Capitulo 24: Las Montañas de la Espalda Helada, no parecían tan lejos.

A la mañana siguiente nuestra pequeña comitiva estaba lista para la marcha, Arl Eamon no estaba nada contento con la partida de Alistair y si su mirada hubiera podido echar fuego seguramente me hubiera quemado.

Ahora entendia perfectamente a mi padre, la rabia que sentía cuando hablaba de ese hombre pues yo estaba sintiendo exactamente lo mismo.

Cuando dejamos atrás Risco Rojo mi alma se quito un peso de encima, no tener que enmascarar mi desagrado hacia el Arl aprisionava mi ser y aunque Alistair y yo habíamos hecho las paces sabia perfectamente que las palabras de Arl Eamon habían tenido gran efecto en el.

Como podía intentar mostrarle la verdadera cara de se ese hombre todavía era un enigma para mi y en esos momentos deseaba que Maric no hubiera desaparecido, seguramente con el en el trono nada de esto hubiera pasado.

-Freyja- me susuro Zev sacándome de mis pensamientos.

-¿Si? – pregunte.

-Nos están siguiendo des de hace varias horas- me respondio Leiliana.

-Pero no son muy buenos que digamos, hace rato que los estamos controlando-

-Apuesto un soberano a que son hombres de Arl Eamon- les dije.

-No veo sus heráldicas des de aquí, pero yo también lo pienso- me respondio Leiliana.

-No creo que sean tan estúpidos, si nos atacan Alistair veria las heráldicas y seguramente empezaría a desconfiar de Arl Eamon y eso a el no le conviene, puesto que quiere el poder a toda costa- les comente.

-Shhh- me hizo Leiliana tapándome los labios con un dedo- se acerca Alistair.

-¿Qué estais tramando vosotros tres?- pregunto sin mas dilación.

-Su tu supieras mi picolo Templario- le respondio Zev.

-¿Cuando vas a dejar de llarme asi?-

-Quando si dimostra, quando si è un vero uomo-

Alistair se estaba enfadando por momentos, veía perfectamente como la ira iba en augmento.

-¿Es que no os cansais nunca?- preguntamos Leiliana y yo al unisono.

Cuando cayo la noche acampamos cerca de un riachuelo y montamos guardia pero esos bastardos no nos atacaron. ¿Si su misión no era emboscarnos entonces cual era?

A medida que nos acercábamos a las Montañas de la Espalda Helada la temperatura iba bajando cada vez mas. Por suerte des de nuestra incursión en Ostagar habíamos adquirido ropa de abrigo con lo cual nuestro viaje se hacia mas llevadero. Pero por mucho que andábamos parecían no moverse del sitio.

-Parece que llevamos una eternidad en ese camino- se quejo Morrigan.

-No parecía que estaban tan endemoniadamente lejos- le respondio Wynne.

-Wynne, ¿ cres que podras aguantar la marcha o quieres que la reduzcamos?- le pregunte.

-Mi niña creo que estos viejos huesos aguantaran este trote, si no ya te lo hare saber- le respondio con una sonrisa.

Llebavamos quinze jornadas de viaje cuando porfin empezamos a dislumbrar las primeras construcciones enanas. Eran fácilmente reconocibles por sus líneas bien marcadas y sus relives. No había material sobre nuestro mundo que los enanos no pudieran moldear a su gusto. Eran muy apreciados por la manofactura de objetos encandatos o imbuidos en lirio ya que son muy resistentes a la magia casi se podría decir que inmunes.

Íbamos a curzar el puente que cruzaba un pequeño riachuelo cubierto de hielo cuando nos atacaron los canallas que nos habían estado siguiendo por suerte no fueron nada del otro mundo, una pequeña escaramuza para quitarnos el frio antes de llegar a las puertas de Orzammar. La lastima pensé para mi misma era que no llevan nada que los puediera relacionar con su patrón. Aunque en mis adentros estaba segura que los había contratado el mal nacido de Arl Eamon.

Cuando llegamos a la puertas de Orzammar vimos que había muchas tiendas y un hombre que me resultaba vagamente familiar.

-Oye Sten,¿ ese de ahí no es el hombre que nos describió el saqueador?- le pregunte.

-Si creo que lo es- dijo acercándose a el.

Yo le segui no tenia de ver una carnizeria justo antes de entrar en la ciudad no quería dar mala imagen a los enanos y que tuvieran alguna excusa para no ayudarnos contra la Ruina.

-¡Tu! – grito Sten con su voz ronca – donde esta la espada Quinari que encontraste en el lago Calahad.

-Ya la vendi- respondio el hombre.

-¿A quien?- pregunte.

-¿Cuándo vale para vos esa información?-

-¿Qué tal tu vida?- le pregunte mientras le acercaba la hoja de una de mis dagas al cuello.

-A un enano residente en Risco Rojo- dijo temblando de miedo.

-Si descubrimos que nos has mendio te cortare el cuello – le dije mientras guardaba mi daga.

Cuando nos alejábamos de el le dije a Sten.

-Solo había un enano en Risco Rojo, la vamos a encontrar-

El solo asintió con la cabeza, pero para mi ya era un gran avance con el gigante de piel grisácea.

Cuando llagamos a la puerta de entrada oímos una conversación que no me gusto nada.

-En nombre del Rey Loghain he de ver a vuestro soberano es un asunto real- dijo un hombre con la heradica de Loghain.

-Me temo que en estos momentos no puede entrar en Orzammar- dijo el Guardian de la puerta.

-Yo soy Freyja de los Guardias Grises he de hablar con tu Rey imediatamente si fuera posible- le dije ignorando al hombre de Loghain.

-Me parece Guarda que vuestra tarea será dicil nuestro Rey ha muerto y el Conclave no se pone deacuerdo con el tema succesorio – me dijo – pero podeis pasar los Guardas siempre son bienvenidos en la noble casa de piedra.

-¿Dejais entrar a esos Traidores a la Corona? – pregunto el hombre de Loghain indignado.

-Los Guardas Grises tienen permiso de entrada por mucho que os moleste, son nuestras leyes- le respondio el Guardian.

-Anda ves a llorar a tu falso Rey – el dije al hombre.

-Esto no quedara asi- dijo mientras se hiba.

Ahora sin impedimentos se abrían ante nosotros las puertas de la joya del Reino de los Enanos, Orzammar la invicta. Una de las pocas ciudades suterraneas que quedaba en pie y que todavía resisitia el azote de los enjendros tenebrosos.

-Entrad y conteplar las maravillas del reino enano- dijo el guarda mientras cerraba las puertas tras nosotros.