¡Hola de nuevo! Me complace anunciar que la tercera temporada ya ha comenzado su publicación. Esto no hubiera sido posible sin el apoyo de todos ustedes, y francamente no pensé que de repente el fanfic tendría tanto éxito. Por desgracia, también debo informarles que esta será la última temporada del fanfic. ¡Disfrútenla!
Pasó un mes desde que Kentaro abrió su negocio de masajes de pies, llamado 'El Paraíso de los Pies'. Gensokyo se hallaba en plena primavera, flores de hermosos colores florecían, las hadas jugaban y los Yukkuri rebotaban por ahí diciendo cosas sin sentido…
Luego de su rutina diaria de patrullar la Aldea Humana y exterminar a algunas youkai que causaban problemas (y a un par que no), Reimu se dirigió como última parada en su recorrido al negocio de Kentaro. Reimu abrió la puerta y sonó la campana anunciando la llegada de una clienta…
"Buenas tardes. Bienvenida al Paraíso de los Pies" dijo Kentaro inclinándose servicialmente…
"Soy yo, Kentaro" dijo Reimu con cara de poco entusiasmo…
"¡Ah! ¡Hola, Reimu-san! No me fijé que eras tú" saludó menos formalmente Kentaro, frotándose la nuca con una mano…
"¿Cómo va el negocio?" preguntó Reimu…
"No me puedo quejar" respondió Kentaro…
Reimu entonces notó el frasco donde Kentaro guardaba las monedas que las clientas le pagaban. No estaba lleno hasta el tope, pero las monedas llenaban casi medio frasco…
"¡Hay más monedas en ese frasco que en la caja de donaciones de mi templo!" gritó Reimu impactada…
"Si… Yo tampoco creí que el negocio tendría tanto éxito, pero mujeres tanto humanas como youkai vienen casi todos los días a recibir masajes en los pies" dijo Kentaro sonrojándose tímidamente y con una pequeña sonrisa...
Reimu acercó su cara a la de Kentaro como para hablar en secreto. "Oye, Kentaro… ¿No quieres trabajar en el Templo Hakurei? Podemos ofrecerle masajes de pies gratis a la gente que done al templo" le murmuró ella…
"Pero… Si tienen que donar para recibir el masaje entonces ya no es gratis" respondió Kentaro…
"¡Bien! ¡Tú te lo pierdes!" gritó Reimu repentinamente enojada, dejando a Kentaro asustado y confundido…
"¿Fue algo que dije?" se preguntó Kentaro…
Así de repentinamente como se enojó, igual de repentinamente Reimu se calmó y siguió curioseando en el negocio de Kentaro. "Kentaro ¿Qué es esto?" preguntó ella señalando una tabla colgada en la pared…
"Es un pequeño experimento que estoy haciendo. Escribí todos los diferentes tratamientos que se me ocurrieron y los colgué en la pared para que mis clientas elijan el que más les guste" explicó Kentaro…
Reimu empezó a examinar la lista de tratamientos. "¿Tratamiento de cosquillas? ¡Dime que es una broma, Kentaro!" dijo ella in poquito indignada…
"¡Solo es un experimento, Reimu-san!" contestó Kentaro con miedo…
"¿Tratamiento de besos en los pies? ¡Qué asco! ¿Quién estaría tan enferma para pedir que le besen los pies?" protestó Reimu…
Inmediatamente después se abrió un agujero detrás de Kentaro, de donde salió Yukari, que de forma traviesa le dio a Kentaro un toque con el dedo en la parte blanda de su costado para hacerlo saltar del susto, cosa que logró…
"¡Hola, Kentaro-kun!" dijo Yukari felizmente…
"¡B-Bienvenida, Yukari-sama!" respondió Kentaro aún asustado…
Yukari salió completamente del agujero y caminó hacia la tabla con la lista de tratamientos experimentales de Kentaro, la cual ella se puso a examinar con una sonrisa…
"Hoy quiero el tratamiento de besos en los pies, Kentaro-kun" dijo Yukari, e inmediatamente después miró a Reimu de reojo…
"¡Por supuesto, Yukari-sama! ¡Recuéstese en la camilla y enseguida empezaré!" respondió Kentaro…
"Eres una mujer enferma, Yukari" murmuró Reimu con la ceja izquierda temblándole, mientras Yukari se recostaba en la camilla y Kentaro le quitaba el zapato izquierdo, exponiendo el bello pie descalzo de la hermosa mujer youkai…
"¡Ay Reimu, no seas amarga!" le respondió Yukari…
Kentaro comenzó a darle besos en el pie a Yukari. La bellísima mujer reía con gusto mientras se hacía la que tenía cosquillas, aunque el rubor en su rostro indicaba que de verdad lo disfrutaba…
"¡No estoy siendo amarga! ¡Es solo que yo conozco algo que se llama higiene!" protestó Reimu…
"No veo que a Kentaro-kun le moleste. ¿Te molesta besarme los pies, Kentaro-kun?" preguntó Yukari escondiendo su sonrisa detrás de su abanico…
"Por el contrario. Lo disfruto, Yukari-sama" respondió Kentaro mientras quitaba el otro zapato de Yukari para besar cariñosamente su otro bello pie…
"¡Para tu información, Kentaro, las youkai también tienen gérmenes!" dijo Reimu…
"Reimu, querida… ¿Tú crees que a un muchacho a quien le excitan sexualmente los pies de las damas le van a importar los gérmenes? Kentaro-kun sabía lo que este trabajo implicaría cuando lo eligió. ¿Y si se enferma y se muere? No tendrá arrepentimientos porque esto es con lo que él ha soñado toda su vida" respondió Yukari…
"¿En serio? ¿De verdad tienes un sueño tan pequeño e insignificante, Kentaro?" le preguntó Reimu a Kentaro…
"¿Cuál es tu sueño, Reimu-san?" preguntó Kentaro…
Reimu se quedó pensando unos segundos. "Poder dormir todo el día sin tener que andar resolviendo los pequeños problemas de todos" respondió ella…
"Ese es tu problema, Reimu. Tu trabajo como Sacerdotisa del Templo Hakurei te ha vuelto una persona muy apretada. Aflójate esa fea corbata amarilla y vive la vida un poco" dijo Yukari…
"¿Qué tiene de malo mi corbata?" preguntó Reimu enojada y sorprendida…
Después de besar amorosamente los pies de la hermosa Yukari desde los talones hasta los dedos, Kentaro terminó el tratamiento. Luego de que Kentaro le volviera a calzar los zapatos, Yukari pagó el doble del precio convenido…
"Yukari-sama, esto es el doble de lo que normalmente cuesta este tratamiento" dijo Kentaro…
"Pagué también el de Reimu" respondió Yukari…
"¡Pero si yo no…!" protestó Reimu…
"Considéralo un favor de parte mía" la interrumpió Yukari. "Aprovecha y elige un tratamiento que te haga soltarte un poco" agregó, y luego abrió un agujero en el espacio y se fue como vino, sin darle a Reimu tiempo de objetar…
"Bueno… ¿Qué tratamiento vas a elegir, Reimu-san?" preguntó Kentaro…
Reimu estaba enojada y tensa, y no respondió. A Kentaro ya le estaba dando miedo…
"Y-Yo creo que te queda bien esa corbata" dijo temerosamente Kentaro en un intento de calmar a Reimu…
Reimu miró con furia a Kentaro, causando que éste grite, se agache y se cubra la cabeza…
"El tratamiento de cosquillas…" murmuró Reimu con la ceja izquierda temblándole…
"¿Eh?" fue todo lo que el sorprendido y confundido Kentaro atinó a decir…
"¡No me hagas repetirlo!" gritó Reimu enojada y avergonzada, con el rostro sonrojado…
"Esto… ¡Claro que si! ¡Adelante, recuéstate, relájate y deja que yo me encargue de todo!" respondió Kentaro servicialmente…
Reimu se recostó en la camilla, cerró los ojos y dejó que Kentaro le quitara la sandalia izquierda y luego la media. Entonces la bella sacerdotisa sintió las puntas de los dedos de Kentaro suavemente acariciando la planta desnuda de su hermoso pie, y trató de aguantar la risa…
"No te aguantes, Reimu-san. Eso solo te pondrá más tensa. Tienes que dejar salir la risa. Afloja el cuerpo y deja que todo salga" le indicó Kentaro a Reimu…
Reimu entonces reventó en carcajadas, dejando de aguantar tal como le fue indicado. Su bello rostro se sonrojaba mientras disfrutaba la sensación de cosquilleo debajo de su pie descalzo. Una vez Kentaro terminó con un pie, le quitó la sandalia y la media al otro pie y repitió el tratamiento. Reimu no paró de reír durante todo el proceso, mientras tanto todo su cuerpo se aflojó completamente. Una vez que el tratamiento terminó, Reimu respiró profundo para recuperar el aliento después de haber reído tanto…
"No estuvo tan mal. ¿O si?" dijo Kentaro…
"He ido a muchos masajistas diferentes… pero tú eres el primero en hacerme sentir mejor con un método tan absurdo como hacerme cosquillas en los pies" respondió Reimu…
"Lo tomaré como un cumplido" dijo Kentaro…
Reimu se bajó de la camilla y volvió a calzarse las medias y las sandalias. "Ya, en serio Kentaro. ¡Es posible que seas el mejor masajista de pies en todo Gensokyo!" dijo ella…
Kentaro se sonrojó. "…Dicen que siempre hay alguien mejor" respondió…
"Eso a mí nunca me ha pasado. Desde que nací siempre he sido la persona más fuerte en todo Gensokyo. Incluso más que Yukari" dijo Reimu…
"¿Me estás diciendo que la persona más fuerte en todo Gensokyo tiene cosquillas en los pies?" preguntó Kentaro con una sonrisa incrédula…
"¡No seas tonto! Tengo cosquillas en los pies porque soy bonita" respondió Reimu haciéndose la importante…
"De verdad lo eres" respondió Kentaro…
"¡Ay, que dulce! Por eso todo Gensokyo te quiere" dijo Reimu dándole un pellizquito en la mejilla a Kentaro antes de dirigirse a la salida. Apenas salió, Reimu se cruzó con la demonio asistente de Patchouli Knowledge que enseguida entró a la tienda…
"¿Kentaro-san?" preguntó la sensual demonio pelirroja…
"¿Y tú eres…?" preguntó Kentaro…
"¿Ya te olvidaste de mí?" se quejó la linda chica demonio…
Kentaro intentó recordar, y se acordó de cuando conoció a Patchouli. "¡Tú estabas en la biblioteca de la Mansión del Demonio Escarlata!" respondió Kentaro cuando se acordó…
"Así es. Soy una demonio de bajo nivel, de esas que los magos invocan para ayudarlos con sus tareas de todos los días, tú sabes… Una Koakuma" explicó ella…
"¿Quieres un masaje de pies también?" preguntó Kentaro…
"¡Uf! ¡Me vendría perfecto! Puedo volar, pero para encontrar específicamente tu negocio en la Aldea Humana tuve que caminar un montón" respondió la bella Koakuma…
"Recuéstate en la camilla y arreglaremos eso" dijo Kentaro…
Koakuma sin pensarlo se recostó en la camilla y se quitó los zapatos y las medias, mostrando su sexy par de pies. Kentaro enseguida tomó el hermoso pie de Koakuma en sus manos y comenzó a trabajar en aliviar su dolencia. El toque de los hábiles dedos de Kentaro sobre los nervios exactos ubicados en las plantas de los pies de Koakuma enseguida surtió efecto y la bella demonio se sintió mucho mejor…
Terminado el tratamiento, Koakuma volvió a calzarse y pagó a Kentaro por su servicio. "¡Ah, si! En realidad vine por eso de las visitas a domicilio que dice aquí en este panfleto" dijo ella mostrándole un papel a Kentaro…
"Ah, si… Fue idea de Marisa-san, ella dijo que ayudaría al negocio" dijo Kentaro…
"Es que a Patchouli-sama no le gusta mucho salir de su biblioteca, y ella realmente quería que usted le masajeara los pies otra vez" explicó Koakuma…
"Pasaron muchos meses desde la última vez que vi a las de la Mansión del Demonio Escarlata. Me he cruzado con Sakuya-san un par de veces, pero hace mucho que no veo a las otras" dijo Kentaro…
"¿Para cuando puede usted venir a la mansión, Kentaro-san?" preguntó Koakuma…
"Es tarde y estaba por cerrar el negocio, así que creo que puedo hacerlo ahora mismo. Además necesito una escolta si quiero llegar hasta allá en una sola pieza, así que te pediré ese favor" respondió Kentaro…
"¡Por supuesto!" dijo Koakuma. Minutos más tarde Kentaro se preparó, salió, cerró su negocio y caminó con Koakuma hasta la Mansión del Demonio Escarlata. Una vez llegaron allí, encontraron a Meiling dormida en la puerta como siempre…
"Veo que las cosas no han cambiado por aquí" dijo Kentaro con una sonrisa, contento de volver a ver a Meiling…
"No hace falta despertarla. Tengo una llave" dijo Koakuma, preparándose para abrir la puerta…
"¡Jaaaooooooo!" gritó de repente Meiling lanzando una patada ascendente que casi le da a Kentaro. Al hacerlo, su zapato salió disparado alto en el aire, dejando su hermoso pie descalzo muy cerca de la cara de Kentaro. El zapato descendió y Meiling lo atrapó hábilmente son su mano…
"¿Qué pasa, Kentaro-san? ¿Ya no saludas?" preguntó Meiling con una sonrisa…
