Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

EL DUQUE Y LA CORTESANA

CAPITULO 25

Edward bajó del carruaje abierto para acompañar a Lady Rosalie hasta su puerta.

Lord Emmett estaba sentado frente a mí, mirando a la joven con ternura. Giró su mirada para enfocarse en mí.

- Creo que debo agradeceros, milady – dijo llamando mi atención

- Qué cosa, milord?

- Lady Rosalie me ha dicho que estuvo hablando con vos sobre ciertos temas... íntimos

- Estaba un poco angustiada – confirmé

- Sí, me lo ha dicho. Me ha dicho también que vos le aconsejasteis que hablara conmigo.

- Lo siento, milord, no sé si eso es lo más apropiado, pero fue lo que me pareció más conveniente

- Os lo agradezco sinceramente. Creo que sois una buena influencia para Lady Rosalie – dijo ganándose mi mirada sorprendida

- Creéis que soy una buena influencia para ella? Dios mío, no creo que mucha gente que me conozca como vos lo hacéis pueda pensar algo así...

- Edward os conoce mucho más de lo que yo lo hago y estoy seguro que piensa que lo sois...

- Edward no me ve con claridad – acoté – Además de que no suele estar muy apegado a las convenciones sociales

- Edward os ve con más claridad de lo que vos misma lo hacéis. Por otra parte, pienso que todos deberíamos despegarnos un poco de ciertas convenciones sociales. Podéis estar segura, milady, que apoyo indefectiblemente vuestra relación con mi prometida.

- Gracias, milord. Es muy importante para mí – dije completamente emocionada por sus palabras

Edward volvió entonces al carruaje y nos dirigimos a la mansión McCarthy.

- Rosalie hoy me ha dicho algo muy interesante – me dijo Edward cuando nos ubicamos en el comedor esa noche

- Sí? Qué cosa?

- Que había hecho muy bien al desposaros y no dejarme presionar por el duque – sonreí completamente feliz

- Me alegra que piense así. Lord Emmett me ha dicho que cree que soy una buena influencia para vuestra hermana.

- Eso ha dicho? Espero que no estuviera coqueteando con vos – recriminó con un gesto divertido

- Desde luego que no. Está muy enamorado de Rosalie.

- Me complace saber que es así. Creo que Rose podrá ser feliz con él.

- Casi tanto como yo lo soy con vos – confesé

- Espero haceros feliz

- Lo hacéis – aseguré

El último mes fue maravilloso.

Edward intentó pasar conmigo el mayor tiempo posible. Restó tiempo a sus negocios para quedarse conmigo y llevarme a conocer Londres.

Hicimos paseos, picnics, fuimos al teatro y uno o dos bailes.

Pero si hubo algo que compartimos más que cualquier otra cosa, fueron nuestros propios cuerpos.

Con Edward conocí una dimensión del placer y el disfrute sexual que nunca había imaginado que pudiese existir, y menos aún, que fuese posible compartir con el propio cónyuge.

Hicimos el amor en distintos escenarios; algunos que llegaron a escandalizarme incluso a mí, una cortesana que había presenciado e incluso participado en orgías al aire libre.

Pero con Edward, todo se sentía correcto.

Aunque, cuando al cabo de tres semanas, mi período había vuelto a hacerse presente, la desilusión cayó sobre mí, y creo que también sobre él, aunque me demostrara lo contrario.

Lo mejor de ese mes, había sido que la familia Cullen se había sumergido en la organización de la boda de Rosalie y Lord Emmett, así que no habíamos tenido que verles y por ende yo había podido evitar las miradas y los comentarios incómodos, de los que solía ser destinataria.

Pero no fue por mucho tiempo, ya que dos semanas antes de la boda toda la familia se trasladó a Worcester, a la residencia familiar donde se llevaría a cabo la boda.

Edward y yo llegamos una semana después que el resto de los Cullen.

Para cuando acabamos de cenar esa noche, las mujeres Cullen nos reunimos en el salón.

Alice tocaba una suave melodía al piano.

Rosalie, sentada a mi lado, me explicaba algunos detalles de su vestido de bodas, cuando la duquesa se sentó junto a mí.

- Dispénsanos un momento, Rosalie – dijo con autoridad

Rosalie se ruborizó antes de levantarse disculpándose.

- Estáis ya en cinta? – preguntó a bocajarro con la potestad que le daba su título

No pude evitar sonrojarme ante su escrutinio.

- Me temo que no, milady – confesé hundiendo la vista en mis manos entrelazadas sobre mi regazo.

- Qué significa eso? Tenéis la certeza de que no lo estáis?

- Sí, milady, la tengo. – me lamenté

- Lleváis casi tres meses casados – dijo en tono acusador

- Soy conciente de ello, milady.

- No sois capaz de concebir, Isabella? – espetó y la observé atemorizada

- No lo sé, milady. Confío en que sí lo sea.

- Confío. Confío. No basta con ello para el futuro del ducado. Edward necesita un heredero. Tal vez vuestras "actividades" anteriores al matrimonio os hayan anulado vuestra capacidad para engendrar. – explicó con dureza y mis ojos se llenaron de lágrimas

- Hay algo que yo pueda hacer? – pedí esperanzada – Tal vez debería ver una matrona...

- Tal vez deberíais hablar con Edward. Convencerlo de que pida la anulación del matrimonio.

- Edward no querrá considerarlo siquiera.

- Lo hará si vos se lo pedís.

- Yo no puedo hacer eso – gemí

- Pero lo que sí podéis hacer es negarle la posibilidad de tener un heredero – espetó con rabia

- Yo... – comencé sin saber bien cómo contestar.

La puerta se abrió entonces dando paso a los hombres. Edward debió ver preocupación en mi rostro porque se acercó a mí de inmediato para sentarse a mi lado.

- Qué sucede? Estáis bien, Isabella? – preguntó con preocupación mirando a su madre con dureza

- Sí. Desde luego. Supongo que sólo un poco cansada por el viaje – expliqué conciliadora

La duquesa se levantó de su asiento para acercarse a su hija menor, no sin antes sonreírle a mi esposo con sarcasmo.

- De verdad es sólo eso, mi querida?

- Sí – aseguré mirándole con todo el amor que sentía, mientras intentaba ocultar el pánico que me invadía al pensar en hacerle infeliz. – Creo que debería retirarme.

- De acuerdo – aceptó poniéndose de pie y tirando de mi mano para levantarme – Me retiraré con vos.

- Oh, no, no hace falta, milord. Estaré bien. Bree estará esperándome. Quedaros con vuestra familia, por favor.

- No, milady – denegó con autoridad – Yo mismo os asistiré. Mi familia seguirá aquí por la mañana.

- Pero... – intenté discutir pero puso su dedo sobre mis labios interrumpiéndome

Nos despidió de su familia y nos retiramos a nuestros aposentos. Dispensó también tanto a mi doncella como a su ayuda de cámara y entramos juntos en su dormitorio.

- Estáis en verdad muy cansada? – susurró en mi oído mientras deshacía los lazos de mi vestido

- Tal vez no demasiado – gemí excitándome con su aliento sobre mi piel

Me desnudó con la precisión de una doncella, aunque su respiración se aceleraba con cada prenda que quitaba.

Cuando sólo llevaba mi camisa me volteó de frente a él.

Coló sus dedos entre mis rizos expandiéndolos sobre mi espalda, antes de acercarse a besarme con ternura.

Bajó sus manos por mi camisa para tirar de ella y quitármela por la cabeza.

- Sois exquisita – murmuró besando mi piel bajando por mi cuello y mi clavícula

Sus labios recorrieron mi cuerpo mientras se dirigían a mi sexo.

Quedó de rodillas frente a mí instándome a separar un poco las piernas. Derramaba su aliento sobre mi intimidad antes de deslizar su lengua entre mis pliegues.

- Milord... – gemí aferrándome a sus hombros

- Edward – me corrigió estremeciéndome con su hálito

- Edward... – rectifiqué cuando su lengua comenzó una excitante danza sobre el pequeño nudo de nervios que sobresalía entre mis pliegues.

Chupó y lamió con fruición llevándome al borde del clímax.

- Sabes deliciosamente – susurró colando sus dedos en mi interior

Me embistió con sus manos sin dejar de acariciarme con su lengua.

Me aferraba con fuerza a sus hombros, sintiendo que sólo sus dedos lograban mantenerme conectada al suelo.

- Oh, por favor, Edward... – rogaba sin saber qué estaba demandando exactamente

- Así, Isabella?

- Sí, por favor... – pedí cuando sus embestidas se volvieron más agresivas

La culminación me llegó como un torrente y convulsioné sobre sus dedos y sus labios.

Edward me sostenía por la cintura para evitar que cayera, mientras sus dedos, aún dentro de mi canal, servían también de sostén.

Lentamente los retiró y se irguió para levantarme en sus brazos y llevarme al lecho.

Me recostó bajo las mantas antes de desvestirse y unirse a mí.

Tiró de mí para recostarme sobre su pecho. Me sentía realmente exhausta, ya no sólo por el viaje, sino por el portentoso clímax.

Edward acariciaba mi espalda con ternura calmándome.

- Estás bien, Isabella? – preguntó en susurros

- Sí. – aseguré

- Me explicarías, por favor, de qué hablabais la duquesa y tú?

- Sólo se interesaba por mi salud.

- Por tu salud? – indagó extrañado

- Le preocupa que aún no haya resultado embarazada.

- Entiendo – suspiró – Y estoy seguro de que habrá sembrado miedos y preocupaciones en ti.

- No puedo negar que me preocupa a mí también.

- No tienes que preocuparte por eso, Isabella. Ya sucederá cuando sea el momento.

- Y si nunca sucediera?

- Pues no sucedería – dijo con desinterés

- Tal vez debería ver una matrona – sugerí

- Con qué fin?

- No sé. Una matrona podría decirme si ve en mí alguna anomalía que me impida concebir.

- Y qué ganarías con ello?

Levanté el rostro hacia él para mirarlo antes de confesar lo que pensaba.

- Si una matrona dictaminara que soy incapaz de llevar tu heredero...

- Qué? – preguntó receloso – Me pedirías que solicitara la anulación del matrimonio?

- Sería lo más acertado.

- Creo que lo más acertado será que nos alejemos de mi familia definitivamente. No hacen más que poner ideas ridículas en tu cabeza. Tal vez debería renunciar al título desde ya y evitaría años de discusiones.

- No podéis hacer eso, milord.

- Edward – me corrigió con dureza – No quiero títulos en nuestra cama.

- Edward. Sé razonable, por favor.

- Me dejarías tú si tuviera un problema que me impidiera plantar mi semilla? Si me aquejara alguna enfermedad, no pudiera hacerte el amor, romperías nuestro matrimonio?

- Desde luego que no – aseguré incómoda

- Entonces, por qué me pides a mí que lo haga? Por qué me pides que incumpla los votos que nos hicimos el día de nuestra boda?

- Lo siento – me disculpé recostándome sobre él – Estoy muy confundida.

- No tienes que estarlo, Isabella – aseguró empujándome para recostarme sobre mi espalda y cernerse sobre mí – Nos amamos. Eso es todo lo que necesitamos para ser felices. Es todo lo que yo necesito. Amaros y que me améis.

- Lo hago – afirmé acariciando su rostro

- Entonces todo estará bien – aseguró recostándose entre mis piernas – Crees que puedes recibirme ahora? – pidió con su miembro erecto empujando contra mi abertura

- Nada me daría más placer – confesé separando mis piernas para acogerlo en mi interior y que me hiciera el amor, como sólo él sabía hacerlo.


Hola! Capi nuevo!

Gracias a todos por leerme y tenerme paciencia con este fic. Gracias especialmente para los reviews, alertas y favoritos.

De momento espero seguir publicando una vez a la semana al menos. Así que aquí estoy.

Besitos y nos leemos!

Ya sabéis que tengo nuevo fic? Es AMOR DE VERANO, así que si tenéis ganas os espero por ahí.