Hola gente bonita! se que me atrase en este capitulo y todavia faltan corregir algunos errores, en cuanto tenga el corregido lo cambiare de inmediato. quiero agradecer a todas las personas que han leido este fic, me da mucha alegria. les comento que pronto me ire a servicio social y que posiblemente (no estoy segura todavia) las actualizaciones se pondran lentas, espero que no pero de una vez les avizo. sin mas el fic!

Disclaimers: los personajes de Sherlock Holmes no me perteneces, son de la mente brillante de Sir Conan Doely y las poco sanas mentes de Steven Moffat (sigues sin caerme bien!) y Mark Gatniss. el trabajo original puede encontrarse aqui /chapters/3373481?page=24&show_comments=true&view_full_work=false#comment_28733908 no obtengo ganancia alguna traducciendo, lo hago porque me gusta.


Capítulo 25

John siempre supo que las operaciones de vigilancia eran una empresa singularmente aburrida. Sherlock siempre olvidaba esto. De hecho, adoraba las vigilancias. O, al menos, eso pensaba él. Por los primeros veinte minutos. Durante esos primeros veinte minutos, vibraba con anticipación, ansioso por validar sus teorías. Después de los primeros veinte minutos, Sherlock odiaba las vigilancias. Así que John pensó que tendría que sobrellevar los primeros veinte minutos, luego empezaría a quejarse y volverían a la Calle Baker y caerían en la cama y dormirían por años. Bueno, John dormiría por años. Sherlock probablemente no dormiría por años, porque así es como él era.

Estaban agachados incómodamente en un callejón. John estaba sentado en el pavimento, porque estaba demasiado cansado para preocuparse acerca de cuán asqueroso era eso. Recargado contra la pared de ladrillos del edificio a lado de él, Sherlock estaba encorvado detrás de un cubo de basura mirando al objeto de vigilancia. John cerró sus ojos, confiando en que no se dormiría por cualquier emoción o situación de supervivencia que Sherlock fuera a necesitar, inclinando su cabeza hacia atrás contra la pared de ladrillos. Y bostezó enormemente.

Pensó en Sherlock, arrastrándose más temprano fuera de la oficina de Lestrade, preocupado por que los llantos de Oliver pudieran no ser contestados. ¿Sherlock había llorado cuando era bebé y sido ignorado? ¿Había alguna memoria residual que persistiera en su cerebro? Pero no, pensó John arrugando el ceño. ¿No le había dicho Mycroft que Sherlock había sido un bebé callado? ¿Qué Sherlock no había emitido un sonido hasta que tuvo cinco años? ¿No había dicho eso Mycroft? John pensó que eso era lo que había dicho. Sherlock callado. John odiaba cuando estaba callado. Era su menos favorito humor de Sherlock, porque era el que más le preocupaba. Cuando Sherlock estaba callado —lánguido, silencioso, no activo, malhumorado, hoscamente tranquilo— John podía ver fácilmente al drogadicto en él; la versión de este hombre que jamás había realmente conocido, y no quería, honestamente, conocer. Y cuando Sherlock estaba callado, era como si estuviera muerto de nuevo. Por primera vez en mucho tiempo, John vio a Sherlock cayendo del techo de St. Bart's, tan claro como si hubiera pasado ayer y aún tuviera todas las pesadillas que le habían seguido y que no había tenido por mucho tiempo; pero se despertó con sorpresa al encontrar a Sherlock frente a él, sus manos cuidadosamente en sus hombros.

John no se sentía exactamente como si hubiera estado durmiendo, pero también sabía que no había estado despierto. Y estaba temblando y jadeando por aire como si hubiera corrido una maratón.

"Estabas teniendo una pesadilla" explicó Sherlock, sonando incierto.

John jadeó por aire, estiró sus manos y las enrolló confortablemente en el cuello de la gabardina de Sherlock, donde se amoldaron perfectamente, y lo jaló hacia un fuerte, brutal beso.

Sherlock pareció deducir sobre qué había sido el sueño. Lo que no le sorprendía completamente, desde que Sherlock siempre sabía todo. Éste se alejó del beso y pasó sus labios por toda la cara de John salpicándolo con besos y murmuró: "Estoy aquí —estoy aquí— justo aquí."

Quiso decirle que siempre estuviera ahí cada vez que se despertara por una pesadilla, pero no lo necesitaba porque Sherlock siempre estaría ahí; ellos habían hecho un voto.

Así que en vez de eso dijo, su voz ronca y grave: "No quise quedarme dormido."

"Vamos a casa" sugirió Sherlock, y fue un comentario tan cuidadoso que John supo exactamente cuánto Sherlock lo adoraba, todo envuelto en esas tres palabras. Para cubrirlo, Sherlock agregó: "Es aburrido aquí, de todos modos."

Y luego hubo una explosión a través de la calle.

John se puso a cubierto automáticamente, levantando un brazo para cubrir su cabeza y usando la mano que aún tenía aferrada a la gabardina de Sherlock para jalarlo hacia abajo en un relativo refugio, porque sabía para ese momento que los instintos de Sherlock siempre eran correr directamente hacia la explosión.

Y en el momento justo, Sherlock apenas esperó a que los escombros dejaran de caer antes de saltar sobre sus pies y mirar a través de la calle: "Idiotas" exclamó, sus ojos brillando con deleite, y luego salió disparado.

"Joder" maldijo John por lo bajo, y corrió tras él. Afortunadamente, la adrenalina seguramente ya se había disparado a través de su cuerpo, y fue capaz de mantener a Sherlock a la vista mientras giraba por las esquinas, persiguiendo algo que John no podía ver. Las calles aún estaban relativamente desiertas, pero había más y más viajeros matutinos emergiendo y todos ellos le dieron extrañas miradas mientras los pasaba, persiguiendo a un sujeto en una dramática y pesada 'fuera de estación' gabardina. John pasó a un par de ellos atravesados en su camino y les gritó apuradas disculpas sobre su hombro.

Y luego, girando en un callejón particularmente estrecho siguiendo a Sherlock, alguien se estrelló contra el costado derecho de John con toda su fuerza, mandándolo contra el suelo pesadamente, donde aterrizó sobre su hombro y maldijo con adolorida molesta. Quien hubiera aterrizado sobre él como una tonelada de ladrillos, le fue quitado de encima, y John rodó sobre su espalda, parpadeando hacia arriba mientras que Sherlock empujaba al sujeto contra la pared más cercana, lo suficientemente fuerte para hacer que John hiciera una mueca en simpatía.

"Ahí lo tienes" dijo Sherlock, y pulcramente presionó su antebrazo contra el cuello del sujeto en una llave que lo ahogaría si no se movía por lo menos un centímetro. Sherlock miró agradablemente a John sobre su hombro, como si solo se hubieran encontrado el uno al otro casualmente en un paseo por la mañana.

John se levantó sobre sus pies, sintiéndose como una madeja de moretones gracias a la explosión y luego a la colisión. "Dime que ese es el asesino y no solo alguien con quien estás enojado por estrellarse conmigo" dijo.

"Este es el asesino" le informó Sherlock alegremente. "Se tropezó contra ti justo como sabía que lo haría."

"De hecho él corrió justo hacia mí, para ser exactamente técnicos. Y muchas gracias por dejarme saber tu brillante plan para usarme como lazo, literalmente."

"Si te hubiera dicho, hubieras dudado en el crucial momento final y arruinado la sincronización de todo."

Había sirenas de policías dibujándose cada vez más cerca de ellos. John bajó la mirada hacia su costoso traje de bodas, el cual estaba roto en varias partes. "Esta es la razón del por qué no compro ropa linda" remarcó.

"No compras ropa buena porque tienes un gusto terrible."

"Si quieres que nuestro matrimonio llegue a la marca de veinticuatro horas" le dijo John, "dejarás de hablar ahora."

Sherlock abrió la boca, lo pensó mejor, y la cerró de nuevo.

La policía se arremolinaba alrededor de ellos y Sherlock estaba en su elemento, mientras les decía exactamente cómo él había heroicamente agarrado al sospechoso y alguien le pasaba a John un paquete de hielo, casi como una ocurrencia tardía. John ni siquiera sabía a cuál parte de su cuerpo debería aplicar el hielo. Se decidió por su hombro.

Eventualmente, la policía se llevó al asesino esposado y John escuchó a Sherlock decir: "Nosotros no vamos a dar nuestro informe ahora. ¿No pueden ver que mi esposo está exhausto?"

Él dijo esposo con un rastro de orgullo en su voz que hizo que John sintiera un poco de calor en el pecho; John estaba molesto acerca de muchas cosas, pero el problema era eso, que debajo de toda esa irritación estaba toda esa adoración, lista para fluir de regreso una vez que la superficie haya sido rascada apenas un poco. John, sentado en el pavimento una vez más mientras esperaba, con su cabeza inclinada hacia atrás contra otra pared de ladrillos y un paquete de hielo sobre su hombro, se despertó a sí mismo de su dormitar, lo suficiente para levantarse y caminar hacia donde Sherlock estaba esperando.

Sherlock le sonrió deslumbrantemente, aun mirándose inmensamente orgulloso, y John tuvo el sentimiento más raro de que Sherlock estaba orgulloso de estar John, en vez de estar orgulloso de sí mismo, como normalmente lo estaba. Pero lo estaba mirando a él, como si el propio Casanova hubiera aparecido en la ciudad sobre un corcel blanco, cuando solo era John Watson, manchado de barro y en necesidad de una ducha, cojeando hacia él.

"¿Casa?" preguntó Sherlock, sonriéndole brillantemente. Estaba claramente de un remarcable buen humor.

"Oh, mi Dios, sí" dijo John.

Sherlock hizo que un taxi se apareciera en el camino, y John se tiró dentro de él, inclinándose contra la puerta y cerrando los ojos. Tenía la intención de dejarse llevar a la deriva hasta que llegaran a la Calle Baker. De hecho podía sentir los principios de un dolor de cabeza asomándose, y quería mantener sus ojos cerrados hasta que pudiera gatear dentro de la cama y dormir.

Aunque había un problema, y el problema era Sherlock. Éste se sentó a lado de él, sin tocarlo y sin hablarle y sin molestarlo de ninguna manera, pero Sherlock estaba zumbando con auto satisfecha energía. Se sentía engreído y predatorio, de la manera en que Sherlock lo hacía después de los casos, y estaba emanando de él en oleadas que estaban electrizando el aire del taxi. John sintió la sacudida respuesta de adrenalina en su propio cuerpo, y pensó: «¿De verdad? Mira al estado en el que estas. ¿De verdad estás pensando en tener sexo ahora mismo?»

John abrió un poco un ojo y miró por encima a Sherlock. Tenía sus manos descansando sobre sus rodillas. John miró hacia esos largos dedos, estirados contra la pierna del pantalón. Miró hacia la columna del cuello de Sherlock. Hacia el elegante perfil, el arco de su boca, al mohín de autoconfianza, y quería romper la distancia entre ellos y hacer que Sherlock pensara acerca de cosas que no fueran su propia brillantez.

, pensó John, definitivamente tendrían sexo. Se le ocurrió ahora que había querido tener sexo con Sherlock después de cada caso exitoso por años. No era sorpresa que siempre le tomara años el poder dormirse después de que llegaran a casa, cuando por derecho debería haber estado exhausto. John siempre culpó a la adrenalina que aún estaba en su sistema, pero ahora veía que había sido una frustración sexual persistente, siempre a fuego lento, expulsada hasta que hirviera por el modo en que Sherlock podía succionar todo el aire de la parte trasera del taxi y dejar a John mareado sobre él.

Sherlock giró su cabeza para mirarlo inquisitivamente, y John se dio cuenta de que tenía ambos ojos abiertos y que se había sentado; ya no estaba pretendiendo que se iba a dormir tan pronto como llegaran a casa. Lo que fue inmediatamente obvio para Sherlock, quien parpadeó y en un parpadeo transformó sus ojos de herramientas filosas de deducción a herramientas líquidas de seducción, y era injusto que pudiera hacer eso.

Los dedos de Sherlock se cerraron sobre la tela de sus pantalones. Tomó una pesada, elaborada respiración, y luego otra, manteniendo la mirada de John.

Cuando el auto se detuvo frente al 221 de la Calle Baker, le dijo a Sherlock: "Págale" y salió como un gruñido.

Sherlock parpadeó de nuevo, sus pupilas dilatadas imposiblemente más y John tropezó fuera del taxi yendo hacia la puerta, metiendo la llave y empujándola para abrirla e ir escaleras arriba, seguro de que Sherlock lo seguiría.

Lestrade estaba sentado en el sofá, bostezando. "Pensé que los había escuchado. El bebé está durmiendo—"

"Muchas gracias por cuidarlo" dijo John. "Te veremos pronto."

Era una obvia despedida, y Lestrade ladeó su cabeza en confusión, y luego Sherlock caminó dentro de la habitación detrás de John, y la tensión debió haber sido tan pesada que Lestrade solo dijo: "Bien" y se apresuró a salir de la Calle Baker tan rápido como pudo.

Y John inmediatamente se volteó hacia Sherlock y lo acorraló de la sala de estar hacia su cama, donde aterrizó con poca elegancia, parpadeando hacia él con oscuros y enormes ojos.

"No hagas eso" dijo John.

"¿Hacer qué?" preguntó Sherlock, sin aliento.

"Seducirme en taxis" contestó, y saltó sobre él colocándose a horcajadas. Sherlock ya estaba duro, y su respiración se aceleró solo un poco más.

"Estaba sentado en el taxi" dijo Sherlock, mientras John presionaba sus manos a cada lado de su cabeza. Inclinándose sobre él. "No estaba haciendo nada."

"Nunca, jamás pares de hacerlo" le dijo.

"Acabas de decir—"

John se tragó la falta de lógica acerca de la que Sherlock había estado a punto de quejarse con un beso, húmedo y profundo, y tan lento, hasta que Sherlock gimió y gimió de nuevo e inconscientemente acompañó la zambullida y empuje de la lengua de John con el balanceo de sus caderas. Y John amó tener a Sherlock de esta manera, sin sentido debido al placer, incoherente debido a él. John pensaba estos días en sexo en términos de los orgasmos de Sherlock, porque eran sus orgasmos los que propulsaban los de John, eran sus jadeos y suplicas lo que John ansiaba más que nada, como jamás lo hubiera pensado. Sherlock podía decir 'John' de tal forma, que estaba convencido de que se podía correr únicamente con el sonido de su nombre y nada más. Cuando tenía a Sherlock en ese punto, él a veces tenía que parar y apretar sus ojos para empujar su sangre hacia abajo, tomar un respiro, y hacer que las cosas duraran más. Cuando hizo eso, Sherlock lo agarró, lo jaló hacia él, desastroso y descoordinado en su desesperación, sus manos jalando y torciendo y arañando, y eso habría dolido, excepto que Sherlock lo diría de nuevo —"John"— justo de esa manera, juraría.

"Otra vez, otra vez, otra vez" imploró en la oreja de Sherlock, mientras sus manos trabajaban en él.

Sherlock jadeó y se aferró y dijo su nombre en una ininterrumpida cadena: "JohnJohnJohnJohn" y luego pausó. Una quietud, un momento de claridad tan fuera de lugar en el aire cargado de lujuria de la habitación, que John, desconcertado por ello, no tuvo tiempo para prepararse antes de que Sherlock lo tomara firmemente en su mano y dijera, solo una vez, con una resuelta determinación: "John" y todo lo que necesitaba era eso y un jalón y John se dio cuenta, en ese momento, que era demasiado tarde, diciendo: "Jesucristo" y luego el clímax se estampó contra él.

"No solo mi voz" dijo Sherlock, sonando casi meditativo mientras ponía las piezas en su lugar. "Tu nombre en mi voz." Tomó las manos de John y las cerró alrededor de su erección, guiándolo, porque John estaba muy exhausto como para juntar la energía para hacer terminar a Sherlock en ese momento.

"Eso fue trampa" jadeó John.

Sherlock no le respondió, arqueándose al ritmo que estaba haciendo que John creara, y estrellándose en su propio orgasmo.

John esperó hasta que Sherlock se había derretido en la cama a lado de él. "Eso fue trampa."

"No, no lo fue" murmuró Sherlock, sonando soñoliento ahora. "Fue ser inteligente."

"Ahora que lo sabes, vas a usarlo todo el tiempo" dijo John sin acalorarse. Había tenido mucho tiempo para pensar que eso sería algo malo.

Sherlock tenía sus ojos cerrados, pero sonrió un poco en respuesta a eso. "Todo el tiempo. Cada vez. John, John, John, John, John."

"No funciona así, lo sabes. Tiene que haber ciertas circunstancias."

"Lo sé" dijo Sherlock y bostezó enormemente.

"Ni pienses en quedarte dormido. Tienes que ir a recoger un paño y limpiarnos un poco."

"¿Por qué tengo que hacerlo yo?"

"Porque tú eres el que no está cansado después de la vigilancia. Yo estoy exhausto. Iba a venir directo a casa y dormir, solo que me sedujiste en el taxi."

"Para, me asaltaste, así que no tienes nada de qué quejarte, y así que deberías ser tú el de la limpieza."

"Tarado" le dijo John.

La sonrisa soñolienta de Sherlock se expandió. "Solo porque fuiste descuidado al final de ello."

"Porque hiciste trampa. Te iba a hacer llegar primero, y luego a mí."

"Follas en orden sistemático. Es tan británico de ti."

«Te odio», pensó decir John, pero salió como un: "Te amo desesperadamente."

Se sintió momentáneamente como un idiota por eso, hasta que Sherlock abrió sus ojos y giró su cabeza para mirarlo, y sonrió; no como las sonrisas que le había estado dando, pero sí una de esas sonrisas genuinas que iluminaban sus ojos y le hacían pensar en Oliver. "Feliz boda" le dijo Sherlock.

"¿Estás feliz?" preguntó John, porque pensó que necesitaba oírlo.

"Me casé con mi persona favorita en el planeta, luego resolví un crimen, después tuve sexo con alguien con quien actualmente disfruto teniendo sexo. Quien también resulta ser la misma persona favorita en el planeta con quien justo me casé."

"Buen trabajo con la misma persona" remarcó John.

"Éste ha sido el más perfecto periodo de veinticuatro horas que jamás pude haber imaginado" le dijo Sherlock; y lo dijo tan solemnemente, con tan dolorosa, honesta creencia.

John lo besó, suave y dulce, porque él tenía que.

A través del monitor, Oliver lloró.

John maldijo momentáneamente su falta de sentido práctico, en particular sobre el sexo, en vez de estar durmiendo, así podría haber descansado un poco antes de volver a encargarse de un bebé. "Tú ve por él" le dijo a Sherlock. "Él es tu clon; tú eres de donde él sacó sus espantosa inhabilidad de dormir el tiempo apropiado."

Sherlock no protestó. Rodó fuera de la cama y desapareció momentáneamente en el baño. John oyó el agua correr y pensó: «Oh, sí, cierto», y luego una toalla mojada aterrizó con un plop en medio de su pecho. John se limpió a sí mismo mientras escuchaba las pisadas de Sherlock en las escaleras, el retumbar de su voz hablando para Oliver, quien paró de llorar inmediatamente. John suspiró y arrugó su nariz ante las sabanas arrugadas en mal estado de su cama, y una vez más maldijo su falta de sentido práctico. Incluso si habían tenido un excelente sexo. Tomó la colcha que había sido tirada al piso, la extendió sobre las sábanas y tuvo el pensamiento de que debería de ir a buscar una manta o ponerse algo de ropa o algo, y luego se quedó dormido.