Leia Organa sintió que algo estaba a punto de cambiar para siempre. Estaba sentada en el sofá contiguo al de Luke y ambos miraban silenciosos a su padre. Anakin se había incorporado despacio hasta quedar sentado en la camilla. La mascarilla de plástico transparente seguía cubriendo su nariz y boca, aunque permitía verle con claridad. No sabía por qué, pero su aspecto ya no era tan horrible. Cierto que las heridas seguían presentes, al igual que la gelatinosa capa de bacta que cubría la piel llena de cicatrices. Pero ya no parecía tan mortalmente pálido. El antiguo Señor Oscuro alzó la cabeza y Leia se estremeció. Dos ojos azules se clavaron en los suyos como dos rayos láser. Su intensidad era tal que la joven tuvo que hacer un verdadero esfuerzo para no apartar sus propios ojos. Leia apretó los dientes y alzó el mentón. Nunca bajaría la mirada ante Darth Vader. NUNCA. Sus ojos castaños brillaron desafiantes y sostuvo la mirada azul sin pestañear. Anakin apenas sonrió, sin dejar de contemplarla.

- Te pareces tanto… a ella.

Leia no supo qué responder. Anakin bajó un momento los y después volvió a alzarlos.

- Como he dicho antes, es hora de que sepáis la verdad. Vuestra madre se llamaba Padmé Amidala Naberrie y cuando la conocí, era la reina de su planeta natal, Naboo.- vio que Luke abría la boca atónito.- Ese título en Naboo no tenía nada que ver con la alcurnia o la sangre azul de ninguna familia real. Los reyes o reinas eran elegidos por el pueblo y permanecían en su cargo un tiempo limitado. Vuestra madre fue elegida con 14 años, los mismos que tenía cuando la conocí.

- Era… muy joven.- se sorprendió Leia.- ¿Cómo pudo ser elegida reina a esa edad? Casi una niña…

- Ciertamente. Eso os puede dar una idea de su precocidad. Su juventud no impidió que cumpliera con su deber de una forma absoluta. Aún hoy en día, en la historia de Naboo, sigue siendo recordada como una de las monarcas más justas y nobles.

Leia sintió una burbuja de puro orgullo y emoción ante esas palabras. Miró a Luke y vio que sus ojos se habían humedecido. El joven Jedi sonrió.

- No hubiera esperado menos de ella.- susurró suavemente.

Leia asintió.

- Lo que no entiendo es cómo alguien así pudo fijarse en… ti.

Luke miró a su hermana, reprobador.

- Leia…

Anakin sonrió.

- Tienes mucha razón. Lo cierto es que yo me he hecho un millón de veces esa misma pregunta. Ella era un ángel caído de las estrellas, proveniente de un planeta verde y hermoso. Y yo… sólo era un esclavo nativo de un planeta desértico.

Luke no pudo reprimir un jadeo ahogado.

- ¿¡Qué?!

Anakin sonrió.

- Sí, Luke, mi planeta natal es Tatooine. Es el primer lugar que recuerdo en mi memoria. Allí vivía con mi madre y ambos éramos esclavos.

- ¿Es…Esclavos?

Anakin asintió.

Pasaron unos segundos eternos mientras ambos hermanos asimilaban esa increíble información. Anakin Skywalker, o mejor dicho, Darth Vader, el segundo hombre más poderoso de la galaxia, el segundo dueño de la galaxia… ¿Un esclavo?

- ¿Fuiste un esclavo? ¿Fuiste un esclavo y aprobaste la esclavitud del Imperio?- Leia casi gritó, levantándose.

- Leia, cálmate.- Luke se levantó también y trató de aplacar la furia de su hermana una vez más, sujetando con suavidad el antebrazo de la princesa.

- ¡No me da la gana calmarme!- ella le fulminó con la mirada. – A ti te resulta muy fácil, pero a mí no.

- Oye, si cada vez que nos desvele algo de su pasado vas a reaccionar así, creo que vamos a pasarnos aquí mucho tiempo. A estas alturas, creo que ya deberías sospechar que… hay muchas cosas que no nos van a gustar. Nosotros conocemos algunas pero… no todas. Y se supone que esta es la oportunidad que tenemos para ello.

Leia sabía que Luke tenía razón. Odiaba admitirlo, pero así era. Ella había aceptado conocer la verdad. Y tenía que acatar las consecuencias. Se sentó de golpe, sin poder hablar pero fulminando con la mirada a Anakin. Éste pudo sentir el rencor de su hija. Sabía que era su penitencia y la aceptó. La merecía. Ninguna penitencia podía ser suficiente para purgar sus culpas. Ni siquiera el odio de una de las dos personas que más quería en toda la galaxia. El odio de su única hija, la sangre de su sangre.

- ¿Y tu padre? ¿Él también… vivía en Tatooine contigo y tu madre?

La suave y conciliadora voz de Luke rompió el tenso silencio que se había instalado. Anakin le miró.

- Nunca conocí a mi padre. De hecho, creo que jamás existió…- susurró.

Esa increíble afirmación hizo que Leia olvidase su enfado e intercambiase una incrédula mirada con su gemelo.

- Pero… eso es imposible.- murmuró Luke.- Todo el mundo tiene un padre y una madre. Es imposible… ¿En serio no tienes ni idea de… quién te engendró?

Anakin desvió la mirada y pareció ver más allá.

- Los Jedi tenían una antigua profecía. Decían que… existía un Elegido, capaz de traer el equilibrio a la Fuerza, y con tanto poder que sólo podía haber nacido de la misma Fuerza. No sé si ese es mi caso o no. La cuestión es que Qui-Gon Jinn lo creyó. Creyó que yo era ese Elegido.

- ¿Qui- Gon Jinn?

- Un Jedi. El maestro de Obi-Wan. Le conocí al mismo tiempo que a Padmé. Todos ellos viajaban juntos, escapando del bloqueo al que tenían sometido a Naboo. Su nave averiada acabó llegando a Tatooine. Y los conocí en la tienda de Watto, quien era nuestro amo por aquel entonces. Habían llegado buscando repuestos para reparar la nave. Ahí empezó… todo.

Anakin sentía que rememorar todo aquello era como verter hierro fundido sobre viejas heridas. Tantos recuerdos enterrados en lo más profundo de su ser… ¡Recordaba a su madre ahora con tanta claridad, tras años sin poder evocar su imagen…! Relató todo poco a poco, como si fuese un libro que por primera vez en más de veinte años se atreviese a abrir de nuevo. Luke y Leia escuchaban embelesados, atónitos por la increíble precocidad de un Anakin de nueve años. Miles de sentimientos se sucedían ante la narración: calidez ante la romántica historia de la senadora y el caballero Jedi, dolor por la separación y espantosa muerte de su abuela a manos de los tuskens, asombro y rechazo ante las rígidas normas que regían las vidas de los Jedi…

- Cuando vuestra madre me dijo que estaba embarazada…- Anakin tuvo que tragar saliva para poder seguir hablando.- Lo único que pude decirle fue que era el día más feliz de mi vida. Y así era. Ella estaba preocupada por las consecuencias. Si se descubría, ella perdería su cargo de senadora y yo sería expulsado de la Orden Jedi. Pero, francamente, a mí, en ese momento, todo eso me daba exactamente igual. Lo único que pensaba era que la persona que más amaba en la galaxia iba a darme un hijo. Y que jamás permitiría que nadie pudiera arrebatarme lo que más quería: mi familia.

Luke tuvo que hacer un verdadero esfuerzo para contener las lágrimas ante esas increíbles palabras. Leia estaba paralizada. Podía percibir que estaba oyendo la verdad y eso era… sencillamente imposible. Darth Vader no conocía lo que era el amor ni la compasión por nadie en absoluto, fuese quien fuese. Él mismo había destruido miles de famililas, de amigos, de seres indefensos. Y a pesar de su absoluto convencimiento, la Fuerza, más que susurrar, le estaba gritando que Anakin Skywalker decía la verdad.

- No… puede ser cierto…

El murmullo ahogado de Leia sonó más audible de lo que habría esperado. Anakin la miró de nuevo sin pestañear.

- Seré el mayor monstruo que haya conocido la galaxia, eso sin duda, pero si tuviera que volver a convertirme en Darth Vader para salvar tu vida o la de tu hermano, lo haría ahora mismo sin pestañear.

Esta vez, Luke tuvo que tragar las lágrimas antes de hablar.

- Padre… Un Jedi no puede… tener otras ataduras mayores que su lealtad a la Fuerza. No podemos tener… esos puntos débiles, precisamente porque el Lado Oscuro se aprovecha de ellos.

Anakin sonrió con una mezcla de cansancio e ironía.

- Veo que has aprendido muy bien la lección del maestro Yoda. Yo también me la sé. Pero llevarla a la práctica es otra cosa. Jamás se me ha dado bien. Y creo que no soy el único…- concluyó, enarcando una ceja mientras miraba a su hijo.

Luke suspiró.

- Sí, es cierto. Soy el menos indicado para dar lecciones. Yo… no sé lo que haría si tuviera que elegir entre el Lado Oscuro y la vida de alguien que quiero.

- ¿Y por qué hay que elegir?- Leia preguntó, indignada. – Siempre hay otra salida.- miró a su hermano.- Tú mismo supiste encontrarla hace unos días, enfrentándote a Palpatine y negándote a ceder a sus chantajes.

- Leia, cuando vi caer a nuestro padre ante la tortura de Palpatine, antes de que supiera que aún vivía… No pude evitarlo y cedí a la oscuridad. Sólo fue un instante, sí, pero caí. Así que no soy ni mucho menos un ejemplo a seguir.

El antiguo Señor Oscuro clavó sus ojos en su hijo.

- Luke, jamás he conocido a nadie que tenga tanto poder como para imponerse al Lado Oscuro y no ser derrotado por él. Ése es el motivo por el que es un tema tabú para los Jedi. Ni siquiera pueden estudiarlo porque todos caerían en sus garras. Eres el único que ha podido hacerle frente y lo más increíble es que…- Anakin meneó la cabeza incrédulo.-… lo único más grande que tu poder es tu humildad.

Por primera vez, la animadversión de Leia hacia su padre disminuyó. Podía percibir el inmenso amor paterno de Anakin hacia Luke. Era tan intenso que parecía poder tocarlo. También percibió que su hermano se encogía, abrumado, sin saber qué decir. Leia se conmovió. Luke nunca parecía saber qué hacer ante las muestras de cariño, orgullo o halago hacia él. Sabía que el motivo era que no había disfrutado mucho de eso en su infancia, al contrario que ella. Bail y Breha Organa siempre se habían sentido muy orgullosos de ella y nunca se lo habían ocultado. Su recuerdo hizo asomar lágrimas a los ojos de la princesa. Miró a su gemelo.

- Sin que sirva de precedente, tiene razón.- afirmó la joven.

Luke tragó saliva, todavía sin saber qué decir. Leia le sonrió y le abrazó tiernamente.

- Sigues logrando cosas increíbles, hijo mío. Que tu hermana me dé la razón supera a todo lo demás.

El muchacho olvidó su embarazo y soltó una risa involuntaria mientras su hermana se volvía para fulminar a su padre con la mirada. Anakin también sonrió, luchando contra el impulso de levantarse y abrazar a su hijo con todas las pocas fuerzas que conservaba. Luke guardó silencio un momento antes de hablar.

- Entonces, ése fue el motivo… Tuviste que elegir entre el Lado Oscuro y…

No necesitó terminar la frase. Anakin asintió.

- ¿Qué ocurrió?

- Empecé a tener… pesadillas. Como las que tuve con mi madre. En ellas… Padmé moría en el parto.

Luke y Leia se miraron sorprendidos.

- Eso… no significaba que fuese a ocurrir eso. ¿O acaso todas tus pesadillas son premonitorias?- preguntó Leia.

- No tienen por qué serlo.- aclaró Luke.- Yoda decía que el futuro siempre estaba en movimiento.

- Es posible, pero yo, en ese momento, creí a ciegas que estaba viendo lo que iba a ocurrir inexorablemente. Y haría cualquier cosa porque aquello no se convirtiese en realidad. Palpatine averiguó lo que me atormentaba… y me dijo que hacía mucho tiempo, un sabio Lord Oscuro llamado Darth Plagueis, había controlado el Lado Oscuro hasta tal punto que podía evitar la muerte de otras personas… Y que él conocía ese poder.

La exclamación de Leia sobresaltó tanto a Luke como a Anakin.

- ¡No me lo puedo creer! ¿En serio? ¿En serio Palpatine consiguió engañarte con semejante truco para niños? Francamente, siempre te he calificado con… muchos adjetivos, pero estúpido nunca ha estado entre ellos.

Luke miró un tanto reprobador a su hermana. Anakin suspiró.

- Tienes razón, Leia. Hasta un niño vería claramente el interés y el engaño de Palpatine. Pero en ese momento, estaba tan ciego por el dolor y el terror de pensar en perder a vuestra madre que…

- Aceptaste.- concluyó Luke.

Un silencio ominoso descendió sobre ellos. Anakin inspiró, sintiendo un pinchazo de dolor. No sabía muy bien si era físico o no, pero se obligó a continuar. Tenía que hacerlo.

- Acepté. Acepté romper con toda mi vida anterior. Me convertí en Darth Vader, aprendiz de Palpatine. Me entregué al Lado Oscuro y le obedecí sin poner condiciones, bajo la promesa de salvar a Padmé. Y bajo esa promesa cometí… las más horribles atrocidades. Acabé con todos los Jedi que encontré en el templo, sin distinguir entre adultos y… niños.- Leia ahogó un gemido. Si se detenía, sabía que no podría continuar. No podía mirar a los ojos ni a Luke ni a Leia mientras hablaba.- Finalmente, mientras aguardaba más órdenes en Mustafar, vuestra madre vino hasta allí. Estaba preocupada por mi. Obi-Wan le había dicho… que había hecho cosas horribles. Me rogó… que volviera con ella. Yo le dije que todo lo hacía por ella, para encontrar la forma de salvarla. Después, tras ella, apareció Obi-Wan. Creí que se había aliado con él para traicionarme y…

En ese punto, Anakin creyó sentir de nuevo el fuego de Mustafar abriéndose paso en su lastimado cuerpo. Emitió un jadeo agónico. Luke se inclinó hacia él.

- ¡Padre! ¿Estás bien?

Anakin no contestó. Luke se acercó, preocupado.

- Creo que ya ha sido suficiente por hoy. Debes…

- No, estoy… bien.

- No, no lo estás. Tienes que descansar…

- No merezco descansar. Ni tampoco tu preocupación.

- ¿Otra vez con eso? Hemos tenido varias veces esta conversación en vano. Nada de lo que digas me hará cambiar de opinión. Por muy horribles que sean las cosas que hiciste, estabas presa del Lado Oscuro y…

- ¡Ataqué a tu madre, Luke!

El joven Jedi se paralizó. Leia creyó que su corazón se detenía. No, no podía ser cierto…

- La ataqué, corté su respiración, impedí que el oxígeno llegara a sus pulmones. La ataqué a ella… y a vosotros, que estábais en su seno.- la mano metálica se crispó, mientras lágrimas ardientes como lava caían por el lastimado rostro.- Obi-Wan me gritó que la soltara… y lo hice. Padmé cayó al suelo, como a cámara lenta. Después Obi-Wan y yo luchamos a muerte. Él venció. Cortó mi mano y mis piernas y me dejó agonizando junto al río de lava. El calor prendió mi túnica y ardí con ella. Todo parecía irreal como una pesadilla. El dolor físico era insoportable, pero no era nada comparado con el que me arrasaba por dentro. Palpatine me recogió y sus droides médicos me encerraron en el traje y la máscara que toda la galaxia conoció. Cuando desperté, lo primero que hice fue preguntarle por Padmé. Él dijo que yo, en un arranque de furia… la asesiné.

El horrible relato terminó en el más absoluto silencio. Leia lloraba sin emitir un sonido. Luke pareció no ser capaz por un momento de mantener el equilibrio y tuvo que apoyarse en el sofá. Las lágrimas fluyeron también finalmente de sus ojos celestes. De pronto, levantó la cabeza.

- ¡Pero eso era mentira! Tú no la mataste. De lo contrario, ni Leia ni yo estaríamos ahora aquí.

- Nunca supe que había vivido lo suficiente como para dar a luz. Siempre creí que mi hijo había muerto con ella. Tampoco sabía que estaba embarazada de gemelos. Sólo cuando te encontré, Luke, empecé a descubrir la verdad.

El joven Jedi sollozó.

- ¿Viviste veinte años pensando que la habías matado? ¿A ella y a tu hijo?

Anakin asintió.

- ¡Palpatine! ¡Maldito bastardo hijo de…!

Leia se sobresaltó. Luke jamás se había expresado así desde que ella lo conocía. La Fuerza pareció hervir con la ira de Luke, acicateando el Lado Oscuro. El muchacho fue consciente de ello de inmediato y procuró calmar sus instintos asesinos hacia el antiguo Emperador. Palpatine estaba muerto y no tenía sentido estallar de ira. Leia se repuso lo suficiente como para encarar a Anakin.

- Estamos de acuerdo en que Palpatine es un malnacido. Pero tú eres tan responsable como él. ¿Cómo pudiste… atacarla? ¿Qué clase de monstruo eres?

- Leia…- volvió a intervenir Luke.

- Estoy diciendo la verdad.- la princesa miró a su padre acusador.- Puede que te detuvieras antes de asfixiarla por completo, pero eres igualmente responsable de su muerte. Si no la hubieras atacado, si no te hubieras dejado engañar por Palpatine, mi madre estaría viva.

Anakin se obligó a cumplir su penitencia. Miró a su hija.

- Tienes razón, Leia. Llevo purgando esa culpa veinticuatro años.

Ella le devolvió la mirada.

- ¿Sabes? He llegado a desear tu muerte muchas veces. Pero ahora quiero que sobrevivas. Veinticuatro años son muy pocos para la condena que mereces.

- Leia…- volvió a repetir Luke.

Pero la princesa lo ignoró. Se levantó y, tras dirigir una última mirada de odio a su padre, desapareció por la puerta.