Aunque suene tedioso esto no puede faltar, los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, y la historia fue escrita por hikingurl, yo solo traduzco.

Y como siempre, no puede faltar mi agradecimiento a mi beta y amiga durante todo este tiempo en el fandom. Gracias Erica, con tu ayuda he crecido como traductora y ha mejorado un poco mi gramática :P


Capítulo veinticinco

EPOV

"Necesito entender: ¿cuántas mujeres de nuestro valle saben que el anticonceptivo se le da a los hombres?"

Aunque tengo mis sospechas, cuando Bella me responde, aún me quedo pasmado cuando sus palabras confirman mi renuente realización.

"Todas ellas, Edward. Todas las mujeres de nuestro valle, mayores de diecisiete años, saben sobre el anticonceptivo."

"¿Y conocen las razones detrás de ello? ¿Las habilidades que algunos de nosotros tenemos, y cómo el medicamento nos afecta?" La insto con urgencia en el momento que deja de hablar.

Asiente renuentemente. "Sí, lo saben."

Sus breves respuestas empiezan a irritarme, y me alejo de ella en la banca para poder observar su rostro al volverme hacia ella. Necesito escuchar los detalles específicos de lo que las mujeres saben en realidad. Tomando una respiración profunda, continúo cuestionándola.

"Bella, ¿las mujeres saben sobre Jasper, y lo que puede hacer? ¿Entienden lo de mi escudo, y mis habilidades? ¿Saben sobre el Thaay, este asentamiento, y nuestra historia? ¡Ya no más respuestas a medias, por favor! Necesito saber los detalles. ¡Necesito saberlo todo!"

La veo retorcerse incómodamente en la banca, sus ojos desviándose brevemente hacia los míos mientras parece ordenar sus pensamientos. Sin embargo, no voy a permitirle evitar mi interrogatorio.

"Dime ahora," le ordeno. "¿Qué saben las mujeres?" Demando, pausando entre cada palabra para énfasis.

Su mandíbula se aprieta en una ligera mueca antes de volverse hacia mí, sus ojos llenos de determinación. "Todo, Edward. Las mujeres saben todo. Conocen la verdad sobre el Thaay. Conocen la verdad sobre nuestra historia, sobre Avaro, Elizabeth y Ares. Saben de este asentamiento, y las razones tras el programa Protector."

Sus ojos deambulan por mi rostro, observando mi reacción mientras reafirma, una vez más, lo que ya sabía tenía que ser la verdad. Contengo la creciente sensación de inquietud, deseando que mi rostro permanezca impasible de modo que ella continúe explicando.

"Se les ha informado de Jasper, y lo que puede hacer; y la razón por la que no puede tomar el medicamento anticonceptivo, y cómo eso afecta sus elecciones en las fiestas sociales. Saben sobre tus habilidades. Comprenden por qué era—por qué es—tan importante para nuestra sociedad que tus dones se desarrollen y se fortalezcan. Se les dijo a todas las mujeres que no podías tomar el medicamento por tus habilidades. Y…" Titubea, mirando sus manos cerradas en puños en su regazo antes de levantar la vista nuevamente hacia mí.

Veo las emociones cruzar velozmente por su rostro hasta que una expresión suplicante, casi contrita se posa en sus rasgos. Sé que no quiere decirme lo que está a punto de decir; pero el tiempo de respuestas vagas terminó. Así que le asiento para que continúe.

"A todas—salvo las pocas que no pueden tener hijos—se les ordenó que no aceptaran tu invitación, si las invitaras a tu habitación." Su voz es apenas un susurro cuando termina de hablar.

Sus palabras me golpean como un inesperado puñetazo en el abdomen, provocando que me doble y le dé la espalda indignado. "¿Hablaron…? ¿Hablaron de mí? ¿Hablaron de mí como si fuera una cosa, un fenómeno que tenían que eludir?" Finalmente dije en un jadeo.

"No, Edward, no. No fue así en lo absoluto," trata de explicar; pero le hago un gesto con mi mano diciéndole que solo termine, que me diga el resto de lo que necesito saber.

"Todo de lo que te enteraste en los últimos tres días," por fin continúa con un suspiro cansado, "las mujeres de nuestro valle lo saben y lo comprenden. También entienden la presión bajo la que has vivido en los últimos tres meses, y los sacrificios que han pedido… y siguen pidiendo… de ti. Y de mí."

Cuando me vuelvo de nuevo para quedar frente a Bella, puedo ver la ansiedad en sus ojos mientras habla. Su preocupación por mí está escrita en todo su rostro; pero eso no detiene la oleada de humillación por la pérdida de mi privacidad, o la ira que siento por ser el tema de sus conversaciones. Incluso el tono conciliador, casi resignado de su última oración poco ayuda a detener la ira que hierve en mi interior.

El peso de sus palabras cae sobre mí, y ya no puedo quedarme quieto en la banca. Estoy de pie y paseándome de un lado al otro del suelo frente a ella, incluso antes de que termine de hablar.

"Y los hombres," demando, deteniéndome para estar frente a ella. "¿Cuántos de los hombres conocen la verdad?"

"A los Rangers siempre se les ha dicho la verdad—así que Hunter, Jasper y tú. Tu padre, por supuesto; pero por lo que entiendo, ninguno del resto de los hombres en el valle sabe nada." Hace una pausa. "Aunque no me sorprendería si algunos de los hombres mayores sospechan algo." Se encoje de hombros, sacudiendo su cabeza cuando continúa. "No me han dicho todo, Edward. Yo no tomo ninguna de las decisiones. Como todos los demás, solo tengo que seguir órdenes."

Bella me observa con cautela cuando sigo paseándome de un lado al otro. Saber que tenía razón en mis suposiciones no me ayuda a refrenar mis crecientes frustraciones, aunque me siento un poco aliviado de saber que la mayoría de los hombres del valle no son parte del engaño. Las preguntas dan vueltas en mi mente, y todas las cosas que necesito preguntar obstruyen mis pensamientos antes de que finalmente me decida en lo que quiero saber a continuación.

"¿Cuándo…?" Demando otra vez, acercándome a ella cuando me detengo para quedar frente a ella. "¿Cuándo te dijeron, Bella? ¿Cuántos años tenías cuando te dijeron la verdad?"

"Tenía diecisiete años," responde, mirándome. "No sé qué tanto sabes de las ceremonias que tienen nuestras mujeres. Como su toma de juramento para convertirte en Protector, las mujeres tienen ceremonias que marcan nuestra entrada al mundo adulto; pero a diferencia de la suya que es muy pública, la nuestra se hace en secreto, con solo otras mujeres presentes."

"Se lleva a cabo unos meses antes de la fiesta social de la noche del juramento, antes de que nos presenten a la comunidad como mujeres adultas. Parte de la ceremonia incluye aprender sobre el control de la natalidad… y las razones detrás." Su voz ha bajado a casi un susurro mientras me observa cuidadosamente. Sé que puede ver la ira creciendo en mí.

"¡Entonces lo sabías… sabías desde la primera fiesta social que tú y yo nunca pasaríamos la noche juntos, que nunca podríamos consumar nuestra creciente atracción por el otro! ¡Que en vez de eso, tú simplemente… desaparecerías del valle, tan pronto como me convirtiera en Protector!" Le escupo las palabras, la furia provocando que mi voz tiemble con las emociones que estoy sintiendo.

El rostro de Bella está lleno de arrepentimiento cuando finalmente asiente diciendo que sí. Frustrado, le doy la espalda, alejándome para poner algo de distancia entre nosotros, antes de encararla otra vez.

"Y sabiendo todo eso, de todos modos te reuniste conmigo en cada noche de fiesta por un año. Conversando… y bailando… y haciendo que te deseara; haciéndome anhelar el tiempo en que pudiéramos finalmente estar juntos. Dándome falsas esperanzas, mientras te asegurabas que no mirara a nadie más…"

Me doy por vencido tratando de controlar mi ira, dejando que las palabras maliciosas salgan de mi boca. Parece que no puedo detenerme cuando continúo. "¿Te reíste, Bella? ¿Tú y tus amigas volvieron a sus habitaciones a reírse del pobre enamorado y confundido Edward, que no tenía idea de lo que en realidad estaba pasando?"

"¡No, Edward!" Grita, poniéndose de pie para defenderse. "No fue así en lo absoluto. No podía mantenerme alejada de ti. Necesitaba estar ahí porque te quería… y el saber que tendría que irme cuando tomaras tu juramento fue una de las cosas más difíciles que he tenido que enfrentar en mi vida."

"Mis padres habían muerto, y Riley era la única familia que me quedaba—pero no podía verlo a menudo, y solo te veía a ti en las fiestas sociales. ¡Estaba muy sola e infeliz, Edward! Mis amigas me ayudaron, por supuesto; Rose siempre ha estado ahí para mí, y tu madre fue maravillosa. Pero era a ti a quien necesitaba. Era a ti a quien quería ver cada mes. Esas noches que pasaba contigo hicieron que todas las decisiones difíciles que sabía tendríamos que enfrentar en el futuro valieran la pena."

"Por favor, Edward," me suplica, estirando su mano para tocar mi brazo. "Sé que te sientes dolido y furioso, y sé que todo esto es molesto para ti; pero hay razones—razones importantes —para todas las decisiones que se han tomado sobre nuestro futuro. Aunque puede que no se nos haya tomado en cuenta al tomarlas," bufa exasperada.

"¿Recuerdas anoche? ¿Recuerdas cuando te prometí que seríamos felices algún día?" Continúa. "Solo un poco más de tiempo, por favor. Solo un poco más de paciencia."

Sus palabras me hacen sentir vergüenza, a medida que a mi ira se le une casi de inmediato el remordimiento. Nunca habíamos hablado de la muerte de Charles y Renee durante ninguna de nuestras noches juntos; ella siempre se veía muy emocionada de verme, muy feliz de estar con Emmett y Rose, y de pasar tiempo con sus amigas. Nunca sospeché que también se sentía sola, o que extrañara tanto a sus padres.

Además de ese remordimiento, ahora empiezo a darme cuenta lo poco que sé sobre las vidas personales de las mujeres en nuestro valle. Además de la obvia enseñanza diaria y las rotaciones de trabajo, en realidad nunca he pensado en sus ceremonias o tradiciones; mis pensamientos siempre han estado centrados en mí y mi entrenamiento.

He estado ajeno a muchas, muchas cosas.

"Lo siento, Bella. Lo siento mucho." Tomando su mano, la llevo de vuelta a la banca donde los dos nos sentamos. "Siempre te veías muy feliz… debí haberme dado cuenta que seguías extrañando a tus padres; pero nunca los mencionaste, nunca actuaste como si algo te perturbara."

"Oh, Edward," se encoje de hombros. "Sabes cómo nuestra sociedad desaprueba cualquier demostración emotiva. Si hubiera dicho o hecho algo para demostrar cómo me estaba sintiendo, hubieras intentado consolarme… y entonces las matronas te hubieran dicho 'Sin tocar inapropiadamente, cadete'," se ríe entre dientes, imitando sus voces reprobatorias. "Además," continúa apretando mi mano y sonriendo, "el estar contigo me hacía sentir mucho mejor. No quería pensar en cosas tristes."

"Supongo que tienes razón," finalmente respondo. Entonces los dos nos quedamos en silencio, cada uno perdido en nuestros pensamientos y reflexiones. Y no quiero perturbar la tranquila quietud entre nosotros—pero tengo muchas más preguntas que hacer. Sé que me ha pedido un poco más de tiempo, un poco más de paciencia; pero me he quedado sin ambos.

Es por eso que, con un profundo suspiro, interrumpo sus pensamientos.

"Bella, no comprendo cómo solo a las mujeres se les dijo la verdad sobre todo. No comprendo cómo muchas de ustedes pudieron continuar ocultando algo tan importante a todos los hombres en sus vidas." La ira que pensé había desaparecido ha estado ahí todo el tiempo—y una vez más, estoy de pie—paseándome de un lado al otro frente a ella, haciendo gestos con impaciencia.

"¿De verdad piensan que está bien seguir introduciendo medicamento en secreto en nuestra comida? ¿Ocultarnos cosas mes tras mes, año tras año? ¿Cómo pueden justificar el mentir y manipular a los hombres que cuidan de ustedes, los hombres que juraron protegerlas? ¿Cómo pueden aceptar sin pensar algo como eso?"

Mi voz se ha elevado, y puedo sentir la ira de mi agravio y mi humillación acumulándose dentro de mí.

"No sé qué pensar cuando te miro," continúo. "Por un lado, veo a la mujer que siempre he querido, a la mujer con la que quiero un futuro; alguien que me ha prometido la felicidad algún día. Veo a una mujer que tiene este increíble don, que usa para ayudar a alimentar a su comunidad; pero por el otro lado, veo a alguien que voluntariamente participa en el engaño en el que ha sido construida nuestra civilización."

"Entonces, ¿quién eres, Bella?" Grito, estrellando mi mano sobre la mesa junto a mí, sacudiendo las bandejas que están ahí. "¡Dime cómo se supone que entienda y acepte todo de lo que me he enterado en los últimos tres días y no estar furioso, no sentirme manipulado y engañado! ¡Dime cómo todo esto," arrojo mis brazos hacia arriba, haciendo un gesto hacia la habitación y el espacio entre nosotros, "se supone que esté bien!"

Mis manos están apretadas en puños al estar de pie frente a ella, demandando que responda mis preguntas, puedo sentir que empiezo a temblar por la ira que se acumula, y que parezco incapaz de controlar. También hay algo más ahí; algo que no reconozco, bordeando solo un poco más allá de mi percepción. Incluso cuando intento conscientemente de calmar mi respiración y a mí mismo, soy incapaz de detener el impulso de atacar, de herir algo de la forma en que estoy herido.

Bella me observa de cerca, sus ojos moviéndose rápidamente entre mis puños apretados y la furia en mi rostro. Doy un paso hacia atrás, alejándome de ella, cuando se levanta despacio para quedar frente a mí.

"Edward," dice en voz baja. "No es lo que piensas. Estás sacando conclusiones apresuradas. Por favor, cariño, escúchame." Intenta alcanzarme vacilante —pero retrocedo nuevamente. "No siempre ha sido de esta forma. En el pasado, solo unas cuantas mujeres sabían la verdad sobre el anticonceptivo, o sobre el Thaay. Y por lo que me han dicho, en el pasado muy distante, a nadie le importaba quién tomara el medicamento; funcionaba, y nuestra sociedad funcionaba sin los dones, y éramos felices. Pero las cosas han estado cambiando, Edward. Necesitamos los dones, y las habilidades que vienen con ellas."

"¿Y…?" Insisto, a sabiendas que todavía no me ha dicho todo.

"Hace unos cinco años," empieza otra vez, "se tuvo que tomar una decisión difícil—y fue entonces cuando se reunió a todas las mujeres adultas, y se les dijo toda la verdad. Cada año desde entonces, el nuevo grupo de mujeres de diecisiete años son incluidas y, justo antes de su primera fiesta social, todo se les explica también a ellas."

Bella me sonríe entonces, una pequeña sonrisa gentil que sé tiene el propósito de calmar mis emociones; pero sirve de poco para aliviar la amargura que se crece dentro de mí.

"Así que, ya ves, amor, nadie ha estado intentando lastimarte; nadie está haciendo esto para hacer daño o por malicia. Todo lo que ha pasado, todas las decisiones que se han tomado—sin importar lo difíciles o terribles que puedan parecer—todo siempre se ha hecho para ayudar a nuestra gente a sobrevivir."

Bella se ha estado acercando lentamente a mí mientras habla, su mano extendida para tocar y reconfortarme. Sé que está tratando de calmarme; pero una vez más se siente como una manipulación… y por eso, todo el tiempo que ha estado hablando y acercándose a mí, yo he estado alejándome de ella de la misma forma. Todavía estoy furioso, y no me gusta esta sensación de estar fuera de control.

De hecho, hay algo en la entera situación que simplemente se siente extraño. Aún puedo rastrear la ira recorriendo mi cuerpo, casi como si estuviera viva y moviéndose por mis venas. Esa otra emoción también está ahí, incrementándose junto con ella. Mis manos tiemblan cuando intento relajarlas, y mi cabeza empieza a doler por el zumbido en mis oídos.

"¡Basta!" Le grito, cuando da otro paso hacia mí. "Basta, Bella… por favor." Dando varios pasos más para alejarme de ella, intento poner algo de distancia entre nosotros. Estoy tratando de entender todo lo que me ha dicho; pero mis pensamientos están revueltos, y nada parece tener sentido.

"¿Qué fue?" Murmuro, frotando mis sienes para aliviar el dolor. "¿Qué ocurrió?"

"Edward, ¿estás bien?"

Levanto la vista para ver a Bella mirándome preocupada. "¡Sí!" Le ladro en respuesta. "Ahora, solo dime, Bella," demando. "¿Qué fue tan importante que se le tuvo que decir a todas las mujeres? Dijiste que 'tuvo que tomarse una decisión difícil'. Explícame quién reunió a todas las mujeres. ¿Quién decidió que estaba bien excluir a todos los hombres?"

"No creo…" Tartamudea, observándome con cautela.

"¡Ahora!" Le ordeno. "¡Dímelo ahora!"

Da un paso alejándose de mí, y la observo mientras endereza sus hombros con determinación.

"Hace cinco años, todas las mujeres que fueran mayores de diecisiete años se reunieron con el consejo asesor, las matronas y tu… uh, nuestro líder," tartamudea. "Se les presentaron datos e información que los forzó a tomar la decisión de dejar de tener hijos. No ha nacido ningún bebé en nuestro valle en los últimos cinco años, Edward, y nunca habrá más."

Sus palabras me dejan aturdido y sin palabras, sacudido hasta los cimientos por las implicaciones de lo que acaba de confesar. Sin niños, no puede haber Protectores; sin niños, no puedo haber trabajadores que manejen las granjas, o las minas, o el sistema de distribución de agua. Sin niños, no hay nada salvo una sociedad que envejece gradualmente y que poco a poco quedará en el olvido.

Sin niños… no hay un futuro.

Bufo para mis adentros cuando pienso en mis planes de convertirme en doctor algún día; de encontrar la solución a nuestra tasa de natalidad en descenso; de casarme con Bella y criar juntos una familia—todas las cosas que tenía la esperanza de hacer después de darme de baja del servicio activo. Nada de eso ocurrirá ahora; todos esos sueños seguirán siendo eso—estúpidos sueños que nunca se volverán una realidad. Sueños que se han vuelto inútiles e imposibles, por una decisión tomada sin ninguna aportación de la mitad masculina de nuestra población.

Mi mente vuelve a cuando desperté en el hospital, y a las palabras del doctor Marcus sobre el consejo asesor y su líder, mi madre. ¿Es posible que solo haya un consejo asesor—y un solo líder—para los dos lugares? ¿Es posible que ella esté a cargo de nuestro valle, así como del asentamiento subterráneo, e incluso de los científicos viviendo en la estación espacial? ¿Puede ser que mi propia madre es la responsable de esta desastrosa decisión unilateral?

"¿Quién?" Pregunto. Puedo sentir la amenaza en mi voz, la determinación en mi cuerpo al avanzar hacia Bella. "¿Quién está en el consejo asesor, y quién es el líder?"

Sus ojos se abren como platos, asustados, mientras la acecho. "Edward…"

"Es mi madre, ¿verdad?" Grito. "Mi madre, y las matronas, y los científicos, y la gente de Korinth. Todos ustedes, manipulando y conspirando; planeando el fin de nuestra civilización, el fin de la vida en nuestro valle. ¿Es por eso que estaban tan ansiosas de que mis poderes se desarrollaran, de que mis dones se manifestaran?¿Estaban contando en que mis sentimientos por ti me hicieran débil y maleable, de manera que pudieran usarme para apoyar sus planes?"

Bella está sacudiendo la cabeza, tratando de hablar; pero no le doy oportunidad de decir nada mientras continúo gritando.

"Querido, Ares, ¿entiendes lo que acabas de confesar?" Grito. "¡Traición! ¡Todos ustedes son traidores! ¿Qué pudo haber pasado para obligarlos a tomar la decisión de hacer algo así? ¿Cómo pueden simplemente perder la esperanza en nuestra ciudad, en nuestra gente? ¿Cómo pueden permitir que nuestra civilización termine?"

"¡Respóndeme!" Grito, mientras mi cuerpo se sacude y mi cabeza martillea.

Hay una pequeña, diminuta parte racional de mi mente que reconoce que estoy fuera de control, que las palabras que estoy escupiendo de mi boca son crueles—pero hace mucho que dejó de importarme. Es como si hubiera dos yo en mi mente, y el que está a cargo quiere herir algo, quiere venganza por toda la frustración que se ha estado acumulando dentro de mí por los últimos tres meses. Venganza por una vida de sufrimientos, tanto reales como imaginarios.

La confusión cruza por el rostro de Bella mientras continúo gritándole, demandando razones para algo tan horrible, tan abrumador que apenas puedo creer lo que me ha dicho.

"No, Edward…" Trata de interrumpirme. Pero soy implacable con mis demandas, y no le doy oportunidad de hablar.

"¿Qué les da a ti y al resto de las mujeres el derecho de tomar una decisión como esa sin consultarnos, a los hombres del valle? ¿No se debería tomar en cuenta nuestra opinión en cuanto al futuro de nuestra gente? ¿Cómo pudieron…? ¿Qué tipo de…?" Me quedo sin palabras a medida que la ira y la furia corren por mi cuerpo, volviéndome incapaz de terminar mis oraciones.

Veo cómo Bella extiende sus palmas abiertas en súplica, moviéndose cautelosamente hacia mí. "Por favor, Edward," me ruega. "No comprendes. Por favor, déjame terminar."

Su boca se mueve mientras continúa hablando, sus ojos suplicándome que escuche, que comprenda; pero no puedo. Estoy demasiado absorto en mi ira, en la furia, en el dolor que se extiende por mi mente como para concentrarme en sus palabras. Mis manos, cerradas de nuevo en puños, están temblando por el esfuerzo de no atacarla, a todas las mujeres que representa.

Bella da otro paso—y de pronto todo simplemente explota dentro de mí, y me encuentro encerrado en mi escudo; pero no se parece en nada al escudo que estoy acostumbrado a ver. Esta vez, estoy dentro de un duro domo trasparente que brilla con la luz del sol que llena el lugar. Chisporroteos de energía pasan volando por su superficie y crepitan a mi alrededor. Dentro, hay silencio y es casi pacífico… como si estuviera desconectado y protegido del mundo exterior.

Una sonrisa engreída casi satisfecha cruza mi rostro al contemplar mi escudo.

Esto es esa sensación que se había estado acumulando dentro de mí. Y finalmente lo reconozco por lo que es: es poder.

Poder que puedo usar para forzarlos—a todos ellos—a hacer lo que yo quiero.

Poder que me permitirá restaurar nuestra forma de vida a como fue alguna vez.

Las mujeres comenzarán a tener bebés otra vez. Los Protectores se encargarán de que estemos a salvo en nuestro valle. La cosecha será plantada y cosechada… y todos serán felices, y la vida continuará, justo como lo ha hecho por generaciones.

Con mi poder, puedo forzar este cambio.

Con mi poder, puedo volver a ese tiempo más feliz y sencillo de mi infancia.

Con mi poder, puedo salvar a nuestra civilización.

.

.

.


¡Y Edward llegó a su límite! ¿Será que hayan creado a un nuevo Avaro? Con tantos secretos y manipulaciones, ¿será que haya algo que pueda justificar las acciones de las mujeres en el valle? ¿Las de Esme? Porque ya quedó claro que ella es la líder ahora. Espero que les haya gustado el capítulo y espero sus teorías y comentarios en sus reviews, pero POR FAVOR, recuerden que ustedes marcan el ritmo de la historia. Como siempre es increíble y desalentador ver la cantidad de personas que leen en comparación con las que deciden ser agradecidas y solo se toman unos minutos para saludar, dar las gracias o decir que les pareció el capítulo. No cuesta nada ser agradecido, solo unos minutos de tu tiempo. Por eso, muchas gracias a mis fieles lectoras y comentadoras, ya encontraré la manera de compensarlas por su constante apoyo, sobre todo a mi *team revoltosas* :)

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: Tecupi, cary, rosycanul10, andreasotoseneca, injoa, Alma, DrakiSwan, Adriu, Say's, liduvina, Maryluna, Kabum, lagie, Gabriela Negrete, Summer Suny, Ninee95, Antonia, Dayis, saraipineda44, Ali-Lu Kuran Hale, Vrigny, kaja0507, ConiLizzy, Manligrez, Noir Lark, Gabriela Cullen, JessMel, tulgarita, sueosliterarios, dushakis, bores, carolaap, Cristal82, Sheei Luquee, PRISOL, AuroraShade, Pili, Lady Grigori, glow0718, rjnavajas, Diablillo07, patymdn, mariana09029718, Melany, Mafer, andyG, Tata XOXO, Isabelfromnowon, bbluelilas, solecitopucheta1, Ericastelo, Liz Vidal, myaenriquez02, Lizdayanna, Pam Malfoy Black y algunos anónimos. Saludos y nos leemos, ¿cuándo? DEPENDE DE USTEDES.