Lullaby

"A veces me pregunto cuando estás durmiendo, ¿alguna vez has soñado conmigo?, a veces cuando te miro a los ojos... pretendo que eres mío todo el maldito tiempo, porque me gustas. ¿Está bien que haya dicho todo eso? ¿está bien que estés en mi cabeza? ¿aún es demasiado pronto para hacer esto?, porque sé que es delicado."

—Delicate, Taylor Swift.

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El fuerte olor de antiséptico combinado con el del café que provenía de la pequeña cafetería comenzaban a causarme asco y sólo llevaba cinco minutos ahí, parado frente a la recepción en espera de la persona que se supone que debería atenderme. Una chica teñida de pelirroja y de bonitos ojos azules apareció por fin, mascando un chicle y con un montón de carpetas de varios colores en sus manos, se apresuró en colocarlas sobre el escritorio para luego dirigir toda su atención a mí.

—Buenas tardes— Saludó con voz jovial y una sonrisa amable.— ¿Tienes cita?

—No, no vengo a consulta— Encogí los hombros, jamás se me había dado bien el mentir.— Quiero hablar con Arm... el doctor Arlert, ¿no sabes si ya salió a comer?

—Déjame ver.

Volvió a sonreír con amabilidad, tuve bastante suerte de que fuera esta chica la que me atendiera y no la otra muchacha de la primera vez que puse un pie en este hospital. La pelirroja empezó a remover varias libretas de pasta gruesa que estaban acomodadas en fila sobre el escritorio de madera, hasta que dio con la que buscaba: una que tenía la pasta color verde pasto, la hojeó por varios segundos y luego asintió con una sonrisa de satisfacción al dar con lo que buscaba. Levanté una ceja, no sabiendo qué era lo que estaba sucediendo exactamente.

—Sí, acaba de salir justamente hace diez minutos— Volteó la libreta y con su dedo señaló el lugar en donde estaba la firma de Armin de que había salido a su descanso.— ¿Ves?

—Claro—Asentí.— De casualidad... ¿no sabes a donde pudo ir a comer?

—Lo más probable es que esté en la cafetería— Cerró la libreta y la acomodó en su anterior lugar.— Los especialistas tienen muy poco tiempo de receso, es muy raro que salgan a comer fuera del hospital.

—Te lo agradezco mucho.

La mujer volvió a regalarme una sonrisa pero más coqueta que las anteriores como respuesta, estaba a punto de dar media vuelta y buscar a Armin, pero entonces me detuve al recordar algo de suma importancia, antes que nada, necesitaba asegurarme de que no estaría con la persona que estaba evitando... sería un problema muy grande que estuviera Eren con él.

—Ah, disculpa— Me incliné sobre el escritorio y con la sonrisa de coquetería más falsa que tenía, volví a abordar a la chica de cabellos teñidos y sonrisa de comercial.— ¿Sabes si de casualidad el doctor Eren también ya salió a comer?

Se sonrojó con violencia y una sonrisa tímida se asomó en sus labios, llevó un mechón de su rizado cabello hacía atrás de su oreja y negó.

—El doctor Eren sigue dando consulta, de hecho vengo de su consultorio.

—Interesante... gracias de nuevo.

Asentí con la cabeza y giré sobre mis talones, caminando lo más rápido en búsqueda de Armin, me adentré a la pequeña pero acogedora cafetería que estaba casi llena, entre familiares de los enfermos, doctores y enfermeras. Había una larga fila para tomar los alimentos, por fortuna parecía avanzar rápido gracias a lo ordenado de las personas que se apresuraban en tomar su comida y no atrasar la fila. Entre todas esas cabezas, reconocí una rubia que destacaba de entre las demás castañas, teñidas y negras.

Me acerqué con paso firme y decidido, Armin llevaba en su bandeja un agua embotellada, ensalada de pollo, una manzana y ahora estaba a punto de tomar una gelatina color amarilla... de piña, odiaba con todas mis fuerzas la piña porque mi madre me obligaba a comerla en mi airosa juventud. Sacudí ligeramente su hombro derecho y cuando sus azules orbes se toparon con los míos, su aura rosada y de buen humor cambió por una mueca torcida en sus labios.

—¿Qué es lo que quieres?

Al final terminó por agarrar una gelatina verde en vez de la amarilla, avanzó hacia donde estaban los cubiertos desechables y las servilletas de papel, para tomar un tenedor una pequeña cuchara y varias servilletas, lo seguí en todo momento, como era de esperarse.

—Vengo en son de paz— Puse las manos en el aire para demostrar mi buena disposición, pero sólo recibí un bufido de su parte a cambio.— Vine a pedir tu ayuda, encuentro que te interesará.

—No me interesa hacer tratos contigo.

Comentó con voz monótona, me dio la espalda y fue a sentarse a una pequeña mesa circular vacía que era sólo para dos personas. Me dirigí hacia allá y sin pedir permiso alguno, me senté frente a él, lo escuché gruñir en voz baja en protesta por mi atrevimiento mientras fruncía el ceño y apretaba el puente de su nariz con sus dedos.

—Por favor— Pidió con voz cansada y casi derrotada.— Tengo cuarenta y cinco minutos para comer y no tengo la intención de desperdiciarlos en ti.

Limpió el tenedor desechable con una de las tantas servilletas y luego pinchó un pedazo de pechuga de pollo junto con un tomate cherry que enseguida explotó por el pinchazo, liberando todo el rojo jugo de su interior. Pero el bocado que había cogido se quedó a medio camino cuando volví a hablar:

—¿Ni siquiera si se trata de Eren?

De inmediato capté su atención, haciendo que sus ojos se enfocaran por completo en mí, bajó el tenedor con el pollo y el tomate, dejándolo sobre la charola plástica que contenía la demás ensalada. Suspiró con irritación y luego se sobó ambas sienes, mientras se debatía mentalmente si echarme o escuchar lo que tenía que decir, pero porque yo estaba en su misma situación sabía que terminaría por acceder y no me equivoqué en lo absoluto, pues levantó la mirada llena de irritación y asintió a regañadientes, antes de decir con voz tajante:

—Habla.

—Primero quiero saber una cosa— Exigí a cambio, él enarcó una ceja y pude tomarlo como un de su parte.— ¿Conoces a Nanaba Eberwein?

Rodó los ojos, estando más irritado que antes y luego cruzó los brazos.

—Claro que la conozco— Murmuró con voz aburrida.— Esta en el departamento de diagnóstico que dirige Eren, es una brillante inmunóloga, pero, ¿qué con ella?

—Que Grisha Jaeger quiere casar a su único hijo con esa mujer, pero eso seguramente lo sabes mejor que yo.

—No entiendo— Suspiró por milésima vez y volvió a tomar su cubierto con el pollo y el tomate incrustado para esta vez llevárselo a la boca y masticar muy despacio, luego preguntó:— ¿Cuál es tu punto?

—Que podemos ayudarnos mutuamente— Esta vez me miró con más detenimiento, entornando los ojos en señal de recelo.— Evitar por todos los medios que eso suceda.

Parecía incrédulo a mi propuesta, yo también me lo había pensado con calma y largamente. Hasta cierto punto sonaba ridículo lo que estaba proponiendo, pero resultaba que Armin era una persona demasiado especial para Eren, sin contar que más astuta que yo y que tenía la enorme ventaja de trabajar en el mismo hospital que Eren, si uníamos fuerzas puede que una de dos: o convencíamos por las buenas a Eren de reaccionar, o saboteábamos a la mujer y convencíamos a Eren por las malas. Sonaba como un buen plan... o tal vez se debía a que estaba desesperado por hallar una solución rápida y hacer entrar en razón a Eren.

Demasiado egoísta pensando en lo que yo quería como siempre, pero también sabía que él no tenía deseos de casarse con ella y que la mera idea le provocaba arcadas en todo el cuerpo. Ojalá Mikasa estuviera aquí, ojalá Annie estuviera aquí, probablemente de ese modo no tendría que acudir a Armin porque incluso sólo con Mikasa bastaría. No exageraba al decir que la chica era capaz de ahuyentar a un ejercito entero con su sola mirada.

Estuve tentado a llamarla en varias ocasiones para decirle lo que estaba pasando, pero sabía que con ese temperamento vendría hecha una furia y entonces Eren no me lo perdonaría nunca. Y ahora había llegado a esto con Armin, la última persona a la que quería recurrir, ese idiota de Eren me estaba haciendo las cosas difíciles pero ni así iba a renunciar, no cuando aún había tiempo, no cuando él no quería hacerlo, no cuando me había dado un débil halo de esperanza, renunciar a estas alturas no era opción. Observé a Armin abrir la botella de agua con una calma típica de él, bebió un sorbo y luego me volvió a ver.

—No lo sé, ni siquiera me agradas— Confesó con total honestidad, pero no era algo que yo desconociera, luego se apuró en decir:— Ni yo te agrado.

—No te estoy pidiendo que seamos amigos— Fue mi turno de rodar los ojos con hastío.— Es por Eren, estoy seguro de que tú tampoco quieres que se case bajo estas ridículas circunstancias.

Recargó su espalda contra el respaldo de la silla y cruzó los brazos sobre su pecho, me analizaba con la mirada, como buscando algo que me delatara sobre algún asunto sospechoso, al no encontrar más que mi desesperación latente y casi palpable, negó con la cabeza y sus pensamientos viajaron lejos. Considerando todas las fallas, haciendo un recuento de lo que él ganaría a cambio, regañándose a sí mismo por siquiera considerar la descabellada idea. Se talló con fuerza el rostro mientras seguía debatiéndose mentalmente, después de un rato de meditarlo y aún en contra de todo pronostico, él terminó por acceder, con la vergüenza y seguramente la humillación que le provocaba aliarse al enemigo. Luego me miró con seriedad y algo parecido a la amenaza cuando dijo:

—Pero si algo sale mal, entonces tú asumes por completo la responsabilidad.

—Lo haré— Asentí estando de acuerdo y Armin pareció un poco más tranquilo después de eso.—Ahora, explicame por qué Grisha quiere casar a Eren con esa mujer.

—Ah—Alargó con burla aquella fastidiosa expresión y luego sonrió ampliamente al decir:— Parece que Eren no te lo contó todo, ¿verdad?

—Le molesta mucho tocar ese tema, no es por falta de confianza.

Me defendí, aunque comenzaba a creer a que sí se debía a la falta latente de confianza y al maldito distanciamiento que sentía entre nosotros dos.

—Si tú lo dices...—Encogió los hombros con desdén y torció un poco los labios mientras comenzaba a hablar— A ver... Grisha es dueño del sesenta y cinco por ciento del hospital y el padre de Nanaba es dueño del veinticinco por ciento, si se da que Eren y Nanaba se casan, el hospital pasaría prácticamente a la familia, al tener el noventa por ciento— Destapó la gelatina y la picoteó con la cuchara antes de llevarse el bocado a la boca y saborearlo.— A las dos familias les conviene unirse, Grisha esta de acuerdo, el padre de Nanaba también, e incluso la misma Nanaba esta fascinada con la idea. Eren es el único que parece... renuente en querer aceptarlo.

Escuchar que Eren en realidad no quería casarse fue un gran alivio para mí, ahora entendía un poco aquello de que "es por el bien del hospital", más que del hospital, era un bien para ambas familias. Por un momento me permití sentir asco por Grisha, ¿cómo es que un padre impone sus propios intereses por sobre los sentimientos y deseos de su hijo? ¿a eso se le podría llamar ser padre? Sinceramente no entendía por qué Eren se esforzaba tanto en complacer a un padre así, era como si Grisha estuviera cumpliendo todos sus sueños frustrados en su hijo y eso sólo lograba hacerme enfadar aún más.

—Sin embargo...

Murmuró el rubio, interrumpiendo el silencio que se había formado entre nosotros dos, cuando levanté la vista y vi su expresión afligida no pude pensar en otra cosa más que era la misma que seguramente yo llevaba en ese instante. Pero había algo más, como si todavía supiera algo que yo no, en sus ojos había prematura derrota, como si pudiera anticipar desde ya lo que iba a suceder. No sabía si sentirme más asustado o identificado ante aquel sentimiento de desolación que podía ver en cada gesto de Armin.

—Sin embargo— Despabiló al fin de eso que le preocupaba y continuó con la frase que había dejado a medias.— Eren es una bomba de tiempo... Grisha, Nanaba y el padre de Nanaba lo están presionando mucho para que acepte el compromiso y en cualquier momento él puede ceder, lo sé, lo conozco.

—Entonces debemos ser más rápidos— Intenté animarlo a él, pero a también a mí mismo en el proceso.— Encontremos la forma para evitarlo, ¿trato?

Estiré mi brazo y le tendí mi mano derecha, dudó por segundos entre estrecharla o no, pero al final su pálida mano tocó la mía para estrecharla y cerrar el trato con ese gesto. Sabía que no eramos amigos y que probablemente esto no cambiaría el desprecio que él sentía por mí desde que lo conocía, pero por el momento eramos aliados temporales que se ayudarían mutuamente, y lo hacíamos por un objetivo en común: Eren Jaeger.

Nos quedamos por veinte minutos más discutiendo acerca de las cosas que podíamos hacer para alejar a Nanaba de Eren, fue muy gracioso cuando ambos llegamos al mutuo acuerdo de que en caso de que el plan A fallara, recurriríamos al plan B y utilizaríamos varias de las técnicas de Mikasa para espantar a las pretendientas de Eren. Armin se las sabía todas, desde la más asquerosa, hasta la más aterradora, me sorprendía darme cuenta que detrás de aquella seriedad, Mikasa escondía una mente bastante retorcida.

Acordamos también que cada uno intentaría convencer a Eren de no hacer una tontera de la que después iba a arrepentirse. Comencé a sentirme un poco más aliviado de saber que contaba con alguien para evitar que se llevara a cabo una boda que haría infeliz a Eren, a mí... e incluso a Armin. Una vez que se terminó el receso del rubio, se levantó de la mesa con la misma seriedad con la que se había sentado y sin decir ni una palabra más, se retiró, pues a pesar de que ambos estábamos de acuerdo en algo por primera vez, eso no quitaba el hecho de que él seguía sintiendo desprecio por mí.


Me removí inquieto sobre el colchón por millonésima vez, estaba ansioso y no era para menos, Eren, quien dormía dándome la espalda, también se movió un poco, estaba seguro de que no lo dejaba dormir pero como siempre, él era demasiado amable como para decirme que me estuviera quieto. No sabía el momento exacto en el que rebasé por completo el limite de su espacio personal y comencé a dormir en su misma cama. Él no se quejaba, ni se quejó la primer noche que simplemente llegué y me acosté ahí, sin más. Me tenía inquieto el hecho de que hayan pasado los días y él todavía no dijera nada acerca de mi confesión, que por cierto salió mal gracias a mi arranque de impulsividad.

Volví a rodar sobre el colchón, quedando esta vez boca arriba, fue entonces que Eren se incorporó y sentó sobre el mullido colchón, tallándose los ojos y bostezando para después ver la hora en el reloj que estaba en la mesita de noche. Eran las dos de la mañana en punto.

—Levi, ¿qué ocurre?

Yo también me incorporé, sentándome y abrazando después mis rodillas contra mi pecho. Eren encendió la lampara de lava color morada que estaba también en la mesa de noche, enseguida su rostro adormilado se iluminó por el violeta, tenía el cabello revuelto como nido de pájaros y los ojos entrecerrados debido a la somnolencia, decir que no era la escena más tierna que había visto en mi vida, era una mentira. Me sentí un poco culpable por no dejarlo dormir, sabiendo que su trabajo no era fácil y muchas veces le daban ataques de insomnio, pero más incomodo y culpable me sentía por lo que estaba a punto de decir.

—No puedo dormir.— Murmuré sin ganas, mientras escondía el rostro entre mis brazos y mis rodillas flexionadas contra mi pecho.

—Me doy cuenta, ¿hay algo que te este molestando?— Asentí, sabiendo que él hablaba de un malestar físico y no uno mental.— ¿Qué es?, tal vez pueda resolverlo.

—En estos últimos tres días no he podido dormir, ni comer bien porque mi cabeza en un revoltijo de... demasiadas ideas— Hablé con la voz atropellada y no era exactamente porque tuviera la cara escondida entre mis brazos, por fin levanté la cansada vista y le dedique una mirada de reproche a Eren.— Y tú lo empeoras.

—¿Yo?, ¿qué hice yo?

—Nada, no has hecho nada y por eso estoy así— Suspiré con pesadez y rodé los ojos con fastidio.— Demonios, eres un dolor de cabeza y culo.

—Lo siento.

Susurró como niño que acaba de ser fuertemente regañado, bajó la cabeza y todo el cabello cayó libre como si de una cascada se tratara, tapando su rostro y haciendo más dramático y caótico todo este asunto. La acompasada respiración de Öyku que dormía al pie de la cama de Eren, el ruido de los aviones al pasar y el tic tac del reloj era lo único que se escuchaba. Era cierto que estaba de mal humor de un tiempo para acá y quien pagaba la factura era Eren, pero de alguna u otra forma, era su culpa, él me tenía en alerta, sin saber que hacer, que no hacer... preocupado por nuestro futuro incierto y una boda que ya estaba dada por hecha. Había tantas cosas en que pensar y él no hacía nada para aligerar mi carga emocional, no me daba garantías, pero tampoco me las quitaba, todo era un constate no lo sé de su parte.

Estaba sufriendo por un agónico sí, o incluso un no de su parte, pero todo lo que obtenía a cambio era "lo pensaré", "no sé","necesito tiempo", cuando en esta clase de situaciones el tiempo era sumamente valioso. A veces también quería ser indiferente, no ilusionarme cada vez que me sonreía como solía ser en antaño pero era imposible, estaba metido hasta mis huesos y él tampoco me la ponía fácil, no cuando me tocaba y me besaba así, como si yo fuera su todo, para luego decir "sólo amigos". O las veces que teníamos sexo y pensaba que era algo más, para que a la mañana siguiente Eren actuara como si nada, haciéndome pensar que había sido un sueño más.

No entendía, me trataba bien pero al mismo tiempo se alejaba. A veces me quería y a veces no, a veces parecía que estábamos bien pero en realidad todo era un desastre y otras veces me llenaba el corazón de esperanzas, pero la cabeza de inseguridad.

—Eren...— Mordí mi labio inferior y pronto sentí la profunda mirada del castaño sobre mí.— ¿Ya has pensado en lo que te dije?

—¿Acerca de que tú... tienes sentimientos por mí?

—De que te amo, sí.

Lo vi tensarse y apretar un poco las sábanas entre sus puños, había una terrible e inquietante duda plasmada en sus ojos, carcomiéndolo por dentro. No hacía falta que me lo dijera, bastaba con ver a esos ojos que nunca me han mentido ni una sola vez, fue entonces que pude darme cuenta de que no era el único que estaba sufriendo, que cargaba con el peso de una confesión improvisada y repentina. Él también la estaba pasando mal, como si tuviera miedo, pero, ¿miedo a qué? Aunque en el fondo lo sabía bien, no se necesitaba ser un genio para deducirlo, fueron tantos errores cometidos, los de él, los míos que fueron mucho peores que los suyos... tal vez ya no había salvación para lo que se había roto. Estaba a punto de acostarme y decirle que lo olvidara, pero una risa entre irónica y amarga escapó de sus labios.

—Levi, sólo han pasado...—Comenzó a hacer cuentas con sus dedos.— Dos días y medio, no hay forma en la que pudiera pensarlo bien en tan poco tiempo.

—Tres días.

Corregí, sabía que Eren sólo trataba de disminuir los daños colaterales de lo que yo mismo había iniciado, pero de lo que se trataba esta vez era de ser sinceros y asumir nuestros errores. No huir, no callarse, no asumir que el otro va adivinar lo que nuestra boca no se anima a decir, porque ya habíamos tenido suficiente de eso.

—Bueno, tres días— Por fin admitió con fingida voz de derrota, luego se acercó hasta mí, la punta de su nariz chocando con la mía y sus ojos verdes clavados en los míos.— No hay prisa alguna, después de todo, tú siempre has sido mi Sol... eso nunca cambió.

Comentó a penas en un susurro débil y adormilado que acabó en un bostezo, mi cuerpo entero se tensó y por un momento creí que mis ojos saldrían de sus cuencas. Tragué saliva con demasiado esfuerzo, comencé a sudar frío, quise tomar las manos de Eren entre las mías pero entonces descubrí que estaban temblándome, sonreí como no lo hacía en mucho tiempo, incluso los labios me temblaban. Y después, simplemente quise largarme a reír, todo este maldito tiempo había sido Sol y viví creyendo que era alguien más, me sentía estúpido pero era eso lo que hacía cómica la situación, tuve ganas de saltar sobre Eren y pedirle que volviera a repetirlo. Tanta era la felicidad y el cúmulo de emociones entremezclándose, que ya no sabía si llorar, reír, golpear a Eren o las tres al mismo tiempo.

Sin embargo, mi sonrisa desapareció y una línea recta tomó su lugar cuando mi mente recordé la duda en los ojos de Eren cuando le dije que lo amaba, cuando recordé que desde que llegué él no hacía otra cosa que tratar de alejarme y la felicidad se vio opacada cuando me di cuenta de que él ya no se sentía de la misma forma, ¿de qué mierda me servía ser Sol ahora, si Eren ya no me quería como solía hacerlo? Todo esto a fin de cuentas era más culpa suya que mía, porque si él me lo hubiera dicho desde un principio yo hubiera dejado todo, a Erwin, mi sueño de irme a Francia y nada de esto estaría pasando... quizá las cosas serían diferentes, tal vez justo ahora él tendría su banda porque yo de ninguna manera hubiera permitido que renunciara a ese sueño. Tal vez incluso Annie y Mikasa seguirían juntas, porque entonces Eren y yo hubiéramos animado a Mikasa a seguirla.

Muy probablemente estaríamos casados, viviendo en una sencilla casita en Friburgo, teniendo un bello jardín lleno de rosales y él no estaría siendo obligado a casarse con una mujer que ni siquiera era de su agrado. Al pensar en todas esas posibilidades, me dieron unas tremendas ganas asesinas de ahorcar a Eren, porque él siempre tuvo la maldita decisión en sus manos de cambiar el rumbo de todo y el muy egoísta cobarde había decidido tomar menos riesgos, dejarme ir cuando lo que más deseaba era quedarme con él.

—Tu sol, ¿eh?

Hablé con la voz más amarga que tenía, pero para cuando volteé a ver a Eren, listo para reclamarle por no haberlo dicho antes, me encontré con que estaba hecho un ovillo sobre el colchón, profundamente dormido con una expresión más relajada y aliviada, como si se hubiera quitado un enorme peso de encima. Lo curioso de todo esto es que era yo quien ahora sentía ese peso como manos alrededor de mi cuello, observé su durmiente rostro y aparté varios mechones de su cabello, en el proceso también me aproveché para acariciar sus mejillas y pasar mis dedos por sus labios entreabiertos. Vaya que estúpida y ridícula situación, en el fondo sabía que sí, era culpa de ambos.

—Maldición, Eren.


A la mañana siguiente todo fue con normalidad, como si Eren no me hubiera confesado el secreto más grande e importante de nuestras vidas y como si yo no lo hubiera escuchado. Se fue a trabajar a la misma hora de siempre y Öyku y yo nos quedamos, yo a hacer limpieza y ella a ensuciar todo nuevamente. Por la tarde salimos a dar un paseo por un parque bastante cercano de donde vivía Eren, en las noticias habían dicho que pasado mañana comenzaría a nevar, tal vez era el último paseo que podríamos dar Öyku y yo sin congelarnos en el proceso. A mitad del recorrido decidí tomar un pequeño descanso y fui a sentarme en banca de madera que estaba vacía, Öyku se puso inquieta casi de inmediato por haber detenido nuestro paseo. Mi celular sonó en ese instante, era una llamada de Annie.

—Rubia.

¡Levi!— Saludó con su usual tono jovial y alegre de cuando la chef de su escuela la felicitaba por su comida.— ¿Cómo estás? ¿qué tal van las cosas con Eren?

—Estoy molesto contigo.

Respondí tajante, aunque en realidad tenía un mohín en los labios, como los que hacía Eren en ciertas ocasiones, de inmediato escuché la exclamación de protesta y sorpresa de Annie, quien no paraba de disculparse por no haber contestado a mis anteriores llamadas, ni los mensajes, ah, y también por llamar hasta ahora. Ni siquiera me acordaba de todas aquellas veces que necesité un consejo y ella no respondió a mi llamado de ayuda urgente, estuve a punto de colapsar dos malditas veces.

—No es por eso— Rodé los ojos hacia arriba y Annie volvió a hacer una exclamación un tanto rara.— El idiota de Eren por fin me dijo quien es sol y tú nunca me lo dijiste, ni siquiera cuando te dije que también me gustaba Eren.

No podía decírtelo, el secreto no era mío— Suspiró con pesar y luego dijo:— Pero sí que te lo insinué muchas veces y también al lento de Eren le llegué a insinuar que te gustaba, ¡pero ninguno de los dos me hacía caso!, no es mi culpa— La última oración la dijo con voz infantil, luego soltó un chillido de emoción.— ¡Ah! Pero realmente estoy muy feliz por ustedes dos, ya merecían estar juntos y ahora...

—Relájate, Annie— Interrumpí y corte de un sólo tajo la emoción con la que me estaba hablando.— Por cierto, Eren se va a casar con otra mujer.

¿De qué estás hablando?, ¿cómo que Eren se va a casar?

Suspiré, liberando el exceso de frustración que sentía con toda esta situación, Öyku ya se había calmado, incluso hasta había decidido tomar una siesta. Eché la cabeza hacia atrás y observé el triste y nublado cielo de diciembre, un pequeño copo de nieve cayó sobre mi nariz, Annie siguió insistiendo al otro lado de la línea, parecía preocupada y desorientada con la nueva noticia. Antes de empezar a explicarle todo este confuso embrollo volví a tomar una bocanada de aire, para luego liberar el aire que ya no le servía a mi cuerpo. ¿Por dónde comenzar?, todo estaba demasiado enredado y confuso, no sé bien como fue que logré contarle de esta historia que no tenía ni pies, ni cabeza. Ella oyó todo con atención, sin interrumpir y mucho menos sin hacer preguntas, dejó que yo le contara todo con lujo de detalle, terminé el relato con lo que sucedió la noche anterior, de Eren y su gran confesión, revelando la identidad del misterioso Sol, Annie volvió a suspirar ante lo complicado de la situación.

Pero él no quiere casarse, eso te da una gran ventaja, además lo conozco, sé que no se casaría sin amor, aunque su padre se lo pidiera— Más que intentar convencerme a mí, se estaba convenciendo a ella misma.— Y te dijo que tú eras su sol, te lo confesó. Yo no le veo problema, nada ni nadie podrá con ustedes, ya han pasado por mucho.

—El problema es que Eren ya no siente lo mismo, él dijo que necesitaba tiempo para volver a enamorarse de mí— Annie enmudeció y ya no replicó, supuse que debía estar aturdida.— Supongamos que Eren manda a la goma su matrimonio arreglado con Nanaba y a Grisha también, ¿qué va a suceder si después de un tiempo Eren no se vuelve a enamorar de mí?, eso es lo que me aterra, Annie. Porque si no es Nanaba será alguien más.

Levi— Habló con una voz compresiva, como el de una madre que quiere tranquilizar a su hijo de la tormenta.— Eren tuvo sentimientos muy fuertes y especiales por ti... no, de hecho estoy segura de que muy en el fondo aún los tiene. Sentimientos como esos no se van tan fácilmente, no se rompen ante los errores, sin importar cuáles hayan sido. Lo único que necesitas es volver a hacer que florezcan y den sus primeros brotes nuevamente.

—¿Tú de verdad piensas eso?

Claro que lo pienso, es más, tengo la certeza— Esta vez sonaba más segura de sus palabras y yo comencé a sentirme más tranquilo ante eso.— De hecho, tengo una idea para que comiences a recuperar el tiempo perdido, escucha con atención...

Asentí, sabía que era inútil hacerlo porque ella no podía verme, pero aún así me tomé la molestia. Escuché muy atentamente a todo lo que me decía, cada palabra fue grabada a fuego en mi cabeza sin perderme ni un sólo detalle, comenzaba a tomar sentido y a escucharse bien. Annie tenía unas ideas bastante buenas, sólo faltaba ponerlas en práctica.

Öyku dormía plácidamente sobre mi regazo mientras yo acariciaba su pelaje, seguía dándole vueltas al plan de Annie, no sonaba como algo que terminaría en desastre, el problema es que yo siempre terminaba por volver las cosas un desastre. Desde pequeño había sido así, mi filosa e impertinente lengua me ganaba, pasé muchos malos momentos por mi poca capacidad para decir las cosas con tacto, lo cual me llevó a recordar mi desastrosa confesión hacia Eren. No había salido como lo planeé, todo salió por impulso en un momento de total desesperación, recargué la cabeza en el respaldo del sillón y cerré los ojos mientras que volvía a recordarlo.

"4 días antes.

Que te amo, fue lo que dije

Las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas calientes, por la vergüenza, por la rabia, por la frustración. Eren me vio con autentico pavor, como un niño vería a sus padres después de que le confesaran que Santa claus no existe. El tiempo se detuvo, sólo él y yo en esa pequeña cocina, era tanta la tensión que se sentía que Öyku gruñó en protesta, el castaño no se movió, ni siquiera cuando yo me acerqué a él, dando cortos e inseguros pasos. Estaba desesperado y una parte irracional en mí dominó a la racional que me decía a gritos que le diera su espacio a Eren. Tomé su rostro entre mis manos y un tic nervioso apareció en el ojo izquierdo del moreno.

Levi... qué..Balbuceó un par de incoherencias y desvió la mirada cuando quise enfrentarla, pellizqué un poco sus mejillas y él llevó nuevamente la mirada a mi persona.¿Qué... qué haces?

¿Te gustaría amarme a mí también?

No supe porqué había dicho semejante cursilería, la irracionalidad me dominó y todo lo que mi esperanzado corazón me decía es que Eren también se sentía de la misma forma, que debía de sentirse de la misma forma después de todos estos día que habíamos estado juntos, después de todas las cosas que pasamos en el pasado. Esta era mi manera de pedirle que me diera una oportunidad, que podría amarlo de la forma correcta si él me lo permitía, pero el corazón se me encogió cuando volvió a desviar la mirada y puso una expresión que no supe descifrar del todo, pero que claramente daba a entender que por alguna razón, él no podía tal vez no quería— corresponder a mis sentimientos. A pesar de todo, no aparté mis manos de su rostro, ni me alejé, no podía, estaba paralizado por el silencioso rechazo que acababa de recibir. Colocó sus manos sobre mis hombros, pero ni siquiera me miraba aún.

Yo no sé que decir, esto es tan... repentinoMordió su labio inferior como signo de ansiedad y me alejó de él, empujándome ligeramente por los hombros.Y ahora las cosas también son tan... diferentes, ¿podrías dejar que lo piense?

Sí...

Como si de fuego se tratara, quitó las manos de mis hombros y salió con pasos rápidos de la cocina, por no decir que casi corriendo. Los tres días que le siguieron no se tocó el tema, hasta el tercer día en la madrugada, aunque al principio las cosas estuvieron tensas entre nosotros, todo se arregló eventualmente con una buena follada."

Abrí los ojos cuando escuché que la puerta de la entrada estaba siendo abierta, Öyku no tardó en despertar y saltar de mi lecho para correr a recibir a su dueño. Después de algunos segundos todo el departamento se llenó con los ladridos de la perrita y las palabras cariñosas de Eren, me estiré como gato sobre el sofá y enseguida me coloqué de pie para ir a recibir a Eren. Él ya iba para la sala, entre sus brazos estaba una muy feliz Öyku, quien lamía una y otra vez su mano, a penas se acercó a mí y yo tiré de su bufanda azul cielo, haciendo que se inclinara hacia mí para robar un beso de sus labios.

Tardó un poco en corresponder pero al final terminó por ceder, moviendo sus labios al compás de los míos. En un descuido de su parte, aproveché para morder con fuerza su labio inferior y así poder introducir mi lengua en su boca, de inmediato su lengua buscó a la mía con desespero y terminaron por enredarse en un beso que no llevaba prisa, más bien era suave y lento. A causa de la falta de aire tuvimos que separarnos, entre mordiscos y lamidas juguetonas, Öyku gruñó y ambos soltamos una risa avergonzada al darnos cuenta que el pobre animal había estado aplastado entre nosotros y ni cuenta nos dimos hasta que gruñó.

—Estamos dándole un mal ejemplo.— Bromeó, levantando ambas cejas un par de veces en un gesto de total coquetería.

—Ha visto cosas peores.

Respondí con una sonrisa sugestiva y enarqué una ceja, Eren enrojeció como en mucho tiempo no lo hacía, me daba una vaga idea de que clase de cosas pudo haber pensado.

Cenamos lasagna, era mi primera vez cocinándola, pero él no se quejó de nada. Al contrario, la alabó una y otra vez, diciendo que estaba mejorando, le gustaba mi comida y me sentí orgulloso conmigo mismo cuando Eren la aprobó de buena gana y con sinceridad. Como ya era una sagrada costumbre, Eren me habló de su día en el hospital y de lo tedioso que era atender a pacientes que llegaban con síntomas muy ridículos y extraños, yo sólo escuchaba en silencio con una ligera sonrisa en el rostro, era cierto que tener a alguien que te cuente de como estuvo su día era agradable, más aún que esa persona también se interese por el tuyo.

Después hablamos de diferentes temas, hasta que por fin vi mi oportunidad perfecta para llevar a cabo el segundo paso del plan de Annie.

—Ahora soy más fuerte que tú, aunque creo que siempre lo fui.— Comenté de pronto, Eren me vio con extrañeza pero sólo se limitó a sonreírme con burla.

—Claro— Dijo con sarcasmo y luego asintió.— Te dejaré pensar que lo eres.

—¿Hacemos una apuesta?— Pregunté con petulancia y a cambio obtuve una afirmativa casi de inmediato.— El que pierda... será el esclavo del otro por todo el fin de semana.

Me vio con suspicacia, pero luego una sonrisa arrogante apareció en sus labios.

—¡Acepto!

Apoyó su codo sobre la mesa y enseguida yo estreché la mano que esperaba ansiosa por el reto. Y yo debía ganarlo a como diera lugar, sólo así iba a funcionar esta parte del brillante plan de Annie, nos miramos a los ojos, verde contra gris, ninguno había comenzado aún con el reto, sólo nos observábamos con nuestras mejores miradas de desafío. Las mejillas de Eren se tiñeron de un carmín muy claro y sabía que yo debía estar tan rojo como él, era gracioso que hacíamos cosas más sucias y lascivas, y lo que nos avergonzara completamente sea el mirarnos a los ojos.

Él levantó una gruesa ceja como preguntando si ya podíamos comenzar, asentí y esperé tener buena suerte por lo menos esta noche. Eren, sin problema alguno aplicaba bastante fuerza para derrumbar mi brazo, mientras que yo tenía que aplicar toda mi fuerza física para no perder, sabía que para él sólo era otro juego de niños pero para mí era algo serio y debía ganar a como diera lugar. Un buen rato estuvimos de esa forma, él apunto de ganarme y yo sin dar mi brazo a torcer. No tengo ni la más mínima idea de en qué momento reuní toda la fuerza física —y tal vez mental— que tenía para concentrarla en mi brazo y poder derribar al brazo de Eren. Incluso parecía sorprendido también ante su rotunda derrota.

—Gané— Comente con burla y una sonrisa arrogante, en el fondo estaba sufriendo porque no sentía el brazo.

—Ganaste, Levi— Apoyó el castaño, encogiendo los hombros y devolviendo la sonrisa.— ¿Entonces ahora soy tu esclavo?

—Técnicamente— Presumí con orgullo, ganándome una carcajada por parte de Eren.— Y lo primero que quiero que hagas como mi esclavo es que mañana salgas conmigo en una cita.

Muy diferente a lo que creí que ocurría, Eren aceptó con dignidad su castigo impuesto, no se quejó ni puso ningún pero. Pensé que probablemente se pondría incomodo y se echaría para atrás, pero no había sucedido y eso no hacía más acrecentar la agónica esperanza que sentía de que al fin me correspondiera, de que fuera tal y como Annie lo dijo. Ya había perdido una vez a Eren, no quería volver a perderlo porque por más egoísta, monopolizador y posesivo que sonara, lo quería para mí y sólo para mí.

—Bien— Se puso de pie y estiró sus adormecidos músculos, al momento que sus huesos también crujían.— Mañana me tomaré el día libre.

—Bueno y ya que eres mi esclavo, ponte a lavar los platos sucios, campeón.

—¡Ay, Levi! ¡me había tocado ayer!

Hizo un mohín con los labios y haciendo una pequeña rabieta se dirigió al cubo en donde estaban los trastes sucios para comenzar con su segundo castigo por haber perdido contra mí. Una carcajada salió de mi garganta al ver el adorable puchero que tenía en los labios, Eren odiaba hacer los labores domésticos, cuando llegué a su departamento me di cuenta de eso pero sobre todas las cosas, odiaba lavar los platos sucios. Definitivamente serían los tres días más divertidos de mi vida.


A la mañana siguiente Eren preparó el desayuno sin que yo se lo pidiera, supongo que intuía que se lo iba a pedir de cualquier modo. Su desayuno consistió en pan francés —el cual le salía mejor que a mí—, huevos revueltos con jamón y jugo de naranja que trajo del supermercado. Cuando terminamos nuestros respectivos alimentos, yo me metí a bañar mientras que Eren volvía a lavar los platos, aunque esta vez ya no parecía tan renuente en hacerlo. Me di un baño rápido y cuando salí, el castaño ya estaba arreglando la ropa que iba a ponerse para ese día.

Saqué del lugar en donde tenía escondidas las bolsas con ropa y enseguida las coloque sobre la ropa perfectamente planchada, formal y aburrida que Eren había escogido.

—¡Levi! La acabo de planchar.— Protesto quitando rápidamente las bolsas, para luego asegurarse de que su ropa no tuviera ni una sola arruga.

—Vas a usar esto— Volví a colocar las bolsas sobre su ropa, terminando por arrugarla.— Compré ropa para ti, quiero que la uses hoy.

—No era necesario que te molestaras, ya tengo mucha ropa.

—Eres mi esclavo— Le recordé con una sonrisa burlona, haciendo que una mueca torcida se formara en los labios de Eren.— Y usurás lo que yo te diga que uses.

Eren miró todas las bolsas de papel y de plástico que había sobre la cama, y una alarma pareció prenderse en su cabeza, porque regresó su mirada a mí con el ceño fruncido.

—¡No voy a usar lencería de mujer, Levi Ackerman!

Lo miré con incredulidad antes de que una escandalosa carcajada escapara desde lo más profundo de mi garganta. Tanta era la gracia que me causaba que Eren hubiera sacado ese tipo de conclusiones con lo que había en las bolsas que me doble de la risa, incapaz de tranquilizarme, cada vez que siquiera lo intentaba y veía el rostro horrorizado de Eren la risa volvía a mí. ¿De dónde mierda había sacado que era lencería para mujer?, debía sentirme levemente ofendido porque él pensara así de mí, pero no, todo lo que provocaba en mí era gracia.

—No es gracioso.— Dijo cuando al final logré controlar un poco la risa.

—De hecho sí lo es— Respiré profundo e intente ponerme serio otra vez mientras decía:— No es lencería de mujer, idiota... pero, ¿sabes?, acabas de darme una idea interesante.

Él volvió a verme con aquella expresión de total horror, instintivamente dio un paso hacia atrás. Esta vez giré los ojos y a empujones lo fui metiendo al baño, pasándole una toalla y las bolsas con la ropa que había comprado para él. Después de tomarse su tiempo en el baño, por fin la puerta se abrió y salió, en cuanto nuestras miradas se cruzaron él desvió la suya de la mía y cruzó los brazos en un gesto de completa vergüenza, pero entre más veía a Eren, más me convencía de que sin importar cuántos años pasaran, ese tipo de ropa siempre se iba a ver bien en él.

Era muy bueno volver a verlo con los jeans negros ajustados, las botas, la playera de una muy querida banda de rock por mi mamá y la campera negra. Era como volver al pasado, como revivirlo, aunque Eren ya no tenía cara de bebé, ahora casi me daba pena admitirlo pero estaba hecho todo un hombre y yo estaba muy seguro que muy en lo profundo de ese hombre estaba el chico que conocí aquel día bajo el puente. Con pasos tranquilos y elegantes me acerqué a él y lo ayudé a secar su cabello, pues varias gotas de agua aún escurrían de él.

—Te ves bien.— Confesé, dejando la toalla sobre su cabeza mientras que arremangaba las mangas de la sudadera negra, tal y como recordaba que le gustaba usarlas en el pasado.

—Soy un adulto, se supone que ya no debería usar ropa así.

Protestó haciendo una mueca de indignación con los labios, rápidamente besé su boca torcida.

—Te ves más sexy así— Ronroneé cerca de uno de sus oídos y luego jalé algunos mechones de su cabello húmedo.— Deja de andar de quejumbroso.

—Tienes fetiches extraños, Levi.

—Como la lencería de mujer.

Codeé sus costillas con una sonrisa coqueta, Eren se sonrojó y como si estuviéramos conectados, ambos reímos al mismo tiempo. De alguna forma, sentía que volvíamos a ser aquellos adolescentes que soñaban con tantas cosas, era como si una pequeña parte del muro que Eren se empeñaba en construir a su alrededor fuera cayendo poco a poco, permitiéndome entrar nuevamente y eso era muy bueno.

Durante todo el día hicimos esas tonterías cursis que hacen los novios, Eren me mostró las demás cosas de Berlín que todavía no conocía, incluso me llevo a un museo de arte. Eso me había recordado que debía llamar a Riko para preguntarle por mis pinturas que se habían quedado allá... y sobre todo, por el Green eyes, me preocupaba que ahora que he estado ausente, Riko no le esté dando la debida atención a los cuidados que los americanos debían tener con esa pintura.

Era una cita improvisada, ya que ni Eren ni yo habíamos planeado nada pero era eso lo que la estaba haciendo divertida y agradable, sin la presión de tener que cumplir con un horario impuesto. Las pocas citas que llegué a tener con Erwin siempre fueron un desastre porque muchas veces las cosas no nos salían como queríamos, pero debía admitir que tenía muchos y muy valiosos recuerdos de esas veces en las que fuimos muy felices. Erwin, a veces llegaba a preguntarme qué estaría haciendo, si comía bien... si se encontraba bien. No podía evitar preocuparme por él, de que en el fondo sintiera un poco de nostalgia por él, lo había amado mucho y aunque odiaba admitirlo, extrañaba al amigo que alguna vez tuve en Erwin.

Siempre había creído que estaríamos juntos y de repente, todos esos sueños se vieron truncados, olvidados. Fue difícil darme cuenta de eso al principio, acostumbrarme a la idea de que a veces no todo dura por siempre, sabía perfectamente que no había y nunca habría punto de comparación con lo que viví con Erwin a lo que estaba viviendo justo ahora y me sentía ridículo al extrañar todas esas cosas en este punto en donde eso era lo único que extrañaba, los recuerdos. No a Erwin, sino a lo que tuvimos, a lo que habíamos vivido, a lo que habíamos sido, a lo que pudimos ser. Siempre pensé que lo que nos había separado era lo opuestos que eramos pero tarde me di cuenta de que siempre fuimos muy parecidos, tuvimos muchas similitudes y quizá eso fue lo que terminó con nosotros.

Cuando empezamos a salir, recuerdo que yo me ponía terriblemente hablador sólo porque él sabía de lo que yo hablaba. Sólo porque a él también le gustaban las mismas cosas que a mí y siempre era de esa manera, que cuando había silencios porque se nos habían acabado los temas de conversación, se hacían silencios incómodos en donde yo debía ser listo e intentar buscar otra cosa que nos siguiera uniendo. Con Eren en cambio, no hablábamos tanto, a veces sólo él hablaba, otras veces era yo quien se la pasaba hablando, pero cuando había silencios entre nosotros no eran incómodos... era como si ambos supiéramos que a veces las palabras vienen sobrando. Eso era lo que me unía y atraía a Eren de la misma forma que la luna se sentía atraída por el mar, él sabía cosas que yo no y yo sabía cosas que él no. Nos complementábamos, nos moldeábamos el uno al otro como dócil plastilina.

Por alguna razón que no alcancé a entender en ese momento, estuve a punto de mencionarlo... a Erwin, tuve esa necesidad de hacerlo, pero entonces Eren empezó a contar chistes sin gracia y a hacer que la gente se nos quedara viendo raro por la fuerte risa de Eren y mi cara deformada por la vergüenza que me estaba haciendo pasar. Así que ya no hablé más de él, por primera vez me daba cuenta que el pasado estaba en el pasado.

Pasamos a una repostería y él se compró una trufa de chocolate amargo, mientras que yo un panque de chocolate blanco y trocitos de mango. Cuando Eren los pagó, caminamos unas cuadras hasta llegar a un enorme y bello parque, había extensas áreas verdes y árboles, jardineras con bellos tulipanes y lilas que seguramente morirían cuando la primer nevada cayera. Incluso había un área infantil con una resbaladilla y un improvisado columpio hecho a base de una llanta de auto, una linda y enorme fuente justo en medio con varias estatuas de imponentes y orgullosos lobos en su centro. Tomamos asiento en una de las bancas cercanas a la fuente y pensé que hubiera sido buena idea que trajéramos a Öyku con nosotros. Había varios niños jugando cerca de la fuente con sus pelotas o cometas y Eren los veía atentamente, con una sonrisa casi imperceptible a cualquier ojo distraído, pero no al mío.

¿Eren quería tener hijos?, esa pregunta caló con fuerza dentro de mi cabeza, jamás se había tocado el tema, pero desde que conocía a Eren sabía de esta afinidad y paciencia que parecía tener con los niños pequeños. Pensar en Eren cargando a un niño de su sangre me dio cierta ternura, pero al mismo tiempo dolió como el infierno.

Levanté la mirada hacia el cielo, había algunos nubarrones grises y entonces a mi cabeza vino el recuerdo de un tierno niño que adoraba encontrar formas en ellas, miré de reojo a Eren quien reía discretamente por las ocurrencias de los niños que peleaban y hacían rabietas por tener el mismo juguete. Volví a fijar la mirada en el cielo y sólo por un momento deseé con todas mis fuerzas que esto no terminara en desastre potencial, llamé a Eren con suave voz y pronto sentí su mirada en mí.

—Mira las nubes— Entrecerré los ojos cuando una de ellas despejó a los débiles rayos de sol y me dieron directo en el rostro.—Tienen forma de... dragón.

La verdad es que no tenían forma de nada, más que... de nubes deformes pero añoraba tanto que Eren volviera a ser el mismo de antes que me forcé a mí mismo a ver un dragón de nubes grises en donde solamente había simples nubes que eran empujadas por el viento. Regresé la mirada a Eren y él miraba con atención el cielo, sus ojos verdes se perdían en el color grisáceo del cielo y su nariz se arrugaba ligeramente. Luego suspiró y negó suavemente con la cabeza.

—Yo no veo ningún dragón, Levi— Volteó a verme y no tuve otra opción que agachar la mirada ante mi fracaso rotundo— Fíjate bien, esa nube de allá tiene forma de avión— Levanté la mirada nuevamente y vi que él estaba señalando una nube.— Y esa de allá tiene forma de... de jirafa.

Empezó a señalar varias nubes y a decir que tenían formas de animales o cosas, esta vez estaba mirando atento cada gesto, esta vez sí estaba escuchando. Un atisbo de sonrisa se asomó en mis labios al ver a Eren hablando con entusiasmo de las figuras que se encontraba en las nubes. Era como regresar cinco años en el tiempo y vivir nuevamente esos momentos que creí perdidos para siempre, me senté más cerca de el castaño que no paraba de encontrarle formas a la nubes y recargué mi cabeza contra su hombro, volviendo a experimentar la sencilla felicidad de estar con él tal y como lo recordaba.

—Eren, si pudiera, pintaría en las nubes sólo para ti.— Abracé su brazo con los míos, mientras frotaba un poco mi cabeza contra su hombro.

—Levi, si pudiera, te bajaría las nubes para que pudieras pintar en ellas.

Inclinó su cabeza y la apoyó contra la mía, afiancé el agarre de mis brazos al suyo y apreté los labios, presa de la inocente vergüenza que crecía en mis mejillas. Él debía saber que justo ahora estaba en las nubes, flotando sobre ellas, un sentimiento bastante cliché que siempre pensé que era pura exageración de las películas románticas y de los cursis libros, pero que ahora estaba experimentando. Quería congelar el tiempo para siempre en este momento, en donde sentía que eramos capaz de cualquier cosa sólo si estábamos juntos.


Jadeos indecorosos escaparon de mis labios al momento en que sentí la cálida lengua de Eren recorriendo todo mi pene. Después de que habíamos tonteado todo el día por la ciudad, cuando llegamos al departamento de Eren, de pronto él fue de la iniciativa esta vez y saltó sobre mí, besándome con fiereza, como si mis labios fueran el oxigeno que necesitaba. Y desde luego, no me negué y ahora habíamos terminado en esta situación que ya no era para nada rara, se podría decir que Eren y yo ahora eramos algo así como amigos sexuales, poco nos faltaba para ser una pareja real... sólo bastaba con que él se decidiera por fin.

—¡Eren!

Gemí sin recato alguno cuando uno de sus dedos se adentró repentinamente en mi entrada, mientras que él se seguía ocupando de mi erección, mordisqueé mis propios labios y tiré de algunos mechones de su cabello cuando su boca albergó por completo mi miembro. Estaba volviéndome loco, porque por un lado lamía con vehemencia mi pene y por el otro movía su dedo alrededor de mi entrada, el muy maldito ya sabía en donde y como tocar. Alzó la mirada y pronto se encontró con la mía, seguía lamiendo y chupando mientras me veía con fijeza y con esos verdes ojos opacados por la excitación del momento.

No podía negar que esa cínica mirada suya era lo que incrementaba mi deseo de tenerlo dentro de una vez por todas, pero siempre que hacíamos este tipo de cosas él alargaba el momento y me torturaba de todas las formas posibles y existentes. Arqueé la espalda cuando el succionó el glande y alargué un gemido digno de un actor de porno gay.

—Levi...

Canturreó con voz lasciva y burlona, juro que estaba dispuesto a darle mi mejor mirada intimidante y de paso una patada en la cara, pero entonces él metió un segundo dedo y sólo pude volver a gemir ante eso. Sus dedos empezaron a moverse dentro mío, mientras que su escurridiza lengua daba inocentes y tentadoras lamidas a mi pene duro. Pude sentir el cosquilleo en mi vientre avisando que pronto llegaría, volví a jalar a Eren de sus cabellos, en un intento fallido de detenerlo.

—Para... me vengo.— Balbuceé con bastante esfuerzo, entre jadeos ahogados y temblorosos.

Pero el castaño hizo oídos sordos y siguió con su tarea de jugar al chico malo, al mismo tiempo que tres dedos ya se habían hecho paso en mi interior. Mordí con fuerza mi labio inferior y apreté las blancas sábanas entre mis puños cuando sentí el orgasmo a punto de llegar, y como si el muy cretino de Eren lo adivinara, dejó de atender a mi palpitante pene y se ocupó solamente de sacar y meter con fuerza sus dedos, arremetiendo una y otra vez contra mí.

—Levi— Susurró cerca de mi oído con una voz que nunca le había escuchado antes, ronca y deseosa.— Correte para mí.

Se levantó un poco para poder mirarme a los ojos, y oh dulces Dioses del Olimpo, sus ojos estaban llenos de un abrumador deseo que comenzaba a consumirme. Su cabello pegado a su frente y esa maldita mirada seductora fue todo lo que necesité para que en cuestión de segundos mi semen saliera disparado por todos lados y mi cuerpo empezara a retorcerse por los deliciosos espasmos que me recorrían hasta el dedo pequeño de mi pie. Mi cabeza quedó en blanco y por un momento me olvidé de quien era.

Pero en cuanto pude recuperarme del inminente orgasmo, sentí que los dedos de Eren eran reemplazados por algo mucho más grande y grueso. De una fuerte y firme embestida había entrado en mí, volví a retorcerme sobre el colchón como gusano con sal, pero esta vez debido al placentero dolor que estaba experimentando.

—Eres... un bruto.

Eren rió con malicia y volvió a embestirme con fuerza, como si con ese gesto estuviera mostrando que él tenía el control, pero eso no era nuevo. Siempre lo tuvo.

En algún punto, sus embestidas se hicieron más rápidas y profundas, dejándome sin la posibilidad de siquiera hablar para decirle que quizá, lo quería más rápido. Pronto fui yo mismo quien ya no se conformó con eso, por eso mismo enredé mis piernas en su cadera haciendo que entrara más profundo en mí, provocando en ambos varios gemidos escandalosos que seguramente se escucharían hasta el último rincón del departamento. Eren comenzó a dar pequeñas mordidas en mi cuello y de vez en cuando daba alguno que otro apretón juguetón en mi trasero, mientras que lo único que yo podía hacer era clavar mis uñas en su espalda y abrir las heridas de los anteriores rasguños que ya se habían curado.

Miré a Eren con los ojos entrecerrados y la mirada nublada por el placer, lo que encontré fue a un hombre en toda la maldita extensión de la palabra, sus gestos, sus facciones que habían madurado y le daban ese aspecto salvaje y varonil, porque a pesar de hacer cosas de adultos y de hecho, ser un adulto, seguía conservando la inocencia en sus verdes ojos. Pude darme cuenta de que a pesar de todo, no se había corrompido y seguía sin hacerlo, eso lo hacía atractivo, la magia de sus ojos que podían parecer peligrosos y provocativos, pero que seguían teniendo un brillo de juguetona inocencia. Bastante complicado de explicar.

Me preguntaba cómo es que el tierno niño que conocí hace cinco años atrás, había crecido hasta este punto. Cómo era posible que hayamos pasado de ser yo quien lo avergonzaba y hacía sonrojar con mi sola presencia, a que ahora sea él quien cause ese efecto bochornoso en mí. Me encantaba esta faceta que yo desconocía, me gustaba en exceso que fuera él quien controlara la situación y me tomara con total y plena seguridad en sus actos, pero no dejaba de añorar al tierno Eren que sabía que se escondía de mí muy en el fondo. Siempre que imaginaba que cuando Eren y yo llegábamos a este punto, él sería cariñoso en su toque, lento, que me diría palabras tiernas al oído mientras yo me burlaba de su timidez.

Tal vez en realidad no quería admitir que había crecido, que ya no era un niño.

Gemí con fuerza cuando él tocó ese punto en mí que me hacía perder la cabeza y con ella toda la cordura y el poco recato que sabía que me quedaba. Dio una y otra vez en ese lugar exacto que mi segundo orgasmo de la noche llegó inevitablemente. Arqueé la espalda y escondí mi rostro en el cuello de Eren, mientras mi semilla manchaba el abdomen de Eren y el mío. Caí rendido sobre la cama, pero el castaño siguió arremetiendo contra mí sin piedad un par de veces hasta que lo vi apretar los párpados y entreabrir los labios entre mi propia nube de perdición.

—¡Joder!

Gimió con fuerza cerca de mis labios y luego su esencia caliente y viscosa regándose por todo mi interior, haciendo que soltara un último jadeo. El de ojos verdes apoyó su frente contra la mía mientras balbuceaba incoherencias e intentaba recuperar el aliento al mismo tiempo, Eren permaneció dentro de mí mientras recuperaba su respiración y por más morboso que sonara, yo deseé que se quedará un poco más así, de esa forma, siendo uno solo conmigo. Pero pronto la magia se rompió y él salió de mi interior con un sonido pegajoso y se acurrucó conmigo, como si fuera un niño pequeño.

Enseguida enredé mis dedos en su cabello sudoroso y él se encargaba de dibujar círculos imaginarios alrededor de los nudillos de mi mano, para luego hacerlos en mi mano y más tarde subir hasta mi antebrazo.

—Canta una canción para mí, Levi. Anda, una canción de cuna.— Pidió de pronto mientras se aferraba más a mí, enarqué una ceja ante su repentino comportamiento.

—¿Qué eres? ¿un bebé?

Llevé mi mirada burlona al rostro de Eren pero él puso aquella expresión de perro castigado y no pude negarme, ni seguir haciéndole burla. Chasqueé la lengua y me puse a pensar por varios segundos, ¿una canción de cuna? No me sabía ninguna y de hecho, no me sabía ninguna otra canción, ¿qué se supone que debería cantarle?, entonces un vago recuerdo de mi niñez vino a mi mente, en donde mi mamá me cantaba una canción para antes de dormir, no la recordaba bien pero quizá, si me esforzaba un poco más...

Empecé intentando recordar como era la tonada y pronto descubrí que no la había olvidado por completo. Por lo que empecé a tararear por varios segundos mientras que la letra venía a mi cabeza.

—Nos dimos todo lo que se nos dio, nos dimos todo eso y mucho más— No estaba seguro si ese era el inicio pero tampoco me detuve, empecé a peinar los cabellos de Eren otra vez y él a su vez se pegó más a mi cuerpo.— Para después reconocernos otra vez, y nos damos todo lo que se nos da, nos damos todo eso y mucho más...

Hice una breve pausa, arrugué la nariz y fruncí el ceño intentando recordar lo que seguía, escarbé en lo más profundo de mis memorias, buscando entre mis recuerdos borrosos, Eren se removió un poco pero para calmarlo seguí hundiendo los dedos en su cabello, acariciando con suavidad su cabeza. Para llenar el hueco que se estaba haciendo, empecé a tararear de nueva cuenta la tonada de momentos atrás, me sentía idiota por estar haciendo estás cosas, pero al mismo tiempo no dejaba de sentirse bien el intentar complacer a Eren por una sola vez. Otra vez la letra de aquella vieja canción regresó a mí y empecé desde donde me había quedado.

—Brillas y brillas tan lindo, y brillamos juntos entre pestañas— Peiné hacia atrás los cabellos que le cubrían la frente y parte del rostro a Eren, sintiendo como poco a poco se iba relajando su cuerpo y su respiración se volvía más lenta.— Divina, divina sonrisa, abrazo de luna, de luna llena... y nos dimos todo lo que se nos dio, nos dimos todo eso y mucho más para después reconocernos otra vez...

Me mantuve un largo rato de esa manera, repitiendo el estribillo y tarareando de vez en cuando la canción que ahora no podía sacar de mi cabeza. En algún punto, Eren se abrazó a mi cintura como si estuviera buscando refugio entre mis brazos. Él debía saber que aquí estaría seguro, que yo lo cuidaría si es que él me lo permitía, que aquí estaría tibio y amado. Miraba el blanco techo mientras que mi voz parecía un mantra repitiendo una y otra vez la misma parte de la canción. Pronto yo también comencé a sentirme adormilado y con el peso del cansancio cayendo sobre mí, anestesiando mi cuerpo, mi boca e incluso mis pensamientos. Con la poca consciencia que me quedaba canté la parte final.

—Y así, juntitos los dos y así...lo que se nos da.

Después de eso todo fue oscuridad para mí también.


¡Hola a todas/os! Espero que se encuentren muy bien y que el capitulo de hoy haya sido de su total agrado. Desafortunadamente, ya nos restan pocos capítulos para que este fanfic llegué a su final, así que les sugiero que se vayan preparando mentalmente para cualquier cosa, ah. Muchas gracias por el apoyo que le han dado a Green eyes y por la oportunidad de leer y espero que lo sigan haciendo para el final de este fanfic que ya esta a la vuelta de la esquina. En fin, no tengo nada más que agregar por el momento, nos andamos leyendo para la próxima, ¡saluditos!✨

All the love, Dragón. 🐉🌹