Brownie
La mañana ha sido toda una locura. No había tenido tantas reuniones desde que me nombraron directora hace cosa de unos cuantos años. El tiempo extra que le dediqué a la revista, y concretamente al reportaje de Rachel, me han atrasado un montón de trabajo y ahora me toca afrontarlo sin protestar.
-¿Qué te parece aquí?-le señalo un restaurante que hay a dos manzanas de la empresa.
-¿Has estado alguna vez?-me mira inquieta.
-Suelo venir aquí cuando no tengo mil cosas que hacer en el trabajo. Está muy bien y sirven un buen tinto de verano-le guiño el ojo.
-Suena perfecto. Además, me muero de calor. No sé cómo puedes ir así vestida en un día como éste-se burla mientras tira de mí hacia el restaurante.
-Te recuerdo que me has asaltado en mi trabajo y no me has dado tiempo a cambiarme-me defiendo.
Al menos, el interior del restaurante, tienen puesta la refrigeración y se puede respirar con normalidad. A pesar de estar lleno de gente, se puede apreciar alguna que otra mesa libre.
Después de un buen costillar con salsa barbacoa y un par de jarras de tinto de verano, a Rachel le parece gracioso hasta el salero de la mesa. Nunca había visto este lado de Rachel y, aunque esté mal verla desinhibida de esta manera, es bastante divertido.
-Si hubieras visto la cara de Kitty en el baile…-me dice entre risas.
-No sabía que el vino te causara este efecto-bebo un trago de mi vaso.
-¿Y tú porque estás tan fresca?-me quita el vaso para mirar dentro, esperando encontrar algo diferente.
-Será que no he bebido tanto como tú. Y que no me lo he bebido de golpe-recupero mi vaso.
-Eso tiene solución. No voy a ser la única haciendo el ridículo mientras tú te diviertes a mi costa… ¿O es que me pretendes emborrachar a propósito? ¿Quieres aprovecharte de mí, Fabray?-agarra la jarra y me llena de nuevo el vaso.
-Nunca lo haría en este estado-mebebo de golpe el vaso que me acaba de servir.
-Así me gusta-sonríe victoriosa y me vuelve a llenar el vaso.
Estoy empezando a sudar, de nuevo, como cuando vi a Rachel sentada en mi sofá con esos short. Ni siquiera ahora el aire acondicionado me alivia. La bebida está consiguiendo que el calor aumente y ya no puedo quitarme más ropa.
-Como sigas quitándote ropa, vas a montar todo un espectáculo-se recuesta en la mesa apoyando la cabeza en su mano.
-Solo me estoy remangando la camisa. Eres tú la que tienes la cabeza algo caliente-sonrío triunfante ante mi respuesta.
-¿Cuándo va a venir ese dichoso postre?-se pone rígida de golpe.
-No creo que un brownie de chocolate te ayude con eso-observo a la camarera venir con el enorme trozo de brownie acompañado de una bola de helado de vainilla.
-¡Vaya!-exclama al ver el tamaño de su postre.
-Se te van a salir los ojos como sigas mirándolo con esa adoración.
-Vas a tener que ayudarme con esto-me da la cucharita con una sonrisa de niña pequeña.
-Si no puedes… ¿Para qué lo pides?-ahora me va a tocar comerme al menos la mitad.
-No podía resistirme, es mi debilidad-me guiña el ojo.
-Tomo nota para un futuro-intento coger algo de helado con el chocolate caliente.
-Umm… el mejor que he probado-la observo cerrar los ojos mientras disfruta del bocado.
Ver la cara de Rachel, en ese estado de placer, es mil veces mejor que cualquier postre. Y su voz tan sensual hace que mi mente viaje sola visualizando el placer que se sentiría al tener a Rachel en la cama.
-Se te está derritiendo-pego un pequeño bote al escuchar la voz de Rachel.
-¿El qué?-pregunto aun en mi mundo.
-Pues el helado. Mira, está goteando-me señala el lugar donde se está comenzando a hacer un charco de color vainilla y chocolate.
-¡Ups! ¡Maldito helado!-me limpio con una servilleta el estropicio causado por mi estado atónito.
-Échale las culpas al helado-sonríe pícaramente con la cucharita en la boca a modo de provocación.
Rachel está jugando con fuego. Mi cara es más que evidente y seguro que ahora tendrá diversión para rato.
-Muy gracioso, ¿verdad?-paso mi lengua por la comisura de mi labio para limpiar el poco chocolate que se ha quedado ahí.
Rachel, después de mi reacción, se acerca tanto y de una manera tan peligrosa… que nuestros labios sólo están separados por una minúscula distancia.
-Te has dejado algo ahí-me susurra.
-Pues quítamelo tú-la animo a que continúe con su juego.
Me quedo quieta, como una estatua, y noto la sonrisa de satisfacción y de victoria de Rachel. Su mirada está clavada en la mía de tal manera, que en cualquier momento me atravesaría la retina. El calor empieza a subir de manera descontrolada y las ganas, por acortar la distancia que nos separa, son enormes.
-¿Quinn? ¡Qué sorpresa encontrarte aquí en el mismo restaurante!-escucho de repente la voz de Dani.
Todo lo que estaba a punto de conseguir, se ha esfumado de un plumazo. En un instante, el calor se quita de golpe y el aire empieza a circular de nuevo a mi alrededor.
-¡Qué sorpresa…!-escucho a Rachel decir de manera irónica entre dientes.
-La verdad es que con todos los restaurantes que hay en la ciudad, es mucha casualidad-intento ser educada con mi secretaria.
-Espero no molestar. Solo vine a saludar, estaba en la mesa de ahí al lado-me señala una mesa que está al otro lado del restaurante.
-No molestas, nosotras ya nos íbamos-intento buscar a la camarera para traer la cuenta.
-Quería disculparme con Rachel por el malentendido de antes-le tiende la mano a la morena.
-Tranquila, está todo bien-se la estrecha con muy poca gana.
De repente, silencio. Las miradas de aquellas dos no son de hacer las paces, ni de empezar de cero… me temo que esto no va a acabar bien.
-Por cierto, Quinn, esta noche tenemos la cena con los directivos-suelta la mano de Rachel para dirigirse de nuevo a mí.
-Lo recuerdo, Dani. Gracias, nos vemos a las 7-intento sonar educada.
-Disfrutad del día. Ciao-se despide con la mano.
En menos de cinco minutos, el ambiente se enrarece. Rachel tiene cara de pocos amigos y la camarera ya llega con la cuenta.
-Qué oportuna-habla al fin.
-No creerás que lo ha hecho a posta…-saco el monedero para pagar la cuenta.
-Lleva toda la comida espiando y ha aparecido en el momento justo-se cruza de brazos como una niña pequeña.
-¿Cómo puedes pensar eso de Dani? Ella no es así-le indico con un gesto a la camarera que se lleve la cuenta.
-Está claro, ¿no?-se levanta.
-Ella ha venido a disculparse. No creo que vaya con malas intenciones-sigo los pasos de Rachel.
No puedo creer el comportamiento de Rachel, pues Dani ha sido amable y se ha disculpado por el malentendido de esta mañana. El alcohol le estará afectando.
¡Dios! Con lo bien que iba la mañana.
-Lo que tú digas, Quinn.
Acompaño a Rachel hasta el hotel. La tensión se podría cortar con un cuchillo. Está enfadada y aún no sé por qué… Supongo que estará afectada por su relación con Marley; es tan reciente que aún se acordará de ella.
-¿Qué tienes pensado hacer esta noche?-le cuestiono nada más llegar a la puerta del hotel.
-Nada, supongo. Aunque no te preocupes, que ya me encontraré entretenimiento-me suelta con algo de dureza.
-Yo no tengo la culpa de tener esa cena. Es más, ni me acordaba de que la tenía-intento plantear mi punto de vista.
-¿Vas a ir con ella?-me mira de reojo.
-Siempre me acompaña a todas mis reuniones. Es su trabajo-intento explicarle de manera suave.
-¿De qué va esa reunión que se tiene que celebrar de noche?-se cruza de brazos esperando mi respuesta.
-Es una reunión informal. En ella exponemos los puntos a seguir en la empresa, nada del otro mundo-le sonrío para que cambie el carácter.
-Supongo que debes marcharte ya-mira el reloj en su pulsera.
-Debería. Tengo que cambiarme aún de ropa y ponerme algo decente-sonríe al verme.
-Una cosa… ¿Dónde es esa cena?-la noto pensativa.
-En la Vecchia Cucina, no está muy lejos-le aclaro.
-¿Un italiano?-frunce el ceño.
-Es una costumbre de Dani. Ella es medio italiana y como es la que reserva el lugar… casi siempre elige ese sitio.
-Ahora tiene sentido. ¡Qué idiota!-comienza a reírse a carcajadas.
-¿Qué tiene tanta gracia?-me rio yo también al verla.
-Pues que la confundí con un hombre cuando la nombraste-vuelve a reírse.
-Dani, de Danielle Lovato. Pensé que lo sabías-caigo en la cuenta.
Intento recordar el momento exacto en el que hablé a Rachel sobre Dani y por qué se ha hecho una idea equivocada de ella. El teléfono de Rachel comienza a sonar en su bolso con mucha insistencia.
-Es mi agente-dice mordiéndose el labio.
-Nos vemos mañana entonces-me despido con un beso en la mejilla al ver que necesita intimidad para coger esa llamada.
Veo cómo se marcha hacia la entrada del hotel con el móvil pegado a la oreja. Respiro hondo y camino hacia la parada de taxi. Estoy tan casada que no me apetece ir andando hasta mi casa.
Al llegar a casa, me tiro al sofá derrotada. Cierro los ojos y puedo ver la sonrisa de Rachel en mi mente. Su mirada, su perfume, el sonido de su voz, el dichoso brownie con su helado…
Creo que debo tomarme una ducha fría y sacarme las mil imágenes de Rachel de mi cabeza. No es plan ir con la cabeza caliente a una reunión de trabajo.
Las 7 de la tarde y Dani, tan puntual como siempre, está esperándome en la puerta del restaurante.
-Estas guapísima, Quinn-me dice con una enorme sonrisa mientras me agarra del brazo para pasar dentro.
-Gracias, tu vestido es muy bonito-le sonrío y pasamos dentro del local.
El restaurante está lleno de turistas y lugareños, menos mal que Dani reservó con tiempo una mesa. Al fondo puedo ver a los diferentes directivos de la empresa bebiendo, nunca me ha gustado esta tradición de comentar los puntos del mes en una mesa bebiendo.
-Señorita Fabray, la estábamos esperando. Siéntese, por favor-me indica amablemente el director de recursos humanos.
-Habéis empezado la reunión, por lo que puedo apreciar-intento integrarme en la conversación.
Todo me está empezando a sonar aburrido. Dani toma nota de todos los puntos que están aconteciendo en la mesa y, entre planes y estrategias, un trago de un buen vino acompañado por la estupenda lasaña especialidad de la casa.
-¿Por qué hay tanto alboroto?-pregunta Dani intentando ver por encima de las demás mesas.
-Será alguna despedida de soltero-responde el director de cuentas.
Un gran murmullo se forma a la entrada del restaurante. Normalmente, en Los Ángeles, sueles encontrarte con alguna celebridad… pero nunca imaginé que se pudiese encontrar dentro de este restaurante y a mitad de semana.
-La gente se está fotografiando-me informa Dani.
-No me interesan ese tipo de cosas y deberías hacer lo mismo-ignoro lo que sucede a mis espaldas.
-Tienes razón-vuelve a colocarse en su posición en la silla.
Los camareros están emocionados; corren de un lado a otro cuchicheando. Al parecer, la estrella del momento está armando un gran revuelo. Incluso puedo escuchar algún que otro aplauso.
-Disculpad la intromisión-escucho una conocida voz a mis espaldas.
-¿Rachel? Así que eras tú el famoso… ¡Menudo chasco!-dice entre dientes Dani.
-¿Qué haces aquí, Rachel?-me giro para verla.
Error. Girarme es un tremendo error. Veo a Rachel como si fuese una actriz en el día de la gala de entrega de los premios de los Oscar; y eso es decir poco. Lo primero que observo, es el escote sujetado al cuello y que le llega casi al estómago. Eso sin contar las interminables piernas que le asoman por la raja del vestido color azul oscuro.
-Me disponía a cenar en este bonito restaurante y cuál fue mi sorpresa cuando he entrado y te he visto en la mesa del fondo-dice lo más convincente posible.
-Quinn, ¿conoces a la señorita Berry?-me pregunta el director de la empresa.
-Sí, señor, desde hace bastantes años-de repente me pongo nerviosa.
-Viene sola por lo que veo. ¿Querría acompañarnos? Al menos nos amenizaría la cena-le ofrece amablemente.
-No querría molestar. Es una cena de negocios, por lo que veo-sonríe dulcemente.
-Tienes razón, se aburriría con nuestras cosas-comenta de repente Dani de forma forzada.
-No molestas. Además, hemos terminado todos los puntos a tratar y su presencia sería un honor para nosotros. ¿Qué opinas, Quinn?-me mira esperando una aprobación por mi parte.
-Claro, me encantaría que Rachel se uniese a nosotros-le guiño el ojo a la morena.
-Por favor, ¿podrías traerme una silla?-le pide al primer camarero que pasa por su lado.
-Eso es un sí por lo que veo-mi jefe levanta la copa en señal de aprobación.
-Gracias, me pondré aquí al lado de Quinn-corrige al chico al colocar la silla.
Al final Rachel se ha salido con la suya. Está siendo muy decidida y arriesgada. Me gusta esta parte nueva de Rachel, pues nunca se sabe con lo que te va a sorprender la próxima vez. Al menos mi noche se está poniendo cada vez más emocionante; creo que, a partir de ahora, van a empezarme a gustar más este tipo de reuniones.
