Capítulo 24: El Momento de la Verdad

Para el mediodía, Christian Jacobson, nuestro querido doctor, ya se había repuesto considerablemente de su enfermedad febril, dándole un gran motivo de alegría a la pequeña Alwine y un motivo de preocupación para Elena, quien aún no entendía por qué aquel hombre la había estado llamando en sueños en vez que a la niña que lo acompañaba.

Era más que evidente que el doctor, luego de pasar aquella terrible noche de lucha tanto física, mental y espiritual, había quedado completamente agotado y hambriento, pero, intuyendo que aquella muchacha seguramente no tendría mucho qué ofrecerle, puesto que se la veía sumida en una espantosa pobreza, prefirió guardar silencio y esperar a que ella misma iniciara la conversación acerca de quedarse allí o no.

Se dedicó entonces a mirar dulcemente a la nerviosa y huraña joven mientras Alwine se encontraba con su pequeña cabecita recostada sobre su hombro. Elena, el verse observada de esa manera tan tierna, sintió ruborizarse hasta la raíz de los cabellos y no tuvo otra manera de actuar que mostrarse mucho más salvaje de lo que ya era, bajando nerviosamente los ojos hacia el perro que estaba acariciando en un rincón de la choza.

—Muchas gracias por habernos ayudado en esta situación tan difícil para nosotros, Elena —dijo, sonriendo a su manera tan simpática—, siendo nosotros unos perfectos extraños para ti. Creo que tu accionar demuestra el buen corazón que posees.

La muchacha lo miró detenidamente, estaba muy molesta por aquellas palabras tan sinceras venidas por aquel sujeto que parecía creerse un santo. ¿Cómo osaba él en decirle algo así cuando todos en el pueblo decían que ella era una perfecta lunática? ¿Una bestia salvaje que era el hazmerreír de todo el mundo? ¿Una chica cuyos padres habían sido de la peor escoria de Tortuga? Ella, quien era una criatura huérfana, ignorante, mala, bastarda y rapaz que solamente pensaba en su propio bienestar… ¿cómo pues osaba aquel hombre en decirle que ella era una persona de buen corazón? ¡Pero qué estúpido ignorante era!

Elena estuvo a punto de replicar sus palabras y mandarlos al diablo, pero, como si estuviera adivinando aquella reacción, Christian habló antes que ella, evitando que la chica se dejara llevar por su impetuosidad, orgullo y miedo.

—Quiero darte esto —dijo mientras se incorporaba trabajosamente en la cama y metía su mano en el bolsillo de la camisa y sacaba un pequeño manojo de monedas doradas para la gran sorpresa de la aludida—. Te pido que no me mal interpretes ni que lo tomes a mal y que recibas con agrado este único presente que puedo ofrecerte para poder agradecerte todo lo que has hecho por nosotros.

Alwine se había quedado asombrada a su manera infantil al ver tantas monedas de oro, pero Elena se había quedado estupefacta y petrificada al ver tanta riqueza junta como nunca antes había visto y soñado. Se levantó rápidamente del suelo, atraída por lo que veía, pero enseguida detuvo sus enérgicos pasos y se le quedó mirando al doctor, desconfiada, pues nadie había sido nunca amable con ella a menos que ella les diera algo que les interesara.

—¿Por qué no eres más sincero y me dices de una vez qué es lo que quieres de mí, viejo asqueroso? —replicó agresivamente. El tío de Isabel la miró sorprendido, no era esa reacción lo que él había esperado—. ¿Crees que no me he dado cuenta de tus verdaderas intenciones? ¡Desde anoche que has estado llamándome en sueños! ¿Y ahora me ofreces todo ese dinero por nada? ¡Deja de dar tantas vueltas y dime de una vez por todas que lo que quieres es acostarte conmigo y joder todo el día!

Aunque Alwine, que era una niña pequeña, no entendiera muy bien lo que aquella mujer estaba diciendo, podía intuir que era algo muy malo al notar la cara de espanto que había puesto su querido protector.

—Mi… —comenzó a decir Christian muy suavemente—, mi esposa se llamaba Elena, igual que tú. Era ella a quien yo llamaba…

Apenas escuchó esto, el semblante moreno de la muchacha se puso completamente pálido y su boca se abrió desmesuradamente. Una oleada de calor se hizo sentir por todo su cuerpo y sintió tanta vergüenza, que deseó morir en ese mismo momento. Al notar atemorizada que aquel hombre iba a volver a hablar, la joven salió corriendo hacia afuera, presa del miedo y totalmente avergonzada por lo que había dicho.

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Isabel Jacobson ya estaba lista para iniciar su plan en pos de la captura y ejecución del siniestro pirata Bart "Sangre Negra" Morgan y de toda su tripulación, causantes de la infortunada e inmerecida muerte de su querido tío Chris, a quien habían tomado prisionero hacía unos cuantos días y que seguramente ahora yacía muerto en el fondo del mar.

Ella ignoraba completamente que éste aún permanecía con vida y que se había escapado de las fauces de sus enemigos, así que estaba determinada a vengar su muerte.

Con el hermoso y peligroso navío de guerra británico, el HMS The Avenger, bien oculto entre unos escollos esperando el momento oportuno para atacar a La Muerte Anunciada, el barco pirata cuyo capitán era el diabólico "Sangre Negra", la valiente y terca mujer se disponía a dar el primer paso de su elaborado plan de venganza. Vestida con ropas de pirata, ahora ella misma parecía un delincuente más del montón que habitaban en aquella isla repleta de rufianes de la peor calaña. A pesar de su belleza, su hábil destreza por parecerse un hombre, la oficial había logrado un efecto sorprendente con su disfraz, llevando la cara completamente sucia y una actitud bastante conseguida. El capitán Lazzart y sus demás oficiales estaban muy impresionados con aquel disfraz, pero no podían evitar sentirse preocupados por lo que podría llegar a pasar si los piratas lo descubrían como el impostor que era. Y así se lo hicieron saber antes de que el almirante ordenara lanzar al agua uno de los botes.

—No se preocupen por mi seguridad, caballeros —replicó tranquilamente—, ustedes concéntrense en seguir con el plan al pie de la letra y pronto veremos los frutos de nuestro esfuerzo.

—¿Pero y si lo descubren, Señor? ¿Qué le pasará? —preguntó muy preocupado uno de los jóvenes tenientes, quien sentía una gran admiración por aquel "hombre" cuya popularidad traspasaba los límites marcados alrededor del mundo.

Luego de constatar que los marineros hubieran echado el pequeño bote al agua, George Jacobson se volvió sonriente hacia el oficial, muy seguro de sí mismo y dispuesto a contestar su angustiada pregunta.

—Tanto peor para ellos si me descubren, teniente Radcliff, tanto peor para ellos porque así podré desatar toda mi maestría en la lucha con espadas; y, como ustedes deben saber, caballeros, soy prácticamente invencible.

—¡Pero podríamos herirlo en la batalla! —replicó ansioso el Maestro de Armas.

—Sé muy bien a los peligros a los que me expongo, Señor Johnson —objetó mientras se dirigía a la barandilla para poder bajar a la chalupa con la ayuda de un cable—. Ustedes deben seguir con el plan pase lo que pase, ¿comprendieron perfectamente? Muy pronto volveremos a Port Royal con la cabeza de Morgan colgada en la figura de la proa de nuestro navío.

Todos asintieron bastante preocupados a pesar de que ya sabían a qué atenerse con el Almirante George Jacobson, pues éste era muy conocido por todos por idear planes que rozaban la locura y la osadía. Su temeridad era tanto digna de ser alabada como temida. Mientras veían cómo el pequeño bote se alejaba cada vez más y más del HMS The Avenger, el capitán Lazzart murmuró presa de la preocupación:

—Que Dios lo acompañe en su temeraria empresa, Señor Jacobson…, que Dios Todopoderoso lo acompañe… —y entonces, volviéndose hacia sus oficiales, les ordenó que mantuvieran a toda la tripulación lista para entrar en acción para el atardecer, pues sería en aquel preciso momento en que debían atacar al barco del terrible pirata "Sangre Negra", que se encontraba anclado algo lejos del puerto debido a que no era muy bien recibido en aquel lugar.

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Sentada en uno de los viejos troncos muertos y secos que se encontraban alrededor de una laguna de límpidas aguas, Elena, la jovencita que había ayudado a Christian y a Alwine, aún se sentía muy mortificada por la vergonzosa escena que había protagonizado frente a aquel hombre tan bien educado…, tan superior a ella… Se había comportado como una idiota frente a alguien que no debería importarle un ápice, pero no podía comprender por qué se preocupaba tanto por lo que pensaría un perfecto extraño de ella.

Aquellos sentimientos eran nuevos para ella, la confundían y la molestaban de sobremanera, y como no sabía cómo lidiar con ellos ni eliminarlos de su mente, no le quedaba otra que echar a aquellos extraños de su casa (que eran responsables de su confusión) y volver a la misma vida rutinaria de siempre, pero… ¿sus sentimientos volverían a ser entonces los mismos de antes?

—… Lo siento mucho, joven Elena, no era mi intención ofenderte de ninguna manera… —le oyó decir a aquel hombre llamado Christian, quien se había levantado de la cama y salido de la choza para salir buscarla sin importarle lo débil que se encontraba. Ella se volvió sorprendida hacia costado derecho y lo encontró parado al lado suyo, mirándola con aquellos hermosos ojos celestes tan llenos de bondad—…. Tan sólo quería que te compraras algo de comida y ropa sin tener que esforzarte tanto como seguramente debes hacerlo cada día para poder sobrevivir en un mundo poblado de gente tan cruel como para hacerte hacer cosas que no quieres… —dijo, con esa voz suya tan suave y compasiva que tenía, como si la lo supiera todo de ella y quisiera aligerarle la pesada carga de sus delgados hombros—… No es por lástima que quiero darte estas monedas, sino es que quiero recompensarte por tu gran gesto de bondad por habernos prestado ayuda a la pequeña Alwine y a mí en un momento tan difícil por el que estábamos atravesando…

Ella dejó de mirarlo y bajó la vista, confundida y avergonzada, ¡y hasta orgullosa! ¡Jamás se había sentido orgullosa por hacer algo bueno! ¡Era la sensación más extraña y reconfortante que había sentido jamás! ¡Le estaban dando las gracias y eso jamás había sucedido antes! Siempre había recibido palabras hirientes y duros golpes de los demás…

Pero, aún sintiendo todas aquellas nuevas sensaciones en su endurecido y salvaje corazón, Elena no sabía cómo expresarlos ni qué debía hacer en un momento como ése, así que lo único que atinó a hacer, era a seguir comportándose como una chica bruta e ignorante, llena de miedo y rencor contra un mundo que no había hecho otra cosa más que agredirla continuamente.

Se levantó rápidamente del tronco en donde estaba sentada y enfrentó al doctor con un aire de desafío, orgullo y falso valor. Desde unos metros más allá, Alwine venía caminando cautelosamente en compañía del perro negro de Elena; ambos se detuvieron, la niña se encontraba expectante por lo que aquella salvaje pudiera hacerle a su querido "padre"… Había algo en ella que no le gustaba y la hacía desconfiar.

—Entonces dame de una vez esas monedas y déjame en paz —exigió la maleducada muchacha.

Sin demostrar asombro alguno, Christian le dio las monedas sin decir una palabra pero sonriéndole de una manera muy afable para tranquilizarla un poco. Luego de permanecer unos momentos en completo silencio, ella se volvió, dándole la espalda y mirando con gran codicia las hermosas monedas de oro que tenía en sus pequeñas y estropeadas manos.

—¿Su esposa se llama igual que yo? —preguntó de repente—. ¿Y en dónde está ella ahora?

—…Ella murió hace mucho, mucho tiempo… —contestó con un dejo de nostalgia en su voz—… Usted se parece un poco a ella y supongo que es por eso que he soñado con mi querida Elena toda la noche… Ella era la mujer más tierna, buena y amable que he conocido en mi vida…

La muchacha nada dijo al respecto, solamente se dignó a fruncir el entrecejo.

—Pues yo no soy ella —declaró secamente—. Me voy al pueblo a comprar comida, si quieren, hay algunos huevos de mis gallinas en un cesto, pueden comerlos hasta que yo regrese.

—… Muchas gracias, joven Elena… —le agradeció suavemente el doctor.

—¡Bah! ¡Tonterías! —replicó fastidiada, haciendo un gesto despectivo con los hombros—. No necesito que me agradezca nada, pues cuando apenas tengas las fuerzas suficientes como para caminar, los quiero a los dos muy lejos de mi casa y de mis cosas, ¿entendido?

—… Como usted guste, joven Elena, nos marcharemos en cuanto podamos y dejaremos de importunarla…

A Elena ya le estaba fastidiando tanta amabilidad a la que no estaba acostumbrada, así que sin decir una sola palabra más, se alejó de allí a pasos agigantados.

—¡Pirata! —llamó a su perro sin volverse a mirarlo y el animal salió disparado hacia ella.

Mientras la miraban desaparecer en un recodo de la espesura del bosque, la pequeña Alwine se acercó a su protector y lo tomó de la mano.

—Ella es una bruja… —dijo entre molesta y recelosa.

El tío de Isabel la miró tiernamente y le puso cariñosamente la mano sobre su cabecita rubia.

—… No la juzgues de esa manera, pequeña, seguramente ella ha sufrido mucho a lo largo de su corta vida y no sabe lo que es el cariño… ¿No te parecería mejor tratarla con gran bondad para que por lo menos sepa que en este mundo hay gente capaz de quererla…?

Alwine lo miró intrigada, enseguida su carita se iluminó llena de radiante felicidad al comprender todo lo que su amigo le había dicho, y, apoyando su cabecita y rodeando al doctor con sus pequeños bracitos, exclamó:

—¡Seré muy buena con ella, papá! ¡Lo prometo!

Sonriendo, Christian no dijo nada más y sencillamente se dirigieron lentamente hacia la choza para que él pudiera recostarse un poco. Él estaba muy emocionado, ¡agradecía tanto que Alwine lo hubiera aceptado como si fuera su verdadero padre tan rápido!

"Espero que todo esto termine lo más pronto posible… —pensó esperanzado—. ¡Cómo quisiera hacer recapacitar a Isabel de llevar una vida normal y juntos formaríamos una hermosa familia con Annete y Alwine…!

Lejos estaba, nuestro querido doctor, de saber que las cosas no se iban a dar tan fácilmente como él quería.

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El joven William Turner, después de enterarse de todo lo ocurrido concerniente a Jacky y al comodoro Norrington, salió disparado de la herrería del señor Brown y se dirigió inmediatamente a la casa del gobernador con intenciones de entrevistarse con su prometida Elizabeth Swann, quien seguramente estaría ya muy bien enterada de los recientes acontecimientos.

—¡Oh, Will! —exclamó la hermosa joven en cuanto ambos se encontraron en el extenso y bellísimo jardín de su padre—. ¿Te has enterado de todo?

—Así es, Elizabeth, por eso he venido a verte —respondió para luego darle un tierno beso en la frente de su prometida—. Me enteré de que Norrington condenó a Jack (o Jacky, como se llame ahora) a la horca. ¡Van a ahorcarlo esta misma tarde! ¡No es justo!

—Lo sé, Will, papá me lo contó todo hace un rato… —ella se sentó en uno de los preciosos banquitos blancos que se encontraban estratégicamente esparcidos por todo el lugar. Parecía estar muy afligida—. Por lo que James explicó, parece ser que Jack lo tramó todo para poder sacarse de encima a él y a toda su flota eliminándolos en la tempestad de la otra noche…

—Pero, Elizabeth… —el apuesto joven se hincó su rodilla izquierda en el suelo y tomó entre sus manos las suaves manos de la muchacha para mirarla suplicante—, ¿de verdad crees que Jack habría sido capaz de semejante cosa?

La chica alzó la vista apenas él terminó de preguntarle eso, y con una mirada que demostraba tanto su rebeldía como su decisión, exclamó:

—¡Por supuesto que no creo que Jack haya cometido semejante acto cruel y cobarde! ¡James está muy equivocado al juzgarlo de esa manera! ¡Hasta casi podría jurar que el que planeó todo esto fue el mismo James para poder echarle la culpa a Jack y mandarlo a la horca como tanto desea hacerlo!

—¿Estás segura de eso, Elizabeth? —inquirió gravemente el joven herrero—. Yo creí que él…, bueno, él… "quería" mucho a Jack.

—Estoy muy segura de lo que digo, Will —afirmó seriamente mientras se levantaba del banco—. Porque si James realmente lo "quisiera", como tú dices, no lo habría mandado a ejecutar ni acusado de algo tan grave como haber sido el culpable del naufragio de su flota… Además —sus ojos centellaron por la ira—, si él ya estuviera arrepentido de haberlo acusado, ya lo habría sacado del calabozo.

—Entonces, realmente, jamás sintió nada por él, todo fue una trampa maquinada por el comodoro para atrapar a Jack Sparrow valiéndose de su estado actual —Will replicó muy serio y muy pensativo.

—¡Oh! ¡Will! ¡Debemos hacer algo por Jack pata evitar que lo cuelguen! —pidió la joven lanzándose a los brazos de su amante—. ¡Todo esto es injusto! ¡Y yo que pensaba de que los dos se querían de verdad…!

Nuestro querido William Turner no dijo nada, pero abrazó tiernamente a su prometida y la atrajo hacia su pecho, pensando que si ahora hacía algo por Jack, esta vez no sería perdonado y lo condenarían a él a la horca, dejando sola a Elizabeth y rompiendo el compromiso…

"Seguramente todo esto fue tramado por Norrington para atrapar a Jack y obligarme a mí a ayudarlo y entonces atraparme y condenarme a la horca por alta traición y dejar así a Elizabeth a su merced… —pensó—. Elizabeth tiene razón, si realmente él amara a Jack, ya lo habría dejado escapar… No pienso caer en su trampa y lo lamento por Jack, pero creo que esta vez no podré hacer nada por él..., nada…".

—Lo siento, Elizabeth, pero esta vez no podremos hacer nada por Jack Sparrow —confesó, sorprendiéndola.

—¿Por qué dices eso? —replicó enfadada mientras se separaba bruscamente de su novio.

—Si lo hago…, ya no podremos casarnos…

Elizabeth se quedó como de piedra al escuchar aquello, pues era absolutamente la verdad. Si él intervenía, era más que seguro de que lo mandarían a la horca por traidor, claro de que también habían grandes posibilidades de que ella también corriera la misma suerte a menos que su padre utilizara sus "influencias".

Y así, tremendamente afligida y preocupada por el cruel destino que le esperaba al capitán Jack Sparrow, la muchacha volvió a los brazos de su prometido para comenzar a llorar tristemente.

—¡No es justo! —decía—. ¡No es justo!

—Nunca es justo cuando se traiciona a un amigo, Elizabeth… —dijo nuestro querido herrero mientras la rodeaba con sus fuertes y varoniles brazos, tratando de reconfortarla.

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Ya eran las horas de la tarde cuando Elena se encontraba comiendo en una de las tabernas que tanto abundaban en Tortuga, radiante de la dicha porque ahora no tenía que mendigar, robar, engañar o hasta prostituirse por un pedazo de pan. Con las monedas de oro que le había dado aquel viejo, aunque fueran pocas, le bastaba para vivir con cierta holgura sin mayores sobresaltos. Pero… ¿qué pasaría cuando se le terminara aquella pequeña riqueza? ¡Volvería a vivir como una paria! No, eso no quería. Tenía que encontrar la manera de agrandar su capital… ¿pero cómo?

De pronto, ella notó que varios hombres de fiero aspecto entraron a la taberna y se aproximaron a la barra para pedir algunos tragos y algo de comer. La conversación que mantuvieron aquellos cuatro tipos, llamó poderosamente la atención de Elena, era justo lo que ella estaba buscando.

—Me parece que tendremos que irnos sin esos dos patanes de esta condenada isla… —dijo uno de ellos luego de beber su jarra repleta de ron.

—El capitán se pondrá muy furioso y seguramente matará a varios de nosotros. ¡Sería mejor que huyamos mientras podamos! —opinó el más temeroso, pues todos estaban muy asustados y preocupados.

—¿Estás loco o qué? —replicó otro—. ¡Si cometemos la tontería de escaparnos, él nos encontrará tarde o temprano y nos sacará las tripas de un solo golpe como suele hacerle a los que lo traicionan!

—¿Y qué vamos a hacer entonces? —preguntó el cuarto hombre mientras bajaba su jarra de cerveza a la barra—. ¿Ofrecer unas cuantas monedas de oro que encontramos a cambio de que alguien nos dé información sobre dónde se esconden un viejo y una niña?

Aquello era lo que Elena estaba esperando, después de todo, el haber acogido en su casa a aquellos extraños le había traído ciertos beneficios; además, quería sacarse de encima a aquel sujeto que la hacía ponerse tan nerviosa. Ya decidida con lo que haría a continuación, la muchacha se levantó y se dirigió resueltamente hacia aquellos hombres.

—Yo les diré en dónde están escondidos esos dos a cambio de las monedas de oro —les dijo en cuanto se detuvo detrás de ellos. Todos se volvieron a mirarla muy sorprendidos para luego comenzar a reírse descaradamente.

—¿Así que quieres nuestras monedas a cambio de un viejo y una niña? ¡Ja, ja, ja! —se burló uno de ellos, aproximándosele para mirarla lascivamente—. ¿Y si te damos otra cosa en vez de las monedas? ¿Eh? ¿Qué opinas?

Elena no se amedrentó con aquellas insinuaciones, más bien sintió deseos de desafiarlo como siempre le pasaba cuando alguien la trataba de esa manera.

—Bien, si no quieres hacer el trato que te propongo, vuelve a tu barco y espera a que tu capitán te corte en pedacitos y te ponga a secar al mástil, pobre idiota… —y dándole la espalda, se dirigió orgullosamente hacia la puerta.

Al darse cuenta de que ella hablaba muy en serio, rápidamente los cuatro hombres se juntaron para comentar la propuesta y tuvieron que admitir que no tenían otra alternativa, aparte de que no tenían nada qué perder.

—¡Espera! —pidió uno de ellos justo en el mismo instante en que la chica estaba a punto de salir por la puerta que daba a la calle—. ¡Aceptamos tu trato! ¡Te daremos las monedas a cambio de que nos digas en dónde están la niña y el viejo!

Sonriendo triunfalmente, la joven se volvió y dijo:

—¡Bien! ¡Por fin nos entendemos!

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La oficina del Comodoro James Norrington se encontraba sumida en la total oscuridad al acercarse la hora del crepúsculo, momento en que la capitana Jacky Sparrow sería ahorcada injustamente bajo la ley de la Corona Inglesa. Nuestro atribulado oficial aún permanecía sentado en el suelo y con la espalda apoyada sobre la puerta. La triste expresión de su rostro revelaba su dolorosa resignación al terrible destino que le aguardaba. Sus ojos verdes repletos de vacío seguían mecánicamente las agujas del reloj de pie que se encontraba en una esquina de la habitación, que acercaba cruelmente sus agujas a la hora designada para la muerte de su amada, y, tal vez, también la de su propio final.

Suspiró muy angustiado, ya no había más lágrimas qué llorar, ya todo estaba dicho y nada evitaría aquel desastre que él solo había logrado. De pronto, unos cuantos golpes a la puerta lo hicieron salir del letargo en el que había entrado desde hacía un rato.

—¿Quién es? —preguntó mientras se levantaba lo más rápido posible y se acomodaba apresuradamente la ropa.

—Ya todo está listo para ejecutar a la prisionera, Señor —se oyó decir detrás de la puerta. Era uno de sus marines—, estamos esperándolo.

James se quedó como petrificado al escuchar aquel terrible aviso, pero logró dominarse casi por completo.

—Bien, soldado, entendido. Dígale al Gobernador Swann que en unos segundos estaré a su lado.

—Bien, Señor, así lo haré… —el muchacho parecía titubear un poco, pero logró juntar fuerzas para lo que iba a decir a continuación—: lamento mucho que todo haya terminado así, Señor, permítame decirle que formaban una magnífica pareja.

Sorprendido, el Comodoro escuchó al joven fusilero alejándose apresuradamente de allí, como si estuviera avergonzado y asustado por lo que había acabado de decir a su superior. ¿Por qué le había impresionado aquellas palabras venidas de un simple muchacho, un perfecto extraño? Tal vez porque nadie se hubiera esperado un final así, ni siquiera él mismo.

Y así, con el corazón rebosante de pena y angustia, el hombre impiadoso por obligación, el Comodoro James Norrington, salió de su oficina rumbo a la ejecución de la única mujer a la que había amado y aún amaba con toda su alma: la Capitana Jacky Sparrow.

Los tambores repiqueteaban al ritmo apropiado para aquella ocasión tan esperada por muchos y detestada por otros. Los marines vestidos con casacas rojas y formados uno al lado del otro haciendo sonar sus tambores, anunciaban que la hora de la verdad muy pronto llegaría para nuestra querida capitana, quien nuevamente se encontraba de pie frente a una multitud sedienta de ver cómo se retorcería más tarde bajo el propio yugo de la muerte una vez que la hubieran lanzado al vacío y dejarla colgar del cuello como si fuera un pollo.

La gente podía llegar a ser muy morbosa y disfrutar de las desgracias ajenas, ni qué negarlo.

Subida en la plataforma especialmente construida para esos sangrientos casos, Jacky Sparrow permanecía de pie valientemente, con las manos atadas y mirando entre asustada y preocupada a toda aquella gente que le gritaba cosas desagradables y no veía la hora de verla suspendida en el vacío colgando de una soga. Haciendo una mueca despectiva, les sacó la lengua como señal de desafío cuando algunos huevos y tomates erraron su objetivo, enardeciendo aún más a los familiares de los muertos en el reciente naufragio.

Dirigió su mirada hacia el sitio especial en dónde se encontraban el gobernador Weathervy Swann y su hija Elizabeth Swann, a quienes parecía no agradarle demasiado aquella escena. Luego, Jacky miró hacia su costado izquierdo y pudo percibir a William Turner entre la gente, a quien parecía estar mucho menos dispuesto a aceptar tamaña injusticia. Aún si mantenía la esperanza de que lograra salvarse de esa, la capitana del Perla Negra sentía que poco a poco aquella esperanza iba disminuyendo a medida que los minutos pasaban y se acercaba el momento de su muerte, nadie iba a ayudarla: ni su tripulación ni sus amigos, ni su hermano Jack y ni siquiera su amado Norry, quien la había condenado a aquella situación. Sus esperanzas en él se habían acabado cuando no pudo encontrar nada en sus bolcillos que la ayudara a escapar tras haberlo registrándolo hábilmente sin que él lo supiera cuando se besaron en el calabozo. Sabiendo a lo que podría exponerse frente a ella, James no había dejado nada que la ayudara a escapar entre sus ropas al ir a visitarla aquella mañana. Con el corazón martillando en su pecho con furia, Jacky dirigió su vista hacia el verdugo encapuchado y le sonrió nerviosamente.

De pronto, hizo su aparición el comodoro James Norrington, quien se reunió con el gobernador y su hija bajo el murmullo insensible de la chusma allí presente, quienes lo veían tan responsable como la acusada de la muerte de los marines. James, sintiéndose completamente abatido por las circunstancias, su desesperada mirada se cruzó con la acusadora mirada de Jacky Sparrow, y, por el especio de unos segundos, todo ruido dejó de escucharse en sus oídos y toda imagen que los rodeaba desapareció ante sus ojos; solamente existían ellos dos en una profunda oscuridad, un abismo que se ensanchaba por momentos. Había llegado el momento de la separación eterna y ya no había nada qué hacer para evitarlo. James sentía todo el peso del enfado y la decepción de Jacky, además de la profunda tristeza y desesperación que invadían su propia alma.

El repiquetear de los tambores sacó de repente a los dos del ensueño en el que habían entrado, devolviéndolos de golpe a la dura realidad en la que se veían metidos por la crueldad del destino. El comodoro suspiró muy angustiado, viéndose obligado a seguir con los procedimientos correspondientes al caso y ver cómo ahorcaban a la mujer que amaba. Sabía que el gobernador Swann tenía razón, aquel momento iba a ser terrible e iba a destruirlo por completo.

Furiosa, Elizabeth no le había devuelto el saludo y no quería mirarlo a la cara, pero el gobernador Swann observaba cada gesto que él hacía.

El magistrado que estaba a cargo de aquella ejecución dio inicio a la lectura de las acusaciones de la imputada.

—¡Jacky Sparrow…!

—Capitana, capitana Jacky Sparrow o capitán Jack Sparrow, ¿es mucho pedir que lo dijeran bien alguna vez? —se quejó por lo bajo la acusada.

—¡Se la acusa de los siguientes crímenes contra la corona —seguía diciendo fríamente el funcionario mientras leía el documento abierto ante sus ojos—: conspiración, suplantación, engañar a un oficial de la marina, depravación, desacato ante la autoridad, el asesinato de 150 hombres de la Armada Inglesa…

Y mientras aquel hombre enumeraba cada una de sus fechorías, algunas verdaderas otras inventadas, a Jacky le había caído como un cañonazo la acusación de "asesinato", pues nunca en su vida había sido culpable de tan horrendo crimen, salvo, claro, de haber ajustado cuentas con alguno de su calaña que no merecía piedad alguna. Tanto a Elizabeth como a Will también les había gustado para nada aquella acusación, pues sabían muy bien que era tan falsa como la honestidad de Jack Sparrow. Conteniendo la respiración, sus acusadoras miradas se volvieron hacia el comodoro Norrington, quien permanecía estoico mirando aquella injusta escena, acusándolo de haber tramado semejante maquinación. ¡Qué injusto y egoísta había sido con Jack Sparrow!

Temblando de la cabeza a los pies, James se sentía desfallecer de un momento a otro, su corazón y su cabeza parecían querer explotarle de tanto soportar el dolor, la culpa y la angustia que sentía. ¡Iba a presenciar el asesinato de su amada y él iba a permitirlo!

De pronto, sin poder soportar más aquella injusticia, Elizabeth se volvió hacia él y le replicó con un tono de voz bastante hiriente e irascible:

—¡Si tú hubieras sido como Will, ya habrías detenido toda esta tragedia, pero no lo eres y es por eso nunca te elegí ni te elegiré mientras viva!

—¡Elizabeth! —la amonestó su padre— ¡El comodoro Norrington cumple con la ley, como nosotros!

Aquello había sido una feroz estocada hacia su ya moribundo corazón, James sintió cómo se le partía al igual que su alma. Ya no podía soportar más aquella terrible situación, ya no tenía porqué dudar, estaba seguro que se moriría junto con Jacky, y, si iba a hacerlo, era mejor hacerlo siguiendo su corazón. Entonces, decidido, se volvió hacia la joven, y una vez frente a ella, la miró dulcemente y le dijo con un tono bastante tierno en su habitual comportamiento inglés:

—Mi querida Elizabeth, te doy las gracias por haber sido siempre la voz de mi conciencia. Desde que eras una pequeña siempre te he guardado mucho afecto y…, espero que te acuerdes de mí alguna vez de vez en cuando, y te deseo un feliz matrimonio con el Señor Turner porque yo jamás te olvidé ni te olvidaré.

Y dejando a la chica un tanto desconcertada por semejante declaración en un momento tan crítico como el que estaban atravesando, el comodoro se volvió decidido hacia el gobernador de Port Royal y le dijo ya con un tono mucho más serio:

—Gobernador Weathervy Swann, le estoy profundamente agradecido por todo lo que ha hecho por mí durante todos estos años. Ha sido casi como un padre para mí y eso jamás lo olvidaré.

—P-pero muchacho, ¿qué ocurre? —inquirió Weathervy tan confundido como su hija.

Mirando fijamente hacia el gobernador, James declaró con gran decisión:

—Le digo esto porque presento la dimisión a mi cargo, gobernador Swann.

Y antes de que padre e hija lograran asimilar lo que habían acabado de escuchar, con una velocidad increíble, el ex comodoro de la Royal Navy tomó uno de los sables de uno de los marines que se encontraba parado cerca de ellos y lo lanzó fuertemente como si fuera un boomerang, cortando de cuajo la soga que ahorcaría a Jacky Sparrow justo en el momento en que la portezuela de abajo se abría para que ella encontrara su final, salvándole así la vida. Entonces, el arma fue a clavarse con fuerza contra una de las vigas de madera de la plaza fuerte.

Aquello no podría haber sucedido en mejor momento, ya que Will había estado a punto de intervenir sin importarle que su accionar lo hubiera perjudicado para siempre tanto a él como a su prometida.

Un gran alboroto se armó a continuación, ya que James desenvainó su espada y se encargó de derrotar a cada soldado que tratara de detenerlo en su camino hacia el cadalso. Fueron pocos los que lograron reaccionar para luego intentar detenerlo, ya que su inesperado accionar logró sorprender a todo el mundo, incluyendo a Will y a Elizabeth, quienes lo miraban con los ojos desorbitados por la incredulidad.

"¡No puedo creerlo —pensó el muchacho llevando su mano hacia el mango de su espada para ayudar al ex comodoro en su frenético ataque—, Norrington está desafiando a la Corona por Jack Sparrow!".

—¡¡Ni se le ocurra intervenir en esto, Señor Turner!! —le gritó James al darse cuenta de las intenciones del muchacho mientras peleaba valientemente contra dos soldados a quienes derrotó con gran rapidez. Una vez libre de ellos, se abrió paso entre la multitud y se dirigió hacia abajo del cadalso y encontró a Jacky sentada en el suelo quejándose de que se había dado un buen golpe en el trasero.

—¿Te encuentras bien, Jacky? —le preguntó.

—¡Hasta que por fin decidiste ayudarme! —se quejó ella mientras él le cortaba las ataduras de sus manos y le entregaba un sable perteneciente a uno de los marines.

—¿Estás lista para jugarte la vida en esta empresa perdida, capitana Jacky Sparrow? —le preguntó acercándosele.

—A tu lado me jugaría hasta el Perla Negra, mi querido Norry —respondió ésta mientras le "comía" la boca de un beso, dejando al ex comodoro bastante desubicado.

Y mientras se dirigía hacia afuera, ella se volvió y exclamó:

—¿Qué pasó, comodoro? ¡Venga! ¡Es hora de divertirse!

Sonriendo, James decidió seguirla.

Rápidamente ambos salieron de debajo de la plataforma y comenzaron a luchar a diestra y siniestra contra aquel que osaba detenerlos, pero nunca llegaban a lastimarlos de gravedad, a Jacky no le gustaba matar y James jamás se atrevería a matar a ninguno de sus hombres.

Luchando en conjunto, ambos demostraron una destreza única, pues se complementaban maravillosamente ambas técnicas de combate. James atacaba mientras Jacky defendía: rolls, saltos, golpes de puño, patadas, todo era válido especialmente para la pirata que siempre era mucho más tramposa que James para derrotar al enemigo. Aunque cada vez eran más los soldados que iban a su encuentro para detenerlos ellos los repelían sin ningún problema. La destreza de Jacky en sus acrobacias eran perfeccionadas con la velocidad de James que tomaba por sorpresa a sus contrincantes. Poco a poco fueron abriéndose paso entre una multitud impresionada por lo que veía, dirigiéndose hacia la salida de la plaza de ejecuciones para luego tratar de escapar como pudieran a través del pueblo y hacia el puerto para lograr su libertad. Pero aquello iba a ser una empresa verdaderamente difícil para ambos, ya que marines, oficiales y fusileros comenzaron a aparecer por doquier de todas las direcciones tratando de detenerlos.

El ex comodoro James Norrington podría haber sido muy respetado y querido por sus hombres, pero aquel accionar era una traición a la Corona Inglesa y había que detenerlo junto con la fugitiva.

Murtogg y Mullroy eran de los pocos soldados que se habían quedado estupefactos ante el extraño y sorprendente accionar del comodoro James Norrington y no se animaban a intervenir.

—¡Ha perdido la razón! —exclamó Murtogg.

—¡Yo ni que me lo ordenen me iría a enfrentarlos! —declaró su compañero.

Mientras tanto, en un instante el joven William estuvo al lado de su azorada novia, quien aún no podía creer lo que estaba viendo. ¡James estaba ayudando a Jack a escapar!

—¿Ves lo que estoy viendo, Elizabeth? —le preguntó el muchacho.

—¡Sí! ¡Y no puedo creerlo! —lo miró—. ¿Es que no vas a ayudarlos?

—Norrington no me deja —aclaró mientras también dirigía su inteligente mirada hacia ellos—, no quiere que intervenga. Quiere hacer esto él solo…

Mientras Will, Elizabeth y su padre miraban aquel irrepetible espectáculo con gran incredulidad, James y Jacky seguían dando muestras de sus habilidades marciales con sus sables y acrobacias: los ataques y los mandobles de sus sables eran poderosos y muchas veces las armas de sus contrincantes salían despedidas por los aires; otras veces James se agachaba y Jacky aprovechaba eso para subir de un salto a su espalda y saltar por sorpresa sobre algunos distraídos soldados y dejarlos fuera de combate cuando caían al suelo. Otras veces se colocaban espalda contra espalda y luchaban contra sus enemigos girando e intercambiándose de lugar, logrando confundirlos en sus ataques. Poco a poco fueron acercándose al gran portal que daba hacia las calles del pueblo, estaban muy cerca de lograr su objetivo, pero entonces, de pronto, un nuevo contingente de fusileros les bloqueó la salida y los apuntaron con sus fusiles, dispuestos a disparar si era necesario.

Los fugitivos se detuvieron al ver aquello. Quizás, cabía la posibilidad de que murieran en el intento.

—Y bien, capitana Jacky Sparrow —dijo el ex comodoro volviendo su tranquila y decidida mirada a la aludida—, ¿está dispuesta a seguir con esto hasta las últimas consecuencias?

Ella lo miró y sonrió.

—Si no queda otra… Demostremos a todo el mundo de lo que somos capaces de hacer —volvió su mirada a los fusileros, los demás marines los estaban rodeando, listos para atraparlos—. Este día lo recordarán como el día en que la capitana Jacky Sparrow y el comodoro James Norrington dieron su vida por la libertad.

—No, por el amor —él la corrigió, devolviéndole la sonrisa.

—Como sea, pero qué cursi resultaste ser… —replicó la pirata sonriéndole otra vez, tan decidida como él de enfrentarse a la muerte sin temor. No sabía por qué, pero el valor que James tenía para enfrentar a la muerte como el soldado que era, la influenciaba para no sentir miedo ante la terrible adversidad que los aguardaba.

Más allá, confundidos entre la gente del pueblo y disfrazados como tales, el capitán Jack Sparrow, Gibbs, Ana María, Cotton (y su loro) y el enano Marty, se encontraban asombrados tanto como los demás por lo que habían acabado de presenciar. Ellos habían estado a punto de intervenir cuando el comodoro Norrington había hecho gala se su heroísmo interviniendo sorpresivamente en la ejecución de Jacky Sparrow.

—¡Que un rayo me parta en dos si lo que acabo de ver es verdad! —declaró Gibbs—. ¿Será éste el final de los tiempos?

—Sea lo que sea, nos ha venido muy bien su intervención —opinó la muchacha—. No nos será tan difícil rescatarla ahora, ¿no es así, capitán Sparrow?

Él sonrió a su manera tan atractiva de siempre.

—No, mi querida Ana María, el comodoro James Norrington nos ha hecho un gran favor en ayudar a mi "hermanita" —Se volvió hacia su gente—. ¡Den comienzo al plan!

Un poco más allá, antes de que Jacky y James dieran inicio a su último ataque, un grito se dejó escuchar de entre todo aquel alboroto, un grito de alarma que puso a todos en guardia y muy preocupados.

—¡¡AUXILIO!! ¡¡UN INCENDIO!! —exclamó uno de los ciudadanos mientras salía corriendo a intentar apagar el fuego que se dejaba ver en la lejanía.

—¡¡AH!! ¡¡MI CASA TAMBIÉN SE ESTÁ QUEMANDO!! —gritó con desesperación una mujer.

Varios incendios comenzaron al mismo tiempo en diferentes sectores de Port Royal, amenazando extenderse por todo el pueblo y provocar un verdadero desastre. Todos se olvidaron casi de inmediato de los fugitivos y salieron disparados hacia los incendios con la intención de extinguirlos. Pero aún quedaron varios marines, fusileros y oficiales para detenerlos, lo suficientes como para lograrlo.

La pelea volvió a comenzar entre la pirata y el ex comodoro contra los soldados, poco a poco fueron abriéndose paso hacia la libertad que tan sólo les quedaba a un paso, pues habían divisado con sorpresa que el capitán Jack Sparrow y su gente estaban esperándolos a bordo de una carreta tirados por dos fuertes caballos. De pronto, notaron con desesperación que un nuevo grupo de soldados aparecieron para detener a la pareja fugitiva.

—¡Maldición! —exclamó Jack mientras se apeaba del carruaje y se dirigía a toda velocidad hacia donde se encontraban su hermana y el comodoro—. ¡Gibbs! ¡Ven a ayudarme! ¡No podrán ellos solos!

—¡Sí, mi capitán! —respondió éste, bajándose a duras penas de la carreta para comenzar a correr detrás de Jack con espada en mano. Seguro de que la mala suerte estaba a tres pasos detrás de él.

Aunque ambos eran excelentes espadachines, Norrington supo que muy pronto los atraparían, puesto que desde un principio él y Jacky habían comenzado a combatir con todas sus fuerzas a un gran número de contingentes y ya comenzaban a sentir el desgaste físico al que habían estado sometidos. No aguantarían aquel ritmo de pelea por mucho tiempo. Preocupado, miró hacia la capitana del Perla Negra mientras esta luchaba contra uno de los fusileros y tomó una desesperada decisión: jamás permitiría que la atraparan de nuevo para condenarla a la horca, debía hacer algo descabellado de inmediato.

Completamente nervioso, sus ojos encontraron con los del capitán Jack Sparrow y su gente, quienes ya se encontraban bastante cerca de ellos. La poca esperanza de escapar juntos se vino abajo cuando notó que otro grupo de soldados bajaban por las escaleras del fuerte, y entonces James sonrió, ya sabía lo que tenía que hacer para salvar a Jacky.

Antes de que ésta se diera cuenta de que su hermano ya estaba allí, el ex comodoro Norrington sacó su carabina y disparó contra uno de los lejanos barriles de pólvora que se veía a través de una de las bodegas del fuerte provocando una terrible explosión que asustó a todo el mundo, y de inmediato éste aprovechó la confusión y tomó a Jacky del brazo y la jaló tan fuerte que la lanzó hacia los brazos del sorprendido capitán del Perla Negra.

—¡¡Llévatela de aquí!! —ordenó—. ¡¡Váyanse de inmediato antes de que los atrapen!! ¡¡Yo intentaré detenerlos todo lo que pueda!!

Y enseguida les dio la espalda para enfrentarse a sus propios camaradas, dispuesto a detenerlos para darle tiempo a los hermanos Sparrow y a su gente de escapar.

—¿Qué haremos? —inquirió Marty algo dubitativo.

—Pues obedecer su última voluntad —respondió Gibbs, mirando seriamente hacia su capitán.

—¡No! ¡Claro que no! ¿Acaso perdieron la razón, partida de medusas miedosas? —se negó la capitana mientras se desembarazaba de los brazos de Jack—. ¡No pienso dejar a Norry solo! ¡Jamás! ¡Si él cae, yo también caeré junto a él!

—¿P-pero por qué quieres arriesgar su valiosa vida por él? —inquirió bastante extrañado su hermano.

—Pues… —era ahora o nunca la oportunidad de aceptar lo que sentía desde hacía tiempo—. ¡¡Porque lo amo!!

Y ante el asombro de todos y de ella misma, la capitana Jacky Sparrow se volvió sobre sí misma con la intención de unírsele a James en la contienda, pero, sin que ella lo esperara, su hermano le quebró una botella en la cabeza, desmayándola.

—Me lo debías… No tenemos tiempo para tontos sentimentalismos, hermanita —dijo con un cierto dejo de tristeza—, tendrás que venir con nosotros quieras o no.

Y dándole una última mirada al valiente hombre que se estaba jugando la vida contra los de su propia clase para que ellos pudieran escaparse, el capitán Jack Sparrow levantó a su hermana del suelo y junto con su tripulación subieron rápidamente a la carreta y, fustigando a los caballos, se alejaron a toda prisa de aquel lugar rumbo al puerto, en donde los estaban esperando el resto de la tripulación que habían sido los responsables de los incendios, subidos a bordo de unos botes, dispuestos a dirigirse hacia la seguridad del Perla Negra que se encontraba navegando mar adentro, esperándolos en cuanto todos estuvieran reunidos.

Nadie se habría imaginado que al dejar librado a su suerte al ex comodoro James Norrington, les acarrearía más adelante muchas dificultades.

Notas de Una Autora Descuidada y Terriblemente Cansada

¡Por fin James ha decidido seguir los dictados de su corazón! ¿Pero será capturado por su propia gente? ¿Qué sucederá con jacky? ¿Qué pasará con el doc y Alwine después de haber sido traicionados por Elena? ¡Muy pronto lo leerán en el último capítulo de esta parte!

Mi querida amiga Romina: ¡cómo nos divertimos la otra noche, verdad? Y como siempre, me has inspirado un montón con esta historia, sobre todo para la reconciliación final entre James y Jacky… ) ¿Te gustó la parte el beso? ¡Me alegra mucho, mi romántica amiga!

Mi querida CeledrianMoon: y bueno, Norry está sufriendo por culpa de sus dudas… Como verás, liberó a Jacky en el último momento junto con la ayuda de Jack y su gente. ¡Siempre tienen algo en contra los hermanos Sparrow! : ( Me alegra que mi historia te siga gustando, amiga.

Mi querida Harisha: ¡Pero qué testamento! ¡Me hace acrodar a Outis la vez que me escribió! : ) Me alegra mucho que al fin te hayan dejado en paz con tu compu, por el momento, ¿no? : ) Elena se siente bastante atraída por la personalidad del doc, pero como núnca se había enamorado a lo largo de sus 18 años, no tiene ni idea de cómo manejar sus emociones : ( ¡Hasta piensa traicionarlo a cambio de una monedas de oro! Annet ya proclamó al doc como suyo, así que no dejará que otra mujer más joven se lo quite, no señor. "Cómo harás para seguir viviendo con la conciencia tranquila después de haber asesinado a la persona que más te ha amado en toda tu vida?", sí, admito que eso fue jugar muy sucio por parte de Jacky, pero como es una pirata desesperada, se la puede perdonar, creo : ) Bueno, ya viste cómo ayudó James a escapar a Jacky, a riesgo de su propia vida : ( ¡Pero ahora sí que está muy comprometido! ¿Qué será de él? ¡Aaaaahh…! Ojalá todo fuera así de fácil para nuestros protagonistas… ¡Pero no! ¡Yo soy una escritora muy perversa y las cosas no se darán tan fácilmente para nuestros enamorados faboritos! ¡Muajajajaja! No te preocupes porque muy pronto habrán acción, aventuras y suspenso en cuanto comience la parte de Davy Jones. Bueeeh, admito que no soy muy optimista al respecto, pero es que desde pequeña me han enseñado a ser modesta y eso me ha jugado bastante en contra porque me es muy difícil aceptar mis propios méritos… ¡pero ya estoy trabajando en acrecentar mi autoestima! : ) No tengo idea de cuántos reviews consiga esta historia, pero lo que es seguro es que si logra mucho menos que la anterior, me pondré bastante mal pensando en un rotundo fracaso en mi segunda parte… ¿qué se le va a hacer?, yo soy así, lamentablemente : ( Claro que te lo haré saber en cuanto logre publicar mi primera novela, y ten por seguro de que las dedicatiras estarán dirigidas a todos ustedes… ¡pero no cambies de email! Mmm, no sé cómo tomará James esa noticia, pero creo que no le gustará para nada… : )

Mi querida León Dorado: Sé que la interpretación de los personajes es uno de mis puntos fuertes, pero creo que aún me falta en la redacción ) Ten por seguro que te darás perfecta cuenta de cuál será mi novela si alguna vez logro publicarla, pues me encanta escribir novelas de época : ) Mi mamá la está pasando muy bien en sus cortas vacaciones en Chile, pues por fin ha conocido el mar, los lobos marinos, las gaviotas, etc. ¡Estoy tan contenta por ella! : D ¡Espero que vos vuelvas también al mar! Ahora es el pobre Norry el que está seriamente comprometido… ¿logrará escapar de sus propios soldados? Como verás, Elena ha tomado una de las deciciones más terribles de este fic, ¿los piratas atraparán al doc y a Alwine? Elena se encontrará con madame Foubert y te juro que de entrada van a estar luchando por la atención de nuestro doc. Jack y su tripulación llegaron un poco a destiempo, ¿pero qué pasará con Norry?

Mi querida Pisom(mejor hikiko) je: "Solamente quiero llevarme un beso tuyo al averno para poder soportar todo lo que allí me espera" : ) ¡a cuántas de ustedes les gustó esa frase memorable! (admito que a mí también me gusta, je). Bienvenida seas, amiga : ) Lamentablemente el trabajo es muy duro, pero si una quiere crecer e independizarse, no queda de otra, ¿no? Me alegra mucho saber que aunque no me dejabas reviews, estabas leyendo mi historia, así que no volveré a quejarme de las ausencias, te lo prometo : ) Perdé cuidado que Jacky y James siempre estarán amparado bajo mis protectoras alas (aunque a veces no se note, je).

Mi querida Hikari Kimura: Desgarrante el llanto de Norry, ¿no? Y con lo que he hecho ahora con él roza la perversión, ¿no? Sí, ya sé que soy muy mala con él, pero pronto verás el porqué, je je je D Así que creo que tendré que preparame para tu mordizco : ) ¡Justo ahora cuando Jacky admite ante todos su amor a Norry, la separan de él? ¿Y por cuánto tiempo será? Quién sabe… ¡Gracias por decir lo que dices! ¡La verdad me encantaría que la Disney me diera permiso para publicar historias sobre Piratas del Caribe, pero creo que es bastante difícil (por no decir, imposible, je). ¡Que tengas mucha suerte en tu viaje a Londres! ¡Cuéntamelo todo a tu regreso! Este capi quise publicarlo antes de que te fueras, espero haberlo logrado : )

Mi querida Flint, el bicho depredador: ¡Pero, mujer! ¡Yo también me refería a cada animalito vivo existente sobre la Tierra que no tiene la culpa de estar debajo de unos zopencos como nosotros! (Y no te digo esto solamente porque tubieras una navaja suiza en las manos, ¿eh?) : ) No, ningún hombre la ha tratado con amabilidad y justo cuando aparece uno, lo traiciona : ( ¡El doc es todo un conquistador!"Solamente quiero llevarme un beso tuyo al averno para poder soportar todo lo que allí me espera."me honras de sobremanera al ponerlo en tu messenger, ¡muchas gracias! Bueno, gracias a tu opinión, expliqué que Norry estaba ya prevendio por si Jacky intentaba hacerla alguna de las suyas en cuanto fue a verla en el calabozo, ¡gracias! ¡Se me había pasado el pequeño gran detalle! (autora descuidada) : ) Norry segirá sufriendo pero por lo menos trabajó en equipo con Jacky y un poco con Jack. ¡Pero sí que estubo difícil! ¿no?

Mi querida Ariadna: ¡Bienvenida a mi fic! : ) Bueno, ya viste que por fin Norry se animó y salió en defensa caballerosamente de su querida Jacky, ¡pero con resultados desastrozos! : ( No te preocupes, que el susodicho pirata que tratará de seducir a Jacky aparecerá muy pronto, je, lo vengo anunciando desde hace tiempo : ) Será divertido ver cómo reacciona Norry, jeh )

Mi querido D4rK Sid3: decime "Gaby", jeh : ) Espero que te haya gustado la pequeña descripción de la pelea entre nuestros fugitivos contra los soldados : ) Como habrás leído, justo cuando Jacky al fin se decide en expresar sus sentimientos hacia Norry, se ve obligada a separarse de él… ¡Oh, cruel destino que mandáste a esta perversa escritora para poner a nuestros amantes en grandes dificultades! Ja D broma… Muy bueno lo que dijo el gobernador, ¿no? De Argentina.

Mi querida Isa.Leonhart: Pobre Norry, ¿no? ¡pero ahora va a estar metido en un lío peor! ¡Y Jacky que a último momento se decide al fin de que lo ama! ¡Pero qué mala suerte! Como habrás leído, Jack se las arregló muy bien con su tripulación y lograron llevarse a Jacky. No, no es difícil enamorarse del doc, te lo aseguro, es un rompecorazones típico… ¡pero Elena lo ha traicionado! : ( Me gustaría regalarte un doc más joven si pudiera, jeh : ) ¡Muy pronto comenzará de redacción de mi parte del Cofre de la Muerte!

Mi querida Aokimari: Llegarás, lo sé, y te sorprenderás… ¡suerte con los exámenes! Pobrecillo, no sabes lo que le espera a Norry más adelante, snif… : ( Soy muy malbada… ¡El encuentro fue más que cómico! : )

Bueno, ¿las pelis que ví durante esta semana? Pues… "Lolita", "Devosión", "Godeneye", "El Último Testigo", "Persuación", "Peeper Creepers 2", etc. Mi mamá no ha regresadode su viaje y yo ya la estoy extrañando a horrores… ¡Buaaahhh!! ¡Regresa pronto, mamitaaaa!! : (

Gracias por leer!

Los quiero mucho a todos!

Sayounara Bye Bye!

Gabriella Yu