Capítulo beteado por Mónica León, Beta Élite Fanfiction.
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Derechos: Los personajes le pertenecen a S.M, quien es la que nos hace soñar con cada uno de ellos. Cualquier otro personaje que no sea identificado, es totalmente mío, como la historia.
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Capítulo XXIV
Inesperado
Parte II
Bella POV.
Flashback
Había salido victoriosa de la reunión con los Vulturi. Reía al acordarme de la cara de cada uno al verme entrar y sentarme en la silla del presidente. Obvio que el que llevaba ese cargo era mi amigo, pero él me permitió estar allí y poner a sudar a cada uno.
Está mal burlarse de la gente, pero… ¡hubieran vistos sus caras! Los amenacé con hacer una auditoria completa y que los contadores venían de mi parte, supervisados por mí.
—Bella, dice Edward que vayas a Santa Bárbara —me informó Jasper una vez que estuve en su oficina.
—¿Santa Bárbara? —¿Qué diablos?—. Bueno. —Me encogí de hombros—. Se supone que tengo que ir a recibir los muebles…
—Los muebles llegaron ayer —me dijo. Estaba incrédula. Se suponía que hoy teníamos que arreglar todo para estar instalados el fin de semana—. Seré tu confidente. —Me guiñó un ojo—. Creo que quieren darte una sorpresa.
—Jasper —gemí—. Ya no es sorpresa y se me va a ser difícil actuar.
—Lo siento, Bella. Pensé que estarías mejor si vas advertida. —Se sentó detrás de su escritorio, riendo. Ambos habíamos pasado por una estupenda mañana—. Disfruta de tu día.
—¿Gracias? —Enarqué una ceja, cruzándome de brazos.
—Igual te vas a sorprender. Alice y Rose estaban al cargo de la decoración —acotó.
—¡Me voy! Algo me dice que me sorprenderé de todas maneras. —Le di un beso en la mejilla y me encaminé hacia los pasillos. De seguro el chisme, que viajaba a velocidad de la luz, ya estaba regado por los departamentos.
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Me bajé cantando una de mis canciones favoritas "Ca plane pour moi*". Esa música era realmente pegajosa, moviendo mi cabeza de un lado a otro llevando el ritmo, todavía en mi cabeza, me paré en la puerta de la casa para sacar mis llaves del bolso, pero antes de que pudiera introducirla por la ranura, un Edward adormitado se encontraba parado delante mío. Fruncí el ceño.
¿Qué hace adormitado?
—¿Qué tan cansada estás? —Ni un hola, ni nada—. ¿Tienes ganas de acompañarme? —Alargó su mano para entrelazar nuestros dedos.
—¿A dónde vamos? —le pregunté al ver que rodeábamos la casa.
—A la playa —susurró encogiéndose de hombros. Suspiré. Realmente estaba muerta del cansancio. Poner a temblar a la gente en la empresa no era… Relajante.
—Espera, deja deshacerme de los zapatos. —Me ayudó a agacharme para desatar la correa y lanzarlos a un lado.
Caminamos en silencio, bordeando la casa. El terreno era muy grande y nos tomaría unos cinco minutos llegar a la playa. Iba alegremente cogida de su mano, cruzando nuestros dedos y sintiendo la misma corriente entre nuestras pieles, atravesarnos.
Nos detuvimos, o bueno él se detuvo, antes de que pudiera divisar el horizonte marítimo, hizo que diera vuelta para quedar frente con frente, viéndonos.
—Yo, Edward Anthony Masen Cullen. —Retiró el bolso de mis hombros para dejarlo tirado en la arena. No me importó—. Te tomo a ti. —Fruncí el ceño. Parecía que me estaba diciendo los votos matrimoniales. Deshizo el nudo de mi vestido que estaba sujetado sobre mi nuca, caminamos, adentrándonos más en la playa. Ya podía sentir la arena debajo de mis pies, pero seguíamos con las miradas conectadas—. Como novia. —Sonrió al ver el desconcierto en mis ojos. Retiró la parte delantera del vestido y caminamos otro tramo—. Para amarte. —Sacudió un poco la tela desde la cadera y el vestido se deslizó por mi cuerpo, volvimos a dar unos cuantos pasos—. Respetarte. —Desabrochó el sujetador y sonrió al ver mi sostén—. En la pobreza y la enfermedad. —Besó mis labios, haciéndome recorrer otro tramo. Eso no era justo, así que logré quitar la única prenda de su cuerpo: su bermuda—. En la riqueza y la salud. —Me alzó al estilo novia para caminar hacia el mar. Me hizo pegar unos grititos cuando una ola casi nos derrumba. El agua estaba helada—. Te prometo amarte para siempre, tenerte atada así no quieras seguir a mi lado. —Mi tonto—. Dedicarme a nuestra familia en cuerpo y alma, pero sobretodo, prometo levantarnos juntos ante toda caída —susurró, viéndome con sus brillantes ojos verdes—. Todo lo que tengo es tuyo, mi corazón te pertenece y mi alma no puede vivir sin ti. ¿Quieres ser mi novia? —Me abalancé a sus labios, besándolo con pasión, antes de gritar "¡Sí!"
Flashback Off
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Edward POV.
"Ni siquiera sé si es tuyo."
Esa frase daba vueltas por la cabeza hacía casi dos horas, que era el tiempo en que había ido a casa por pijamas para Bella y ver a mis niños un momento, mientras las aguas se calmaban un poco.
No me interesaba si era mío o no, me interesaba ella, su bienestar, saber que llegaré a casa y la encontraré tirada en la alfombra con los niños jugando, escuchar sus risas en la mañana, sentirla encima mío, su cuerpo pegado al mío, dormir acurrucados. No soportaría un día sin ella en este mundo.
¡¿Por qué, diablos, era tan terca?! Tenía ganas de arrancarme los pelos. Me sentía impotente.
Ni si quiera nos dejó terminar de explicarle la situación. Se negó a hablar con alguno de los dos y me dolió que no hubiese permitido quedarme a su lado.
—Ni siquiera sé si es tuyo. —¡Oh, por favor! Eso no era de mi interés. Hubiese sido lo mismo. Yo solo quería que me permitiera ser egoísta y quedármela para siempre.
Di un beso a mis dos tesoros que estaban dormidos en sus cunas y salí en dirección al hospital. Iba a ser ella y plantármele pisando fuerte ante cualquier atentado que tuviese planeado.
Manejé aproximadamente treinta minutos, pensando las mil maneras de enfrentarla. Haría todo lo posible para llegar a un acuerdo entre ambos.
Entré por el lado de emergencia, no saludé a las personas a mi alrededor. Solo tenía en mente a una, y esa se encontraba"hospedada" en el lado de ginecología.
—¡Edward! —Escuché la voz de Jacob. Volteé a verlo. Iba saliendo de la habitación continua a la de Bella—. He estado investigando y podemos esperar unas tres semanas más. Así tienes tiempo que convencerla, si es que es necesario el aborto.
—Gracias, Jake. —Un brillo de esperanza pasaba por delante nuesto—. Manténme informado. Voy a ver a la mujer terca.
—Suerte con eso. —Sonrió—. Espero que todo salga bien.
Después de que Jacob se marchó a seguir haciendo sus rondas, giré en mi propio eje para entrar por esa puerta. No estaba preparado para la lucha que iba a tener, pero teníamos que encontrar una solución.
Ella estaba acostada de lado, en posición fetal, su mano descansaba sobre su vientre, protectoramente. Sus mejillas bañadas en lágrimas, soltaba pequeños hipidos, señal que había estado llorando hasta hace poco.
—Si vienes a tratar de convencerme, pierdes el tiempo. —Sonreí. Esta mujer iba a necesitar un par de azotes para que aprendiera que yo no sabía vivir sin ella—. Vete. No quiero que me veas así.
—En la salud y en la enfermedad, ¿recuerdas? —Sus ojos se aguaron. Sin pensarlo, la acurruqué entre mis brazos—. Es una promesa, o juramento, que pienso mantener. No es necesario un matrimonio, tú misma me lo dijiste. Lo importe es que somos una familia y como tal, tenemos que mantenernos unidos. ¿Podemos hablar? —pregunté mientras arrastraba una silla para sentarme cerca de la camilla—. Hablé con Jacob…
—Espero que te haya dicho lo que le dije. No pienso repetirlo por segunda ocasión —me cortó secamente.
—Déjame hablar, ¿quieres? Jacob me habló sobre que podemos esperar tres semanas más, ya sabes, pasar los tres problemáticos meses.
—¿Y si sigue lo mismo? ¿Volverán a tocar el tema del aborto? —preguntó, cruzándose de brazos. Exasperado, pasé una mano por mi cabello.
—Deberías considerarlo —solté—. Se juega tu vida. Está Carl, piensa en ella. —Vamos, que el juego sucio funcione en ella.
—Tú no lo dices por Carl. Lo dices porque no sé si es tu hijo. —Frunció los labios y sus ojos se aguaron.
—Escúchame, Bella —dije estando cerca de su rostro—. No me importa el hecho de que sea o no mi hijo. Tu acogiste a Anthony como tuyo desde el principio, tenemos a Carlie que es una niña preciosa y si quieres, podremos tener más, pero juntos… ¿Qué me haré con tres niños, sin su madre? ¿Te has planteado el hecho de que el niño puede nacer, pero tú mueres en ese momento? ¿No has pensado en cómo me siento con esta situación? Porque déjame decirte, Isabella Swan, yo no podré vivir en un mundo donde tú no existas. Mi hogar es contigo, con los niños. Tú has sido mi apoyo todo este tiempo. Eres mi alma… Si mi alma no existe, mi corazón deja de latir. Te amo tanto que no me importa qué sangre corra por las venas de ese niño, porque sé que la tuya también corre por ahí, pero no sobreviviría sin ti. Tú eres mi todo. —Las lágrimas caían libremente por nuestras mejillas, haciendo que la voz me temblara y se quebrara. La abracé muy fuerte, procurando no lastimarla, le di un beso, demostrándole cuán agradecido estaba por haberse cruzado en mi camino.
—Lo probaremos, Edward —susurró contra mi pecho, sentí mi camiseta mojada por sus lágrimas—. Dos semanas. Si después de ese tiempo, continuamos con lo mismo, tienes carta abierta. —Sonreí, apretándola más a mi pecho.
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Bella POV.
Tres semanas después.
Estar metida tres semanas en el hospital no sonaba genial. Después de que le di mi palabra a Edward, me había arrepentido.
La mayoría del tiempo la pasaba inmóvil por miedo a que alguna desgracia sucediera. Quería tener a mi bebé conmigo.
—Elige, Bella. —Jake había entrado un día, con Edward pisándole los talones, a mi habitación—. Hospital o casa. Aquí en el hospital se te atenderá de inmediato y en tu casa tendrás que esperar a que una ambulancia vaya en tu búsqueda, si Edward no está contigo.
—Hospital —murmuré enfurruñada—. Tramposos. —Ambos soltaron carcajadas y se fueron, dejándome furiosa por la mala jugada que acababan de hacer.
Estos se iban contra cualquier ética de los médicos. En ningún momento nos habían indicado que debíamos inducir al miedo a los pacientes.
¡Uhg!
Edward me hacía compañía todas las noches, cuando no estaba de guardia. ¡Bah! ¿A quién le miento? Así estuviera atendiendo emergencia, se la pasaba metido conmigo. Lo llamaban por los altavoces, se iba, regresaba a los treinta minutos, le enviaban un mensaje por el celular, volvía a irse, pero luego regresaba… No sabía cuántas veces en la madrugada lo hacía, porque me quedaba dormida y al levantarme, sentía su cuerpo caliente pegado al mío.
El único que venía a hacerme compañía era Jasper. Todas las mañanas pasaba a mi lado, con la laptop sobre nuestras piernas, enseñándome a manejar una empresa. Descubrí que se me daba muy bien lo de la publicidad, ya que aporté con unas cuantas ideas para un comercial que, cuando lo vi, yo misma me alagué, no por ser vanidosa, ni nada por el estilo, pero formaba parte de uno de los mejores proyectos de marketing que había visto por la televisión y que le pertenecía a mi empresa.
Los niños venían con Alice o Rosalie, los veía un momento y lamentaba —internamente— no poder sostenerlos entre mis brazos o mecerlos a la hora de dormir.
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Navidad y Fin de Año. (Cuarto mes)
Para navidad, todos nos reunimos en mi casa, celebramos dos hechos: que estaba fuera del hospital y mi bebé seguía conmigo; y que los gemelos de Alice habían hecho presencia con unas cuantas pataditas. Aparte de celebrar al niño Jesús, celebramos la vida.
Las mujeres habían ubicado un sofá extra para que pudiese estar presente durante la cena, claro, todo con el debido cuidado, pero me gustó, porque pude pasar tiempo con mi familia y mis adorados niños.
Edward había hecho las compras navideñas en mi nombre. Adquirió cada regalo con las especificaciones que le pedí para todas las personas que formaban parte de nuestra familia.
En noche buena, mi bebé se hizo presente con un movimiento, pero que había alertado a Edward, ya que había sido un poco doloroso e hice una mueca. Si fuera por él, en ese momento, se acababa el momento de celebración para mí.
Cuando fuimos al chequeo de rutina —la única vez, cada quince días, que veía el sol— mi bebé tuvo la amabilidad de abrirse de piernas ante Jake y descubrimos que era otra niña. Edward y yo nos hemos devanado los sesos buscando un buen nombre y mi querido amigo apodó a mi hija "Ness" como el monstruo del lago Ness… ¡Oh, sí! Casi lo mato, pero mi marido estaba esperando una cosita, cualquier pretexto, para hacer uso de su poder.
—Está bien —dijo Edward desde el cuarto de baño—. Tengo el nombre perfecto para nuestra hija. —Me arrimé al espaldar de la cama—. ¿Qué te parece Vanessa?
—¿Vanessa? —Enarqué una ceja—. ¿Por qué crees que es perfecto?
—Eh… ummm… No lo sé. Quizás porque Jacob la a apodado "Ness". — Miré mal a Edward. Si tuviera superpoderes, estuviera hecho chicharrón, seguro hubiera usado el rayo láser.
Así que recibimos fin de año, los dos acostados en nuestra cama, viendo una película y escuchando las horrorosas explosiones de los fuegos pirotécnicos. Los niños, tal como en navidad, se durmieron temprano y ni los ruidos, ni nada, los despertó.
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Quinto mes.
—Podemos usar tonos grises por aquí —le dije a Jasper, señalando la pantalla de la Mac portátil—. Porque, mira, la modelo tiene un vestido rojo. Creo que el fondo amarillo no va a causar impacto o llamará la atención —finalicé con convicción.
Jasper me había convencido de hacer unos cursos de marketing por medio del internet. Me pareció interesante ya que por las mañanas me aburría mucho sin nada bueno que hacer. Había elegido hacer un semestre de prueba.
—Hoy empecé las clases online —le comenté a Edward, mientras me daba un espectáculo de stripper, quitándose la ropa para meterse a la ducha.
—Qué bueno —comentó con una sonrisa, pero yo estaba por otro mundo, en el de mis fantasías. Jake nos había prohibido tener sexo y este hombre se paraba delante de mí, solo con unos bóxers—. ¿Bella? ¿Me estás escuchando? —Me sonrojé furiosamente al escucharlo, de seguro sabía hacia donde se habían dirigido mis pensamientos.
—¡Oh, lo siento! —Me disculpé rápidamente—. Es que… Vanessa volvió a moverse. —Edward se acercó hasta posar su mano en mi no tan abultado vientre. Apenas se notaba que estaba embarazada.
—Te estaba diciendo que me parece perfecto. Así no te aburres de estar en cama —dijo—. Voy a ducharme que tengo el olor del hospital encima. —Me dio un suave beso en los labios—. Te amo.
Me dejó suspirando. Siempre que lo hacía. Me robaba suspiros a no más poder. Volví a acomodarme entre las almohadas para dormir, la mayoría del tiempo me la pasaba durmiendo. Era el único síntoma que tenía y dado que no hacía nada en casa, podía aprovecharlo al máximo.
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Sexto mes.
Estaba jugando con los niños sobre mi cama, cuando a Tony se le cayó un juguete. Comenzó a balbucear y a querer bajarse de la cama para recoger su juguete. Sue había ido con Carlie para prepararles la cena y yo no sabía qué hacer porque tenía la desgracia de poner un pie en el suelo para que la sangre comenzara a circular por mis piernas.
—Mami, quelo. —Las palabras de mi bebé me dejaron atónita. Según Edward, él no mostraba emoción alguna cuando lo llevaba a las visitas con Tanya, ni le prestaba atención. Solo estaban ahí, hasta que ella se aburría y se iba, pero tampoco me había llamado mamá algún día.
—Príncipe, tendremos que esperar a Sue para poder recoger tu juguete —le dije, acariciando sus mejillas regordetas—. ¿Quieres escuchar un cuento? — Asintió y se acomodó a mi lado para que le comenzara a relatar un cuento.
Desde ese día Anthony, disfrutaba llamarme mamá, así como yo disfrutaba escucharlo. Nuestro vínculo era la lectura porque Carl se aburría mucho con un cuento. Ella prefería ver películas, aunque no entendiera ni el 75 % de lo que decían.
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Séptimo mes.
—Yo creo que te equivocaste de profesión —bromeaba Edward al verme trabajar mano a mano con los diseñadores y publicista de Cisne Productions. Estábamos viendo el trabajo final de un comercial televisivo acerca de perfumes, en mi habitación, claro.
—En realidad. —Me mordí el labio porque él había acertado con su conclusión—. Siempre quise estudiar marketing, pero al ver que mis padres se quisieron imponer, nadé contra la corriente y estudié medicina, otra cosa que me apasiona.
Se quedó impresionado acerca de cuantas cosas que aún no sabía de mi vida, pero detestaba hablar de algún hecho relacionado con mis padres porque aún no había superado su muerte.
De vez en cuando, Edward también nos daba su opinión como "televidente" acerca de lo que él esperaba en una cosa u otra.
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Octavo mes.
Este mes me había crecido demasiado el vientre. De la noche a la mañana parecía que tendría dos y no uno.
¡Era enorme!
Para mí era más incómodo dormir, me movía mucho hasta obtener una posición adecuada que me permitiera descansar. Muchas veces, Edward quedaba relegado en un rincón de la cama y procuraba no tocarme mientras dormía porque me fastidiaba.
Los niños estaban grandes y más habladores. Me hacían reír con sus palabras cortadas y mal pronunciadas, intentaban decirme qué habían hecho en el paseo que Edward les daba por la playa. Él había dejado las emergencias para pasar más tiempo con nosotros en casa y cuidando que su prisionera —yo— no se escapara.
Faltando una semana para que el gran hecho pasara y poniendo a todos de cabeza, Edward pidió vacaciones. En la última visita al hospital para los chequeos de Jake, algunos compañeros médicos, habían bromeado acerca de que Edward tomaba vacaciones en cada año, por cada hijo.
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Edward POV.
—¿Negra? —La llamé por ese apodo que sabía que odiaba. Estaba tan blanca como la nieve por no haber salido a tomar mucho sol. Escuché un bufido y sentí la almohada aterrizar en la parte trasera de mi cabeza. Olvidé mencionarlo, también amaba su malgenio—. ¿Hablaste con Esme?
—Vuelve a llamarme negra y verás —amenazó, apuntándome con su dedo y con el ceño fruncido. Suavizó la expresión y contestó dulcemente un: sí.
—Te amo. —Reí, lanzándole besos. Jake y yo habíamos estado trabajando en conjunto para encontrar la mejor forma de que Vanessa y Bella salieran ilesas—. ¿Estás lista?
—Ni un poquito —contestó, colocándose la blusa maternal—. Vamos que no quiero que los nervios me hagan romper aguas.
Primero bajé dos bolsos con todo lo preparado por Bella para la llegada de nuestra hija. Habíamos quedado que haríamos la prueba de ADN y solo la abriríamos cuando nuestra hija creyera necesario enterarse de la verdad. Si fuese por mí, no se hacía la prueba, pero era un deseo de Bella que no podía negar.
Subí las escaleras para ayudarla a bajar. Teníamos que tener paciencia porque todo lo hacía despacio a causa del miedode que algo pasara. Faltando unos cuantos escalones, la alcé en mis brazos para que no se cansara mucho en el trayecto.
En el hospital, todo estaba preparado. Jake nos esperaba en la entrada por el lado de emergencia, con todo listo para que fuera directo a quirófano. Iba a estar presente, pero como acompañante. Aquí no existía una Sofía para permitirme atender a mi hija como la vez pasada.
—Te amo —le susurré en el oído antes de que se la llevaran a preparar.
—Edward, puedes venir conmigo para que estés listo —dijo Jake, caminando por el pasillo de los quirófanos. En el camino, las personas nos deseaban suerte. Bella era muy querida por ser la paciente más "cariñosa" con todo el personal que estaba a cargo de su cuidado.
Mis nervios estaban por los cielos. Todo el día había intentado esquivar a Bella para no pasarle las tensiones.
Lavé mis brazos hasta los codos, desinfecté con alcohol, me puse el traje verde para las operaciones, todo tal y como venía acostumbrando hace unos años.
Cuando entré al quirófano, Bella estaba lista en la camilla. Me acerqué a ella mientras le colocaban la anestesia local**.
—¿Cómo te sientes? —pregunté, sosteniendo una de sus manos.
—Nerviosa —susurró. Yo también lo estaba. Esto era una bomba de tiempo, íbamos con cuidado para tocar los cables que eran.
—Todo estará bien, te lo prometo. —Sonrió. Acarició mi cara antes de cerrar los ojos y volverlos a abrir con las lágrimas al borde.
—No prometas algo que no puedes cumplir —murmuró—. Prométeme que cuidaras de Carl y de Tony. Les dirás cuanto los amo. —Su voz comenzó a quebrarse. Ella hablaba y yo negaba.
—Tú vas a decirles en persona, negris. —Sonrió y apretó mi mano con la poca fuerza que le quedaba—. Te amo. Recuérdalo.
—Prométeme, Edward, por favor. —¡Diablos! Hizo el puchero.
—Prometido…
Sus ojos se cerraron un poco mientras las enfermeras ayudaban a colocarla de lado para inyectarla. Mi raciocinio como médico murió en el momento que Bella hizo una mueca de dolor. En ese momento, quería estar en su lugar. Un padre no era tan necesario como una madre en un hogar.
Jacob le susurró unas cuantas cosas en el oído, que hizo que soltara pequeñas risitas, por lo menos eso. Mi mano seguía aferrada a la suya.
—Está bien —habló Jake a todos los presentes—. Comenzaremos ¿Es necesario explicar, Dra. Swan? —le bromeo para aligerar el ambiente de tensión. Todos estaban comprometidos en sacar ilesas a mis mujeres.
—Jacob —gimió Bella, retorciéndose un poco—. Siento la mitad del cuerpo dormido. Aprovecha la oportunidad. —Le regresó el juego.
Todos quedamos en silencio mientras Jacob se encargaba de hacer la incisión. Las enfermeras daban vueltas alrededor preguntándole a Bella cosas para mantenerla consciente, algunas veces parecía que ya se dormía y yo la mecía suavemente para ver una de sus sonrisas y su débil apretón de mano.
Escuchamos un llanto que inundó la habitación. El pediatra gritó que necesitaba oxígeno y antes de que pudiera moverme, sacaban a mi hija en una incubadora corriendo por algún problema de respiración. Bella me miraba expectativa, no sabía qué le había pasado, ni siquiera había escuchado bien las complicaciones que indicaba el médico.
—¿Vanessa? —me pregunto débilmente.
—Están atendiéndola en neonatología, Dra. Swan. Es una hermosa bebé —contestó Emely. La había pedido a ella porque mi mujer se sentía a gusto.
—G—gracias —susurró, cerrando los ojos y apretando mi mano.
Estaba tan concentrado en su pacífica cara que cuando alcé la mirada, todos a mi alrededor corrían. No entendía lo que estaban diciendo hasta que a mis oídos llegó el sonido del monitor del corazón.
—¡La estamos perdiendo, Dr. Black! —gritó uno de los enfermeros.
—¡Reanimación! —gritó de vuelta Jacob mientras se tiraba encima de Bella y hacia presión en el lado de su corazón.
Mis oídos pitaban, todo a mi alrededor daba vuelta y lo único que escuchaba era el sonido del monitor que indicaban lo lento que estaba trabajando su corazón.
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*Ca plane pour moi: Una música muy movida, que justo sonó en mi computadora cuando estaba escribiendo esa parte. Es en francés y la canta "Plastic Bertrand" (mis amigos saben cuan obsesionada estoy con esa música)
**Anestesia local: Anestesia que se usa para dormir una parte determinada del cuerpo.
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¡Hola! Yo no dejo el drama ni cuando se suponen que deberían ser felices. Espero que hayan disfrutado el capítulo y que hayan tenido un lindo fin de semana.
Besos,
MelLutz (L)
