allá de herir con lengua y palabras afiladas.
Me encogí de hombros… quizá era cierto. —Verlo muerto es lo que más quiero… pero no creo que pueda usar la Maldición Mortal de manera efectiva… y no voy a tener la posibilidad de atacar dos veces. Me obligaron a practicar todas las Imperdonables durante el verano, mi padre me castigó muchas veces porque no llegué a dominarlas, ni siquiera con el Cruciatus obtuve resultados aceptables.
—Lo sabía. —me dijo.
—¿Y qué se supone que haga entonces? ¿Aplastarle la cabeza con un candelabro? —demandé sarcástico.
—Sería una gran ironía que lograras hacerlo sucumbir sin usar magia… pero diría que no tendrías ninguna oportunidad… no podrías sorprenderlo con un ataque físico… el Señor Oscuro está siempre alerta.
—Y supongo que habrá también un contingente de guardias.
Para mi sorpresa, Snape negó con la cabeza. —No, no es así. No confía en nadie. Cuando duerme sólo se protege con magia… y podríamos decir que ése es su talón de Aquiles. Si bien su magia es poderosa… no es infalible.
—¿Y entonces cómo? ¿Cómo hago para cruzar las defensas sin que se dé cuenta? —pregunté con un tono de ligera frustración.
—Con esto. —respondió, y alzó un frasco con un líquido púrpura en su interior— Esto te hará invisible, tu persona y todo lo que lleves encima… y no sólo a la vista. Tampoco la magia podrá detectarte. —susurró con reverencia y evidente satisfacción, probablemente era un producto de su invención— Un solo y pequeño sorbo bastará.
—¿Está seguro de que dará resultado? —me miró con ofendida desaprobación.
—Naturalmente. —replicó con alarde altanero.
No pude evitar sonreírme, pero alcé las manos capitulando. —No me culpe por preguntar. ¿Puedo disponer de la poción ahora mismo? Cuanto antes pueda terminar con este asunto mejor.
Me tendió el frasco y preguntó: —¿Estás seguro de lo que vas a hacer? ¿Vale la pena realmente que pongas en riesgo tu vida por Potter?
—Totalmente seguro. —respondí sin dudar un segundo y agarré el frasco. Procedí entonces a darle tres vueltas al anillo y murmuré el encantamiento.
oOo
Nuevamente me encontraba en el estudio de mi padre, pero esta vez con un importante recurso para no ser descubierto. Bebí de inmediato un sorbo de la poción, pude sentir el cosquilleo de la magia distribuyéndose por mi cuerpo. Y unos segundos después era invisible. Me tomó unos momentos adaptarme. No podía verme y me resultaba difícil coordinar los movimientos.
Me da la impresión de que esto no va a resultar.
Suspiré y me concentré. Por suerte no demoré en acostumbrarme a la nueva condición y tenía aparte la ventaja de que conocía el terreno por donde me desplazaba como la palma de mi mano… era mi casa después de todo. Mi madre ya me había informado en que parte se alojaba Voldemort. Pude pasar a través de las barreras que protegían sus aposentos sin ningún problema.
Pero poco después me di cuenta de que probablemente no estaban activadas… ¡porque Voldemort no estaba allí! Maldije para mis adentros. Recorrí algunos de los pasillos y llegué a escuchar una conversación que me proporcionó una decepcionante información, el Señor Oscuro había ido a supervisar directamente un ataque que tenía lugar esa noche.
Tuve que volver a Hogwarts… sin haber conseguido nada. Me había perdido en vano lo que podría haber sido una noche paradisíaca con Harry. Quizá Severus tenía razón, quizá yo no era la persona más indicada para llevar adelante una tarea como la que me había trazado. Quizá tenía que ser necesariamente Harry… me estremecí ante la idea. Lo cierto era que era muy probable que no tuviéramos la ocasión de disfrutar mucho más tiempo juntos… tenía que sacarle el mayor provecho posible.
oOo
Cuando me desperté al día siguiente entré en pánico. El efecto de la poción todavía no se había desvanecido. Habíamos quedado que Harry viniera a buscarme. ¿Qué iba a imaginarse si me encontraba… invisible? Iba a tener que recriminárselo a Snape más tarde… debería haberme advertido de la duración de los efectos.
Me aseé y me vestí con mucha torpeza mientras rogaba que el efecto cesara pronto. Se me ocurrió en ese momento que quizá sería mejor que le contara a Harry sobre mi plan… fue entonces que volví a sentir el cosquilleo de la magia retirándose, unos segundos después había vuelto a ser visible. Me acomodé las ropas ante el espejo y marché hacia la puerta, salí y me topé con Harry.
—Buen día, —susurré— ¿qué estabas esperando, no te había dicho que entraras directamente?
—¡Eso hubiera hecho si el condenado tapiz me hubiera dejado! —respondió quejándose. Lo envolví en un apretado abrazo. Quizá había sido por la poción, la magia del tapiz debía de haber pensado que yo no estaba allí.
Aproveché que podía hacerle unos mimos aunque sólo fura un ratito. Harry pareció dejarse llevar por entero en mis brazos. —¡Cómo me gusta el modo como reaccionás a mí! —suspiré, él se sonrojó, encantador como siempre.
—¡Oh callate! —replicó amonestándome— Yo te hago reaccionar igual, admitilo.
—Eso es cierto. —reconocí, — Vayamos al dormitorio y te muestro exactamente como me hacés sentir.
—Ya sabés que no podemos. —me recordó soltándose de mi abrazo— Ya tuvimos problemas ayer por faltar a una clase. Esta noche voy a poder quedarme con vos toda la noche… vamos a tener todo el tiempo que necesitemos.
—¿Toda la noche? —pregunté provocador con un movimiento de cejas, le tomé la mano y nos pusimos en marcha— Voy a tener que juntar y ahorrar mucha energía durante el día, entonces.
Imágenes de lo que implicaba ese "toda la noche" se me cruzaron por la cabeza. Me excitaban pero al mismo tiempo me hacían sentir culpable. Sabía que él me deseaba, pero hacerle el amor sin contarle todo antes me parecía que estaba mal.
Cuando entramos al Gran Salón noté que sus ojos derivaban hacia la mesa de Ravenclaw, hacia el lugar donde estaba Corner, probablemente seguía sintiéndose culpable por haberlo dejado como lo había hecho. No pude evitar una punzada de celos. Corner tenía a su lado a otro chico, Henderson creo que es su apellido, que le agarró posesivo la mano cuando se dio cuenta de que Harry lo estaba mirando.
—Veo que tu ex se consiguió un nuevo novio. —comenté apretándole la mano
—Sí, así parece. Me alegro por él. Ojalá su nuevo novio pueda hacerlo feliz.
Asentí complacido, me había contestado sin vacilar y con seguridad. En realidad no había razón para ponerme celoso, pero es más fuerte que uno cuando se ama tanto a alguien como yo a Harry. —Nosotros seguimos siendo el tema del día. —dije cambiando de tópico.
—Sí, yo pensaba que para hoy las murmuraciones iban a ceder un poco pero parece que no es así. —llegamos a la mesa y nos sentamos frente a Granger y Weasley.
—Mal van a ponerle freno a los chismes si no se preocupan por ser más discretos, Harry —intercaló Granger severa, de repente me trajo a la mente las palabras y el tono que había usado Snape., había sonado casi igual.
—¿Qué querés decir? —preguntó Harry poniendo esa cara de inocencia que le sale siempre tan bien, Granger ya le conocía las tácticas y no se dejó engatusar, se limitó a enrostrarle un ejemplar de El Profeta.
—¡Por la barba de Merlín! —exclamó; me incliné a mirar la foto y el titular que ocupaban toda la primera plana. Debo reconocer que una imagen de Harry postrado delante de mí me hubiera calentado sobremanera… si las circunstancias hubieran sido otras. ¿Cómo era posible que la novedad pudiera haber llegado a la prensa tan pronto? ¡Y Voldemort debía de estar observando la misma foto en ese momento! ¡Y mi padre!
Traté de controlar la respiración que se me había acelerado de golpe. Tenía que llevar a cabo mi plan de matar a Voldemort cuanto antes. El Señor Oscuro ya debía de estar elucubrando un modo para deshacerse de nosotros dos. Sentí justo en ese instante un dolor quemante en el brazo, la Marca Oscura… ¡me estaba llamando! —¡Mierda! —me salió casi como un chillido ahogado, pero traté de disimular el dolor. Naturalmente no estaba dispuesto a acudir a la convocatoria. Resistí.
Leí muy por encima el artículo. Pintaba a Harry como un aventurero cazafortunas. Puras calumnias. Bajé la vista para ver quién lo firmaba, Rosette Greenhaven, una trepadora cuya familia llevaba años tratando de convencer a mi padre de que concertara un compromiso matrimonial entre las dos familias. ¡La muy yegua! Exponernos de esa forma podía significar una condena a muerte para Harry y para mí.
—¡Voy a matarla! —siseé— ¡La muy hija de puta! ¡Está resentida! Fue ella la que siempre estuvo atrás de mi dinero.
—¿Cómo? —preguntó Harry con una expresión de shock en la cara— ¿Vos la conocés?
—Sí, su familia desde hace años ha estado tratando de congraciarse con mi padre para concertar un matrimonio entre su hija —esta Rosette que firma el artículo— y yo. —aullé, me di vuelta para hacer un paneo de la mesa de Ravenclaw. Sabía que la hermana, Emily, estaba en séptimo año… y también tenía un hermano más chico… ellos debían de ser los responsables de la filtración— Tiene cuatro años más que yo y hermanos menores que todavía asisten a Hogwarts… estoy seguro de que fue uno ellos el que le proporcionó la foto.
—No te inquietes, Vida. —trató de calmarme con unas deliciosas caricias en el muslo— De todos modos no hubiésemos podido guardarlo en secreto por siempre. Yo metí la pata, sin embargo, no me importó que todo el mundo estuviera mirando. Pero es que estaba desesperado, vos querías irte y yo tenía que hacer algo para detenerte y que me escucharas. Perdón, debí haber esperado hasta que estuviéramos solos… o debería haberte dicho que sí directamente cuando me lo pediste en el hospital.
No quería que se sintiera culpable. —Tenés razón, hiciéramos lo que hiciéramos hubiese terminado sabiéndose igual. No es algo que me importe. ¡No me importa que todos lo sepan! Pero me da mucha rabia que ésta sugiera que te casás conmigo por mi dinero.
Se inclinó sonriente y me dio un beso. —En realidad… yo también soy bastante rico. —me informó como quien habla del tiempo.
—¿En serio? —fue más bien una pregunta retórica, no era una novedad, los Potter siempre habían sido una familia de fortuna.
—Tengo dos legados a mi nombre. —dijo sucintamente y se puso a comer sin más. ¿Dos legados? ¿Y de dónde había sacado el otro? ¡Oh, bueno!… ya me enteraría más adelante.
—Bueno… en ese caso espero que el anillo sea de excelencia. —dije con tono pretendidamente serio.
—¿Qué te parecería uno de esos anillos de caramelo de Honeydukes que cambian de color según el humor del que lo lleva puesto? —propuso con estudiada inocencia.
Hubo risas graneadas de todos los que estaban alrededor, mascullé indignado mis intenciones de divorciarme si llegaba a atreverse a cometer semejante sacrilegio.
Poco después mientras comía me di cuenta de una notoria ausencia en la mesa de Slytherin. —Harry, ¿qué pasó con Pansy? —inquirí.
—¿Cómo? —preguntó con la boca llena. ¡Que falta de modales! Iba a tener que sermonearlo más tarde y probablemente iba a tener que darle un par de clases. A mi madre le daría un ataque si alguna vez Harry llegara a contestarle escupiendo porotos.
—No sé. —sorprendentemente se volvió hacia Granger y luego de tragar el bocado, ¡gracias a Merlín!, cuestionó— ¿Hermione?
—¿Humm…? —replicó ella como al descuido.
—¿Sabés algo de Pansy Parkinson? —le preguntó, de repente se me había despertado un vivo interés por lo que fuera a responder, la miré fijamente con gran expectación.
—¿Quién…? ¡Ah! Esa chica Slytherin… hum… no estoy segura… pero ayer oí como al pasar un chisme en un baño. Aparentemente sufrió un ataque de una enfermedad desfigurante muy rara, la mandaron a la casa… va a completar su educación con maestros privados. Según dicen tenía un aspecto horroroso, ojalá no sea algo permanente, y comentaban que podía haber sido por una poción que había preparado mal, a veces se desprenden vapores tóxicos cuando uno no sabe bien lo que está haciendo. Por eso yo siempre insisto en que hay que estudiar mucho para evitar que ocurran accidentes lamentables como éste.
—Sí, Hermione, —dijo Harry— vos siempre nos lo decís.
La observé bajo una nueva luz, con inusitado respeto y admiración… y con algo de inquietud. Granger no hubiese estado fuera de lugar si el Sombrero Seleccionador la hubiese puesto en Slytherin.
oOo
Nunca antes mi cuerpo se había sentido tan bien. Tenía la impresión de estar flotando entre nubes. Hacerle el amor a Harry, sentirlo rodeándome y retorciéndose debajo de mí, gritando de placer… me sentía transportado por un delicioso remanso. Harry era distinto, infinitamente mejor… ni punto de comparación con las chicas con las que me había acostado… con ellas había sido apenas placentero… con Harry era la gloria.
No podía seguir mintiéndole. Ahora que se había entregado a mí… no podía llevar a cabo la misión que había asumido… alguien más iba a tener que encargarse de matar al Señor Oscuro… mi lugar estaba allí en los brazos de Harry.
Mi erección fue mermando tras el éxtasis sublime, la retiré del cálido canal y giré para acostarme a su espalda. Lo abracé y sepulté la cara entre sus mechones negros, me sentía totalmente satisfecho y deliciosamente distendido y cierto sopor comenzaba a invadirme.
—Draco, —murmuró— ¿Cuándo es el próximo fin de semana de Hogsmeade?
—¿Eh…? —balbuceé— No sé… éste, seguro que no… quizá el próximo. ¿Por qué? —pregunté. No pude contener un bostezo.
—Quiero comprarte un anillo. —respondió decidido.
—Pará con eso… —gruñí— Ojalá no te hubiera dicho nada… —no necesitaba un anillo, no todavía al menos, ni siquiera era una tradición en las familias sangrepura… no hasta la boda.
—No, en serio, quiero ir a comprarte un anillo. —insistió y me sacudió un poco para que no me durmiera— Los dos podríamos comprar uno.
—Oh bueno… está bien… —accedí para que se quedara conforme. Lo único que quería en ese instante era disfrutar del abrazo y dormirme pacíficamente a su lado. No era el momento para discutir sobre anillos.
—¿Seguís despierto? —preguntó luego de un largo silencio, yo ya estaba dormitando y reaccioné con un gruñido —Draco… no quiero esperar… casémonos ya mismo.
Me incorporé sobre los codos, de repente las palabras de Harry habían ahuyentado el sueño. —¿Cómo! —pregunté confundido y preocupado. ¿Por qué me salía repentinamente con eso? Éramos jóvenes… podíamos disfrutar de nuestro compromiso durante un tiempo… ¿para qué apurar las cosas?— Harry… nosotros… vos tenés que… no podemos hasta no haber alcanzado la mayoría de edad.
—Cumplo diecisiete a fines julio… podríamos casarnos en agosto. —empezó a decir, me di cuenta hacia donde apuntaba, él estaba seguro de que no tendríamos mucho tiempo juntos —Mirá, yo sé que tu mamá quiere que mate a Voldemort antes… y bueno… y si resulta que…
—¡Vos no te vas a morir! —grité abrazándolo con fuerza; nosotros nos merecíamos toda una larga vida juntos.
—Está bien. —dijo suspirando— Pero lo cierto es que no sabemos qué puede llegar a pasar.
Creo que no debe de haberse dado cuenta del tremendo efecto que causaron en mí esas palabras. Así como momentos antes repentinamente había desechado la idea de llevar adelante mi misión… en ese mismo segundo volví a la determinación del principio. Tenía que matar a Voldemort… tenía que hacerlo por nuestro futuro juntos.
—Nada va a pasar… al menos no por ahora. —expresé solemnemente— ¿Qué te parece si mejor nos dormimos?
Asintió y se me acurrucó. —Te amo, Draco. —susurró.
Poco después su respiración acompasada me indicó que se había dormido. —Yo también te amo, Harry. —murmuré— Es por eso que tengo que hacerlo. Espero que llegues a entenderlo y que me perdones.
Esperé un largo rato hasta asegurarme de que estaba profundamente dormido. Luego me separé cuidadosamente de él y me bajé de la cama. Me vestí sin hacer ruido y me quedé un momento mirándolo… durmiendo apacible… ¡cuánto deseaba volver a la cama, ahogarlo a besos, hacerle de nuevo el amor! Pero si quería que su dulce rostro pudiera lucir en el futuro la misma pacífica expresión… tenía que irme.
Voldemort estaría durmiendo. Era muy simple: bebería la poción, entraría a hurtadillas en su habitación y le rebanaría el cuello.
Me guardé el frasco de la poción en un bolsillo, todavía quedaba suficiente para dos o tres dosis. Me acerqué a la cama y le acaricié apenas la mejilla con los nudillos. No pude resistirme, me incliné y lo besé suavemente en los labios. Quizá fue un error… quizá ésa fue la causa de lo que pasó poco después.
Me incorporé, hice girar el anillo y comencé a pronunciar el encantamiento. Pero antes de que la magia hiciera efecto, Harry se despertó, gritó mi nombre y se abalanzó agarrándome del brazo.
Terminamos los dos en el estudio de mi padre. Tuve que sostenerlo porque él llegó tambaleante y estaba a punto de caerse.
—¿Qué estás haciendo! —siseé espantado.
—¿Qué es lo vos estás haciendo? —replicó furioso —¿Dónde carajo estamos?
—No deberías estar acá, Harry. —murmuré controlando todos los rincones del recinto, que por suerte estaba desierto— Tendrías que volver… —fue entonces que se me hizo evidente que…—¡Oh Merlín, Harry, estás desnudo!
Ni siquiera se sonrojó, puso los brazos en jarras y dijo con toda naturalidad: —Bueno… vos también deberías estar desnudo. Vos tendrías que estar conmigo en tu cama de Hogwarts ¿Qué viniste a hacer acá? ¡Y dónde puta estamos?
No alcancé a contestar porque oí un ruido que venía del otro lado de la puerta. —¡Salazar nos asista! —murmuré frenético de espanto.
Alguien estaba a punto de entrar.
No tenía un segundo que perder, me saqué la toga y se la eché encima. Luego revolví en el bolsillo y saqué el frasco de poción. —¿Confiás en mí? —pregunté entregándoselo. No dudó un segundo, se la tomó toda de un trago. —¡Mierda! —siseé. Ya estaba desapareciendo… ¡y me había dejado sin nada para mí! —Me alegra que confíes en mí… ¡pero no tendrías que habértela tomado toda!
—Perdón… —dijo una voz que brotó del aire— Esto es rarísimo…
La puerta comenzó a abrirse en ese instante, le hice un gesto para que guardara silencio y me preparé para enfrentar a quien fuera que fuese a entrar.
Era mi padre… comprobé, no sin alivio, un segundo después.
—Me pareció percibir una perturbación en las defensas. —expresó con voz pastosa tras haber cerrado la puerta detrás de sí— Presumo que has venido por lo del artículo del diario. —agregó alzando una ceja inquisitiva, era una forma de indicarme que ya podía empezar a explicar.
—Así es. —mentí— Sabía que ustedes estarían furiosos por haberse enterado de esa forma… y me pareció que lo que correspondía era venir a pedir disculpas.
—Que considerado de tu parte. —acotó con sarcasmo y se me acercó— Así y todo… cometiste una insensatez al haber venido.
—Entiendo… —dije agachando la cabeza— Pero era mi obligación como Malfoy.
—¿Y cogerte a un Gryffindor sangresucia es algo que también considerás como una de tus obligaciones? —me escupió. Me empezaba a invadir el pánico… mi padre estaba lívido, tenía los puños apretados y los ojos rezumaban ira… volaba de furia.
—Pero madre… —empecé a decir, pero me hizo callar con una bofetada. El golpe me hizo caer de rodillas y tuve que hacer un gran esfuerzo para contener un grito de dolor.
—¡Silencio! —vociferó—Narcissa no es la cabeza de la familia. ¿Me entendés?
—Sí, padre. —dije agachando una vez más la cabeza.
—Se tomó mucho tiempo y molestias tratando de convencerme de que un matrimonio entre Potter y vos sería sumamente conveniente para la familia… pero eso fue antes de que el Señor Oscuro viera la imagen de ustedes dos en el diario de esta mañana. Él sabe que has cambiado de lealtades… y la traición se paga con la muerte. —aulló Lucius.
Mi respiración se había tornado jadeante, estaba en una situación de suma vulnerabilidad, mi destino en las manos de mi padre. ¿Se mostraría clemente? ¿O me entregaría a Voldemort? ¿O quizá elegiría una alternativa intermedia? No me atrevía a alzar la vista para mirarlo.
—Mi único hijo… ¿cómo pudiste traicionarme de esta forma? ¿cómo pudiste preferir a este chico… el enemigo de nuestro Señor? Me debés una explicación, Draco. ¿Cómo es posible que abandones a tu familia por un… Gryffindor? —escupió el apelativo como si fuese veneno.
—Lo amo. —contesté simplemente, pensar en Harry… pensar en mi Amor me devolvía el valor— Y Tom Riddle ya no es más mi Señor.
Alcé la mirada justo en el momento en que la maldición me alcanzó en el pecho. Grité retorciéndome de dolor bajo el Cruciatus. —Sabés muy bien que está prohibido pronunciar ese nombre. Sabés bien que está prohibido fornicar con alguien de sangre impura. Y sabés que está prohibido desafiar la voluntad de tu padre. No obstante, has hecho todo eso y no mostrás ningún remordimiento.
—¡Lo amo! —grité ahogado por el suplicio— ¡Lo amo más de lo que te amo a vos!
Interrumpió la maldición; el alivio fue inmediato, pero los músculos siguieron contrayéndoseme espasmódicos durante unos momentos. —Espero que lo ames más que a tu precioso cuello. —me espetó agarrándome del cuello de la camisa y obligándome a ponerme de pie— Porque eso es lo que te van a costar estos escarceos lujuriosos.
Me sacó a la rastra y enfiló en dirección a los sótanos, no opuse ninguna resistencia. Los efectos de la tortura y el terror que sentía por mí… y por Harry me impedían intentar nada. Deseaba que Harry actuara con sensatez siquiera por una vez y se escapara… sabía que no sería así… no se escaparía… sabiendo que yo estaba en peligro.
Mi padre me arrojó en una celda. —Supongo que el Señor Oscuro va a estar muy interesado en visitarte cuando se despierte. Te conviene descansar hasta entonces. Vas a necesitar la energía… aunque igual será difícil que puedas sobrevivir a las torturas a las que habrá de someterte.
—Que ame a Harry más, no quiere decir que no te quiera, padre.
—Poco importa ya, Draco. —dijo suspirando— Traté de advertírtelo después del ataque, traté de protegerte… pero no me hiciste caso. Y deberías haber sido más discreto… —me miró a los ojos con malicia— Nunca debés olvidar quién sos, hijo. —sus ojos derivaron un segundo hacia el anillo, luego dio media vuelta y salió.
Bajé la vista al anillo y lo contemplé un largo rato pensando en lo que acababa de pasar… y fue entonces que me di cuenta de un detalle muy importante… mi padre no me había quitado la varita.
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