Hooooooooooooola! Lamento la tardanza pero es que me fui el finde a la playita! :3 fue un relax de mi trabajo xd

Este cap es bastante cortito! Y por eso las recompensaré con otro cap mas tarde ;)

Ahora Guest: Claro que no tenía la culpa! Pero bueno a veces un poco de alcohol en nuestro cuerpo nos hace actuar de formas en que no nos imaginamos y anda que decir todas esas cosas! Y ahra podrás leer la post borrachera! Besitos y gracias por dejar review!

CamilleStark:En cabezonería nadie le gana! Pero de una u otra forma debe darse cuenta de que no puede seguir siendo tan testaruda ;) Calma, calma que estar histérica puede hacerte mal :) Espero disfrutas esta mini conti! Pero calma que más tardecito subo otra ;) Besitos y gracias por dejar review!

Gracias por detenerse a leer y a los que dejan review muchísimas gracias por todos ellos :) Me hacen inmensamente feliz y es por uds. que actualizo tan seguido.

Muchísimas gracias a: Guest, HojaDePapel, StarlightBlue26 y CamilleStark

A disfrutar!

Disclaimer: Los personajes pertenecen a J.K. Rowling. La historia original es de Megan Maxwell.


Cuando Hermione despertó a la mañana siguiente todo le daba vueltas. Fue a levantarse de la cama para ver a su hijo, pero el estómago le dio tal vuelco que en su lugar lo primero que vio fue el retrete.

—Vaya..., si se ha despertado la señorita Winehouse Corleone —se mofó Luna, apoyada en la puerta del baño con un café en las manos.

Mirándola con los ojos vidriosos por cómo se encontraba, se sentó en el suelo.

—Luna..., no estoy para bromas. ¿Dónde está Scorp?

—Con Minerva. Comidito y cambiadito, ha salido con ella a dar un paseíto.

—¿Qué hora es?

—Las cuatro y media de la tarde.

—¡¿Cómo?!

—Lo que oyes.

La rubia, con expresión burlona, dio un trago al café que tenía en las manos y se sentó con la intención de hablar cuando su amiga se le adelantó:

—No me lo digas... No me digas qué hice ayer.

—¡Oh, sí!, claro que te lo voy a decir. —Y entregándole el café para que bebiera, añadió—: Además de beberte lo no escrito y cantar como mi amada Winehouse, conseguiste que Oliver se pirara con el huracán Katrina y que le partieran la cara a Draco, Theo, Neville y George, y ya, cuando no esperábamos nada más, los tipos del local debieron de salir y le destrozaron el coche a Draco. Se lo han dejado para el desguace. ¿Te parece poco?

—¿Cómo?

—Lo que oyes. Menuda tajada te pillaste ayer.

—No me lo puedo creerrrrrrrrrr.

—Pues sí, hija mía, sí. Créelo. Y por cierto, tienes más peligro con un micrófono en las manos cuando estás borracha que el mismísimo Stevie Wonder pilotando un F-16. —Y riéndose, murmuró—: Corleone..., lo que te perdiste y la que liaste con tus palabritas. ¡Fue la leche!

—Pero ¿qué paso? —preguntó, a cada instante más alucinada y sin entender nada.

—De todo.

—Yo..., yo sólo recuerdo que... ¡Morgana mía!, ¿están todos bien?

—Sí, no te preocupes —asintió Luna—. Los moratones des...

—¡¿Moratones?! —gritó Hermione.

—Sí, hija, sí..., moratones, dolor de costillas, mandíbulas doloridas y, en el caso de Draco, se puede incluir un ojo a la funerala y un labio partido. Pobrecillo, no nos percatamos de la mala bestia que se le acercaba y le arreó con todas sus ganas.

—¡Aisss, Merlín! —gimió, tapándose la cara.

—Pero vamos a ver, ¿cómo se te ocurre decir lo que dijiste en el escenario? Pero tú...

—Luna..., no sé lo que dije ni lo que pasó. Es como si me hubieran reseteado el cerebro, y sólo recuerdo llegar al local y..., y... Pero ¿qué dije?

Cuando su amiga le reprodujo palabra por palabra las burradas que había dicho y cómo el gentío había reaccionado contra Draco, Hermione no estaba blanca..., era traslúcida y se quería morir. Luna, consciente del susto que veía en sus ojos, añadió:

—Pero, tranquila, todos estamos vivos. Aunque a Draco, si no lo llegan a sacar de allí los seguratas del local, no sé qué le habría pasado.

—¡Aisss, Merlínnnnnnnnnnn!

—Exacto. ¡Aisss, Merlínnnnnnnnnnnn! —repitió Luna.

—Tengo que llamarlos a todos y pedirles disculpas —dijo gimiendo, horrorizada—. Y a Draco el primero.

—No, eso no, cielo. A Draco es mejor que no lo llames. Llama a todos, pero precisamente a Draco no.

—¿Por qué?

Luna, dejando de sonreír, suspiró.

—Mira, Mione, es mejor que dejes pasar un poco el tiempo. Deja que respire y se olvide de lo que ha ocurrido. Es lo mejor, créeme.

—¿Por qué a él no? —exigió de nuevo.

—¿Sin paños fríos?

—Sí..., clara y concisa —pidió Hermione.

—Muy bien. Allá voy —se animó la rubia—. Anoche, mientras tú te reías como una posesa de Draco y seguías echando por esa boquita tuya cientos de perlas y reproches, él se fue calentando, y cuando llegamos a casa me dijo que te dijera que esto se había acabado, que se daba por vencido y que, por favor, no lo llamaras porque él no te iba a llamar a ti, y...

—Pero necesito pedirle disculpas.

—Repito —insistió la rubia—: él no quiere hablar contigo.

—Me da igual lo que él quiera. Lo voy a llamar.

—No debería darte igual, maldita cabezona. Deberías entender el cabreo que tiene y dejar que se airee un poco porque, como lo llames, la vas a volver a liar.

—Pero, Luna, ¿cómo no lo voy a llamar para disculparme? ¿Estamos locos, o qué?

—Mione, escúchame, por favor —dijo Luna, intentando convencerla—: anoche vi algo en sus ojos y en su manera de mirarte que me hizo entender que estaba muy enfadado y que necesitaba desconectar un poquito de todo.

Pero Hermione, desobedeciendo lo que su amiga le decía, se levantó del suelo, fue hasta su habitación y marcó el número de teléfono de Draco. Dos segundos después, su cuerpo se contrajo cuando le oyó decir:

—Avisé de que no quería hablar contigo.

—Lo sé. Luna me lo ha dicho, pero... Draco, lo siento. ¿Estás bien? De verdad que...

—¡No, Hermione, no lo sientas y escúchame tú a mí de una maldita vez porque estoy saturado! —gritó, encolerizado—. Se acabó todo lo concerniente a ti y a mí. Y lo sentiré toda mi vida por Scorp porque le quiero, pero esto ¡se acabó! En el tiempo que nos conocemos, me has humillado, mentido, envenenado, abierto la cabeza, utilizado como a un imbécil, y ya lo último es que me muelan a golpes y me destrocen el coche. ¿Y todo por qué? Por no haberme enamorado de ti en el mismo instante en el que tú supuestamente te fijaste en mí. ¡Joder, Hermione! Acepta que no todos vamos a tu ritmo. Acepta que a veces las personas se merecen segundas oportunidades, incluso terceras o sextas, y cuando aceptes eso, quizá te puedas mirar al espejo y pienses que te equivocaste conmigo y seguramente con mucha gente más.

—Pero, Draco, escucha. Yo...

La comunicación se cortó, y Hermione, descolocada, cerró los ojos. A partir de aquel día él desapareció de su vida.