Disclaimer: Los personajes son de S. Meyer la creadora de Twilight (Crepúsculo) La historia no es mía, es de la fabulosa María Bravo, yo leí el libro y me encanto la historia y quise hacer una adaptación de esta historia que ella creo. TODOS LOS DERECHOS SON DE ELLAS MENTES INCREIBLES….

Ahora sí, nos vemos en los muchos capítulos que esta hermosa autora creo y plasmo en papel.

Este capítulo es dedicado para todas quienes se dan el tiempo de comentar algo Adriu, CorimarCautela, Yoliki, Dayis, teresa aguirre, ItaPalacios gracias chicas, claro que también para aquellas que son lectoras fantasma solo no me asusten por fitas

Música:

(-.-)(-.-)(-.-)(-.-)(-.-)(-.-(-.-)

=Capítulo 26=

Después de casi dos días encerrados en el hotel, hoy domingo hemos quedado a comer en casa de mis padres. Mi madre está encantada de que todo se haya arreglado, y mi padre dice que él ya sabía que todo saldría bien.

- Me quedaría aquí contigo siempre – dice Edward abrazándome por la espalda mientras me maquillo – No te maquilles… no te hace falta – aparta mi pelo hacia un lado y me besa en el cuello.

- Edward para – digo riendo.

- Está bien – dice separándose y levantando las manos. Él sale a la habitación y me deja terminar de arreglarme. Cuando salgo lo miro de arriba abajo ¡está guapísimo! Lleva un pantalón de vestir gris, camisa gris y se está poniendo un jersey blanco. Estamos a mitad de Noviembre y ya empieza a hacer frío, ayer cuando fuimos a mi casa a por ropa llovía muchísimo. Levanta la cabeza y me mira.

- ¡Estas guapísimo! – le digo acercándome a él.

-¿Crees que les causaré buena impresión? – dice poniéndose muy serio.

- ¿Buena impresión? Edward creo que ya te ganaste a mis padres desde el primer día. Como a mí – paso mis manos alrededor de su cuello y le doy un suave beso en los labios.

- Estoy nervioso – dice con media sonrisa.

- ¿En serio?

- Sí, no puedo evitarlo – ríe y me abraza. Me resulta tan raro ver a Edward nervioso.

-Edward ya los conoces, y además, Garrett, Kate y Irina también van a venir. – le digo acariciando su mejilla - ¿Ahora entiendes mis nervios?

- Si. ¡Venga vámonos! – se inclina sobre mí y doblando mi espalda me besa. Llegamos a casa de mis padres que saludan a Edward como si lo conocieran de toda la vida. Nada más sentarnos en el sofá llaman a la puerta y cinco segundos después entra Irina corriendo que se lanza a los brazos de mi padre.

- Hola peque – le digo cogiéndola en brazos.

-¡Hola tía! ¿Hoy ya no lloras? – dice acariciando mi mejilla. Miro a Edward que cierra los ojos al escucharla.

-No, y ya te dije que no lloraba, que estaba constipada.

- Hola princesa – dice él a su espalda.

-¡Tío Edward! – chilla girándose hacia él y lanzándose a sus brazos.

- Se lo ha enseñado Kate– digo justificándola.

- Me encanta – dice sonriendo y abrazando a Irina. Nos sentamos a comer y siento como todos están pendientes de él. Mi madre con la comida, mi hermano dándole conversación, mi padre con la bebida… Mientras él poco a poco se va relajando y empieza a mostrase tal cual es. Mi madre lo mira embobada haciéndome reír y mi hermano me pregunta con la mirada si está todo bien, sonrío y asiento cogiendo la mano de Edward.

Brindamos con un champagne que él se ha empeñado en traer y nos reímos viendo como Irina se pone perdida con unos pasteles. En un momento me paro a observarlos a todos y me doy cuenta de cuánto me gusta tenerlos a todos a mi lado.

- ¿Cuándo te dan el piso Edward? – pregunta mi hermano.

- Ya lo tengo, en una semana me instalo allí, y si tu hermana acepta, ella también – dice tranquilo y todos me miran sonriendo. ¿Por qué ha tenido que decir eso?

- Bueno, tengo que pensarlo – les digo a todos.

- ¡A mí me parece una idea genial! – dice mi cuñada entusiasmada. La miro alzando mis cejas y ella se ríe. Mi hermano me mira fijamente.

- Espero convencerla… - dice él mirándome y sonríe.

- Seguro que si – dice mi madre emocionada.

- Bueno ¿podemos cambiar de tema? Cada cosa a su tiempo – digo empezando a ponerme nerviosa.

- Sí, cada cosa a su tiempo – dice mi hermano sonriendo.

.-.-.-.-.-.

Salimos de casa de mis padres casi a las siete de la tarde. Edward se empeña en que pase la noche con él y pasamos por mi casa a recoger la ropa para mañana.

- Mañana sin falta tengo que dedicar la tarde a ordenar la casa, ya no sé ni la ropa que tengo… - digo guardando cosas en una maleta.

-Ves, si vivieras conmigo no tendrías que mover nada – se acerca, me quita de las manos una camiseta que estoy doblando y me coge la cara entre sus manos.

-Por cierto, decirlo delante de todos no ha estado bien – digo mirando sus labios.

- ¿Por qué no? Creo que a todos les ha parecido buena idea – se inclina y me besa.

-Creo que a mi hermano no le hace mucha gracia…

- Tu hermano sabía que te lo iba a pedir – dice volviendo a besarme.

-¿Qué? ¿Cómo que lo sabía? – digo prácticamente chillando.

-Lo vi en las oficinas y decidí contárselo. Necesitaba que alguien de tu entorno me dijera que le parecía bien.

-¿Y le pareció bien? – pregunto con una sonrisa.

- Está convencido de que dirás que sí.

- No me lo creo… - digo dejando que me bese debajo de la oreja.

-Pregúntaselo si quieres – dice metiendo la mano por debajo de la camiseta y acariciando mi espalda.

- Edward… - digo en un susurro. Con solo ponerme una mano encima ya estoy deseándolo.

- ¿Qué?

- Si sigues no nos iremos… - digo acariciando su pelo y él sonríe contra mi cuello.

- Tienes razón – levanta la cabeza y me mira – Date prisa – se ríe y cogiendo mi mano la pone sobre su erección.

- ¡Oh Dios mío! – digo separándome riendo y continúo guardando ropa.

-Llevo desde anoche sin estar dentro de ti y créeme me está costando mucho no follarte ahora mismo – dice clavando sus ojos en los míos.

- ¡Qué romántico señor Cullen! – digo riéndome.

- Sigue riéndote y verás lo romántico que puedo ser… - se da media vuelta y sale de la habitación. ¡Joder, acaba de dejarme con ganas de que lo haga! Meto las cosas que me faltan en un momento. Corro al baño a coger la plancha y cuatro cosas que me deje ayer y salgo al comedor.

- ¡Estoy lista! – digo con una sonrisa. Me mira y se ríe.

- ¡Vámonos! – me coge de la mano y salimos de casa. Entramos en el hotel y uno de sus trabajadores se acerca cuando nos ve entrar.

- ¡Señor Cullen! Le he estado llamando todo el día – dice llegando hasta nosotros.

- Me deje el móvil – dice frunciendo el ceño - ¿Qué pasa?

- Ha llamado el señor Smith, también ha estado intentando localizarle. Al parecer han tenido algún problema con lo de Canadá y necesita que lo llame urgentemente.

- De acuerdo, ahora lo llamo. Gracias Tony. – Me coge de la mano y subimos en el ascensor. Veo como frunce el ceño preocupado y mira el reloj nervioso. Entramos en la habitación y va directo a por su móvil.

- Cielo tengo que hacer unas llamadas – dice acercándose hasta mí.

- Si claro, no te preocupes, mientras sacaré mi ropa – le doy un beso en los labios y cojo mi maleta hasta la habitación. Mientras saco mis cosas lo escucho hablar en inglés bastante alterado. Escucho algo sobre importantes pérdidas pero poco más. ¿Qué habrá pasado? Me quito las botas, los calcetines y el jersey y salgo al comedor. Sigue hablando mientras mira por la ventana, así que decido ponerme la televisión. Le dice a Smith que le informará y cuelga. Se sienta a mi lado mientras teclea sin parar en el móvil.

-¿Ocurre algo Edward? – pregunto preocupada. Deja de escribir y me mira.

- Hemos tenido un problema con una empresa que estamos comprando en Canadá.

- ¿Es grave?

- Bueno, tengo que intentar arreglarlo, pero en domingo poco puedo hacer – dice negando con la cabeza y volviendo a teclear.

- Seguro que todo se arregla – digo acariciando su espalda.

- Tengo que trabajar un rato, ¿te importa?

- No, claro que no.

- Voy a conectar el ordenador – se inclina y me besa – Intentaré acabar rápido.

- No te preocupes, yo veré alguna película mala de la televisión – me río y me tumbo en el sofá. Se levanta, va a la habitación y sale sin zapatos ni calcetines y con el portátil en la mano. Observo como se sienta en la mesa y empieza a trabajar. ¡Es fascinante verlo tan concentrado! Busco alguna película que acabe de empezar, me pongo cómoda y en menos de cinco minutos me quedo dormida.

- Cielo – escucho y noto un beso suave en mi mejilla – Despierta – dice volviendo a besarme.

- Hola – digo abriendo mis ojos - ¿Qué hora es?

- Son las diez y media – dice con una sonrisa.

-¿Has terminado? – pregunto mientras me siento.

-Si, por hoy si – dice intentando parecer tranquilo, pero sé que algo pasa.

- ¿Qué pasa Edward?

- Bueno… hemos tenido una pérdida bastante importante con el tema de Canadá. Nos va a tocar soltar un buen pellizco – dice frotando sus ojos.

- Lo siento… - acaricio su mejilla y él me mira fijamente a los ojos - ¿Qué más ha pasado? – pregunto al ver cómo me mira.

- Voy a tener que ir a Nueva York Bells– dice sin dejar de mirarme mientras muerde su labio inferior.

- Oh, vaya.

- Tengo que solucionar esto, no puedo permitir que perdamos esa empresa.

- Ya, lo entiendo.

- ¿De verdad? – pregunta preocupado.

- Sí, es tu empresa Edward. ¡Claro que lo entiendo! – le digo sonriendo aunque en el fondo no me gusta tener que separarme de él.

- Intentaré que no se alargue mucho y volver lo antes posible.

- Edward no te preocupes, yo voy a estar aquí – sonrío, me acerco y le doy un suave beso en los labios.

-Me gustaría que vinieras conmigo – dice acariciando mi mejilla.

-Tengo que trabajar, y tú también. No pasa nada, te esperaré.

- Está bien, mañana Rachel me dirá cuando sale mi vuelo.

- ¿Cuándo te vas?

- Como muy tarde el miércoles. Tengo que dejar todo listo aquí.

- De acuerdo. Te voy a echar de menos –digo levantándome y sentándome en sus piernas.

- No me digas eso Bells– dice hundiendo la cara en mi cuello.

- Está bien – digo riendo.

- ¿Estarás bien?

- ¡Claro! Además tú volverás enseguida – me inclino y le beso.

-Pues vamos a aprovechar los días que me quedan – dice volviendo a besarme. Hunde su lengua en mi boca recorriendo cada rincón, mete la mano por debajo de mi camiseta y roza mi pezón con sus dedos haciéndome gemir. Me giro entre sus brazos y me coloco a horcajadas sobre él. Le quito el jersey y desabrocho los botones de su camisa besando su pecho a mi paso. Me coge del pelo y me levanta la cabeza para volver a besarme. Me quita la camiseta y desabrocha mi sujetador. Sus manos me acarician mientras yo le quito la camisa. Baja la cabeza hasta mis pechos y chupa mis pezones provocándome oleadas de placer. Jadeo y me muevo rozando su erección con mi entrepierna. Me separo, voy bajando hasta arrodillarme el suelo, besando cada parte de su cuerpo hasta la cinturilla de sus vaqueros. Los desabrocho y se los bajo junto con el bóxer liberando su erección. Me inclino y mirándole a los ojos saco mi lengua y lamo desde la base hasta la punta, la rodeo y me la meto en la boca.

- Oh cielo… - dice jadeando. Vuelvo a repetirlo acariciando sus testículos con mis dedos y él jadea diciendo mi nombre. Lo hundo en mi boca y subo y bajo despacio apretando con mis labios. Lamo la punta con mi lengua mientras mi mano sube y baja apretando suavemente, y de nuevo lo hundo hasta mi garganta. Veo como aprieta los puños conteniéndose, vuelvo a sacarlo y me levanto para desnudarme del todo.

Cuando voy a sentarme a horcajadas sobre él, me coge de las caderas y me da la vuelta para que me siente de espaldas. Poco a poco se clava dentro de mí, y empiezo a moverme arriba y abajo. Él besa mi espalda y acaricia mis pechos tirando de mis pezones. ¡Me encanta sentirlo! Acelero el ritmo y él me coge de las caderas.

- ¡Bella, me encanta! – dice sin dejar de besar mi espalda. Me giro y dejo que me bese en los labios.

- ¡Oh Edward! – jadeo notando mi orgasmo crecer. Baja su mano hasta mi clítoris y comienza a trazar círculos con sus dedos. ¡No voy a poder parar si sigue haciendo eso! Noto como mis fluidos hacen que resbale en mi interior y sigo moviéndome. Él alza las caderas a mi encuentro, aprieta sus dedos en mis caderas y su otra mano acelera el ritmo sobre mi clítoris.

- ¡Ah, joder! – digo notando como empiezo a temblar.

- Así cielo, sí.

- ¡Madre mía! No puedo más, Edward– noto como me flaquean las piernas.

- Sigue cielo, yo también estoy a punto.

-¡Edward! – chillo corriéndome a su alrededor cuando empiezo a notar su semen caliente en mi interior. Bajo el ritmo poco a poco, y mi respiración y la suya vuelven a la normalidad. Me abraza fuerte por la espalda mientras yo me apoyo en él.

-Ven a vivir conmigo – dice besando mi hombro.

- Te daré una respuesta cuando vuelvas – digo sonriendo.

-¿Vas a hacerme sufrir tanto? – susurra acariciando mi vientre erizándome la piel.

- Bueno, espero que no tardes mucho – me río y me giro a mirarlo.

- Ya estoy deseando volver y aun no me he ido – muerde su labio inferior, se acerca y me besa en los

labios.

- Te quiero.

- Y yo cielo. – Nos quedamos un rato así, abrazados y sin decir nada. Aún no se ha ido y ya sé que lo voy a echar muchísimo de menos.

-.-.-.-..-.-.

El martes por la tarde he quedado con Edward para que me recoja en el trabajo para ir a su nuevo piso. Ha comprado varios muebles que me ha hecho elegir con él ya que, según dice, también es mi casa. He pasado con él desde el viernes y lo siento ya como una costumbre, algo natural que me convence aún más de irme a vivir con él. No ha dejado de preguntarme si lo voy a hacer o no pero yo todavía no le he dado una respuesta. Ayer hablé con mi hermano, que me confirmó que él ya sabía que Edward iba a pedirme que me fuera a vivir con él. Dice que cuando se lo dijo parecía emocionado con la idea lo que hizo que mi hermano se convenciera de que era una buena idea. Cree que es una tontería vivir separados cuando pasamos cada hora libre que tenemos juntos. Mirándolo así es totalmente cierto.

Me despido de Aro, que aún tiene que quedarse a terminar unos informes y salgo disparada. Bajo hasta el vestíbulo y lo observo a través del cristal de la puerta de la oficina. Está apoyado en el coche, con las piernas cruzadas a la altura de los tobillos y las manos dentro de los bolsillos del abrigo. Está mordiéndose el labio inferior, y sé que es porque algo le preocupa.

Salgo, levanta la cabeza y al verme sonríe de medio lado. Me acerco sonriendo y totalmente hechizada por su mirada.

-Hola – digo llegando a su altura. Saca las manos de los bolsillos y separa las piernas invitándome a colocarme entre ellas.

- Hola – dice tirando de mi cintura para pegarme a su cuerpo. Me acaricia la mejilla y me besa.

- ¿Qué pasa? – le pregunto mirándole a los ojos.

- Mi vuelo sale mañana a medio día.

- Ya – suspiro – Bueno ya sabíamos que tenías que irte.

- Sí, pero no me apetece nada – tira de mí y me abraza con fuerza.

- Edward…

-Prométeme que vas a esperarme – dice hundiendo la cabeza en mi hombro.

- Edward por favor, que no te vas a una guerra.

-Prométemelo Isabella– levanta la cabeza y clava sus ojos azules en los míos.

-Te lo prometo – sonrío de oreja de oreja haciéndole sonreír a él - ¿Más tranquilo?

-No, pero me vale – vuelve a besarme hundiendo su lengua en mi boca haciéndome gemir contra sus labios – Venga vamos a ver nuestra casa – dice incorporándose tranquilamente mientras yo hubiera dejado que me hiciera el amor aquí mismo.

- Tu casa – digo subiendo al coche mientras él sostiene la puerta. Se ríe, cierra y va al lado del conductor. Se sienta y se gira hacia mí.

- Pronto será nuestra – arranca y se incorpora al tráfico. Justo cuando llegamos nos encontramos el camión de la casa de muebles descargando. Hemos cambiado la habitación principal, todos los colchones de las camas, y Edward quiere reformar el cuarto de baño más adelante.

Cuando está todo colocado en su sitio nos vamos al centro comercial a comprar todo lo básico para vivir en una casa. Sábanas, toallas, platos, vasos, accesorios de cocina, accesorios para el baño… Un sin fin de cosas a las que él no le mira ni el precio, incluso he tenido que pararle los pies cuando he visto que incluía un aparato de esos que anuncian en la televisión que corta, trocea y lamina todo tipo de verduras, ¡por el increíble precio de casi cincuenta dolares! ¿Está loco? ¡Por ese precio me voy de cena a que alguien corte las verduras por mí!

Acabamos agotados y decidimos quedarnos por allí a cenar algo rápido. Entramos en mi casa yo cargada con algunas cosas que no he podido resistir comprar, y Edward cargado con una pequeña maleta con sus cosas para trabajar mañana. Guardo las cosas mientras Edward cuelga su ropa en el espacio destinado para él en mi armario. Entro en la habitación quitándome los zapatos de tacón que hoy ya han martirizado mis pies lo suficiente, y empiezo a desnudarme para darme una ducha. Intento bajar la cremallera del vestido sin éxito y de repente noto las manos de Edward sobre las mías.

- Déjame a mí – dice en mi oído provocándome un escalofrío – Siento decirte que hoy vas a dormir poco – besa mi nuca mientras baja la cremallera muy despacio.

- ¿Ah sí?

- Sí, no sé cuánto tiempo voy a estar fuera – mi vestido cae a mis pies y me hace salir de él.

- Voy a echarte mucho de menos – digo con la voz entrecortada. Me gira en sus brazos y me levanta la cabeza para que le mire.

-Te quiero cielo – sonríe y me besa salvajemente. Hundo los dedos en su pecho y lo atraigo más hacia mí. Solo me ha besado y ya noto la humedad entre mis piernas. Bajo mis manos y empiezo a desabrochar su camisa, debe de ser nueva porque los botones se me resisten. Jadeo al notar como saca mis pechos por fuera de la tela del sujetador y tira de mis pezones. Tiro de su camisa arrancando los botones y noto como sonríe contra mi cuello.

- No me dejaban tocarte – digo riendo.

- Era nueva – me mira y sonríe.

- Te compraré otra – tiro de él y le beso. Gruñe mordiendo mi labio y baja sus manos para desabrochar mi liguero. Aprieta mis nalgas y me baja las braguitas junto con las medias. Me levanta en brazos y me lanza a la cama haciéndome reír. Se desnuda por completo y se tumba sobre mí. Me besa profundamente como queriendo grabarse mis besos para recordarlos mientras esté fuera, y yo le dejo hacer. Me desabrocha el liguero con dedos ágiles y lo lanza a un lado. Hace lo mismo con mi sujetador y me mira recorriendo mi cuerpo.

- Me encanta cada parte de ti – se inclina y besa mi vientre.

- Y a mí me encantas tu – gimo notando como su mano sube por mi muslo hasta llegar al vértice de mis muslos - ¡Oh Edward!

Sube hasta besar mis labios de nuevo, rozando su erección contra mi muslo. Acaricia suavemente mi clítoris provocándome oleadas de placer. Me retuerzo bajo su cuerpo, le rodeo con mis piernas y trato de girarnos pero no puedo. Ríe contra mis labios y gira dejando que me coloque encima. Rozo su erección contra mis pliegues y jadea echando la cabeza hacia atrás. Bajo por su cuerpo y cogiendo su pene entre mis dedos lo hundo en mi boca. Se incorpora sobre sus codos y me mira mientras yo lo hundo y vuelvo a sacarlo excitándole. Muerde su labio con fuerza y yo aprieto un poco más mis labios.

- Para Bella– dice con voz ronca. Lo miro y sonríe – No quiero correrme así. Date la vuelta – dice sentándose y besándome en los labios.

Me doy la vuelta y él resbala por la cama hasta que tengo su cabeza entre mis piernas. Abre mis pliegues con sus dedos y directamente hunde su lengua en mi interior haciéndola girar. Muerde mi clítoris y da golpecitos con su lengua, haciendo que mi cuerpo se retuerza. Intento separarme pero él me coge de las caderas y me acerca más a él. Me inclino apoyándome en las palmas de mis manos. Tengo frente a mí su espléndida erección, y aunque nunca he hecho esto antes, la cojo entre mis dedos y la hundo en mi boca.

-¡Ah, Bells! – chilla Edward separándose un momento y clavando sus dedos en mis caderas. Aprieto sus testículos a la vez que lo hundo hasta mi garganta y lo vuelvo a sacar rodeando la punta con mi lengua al final. Acelero el ritmo a la vez que mi cuerpo va acelerándose formando en mi interior un orgasmo que sin duda será magistral, como cada uno de los que tengo al lado de él.

Noto como se tensa en mi boca y acompaño mi boca con mi mano también. Él me rodea con una de sus manos y traza círculos en mi clítoris a la vez que su lengua se hunde en mí.

- ¡Edward! ¡Oh, madre mía! – chillo separándome un poco. Él vuelva a apretarme más contra él sabiendo que estoy a punto.

-Vamos Bells, quiero que te corras – dice pegado a mis pliegues y noto el temblor de su voz dentro de mí. Sigo acelerando, aprieto mis dientes enfundados con mis labios y notando como su cuerpo se tensa dejo escapar mi orgasmo junto con el suyo. Adoro provocarlo, saber que soy yo la que hago que no pueda contenerse y eso hace que mi orgasmo se intensifique y se alargue. Trago su semen que noto bajar caliente por mi garganta, sin separarme aun de él.

- ¡Joder Bells! – dice acariciando mis piernas. Subo poco a poco con mi boca a lo largo de toda su erección y rodeo la punta con mi lengua antes de sacarla. Me doy la vuelta y me tumbo sobre él apoyando mi mejilla en su pecho. Acaricia mi pelo hundiendo sus dedos en él, mientras yo escucho como sus latidos vuelven a su ritmo normal.

-Nunca había hecho esto – digo sin poder mirarlo a la cara, notando como mis mejillas se sonrojan.

- ¿Un sesenta y nueve?

- Si – digo más roja todavía.

-Bells … - susurra y tira de mí para que lo mire – Pues tengo que decirte que ha sido perfecto – Sonríe y me besa en los labios.

- Yo quería darme una ducha - digo riéndome.

- Dame diez minutos porque yo quiero hundirme en ti – dice tranquilamente como el que habla del tiempo. Levanto mi cara y lo miro alzando mis cejas - ¿Qué pasa? – pregunta conteniendo la sonrisa.

- ¿Es verdad lo dormir poco?

-¡Claro que es verdad, y aun así no tendré bastante de ti! – tira de mí y me besa dulcemente. Después de un segundo asalto en el baño, un tercero en mitad de la noche y un cuarto de buena mañana nos despedimos en la puerta de mi oficina. Su vuelo sale a las tres por lo que tiene que estar en el aeropuerto a la una de la tarde.

-Voy a pedirle a Aro que me deje acompañarte – le digo abrazándole.

- No hace falta cielo – dice apretándome fuerte contra él.

- Quiero acompañarte – levanto la cabeza y lo miro. No quiero que se vaya aunque sé que tiene que hacerlo.

-Estaré de vuelta antes de que me eches de menos – acaricia mi mejilla y me besa dulcemente.

- Ya te echo de menos.

- ¡No me hagas esto Bella! – dice mordiendo su labio haciéndome reír.

- Te acompañaré. Luego te llamo para ver como quedamos.

- Está bien. Te quiero muchísimo – me besa de nuevo.

- Y yo a ti – sonrío y doy la vuelta para entrar a trabajar. Tira de mi mano, me da la vuelta y hundiendo sus manos en mi pelo me besa apasionadamente.

- Ya te puedes ir – dice mirándome a los ojos mientras yo intento que mis piernas decidan volver a moverse.

-Hasta luego cariño - digo en un jadeo y camino hacia la entrada. Respiro hondo, me doy la vuelta y con un gesto de mi mano me despido.

Aro no me pone ningún problema para salir antes y poder acompañar a Edward. Llamo a Edward para avisarle y él y Alec me recogerán a las doce. Me pongo de lleno a trabajar y las once aparece el chico de la floristería que ya hasta me llama por mi nombre sin necesidad de preguntarle a Sara. Lleva un centro de orquídeas blancas que además de un sobre también llevan un paquetito cuadrado. Firmo el albarán y miro el paquetito intrigada.

Pienso que abrir primero y me decido por el paquetito. Es un llavero con la foto que nos hicieron el día que fuimos a comer a La Puhs, del que cuelgan dos llaves y un mando a distancia. Sin necesidad de abrir el sobre sé de qué se trata y sonrío emocionada.

"Espero que a mi vuelta me esperes en casa. Te quiero. Edward"

Sonrío como una tonta abrazando las llaves y su nota contra mi pecho. Sonia sale de la sala de descanso y me mira frunciendo el ceño, pero me da igual, amo a este hombre como nunca antes he amado.

A las doce salgo y lo encuentro hablando por teléfono al lado del coche. Saludo a Alec que está dentro y Edward me indica con la mano que espere un minuto. Se despide y cuelga el teléfono.

- Esperaba un mensaje tuyo – dice acercándose y levantando mi cara entre su pulgar y el índice, como hace siempre, me da un suave beso en los labios.

- ¿Un mensaje? – pregunto risueña.

- ¿No vas a decirme si me esperas en casa?

- Lo verás cuando vuelvas – sonrío y doy media vuelta abriendo la puerta del coche. Se sienta a mi lado sin dejar de reír y Alec se incorpora al tráfico. Llegamos al aeropuerto más bien justitos para facturar, da instrucciones a Alec para los días que él este fuera, me coge de la mano y entramos. Como viaja en primera no tiene que esperar mucho. Una vez que lo tiene todo me abraza con fuerza.

- Volveré enseguida cielo – dice sin soltarme.

- Te estaré esperando.

-No quiero alargar mucho esto – dice separándose de mí.

- ¿El qué? – pregunto confusa.

- Las despedidas, no me gustan.

- Bueno, esto es un hasta luego – digo sonriendo.

- Te llamaré cuando llegue – vuelve a besarme con sus manos en mi cintura.

- Sea la hora que sea, por favor.

- Sí, no te preocupes – sube su mano hasta mi nuca y acercándome a él me besa recorriendo con su lengua cada rincón de mi boca. Se separa poco a poco dándome besos ligeros.

- Te quiero Edward.

- ¡Resérvame tus besos hasta que vuelva! – dice haciéndome reír.

- Todos y cada uno de ellos.

- Yo también te quiero Bells. Tengo que irme – vuelve a abrazarme con fuerza mientras yo aspiro su olor para retenerlo en mis fosas nasales. Me besa de nuevo y dejo que se aleje hacia la entrada.

Muerdo mi labio evitando que las lágrimas lleguen hasta mis ojos. Un vez que está a punto de entrar, se gira, me mira clavando sus ojos en lo míos y noto como él tampoco quiere separarse de mí. Sus labios me dicen te quiero y yo sonrío mientras contesto que yo también. Me lanza un beso una vez que pasa los arcos de seguridad, se da la vuelta y entra por una puerta.

Me quedo plantada mirando por donde se ha ido, y sin poder evitarlo mis lágrimas ruedan por mis mejillas. Me las seco con el dorso de la mano, respiro hondo y salgo fuera. ¡Es absurdo llorar porque se marcha de viaje! Me reprendo a mí misma mientras me dirijo hacia el coche.

Abro la puerta del copiloto y me siento delante. Alec me observa en silencio, arranca y se dirige de vuelta a casa.

- No tardara en volver Bella– dice tratando de animarme.

-Lo sé Alec, pero lo echaré de menos – sonrío mirándole y él asiente en respuesta.

-¿Vas a ir a vivir con él verdad? – dice sonriendo y me giro mirándolo con los ojos como platos – Perdona, no quería molestarte.

- No me molesta Alec, al contrario, me gusta que me trates con naturalidad, incluso que me preguntes con naturalidad.

- Entonces, ¿vas a ir? – se gira y me mira un instante.

- ¡Mañana mismo empiezo a trasladar mis cosas! – digo dando palmas y riendo como una niña. Alec suelta una carcajada y me mira.

-Me alegro mucho por los dos Bella. Eres buena para él – asiente y sin dejar de sonreír vuelve a mirar la carretera.

- Gracias Alec. – Y sin más comienzo a echarle de menos.

O0o0o0o0o0o0o0o0

Bueno ¿Creen que Bella se vaya a vivir con Edward? Lo sabremos después… chaito nos vemos en el siguiente capítulo. Besos…

Locura realizada…

Cambio y fuera…

By:antoCullen::

Jane.