Hola a todos! Lamento mucho la tardanza con este nuevo cap, pero deben entender que el final se acerca y cada vez es más dificil terminar de conjugar la historia. Espero que les guste mucho este capítulo y que me dejen sus reviews.

Espero que se sorprendan xD y que decidan si me llevan a la hoguera o me mandan un abrazo virtual. Como les digo depende de mi humor y de la complejidad y del tiempo el próximo será el último capítulo. Sino tal vez sean dos pero, no más ^^

Desde ahora comienzo a agradecer a todas las que me han seguido desde hace ya casi un año que comenzó esta historia y me alegra mucho mucho la gran aceptacion que tuvo. Lamento no podré contestarles sus reviews del último cap pero fue cuestion de tiempo. Prometo contestar los de este.

A leer!

Disclaimer: Harry Potter, sus Personajes, Lugares y todo lo demás son una marca registrada de nuestra querida J.K Rowling y de Warner Bros (Vieron la peli?? xD Tom Felton estuvo genial!! Cierto? ^_^ lo amé, ese es mi Draco xD)


25

INCOLORA, INSÍPIDA E INODORA

—Creo que ya es hora que salgas de la habitación, Hermione—la voz de Ginny no logró hacer que se moviera siquiera un poco en la cama, seguía tendida sobre ella con la almohada tapando su rostro y las cortinas escarlatas del dosel delimitando lo que se había su vuelto su nicho personal desde aquella fatídica noche—. Voy a abrir las cortinas ¿Segura que no te derrite la luz del sol?

—Muy graciosa, Ginevra…—alcanzó a escuchar que le decía mientras corría las cortinas y encontraba a su amiga en una condición deplorable. Ginny jamás llegó a pensar que Hermione se enclaustraría de esa manera luego de lo que había pasado el viernes a media noche. Para ser sincera, muchas de las cosas que habían sucedido eran aun un misterio para ella, pero de lo que estaba completamente segura era que los Slytherin habían tenido mucho que ver. Más de lo que ella podía incluso imaginar— ¿Así de patética me veo…?—alcanzó a susurrar Hermione mirando atentamente a su pelirroja amiga que la observaba con ojos casi ausentes. Inmediatamente Ginny dibujó una sonrisa en su cara, se sentó a su lado y trató de apartar el enmarañado pelo de Hermione de su rostro.

—Sólo un poco—comentó riendo y apartando las sábanas de su cuerpo—. Creo que aun tienes tiempo de darte un buen baño antes de bajar a desayunar—la cara de Hermione fue una clara advertencia—. ¿No piensas ir al gran salón?—preguntó comenzando a enfadarse. Vio como ella negó con la cabeza y se sentaba en la cama dándole la espalda—. ¡Madura, Hermione!—exclamó fuera de sí— ¡Tú eres la más racional e inteligente aquí! ¡Sí! ¡Te besaste con Malfoy y qué!

—Fue frente a toda la escuela, frente a los maestros, frente a Harry y Ron que me deben estar odiando en este momento…—Ginny respiró profundo y habló pausadamente mientras se dirigía a la puerta de la habitación, sabiendo que su intento por sacarla de ahí había sido en vano:

—Eso no lo puedes saber porque desde ese día no los has visto. Te las has pasado todo el fin de semana encerrada sin hablar con nadie excepto conmigo. Comienzas a asustar a Lavender y a Parvati que ya empezaron a decir a toda la escuela que has caído en depresión por haber descubierto que estás embarazada…—Hermione la miró con cara horrorizada y Ginny sonrió malignamente—Eso sin hablar de los planes de boda y la bendición de su padre desde Azkabán—la prefecta suspiró derrotada y volvió a tirarse sobre la cama, jamás esperó que las cosas se pusieran tan mal—. Espero que entiendas el mensaje que trato de darte: La mejor forma de que los rumores desaparezcan es dando la cara, ya hoy es domingo y mañana tenemos clases otra vez. Tarde o temprano tendrás que hacerlo—Ginny giró el pomo de la puerta y dio un paso afuera sólo para retroceder y aclarar—. No tengo intenciones de subirte más comida a la habitación. Y en cuanto a los chicos, sé que luego de una larga explicación, que de hecho se merecen, te entenderán y apoyaran… Ya sabes que yo te ayudaré en lo que quieras.

Ginny salió de la habitación tras cerrar la puerta suavemente. Hermione se acurrucó en las sábanas mientras cerraba los ojos con fuerza y la imagen de Draco besándola se le vino a la cabeza. Se golpeó varias veces con la almohada pero era inútil, no había podido dejar de pensar en él todo ese tiempo ni tampoco dejar de preguntarse si valdría la pena.

Tocó suavemente sus labios con la yema de sus dedos y suspiró. Tal vez si valía la pena.

No podía dudar que había pasado ratos agradables junto a él y que le había enseñado muchas cosas de la vida que ella desconocía en tan sólo poco más de una semana y por las cuales suponía que debía agradecerle. Hermione frunció el ceño ligeramente, él también lograba ser realmente desagradable cuando se lo proponía, si lo meditaba con cuidado, habían cosas en su "algo que tenían, que bien podía llamarse relación" que no habían cambiado para nada… Y tal vez puede que así haya sido mejor.

No tenía claras muchas cosas, sólo sabía que tenía miedo, miedo de salir y dar la cara. De verlo y notar indiferencia en su rostro, justo como habían dicho al principio, como si no hubiese pasado nada…Para ese momento ya Hermione había notado que no sólo tenía miedo, también le dolía la posibilidad que decidieran olvidar lo que había pasado, porque habían sido muchas cosas las que habían sucedido entre ellos. Aunque a ninguno de los dos les gustara admitirlo.

Abrazó con fuerza su almohada deseando tenerlo así de cerca… Y fue en ese momento que comenzó a entender. Su cerebro prodigioso comenzó a mover sus engranajes y a trabajar como solía hacerlo antes que él irrumpiera en su mundo y dejara que su parte pasional la gobernara. También debía agradecerle por eso.

Finalmente lo había entendido todo. El problema ahora eran Harry y Ron…

Una lágrima se deslizó por su mejilla mientras ella terminaba de comprenderlo todo de una vez. Era una verdadera lástima porque, aunque ella ya lo había entendido, estaba completamente segura que esa no sería una buena explicación para sus amigos ni para nadie.

Y es que pensándolo bien, era bastante sencillo.

Sin saber cuándo.

Ni cómo.

Y muchísimo menos por qué.

Ahora se daba cuenta que se había enamorado de Draco Malfoy.

Mientras, en la sala común de Slytherin reinaba un silencio sepulcral y un ambiente tan mortífero que si hubiese entrado volando una mosca habría caído envenenada por lo cargada que estaba la atmósfera. Era por eso que los alumnos preferían no permanecer ahí mucho tiempo, bajaban rápidamente de sus habitaciones y no tardaban mucho en salir al Gran Salón a tomar su desayuno esa mañana dominical.

Esa era una situación, que sin lugar a dudas, agradaba en particular al grupo de amigos de sexto que disponían del lugar como si fuera suyo propio. Otra cosa que debían agradecer a Draco.

Theodore estaba sentado, como era usual, en un cómodo sillón frente de la chimenea, un libro descansaba en sus piernas y esperaba con semblante aburrido que Pansy y Blaise bajaran para ir a tomar su desayuno. Estaba seguro que Draco estaba dormido aun y que tal vez no tenía intenciones de levantarse al saber que le esperaba un largo y tedioso día igual al anterior.

Sonrió malvadamente, era una pena, pero todo se lo había buscado él y las cosas habían terminado como Theo había sospechado desde un principio.

Un secreto como el que él y Granger planeaban ocultar al castillo completo no duraría mucho en ser descubierto, aunque si debía ser sincero, nunca esperó que fuera de esa manera en que sucedió. Si bien habían planeado toda esa venganza en contra de Weasley y Potter por aquel accidente desagradable durante la limpieza del Gran Salón (Se refiere a su beso con Malfoy, pero ambos prefieren llamarlo: aquel accidente desagradable), jamás imaginó que la escuela entera aparecería en los terrenos y muchísimo menos que Granger agarraría a besar a Malfoy en frente de todos.

Recostó pesadamente la cabeza en el espaldar repasando paso a paso el plan, no tenía duda, algo se había salido de control pero, por más que pensaba, no podía imaginar que era. Comenzó a tamborilear con sus dedos la portada del libro mientras recordaba:

Pansy debía ir con Potter y robarle unos cuantos cabellos. Según tenía entendido nada anormal había sucedido.

Blaise debía contarle a la pequeña Weasley para que estuviese presente y le añadiera un poco de dramatismo a la situación. Era el factor diversión y querían ayudar a Blaise en sus planes con la comadrejita. Todo había pasado sin contratiempo alguno.

Él mismo se había encontrado con Brown para comprarle la poción de amor que necesitaban para la ocasión y no tuvo necesidad de llegar hasta Weasley por su cabello pues la chica tenía un cabello naranja en la túnica y no tenía que ser adivino para saber de quién era. Él mismo fue hasta el salón y cambió las pociones del par de tontos por las que le compró a Lavender. Nada anormal ni fuera de lo común.

Draco y Granger se encontrarían cerca del aula de Pociones porque él lo había querido así aunque Theo nunca estuvo de acuerdo con ello. Draco no le había dicho nada al respecto pero si hubo algún problema tuvo que ser ahí. Justo ahí.

Pero ese par de besos era lo más ilógico. Por más que pensaba no encontraba razón para que Granger haya tomado una decisión más estúpida que aquella y menos para que Malfoy lo haya rematado después. Aunque dándole a su integridad física el valor que se merecía, decidió no preguntar a su amigo nada sobre aquello.

Masajeó con movimientos circulares su sien logrando desesperarse y deseando poder encontrarse con Luna pronto. Sonrió quedamente y se alegró de no haberla involucrado esa vez, no habría sido inteligente de su parte llevarla a un lugar lleno de adolescentes llenos de sed de venganza y pociones de amor.

Theodore se paralizó y recordó los vapores de los calderos de Potter y Weasley ¿Podría haber sido que…?

— ¿No crees que estás dándole muchas vueltas al asunto, Theo?—la voz de Pansy lo tomó por sorpresa, pero tras un instante negó con la cabeza poniéndose de pie—. Tarde o temprano debían descubrirlo, no hay duda sobre eso.

—Lo sé—terminó poniéndose en marcha tras Blaise y ella que ya se habían cansado de pensar—. Pero mi plan era a prueba de fallos. Nadie tenía porque haberse enterado y resulta que ahora todos estamos castigados—terminó con una ligera mueca de fastidio en su cara.

—Tal vez sólo haya sido mala suerte—comentó Blaise despreocupado—. Sólo eso.

Theo no quedó satisfecho con aquello, pero antes de salir de la sala común algo más importante comenzó a ocupar su mente por lo que le echó un vistazo a la puerta que llevaba al dormitorio de los hombres.

Tal vez no lo admitiera en voz alta. Pero había comenzado a preocuparse por Draco.

Él estaba acostado en su cama, algunas veces se preguntaba qué tan bien le sentarían unas ventanas a los dormitorios de Slytherin, pero sabiendo que estaban bajo el lago era consciente que no era posible. No sabía qué hora era exactamente, pero ya los todos se habían ido creyéndole dormido. La verdad, era poco lo que había descansado desde la noche del viernes aunque sus amigos creyesen lo contrario.

El día anterior soportó estoicamente los señalamientos en los pasillos, los cuchicheos mientras lo miraban en la sala común y el murmullo generalizado en el Gran Salón. Sabía que era inevitable que, algún día, todos se enteraran pero estaba seguro que aquella no había sido la mejor manera.

Bufó enojado. ¿Cómo podían decir que Granger era la bruja más inteligente de su generación? ¿Cómo, después de semejante brutalidad cometida? Pero él no era del todo inocente, porque por alguna misteriosa razón volvió a besarla frente a todos confirmándoles que lo que habían visto antes no había sido un espejismo.

Comenzó a golpearse la cabeza con el puño cerrado. No entendía porque lo había hecho, pero el remordimiento ahora era grande, muy grande. Pensó en lo absurda que había sido toda la situación y que los causantes que el colegio en pleno fuese espectador eran el cuarteto de Ravenclaw, pero las ganas de cualquier venganza se habían esfumado al ver como terminó su último intento de una.

Lo que no alcanzaba a comprender era, sin lugar a dudas, cómo habían llegado el loco de Dumbledore, la vieja urraca de McGonagall y Snape hasta ahí. Se removió en la cama y abrazó una almohada ocultando su cara en ella, algo se le escapaba, y no sabía que era. Cerró los ojos y aspiró profundamente. Jazmines y vainilla.

Luego de que el hechizo se rompiera, su cama había quedado impregnada de ambos aromas. Sin embargo, no había hecho nada por deshacerse de ellos. Le gustaba sentir ese fragancia cerca de sí, por algún motivo que no alcanzaba a comprender completamente le hacía pensar que ella estaba cerca, y aunque nunca lo reconocería en voz alta le gustaba estar cerca de ella, junto a ella, sobre ella…lanzó con fuerza la almohada en contra de la pared y se reprendió por aquel pensamiento.

Esa era la única causa por la que la situación se había salido de control. Tan sólo una semana atrás no se hubiese imaginado que cosas de tan alto calibre habrían de suceder. Y si bien no podía señalar a un culpable, tamaño enredo hubiese podido ser evitado.

O no…

Mejor no.

Todo estaba bien así aunque en ese momento no lo pareciera. Porque verla reír era algo que le contagiaba de buen humor, porque hacerla rabiar despertaba más sentimientos en él de los que hubiese querido, porque al besarla deseaba decirle tantas cosas y a la vez nada…

Pero, ¿Qué quería decirle? No lo tenía claro. Tal vez que no quería que se fuera de su lado y que sin ninguna duda lo que habían vivido en ese corto tiempo había hecho que despertaran cosas raras en él; tal vez que no le importaba que fuese una sangresucia ni tampoco que fuese amiga de Potter.

Probablemente le diría que estaba por volverle un cursi sin remedio y que tanto tiempo con ella habían empezado a afectarle el cerebro porque de otra manera no entendía cómo es que quería decirle que no estaba seguro de cuando le habían empezado a gustar tantas cosas de ella…

Se levantó de un brinco y quedó sentado en la cama con los ojos abiertos como un par de platos. Su mirada gris se perdía en el verde aterciopelado de las cortinas de su dosel mientras su pecho desnudo comenzaba a agitarse al haberlo entendido todo.

Sacudió su cabeza tratando de aclarar la mente pero era inútil pues nunca había estado más clara.

Y es que pensándolo bien, era bastante sencillo.

Sin saber cuándo.

Ni cómo.

Y muchísimo menos por qué.

Ahora se daba cuenta que se había enamorado de Hermione Granger.


El Gran Salón estaba tan bullicioso como cualquier otra mañana de un domingo. Bueno, tal vez no. Tal vez el comedor parecía una caldera a punto de ebullición. No había un tema diferente de conversación y dos palabras se repetían en cada boca que se abría para decir cualquier cosa: Granger y Malfoy.

Harry estaba realmente harto, visiblemente cansado y profundamente decepcionado. Tomó una tostada y luego de ponerle un poco de mermelada de mora comenzó a comerla, poniendo así fin al ayuno que había mantenido desde el día anterior. Pero no había sido capricho suyo, simplemente era inevitable que su estomago devolviese cualquier cosa que insistiese en comer al rememorar esa escena de su mejor amiga besando a su peor enemigo.

Suficiente. Dejó caer su tostada y frunció el ceño. Ya no podía comer más.

Ron lo miró sabiendo perfectamente cómo se sentía, pero a diferencia de Harry, a él le había sido imposible dejar de comer. Fueron necesarios Dean, Neville y Seamus para sostenerlo la tarde anterior y evitar que lanzara un Bombarda en contra de la pared de la sala común y así poder subir a hablar con Hermione que le debía más de una explicación. Harry no es que haya sido de mucha ayuda, sólo lo miraba y esperaba: Su tendencia al silencio había comenzado a preocuparlo seriamente.

Terminó un par de salchichas y mientras Lavender hablaba con Parvati (de Hermione, claro está) observó como los tres amigos de hurón saltarín hacían su entrada al Gran Salón. Casi inmediatamente se puso de pie pero Harry negó con la cabeza mientras intentaba comenzar a comer otra vez.

—No vale la pena, Ron—murmuró mordiendo nuevamente la tostada—. No luchemos contra lo evidente.

— ¡Pero Harry! ¡Lo único evidente aquí es que hechizaron a nuestra amiga! ¡Ella nunca…! ¡Ese Malfoy…!

— ¡No digas tonterías Ron! —Exclamó llamando la atención de varias personas alrededor y sorprendiendo a su amigo en el proceso por lo que bajó un poco la voz—. Nadie hechizó a Hermione. Y este no es el momento para hablar de eso, sólo siéntate y termina de desayunar.

Ron se sentó lentamente, sin perder de vista ni un momento la entrada de los Slytherin, pero al momento se olvidó de ellos y se concentró en terminar un par de salchichas que aun tenía en su plato.

El resto del desayuno transcurrió en casi completa calma.

Harry fingió no escuchar que Hermione y Malfoy estaban saliendo a escondidas desde hacía dos años y que la boda estaba planeada para navidad.

Ron falló al tratar de aventar un plato de avena en contra de la cara de alguna chica que insinuó lo bien que la pasaba Hermione en la cama con Malfoy.

Para esos momentos, el profesor Dumbledore se levantó de la mesa de los profesores seguido de McGonagall, Sprout y Snape, que sin hacer más que mirar a sus respectivos alumnos involucrados, estos entendieron el mensaje y se pusieron de pie.

Había sido bastante injusto, según su punto de vista, pero luego de que todos los alumnos fuesen ahuyentados y obligados a ir a sus salas comunes, después de que Harry y Ron fueran llevados a la enfermería para darles una poción que anulara los efectos del filtro de amor y tras que Hermione desmayada fuese cargada en brazos por Ernie McMillan que era guiado por Ginny hasta la torre de Gryffindor; los Slytherins que planearon todo aquello fueron notificados en su sala común de que estaban castigados y que en qué consistía el mismo les sería comunicado pronto.

Ese mismo sábado en la mañana y para la desagradable sorpresa de Gryffindors (Víctimas), Slytherins (Victimarios) y Hufflepuff (Persona que se encontraba en el lugar y momento equivocados) llegó una nota de su director donde rezaban unas pocas palabras:

"Creo que ya había tenido la oportunidad de mencionarles a algunos de ustedes que, según mi humilde punto de vista, el único castigo que funciona con ustedes lo jóvenes es la opinión pública. Pronto los esperaré en mi despacho.

A.P.W.B. Dumbledore"

Y al parecer aquel momento había llegado porque bajo la atenta mirada del comedor en pleno Harry Potter, Ron y Ginny Weasley, Ernie McMillan, Theodore Nott, Pansy Parkinson y Blaise Zabini (que rezongaba en voz baja que Draco y Granger no estaban allí) se movían detrás de los cuatro profesores rumbo al exterior del Gran Salón.

Sin embargo, antes de que nadie se lo esperase, el director se detuvo en seco, haciendo que la profesora Sprout golpeara contra su espalda su pequeña figura. La procesión de alumnos se detuvo y, mientras los demás estudiantes proseguían con su desayuno, los que lo seguían se miraron extrañados.

— ¿Sucedió algo, Albus?—susurró preocupada la profesora McGonagall acercándose a su jefe que negó con la cabeza mientras sonreía burlón y miraba fijamente por encima de sus gafas de montura de medialuna la puerta abierta del Gran Salón.

—No, Minerva. No ha sucedido nada…—entonces añadió mientras sus ojos azules brillaban—. Pero está a punto de suceder.

Bastó que el profesor pronunciara esas palabras para que Hermione, que venía bajando las escaleras del Vestíbulo, se encontrara de frente con Draco, que venía subiendo las escaleras de las mazmorras. Cada uno caminaba con el cabeza en sus asuntos, distraídos, sin notar que de un momento a otro estaban cara a cara de frente a las puertas abiertas del Gran Salón y ante los ojos expectantes de todo el alumnado que se había sumido en el más abismal de los silencios.

Al parecer, todo el mundo esperaba que sucediera algo y si era dramático tendría un efecto mucho mejor. Pero para su gran decepción, Hermione no podía hacer nada, sólo se maldecía interiormente por haber tomado la, para nada inteligente, decisión de salir de su cómodo y alejado refugio, sólo para venir a encontrarse de frente con la persona que menos quería ver en ese momento. Draco, por su parte, no apartó su mirada clara gris de ella y alzó una ceja lentamente dejando entrever su sorpresa: pensó que Granger no saldría nunca de su habitación y pediría un traslado al colegio mágico lo más alejado posible de Gran Bretaña. Pero una vez más se equivocó en sus conclusiones respecto a ella.

No se dieron cuenta de cuando, pero comenzaron a sonrojarse pensando, cada uno por aparte, en las conclusiones a las que habían llegado esa mañana. La cara de Hermione estaba furiosamente roja, mientras que a Draco si acaso se le veía un ligero rubor rosado en sus mejillas. Ella trató de decir algo, de abrir su boca para desearle una feliz mañana o para pedirle que desapareciera del planeta para que su existencia volviera a ser tan feliz como era antes. Pero fue silenciada por un casi imperceptible movimiento de cabeza de Draco que le señaló al interior del Gran Salón.

Hermione se giró lentamente y observó cientos de pares de ojos observándolos fijamente y se aterró por lo que no pudo decir nada. Draco la miró divertido, se encaminó hacia el interior tropezando con ella sólo para fastidiarla y dijo tranquilamente rumbo a la mesa de Slytherin:

—Estás en mi camino, Granger.

Ella aun anonadada observó a sus profesores y al director que le sonrió paternalmente y les dijo a ambos:

—Señorita Granger, señor Malfoy. Tan pronto terminen su desayuno los espero en mi despacho—y salió del lugar dejando a Hermione como una estatua en la puerta que se preguntaba deprimida y avergonzada cual era la probabilidad estadística que de todos los escenarios posibles justo hubiese ocurrido ese; a Draco que se sentaba en la mesa verde como si nada hubiese pasado pero que en realidad se estaba divirtiendo de lo lindo con la cara de todos en el Gran Salón y a los estudiantes castigados que le seguían un tanto confundidos por la charla que comenzó acerca de que no interferiría en la buena nutrición de sus alumnos.

No hay más que decir que el tiempo que Hermione y Draco estuvieron en el Gran Salón, fue el estrictamente necesario para alimentarse, pues si no serían ellos los que hubiesen terminado de comida para los chismosos y cotilleras que compartían lugar con ellos.

Hermione cada vez se encogía más en su lugar mientras devoraba un par de tostadas y se atragantaba con un poco de jugo de calabaza antes de salir huyendo.

Draco, al contrario, dirigió una mirada mortífera a los alrededores que emanaba tales ondas de odio y peligro que se pudo permitir un desayuno más decente.

Por eso, en silencio y por separado, se dispusieron a buscar el despacho del director.

En tanto, en la oficina de Dumbledore los siete estudiantes castigados y los tres profesores presentes miraban con incredulidad el rostro del director que les sonreía como si estuviese dándoles la bienvenida a una fiesta. Para ser sinceros, el único que se iba a divertir con todo aquello era él pero eso era algo que no tenía porque saber ninguno de los que estaba ahí.

—Creo que he escuchado mal, profesor.-comenzó Snape mientras aparecía un tic encima de su ojo izquierdo producto de su rabia contenida—. ¿Esa es su idea de un castigo para estos…alumnos problema?

Dumbledore asintió y miró a todos los presentes por encima de sus monturas de media luna.

— ¿Alguna otra duda?

—Yo tengo una pregunta, señor. A decir verdad, tengo dos preguntas. —todos giraron a ver a Nott que veía con una ceja enarcada al director que sonreía, al parecer se esperaba que el chico hablase. Asintió levemente dándole permiso para continuar—. En primer lugar, ¿Podría ser usted tan amable de repetirnos lo que tenemos que hacer? No sé si sólo somos el profesor Snape y yo quienes no le encontramos lógica y mucho menos utilidad a la tarea que nos ha encargado.

—Por supuesto, señor Nott. Puedo repetirlo y darle incluso una copia en pergamino si la requiere: Es su deber, única y exclusivamente, volver a traer el orden a este castillo que últimamente ha perdido su habitual clima apacible de estudio y entrega. No les sugiero nada en especial, pero pueden girar sus ojos hacia aquellos que comenzaron todo esto tratando de ser discretos cuando se sabe perfectamente que aquí nadie logra serlo. La única recomendación que les doy es que recuerden que existen herramientas externas que pueden ayudar a la verdad para que salga a la luz y creo que casi todos ustedes ya conocen la que deben usar en esta ocasión. Mañana sería el día perfecto sólo falta encontrar el momento perfecto y el ayudante perfecto—sonrió al terminar toda aquella retahíla y añadió mirando a Theodore—. ¿Lo necesita por escrito, señor Nott? —El chico hizo una mueca de disgusto a su profesor y negó con la cabeza—. Entonces ahora puede hablarme de esa otra inquietud que tenía.

Theo sonrió de medio lado terminando de entender todo lo que su profesor había dicho y añadió dejando a todos con la boca abierta:

—Fue usted quien hizo que todo el colegio presenciara el beso entre Malfoy y Granger, ¿cierto, señor?

El profesor Dumbledore se permitió sorprenderse y abrir los ojos más de lo normal. Los otros miraron asombrados al Slytherin que esbozó media sonrisa al saberse en lo correcto y se cruzó de brazos mirando alrededor fingiendo modestia.

—Debo asumir entonces que ya sabe lo que tienen que hacer, señor Nott—él asintió levemente mientras los demás seguían sin entender nada y Ron murmuraba que todo sería menos enigmático si Hermione estuviese ahí y les explicara—. Me gustaría ahora preguntarle a usted cómo hizo para llegar a tal conclusión.

—Fue bastante sencillo—comenzó Theodore alzándose de hombros—. Sólo alguien de su ingenio y habilidad podía intervenir para armar tamaño alboroto en el castillo. Ahora entiendo que Granger y Draco se besaron por inhalar los vapores de esa poción. Sabía que algo se me escapaba…—el director asintió a cada frase dicha por su estudiante y sonrió mientras lo analizaba lentamente—. Y eso era obviamente su intervención —Theodore sonrió de medio lado y terminó—. Modestia aparte, señor: Mi plan era a prueba de fallos.


Ya había pasado la hora de la cena y Draco había decidido saltársela. Pansy le había traído un poco de pastel de carne y jugo de calabaza que él comía entonces en la desierta sala común.

Dónde estaban sus amigos era un verdadero misterio: Habían desaparecido después de llegar del comedor y apenas tuvo tiempo de decirles que el castigo que Dumbledore les había puesto había sido limpiar las cocinas con Granger al día siguiente.

Por su parte Hermione en la soledad de su cama con la almohada en la cara trataba de asfixiarse a sí misma para poder olvidar el silencio incómodo que se instaló en el despacho del director cuando les notificó de su castigo y cómo en su garganta quedaron atoradas un par de palabras que quería decirle a Malfoy cuando Snape le llamó y se lo llevó con él. No había visto a sus amigos y no había cenado. Pero prefería dormir con el estómago vacío a volver a poner un pie en el Gran Salón. Había sido su decisión personal: moriría de inanición antes de exponerse nuevamente como ganado en matadero.

Decidió irse a dormir, porque estaba segura que si se quedaba despierta un rato más no resistiría la tentación de bajar a las cocinas a buscar algo de comer y eso representaba apoyar la esclavización de elfos domésticos y sólo déspotas como Malfoy apoyaban eso. Bostezó y abrazó la almohada aun más fuerte. No iba a perder más tiempo pensando en eso.

En tanto, un grupo dispar de estudiantes estaban reunidos en un salón vacío en el cuarto piso. Un silencio incómodo caía sobre ellos mientras sentados sobre algunas mesas y pupitres se veían las caras sin entender en lo más mínimo qué rayos estaban haciendo ahí.

— ¡Ya me cansé! ¡Habla de una vez Nott si no quieres que te saque las palabras con un par de maldiciones!—exclamó Ron una vez que perdió la paciencia tras estar diez minutos en el salón sólo observando cómo meditaba el chico. Era absurdo, estaba compartiendo demasiado espacio con esos Slytherins, estaba convencido que debía ser malo para la salud.

—No creo que debas exaltarte de esa manera, Ron—comentó Luna despreocupadamente mientras se sentaba al lado del Theo que le sonrió ligeramente. El Gryffindor a miró sorprendido y preguntó:

—Y a propósito, ¿Qué estás haciendo tú aquí?—Theodore le miró de tal forma que se consideró hombre muerto al instante. No era broma: esos Slytherin si que daban miedo.

—Ayudar, Weasley. Eso hace. O por lo menos se queda callada mientras intento que se me ocurra algo para hacer lo que Dumbledore nos ordenó.

Ron lo miró con cara de disgusto y abrió la boca para replicar pero fue interrumpido por alguien que se le adelantó:

—El problema, Nott, es que no sabemos qué fue lo que Dumbledore nos ordenó que hiciéramos—dijo Ginny que al parecer estaba bastante molesta sentada a unas cuantas mesas de donde se encontraba Harry. Puso los ojos en blanco al ver como Parkinson le dirigía una mirada atrevida al chico y terminó con sarcasmo—. Así que si eres tan amable, por favor, ilumínanos con tu inteligencia ¡Oh, gran Nott!

El chico la miró enarcando una ceja mientras Harry, Ron y Ernie se reían por las palabras de la pelirroja. Luna miró con reprobación a su amiga pero no dijo nada supuso que se debía sentir muy molesta porque ella no había entendido el mensaje del director y Theo sí.

—Por supuesto que lo haré, comadrejita. Pero quiero que todos me presten mucha atención y que nadie me interrumpa. Sobre todo eso. Cero interrupciones—todos asintieron y se dispusieron a atenderle. Theo tomó aire y se puso de pie, caminó hasta el frente de la clase y suspiró masajeándose la sien, sin saber por dónde empezar—. Como saben, el director quiere que de alguna forma logremos que todos en el castillo se preocupen nuevamente por el estudio y dejen de preocuparse tanto por la vida privada de los demás—al ver las caras de burla de todos, se apresuró a corregirse—. Bueno, al menos lograr que lo dejen como un hobbie y no como la actividad principal a la que vienen a Hogwarts. Esto es una escuela de magia, no el escenario de una novela rosa. Eso es lo que el director desea…

— ¿Y cómo se supone que haremos eso?—preguntó Blaise hastiado de todo aquello. Theodore puso los ojos en blanco ignorando el hecho que le había interrumpido y continuó:

—Dijo que volteáramos a mirar a los que habían comenzado con el alboroto, tratando de ser discretos cuando en el castillo nadie puede serlo…

—No estamos para acertijos, Nott—dijo Ginny recogiendo su cabello en un moño alto y haciendo que el chico cerrara sus puños con fuerza tratando de calmarse. Suspiró sonoramente y prosiguió:

—No son ningunos acertijos, Weasley—escupió con despreció comenzando a perder la paciencia—. Creo que aquí todos sabemos que de quienes hablaba el profesor Dumbledore era de Granger y Malfoy…

— ¡De ninguna manera! —Exclamó exaltado Ron— ¡No sé qué es lo que ustedes han estado pensando que tiene Hermione que Malfoy pero escuchen bien! ¡No hay nada entre…!

—No seas estúpido, Weasley—dijo cortante Theodore desesperado ya por tantas interrupciones—. Que tú hayas estado demasiado ocupado comiéndole la boca a Brown no quiere decir que los demás no lo hayamos notado que ese par tiene algo. Así que por favor mantente callado que tus tonterías realmente me desesperan. No quiero volver a repetir lo de cero interrupciones…

— ¡Estás demente, Nott! —gritó Ron rojo de furia— ¡Hermione no tiene nada con Malfoy! ¿Cierto, Harry? —el chico buscó con la mirada a su amigo pero sólo vio como se alzó de hombros y negó suavemente con la cabeza dejándolo confundido— ¿Harry…?

—Vamos, Ron—murmuró él quedamente—. Es bastante obvio. Creo que Nott tiene razón, al menos en aquello que no has estado muy pendiente de lo que ha pasado estos últimos días a nuestro alrededor—suspiró y se cruzó de brazos mirando fijamente a su amigo con sus profundos ojos verdes y terminó—. Hermione se ha estado viendo con Malfoy, sobre eso no hay discusión. Ahora dejemos que Nott termine lo que nos tiene que decir.

Ron cayó derrotado sobre su asiento, repasando mentalmente todo lo que había pasado esa última semana y para su desgracia comenzó a notar que había cosas que dejó pasar sin preocuparse. Todos observaron su rostro contrariado y prosiguieron a ignorarlo.

—Gracias, Potter—susurró Nott para luego proseguir—. Creo que debemos hacer que de alguna forma reconozcan ante todo el colegio lo que tienen. Es decir, que dejen sus tontos y fallidos intentos de ocultarlo que lo único que hacen es que todos se emocionen más respecto al tema— puso los ojos en blanco y continuó—. Ahora, ese es el problema. Sé cuándo debemos hacerlo, mañana cuando deban cumplir su castigo en las cocinas, el problema es que no sé exactamente qué es lo que tenemos que hacer.

Todos se quedaron pensando en las palabras del director, no tenían ni idea de cómo lograr convencerlos que dejaran de comportarse como estúpidos y aceptaran que tenían algo. Theodore se sentó sobre la mesa del profesor y observó la sonrisa de Luna que le miraba con cariño. No se le ocurría nada.

—El profesor Dumbledore mencionó algo acerca de las "herramientas externas para hacer que la verdad salga a la luz" —comentó Ernie McMillan, el inocente implicado en todo aquello. Tamborileó con sus dedos la mesa frente a él y pensó en voz alta—. ¿Qué se supone que puede ayudar a la verdad? Se debe referir a magia de alguna clase, algún hechizo, tal vez un encantamiento o quizás una poción…

Los ojos de los presentes se abrieron un poco más de lo normal entendiéndolo todo de una vez. Eso era. Una poción. Y no cualquier poción. Justo aquella que tardarían un mes en terminar quienes tomaban los EXTASIS de esa clase.

Theodore se vio de repente emocionado: ¡Sólo debían darle Veritaserum a Granger y a Draco y todo acabaría! El lío ahora era cómo lograrlo.

—Un momento, yo aun no entiendo algo—la voz de Ron llamó la atención de todos— ¿Cómo se supone que haremos que Hermione tome esa poción? Les recuerdo que es una bruja muy inteligente, no podemos llegar a decirle "Hola Hermione ¿Quieres un poco de esta poción espesa y burbujeante?"

Blaise, Theodore y Ernie, un tanto entendidos de Pociones, pusieron los ojos en blanco mientras Harry negaba con la cabeza. A veces Ron se pasaba de tonto, pero sólo a veces.

—No tendremos esa clase de problemas, Weasley—comenzó Theo burlón—. Si prestaras un poco más de atención en clase de Pociones supieras que el Veritaserum es un poción incolora, insípida e inodora, por lo que no tendremos problema para que la tomen.

Ron miró fijamente a Nott con resentimiento, abrió la boca para decir algo pero la cerró enseguida. Lo único que quería era evitar a toda costa que todos ellos llevaran a cabo su plan. Miró a Harry y luego a Ginny, pero ninguno de los dos parecía dispuesto a brindarle el apoyo que quería.

Pansy se quedó mirando al muchacho pelirrojo por unos segundos y se divirtió con su cara de desconcierto por lo que añadió haciendo reír a todos los presentes:

—Lo que Theo quiere decir con eso de incolora, insípida e inodora, es que la poción no se ve, no sabe y no huele, Weasley—los Slytherin rompieron en una carcajada mientras Ron se ponía rojo de ira y Harry, aun rodeado de esa aura triste y melancólica, le susurraba que se calmara.

Ahora les correspondía pensar quién les ayudaría a que se tomaran la poción porque cualquiera de ellos habría sido demasiado sospechoso. Sin embargo y aunque pasaban los minutos a nadie se le ocurría nada, de hecho, aunque ya había entendido lo que tenían que hacer (darle la poción de la verdad al par más problemático de Hogwarts) y cuándo lo tenían que hacer (la noche siguiente, cuando les tocara cumplir su castigo) no entendían cual era la utilidad de aquello ni quien les podía ayudar a que la bebieran sin sospechar nada.

Todos suspiraron en coro, al parecer, Dumbledore se había encargado de mortificarlos bastante antes de que pudieran hallar una solución. Maldito viejo loco.

Harry se acomodó un poco las gafas sobre el puente de su nariz, pensó en todo aquello que estaba sucediendo y en las lentas reacciones de Ron. Todo ese tiempo había visto venir aquello y sospechaba que más tarde que temprano debía hacerse a la idea de que Hermione sentía algo por Malfoy y que si de verdad la respetaba y apreciaba como su mejor amiga debía aceptar su decisión y apoyarla.

Él era capaz de entender completamente lo que sucedía aunque los demás no lo hicieran: Hermione tenía sentimientos por Malfoy y él por ella, el Veritaserum era sólo una herramienta sugerida por el director para que esos sentimientos conocieran la luz, y de paso, hacer que el castillo después de una explosión de emoción y chismes frescos volviera luego a la normalidad, o lo más cercano posible a eso.

Harry suspiró mirando a Ginny de reojo y luego a Parkinson. Estaba en un gran lío pero no era momento para pensar en eso. Pensó en lo injusto que era su castigo en comparación con el de los otros dos: según Nott, Malfoy había dicho que debían limpiar las cocinas, pero qué iban a limpiar si los elfos la dejaban impecable día tras día…

Harry se irguió de repente en su silla y miró alrededor los rostros pensativos (Theodore, Luna, Ernie y Ginny) y aburridos (Blaise, Pansy y Ron) de quienes le acompañaban. Ya lo tenía.

—Eh…creo que ya sé quien nos puede ayudar—en un momento Harry se volvió el centro de todas las miradas, se sintió un poco intimidado, pero tosió un poco y siguió enseguida—. Un elfo de las cocinas puede ofrecerles algo, le puedo decir a Dobby, de seguro puede ayudarnos. Aunque siempre existe la posibilidad de que se nieguen a aceptar lo que les dé.

Ron asintió y felicitó a Harry por su genialidad, gracias a eso podrían largarse en paz y alejarse de todos esos Slytherins peligrosos y traicioneros.

— ¿Dobby? ¿Te refieres a Dobby, el anterior sirviente de Draco? —preguntó Pansy intrigada a Harry que asistió ligeramente haciendo que a la pelinegra se le dibujara una pequeña sonrisa maligna en la boca. Theodore la miró interrogante y entonces añadió enigmática—. Si es así, sólo debemos preocuparnos por conseguir el Veritaserum, porque si antes existía una pequeña posibilidad de que Draco aceptara beber algo que le ofrecieran, ya no hay problema.

Todos la miraron sin comprender y Blaise expresó la duda de todos en voz alta:

— ¿Y se puede saber por qué estás tan segura de lo que dices?—todos asintieron de acuerdo y ella respondió saliendo del salón mientras todos la seguían:

—Sólo existe una cosa a la que Draco Malfoy no se puede resistir y ese elfo sabe perfectamente que es. Así que, Blaise, Theo, McMillan y comadrejas, consigan el Veritaserum y tú, Potter, me acompañarás mañana temprano al sótano. Ese viejo loco no podrá vencernos.


Hermione caminaba en silencio desde las cocinas hasta la sala común de Gryffindor. Iba subiendo las escaleras que llevaban hasta el vestíbulo en completo silencio escondiendo dentro de su bata un tarro gigante de mermelada de frambuesa y unas cuantas rodajas de pan para comer en la soledad de su cama.

Subió a paso raudo una, dos, tres plantas y pronto se encontró en el segundo piso. Suspiró profundo, sólo le faltaban cinco. Anduvo lo más rápido que pudo y se escondió tras una armadura al escuchar los ligeros pasos de alguien aproximándose desde atrás. Contuvo la respiración al sentir que se acercaban y cerró los ojos con fuerza.

El ruido se había detenido y al parecer no había nadie por ahí. Salió de su oscuro refugio y dio un par de pasos. Aliviada trató de emprender el camino de regreso a su sala común cuando una varita con un Lumos conjurado le iluminó la cara haciéndole gritar del susto y aventar hacia el techo todo lo que traía en las manos.

Los panes volaron por el aire y el frasco de mermelada iba a caer justo sobre su cabeza cuando la mano libre del dueño de la varita lo sostuvo como pudo en el aire, con tan mala suerte que fue boca abajo y la pegajosa mezcla se derramó sobre parte de su cara y resbaló lentamente por su cuello ensuciando su bata y pijama.

—Eres tan torpe, Granger—su voz sibilante la tomó por sorpresa y su rostro le observaba burlón apuntándole con la varita iluminada. Ella retrocedió un par de pasos y decidió tomar una pose defensiva, así se garantizaría una huida segura. O al menos eso creía.

— ¿Qué haces por aquí, Malfoy? —él la miró y enarcó una ceja para luego bajar la varita y apoyarse en contra de la pared.

—Buscando a los demás. No aparecen por ninguna parte…—Hermione comenzó a apartar con cuidado la dulce mermelada de su pijama y lo miró asombrada por un momento a sus ojos grises y claros que reflejaban la tenue luz de la varita. Por un instante pensó que él, tal vez, estaba preocupado por sus amigos pero…—. Deben estar planeando algo. Si no aparece ninguno de ellos es que algo traman y eso no es para nada bueno. Sobre todo si no estoy con ellos.

—Es comprensible, si yo fuera tú también anduviera prevenida con esos amigos—Hermione suspiró resignada: no podía esperar nada diferente de una pandilla de Slytherin.

De pronto fue cuando sucedió. Un silencio pesado, incómodo y cargado cayó sobre ellos como un manto. Se miraban fijamente iluminados por la varita de Draco, notando, cada uno por aparte, que habían mantenido una conversación decente y que ahora no tenían más nada que decir.

Bueno, para ser francos tenían mucho que decirse pero ninguno tenía el valor suficiente para hacerlo. Draco la miró y se supo completamente perdido, le encantaba, la quería, la deseaba y sospechaba seriamente que la amaba; y, mientras ella no pusiera resistencia, él se seguiría acercando a ella.

Dio un par de pasos y luego otro. Sonrió de medio lado, mostrado parte de su perfecta dentadura, caminaba con elegancia creyéndose el dueño del mundo, del universo, de ella…

Fue entonces, cuando Hermione vio como avanzaba cuando se supo perdida, le encantaba, lo quería, lo deseaba y sospechaba seriamente que lo amaba; y mientras él se siguiera acercando, ella no pondría resistencia.

—Eres un completo desastre, Granger…—susurró apagando su varita y dejando que sólo el ligero resplandor de antorchas lejanas y una luna semi-oculta les iluminara. Posó su mano en la cara de Hermione con delicadeza apartando con cuidado un mechón sucio de su cabello y haciendo que ella se estremeciera con el contacto—. ¿Qué es esto? ¿Mermelada? —Llevó sus dedos hasta su boca y probó para luego asentir y sonreír de medio lado—De frambuesa, mi favorita…

A Hermione le habría gustado decirle que tal vez era oportuno tener una buena charla acerca de la relación (o algo así) que tenían, también hubiese querido preguntarle si quería seguir jugando ese juego que tenían y qué opinaba él respecto a eso. También quería decirle si estaba de acuerdo en seguir ahora que todo el mundo lo sabía y si no le importaba lo que los otros pensaban, y claro, lo más importante, quería preguntarle que pensaba él de ella, que sentía por ella.

Pero la simple posibilidad de decirle todo aquello se esfumó tan pronto la lengua de Draco tocó su cuello, recorriéndolo lentamente saboreando el sabor de la mermelada por encima de su piel. Hermione sólo pudo poner sus manos sobre su espalda y apretar con toda su fuerza su camisa mientras se le escapada un gemido delator.

Draco sonrió por encima de su cuello y llevó sus labios hasta los de ella, comenzando un beso suave, fácil, lento…demasiado lento para Hermione que lo acercó hasta ensuciarlo también de mermelada. Le gustaba demasiado todo aquello, le gustaba sentir cómo era suficiente besarlo cerca de la oreja para que suspirara quedamente, le gustaba perder las manos en su cabello mientras él la acercaba aun más tomándola por la cintura, pero indudablemente lo que más le gustaba era sentir cómo sus manos traviesas bajaban los pantalones cortos de su pijama y se aventuraban cerca de su ropa interior.

Se besaron nuevamente, igual de lento y pausado, él le imponía el ritmo y ella sólo tenía una cosa en mente: matarlo si seguía así.

—Ma…Malfoy…-susurró alejándose de sus labios haciendo que el al instante bajara su cara hasta su pecho descubierto después que él con calma abriera cada botón de su pijama. Lo seguía haciendo, acariciándola y besándola tan despacio que lograba hacerla retorcer de placer pero ella quería, ella…no pudo pensar más nada por que debió cubrir su boca para no gritar su nombre en medio de la oscuridad de la noche. Él sonrió nuevamente hasta sus labios luego de deshacerse de su ropa interior y le sonrió mientras ella trataba de hablar— ¿Por qué…? ¿Qué…? ¿Qué pretendes…?

Aunque se esforzara su cerebro había llegado a la etapa en que renunciaba a pensar, fue por eso que sus manos se movieron solas hasta el broche del pantalón de Malfoy mientras su lengua se movía con demasiada delicadeza dentro de su boca. Fue entonces cuando él acercó sus labios hasta su oreja y la acarició dulcemente antes de gemir quedamente al sentir las manos de Hermione tocándole tan al sur:

—Hoy, Granger…Hoy es un día especial—sonrió malvadamente antes de perder su cara en el cuello de Hermione que se sabía dueña de él sólo por hacer lo que estaba haciendo, le acariciaba por encima de la ropa interior y él sabía que debía darse prisa si no quería que todo terminara mal—. Hoy quiero que me pidas más…Que grites mi nombre…Que entiendas que…—no pudo seguir porque sus manos pequeñas se colaron dentro de su ropa y ahogó un gemido—. Eres una maldita, Granger—ella sonrió mientras él respiraba agitadamente en su cuello y seguía—Hoy quiero…que entiendas que eres mía…sólo mía, que yo te…

Hermione se quedó quieta de repente, atenta, escuchando aquello que él tenía que decir pero sin previo aviso, Draco la subió por las caderas apoyando la en la pared y se hundió en ella tomándola por sorpresa y consiguiendo que se arqueara de placer mientras le rodeaba el cuerpo con sus piernas.

—Estás…estás…demente…— murmuraba mientras comenzaban a moverse—. Estamos…en….en un pasillo…—él sonrió burlón ante aquello y murmuró por cualquier respuesta:

— ¿Y…qué?... Ya todo el mundo lo sabe.

Para el gran pesar de Hermione, Draco no cedió ni un ápice. Cada vez que le miraba reclamándole le devolvía una sonrisa burlona y un "tú ya sabes". Maldijo a todos los Malfoy y a Draco un par de veces pero lo único que consiguió fue arrancarle otra y otra sonrisa.

Sin embargo, el sonido de unas voces lejanas les advirtieron que alguien se acercaba y deteniéndose abruptamente se escondieron en el baño de Myrtle que afortunadamente no estaba por ahí.

—Ya sabes, Theo. Consíguelo para mañana y yo me encargo del resto—escucharon la voz de Parkinson alejándose.

— ¿Y qué pretendes que haga? ¿Acaso crees que se consigue como una escoba o un caldero? —se oyó la voz de Theodore enojado contestándole.

—Ya cállense los dos. Parecen un par de urracas, nos van a descubrir—terminó Blaise irritado mientras las voces finalmente desaparecían.

Draco y Hermione sentían el corazón en la boca. Se encontraban semidesnudos, agitados y, lo peor, a medias en un baño abandonado lejos de sus salas comunes. Bueno, tal vez eso último no era tan malo. Hermione lo miró fijamente y alzó la barbilla indignada al ver un brillo burlón en sus ojos grises:

—¿No te gusta nuestro nuevo ritmo, Granger?—dijo él acercándose a paso suave a ella que negó con la cabeza mitad enojada mitad desesperada—Bueno, ya sabes lo que tienes que hacer…

Hermione en contra de todo pronóstico le miró con furia y se acercó hasta que quedó frente a él, le tomó por las solapas de su camisa y le empujó con todas sus fuerzas sobre el lavabo haciendo que cayera sentado en el piso y sentándose a horcajadas sobre él le preguntó:

—Te repito la pregunta, Malfoy: ¿Qué pretendes?—él la miró fingiendo inocencia logrando que Hermione bufara desesperada y le soltara. Entonces fue cuando él la tomó con fuerza por las muñecas y la acostó con suavidad en el piso. Pasó sus labios lentamente por los restos de mermelada que quedaban en su cuello, sin embargo ella le apartó bruscamente y se cruzó de brazos mirando a otro lado, entonces Draco, enojado, hizo que le viera a la cara y ella se supo perdida observando los ojos del color del cielo de tormenta:

— ¿Qué pretendo…? Si quieres que te lo diga lo diré… Pretendo que me llames por mi nombre cuando estamos juntos, pretendo que entiendas de una vez que no quiero que nunca ningún hombre que no sea yo se te acerque nunca más, pretendo que finalmente dejes de preocuparte por lo que piensan los demás porque a mí no me importa.

El corazón de Hermione se aceleró al escuchar esas palabras, quería que siguiera hablando, que le dijera que la quería y que tampoco dejaría que ninguna otra mujer se le acercase a él.

—Malfoy, yo…—él colocó un dedo sobre sus labios y negó con la cabeza indicándole que no había terminado. Inclinó su cabeza hacia ella y la besó nuevamente pero esta vez Hermione no quiso que fuera más fuerte o más apasionado, ella sólo quería que no acabara nunca por eso suspiró decepcionada cuando él se separó lo suficiente para tomar aire—Yo…yo creo que te…

—Cállate un momento—dijo él acomodándose sobre ella y besándola otra vez mientras se adentraba nuevamente en su cuerpo, haciéndole gemir y suspirar su nombre, porque a él le parecía que "Draco" no sonaba tan bien en la boca de ninguna otra mujer. Una y otra vez se movía dentro de ella, haciéndola doblar de placer, haciendo que se olvidara de todo y de todos, haciendo que su nombre fuera lo único que recordaba—. Lo único… Lo único que pretendo, Hermione…Es…Es hacerte el amor por primera vez…

Ella le abrazó mientras lo besaba llegando por fin esa noche, mientras sentía su cuerpo contraerse y expandirse al mismo tiempo, mientras en su vientre había explosiones de placer infinito.

Él cayó suavemente sobre ella al poco tiempo y apoyó su cabeza en su hombro descuidadamente a la vez que ella comenzaba a acariciarle el cabello.

No importaba que estuvieran desnudos sobre la piedra fría de un baño abandonado en el segundo piso, ni tampoco que ahora tuviesen que conjurar un par de hechizos para limpiar la mermelada; a Hermione lo único que le importaba es que él la había llamado por su nombre y que muy en el fondo de su corazón comenzaba a estar segura que era correspondida.

Seguramente habría preferido otro lugar y otro momento, ese baño no era el lugar más adecuado si debía ser sincero pero lo único que importaba es que estaba ahí con ella. Se acostó a su lado y respiró profundamente. Tal vez debía estar preocupado por lo que sus amigos tramaban o pensar que al día siguiente a primera hora tenían Aritmancia, pero todo aquello se quedaba en un segundo, tercero o cuarto plano cuando estaba con ella, porque le había dicho, susurrado, gemido y gritado su nombre esa noche y sus temores de no ser correspondidos se habían disipado.

Se quedaron así otro rato más antes de moverse siquiera a buscar sus cosas para irse a sus dormitorios. No tenían ni idea de que a esa hora al día siguiente ya todo el colegio habría muerto y vuelto a la vida por lo que el tema Granger-Malfoy se refería.


Y bien, les gustó? Espero que sí XD a mí me sorprendió escribirlo...y creo que es el lemmon más descarado que he puesto en el fic XD pero en fin, espero sus comentarios, dudas, inquietudes, tomatazos...en los reviews (porque los leo toditos y me fascinan)

Un beso gigante a todos

Londony