Capítulo 24 : El destino aguarda pasivamente

-¿Ya ha despertado?

-Aún no, sigue dormido, Link. La fatiga no le vino demasiado bien, se excedió demasiado y eso que es un hombre fuerte – Dijo la anciana Ilia, mientras salía de la habitación.

-Sé que no es nada grave – Dijo Estalt, apareciendo por detrás – Cuando se recupere, tendremos que irnos.

-Qué lástima que se vayan tan pronto, pero es su deber. Por lo menos observar los ojos felices de ese muchacho extraño me ha puesto feliz – Sonrió la anciana alegremente.

Después de esto, quedaba aún una incógnita, justo respecto a Vari…¿Por qué esa ave "traicionaría" a su dueño tan descaradamente?

El joven le mandó de vuelta con Gabri para no tener problemas, aunque de seguro el príncipe Gerudo sospecharía bastante de estos acontecimientos tan extraños. Contaba las veces que llamaba a Vari, habían sido demasiadas, para paseos…exploración… Seguro corría riesgo.

Pero fuera del tema, después de un tiempo despertó el fatigado Usert, con el corazón a mil por hora y bastante sorpresa. Se levantó de la cama sin hacer el menor ruido para buscar a quién había visto.

-"¿Habrá sido una ilusión? " – Pensaba mientras caminaba por los pasillos de la casa vieja y roída dónde se encontraba y había descansado durante su desfallecimiento – "Si está vivo…ella también…" – Volvió a decirse a sí mismo, mientras buscaba al muchacho. Él era su hijo, Jeffrel, nacido en las montañas y criado durante largos años hasta el ataque…dónde se creía muerto.

Sus sentimientos se apagaron y se puso alerta, había llegado a la habitación principal, dónde se escuchaban voces bastante animadas :

-¿Y dices que Vari te ayuda desde que atacaron la aldea? -Dijo una voz chillona y tintineante

-Claro, desde el ataque, por alguna razón, esa ave me vio, y me salvó la vida prácticamente, evitando el vuelo por el lugar dónde escapaba. Después de unos días volvió tranquilamente, para verme – Respondió la otra voz

-¡Y yo creía que ese pájaro no tenía sentimientos ¡ - Volvió a chillar la voz tintineante

-Lo bueno es que, por fin he encontrado a mi padre. Dudarás que soy su hijo porque no me parezco nada a él, lo saqué todo de mi madre – Rió la otra voz

-Exactamente – Dijo Usert, entrando a la habitación – Eres alguien realmente especial – Volvió a decir con alegría

-¡Despertaste! – Gritó el muchacho, levantándose y dejando la charla con Mide.

Corrió velozmente lanzándose contra su padre, con una sonrisa dibujada en el rostro, simple felicidad, pero no demasiado emotiva.

Cuando le dejó, giró la cabeza a un lado y susurró :

-Me alegra que sigas bien…pero veo que tienes cosas importantes que hacer aquí… Si no te molesta, ¡Quiero acompañarte!

-¿Estás loco? ¡Escapaste del mismo asesino la primera vez por pura suerte, y lo acabas de mencionar! No quiero ponerte en peligro otra vez…

-Han pasado tres años desde aquello, no me lo prohíbas, quiero ayudarte. Quiero vengar a toda esa gente del pueblo que cayo muerta aquel día, ¡Quiero hacer justicia!

Usert se cruzó de brazos y cerró los ojos por un momento, dejando incógnita. Tomaba una de las decisiones más importantes de su vida.

Finalmente abrió sus párpados, y asintió con la cabeza sin mostrar expresión. El muchacho de quince años respondió con la misma afirmación, y ambos salieron para empezar el viaje de una vez junto a los otros.


La carreta estaba lista para el viaje acordado, arreglada y con los caballos bien alimentados, era hora de ponerse en marcha y abandonar Ordon.

De seguro Gabri ya estaría en el castillo hostigando al rey para que cediera su reino, y tras de él una horda de guerreras Gerudo defendiéndolo.

Así que, cuanto comenzaron a partir, lo único que se les pasaba por las cabezas a todos, y me incluyo, era que la única solución debía ser pacífica a menos que quisieran muertes. Y obviamente nadie quería muertes. Algún razonamiento, palabra sorpresiva…nadie sabía que debía hacer para lograr esto.

-¿Y cómo está tu madre, Jeffrel? – dijo Usert interrumpiendo el silencio total – No has contado nada

-Sí, está bien. No le dije que venía hasta aquí…

-Era de suponerse…como siempre…

-¿Por qué no nos habías contado que tenías un hijo? – Preguntó Mide, acercándose

-Porque no era tema del cuál hablar, y eso es todo

-Anda, no seas tan cascarrabias – Dijo Tamira, dando la vuelta – Eres parte de nosotros ahora, no hay nada que ocultar

-¿Lo dices en serio? – Dije yo, entrando en la conversación – Vaya…si es así, tengo cosas que decir…

-¿Qué cosas? – Preguntaron todos

-Trata…sobre mis padres…nunca les dije como fue todo…todo lo que sucedió…

Yo…vivía feliz en mi hogar, cerca de la ciudadela… disfrutaba como cualquier pequeño la vida, una vida de lo más normal.

Un día, un extraño soldado desde el castillo de Hyurle vino inesperadamente. No sé qué les dijo a ellos, pero no quería saberlo, y escapé de casa por puro temor y angustia.

De tanto correr, llegué a perderme junto con mi hermana, que me había acompañado. Queríamos que nuestros padres nos buscaran ya que no sabíamos cómo volver.

Pero nunca nos buscaron, jamás, y se notaba. Nos abandonaron a nuestra suerte, no les importábamos – Sollozos - , Finalmente decidimos movernos del lugar dónde quedamos, y buscamos algún sustento, fuimos viajando de ciudades extrañas a otras comunes, la gente nos ayudaba a comer y entrenar cuando nos veían. Pero nunca fue suficiente…

¡Ellos nos abandonaron! - Dicho esto, intenté contener las lágrimas duramente, mientras los demás nos miraban sorprendidos, impactados. ¿Cómo es que dos muchachos, de no más de 13 años, habían sobrevivido solos, sin sus padres, y de esa manera? Era sorprendente.

Ilse acercó su mano, y agarró la mía, apretándola con fuerza, y dijo silenciosamente – Ahora empezamos una nueva vida, y esta vida no acabará igual que la otra. Todo se solucionará, hermano, yo lo sé, lo sé por qué tengo fe en todos los que están en esta carreta, y te incluyo.

Mis ojos se iluminaron, asentí apretando también su mano, y mientras, la gran ciudadela se hacía ver hacia el horizonte con total gloria.

Continuará