Todos sabemos que Harry Potter no me pertenece, si así fuera, no estaría escribiendo en español



Eeerm... lamento no haber actualizado desde hace... mucho???? eeeh Happy Halloween?? XD eh aquí el nuevo capi y reparo mi falta con un capi super largo!!!!! =D


-- ¡A Harry no, a Harry no!

-- ¡Hazte a un lado muchacha!

-- ¡Harry!

Harry abrió los ojos, sentía que le dolía la cabeza y una gran desesperación lo invadió. Estaba acostado boca arriba en el piso del aula de historia de la magia y su tío Remus le tendía un trozo de chocolate con una sonrisa tranquila. Remus le ayudó a sentarse y lo instó a que se comiera el chocolate.

--Perdón…

--Está bien Harry, fue la primera vez… ¿qué ocurre? --preguntó Lupin al notar la mirada de Harry, el chico negó con la cabeza e intentó ponerse de pie ayudándose de la mano que le tendía el profesor, sin embargo, Remus fue a sentarse al escritorio junto a la caja en la que había vuelto a encerrar al boggart.

-- ¿Podemos continuar?

Remus negó lentamente, suspiró y habló con el mayor tacto que pudo, al menos no era tan imprudente como Sirius.

--No seguiremos hasta que me digas lo que pasó

--Nada, solo… dijiste que era normal, que estaba bien --se apresuró a responder Harry

--Sí pero ese recuerdo no pareció ser lo suficientemente feliz, pensé que tendrías mucho de donde escoger y… quizá deberíamos detenernos hasta que te recuperes de lo de Christ…

-- ¡No, no! A Christ le habría molestado, además si vuelven a aparecer dementores en el partido… por favor tío…

Remus asintió derrotado y Harry volvió a blandir con fuerza su varita. Ahora apartó los pensamientos oscuros sobre la muerte de su amigo o cualquier otra cosa, no quería pensar en lo que ocurriría en cuanto se abriera esa caja. Escuchó a Remus gritarle que abriría y él gritó el hechizo pero pronto cayó contra la fría piedra…

-- ¡Es él Lily, toma a Harry y vete, es él!

Harry sentía los golpecitos que le daba el profesor en las mejillas y lo escuchaba hablarle también, incluso tenía los ojos abiertos pero no reaccionaba completamente, escuchaba una y otra vez esa otra voz.

-- ¡Harry!... Ay, Sirius va a matarme, Harry, vamos despierta…

--Escuché a mi padre… --murmuró Harry parpadeando

-- ¿A Sirius? --preguntó Lupin mirando rápidamente hacia la puerta algo temeroso y por poco deja caer la cabeza de Harry

--No… a…

--James --afirmó ayudándolo a sentar, Harry asintió

-- Se enfrentó a Voldemort para que mamá me sacara de ahí… para protegernos a ambos

--Si quieres continuar después…

--No, no, no, estoy bien solo que fue raro…

Harry volvió a ponerse de pie, comió una rana de chocolate y lo volvió a intentar. Ésta vez fue mejor, al menos logró hacer que su varita escupiera algo de humo plateado y mantuviera a raya al boggart-dementor. Cuando Remus sonriente alejó al boggart, lo felicitó efusivamente. Sonriendo, Remus le ordenó a Harry que fuera a dormir un poco al verlo tan cansado y cuando el chico salió del aula, él pensativo se recargó contra el escritorio. Seguía admirándose por lo que había logrado Sirius. Harry era un chico de 13 años tan normal como cualquier adolescente hijo de un merodeador, incluso, mucho más obediente de lo que había imaginado, siendo el chico hijo de James y criado por Sirius, aunque Helen hubiera hecho gran parte en su educación. No había que olvidar que prácticamente lo más importante, los primeros 6 años de Harry, había sido la influencia de Sirius la que lo había moldeado, Helen no habría tenido mucho que hacer en realidad de no haber obtenido lo que Harry era a esa edad, muy travieso, era cierto, pero un gran niño.

Harry llegó a la torre común y subió directo a su cama donde apenas recordó cerrar las cortinas, estaba agotado pero al menos había logrado algo. Después de todo ese trabajo, intentó dormir pero el recordar una de sus clases de adivinación, no le ayudó en mucho… y menos aún si recordaba lo que había escuchado en otra de sus excursiones ilegales a Hogsmade. No había podido aclarar lo primero con su padre y ahora esto… él dudaba mucho que Sirius hubiera estado del lado de Voldemort, su papá era de los buenos. Además, nunca jamás habría traicionado a sus amigos. Pero… por los rincones mientras creían que no escuchaba, los chicos murmuraban a sus espaldas que Pettigrew y Black habían sido amigos, que Black era el culpable de todo y que había incriminado a Pettigrew para quedarse con la fortuna de los Potter. Hasta ahora no le habían dicho algo sobre que le hubieran dejado tremenda herencia y apenas sabía lo que era Gringotts, nunca había estado ahí.

Se sentó al ver que no podría dormirse, no sabía qué era mejor, si ya no llorar por la muerte de su amigo o haber suplantado eso por todo lo que pasaba con su padre y sus cartas extrañas, era como si supiera que estaba yendo a hurtadillas a Hogsmade. Bajó a la sala común donde la cosa no mejoró mucho. Wood estaba frente a un montón de pergaminos regados por los sillones, se paseaba frente a ellos y parecía hablar solo. Harry intentó regresar pero su capitán lo miró cuando se giraba.

-- ¡Harry! ¿tienes escoba? Ya compraste una…

--No

-- ¡Pero qué esperas!

--No he tenido tiempo de ver el catálogo, lo siento… creo que voy a… --señaló las escaleras intentando escabullirse del sermón que seguro le vendría

--Sí, sí, sube pero a ver el catálogo, quiero que tengas una escoba lo antes posible Potter

--Black…

--Sí, sí lo siento, pero tienes que conseguir esa escoba

--Sí, iré a ver eso ahora mismo --mintió y subió a la carrera, se había escapado por poco.

Se tiró en su cama y cuando cerraba las cortinas recordó lo que había pasado en el funeral de su amigo. Su padre no le había contestado cuando le preguntó por qué se había detenido y no le había partido todo al padre de Christ, si su madre no lo hubiera detenido, él mismo lo habría hecho o intentado al menos, contando con que el hombre ese era tan alto como su padre pero varias veces más ancho sin contar con que era cinta negra en no recordaba cuantas artes marciales. Pero sí sabía que a su padre no le habría importado en lo más mínimo. Ya le preguntaría por qué se había detenido de golpe, balbuceado algo y después los había sacado de ahí, tenía que obtener una respuesta.

Una semana después, Slytherin ganó en el partido contra Ravenclaw, aunque por poco. Esa era una noticia más alentadora. Los días pasaban tan rápidos que apenas podían con las montañas de deberes que les dejaban los profesores, ni siquiera con alguien de la familia Harry tenía descanso y es que con DCAO había aún más trabajo, entre Lupin y Snape se los estaban acabando. Ron y Harry no lograban entender como era que Hermione podía con tanto, el pelirrojo estaba demasiado suspicaz con las clases de su amiga pues ésta tenía demasiadas y lo peor de todo era que muchas de ellas eran a la misma hora que otras. Harry no le hacía mucho caso, estaba demasiado atrasado como para ponerle atención al horario imposible de Hermione.

Febrero llegó demasiado pronto con un frío casi glaciar. El próximo partido de los leones se acercaba y Harry había empezado a evadir a Wood porque cada vez que se lo encontraba en alguna parte, le soltaba tremendo sermón sobre la escoba, misma, que Harry seguía sin pedir. Simplemente entre los deberes monstruosos que les daban y las clases antidementores, no tenía suficiente tiempo.

--Lo estás haciendo perfecto Harry --le dijo tío Remus una tarde --tienes 13 años y solo un mes de práctica, incluso para magos maduros este encantamiento es difícil por no decir que imposible

-- ¡Pero solo es una nube que flota! --exclamó molesto consigo mismo

--Suficiente para que te defiendas en el próximo partido Harry, ya aprenderás a hacer uno corpóreo cuando tengas más experiencia --Harry bufó --anda ven, te has ganado una bebida. Es algo de Hogsmade, de las tres escobas --dijo sacando un par de botellas de su maletín --dudo que lo hayas probado antes, Sirius vive bastante muggle como para…

-- ¡Cerveza de mantequilla! --exclamó Harry interrumpiéndolo -- ¡sí, me encanta! --Remus alzó una ceja y sus ojos brillaron --bueno… Ron y Hermione trajeron algunas --mintió rápidamente, si decía que su padre se la había dado, Remus era capaz de preguntarle y lo descubrirían, no quería ni pensar en el sermón que le echaría su padre y menos aún en el castigo que le impondría Helen.

--Entiendo --murmuró Lupin algo perspicaz --entonces, ¡por la victoria de griffindor! --dijo levantando la botella, Harry se apresuró a tomar la suya y tocarla con la que Remus mantenía arriba --aunque mi neutralidad como profesor me haga no tener preferencias --Harry sonrió.

Bebieron entre algunas preguntas que le rondaban a Harry la cabeza y obtuvo respuestas no muy agradables, como lo que había debajo de la túnica del dementor y la explicación del "beso del dementor" que a pesar de que Remus intentó hacerla amena, fue bastante escalofriante. Cuando Harry estaba por terminar su cerveza de mantequilla, la puerta del aula se abrió de golpe y Sirius Black con una túnica rota, sucia y demasiado vieja, apareció sonriente.

-- ¿Qué tal las clases? -- Harry estuvo a punto de preguntar si le había quitado una túnica a Remus pero eso habría sido demasiado grosero, sin embargo, el comentario de Lupin lo hizo mirarlo boquiabierto.

--Vaya Black, has decaído bastante --murmuró Remus con voz analítica -- ¿me has robado una túnica?

--Me miré en la necesidad, Helen no quiere lavarme nada --rió Sirius con las manos escondidas a su espalda -- ¿qué, y tú no vas a saludar a tu padre? --agregó mirando a Harry, el chico siguió bebiendo con tranquilidad --no puedes seguir enojado porque no te dejé ir a Hogsmade --Harry se alzó de hombros -- ¿no vas a perdonarme?

--Firma el permiso

--El próximo año lo pensaré

Los dientes de Harry rechinaron.

--Gracias por la bebida tío, debo irme --bajó de un brinco de la silla y dejó la botella sobre el escritorio, Remus asintió, miraba interesado.

-- ¿Ni siquiera si te doy esto? --preguntó Sirius sacando un enorme paquete que de alguna forma había mantenido oculto tras él.

La curiosidad pudo más con Harry que la molestia que debía sentir y que solo fingía para que no sospecharan que se escabullía al pueblo sin permiso, por lo que tomó el paquete que le daba su padre y apresurado rasgó el papel. Sus ojos se abrieron a juego con la boca al ver una reluciente escoba, la acarició con devoción y miró el nombre tallado en el mango.

--Saeta de fuego --dijo en un hilo de voz. Había leído algo sobre esa escoba, estaba seguro y por lo que podía recordar, era magnifica. -- ¡wow!

-- ¿Merezco que me hables?

Harry levantó la mirada de la reluciente escoba y le sonrió a su padre.

--Me lo pensaré, ¡gracias papá! Ya podré quitarme de encima a Wood… buenas noches --abrazó a su padre, no pudo escaparse del beso que Sirius le plantó en la mejilla y corrió fuera del aula. En cuanto la puerta se cerró, las sonrisas de los adultos desaparecieron, Sirius acercó una silla y soltando un suspiro se dejó caer, Remus apartó la silla del escritorio y la puso enfrente de Sirius, lentamente se sentó.

--Estuve hablando con Harry, me dijo que su amigo Ron no hacía mucho había encontrado una rata --susurró Remus, Sirius lo miró con atención

-- No creo que sea tan valiente…

Harry llegó a la torre común y en cuanto entró, una increíble multitud lo rodeó sorprendida por la nueva escoba. Wood casi bailó de felicidad al mirarla.

Para estrenar y que Harry pudiera adaptarse bien a la escoba, según el capitán del equipo. No tardó mucho en programar los entrenamientos que esta vez parecían más duros y el partido contra Ravenclaw llegó mucho mejor que el que habían jugado contra Hufflepuff. No hubo mucho que Cho Chang, la buscadora del Ravenclaw, pudiera hacer contra Harry y los leones ganaron sin remedio. En la noche durante el festejo, Ron y Harry hacían planes para la salida que estaba programada para el domingo. Y aunque Harry había perdonado a su padre desde que los gemelos le dieran el mapa del merodeador, le parecía que era demasiado terco al no firmarle el permiso, incluso, aquel domingo por la mañana mientras recorría el pasaje hasta Honeydukes pensó en si lo atraparían si se le ocurría falsificar la firma, podría decirle a la profesora McGonagall que su padre había cambiado de opinión… "si claro, como si no fuera a preguntarle" se dijo tan solo unos segundos después de haberse hecho la pregunta. Pero en cuanto encontró a sus amigos, olvidó todo en lo que debería estar pensando.

Tratando de ignorar el sermón susurrado de Hermione, empezaron a recorrer todo el lugar. Harry miraba maravillado todo lo que estaba a su alcance. Zonko, le pareció el mejor lugar del mundo. Le pasó a Ron por debajo de la capa algunas monedas y salieron de la tienda deseando regresar a casa para darle a Lyra la taza que mordía la nariz.

Cuando por fin Hermione había convencido a Harry de que ya se había arriesgado lo suficiente y debía volver al castillo, se toparon con Draco y su pandilla que se burlaban de la suerte que le esperaba al hipogrifo de Hagrid. En cuanto el rubio dijo que se quedaría con la cabeza del hipogrifo, una enorme bola de lodo se impactó en el cabello de Draco que se giró furioso, Ron y Hermione fingieron hablar tranquilamente, por fortuna estaban bastante lejos del lodo pero eso no evitó que Malfoy intentara cobrárselas, sin embargo, mas barro le llovió. Al intentar cubrirse detrás de Crabbe y Goyle y estos a su vez intentar cubrirse del lodo que los bañaba, tropezaron unos con otros, Goyle fue dando traspiés y su enorme pie se detuvo justo sobre la capa de Harry que al moverse, la capa bajó dejándole descubierta la cabeza. Draco lo miró por eternos segundos hasta que se giró y aterrado se alejó corriendo.

Ron, Hermione y Harry se miraron, éste último regresó a Honeydukes y más rápido de lo que pensó volvió a cerrar la joroba de la bruja tuerta, justo cuando Snape daba la vuelta en la esquina.

--Potter --siseó el profesor con un extraño aire de triunfo

--Black --lo corrigió Harry automáticamente, se pasó despreocupadamente el brazo por la frente para secarse el sudor y al verse la mano llena de lodo se apresuró a esconder ambas manos en el interior de su túnica. Snape hizo una mueca al llegar hasta él.

--Sígueme

Harry obedeció maldiciéndose por no haber usado la varita para arrojar el lodo e intentó limpiarse las manos dentro de la túnica sin que el profesor se diera cuenta. Llegaron rápido al despacho de Snape, Harry intentó no mirar alrededor, el lugar era tétrico… como el dueño. Se sentó rápidamente en cuanto se lo mandaron. Entonces Severus Snape comenzó un tranquilo relato mientras se paseaba alrededor de Harry. El chico le ponía atención y se esforzaba por sorprenderse y no sonreír.

-- ¿Mi cabeza? --repitió Harry intentando sonar incrédulo

--Sí, ¿qué haría tu cabeza en Hogsmade?

--Malfoy parece tener aluci…

-- ¡Malfoy no tiene alucinaciones! --gruñó Snape --voltea tus bolsillos Potter

--Black, soy Black --Snape sonrió ante la aclaración de Harry

-- Veo que no te gusta ser Potter, claro, nadie querría ser como…

-- ¡Estoy orgulloso de ser Potter! --lo interrumpió Harry con un grito --pero para todos soy Black, Harry Black o al menos que no sepa leer… --siseó y en cuanto cerró la boca supo que había hablado de más, sin embargo, Snape dibujó una débil sonrisa

-- ¡Tus bolsillos! --repitió, Harry no se movió -- ¿prefieres ir directamente con el director? --Harry sacó la bolsa de Zonko y el mapa y los dejó sobre el escritorio, intentó esconder rápidamente las manos pero Snape ya las había visto. -- ¿qué es esto? --preguntó tomando el mapa

--Un trozo de pergamino que me sobró --contestó sencillamente, Snape sonrió de nuevo. A Harry empezaba a darle miedo.

--No te molestará que lo tire entonces o mejor… que lo queme

-- ¡No! --exclamó Harry sin poder contenerse

Snape lo miró penetrantemente durante varios segundos antes de intentar hacer que el pergamino mostrase lo que ocultaba, mas sin embargo solo consiguió que lo insultara. Gruñendo para sus adentros y con los dientes rechinando, Snape fue hacia su chimenea y Harry se temió lo peor, se preparó para saltarle encima si se le ocurría tirar el mapa. Pero Snape arrojó algo fuego que se volvió verde y llamó a gritos a Remus… Harry tragó saliva, como su tío Remus fuera el mismo Moony del mapa, sabría lo que es, vería la bolsa de Zonko sobre el escritorio, ataría cabos y… estaría muerto porque su padre se enteraría, auque, podría rogar y prometer no volver a desobedecer si no le decía nada. Sintió el alma en los pies al ver salir de la chimenea a Remus, pero estaba acompañado… definitivamente, era hombre muerto, lástima que no llegaría a los 14 años, Sirius Black igual de sucio que la última vez, apareció junto a Lupin. La sonrisa que Sirius le dedicó era increíble, como si se alegrara de que lo hubieran atrapado. Harry se preguntó que tanto se molestaría su padre en cuanto se enterara y estuvo seguro de que no quería saber la respuesta.

Harry tuvo un mal presentimiento cuando Snape no recibió a su padre con algún comentario ácido y éste creció al ver como la sonrisa de Sirius Black desaparecía en cuanto el profesor de pociones empezaba a contar todo. Los ojos plateados de Sirius se posaron rápidamente en la bolsa de la tienda de bromas y poco después en las esmeraldas de Harry quien se esforzó por no parpadear… cuando Snape aseguraba que el mapa lo había obtenido de los autores, la puerta se abrió y Ron apareció respirando agitado, Hermione muy despeinada estaba tras él.

--Yo… le di… eso a Harry… hace mucho --balbuceó el pelirrojo --lo compré en Zonko hace mucho

-- ¿Ves Severus? Es de broma o acaso conoces a alguna de esas personas Harry? --preguntó nuevamente Remus mirando al chico, éste negó rápido. Estaba seguro de que lo encubría para que su padre lo matara lentamente. Ron y Hermione miraron con miedo a Sirius que estaba extrañamente serio. --chicos, tengo que decirles algo sobre el trabajo de los vampiros, andando --dijo guardándose el mapa en la túnica y dando media vuelta.

Harry se pensó seriamente el quedarse ahí y enfrentarse a cualquier clase de furia que pudiera tener Snape, no sentía muchas ganas de seguir a Lupin, pero su padre no lo dejó escoger porque lo tomó del brazo y lo guió hasta afuera. En el pasillo, Remus muy serio los esperaba.

--Papá yo…

--Aquí no --masculló Sirius dejándolo frente a Remus

--Regresen a su sala común --dijo Remus mirando a Ron y Hermione, ellos miraron a Harry que parecía encogerse junto a su padre.

Mientras sus amigos regresaban a la torre de griffindor, Harry seguía a Sirius. El chico casi podía escuchar como rechinaban los dientes de su padre. Al llegar al despacho del profesor de defensa, Remus titubeó en la puerta, bien conocedor del genio de su amigo.

--Entra Moony --balbuceó Sirius abriendo la puerta, Harry miró a su tío.

-- ¿Seguro Padfoot? --preguntó Remus. Harry se dio por muerto.

No se llamaban así en público, muy pocas veces los había escuchado en su casa. Estaba seguro de que sabían lo que era el trozo de pergamino y si así era… lo más seguro sería que no podría sentarse en meses. Se quedó en medio del aula mientras Lupin se recargaba contra su escritorio. Harry brincó cuando la puerta se cerró detrás de él.

--Da la casualidad… --murmuró Sirius acercándose, Harry tragó saliva --...que sé que este mapa fue confiscado por Filch hace mucho tiempo.

--Sí, sabemos que es un mapa --dijo Remus ante la mirada sorprendida de Harry

--Te he dicho durante todo el año que estás en peligro, que hay un loco asesino detrás de ti… ¿crees que no firmé tu permiso porque no quería que fueras al pueblo?, que era un capricho mío ¿Harry? ¿Qué no quería que te divirtieras? --Harry bajó la mirada, pero volvió a ver a su padre al escucharlo gruñir -- ¡James y Lily murieron para protegerte, les estás pagando demasiado mal! Creí que el escucharlos cuando los dementores se te acercaban te habría hecho pensar un…

--Sirius… --murmuró en advertencia Remus, Sirius respiró hondo

Harry se sintió peor aún, ahora sabía que debía haber escuchado a Hermione

-- ¿Dónde está tu capa Harry?

--Mi… ¿qué capa?

--La de invisibilidad

-- ¿Para qué la quieres?

--Me la vas a dar

-- ¡Pero es mía!

--Y no lo niego pero no quiero que vuelvas a arriesgarte, así que.... ¿dónde está esa capa?

--En… --si le decía que la había dejado en el pasadizo detrás de la joroba de la bruja tuerta… ¿qué haría su padre? --mi baúl en mi habitación --tampoco iba a arriesgarse

--Ve por ella

--No

-- ¡No estás en posición de decirme nada Harry!, ¡ve ahora mismo por esa capa!

-- ¡Papá! --reclamó Harry dando una patada al piso, Sirius siguió mirándolo igual, Remus observaba con atención de Sirius a Harry y de éste a su amigo

-- ¡Quiero esa capa ahora!

Harry abrió la boca para reclamar pero la volvió a cerrar y molesto dio media vuelta. En cuanto el chico salió del aula, Sirius soltó el aire que había estado reteniendo y se giró hacia Remus.

--Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas --recitó tocando con la punta de su varita el pergamino que estaba sobre el escritorio --Moony, Wormtail, Padfoot y Prongs… --susurró acariciando las relucientes y floreadas letras verdes, suspiró --tendrás que vigilarlo Remus --dijo mirando a Harry que entraba al pasadizo de la bruja

--Lo sé… ¿crees que deberíamos…? --Remus empezó a desdoblar el pergamino

--Después, Harry viene… travesura realizada --las letras desaparecieron en cuanto la puerta se abrió

--Papá la capa podría servirme para…

--...volver a irte a Hogsmade o pasear por la noche en los pasillos cuando un maldito asesino anda detrás de ti

-- ¡No!

--Harry por favor, yo te crié…

--No podemos esperar nada diferente --susurró Remus tan bajo que Harry no estuvo seguro de que el profesor hubiera hablado, sin embargo Sirius miró a su amigo y le sonrió

--Dame la capa hijo --Harry miró detenidamente a su padre, la mirada de Sirius no dejaba lugar a refutas y menos aún la mano que tenía extendida. El chico respiró hondo y entregó la capa --te la regresaré cuando no corras peligro al romper las normas del colegio… --Remus rodó los ojos, Sirius era simplemente imposible.

A cientos de kilómetros de ese castillo, en una casa de los barrios más seguros… una bruja miraba pensativa su trabajo recién terminado.

--Quien iba a decir que me iba a quedar de ama de casa --suspiró Helen dejándose caer en una silla de la cocina, acababa de terminar de limpiar toda la casa.

Tenía semanas limpiando cada rincón, desde que Sirius se había ido a arreglar ese asunto que solo le incumbía a él (la que le esperaba al hombre por haberle dicho eso), ella se había mantenido ocupada limpiando y por supuesto, atendiendo a su hija. Que dicho está de paso, la niña apenas había dado problemas. Una niña de 6 años debía dar problemas y más si ésta era hija de Sirius Black. Estaba preocupada y Sirius nada más no se aparecía por la casa, ya estaban a mediados de mayo y no tenía más noticias que una carta cada tantos días en la que decía que estaba bien, que lo disculpara pero que era necesario. Pero uno de tantos días en que esperaba la lechuza de Harry con la carta de Sirius –la que le decía que estaba en Hogwarts buscando a Pettigrew y esperaba que lo encontrara antes de que el tipo diera con Harry- Hedwig apareció por la ventana, dejó caer la carta sobre su cabeza y fue hacia la cocina, Helen se extrañó, la lechuza nunca se quedaba por lo que se apresuró a abrir la carta. Más se sorprendió al ver que no era la letra de Sirius sino la de Harry.

El entrecejo de la mujer se fue juntando conforme avanzaba en la lectura. El niño estaba confundido y la actitud de Sirius no ayudaba en nada. Respiró hondo y fue al despacho de Sirius, tomó algo de pergamino y se sentó a escribir. ¿Cómo le iba a explicar algo que ella no entendía?, solo podía aclararle muy poco.

Después de garabatear –porque eso había hecho, ni siquiera parecían letras- un mal pretexto, lo releyó para asegurarse de que Harry se tranquilizaría y no sospecharía que le ocultan algo:

Harry, no te preocupes por tu padre que él es raro por naturaleza, mejor ocupa ese tiempo en estudiar y no meterte en problemas… repito, no te metas en problemas por una vez… hazlo por… no te diré que lo hagas por mí, solo diré que lo hagas por evitar el enorme castigo que te daré. Con cariño, mamá

Sí, con eso Harry no sospecharía, aunque conociéndolo… suspiró antes de atarle la carta a Hedwig. Cuando la lechuza planeó fuera, Helen llamó a su pequeña hija, la llevaría al parque para distraerse, ambas necesitaban distraerse un poco.

En el parque siempre se tranquilizaba al ver a su hija riendo y jugando como… sí, podía decir como una niña normal. Estaba orgullosa de ser bruja y de que su hija también pero… había ocasiones en las que deseaba no tener que preocuparse por lo que pudiera pasar, por Voldemort, sí, había veces en las que preferiría vivir en la ignorancia de lo que realmente pasaba, como los muggles que se preocupaban por problemas menores. Por asaltantes, asesinos que hacían su trabajo con pistolas, no saber de magos tenebrosos que matan personas inocentes por tonterías… bueno, eso de los asaltantes y asesinos no era bueno pero… pero sentía que era peor Voldemort que cualquier muggle del que podías protegerte con un simple chaleco, del avada kedabra no había que te protegiera.

-- ¡Lyra no te alejes! --la niña asintió sin dejar de correr a los columpios, Helen se dejó caer en una banca, suspiró mirando a su hija.

Esa noche sería luna llena, el año escolar casi terminaba y no sabía nada de Sirius. No había dormido desde hacía semanas, no podía, le preocupaba lo que Sirius pudiera hacer… era demasiado impulsivo y lo peor era que Pettigrew podía acercarse a Harry.

La noche cayó tan rápido que Helen solo se dio cuenta cuando su pequeña le jaló el brazo. Y poco después se dio cuenta de que Junio había terminado sin que ella fuera consciente. Lo peor fue una mañana cuando bajaba a preparar el desayuno y se topó con una silueta entre las sombras que maldecía en susurros. Cuando iba a lanzarle un hechizo, reconoció la voz y encendió la luz. Sirius estaba justo en el centro de la estancia, tenía la túnica rota, sangre en una pierna y los brazos arañados, no llevaba zapatos y de más está decir que tenía el cabello sucio y muy despeinado. Helen se acercó con cuidado un par de minutos después, pero se detuvo ante el susurro de Sirius, solo había dado un par de pasos.

--Escapó… el muy desgraciado escapó

--Sirius…

--Lo tenía, --continuó el hombre como si Helen no se hubiera acercado a abrazarlo por la espalda, él tenía la vista fija en un punto lejano --estaba acorralado… lo… lo iba a matar y… --una sonrisa irónica apareció cuando se giró para abrazarse a Helen --...Harry… él… no me dejó… no me dejó matar a ese miserable… lo tenía con… con…

--Ven --Helen lo empujó a un sillón y se sentó junto a él. Sirius parecía en shock y ella podía entenderlo.

Ella sabía lo que ese hombre había sufrido con la muerte de los Potter, sabía, de hecho todos podían saber lo que James y Sirius se querían, era algo más que de amigos, eran hermanos y la traición de aquel a quienes consideraban un amigo le había dolido bastante. Ella era quien podía contar las noches que Sirius dormía y en los años que tenía con él, Sirius Black no había dormido tranquilo una noche completa. Se hacía el fuerte, el divertido e inmaduro cuando era alguien responsable a quien le preocupaba mucho perder lo único que le quedaba de James y Lily. Además de que también amaba a Harry como si fuera su hijo.

--Tranquilo Sirius, todo estará bien… atraparán al maldito…

--Tú no entiendes --Sirius levantó la vista y le dedicó una mirada adolorida --lo teníamos Helen, confesó todo… los traicionó por miedo, le tenía miedo a Voldemort y por eso los entregó… ¡por miedo!

--Tranqui…

--No puedo tranquilizarme… es que… Harry lo perdonó y… no fue culpa de él --se apresuró a asegurar, Helen asintió --era luna llena, Remus se transformó, me descuidé para evitar un problema mayor y el maldito… se fue… se convirtió en lo que es, en una rastrera rata y huyó --suspiró y se agachó a tomar del piso la enorme araña rosada que se paseaba como buen perro chihuahua --me encantaría dársela a comer --suspiró acariciando al enorme artrópodo. Tenía que ir con Hagrid y preguntarle que tipo de animal era ese, porque las arañas normales que él conocía no tenían el tamaño de un chihuahua grande

--Sirius…

--Tienes razón, Dolores no tiene la culpa de nada, la pobre se indigestaría --Helen no pudo evitar sonreír, a pesar de todo, él siempre intentaba ponerle humor a todo…

-- ¿Quieres desayunar?

--Muero de hambre… ¿sabes? Remus renunció --dijo mientras se dejaba caer en una de las sillas del comedor --le dije que se viniera y qué crees que me dijo.

Helen se giró con la sartén en la mano y miró detenidamente a Sirius, se miraba cansado pero ya un poco mejor a como había llegado hacía unos minutos atrás.

-- ¿Qué no quiere ser una carga? --le sonrió y puso la sartén sobre el fuego

--No, me dijo que… --se interrumpió y señaló hacia la estancia donde la chimenea se acababa de apagar

--Buenos días --saludó Lupin dejando junto a la pared su equipaje. Helen olvidó el desayuno que empezaba a arrojar humo demasiado negro para el gusto de Sirius, y corrió hacia Remus

--Vaya, a mí no me recibiste con tanta emoción --se quejó Sirius mirando desconfiado lo que hasta donde él creía eran unos huevos en una sartén pero solo podía mirar algo negro en una sartén --oye amor…

-- ¿Qué pasa? --se limpió algunas lágrimas que sin querer había derramado, se había preocupado tanto por esos atolondrados que ahora que los miraba ahí en su casa amenazando con destruirla… se sentía feliz.

--Creo que mejor me voy a dormir un rato y… Remus debe tener mucha hambre, anda amigo ven --Sirius se apresuró a empujar a un confundido Lupin, lo sentó en la silla en la que había estado él y salió casi corriendo -- ¡ey amor mío, no me extrañaste!

Remus se extrañó aún más al escuchar el grito de Sirius, sabía que él era así con sus hijos pero… cuando su vista dio con la estufa y escuchó el gruñido de Helen, supo la razón por la que Sirius había escapado, eso de la sartén era literalmente incomestible, no sabía si existía esa palabra pero le caía muy bien a lo que debía haber sido el desayuno de Sirius.

Solo unos días después, todo volvía relativamente a la normalidad en la casa Black. Harry había regresado del colegio y su ánimo se había levantado después de cerca de 20 cartas en las que Sirius le aseguraba que no había sido su culpa que Pettigrew escapara, le explicara todo lo relacionado con los animagos y que cuando un mago le salva la vida a otro, éste queda en deuda, eso ni siquiera Pettigrew podía pasarlo por alto y Harry quería creerlo.

Harry empezó el verano como cualquier otro, durmiendo hasta tarde envuelto en la ropa de cama con sus cosas del colegio regadas por todas partes, incluso, esa noche del primer verano no soñó con Christ y tampoco las siguientes, aunque unas semanas después, le habría gustado hacerlo, esa noche despertó sobresaltado. Estaba boca arriba jadeando como si hubiera corrido una maratón, con una mano se aferraba al colchón desnudo y con la otra intentaba aplacar el fiero ardor que sentía en la cicatriz con forma de rayo que tanto lo identificaba, pocas veces le había dolido y ninguna como esa. Se quedó viendo el apenas iluminado techo, era poca la luz que se colaba por la ventana, las nubes cubrían todo rastro. Intentaba recordar lo que había soñado, era una estancia oscura y sobre una alfombra había una serpiente, un hombre bajito y regordete apodado Wormtail… Peter Pettigrew y el nombre del que le había arrebatado a sus padres, Voldemort y lo peor de todo era que habían matado a alguien aunque no recordaba el nombre. Tampoco sabía quien era el anciano que estaba con ellos, porque estaba seguro de que era muggle y que… que estaba muerto, lo había visto caer al piso. Respiró hondo y se levantó de la cama, antes de poner los pies sobre el suelo, miró a su alrededor pero no había nada que no hubiera estado ahí antes de que se acostara.

Se puso los lentes y sintiendo la fría madera en sus pies descalzos, fue hacia la ventana, sentía que lo espiaban pero el barrio estaba tranquilo, algún gato hurgando entre la basura, adolescentes a los que dejaban desvelarse –o se habían escapado- paseando por las calles, riendo, bromeando. Miró los números fluorescentes que flotaban sobre su mesita de noche, eran las tres y media de la madrugada. Regresó a su cama y se sentó, pero no duró mucho, estaba demasiado inquieto por no decir nervioso. No le molestaba en sí la cicatriz porque estaba acostumbrado al dolor por los accidentes que había tenido en el colegio, mismos por los que su padre casi se había infartado, no, no era eso sino que el que le doliera la cicatriz era señal de que Voldemort estaba cerca, bueno, las últimas veces que había pasado así había sido, pero el que Voldemort anduviera por ahí… no podía ser ¿o sí?, su padre era un gran mago y estaban protegidos, no sabía como, pero sí que lo estaban.

No podría dormir, estaba seguro. Así que con varita en mano bajó a la estancia deteniéndose cada dos o tres pasos para revisar a su alrededor. Cuando se recostó en uno de los sillones se sintió realmente estúpido, era absurdo que actuara así solo por un sueño que ya casi ni recordaba. Se quedó mirando al techo, empezó sin pensar en algo definitivo y terminó acordándose de su amigo y en que su padre les había dicho que les tenía una sorpresa para ese verano. No quería seguir llorando pero no pudo evitar que un par de lágrimas se les escaparan.

-- ¿Chocolate? --Harry dio un brinco al escuchar a su padre que dejaba una taza de chocolate frío con malvaviscos casi congelados sobre la mesa de centro.

Sirius se sentó en el sofá de enfrente, Harry se irguió lentamente y se bebió casi todo el chocolate, apartó los cubos de hielo y se comió un malvavisco. El chico sabía perfectamente lo que su padre esperaba, pero no sabía si decirle sobre la cicatriz, sobre el sueño, sobre Voldemort y la muerte del viejo muggle. Algo le decía que le dijera y otro algo, el que hablaba con voz de sobrevivencia, le decía que se callara.

-- ¿Harry?

--Estoy bien papá, solo que es raro pasar el verano sin Christ

-- ¿Seguro?

--Sí --dejó la taza sobre la mesita y se puso de pie, fingió un gran bostezo --buenas noches papá

--Descansa --susurró Sirius, presentía que Harry tenía algo más.

No solo era presentimiento, estaba seguro de ello y lo peor de todo, era algo malo, muy malo. ¿Cómo lo sabía? Porque conocía perfectamente a ese muchacho y mentía tan mal como lo hacía James cuando algo le preocupaba. Se llevó las manos al rostro y echó la cabeza hacia atrás en un intento de tranquilizarse. Se quedó ahí en esa misma posición por varias horas, tenía los ojos cerrados pero no había dormido nada cuando Helen bajó a preparar el desayuno.

--Nada --murmuró cuando escuchó que alguien se detenía junto a él, Helen suspiró, se sentó en el reposabrazos y lo abrazó --solo que algo tiene Harry y… me preocupa que no me diga

--Sirius, cariño --sonrió acariciándole la cabeza, el hombre bajó las manos y la miró a los ojos --tiene 14 años, la edad difícil ¿recuerdas?

--Se supone que debe ser difícil para él, no para mi --masculló cruzándose de brazos como niño pequeño, Helen río y fue hacia la cocina. Sí, ella sabía que esa etapa sería más difícil para Sirius que para el adolescente.

-- Sirius ¿podrías venir un momento por favor?

El animago, aún mascullando incoherencias sobre la injusticia de la madre naturaleza, atendió al llamado de su casi esposa. Helen, aparentemente concentrada con la estufa y los huevos, empezó a hablar con un tono cariñoso, demasiado cariñoso como para que fuera algo sano, según la experiencia de Sirius.

--Amor, creo que es hora

-- ¿Hora?, son las ocho y treinta, son vacaciones, déjalo que duerma hasta tarde…

--Sabes que no hablo de eso

Sí, él sabía que no se refería a eso pero tenía esperanza de desviar el tema y saltarse ese pequeño momento por el que no quería pasar.

--No, no sé de que…

--Sirius

--Bien, bien, ya sé pero es muy pronto…

--Pronto… si tiene algo tuyo en él, debe ser tarde --se giró de brazos cruzados y le dedicó una mirada molesta, que sumada a la cuchara de madera que tenía en una mano, la hizo ver peligrosa.

--Oye, tiene 14, yo empecé a los quince… no debí decir eso --le sonrió coquetamente y se dejó caer en una silla del desayunador

--No, no debiste --dijo antes de volver a la sartén.

Sirius suspiró pensando en lo que le esperaba, aunque… había dicho que era hora pero no que ahora, así que… podía tomarlo como límite el final del verano y después podría ver la forma en que lo alargaría. Por ahora, intentaría quitar la tristeza del rostro de su hijo y tenía la forma perfecta.

-- ¿Irás con nosotros? --preguntó al aire, Helen sonrió, sabía que era una buena forma de cambiar de tema, pero ella no lo dejaría así de fácil.

--No, mejor que Harry y tú convivan y a ver si le puedes sacar por qué anda así, yo saldré con Lyra, no le gusta mucho el deporte…

--...aprenderá a que le guste cuando sepa bien lo que es --la interrumpió rápidamente, siempre era discusión segura cuando abordaban el tema del quidditch y el poco gusto que le tenía la niña.

--Como digas, ve y dale la buena noticia a Harry...

-- ¡Papá, papá! --Harry bajaba corriendo las escaleras, incluso tropezó en el último escalón. Sirius sonrió al ver que sonreía e incluso se miraba entusiasmado -- ¡adivina papá!

--Buenos días

--Buenos días --balbuceó Harry ante la reprimenda de Helen, ella negó y siguió con el desayuno.

-- ¿Adivino, adivino?

--El papá de Ron consiguió boletos para la final de los mundiales de quidditch y me quiere llevar ¿verdad que puedo ir?

--No --dijo Sirius tranquilamente, la felicidad desapareció del rostro de Harry tan rápido como si hubieran bajado el switch de la luz --lo siento pero tú y yo tenemos una cita

--Pero…

--Lo siento, creo que dejé el programa justo para ese día sobre tu escritorio, sube a revisarlo

-- No, papá por favor. Podemos hacer eso después y…

--No, no puedo regresarlo ¿recuerdas que quedamos en esto desde hace mucho?, ve a arreglar todo que partimos mañana temprano y checa el programa por favor

--Sí --masculló el chico suspirando, miró una última vez a su padre antes de regresar a su habitación. Pero la expresión de Sirius hizo estragos la pequeña esperanza que tenía de chantajearlo, ese no era un real no y con lo que había pasado durante el año escolar, en especial la última parte esa de las escapadas al pueblo cuando el asesino lo seguía, ya era mucho que no lo hubieran castigado. Así que suspirando y bastante triste regresó a su cuarto. Sirius silbando apartó algunas sillas y fue a la encimera.

--Eres muy malo --dijo Helen cuando Sirius se servía una taza de café y tomaba el periódico

--Solo un poquito --rió el animago

--Harry dijo unas palabrotas bien largas --Lyra apareció brincando con Dolores en brazos

--Buenos días

--Días Moony, sabes que tendrás que ir conmigo ¿verdad?

--Te dije que no iría Sirius porque…

--Porque no me importa porque no puedes ir, sobra un boleto y no podemos desperdici…

-- ¡Papá!

--En que maratón te inscribiste --se burló Sirius al ver a Harry que jadeando se acercaba a él

--Son boletos de… de… la…

-- ¿Final de quidditch? Sí, lo son

--Eres… eres… ¡me engañaste!

-- ¿Quién es el mejor padre del mundo? --Harry lo miró con ojos entrecerrados --si no dices que yo, rompo esos boletos --el chico sonrió y lo abrazó.

Helen sonreía mientras preparaba el desayuno. Ella sabía lo que significaba para esos dos hombres todo esto. El ver a Harry feliz y bien, era lo único a lo que se había dedicado Sirius por algunos años. El hombre que creyó jamás iba a madurar sin importar la situación en la que se encontrara, era el padre más responsable que ella hubiera visto… aunque quizá también era que no había visto mucho.

Por la tarde, los Weasley pasaron por Harry pero Sirius volteó las cosas y convenció al señor Weasley de que Hermione, Ginny y Ron se quedaran. Él los llevaría antes del amanecer a la madriguera para partir juntos. En la noche, Sirius y Remus intentaban meter dentro de su bolsa, la casa de campaña mágica que acababan de comprar, Lyra había querido mirarla armada y ahora no podían regresarla ni con magia. Helen reía recostada en el sofá, estaba realmente divertida. Unos pasos apresurados y unos sollozos los interrumpieron cuando Helen insistía en doblar primero hacia adentro. Los tres adultos corrieron hacia el recibidor, Hermione bajaba las escaleras, algunas lágrimas rodaban por sus mejillas. Ron y Ginny corrían tras ella y Harry iba detrás muy molesto arrastrando a su hermanita, al llegar con sus padres prácticamente arrojó a la chiquilla.

-- ¿Qué pasa? --preguntó Sirius preocupado, Hermione ya estaba en la cocina

--Tu hija…

--Harry

--Papá, Lyra le… le dijo a Hermione sangre sucia --explicó el chico exasperado

-- ¡Lyra Deneb! --gritaron al unísono Helen y Sirius. La pequeña los miró sin comprender donde estaba su falta.

Sirius empezó con su sermón sobre las estupideces de la diferenciación de la sangre. Lyra escuchaba con atención pero su expresión denotaba que no comprendía, algo de lo que solo Remus se percató.

--Sirius, Lyra no entiende… --susurró, Sirius guardó silencio, miró a su amigo y después a Lyra -- ¿qué significa lo que le dijiste a Hermione?

--Que no es hija de magos, así se dice ¿no? --contestó justo cuando Helen regresaba abrazando a Hermione

--Claro, síguela consintiendo como siempre

--Harry por favor… Lyra…

--No se dice así?

--Hija --se arrodilló y la tomó por los hombros --esa es una expresión muy fea y ofende a las personas. Tú me dijiste que Hermione te caía muy bien

--Sí me cae bien, es simpática… yo no sabía que se iba a sentir triste si le decía así. Lo siento Hermione, perdóname por favor

--De… descuida Lyra

--Es que mi tío me… --empezó a explicar la pequeña realmente preocupada al ver los estragos que habían hecho esas simples palabras en Hermione, pero tarde se dio cuenta de que acababa de cometer un gran error. Aunque cerró la boca poco después de haber hablado, Sirius la miró con los ojos brillantes, pero no era emoción o alguna otra cosa, no, era molestia, indignación y algo que a la niña le hizo saber que estaba en un gran peligro

--Termina la frase hija --susurró Sirius poniendo una rodilla sobre el piso, quedó a la misma altura de la niña, echó una mirada fugaz a Helen y volvió a ver a su hija.

Lyra se retorcía la playera logrando que la enorme araña que bailaba claqué se pareciera bizarramente –según Harry y Ron- a Snape molesto.

--Deneb

La chiquilla dio un brinquito pero no levantó la mirada de su playera e incluso le pareció exageradamente interesante el poco de piel que quedaba entre los shorts largos y esas botas militares que por fin había obtenido a base de portarse bien por un mes. Su papá nunca le llamaba por su segundo nombre, bueno, eso porque mamá era la que la regañaba y castigaba aunque últimamente la había estado sobornando para que se portara bien y al parecer, por como la miraba papá, no obtendría la nueva jaula y el ejercitador para arañas que había visto en el folleto cuando buscaban la escoba para su hermano y que aún guardaba en su caja de tesoros.

--Es que… mi… mi

--Tu tío… --le ayudó Helen -- ¿qué tío Lyra? --aunque ella tenía muy buena idea de qué tío era, con solo esa expresión, sabía quien se la había enseñado

-- ¡Como si no supieras que tío Helen!, ¡no tiene ningún otro y dudo mucho que Remus haya sido! ¿qué te dijo ese desgraciado?

--Qué… qué los hijos de los que no son mago…

--Mírame Deneb --la niña levantó rápido la cabeza y se topó con un par de ojos iguales a los de ella, pero esos no tenían miedo, estaban molestos.

--Lyra --Sirius puso la otra rodilla y acercó a la niña más a él --cariño, eso es algo tonto, no tiene nada de verdad. Los hijos de muggles son muy buenos magos, no tienes porqué menospreciarlos

--Yo no sabía que era algo malo

--Lyra, eres muy lista y Lucius es un…

--Sirius --susurró Helen dando un paso, el hombre respiró hondo y corrigió el calificativo que más le quedaba a Malfoy

--Un mago equivocado, los magos de sangre limpia como él no son los mejores ¿me entiendes? --la niña le asintió a su padre, algo de la fascinación que sentía por su único tío real -como se había llamado él- se perdió al enterarse que lo que su tío Lucius le había enseñado era algo malo y que dañaba a las personas.

Ni siquiera había salido el sol cuando Sirius ya estaba listo y entusiasmado como un niño pequeño la mañana de navidad. Helen se había rehusado a levantarse antes de que saliera el sol y el hombre ya tenía 5 bolsas de papel con dos emparedados y jugo en cada una. Consultaba el reloj cada cinco segundos y nadie bajaba las malditas escaleras.

--Buenas noches --saludo Remus tras un largo bostezo

-- ¿Los demás?

--Dormidos como Dios manda --sonrió. Curioso, revisó el contenido de las bolsas, al menos parecía comestible.

Sirius subió brincando de tres escalones, Remus se recargó contra la pared y tomó uno de los emparedados.

--Atún… o jamón y queso --murmuró pensativo, parecía jamón y queso, la textura al menos. Pero sabía a atún. Decidió no que no quería saber de que era, viniendo de Sirius, mejor quedar así. Sacó el jugo y le dio un trago. Arriba, Harry gritó y poco después Sirius bajaba riendo a carcajadas.

--Un día, va a crecer lo suficiente y te la va a regresar

--Lo castigo, soy su padre y debe respetarme --sonrió orgulloso.

--Buenos días --Hermione y Ginny saludaron al mismo tiempo. Sirius inclinó la cabeza y Remus levantó el jugo en su dirección

--Chicas, tomen una bolsa, su desayuno. ¿Harry quieres que vuelva a subir? --gritó Sirius con una enorme sonrisa que le abarcaba todo el rostro

--Ya, ya, ya --Harry bajaba con los ojos cerrados, ni siquiera titubeaba al pasar de escalón, en cambio Ron entre cada bostezo echaba un vistazo. Al llegar abajo, Harry estiró una mano y la cerró cuando sintió la bolsa. Tenían algunos años con eso, cuando iban de excursión o simplemente acampaban fuera de una tienda para comprar un videojuego o alguna otra –tontería, como decía su madre- su padre preparaba la comida y la ponía en bolsas para cada uno.

Sirius explicó brevemente lo que era y para lo que servía un traslador y después de contestar las preguntas, los hizo tocar la lata del jugo que Remus acababa de terminar, poco después de que él mismo la hechizara. Segundos después, aparecieron fuera de la madriguera donde pudieron escuchar a la señora Weasley regañar a los gemelos.

Justo antes de que pudieran llamar a la puerta, ésta se abrió. Era la señora Weasley que seguía molesta, aunque le cambió la expresión al ver a Harry.

--¡Harry, muchacho!

--Ho… hola señora Weasley --murmuró entre un bostezo. La regordeta mujer se acercó a darle un gran abrazo, el chico apenas si correspondió, seguía prácticamente dormido y se seguía preguntando por qué lo habían despertado tan temprano… o al menos sacado de la cama.

--Estás muy delgado hijo, ese padre tuyo no te alimenta bien ¿verdad? --lanzó una mirada dura a Sirius que le sonrió

-- ¿Sabe señora?, últimamente no quiere comer verduras, anda muy melindroso. La profesora McGonagall me mandó varias cartas diciéndome eso y yo no puedo hacer nada

Ahí fue donde Harry despertó, la señora Weasley lo apretujó más y comenzó un cantico –como decía Ron- sobre la importancia de los vegetales y una buena alimentación. El chico miró con ojos entrecerrados a su padre que hacía lo que estaba en sus manos para no reír a mandíbula batiente.

Por fin, cuando Arthur Weasley salió cargando su enorme mochila muggle, Harry se pudo librar.

--Me la vas a pagar --masculló Harry mientras empezaban el viaje, Sirius soltó una carcajada parecida a un ladrido.

-- Ey, niño, no amenaces a tu padre, es de mala educación --le alborotó más el cabello al pasar junto a él.

Ni siquiera prestó atención al tiempo que habían caminado, pero sabía que era mucho –o al menos su dormido sentido se lo gritaba-, por fin llegaron a un gran terreno y el señor Weasley los mandó a buscar otro traslador, al menos ahora sabían que buscar. Quince minutos después, el grito de Sirius hizo a Harry respirar tranquilo, solo quería llegar y quizá recostarse un rato.

-- ¡Remus, te comiste mi desayuno! --como respuesta se escuchó la risa del licántropo. Harry bufó y siguió buscando.

-- ¡Arthur, aquí, por acá ya lo hemos encontrado! --esa voz no la conocía, pero le alegró bastante escucharla.

Para cuando Harry llegó a donde su padre lo esperaba. Pudo ver a un hombre alto de cara ruda y barba castaña junto a un chico también alto y que creía haber visto alguna vez en el colegio.

--Te lo digo Cedric, algún día podrás presumirle eso a tus hijos --decía el señor Diggory sin interrumpirse mientras saludaba a Harry --ganarle un partido a Harry Potter --Harry iba a corregir pero no lo hizo por la mirada molesta que le mandó su padre

--Se cayó de la escoba papá --el chico, que parecía llamarse Cedric se miraba avergonzado y Sirius más molesto con cada comentario del señor Diggory.

--Pero tú no hijo, ¿verdad que no? Oh sí, una gran historia para contar… ganó el mejor y eso hasta Harry lo dirá ¿cierto? --Sirius gruñó algo que Harry no entendió pero que hizo a Amos Diggory, cerrar la boca.

--Ya debe ser casi la hora --se apresuró a agregar el señor Weasley, Sirius estaba a punto de moler a golpes a Amos y Remus no podría detenerlo por mucho. No lo conocía muy bien pero le bastaba con mirarle la cara --no esperamos a nadie más ¿verdad? --Sirius volvió a gruñir y el señor Diggory negó con la cabeza sin dejar de admirar a su hijo.

El señor Weasley los apresuró a reunirse en un apretado círculo, Sirius colocó junto a él a Harry y al otro lado encajó a Remus. Si tocaba a Amos Diggory tan solo para trasladarse, le partiría el rostro. Y pasó de nuevo, igual que cuando iban a casa de los Weasley, Harry sintió como si un gancho lo jalara del ombligo hacia delante. Giraba y giraba a gran velocidad y el viento le zumbaba en los oídos y después, sus pies tocaron tierra, de nuevo, igual de rápido. Se tambaleó y Ron a su lado lo hizo caer. Levantó la vista, todos estaban tirados un tanto enredados, bueno, casi todos pues su padre, Remus, y los señores Weasley y Diggory junto con Cedric, permanecían de pie. Su padre le dedicó una divertida sonrisa antes de ayudarlo a parar. Y estuvo a punto de reír él también al mirar a dos magos de aspecto cansado y bastante malhumorados. Vestían como muggles, sí pero vaya forma. Uno, el que sujetaba un enorme reloj de oro llevaba un traje de tweed con chanclos hasta los muslos; su compañero que sostenía un enorme pergamino llevaba falda escocesa y poncho. Pero su padre le golpeó con el codo y negó lentamente cuando Harry lo miró. Después de las debidas instrucciones –Sirius casi brinca al enterarse de que no estaba en el mismo lugar que Diggory- se dirigieron hacia ahí, Harry no deseaba otra cosa que sentarse y comer algo, ahora que lo pensaba, no había desayunado. Mientras caminaban examinó la bolsa que le habían dado.

--Vaya, que bueno que estamos donde mismo, es una suerte --decía el señor Weasley, Sirius sonrió y un brillo pícaro iluminó sus ojos.

--Sí, suerte --repitió

-- ¿Quién se comió mi desayuno? --balbuceó Harry al encontrar un par de piedras en la bolsa de papel, sin querer sus ojos viajaron hasta Remus que a su vez miró a Sirius que miraba inocentemente al señor Weasley

-- ¡Papá!

-- ¡Remus se comió el mío y tenía hambre!

-- ¿Le quitaste el desayuno a tu hijo? --Remus, incrédulo miró a su amigo, el animago se alzó de hombros

--Era al que tenía cerca

-- ¡Sirius, debes quitarte el alimento de la boca para dárselo a tu hijo no quitárselo a él para comerlo tú!

--Si quieres te lo doy Harry

-- ¡Eres un niño, no puedo creerlo! --exclamó Remus casi colgándose de la mano que Sirius casi metía en su boca para regresar el desayuno de su hijo.

Harry miraba más divertido que asqueado o molesto, por eso le gustaba estar en casa y que tío Remus estuviera con ellos. Su padre estaba más relajado, sonriente y feliz, podía verlo. Y cuando estaba en el colegio, las cartas que recibía a veces eran algo… como decirlo… paranoicas. Se dio cuenta de que habían llegado cuando un muggle se puso a decir algo sobre personas vistiendo de forma extravagante.

--No te preocupes Arthur, yo me encargo -- Sirius se zafó hábilmente del regaño de Remus quien no pudo hacer más que negar divertido. El señor Weasley parecía tener problemas con el dinero muggle.

Harry apenas escuchaba lo que decía el muggle, su padre y el tío Remus volvían a discutir después pagar. Sirius se burlaba del tipo del poncho y la falda escocesa y Remus se quejaba de que él tampoco tenía cuidado y a Harry siempre le había gustado ver discutir a esos dos. Tan concentrado estaba que cuando un mago con pantalones bombachos apareció, dio un brinco. Notó como el rostro del muggle se relajaba y miraba hacia la nada. Entregó rápidamente un mapa al señor Weasley y otro a Sirius y regresó el cambio.

Cuando pasaron por entre las casa, ya lejos del muggle que sospechaba demasiado. Remus volvió a abrir la boca.

--Espero que no hayas remodelado las tiendas --murmuró

-- ¿Qué me crees Remus?

-- ¿Por qué crees que pregunto?

-- ¡Oye, sé actuar como muggle! --Remus rodó los ojos ante el grito que había dado Sirius y agregó:

--Se nota Sirius, se nota. Creo que en América no te escucharon

-- ¡Vaya! --gritó a su vez el señor Weasley, acababan de llegar al límite del bosque --pero si tenemos un lugar juntos

--Sí, que sorpresa ¿no? --sonriendo, Sirius dejó caer su mochila.

--Muy bien --el señor Weasley lo imitó, se frotó las manos ansioso mirando las mochilas --estamos en lugar de muggles, armemos esto como ellos

--Pero si están muy lejos --se quejó Ron, el señor Weasley lo ignoró.

Entre Sirius, Harry y Hermione lograron armar las casa muy rápido. La única diferencia entre la de Sirius y los Weasley, era que Black las acababa de comprar y las del señor Weasley estaban algo rasgadas y eran prestadas. Pero a nadie le importó gran cosa y menos cuando el señor Weasley accedió a que Ron durmiera en la tienda de los Black.

-- ¡Eh chicos, vayan por agua! --sonrió Sirius saliendo de la tienda a la que se había metido junto con Arthur Weasley. Extrañado al no verlos afuera, sintió que su estomago daba un giro y caía despaturrado. Se apresuró a entrar a su casa de campaña. -- ¡Harry! --el chico dio un brinco y mandó por el aire las piedras que había encontrado en su bolsa del desayuno, mismas que, fueron a dar sobre Sirius, pero no le importó pues se había preocupado demasiado. -- ¡por qué rayos están aquí! --Harry, Ron y Hermione intercambiaron una mirada preguntándose cuando les habían prohibido hacerlo --casi me da un infarto al salir y no verlos, a la próxima al menos avisa ¿quieres?

--No exa…

--No exagero --Sirius interrumpió a su hijo. Y quizá no exageraba, pero desde que Harry había tenido esa pesadilla, él presentía algo malo. --vayan por agua, el mapa marca una fuente no muy lejos… tengan cuidado --Harry tomó la tetera que les daba su padre y salió. Sirius se dejó caer en un sillón.

Había sentido que todo su mundo se desmoronaba al salir y no haberlos visto. Y por un momento pensó que lo había perdido. Él podría hacer lo que fuera, ser un desgraciado y lo que los demás quisieran, pero nunca, jamás dejaría que algo le pasara a Harry. Lo había prometido. Cuando Remus entró a la casa, unos minutos después de que los chicos hubieran ido por agua, se sentó frente a su amigo y no dijo nada, ambos permanecieron en la misma posición. Cada uno separado en sus pensamientos, pero al mismo tiempo, unidos, pensando lo mismo o en la misma persona… Harry Potter. Porque en algún lugar, ambos sabían que ese niño era Potter, no Black. Lo sabían porque el niño estaba marcado, un maldito loco lo había marcado… a Harry Potter, el hijo de aquellos que se atrevieron a enfrentarlo tres veces y salieron con vida, aquellos que a pesar de que uno era hijo de muggles, como él mismo, era el mejor miembro de ese par. Lily era una gran bruja que salvó a su hijo. Por desgracia para todos, Voldemort no había muerto como el mundo mágico pensó, casi todos, porque ellos y Dumbledore, solo pudieron descansar pensando en que algún día, algún día Lord Voldemort regresaría y tomaría el poder. Pasaron horas y les llamaron, entraron para que ellos salieran a almorzar pero ninguno se movió. Ni siquiera Remus reaccionó porque de vez en cuando miraba a los ojos de su amigo y podía notar la desesperación, algún rastro de duda y miedo en ellos. Él también presentía algo pero de alguna forma no sintió cuando pasó el tiempo.

-- ¡Hey papá, vamos al estadio! Iremos temprano para ir lento, anda… --Harry entró entusiasmado para vestirse, movió a su padre cuando pasó a su habitación y de regreso se plantó frente a él -- ¡papá!

--Yo… Remus y yo iremos mas tarde, cómprale algo a tu hermana --murmuró Sirius intentando sonreír, sacó del bolsillo del pantalón un montón de monedas doradas y se las dio al chico. A Ron casi se le salen los ojos al ver que hasta rebotaban donde habían sobrepasado la mano de Harry. El chico miró extrañado tanto dinero, pero fue Remus quien respiró hondo y le dejó solo algunas diez.

--Está bien, solo que no se ha separado de Helen por mucho tiempo y le entró la…

-- ¡Hey Remus cállate! --Sirius reaccionó ante la burla de Remus, eso siempre lo lograba y si no era así, significaba que la situación estaba realmente mal.

-- ¡Ya, ya, admite Sirius amigo mío que extrañas que te regañen!

-- ¡Cállate, te lo advierto! --Sirius desenfundó su varita y separó las piernas como si estuviera en un duelo vaquero, Remus echó una sonrisa socarrona y lo imitó.

--Vamos Ron, este par va a jugar primero --suspiró Harry y guardó las monedas en su ya abultado bolsillo. Ambos salieron de la tienda.

-- ¡Estás oxidado Padfoot! --Harry escuchó como su antiguo profesor de DCAO se burlaba, lo siguiente que supo fue que habían empezado un duelo y se habría regresado a mirar de no ser porque anochecía y él quería estar cuanto antes en el estadio, no pretendía perderse ni un segundo ni siquiera si era sobre un discurso en el inicio de ese partido.

Sirius y Remus aparecieron justo cuando el ministro saludaba a Lucius Malfoy.

-- ¡Señor Black, que sorpresa encontrarlo aquí! --exclamó Cornelius Fudge, tropezó al ir hacia Sirius, pero el animago lo saludó sonriente y mandó una mirada envenenada a Lucius.

-- ¿Mi hermanita no ha venido? Quería saludarla --Remus jaló la camisa de Sirius con tal fuerza que un botón salió volando.

Sirius miró a su amigo y negó lentamente, con la cabeza le indicó a Harry que los miraba ansioso. Remus se encaminó y Sirius dio dos pasos pero hacia Lucius Malfoy. El licántropo se maldijo y apretó la varita dispuesto a hacer algo, quizá después de que Sirius le partiera la cara a… no, no, lo detendría para que Harry pudiera disfrutar del partido, ir a una final de quiditch no era todos los días. Sin embargo, Sirius se inclinó hasta que sus labios casi rozaron el oído del señor Malfoy.

--Si vuelves a mirar siquiera a mi hija, te arrepentirás de haber nacido --siseó, solo Lucius Malfoy y Sirius pudieron escuchar --Narcissa --saludó y tranquilo pasó a Remus para ir a sentarse junto a Harry.

Poco después apareció Ludo Bagman y el partido comenzó con las mascotas de cada equipo.

-- ¡Genial y te callas Remus! --exclamó Sirius inclinándose en su asiento.

-- ¡Son Veelas! --rió Remus

--Que son Vee…

Pero la pregunta de Harry obtuvo respuesta de una mejor forma, un centenar de veelas salían al terreno. Eran mujeres, las mujeres más hermosas que jamás podría ver. Eran perfectas, su cabello dorado era acunado por un invisible viento. Pero cuando la música comenzó y esas perfectas mujeres empezaban a bailar, Harry dejó de pensar en algo más que en el hipnotizante danzar de esas mágicas criaturas.

--Harry ¿Qué haces? --desde lejos, demasiado lejos creyó escuchar a Hermione y quizá un poco más alejado, escuchaba unas carcajadas parecidas a ladridos de un perro grande.

La música cesó y muchos hombres gritaron, se quejaban porque no querían que las Veelas se fueran y Harry era uno de esos, él tampoco quería que se fueran. Pero entonces se dio cuenta de que se había puesto de pie y tenía un pie sobre la pared de la tribuna. Su padre seguía riendo pero lo jaló del pantalón mientras Hermione lo hacía del brazo.

Y Sirius Black se volvió a perder en sus pensamientos, escuchaba los susurros de los Malfoy, más explícito, los susurros de Lucius Malfoy. Cuando la gente silbaba y lanzaban exclamaciones de sorpresa y poco más adelante escuchaba como monedas contra los asientos, pudo jurar que Lucius decía algo sobre llevarlo no entendió qué a la pequeña. Sirius solo esperaba que esa pequeña fuera alguna cosa o… cualquier otra pequeña, menos la suya. Como le viera a Lyra algo que él o alguien de casa no le hubiera comprado, se mudaba, sí, seguro que se mudaban y de ser posible se iba a Timbuktu.

--Hey, ya estás tan viejo que no te interesa un partido como este --se burló Remus, le sonrió y le dio los omniculares. Pero Sirius los dejó sobre su regazo --ya amigo, sé que estás preocupado pero nada pasará

--Remus tú…

--Sí, también lo siento y quizá sea por como andas tú pero… disfruta del partido con tu hijo --le dio un golpe en las costillas y le señaló a Harry que miraba entusiasmado el juego.

Para cuando Sirius volvió al partido, Lynch, el buscador de Irlanda, estaba siendo atendido por medimagos y él le quitó a Harry los omniculares. Puso el retroceso y después el botoncito que indicaba jugada a jugada, giró la ruedecilla de velocidad y con una mirada a Harry, se los puso en los ojos. Sirius pudo ver la jugada que parecía haber maravillado tanto a su hijo. Viktor Krum, el buscador del equipo de Bulgaria lanzándose en picada, su rostro concentrado hasta más no poder y entonces, justo a tiempo se frenaba y Lynch se estrellaba. Entendió que nunca había habido snitch, Krum solo había intentado engañar a Lynch y el muy idiota se había dejado engañar. Sirius asintió regresándole los omniculares a Harry que tan rápido como los tuvo en las manos, volvió a ver la jugada.

--Si intentas hacer eso Harry… --hizo una pausa emocionante --te voy a dar tal tunda que no podrás sentarte en un año y no me importará que mi mano se deshaga --Harry lo miró con reproche.

Todos volvieron la vista al juego, pero en la cabeza de Harry se repetía una y otra y otra vez la jugada que le acababa de ver a Krum. Sirius miraba el juego pero en realidad se perdió casi la mitad, esa cara de concentración que ponía Harry analizando cada jugada y repitiendo en su mente el amago que había hecho Krum –estaba seguro- no le agradaba pero en nada y echaba miradas molestas al chico que hábilmente las ignoraba. Y cuando menos lo pensó, el juego había acabado a favor de Irlanda, tan solo por diez puntos, pero como habían vaticinado los gemelos –hecho del que se enteraría después- Viktor Krum había atrapado la snitch. Camino a la tienda, Sirius se enzarzó en una acalorada plática con uno de los hermanos mayores de Ron, el que llevaba el diente de dragón o algo así había escuchado él cuando la señora Weasley renegaba sobre eso mismo, hablaban de lo poco que el animago había logrado mirar del partido y entre jugada y jugada, Remus bromeaba con que le preguntaran sobre los gestos que había estado haciendo Harry, que eso sí lo había visto segundo a segundo, Sirius solo intentaba atizarle un golpe pero los reflejos del licántropos aún eran excelentes –según se quejaba Sirius-. Cuando llegaron al campamento, todos se apretujaron en la tienda de los Weasley y a pesar de que parecía un pequeño departamento con cuatro literas, todos se pudieron acomodar perfectamente, y no fue hasta que Ginny cayó dormida sobre la mesa del centro, cuando Arthur los mandó a dormir.

--Buenas noches --se despidió Harry acostándose en su cama, en la habitación que compartía con Ron en la tienda de su padre. Sirius se quedó mirando ceñudo la puerta.

-- ¡Ya hombre, te vas a arrugar más, deja de hacer eso! --Remus le palmeó la espalda

--Te diviertes mucho ¿eh?

--Un poco sí, ya, vamos a dormir anda --le dio un tirón al brazo y fue a acostarse.

Sirius no terminaba de desvestirse para meterse en la cama cuando escuchó un ruido o mejor dicho, mucho ruido, los canticos de victoria y los gritos de euforia se habían apagado por un segundo… un segundo que le heló la sangre en cuanto terminó pues escuchó gritos. Remus salió con la varita en ristre y corrió hacia la puerta. Sirius hizo lo propio, pero él corrió a la puerta de la habitación donde estaba su hijo.

-- ¡Demonios! --escuchó la maldición de su amigo y entonces se preocupó más, Remus nunca maldecía. -- ¡Sirius, tenemos que salir de aquí, rápido! --y con ese grito no esperó más.

--¡Arriba, vamos arriba! --gritó moviendo a Harry en su cama -- ¡Ron, levántate! ¡Chicos, tenemos que salir de aquí ya!

-- ¿Qué pasa? --balbuceó Harry que hasta hacía unos segundos había estado soñándose en la posición de Krum y justo estaba por hacer el amago de Wronski cuando tuvo que abrir los ojos

--Salgan, vamos, arriba

Harry obedeció solo unos segundos después de Ron, intentó ponerse la ropa pero Sirius lo detuvo.

--No hay tiempo hijo, vamos sal

Sirius se puso detrás de Harry y los guió hasta la puerta. Salieron justo cuando tras los gritos y carcajadas de borrachos, una luz verde iluminó el campo dejando ver con una tétrica claridad a las personas que corrían hacia el bosque como si huyeran de algo que los seguía desde atrás. La mano de Sirius se apretó en torno al brazo de su hijo. A pesar de que le molestó un poco, Harry no giró la cabeza, no era capaz de entender lo que pasaba, no completamente al menos. Harry entornó los ojos para ver lo que parecía una pared moviéndose hacia ellos, pero cuando otro destello verde iluminó todo, pudo ver que eran magos que parecían no tener rostro, algo le dijo que sí que lo tenían pero que iban cubiertos por capuchas y máscaras. Sobre ellos flotaban cuatro figuras, era como si los magos fueran los titiriteros y esas figuras sus marionetas a las cuales manejaban de forma grotesca. Mientras Harry reconocía a las cuatro figuras como el muggle que los había atendido al llegar y se imaginaba que las otras tres personas eran su esposa e hijos, Hermione y Ginny llegaban rápidamente. En ese momento, Billy, Charlie y Percy, los hermanos de Ron, salían de la tienda.

-- ¿Dónde está Remus? --gritó Sirius intentando hacerse oír por encima del escándalo

-- ¡Fue a ayudar! --gritó a su vez el señor Weasley

-- ¡Iremos a ayudar al ministerio --susurró Sirius al oído de Harry mientras el señor Weasley les daba instrucciones a sus hijos --ve al bosque con los demás, cuando todo termine los iremos a buscar… manten la varita afuera, al diablo que seas menor de edad ¿me entendiste? --Harry asintió no muy convencido, Sirius lo abrazó y sin importarle que estuvieran frente a los amigos del chico, le plantó un gran beso en la mejilla derecha, Harry no hizo nada por apartarse.

Harry caminaba chocando con personas a las que no conocía y no tardó mucho para no escuchar ninguna queja de Ron o algún regaño de Hermione. Se detuvo y miró a su alrededor. Genial, estaba bien perdido cuando su padre le había dicho que fuera con los demás. Respiró hondo e intentó sacar su varita pero no había nada, ni siquiera un trozo de pelusa.

-- ¡Harry! --estuvo agradecido de escuchar a Hermione que corría hacia él, llevaba la punta de su varita encendida --cielos, aquí estás.

--Vamos, creí que los había perdido… ¿Hermione? --preguntó mientras iban al encuentro de Ron que los esperaba un par de metros alejado

-- ¿Qué pasa Harry?

-- No te habrás encontrado mi varita por ahí, de pura casualidad ¿verdad?

-- ¡Perdiste la varita! --exclamó con una nota de histeria, Harry suspiró. Al menos no estaba solo.

--Seguro la perdió cuando corríamos, vamos, tenemos que alcanzar a Fred, George y Ginny --los apremió Ron y de nuevo volvieron echar a andar.

Siguieron caminando por el camino oscuro, sus varitas apenas si iluminaban un poco. Harry se apresuró a cortar la pelea que explotaría cuando la elfina doméstica de señor Crouch, aparecía desde unos matorrales, intentaba escapar aunque pareciera que una mano invisible la jalara.

Conforme avanzaban, el silencio se hacía más y más, los gritos los habían dejado atrás cuando llegaron a una parte realmente oscura del bosque.

--Quizá podamos esperar aquí --apuntó Ron, los otros dos asintieron pesadamente y se sentaron muy juntos. Cuando Harry cruzaba los pies para sentarse sobre ellos, dio un brinco, no había encontrado su varita pero algo vibraba en su pantalón. Metió la mano y tocó un rectángulo frío, cuando lo sacó se dio cuenta de que alguien le llamaba al celular, ni siquiera recordaba haberlo llevado, pero aún así contestó.

--Harry, ¿estás bien? No me he podido dormir, tenía un mal presentimiento --era su madre y parecía muy alterada, pero Harry no pudo contestar porque miró por encima de su hombro, creía haber escuchado algo.

-- ¿Quién está ahí? --preguntó Ron, en el teléfono, Helen seguía exigiendo que contestara. Los tres se pusieron de pie, no se escuchaba nada pero un segundo más tarde, una voz desgarró el silencio, pero no se presentó, sino más bien, parecía lanzar un hechizo.

-- ¡Morsmordre! --en el teléfono de Harry se escuchó como del otro lado, la bocina caía contra el piso.

Algo grande, verde y brillante salió de entre los árboles y se levantó hacia el cielo. Durante un momento, casi nada, Harry creyó que eran más leprechauns como en el partido, pero poco después pudo ver una enorme calavera de brillante esmeralda y tenía una lengua en forma de serpiente que entraba y salía de la boca. Más gritos desgarradores, ahora eran de horror, pero los ojos de Harry seguían fijamente la serpiente verde en el cielo.

--¡Vamos Harry, vamos! --Hermione tiraba de él, poco a poco pudo hacer que se moviera.

-- ¿Qué pasa? --preguntó Harry, se sobresaltó al ver lo pálida que estaba Hermione

-- ¡Es la marca tenebrosa, el signo de quien-tu….!

-- ¿De Voldemort? --preguntó sin siquiera ponerse a pensar. Hermione lo jaló con más fuerza y Ron lo empujó por la espalda. Pero no terminaban de dar dos pasos cuando el ruido de lo que parecía más de una decena de pies, parecían rodearlos. Casi pudo jurar escuchar como sacaban las varitas y no lo pensó más, jaló a sus amigos con él mientras les gritaba que se tiraran y justo cuando tocaban la fría tierra, decenas de voces gritaron desmaius y muchos rayos rojos les pasaron muy cerca, pero al no encontrar sus blancos fueron a dar contra los troncos de los árboles, algunos más siguieron de largo hacia la oscuridad.

-- ¡Alto, alto! --gritó una voz -- ¡es mi hijo!

El señor Weasley llegó hasta ellos mientras se ponían en pie. Su voz sonaba temblorosa mientras los revisaba.

--Chicos, ¿están bien?

--Apártate, Arthur, a un lado --dijo una voz fría

Era el señor Crouch el que había apartado al señor Weasley, se acercaba junto con otros magos del ministerio.

-- ¿Quién fue? ¿Quién invocó la marca tenebrosa?

-- ¡Nosotros no hicimos nada! --exclamó Harry señalando al cielo

-- ¡No mienta señor Potter! --gruñó Crouch apuntando a Harry con su varita

--Black, es Black --siseó una voz aún más fría junto al señor Crouch --y será mejor que bajes esa varita de la cara de mi hijo o no querrás saber donde la voy a meter --y a Harry se le antojó esa amenaza de alguien aún más enloquecido que lo que parecía el señor Crouch. La varita bajó rápidamente. Sirius Black se acercó y revisó de pies a cabeza a su hijo, el chico no se atrevió a quejarse. -- ¿por qué siempre tienes que estar donde hay más peligro? ¿no podías simplemente irte con los gemelos?

--No fue mi inten… --intentó decir Harry, pero de nuevo fue interrumpido por el señor Crouch que parecía a punto de enloquecer de rabia

-- ¿De dónde salió la marca? --preguntó Sirius sin dejar de revisar a su hijo. Hermione señaló tras ellos. Todos los magos apuntaron hacia allá.

--Demasiado tarde --dijo una bruja que vestía una larga bata de lana --se han desaparecido

--Invocaron un conjuro --agregó Hermione

-- Pareces muy informada sobre como conjurar…

-- ¡Basta ya Barty, son unos niños! --gruñó Sirius encarándolo, el señor Crouch tembló de ira pero se contuvo, conocía de buena fuente el mal carácter de ese mago y más cuando se refería a Harry. Sirius satisfecho, solo un poco, volvió a su revisión mientras Amos Diggory se adentraba entre los árboles.

-- ¡Vaya, santo cielo! --exclamó el señor Diggory y poco después apareció de nuevo pero iba acompañado.

-- ¿Winky? --preguntó sorprendido el señor Crouch

--Tiene una varita --anunció Amos Diggory

-- ¡Oh vamos! --resopló Sirius dejando –una vez más- la revisión de su hijo --no creerán en serio que una elfina podría haber invocado la marca, es una señal de mago. Pudo encontrar esa varita tirada por… ¡acaso no te dije que mantuvieras tu varita contigo! --rugió Sirius, Harry dio un brinco. En la mano del señor Diggory estaba, efectivamente su varita mágica. Todos lo miraron.

--Se… se me cayó mientras corríamos

-- ¿Se te cayó? --preguntó el señor Diggory -- ¿acaso es una confesión? ¿La tiraste después haber invocado la marca tenebrosa?

--Amos --susurró Sirius tétricamente, si no le había partido la cara antes, ahora bien que lo haría y con muchas ganas --recuerda de quien hablas ¿tú crees que Harry… --titubeó el decir Potter sentía que ahora más que nunca era necesario ese apellido, pero no lo dijo, y tampoco puso el Black --invocaría la marca tenebrosa? Además, tiene 14 años

--Yo… no… lo siento, supongo que me he dejado llevar. Entonces fuiste tú elfina

-- ¡No señor, no sabría como hacerlo! --chilló Winky, Sirius estaba que echaba humo, lo exasperaba ese hombre, en verdad que sí y como siguiera haciendo acusaciones sin fundamento, se la partiría, oh vaya que lo haría.

--La voz que escuchamos era grave y humana --dijo Hermione un poco nerviosa, pero ella tampoco soportaba que torturaran de esa forma a la pobre elfina que parecía a punto de caer en shock.

--Vamos Harry… anda vámonos de aquí --gruñó Sirius en tono bajo. Miró desafiante a Amos Diggory, esperaba que se negara pero él estaba demasiado ocupado culpando a Winky, eso y que empezaba a tomarle algo de respeto a Sirius.

--Sirius… --dijo el señor Weasley, Sirius se giró y asintió, sonreía cansado, pero intentaba apartar todo lo que había pasado.

--Remus llevará a tus hijos y yo me llevo al mío… --suspiró, Remus ya preparaba un traslador --cuando Ron vea a su madre que ya debe estar enterada, si quiere puede regresar a la casa, también Hermione y Ginny

--Gracias --el señor Weasley se adelantó hacia Amos Diggory que estaba acalorado por la discusión que no lo llevaba a ninguna parte.

Remus desapareció unos segundos después con todos los chicos Weasley y Hermione, sujetos a una lata vacía que había encontrado en su camino hacia allá. Sirius aferró a Harry y él se sujetó con fuerza del cinturón de su padre y desaparecieron en un torbellino de colores con un ligero plin. Poco después, solo una fracción de segundo, o eso le pareció a Harry, aparecieron en la estancia de su casa.

-- ¿Helen? --preguntó Sirius en un susurro, de entre la oscuridad un gritito ahogado se escuchó y la luz de la cocina se encendió. Sirius, cansado, arrastró a Harry hacia ahí.

--Cielos Harry, estás bien ¿están bien? ¿qué pasó? --era un torbellino de palabras lo que salía de Helen, Harry se dejó abrazar. --escuché que invocaban la… la… --no pudo terminar la frase, le daba miedo tan solo recordarla -- ¿Harry?

--Alguien la invocó cerca de nosotros, lamento haber olvidado el teléfono

-- ¿Pero todo está bien?

--No sé si alguien habrá muerto --Sirius respiró hondo --pero Barty Crouch está apunto de enloquecer y no creo que sea el único --agregó en un tono serio --fue… hijo, mejor ve a dormir

--Pero… --Sirius se giró hacia Harry, temía esa pregunta con todo su ser -- ¿qué era esa marca? No entiendo, no dañó a nadie y…

--Es… es la marca de… Voldemort --Helen sintió un estremecimiento al escuchar el nombre --no se había visto desde hace --echó una mirada a Harry a pesar de que se había propuesto no hacerlo --trece años… cada vez que aparecía era porque él atacaba, el regresar a casa y ver eso flotando encima solo sig… --Sirius no pudo seguir hablando, la noche en que había visto aquella cosa flotando sobre la casa de su mejor amigo aún lo seguía atormentando

--Significaba que alguien había muerto --siguió Helen acariciándole la espalda, Harry se arrepintió de haber hecho esa pregunta y un par de lágrimas le rodaron por las mejillas. No recordaba a sus padres biológicos pero el hecho de que su padre se pusiera así, era mucho.

--Tranquilo anda, ven --Sirius se esforzó por poner una sonrisa y lo abrazó. No le importaba haber roto la ley y demás que habías puesto por el quiditch, tenía a su hijo a salvo en casa, por nada del mundo iba a regresar al campamento. Ya se las arreglaría con el señor ministro y las multas que le llegaran por la mañana. --sí, se las voy a meter por donde no le quepan, como se atreva… --se interrumpió y bajó la mirada, Harry lo observaba con una débil sonrisa en los labios --olvida que dije eso --le sonrió

--Será mejor que vayamos a dormir --sugirió Helen, pero ella sabía que lo último que harían sería precisamente dormir. Se la pasarían hablando sobre lo ocurrido y sobre los temores que ambos compartían

--No quiero volver a verte metido en semejantes problemas Harry

--Pero si yo no…

--Perdiste la varita…

-- ¿Qué perdió qué?

--Y te encuentran donde invocaron la marca --siguió Sirius como si Helen no hubiera lanzado tal grito de sorpresa --quiero, un año tranquilo. No quiero escuchar de nuevo que los problemas te buscan Harry ¿me entendiste? --su hijo le sonrió, ni él mismo se creía eso pero lo haría por darle algo de tranquilidad a su padre --di si me entendiste

--Te entendí papá, descuida. Buenas noches

--Buenas noches --contestaron Helen y Sirius

--Un año tranquilo --repitó Sirius. Harry se giró en la puerta.

--Sí papá, que ya aposté con el tío Remus a que te salen canas después de los 40 y como dice que salen por el estrés y todo eso, no quiero perder --corrió al ver la mirada de terror de Sirius, pudieron escuchar una leve carcajada al subir las escaleras.

Sirius soltó el aire que inconscientemente había ido reteniendo conforme avanzaba la conversación.

--Espero que no haya más problemas --abrazó a Helen y juntos se encaminaron a las escaleras --solo quiero preocuparme porque se cayó de la escoba y se rompió un brazo, se peleó con alguien o porque está en detención cada tres o cuatro días --Helen negó con la cabeza pesadamente, pero sonrió --al menos tiene catorce años y para participar en lo que viene necesita ser mayor de edad --sonreía casi arrogante para cuando terminaron de subir los escalones y al llegar a su habitación, sentenció tranquilo: --Harry no puede participar en el torneo de los tres magos.


Sion...

P.D.Espero señales de vida...