El Sonido del Silencio

CAPITULO XXV: El hermano de Sayaka

Cuando la necesidad nos arranca palabras sinceras, cae la máscara y aparece el hombre.
Tito Lucrecio Caro (99 AC-55 AC). Poeta romano



Hanamichi y su madre se dirigían al hospital. Era sábado y había clase de lengua de los signos.

Tenía ganas de hablar con Takeshi. Tener paciencia con Kaede y no presionarle no estaba dando muy buen resultado, seguía con un montón de dudas. Takeshi le había dicho ya que no podía contarle nada de Kaede, que debía ser él quien le contara. Entendía más o menos la posición del enfermero, pero ya se le había terminado la paciencia.

—¿Hanamichi, estas bien? No haces muy buena cara —le dijo su madre cuando llegaron.

—Estoy bien mamá, tranquila.

Pero no lo estaba. Estaba cada vez más confuso. Llevaba toda la semana encontrándose cada tarde en la biblioteca con Kaede; Ayudándole a estudiar. Pero no habían hablado ni una vez. Y ya no sabía qué pensar.

Cuando entraron a la sala Sayaka se le acercó corriendo con una sonrisa de oreja a oreja.

«Hola» le dijo, y sin darle tiempo a contestar continuó gesticulando demasiado deprisa para él. Hanamichi estaba todavía intentando procesar el mensaje con las pocas palabras que había reconocido (ven, querer, hermano, mío, conocer) cuando notó que ella le tomaba la mano y lo dirigía hacia la zona de los pequeños.

Entonces Hanamichi se fijó en que quien estaba de rodillas con los más pequeños no era Takeshi era un chico que parecía de su misma edad.

Sayaka le tocó el hombro al muchacho y cuando se giró Hanamichi le identificó al instante.

—¿Tú?

—¿Tú?

Dijeron ambos a la vez.

«¿Os conocéis?» gesticuló Sayaka.

Delante de él estaba el mejor jugador del campeonato nacional del año anterior: Eiji Sawakita.

«¿Hermanos?» le preguntó Hanamichi a Sayaka gesticulando.

Pero Sawakita también gesticuló algo y su hermana le respondió a él en vez de a Hanamichi, que les observaba hablar tan deprisa que apenas si distinguió algún movimiento. Pero Sawakita parecía enfadado.

—Tenemos que hablar— le dijo de repente Sawakita cuando hubo hablado con su hermana.

—Ni de coña. ¡Takeshi!— gritó Hanamichi girándose para ver dónde estaba el enfermero.

—Takeshi no ha venido hoy —respondió el moreno.

—¿Cómo que no ha venido? Tiene que controlar la clase y además tengo que hablar con él.

—Tenía algo que hacer y me pidió que le sustituyera.

Hanamichi se quedó unos instantes pensando en lo último que le había dicho Takeshi la semana anterior cuando le dio la dirección de Kaede para que fuera a hablar con él:

»—Toma, ve y habla con él. Yo no puedo contarte lo que quieres saber. Pero él sí.

»—Pero no querrá hablar conmigo —le había dicho Hanamichi cogiendo el papel con la dirección.

»—Lo hará. Seguramente eres lo más parecido a un amigo que tiene. Y si realmente le ocurre algo tan grave como para que tú estés así por él querrá hablar contigo tarde o temprano. Ten paciencia con él y todo se arreglará.

»—No querrá hablar, pero lo intentaré.

»—Hablará.

—No entiendo nada. Takeshi nunca me dijo que conocía a Kaede. ¿Y ahora resulta que también te conoce a ti?

—Sí, pero espera un minuto, ahora hablaremos con más calma.

Acto seguido Sawakita se dirigió al interruptor y encendió y apagó las luces un par de veces para llamar la atención de todos como hacía Takeshi cada sábado. Parecía que Sawakita sabía lo que se hacía.

Con movimientos pausados y claros y hablando despacio y gesticulando mucho Sawakita dijo que aunque Takeshi no estuviera la actividad se iba a desarrollar como siempre, en parejas, y como él no les conocía lo suficiente como para designar parejas adecuadas les pidió que se pusieran con las de la semana anterior.

Entonces Sayaka se acercó a Hanmaichi y le gesticuló:

«Habla con él».

—¿Por qué?— le preguntó Hanamichi sin entender nada.

«Por favor» dijo ella sin decirle nada más.

—Sayaka atenderá a los pequeños, así tu yo podremos hablar, si no tienes inconveniente —dijo Sawakita acercándose.

—Pues sí, porque no creo que tengamos nada qué hablar.

—Es cierto, pero necesito preguntarte algo, luego si quieres me quedaré yo con los niños y Sayaka contigo.

—Está bien, pregunta —le lanzó Hanamichi queriendo acabar con toda esa tontería lo antes posible.

—Vayamos a fuera, no quiero hablar aquí.

Hnamichi le cedió el paso diciendo:

—Te sigo.

Hanamichi no creía tener nada de qué hablar con él, pero de todos modos la insistencia de Sawakita estaba despertando su curiosidad. ¿Qué podía querer de él con tanto afán el MVP del campeonato nacional y capitán del equipo ganador?

Sawakita salió de la sala y Hanamichi salió tras él.

—¿Te apetece algo? —murmuró Sawakita parando frente los ascensores. Luego apretó el botón de llamada—. Hacen chocolate a la taza en el bar.

Hanamichi se encogió de hombros y le siguió dentro del primer ascensor que se detuvo en la planta baja.

—¿Sayaka es mayor que tú? —le preguntó mientras el ascensor ascendía lentamente hasta el primer piso donde la anciana que había subido con ellos salió y un par de enfermeras subieron y apretaron el botón del segundo piso.

Sawakita guardó silencio unos instantes mirando de reojo a las enfermeras detenidas a su lado.

—Solo unos meses. Somos medio hermanos, mi padre se casó con su madre cuando éramos pequeños —explicó Sawakita cuando después de la segunda parada quedaron por fin solos.

—¿Por eso hablas tan bien la lengua de los signos?

—No solo por ella, mi padre y su madre son sordos también.

—Tiene que ser duro —murmuró Hanamichi sorprendido por esa confidencia, teniendo en cuenta que a penas se conocían.

—Tiene sus ventajas —dijo Sawakita al tiempo que salía del ascensor cuando se detuvo por fin en el último piso del hospital.

—¡Waw! ¡Qué vista! —dijo Hanamichi acercándose al cristal que hacía de pared para ver todo Kanagawa a sus pies. Olvidando por un momento porqué habían subido hasta allí.

—Sí. Es mi lugar preferido del hospital —murmuró Sawakita a su lado.

Hanamichi podía entender el porqué perfectamente. La vista era impresionante.

Instantes después entraron al bar en silencio. El lugar estaba bastante vacío al no ser la hora de comer todavía y se sentaron en una mesa alejada al fondo, cerca de otro gran ventanal. Siguieron en silencio hasta que les trajeron las tazas de chocolate.

—Está bien, ¿qué quieres preguntarme que no quieres que tu hermana oiga?— dijo finalmente Hanamichi viendo como el otro le miraba desde detrás de su taza con cara de no haber roto nunca un plato.

—Quiero que me hables de Rukawa.

—¿Qué? —preguntó desconcertado Hanamichi.

—Dime lo que sepas de Kaede Rukawa. Eso es todo lo que quiero preguntarte —dijo Sawakita como si preguntarle por Rukawa fuera lo más natural del mundo.

—¡No pienso pasarte información acerca de él! —exclamó ofendido Hanamichi—. Este año el Shohoku ganará al Sannoh y aunque te dediques a espiarnos no lograrás que eso cambie.

—Me importa muy poco Rukawa como jugador en este momento. Solo quiero saber como está, si tiene amigos, si ha tenido problemas, o si…

—No… No entiendo porque quieres saber todo esto, es decir, ¿qué te importa a ti su vida fuera de la cancha? ¿Y por qué puñetas me lo preguntas a mí?

—Takeshi… —murmuró Sawakita enfadado.

—¿Qué te ha dicho Takeshi de Rukawa y de mí?— preguntó algo asustado Hanamichi.

—Nada. Pero me dio a entender que… debería haberme dado cuenta. ¿Qué te ha contado a ti de mí y Rukawa?

—Nada. Yo ni sabía que os conocíais.

—Lo siento mucho, Takeshi me engañó —se disculpó Sawakita.

—¿Qué me tendría que haber contado de ti y Rukawa? —preguntó todavía receloso Hanamichi.

—Nada. Solo pensaba que sabías que…

—¿Que qué? —insistió le pelirrojo cuando el otro calló.

—No entiendo nada. ¿Cómo…? —dijo Sawakita como si hablara solo, como si pensara en voz alta. Se quedó unos instantes callado, pensativo, y luego le miró y preguntó—. ¿De què conoces tú a Takeshi?

—Es evidente, del curso… —Hanamichi intentó responder, pero Sawakita le cortó.

—¿Pero por qué tomas ese curso ahora?

—Eso no te incumbe —respondió a la defensiva Hanamichi.

Se sentía violento cada vez que pensaba en que alguien más pudiera saber lo que le ocurría. Aunque no tenía mucho sentido querer esconderlo más cuando no era ningún secreto, toda la escuela le había visto ya salir en silla de ruedas y Sayaka lo sabía todo y podía contárselo a su hermano cuando quisiera o cuando éste se lo preguntara.

—Deberíamos volver. Todo esto no tiene sentido. Está claro que Takeshi nos la ha jugado a ambos y… da igual. Siento haberte importunado. Cuando bajemos podrás seguir con mi hermana, me consta que le encanta hablar contigo —añadió a modo de disculpa sin saber que ése último comentario hizo que Hanamichi sintiera una cálida sensación de encajar en algún sitio que hacía mucho tiempo que no sentía.

—¿Puedo preguntarte una cosa? —murmuró Hanamichi cuando estaban de nuevo en el ascensor. —¿Tú y Rukawa sois amigos?

—Lo fuimos. Pero discutimos y…

Por alguna razón ése comentario hizo que Hanamichi se sintiera identificado con Sawakita y le cortó sin pensar:

—Lo sé. Es insoportablemente cabezón.

—Sí. Hace mucho que no nos hablamos. Yo… Solo quería saber si está bien —dijo el moreno encogiéndose de hombros.

Hanamichi se dio cuenta perfectamente que Sawakita seguía intentando sacarle información, pero ya no le parecía tan mala idea hablar de Rukawa con él.

—¿Cuando erais amigos, cómo lo hacías para que hablara contigo, para que te contara cosas de él? —quizá él podía ser una fuente de información para Sawakita, pero también podía funcionar a la inversa.

—Dándole tiempo y espacio, pero sin dejar de recordarle que estaba ahí y que quería saber más de él. ¿Sois amigos?

No había ningún acuerdo entre ellos, pero a Hanamichi le pareció razonable contestar a la pregunta después de que él respondiera a la suya.

—No lo sé. No quiere hablar conmigo, descubrí su secreto y desde entonces que actúa extraño —murmuró, pensando en como sería ser amigo de Kaede.

—¡Dios! ¿Y te extraña? —murmuró Sawakita saliendo del ascensor con cara de asombro.

—Claro que sí —le respondió sorprendido Hanamichi—. Le prometí no decírselo a nadie y le di mi apoyo incondicional en ese tema, le dije que no tenía que darme explicaciones que yo solo quería ayudarle, que supiera que no estaba solo en eso y aún así me mintió y ha dejado de hablarme desde que me vio con Takeshi. No tiene sentido, no he roto mi promesa…

—¿Qué quieres decir que te vio con Takeshi? —dijo Sawakita cambiando su expresión neutra por una de muy distinta, más fría y distante, más parecida a la de Rukawa, deteniéndose en medio del vestíbulo del hospital mirándole fijamente.

—Prométeme que no se lo contarás a nadie —murmuró Hanamichi. Quería saber qué le pasaba a Kaede y era evidente que todos lo sabían menos él. Pero por otro lado algo le decía que debía ir con cuidado con lo que le dijera tanto a él como a Takeshi.

—Lo prometo —respondió Sawakita muy serio.

—Y si rompes tu promesa te partiré las piernas, ¿estamos? —lo amenazó aún indeciso de si contárselo o no.

—Estamos —accedió con impaciencia Sawakita.

Hanamichi rezó para que su palabra tuviera algún valor y empezó a hablar:

—Me ingresaron la semana pasada porque no oía nada. He estado teniendo síntomas del Síndrome de Méinère las últimas seis semanas y la semana pasada me quedé sordo durante unas horas. Takeshi cuida de mí cuando estoy en el hospital, de eso le conozco. El sábado volvíamos del despacho del doctor a la habitación en ascensor y me mareé. Takeshi me cogió para que no cayera y entonces se abrió la puerta del ascensor y el capullo de Kaede nos vio abrazados. Dios sabe qué pensó, pero se echó al cuello de Takeshi y casi lo ahoga, porque el otro, que también es capullo, ni se defendió. Desde entonces Kaede no me habla, y Takeshi no quiere contarme nada tampoco.

—¿Y no sabes porqué Kaede le saltó al cuello así, verdad?

—No, ya te he dicho que ninguno de los dos no me ha querido decir nada. ¿Lo sabes tú?

—Claro que lo sé. Y por eso Takeshi quería que viniera hoy. Él cree que… ¡Takeshi y su retorcida percepción de lo que está bien o mal! Cuando le pille le mato. El muy capullo quiere que yo te cuente todo…

—¿Y vas a contármelo, o no? —dijo Hanamichi deseoso de que por fin alguien le contara qué estaba pasando.

—No lo sé. ¿Has intentado preguntarle a Kaede por qué pegó a Takeshi?

—Lo he intentado, pero no quiere hablar. Dice que me olvide de lo que vi. ¿Pero como voy a olvidarlo? ¡Si hasta se echó a llorar cuando nos vio!

—¡Joder! ¿De verdad que no te has dado cuenta de lo que sucede aquí? —exclamó con incredulidad Sawakita.

Hanamichi no respondió. No iba a admitir que no entendía lo que estaba ocurriendo, aunque fuera verdad y de lo más evidente.

—Está celoso, mierda. Sabía que le gustabas, pero no tanto. Mierda. Debes ir inmediatamente a hablar con él.

—Espera un minuto, ¿Qué quieres decir con lo de gustarle?

—Pues eso.

—Pero Kaede… yo… él no… es decir a mi no… ¿Kaede es gay? —exclamó descolocado Hanamichi.

—Joder, ¿no me has dicho hace un momento que habías descubierto su secreto? —preguntó exaltado también Sawakita sin entender nada.

—Pues sí, pero evidentemente Kaede Rukawa tiene más de un secreto.

—Mierda. Si alguien te pregunta yo no te he dicho nada. Me va a matar.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque lo conozco, y cuando sepa que yo te dije que…

—No —le detuvo exasperado Hanamichi—. ¿Qué cómo sabes que él…?

—Voy a matar a Takeshi por meterme en estos berenjenales.

—Responde —le exigió en un tono de voz que no admitía replica.

—Porque… porque yo… —empezó a balbucear Sawakita como si le torturara hablar de eso—. ¿Si no sabías que Kaede era gay, qué fue lo que descubriste? —Preguntó a la desesperada intentando evitar hablar de su pasado.

—Le prometí no contárselo a nadie, ¿recuerdas?

—Ya, yo también se lo prometí una vez —reflexionó Sawakita con la voz tintada de tristeza y rencor.

—Y no se te da muy bien guardar secretos, así que responde.

—Mira, sé que no me creerás, pero me caes bien Sakuragi. Habla con él, de verdad. Si no es él quien te lo diga… se enfadará. Y será peor, créeme.

—¿Te lo dijo cuando erais amigos? ¿Por eso lo sabes? —insistió Hanamichi con un mal presentimiento.

—Sakuragi. No. Hazme caso. Ve. Ve y habla con Kaede cuanto antes. Si conozco a Takeshi, y créeme le conozco, se entrometerá, intentará hablar con Kaede de esto o hará algo peor. Lo que él no quiere entender es que todos sus intentos no van a funcionar, no funcionaron hace dos años y no lo harán ahora. Si de de verdad él te importa no nos preguntes a nosotros sino a él, créeme.

El tono de Sawakita le había hecho más evidente que nunca lo que ya sabía, Kaede era el único que podía darle las respuestas que necesitaba. Quizá era el único que podía ayudarle a averiguar porqué esas respuestas eran tan importantes para él.

—Pero si voy y Kaede no quiere contarme nada… —murmuró pensando en sus últimos intentos fracasados de hablar con Kaede.

—¡Es que no va a querer contarte nada! Pero debes lograr hablar con él. Dile lo que sabes, dile como te sientes y no aceptes un no por respuesta. Ve.

... continuará ...



Grissina: Sé que el anterior era muy corto. Prometo que no hay más capítulos tan cortos en lo que queda de historia, como mínimo con lo que llevo escrito (que es casi todo, lo prometo).

Me pregunto qué estará pasando por vuestras cabecitas tras la aparición del hermano de Sayaka...