Aprovechando mis muy merecidas vacaciones voy a comenzar a escribir como loca para ustedes, ya que en los comentarios varias exigían saber sobre la continuación, pero ustedes saben, yo amo dejarlas en suspenso al final de cada capítulo. Esta es la segunda parte, por lo que aquí les mostraré un poco de Jasper y de Carlisle, más una pequeña sorpresa.
¡A leer!
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Ruby eyes, capítulo 24: La petite morte Parte II
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Tercer punto de vista
Una de las muchas cosas que Jasper Whitlock siempre quiso poder llegar a hacer antes de que cualquier otro vampiro lo despedazara y lo lanzara a una hoguera era poder llegar a conocer a su compañera, aquella con la que compartiría sus secretos, sus puntos débiles y se abriría como una flor en lo que se refiere a sus emociones y sentimientos, se mostraría totalmente a ella, no dejaría nada por descubrir ya que todos sus secretos también serían de ella, al igual que su propia persona.
Cuando solía habitar en el campamento de su creadora, María, pensaba vagamente en ellos, nunca le importó; por supuesto, en algún momento estuvo ciego, pensando que ella podría ser su compañera. Ella era manipuladora, tenía que darle crédito por eso, lo engatusó a la perfección para darle todo lo que ella quería.
Jasper le había entregado absolutamente cualquier cosa que él pudiera otorgarle, lo que ella quisiera. Le había dado el sexo, la sangre, el poder… y aunque él jamás lo haya admitido en voz alta y mucho menos se lo haya mencionado alguna vez a Carlisle, también le entregó su amor, no correspondido por supuesto.
Él creyó estar enamorado de ella en algún momento de su estancia. Claramente, a pesar de darle todo a María, ella quería más, ella quería mucho más que simple sexo, por más salvaje, apasionado y rudo que fuera, jamás estaría conforme con sólo Jasper.
Y fue en ése día, en el que Jasper se dio cuenta que ella no era para él, cuando él empezó a creer que el amor era una triste ilusión creada por los idiotas como excusa para cuando te sientes embobado por cualquier o cualquiera que te atraiga; pensó que las parejas y almas gemelas no eran reales y algún bobo simplemente lo inventó como si fuera una fábula.
Y así fue, un día normal, como cualquier otro, caluroso para los humanos, pero para los demás vampiros que se encontraban luchando en pleno mediodía en una rancho abandonado que ya hace varias décadas había sido tomado, estaba a temperatura ambiente, sin mencionar que no podía sentir nada.
Jasper estaba ansioso, después de ordenarle a varios neófitos que se ocuparan de realizar guardia por los alrededores únicamente para estar seguro se dirigió al interior del rancho que era bastante amplio.
Dos vampiros de más de dos años de antigüedad lo recibieron en las puertas que eran lo único que lo separaban de la habitación de María, la más grande.
Para Jasper, fue la cosa más estúpida que pudo haber hecho alguna vez desde que despertó en su nueva no vida. Declararle a María que para él, ella lo era todo, porque era una estúpida ilusión a la que Jasper se aferraba a creer que existía realmente algo que en su mente funcionaba como el amor.
Pero estuvo bien, estuvo bien… ya que si eso jamás hubiese ocurrido probablemente nunca se hubiera dado cuenta de cómo es sentirse manipulado, de cómo te das cuenta y a identificar a las falsas personas que tratan de moldearte a su gusto.
Fue una lástima que al tener que salir de María matándola con toda la felicidad, sólo para hallarte con otra psicópata, pero aquí está el lado bueno; al menos Jasper sabía que no la amaba ni siquiera un poco, y también sabía que a veces intentaba manipularlo, pero no, eso no volvería a pasar.
Para él fue algo parecido a una utopía cuando estuvo allí mismo, en frente sus ojos la que estaba destinada a pasar todos los días del resto de la eternidad con él, a su lado para siempre.
Fue algo que nunca se esperó poder conseguir, pero que sin embargo, luchó hasta con lo último de se ser para poder obtener después de que Peter les confirmó que su compañera estaba tan cerca de ellos, y cuando Carlisle la vio y Jasper le contó acerca de su experiencia en la cafetería, ambos supieron que ya no había nada más que hacer, era suya, debía estar escrito en su piel.
Reclamarla fue como una epifanía, tal vez mejor, no era religioso, pero estaba seguro de que en ese mismo momento había conocido a Dios en persona cuando en un momento específico en su visita a casa tocaron sus manos saludándose y pudieron hacer contacto visual.
Carlisle por supuesto había tenido muchos más roces; besos en la mejilla, abrazos y hasta tuvo el placer de poder oler su sangre de la forma más pura una sola vez, por supuesto, hasta que ambos olieron el néctar puro que era la sangre virginal de Bella.
Aunque no muy grata la experiencia del dolor para ella, para Jasper, quien se había tomado el atrevimiento de arrebatarle su inocencia, había sido tocar el cielo con las manos, fue como tener un orgasmo instantáneo, donde sientes que vas a explotar y en un momento estas en la sima y te lanzan de una patada, pero qué patada la que le dieron.
Jasper pensaba una y mil veces las futuras sesiones de sexo donde ellos disfrutarían de intercambiarla para ambos, degustándola sin fin, haciéndola suya una y otra vez, donde explorarían todos los límites del sexo hasta hacerla cojear cuando caminara de tanto penetrarla sin detenerse, donde todos sus atuendos terminarían destruidos y hechos trizas porque él no iba a permitir que ninguna prenda de ropa volviera a tocar su cuerpo, nunca más.
Era en lo único que pensaba, en la manera en la que se arqueó cuando Jasper no podía embestirla más fuerte por temor a romperla, pero no, ella pedía más, ella quería más.
Ambos habían creado un monstruo insaciable que no los dejaría en paz hasta que la durmieran y dejaran agotada de tanto coger una y otra vez. Desde el momento en el que los sexos de Jasper y Bella se encontraron unidos, ella se tornó salvaje, clamando por su satisfacción y liberación que la llevaría al borde de la locura.
Por supuesto, Jasper consiente de todo ello se esperaba que Bella se tornara más agresiva que antes, temporalmente sucedería debido a que era humana y debía expresar sus instintos de alguna forma, pero debido a no ser una vampira, no estaba segura de cómo, así que la agresión y hostilidad en los humanos era una forma normal y a la vez retorcida de decir ''Te amo y me perteneces'' cuando hallaban a su compañero vampiro.
A pesar de todo tener pinta de espejismo, ya era innegable, se había vuelto realidad todo lo que él alguna vez pudo fabricar en su mente, los días próximos que ellos pasarían ya habían sucedido y aún se preguntaba si verdaderamente todo no era un sueño y en cualquier segundo despertaría en su cama en Texas siendo humano.
Las cosas resultaron ser diferentes, complicadas al principio pero no trágicas, uno que otro problema, pero con Bella siempre los habría, era un bajo costo a pagar por estar junto a ella.
Pero había algo que por supuesto ellos no sabían, lo desconocían completamente, y era que mientras ellos disfrutaban reclamando a su compañera y saboreando su néctar una y otro vez, regalándose placer mutuo y disfrutando, una persona no tan ordinaria se encontraba en su hogar, entrando por la fuerza e invadiendo su morada, explorando todos los lugares.
''Así que este es el lugar.'' Murmuró la figura delgada, cubierto por una espesa chaqueta negra y con botas bastante grandes a pesar de no ser invierno, la figura vagaba por toda la casa examinando cada parte, oliendo un aroma que no percibía hace ya mucho tiempo, un olor del cual se había olvidado, y cuando este volvió a entrar en sus sistema, fue como una alta dosis de la droga más potente directo en su sistema.
Su boca se hizo agua y sus manos estaban hechos puños, tenía que encontrarla, su mente trabajaba a toda velocidad. Sabía que ellos no estaban en casa, pero tendrían que volver tarde o temprano, en algún momento tendrían que regresar.
Así que mientras no estaban, él se tomaría el tiempo libre para averiguar más acerca de este lugar. Le costó mucho encontrarlos, después de pasar más de cinco meses en su búsqueda, por fin halló lo que estaba buscando, y cuando se dio cuenta que estaba en el lugar correcto no lo desaprovechó, fue cauteloso, a pesar de que no hubiera nadie… aún. Al menos tenía una dirección, una permanente, ya que según los registros civiles estos tenían más de cuatro meses de habitar en la residencia.
Caminó con cuidado por toda la casa, quería evitar el menor contacto con cualquier objeto que pudiera dar pista de su visita, luego tendría que ventilar el lugar, era lo de menos. Algo en particular le llamó la atención, y era un cuarto del cual provenían varios tipos de aromas, tanto de Jasper y Carlisle como el de Isabella. Por segunda vez en el día tuvo los impulsos de drenar un humano en seco, sin importar quien fuera.
Entró a la habitación recelosamente entreabriendo un poco la puerta y dejándola abierta detrás de él.
Hace ya mucho que había dejado de sentir las tontas emociones que tanto lo atormentaban, había dejado de ilusionarse con las tonterías ideales del amor, para él eso era una mierda, no existía en la vida real.
Para él no fue una sorpresa el entrar y percibir aquellas fragancias. Sexo, sudor, y excitación, donde mayormente se concentraba en la cama, desordenada y con algunas prendas de ropa interior adornando el suelo. Un corpiño con unas lindas bragas a juego, y más allá un par de boxeadores simples de color negro.
Aunque quiso negarlos tantas veces, era imposible, le dolía, le dolía todo eso porque jamás pensó que una chica llena de tanta inocencia pudiera ser capaz hacer tal acto de atrocidad, que pudiera haberlo traicionado de esa forma tan horrible, tan descarada. Ahora se había acabado, él había ido simplemente para torturarse a sí mismo, y ciertamente estaba siendo herido en lo más profundo.
Aunque los demás lo hubieran aceptado, todavía estaban siendo heridos, aún quedaban los recuerdos con la fea cicatriz que había quedado después de los actos, todavía estaban las sensaciones, pero había algo más fuerte; La venganza, no hay nada peor que una mujer cuando está despechada, dicen por allí.
Él sabía a la perfección de qué se trataba, por supuesto que ellos ya se follaron a esa perra, era de esperarse, pensaba él.
Ya no era el mismo, estaba lleno de desprecio y de odio, así como las únicas personas que todavía seguían con él, para ellos era una forma de hacer justicia por todo a lo que se vieron obligados a pasar, pero a los ojos de cualquiera se vería como una clara muestra de dolor y necesidad de hacerles sentir lo que ellos les hicieron.
Sus sospechas se confirmaron, era lo que más temía, no era ningún maldito secuestro, no se trataba de nada de eso, debió haberlo visto. Apostaba a que ella tuvo que ver, tal vez ella fue la que dio la idea, lo organizó todo y puso una excusa.
Arriba de la mesita de noche se posaba una cámara digital completamente nueva, por pura curiosidad, él la encendió, pero deseó jamás haberlo hecho, ya que delante de él estaba su pesadilla en carne propia, a lo que siempre le temió.
Sacándose lo que para él era unos estúpidos sentimientos de la cabeza, volvió a abrir los ojos y miró fijamente las imágenes. Ellos eran jodidamente felices, lo eran sin importar que todavía hubiera personas que sufrían constantemente, que los extrañaban y pensaban que algo trágico les sucedió, y a pesar de eso, ellos sonreían sin preocupación alguna en las fotos.
Las fotos mostraban a Isabella descuidada.
A ella sonriendo y posando para la foto.
A ella abrazando a Jasper y dejando que él besara su cuello.
A ella sentada en el pasto mirando hacia la nada.
A ella en la cocina.
A ella siendo besada en los labios por Jasper.
A ella en ropa interior de lencería besándose con Carlisle.
Y fue esa última lo que hizo querer a Edward poder vomitar.
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Jasper P.O.V.
Ambrosia, ella era la exquisitez en carne viva… era perfecta.
Ambos encajábamos juntos a la perfección, como si hubiera sido creada especialmente para mí, y no lo dudaba. Era cálida, se amoldaba a mi cuerpo y mis labios como si fuera mi pieza faltante rompecabezas, y eso era otra cosa de la cual no podía faltarle.
¿Cómo puedo describir esto que estoy sintiendo justo ahora? ¿Cómo? No se puede, porque alguien más tendría que estar sintiéndolo para poder experimentar lo que yo estoy pasando, poder unirme por primer vez a mi compañera, es algo que he anhelado desde… no lo sé, ya perdía la cuenta, y o importa, porque está pasando y como dicen algunos por ahí ''vive el momento''
En este preciso momento, mi compañera, mi otra mitad, mi Bella, se encontraba retorciéndose en la cama siendo embestida por mi misma persona.
Mientras que ella suplicaba y rogaba porque la penetrara más fuerte, yo trataba de controlar mi fuerza que quería salir y hacer una demostración, pero no lo iba a permitir, no iba a hacerle daño en nuestra consumación.
''Por favor, Jasper…'' Gemía sin control y suplicaba Bella, estando en el límite del placer después de experimentar el dolor hace unos minutos, cuando la sangre de su virginidad llenó todo mi miembro mostrándome que era ahora mía, me pertenecía y su pureza me bañaba.
''¿Por favor qué?'' La desafié a que me dijera qué sucedía. Ella estaba claramente en la sima de la satisfacción, y Carlisle no se quedaba atrás; jugando con sus pezones y moviendo constantemente su lengua por ellos, y Bella tomando su rostro entre sus manos para darle a él un beso.
''M-mas… fuerte…'' Logró articular con los ojos cerrados con fuerza y arqueando su espalda hasta que Carlisle la enderezó nuevamente.
''¡Agh, Bella!'' Exclamé cuando sentí que sus paredes se encerraban en mi polla endurecida y bañada por completo de sus jugos. Entraba y salía rápidamente hasta alcanzar una gran velocidad, en ocasiones Carlisle presionaba con su pulgar el clítoris de Bella, logrando llevarla a la locura y exclamar nuestros nombres. No sabía aún a ciencia cierta si ella tendría energías para poder dejar que Carlisle también se acostara con ella, pero eso sería después asunto de los dos, por ahora disfrutaría yo de lo que estaba en frente de mí y suplicaba por cogerla más rápido.
''¡Jasperrrr!'' Gritó ella esta vez golpeándose a ella misma contra mi pene. Maldición, se sentía tan pero tan bien que dolía todo por poder penetrarla a más fuerza, no creo poder hacerle daño.
''Mira lo hermosa que te ves, Isabella. Pidiendo por más, porque te folle con más fuerza, mientras que tú te retuerces debajo de mí, ¿te gusta, no es así? ¿Te gusta que Carlisle nos mire mientras lo hacemos, te gusta?''
''¡Sí! Por favor… más… estoy tan… cerca.'' Dijo ella, por un segundo pensé que tal vez estaría a punto de desmayarse por toda la fuerza que estaba poniendo en mantenerse despierta y aguantar tanto placer que ejercíamos en ella.
''¿Quieres un orgasmo?'' Le pregunté de forma cruel mientras levantaba una de sus piernas para colocarla en mi hombro y tener un nuevo ángulo de penetración, lo que le hizo soltar otro grito.
No importa cuánto grite, nadie la escucharía, era una cabaña completamente aislada donde, los vecinos más cercanos estaban a millas, y Carlisle estaba consciente de ello, por lo que se esforzaba por ponerle más fuerza y pasión a sus caricias que hacían que Bella suspirara, ella terminaría teniendo un infarto si no le dábamos lo que pedí, pero eso ya vendría.
''¡Sísísí!'' Exclamó.
Ella era hermosa, su piel estaba enrojecida y estaba perlada por la fina capa de sudo que la cubría. Ahora nuestras marcas estaban en ella, tenía nuestro olor por todas partes, el olor de nuestros fluidos en todo su cuerpo y diversos chupetones que le habíamos hecho e su cuello y en el área de sus pechos. Una parte de mí se sentía posesivo con ella y satisfecho al ver que tenía nuestras marcas, pero otra se sentía culpable, ¿cómo reaccionaría al ver que le habíamos dejado ese tipo de marcas, se enojaría?
''Voy a darte lo que me pides…'' Siseé para ella como nuestros ojos nunca se despegaban los unos de los otros, sólo el contacto visual acababa ya que ella cerraba los ojos cuando tocaba su punto G.
''Por favor, Carlisle…'' Gimió ella a Carlisle cuando alcanzó su punto máximo de placer en sus pechos, succionándolos con su mayor fuerza y palmeando uno de ellos dejando una leve marca roja.
Mi movimientos empezaron a volverse erráticos de un momento a otro, cuando los fluidos de Bella empapaban todo mi pene junto con la más mínima fragancia de su sangre, chorreando mis bolas y la sábana completa, tal y como había hecho en la sala de estar, cuando tuvo su primer orgasmo del día y mojó toda la alfombra de su olor.
Y todo estalló, al siguiente segundo ambos estábamos gritando de placer, Carlisle viéndonos fijamente asombrado por nuestra consumación y mi reclamación hacia ella. Bella empezó a articular palabras incoherentes y sólo gemía y gemía sin detenerse, a veces decía mi nombre, pero verdaderamente no entendía la mayor parte.
Habíamos obtenido lo que esperábamos por tanto, tanto tiempo, que la sensación estaba tan alejada de nosotros, imaginando lo que sería.
Fue como alcanzar el nirvana, tomar una estrella entre tus manos y poder guardarla, fuimos uno, ahora somos unos en realidad.
Y sólo quedó cien por ciento claro cuando toda mi semilla se desparramó en su interior, llenándola por completo y perfumándola con mi olor en su interior.
Ahora cualquier bastardo vampiro que se atreviera a acercarse sabría que ella me pertenece, y que por supuesto, ya la he reclamado como mía. No creo que cualquiera de ellos decidiera acercarse mucho, ya que en cuanto percibieran mi olor saldrían despavoridos, y es así como me gusta.
Sé que no puedo sentir cansancio nunca más, ya para mí no es posible, sin embargo puedo agotarme psicológicamente debido a la recarga de emociones y experiencias, y es justamente lo que acababa de suceder, estaba agotado psicológicamente.
Tanto así que en cuanto terminé con mi orgasmo, casi caigo encima de Isabella, quien ahora respiraba pesadamente y con ayuda de Carlisle se acomodaba en su puesto con la cabeza nuevamente en su almohada, me recliné de ella apoyando mi peso en mis codos, quedando cara a cara con ella quien me veía con una tonta sonrisa en su rostro, la misma que yo tenía, que ella había puesto allí, ella me hacía sonreír como un idiota enamorado.
''¿Jazz?'' Llamó mi atención mientras yo aspiraba el olor de su cuello.
Carlisle había bajado a buscar algunos analgésicos para ella por si acaso le dolía algo junto con un vaso de agua hace unos segundos, todavía no estábamos seguros de que ella querría dejar que Carlisle la reclamara, después de todo se le notaba cansada y con un poco de sueño.
''¿Sí, cariño?'' Le respondí mientras me acostaba a su lado y nos cubría con las sábanas a ambos y envolviéndola en mis brazos, a lo que ella se recostó más de mi toque y recostó su cabeza de mi pecho.
''Te amo, ¿lo sabes?'' Dijo ella jugando con mi mano entre las suya. Bostezó un poco y acto seguido se acurrucó más.
''Sé que me amas, puedo sentirlo emanando de ti. Por cierto, yo también te amo.'' Le respondí dejando un suave beso en su coronilla.
Estaba pasando por tantas cosas, pero en realidad tantas, tantas cosas, que para mí el mundo se detuvo, éramos sólo ella y yo. Y para Carlisle iba a ser la maravilla, ya que siendo él el otro compañero de mi Bella tenía el derecho y el deber irrefutable de poder reclamarla como se le antojara.
Era extraño sentirse impaciente porque otro intimara con tu pareja, que también era la suya, pero era como recomendar un buen vino, al final discutirían sobre su sabor y lo que sintieron cuando lo probaron.
Extraño, pero cierto.
''¿A dónde se fue Carlisle?'' Preguntó ella acabando de darse cuenta de su ausencia, ciertamente era distraída varias veces.
''Fue a buscar algunos analgésicos, ¿no te duele nada?'' Le pregunté.
''La verdad es que sólo dolió un poco cuando tú, bueno… ya sabes; pero ya no duele, sólo siento a incomodidad, eso es todo, no creo necesitarlos.''
''¿Estás segura de que estás bien? Si quieres puedes dormir, ya es tarde, aunque también nos queda todo el día de mañana para poder terminar de jugar, si es así como lo prefieres tú, por supuesto.''
''¿Dormir? ¿Estás loco? Aún quiero que Carlisle me haga el amor.''
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Carlisle P.O.V.
¿Puedo pedir algo más? Definitivamente no puedo, no sé qué hice alguna vez para merecer este premio, no recuerdo haber ayudado a alguien de una forma tan grande como para que me dieran esto; por supuesto, excepto salvar a varias personas, pero era una obligación, no era una labor que yo cumpliera por placer propio.
De igual forma, nada de lo que haya hecho anteriormente podría darme como recompensa el haber escuchado de Isabella decirme que me ama. Nada.
''Mmm, Carlisle.'' Gimió ella exhausta, dejando salir un bostezo y tumbándose en mi pecho. Debo admitir que me fue mucho mejor que ha Jasper, esta vez Bella estaba más llena de energía que antes, por alguna razón, con ganas de tener sexo, y yo no pude hacer nada más que dárselo, cedí totalmente a sus caprichos.
Después de que con mucha audacia e intrepidez Bella me cabalgara como una loca dejándome ver sus pechos rebotando en mi cara, dejando que llenara todo su interior con mi esperma, al fin se durmió en medio de Jasper y de mí. Ambos claramente satisfechos por Isabella, totalmente complacidos, porque es mejor calidad que cantidad.
No pensaba que ella aguantaría a poder estar conmigo, pensé que estaba cansada, al parecer me había equivocado ya que ella se mostró completamente dispuesta a complacerme de varias formas, jugando con mi polla entre sus manos y acariciando sus labios vaginales con la puesta de esta para después empalarse a sí misma encima de mí, después de eso creo que les conté que yo fui como su caballo.
Fue una noche placentera, no puede dormir, para mí eso es como una leyenda, no es posible para ninguno de nosotros nunca más, pero fue como si me hubiera sacado algunos kilos de encima, como si ya no tuviera el constante sentimiento de que algo me falta, que necesito algo que me complete, no, nunca más, eso se acabó.
De ahora en adelante éramos sólo nosotros tres, ah, y se me olvidaba, también estaría Peter que pronto vendría de visita, ojalá se tarde un poco más, porque de no ser así, supongo que tendré que recurrir al método de ''no me importa nada'', no me interesaría si están escuchando o no, pero de todas formas iba a hacer el amor con Isabella, haría que ella gritara tan fuerte mi nombre que se quedaría ronca y ya no podría hablar más, haría que mi nombre se desgastara en sus labios y le dejaría permanentemente mi olor impregnado en su piel.
No creo poder llegar a cansarme alguna vez de poder estar en su interior, de embestirla fuerte y chupar sus pechos hasta que ella me pida que deje de hacerlo, lamer sus pezones y meter mis dedos en su cavidad para bañarlos de sus jugos y después probarlos yo mismo.
Porque ahora que he probado el paraíso no quiero dejarlo.
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Les traigo rápido este capítulo que comencé a escribir en la madrugada, saben que siempre me pueden apoyar con sus comentarios diciendo qué es lo que opinan de la historia y alguna que otra idea para el siguiente capítulo.
Hoy mismo voy a comenzar a escribir otro capítulo más para ver si mañana en la tarde haya la posibilidad de que publique nuevamente.
Besos y abrazos.
Cat
