¡Holaaaa! Me atrasé un poquito, dije que una vez al mes porque mi vida universitaria es de terror y bueno… quizá saben lo que está pasando en Venezuela. No ha sido fácil por muchos años y ahora todo incrementó para peor. Por lo que quise ponerme de lleno a escribir, ahora que estoy de vacaciones y que, de aquí al domingo que viene, las cosas se pueden poner feas.
No quiero decepcionarlas de nuevo, así que intentaré escribir uno o dos capítulos más. Espero que las circunstancias lo permitan.
Un beso y mil gracias por estar siempre al tanto de esta historia.
25. Al día
Desperté de la inconsciencia más oscura. No había soñado nada, lo que agradecí profundamente. Abrí los ojos lentamente y me sentí perdida por un segundo. Pero luego me sentí tranquila, a pesar de que todavía no sabía dónde me encontraba. La habitación estaba pintada con colores pasteles. La luz del sol se filtraba a través de las finas cortinas.
Poco a poco comencé a asimilar lo que me había pasado en las últimas horas… o días. No sabía por cuánto tiempo permanecí inconsciente. Primero, todo lo que había creído vivir, fue una farsa. Loki siempre mintió. Y lo peor no era eso, sino que me había alejado de mi hija y ella jamás me reconocería si me viera de nuevo.
Me cubrí el cuerpo con la sábana y pensé seriamente en acabar con todo… pero entonces me vino a la mente un sentimiento que era inevitable. Del amor profundo, desmedido y ciego (y por mucho), el odio y la venganza toman su lugar. Puto y certero Odín.
Odiaba a Loki. Odiarlo significaba que debía encargarme de lo que me había hecho, no encerrarme y llorar desconsolada o hacer algo mortal para mí. Y hacer algo al respecto no tendría cabida si estaba muerta.
Me senté y me despojé de la sábana. Me cubrí las piernas con los brazos y respiré profundo.
—Desde este día, hasta el último, haré lo que sea para que pagues por lo que me hiciste, Loki Laufeyson.
Dos lágrimas brotaron de mis ojos cuando terminé de pronunciar aquellas palabras y me las sequé.
Observé la habitación nuevamente y sonreí por la cantidad de objetos coloridos que había, que hacían contraste con el color de las paredes, cortinas y puerta.
Bien, algo importante que había pasado deliberadamente por alto: todavía no sabía en dónde estaba ni quién me había rescatado.
Me puse de pie, lo que me permitió observarme a través de un espejo ubicado en la esquina de la habitación. Tenía una camisa a cuadros que me llegaba hasta la mitad de la pierna y unos leggins negros. No mostraba nada, pero me sentí rara. Pasar de vestidos largos, a esto, era raro en verdad. Era como volver a la Lisbeth pre-Loki, pero seguía siendo abrumador.
Como todo lo que había pasado, sí…
Pero me sorprendió más fue mi rostro: estaba pálida, con ojeras y me veía como si hubiese envejecido unos aterradores diez años. Me acerqué para detallarme mejor. No podía dejar de fruncir el ceño, no podía relajarme en absoluto. Mi mirada estaba… vacía, sin brillo. Me di unas palmaditas en las mejillas para animarlas, pero no sirvió de mucho. Tendría que acostumbrarme a la nueva yo…
Salí de la habitación y los colores no desaparecieron. Tonos rojos, naranjas y verdes inundaban la sala del pequeño apartamento, que era más pequeño de lo que creí: una modesta cocina, en la cual cabrían tres personas apretujadas; una mesa redonda de vidrio para cuatro personas; un stand repleto de libros y tres pufs coloridos en vez de un juego de sofás.
Me senté a la mesa y sujeté un libro que yacía sobre esta.
Acuerdos de Sokovia.
Sokovia… eso era lo que había leído aquella vez.
—Siempre perspicaz, Asha-Lisbeth.
Tenía mucho tiempo que no escuchaba ese nombre. Bueno, mi nombre, y mucho menos en boca de ella.
Me giré en el asiento y la vi, sentada en el cuarto puf que no alcancé a ver.
—Hola, Natasha.
Ella sonrió a medias y se acercó a mí. Nos abrazamos por un momento y luego se sentó a mi lado.
—Nunca creí volver a verte —dijo ella.
Yo asentí. Pensaba lo mismo.
—Jamás pensé que serías tú quien me rescataría.
—Bueno, bien sabemos tú y yo que las cosas nunca se dan como una espera.
Tragué fuerte y asentí una vez.
Señalé la casa y ella sonrió a medias.
—No creí que fueras amante de los colores vivos.
Ella se encogió de hombros y se puso un poco seria.
— ¿Qué pasó? Bueno, una idea tengo: estás aquí —susurró.
Respiré profundo y me estiré un poco.
—Sé qué pasó, pero no entiendo bien cómo, ni…
Bufé y me di una cachetada a mí misma. Natasha abrió los ojos de par en par.
—No, claro que lo sé. Siempre lo supe, porque todos se aseguraron de decírmelo, solo que yo no quise escuchar.
— ¿Quieres té, para relajarte?
—Eres rusa, ¿no tienes vodka o algo así?
Ella sonrió divertida y asintió una vez antes de ponerse de pie y traer una enorme botella y dos shots.
—Esto es para largo, que sea más grande —dije yo, señalando los vasos.
Ella se rio entre dientes y trajo los vasos para el whiskey.
—Es bastante fuerte —dijo ella, señalando la botella con un movimiento de cabeza.
—En Asgard se suele beber todo el tiempo, como si el agua no existiera. Creo que tengo un buen nivel de aguante.
Natasha sirvió el vodka y lo bebimos de un solo trago. Yo carraspeé la garganta.
—Está bueno.
Ella volvió a servir y me observó en silencio.
—Has cambiado —dijo ella.
—Supongo que sí. Me han pasado tantas cosas que ya ni sé qué soy. Supongo que humana, por cómo me veo, pero ya no sé —dije apretando la mandíbula.
Respiré hondo de nuevo. Natasha acarició mi hombro, para darme ánimos.
—Viajé a varios mundos, rescaté sus almas, morí por unos instantes mientras mi bebé intentaba salir de mí: le di una hija. Lo apoyé cuando lo enjuiciaron. Y todo eso fueron solo estupideces, porque el maldito nunca me quiso, solo quería cogerme y que fuera su fiel sirviente, su salvadora.
Volví a beber y suspiré.
— ¿Una hija? —sonrió ella.
Yo asentí, mirando al suelo.
—Se llama Vetr, tiene casi cuatro años, pero pareciera que tuviera siete u ocho años. Es talentosa, dulce, lista y hermosa… Y ya no la veré más.
Natasha miró mi antebrazo.
—Sí, eso mismo es lo que me impide volver a por ella. Y no porque no lo haya intentado. Lo hice y, heme aquí.
—Lo lamento, Lisbeth.
—"Él no te ama, no es capaz de amar aunque lo intente, pero sí de lastimar y engañar. ¡Oh en eso si es bueno!".
Natasha bajó la mirada al recordarlo.
—Tú eres una de las que siempre estuvo clara, Natasha, no te avergüences. Más bien, siéntete orgullosa de tener los pies sobre la tierra… literalmente.
—A veces detesto tener la razón.
—Es mejor tenerla a no saber qué carajo pasa, o simplemente hacerlo a un lado por tu ciega perspectiva.
—Lo de la "ciega perspectiva" es algo muy subjetivo. Porque puedes estar al tanto de la verdad, pero, si de algún modo ese punto de vista te absorbe, entonces ya dejas de verlo como "un punto de vista", sino la única verdad que conoces.
Respiré profundo y tomé otro trago.
—Debería contratarte para que seas mi conciencia —dije.
Natasha se encogió de hombros y brindamos por ello. ¿Era un trato? Si así era, el alcohol no me dejó procesarlo bien del todo.
—Los puntos de vista siempre nos joden a todos… —dijo ella unos segundos después.
Yo le eché un vistazo al libro que decía "Acuerdos de Sokovia". Cuando miré de nuevo a Natasha, su rostro estaba lúgubre.
—Han pasado demasiadas cosas, Lisbeth. Intentaré ponerte al día.
Tomé otro trago y asentí.
—Empezaré con el talón de Aquiles de todo el declive que ocurrió: SHIELD siempre fue HYDRA.
Mi expresión confusa le hizo sonreír a medias. Le tomó unos cinco minutos explicarme bien sobre HYDRA para poder continuar.
—Por unos días, Steve y yo creímos que Fury había sido asesinado. Nos perseguía HYDRA, sobre todo, su asesino por excelencia: el Soldado de Invierno. En un enfrentamiento descubrimos que él era Bucky.
Abrí los ojos de par en par.
— ¿Bucky Barnes?, pero si él murió en acción hace como 70 y tantos años.
—Al igual que Steve, ¿no? —dijo ella, alzando una ceja. Yo asentí, haciendo una mueca —. Él fue rescatado por HYDRA y lo… convirtieron en un arma —continuó, repentinamente más nostálgica —. Él no podía recordar nada, le borraban la memoria cada vez que cumplía con una misión o si algún vestigio de su verdadero "él" aparecía —dijo ella, retomando su relato con cierta energía —. Pudimos evitar que HYDRA acabara con quienes fueran sus enemigos inmediatos o amenazas. Pero hubo un alto costo: tuvimos que hacer público todos los archivos de SHIELD, por ende, de HYDRA también, para intentar acabar con esos malditos.
Yo miré a nuestro alrededor: estaba en su lugar de resguardo. Natasha Romanoff en definitiva necesitaría un lugar seguro. Y ella me permitió estar allí.
— ¿Incluso mi archivo?
Natasha parpadeó un poco.
—De seguro hubo un archivo sobre mí. ¿La gente sabe quién soy?
—Los que se tomaron la libertad de leer todos los archivos, y aún más los concernientes al ataque en Nueva York… sí, saben quién eres y lo que hiciste.
Yo asentí en silencio. Natasha continuó:
—Luego de esa amenaza, surgió el interés de Tony por tener algo seguro para el mundo y para nosotros. Quería una inteligencia magnánima para nuestro beneficio… utilizando el cetro de Loki.
— ¿Todavía lo tienen? —inquirí.
—No. Fue desarmado por Tony y Bruce, y luego nos causó muchos problemas con Ultron, quien fue esa inteligencia artificial que causó un desastre a una escala mucho peor que la de Nueva York —dijo ella, mirando el libro. Yo tragué fuerte —. Dentro del cetro estaba una piedra que es la fuente de poder de… ¿recuerdas a JARVIS?
—Claro, Tony no puede hacer nada sin JARVIS.
—Bueno, ahora es un ser físico. Se llama Visión.
Yo parpadeé, perpleja.
—Vale, JARVIS vive. Eso será interesante de ver. Pero… ¿lograron salvar Sokovia?
—No, fue casi su destrucción total. Hasta la fecha, todavía no saben cuántos murieron.
Yo asentí, recordando un poco el desastre que originó Loki en Nueva York.
—Pero algo bueno surgió de eso. Wanda Maximoff se unió a nosotros, aunque su hermano no sobrevivió en Sokovia. Ellos tienen dones extraordinarios: él tenía una velocidad increíble y Wanda tiene la potestad de usar energía a su gusto, además de controlar la mente. Al principio no fueron aliados, sino un enorme dolor de cabeza… —ella tragó fuerte —. Pero Wanda ha mejorado mucho. De seguro te llevarás bien con ella.
Y así continuó y el relato me parecía sacado de historietas: Una batalla a por la Tierra para que Ultron, un ser perturbado y confundido… o quizá más claro que todos nosotros, no destruyera el planeta. Debido a ese desastre, Tony decidió mantenerse fuera del equipo y así hizo por un año, hasta que hubo una desgracia en Lagos y los Acuerdos tuvieron lugar, dividiéndolos.
—Dios… —susurré aterrada.
—Sé que algo malo pasó, pero yo estoy "desaparecida", por los momentos, ante los ojos del mundo. Y por mundo me refiero al Secretario de Estado: Ross.
—Pero, si tú no estuviste ahí porque huiste luego de que Tony te advirtiera que estaban buscándote, ¿cómo sabes esto?
Ella sonrió a medias.
—Soy una espía. Soy buena manteniendo contacto.
Bebimos otro rato largo, contándonos anécdotas y riéndonos cuando en realidad no debíamos. Alcohol…
—O sea que no he sido la única que ha estado jodida todo este tiempo. Es un consuelo. ¿Y todo eso ocurrió hace cuánto?
Natasha suspiró y se tomó un momento para terminarse la botella de vodka.
—Hace una semana. Viniste en un momento bastante tenso, pero está bien. Estás de vuelta —ella brindó con lo poco que quedaba en el vaso y se lo bebió —. ¿Quieres más?
—Por el bien de ambas: no —dije, mientras colocaba el vaso boca abajo en la mesa —. Creo que me regresaré a la cama.
Me puse de pie y trastabillé un poco. Ella se puso de pie e intentó mantenernos en equilibrio, a las dos.
—Mañana será un día interesante —dijo ella mientras caminábamos hasta el pasillo que daba a las habitaciones.
— ¿Mañana? Yo creo que ya es hoy.
Ambas nos reímos. Yo la miré lo más enfocada posible le di unas palmadas en el hombro.
—Gracias, Natasha.
Ella me miró un momento y asintió.
—Si te sientes mal, pega un grito, estaré al lado —dijo ella.
Natasha abrió por mí la puerta de mi habitación y se despidió con la mano, más sonriente de lo normal.
— ¿Lo repetimos? —preguntó ella cuando yo estaba a punto de cerrar la puerta.
—Lo repetimos —prometí.
Abrí los ojos de golpe y me embriagaron las náuseas y un pitido en la cabeza. Me cubrí la boca en un segundo por el ácido que recorrió mi garganta. Lo controlé lo más que pude mientras, todavía trastabillando, buscaba el baño, que estaba en el pasillo.
No miré a otra parte, solo a la puerta del baño que, afortunadamente estaba abierta. Hice lo que era obvio y me quedé sentada en el suelo un momento, tratando de recuperar el aliento luego de expulsar todo. Me quedé quieta, tratando de escuchar algún ruido en la cocina, en caso de que Natasha estuviera allí, pero no escuché nada. Quizá seguía dormida o vomitaba en un rincón…
Me puse de pie, todavía mareada, e hice lo posible por deshacerme del olor y recuperar el color. Me miré de nuevo al espejo y el vacío en mis ojos permanecía. Sentí y presencié cómo perdían aún más brillo al pensar en Vetr. Eché un vistazo a mi antebrazo: la marca que me había dejado Loki era de color negro y resaltaba por encima de la piel. Pero eso no me llamó tanto la atención sino la pantalla del brazalete, que estaba encendida.
— ¿Ya dejaste de expulsar tu alma?
Me quedé boquiabierta por un momento y casi se asomó una ancha sonrisa en mis labios.
Salí del baño y miré hacia la sala. Él, impecablemente vestido, yacía sentado en un puf, más hundido de lo normal, y con esa sonrisa de siempre. Cuando él me vio, se puso de pie y no se movió: su sonrisa se esfumó y apretó la mandíbula.
Yo sentí un nudo en la garganta y caminé hacia él, mirando el suelo. Pero no di tantos pasos porque él se acercó rápidamente a mí y me cubrió con sus brazos. Su colonia me hizo arrugar la nariz porque todavía tenía náuseas.
Nos quedamos así un largo momento hasta que alcé un poco la cabeza para observarlo. Sus ojos estaban rojos y ya sus arrugas no podían esconderse.
—Qué mal te ves, Tony Stark.
—Mira quién habla —contestó, retomando su típica sonrisa. Yo sacudí la cabeza y volví a pegar mi rostro en su pecho. Él no se apartó —. Pagará, te lo juro —dijo unos segundos después, sin ningún ápice de broma.
—Gracias —contesté en un suspiro.
Él se acomodó mejor para ver mi expresión y volvió a apretar la mandíbula.
Entonces fue que pude ver a Natasha, que estaba sentada sobre el mesón de la cocina, con una humeante taza de café en las manos. Pero eso no fue lo que me hizo abrir los ojos de par en par, sino su cabello: ahora era rubia.
— ¿Cuánto tiempo estuve vomitando?
—Un buen rato, pero no tanto —contestó ella antes de llevarse la taza a los labios.
—Lo certifico. Eres una mujer que se hace esperar, Lisbeth —dijo Tony, acariciando un mechón de mi cabello. Yo entrecerré los ojos —. Es un cumplido, lo juro —contestó y puso su mano derecha en su pecho, melodramáticamente.
Sonreí un poco y me acerqué hasta la cocina, en busca de café.
— ¿Lo repetimos? —pregunté yo.
Natasha se rio entre dientes y tamborileó los dedos en la taza.
—Lo repetimos… pero hoy no.
—Hoy no —dije, asintiendo con la cabeza. Arrugué la nariz por el dolor que me causó hacer eso.
Me serví el café y señalé su cabello con el dedo.
—Estoy ocultándome, ¿recuerdas?
—Como si volviéndote rubia dejaras de ser La Viuda Negra… —dijo Tony.
—Ojalá… —susurró ella y siguió tomando café, mirando a otro sitio.
Me tocó contarle a Tony lo que pasó. Natasha preparó el almuerzo, a modo de distracción de la resaca. Yo llevaba unas tres tazas de café y casi cuatro cuando terminé mi relato. Así que me tomé un momento para leer los acuerdos y yo no podía creer lo que les estaban obligando a hacer.
—Básicamente les vendieron el culo a las Naciones Unidas, y me perdonan la expresión —dije, cuando ya tuve suficiente del libro, y lo lancé a un puf —. No puedo creer que ambos hayan firmado esto. Especialmente ustedes dos —dije, señalándoles.
—Necesitamos control, Lisbeth. No sabes lo que ocurrió en Sokovia —dijo Tony, palideciendo un poco.
—Natasha me explicó, Tony. Sé que te sientes culpable porque… bueno, metiste la pata y de lleno. Pero no pueden, ninguno de los dos —dije, mirando a Natasha —, entregar su fuerza, sus ganas por ayudar al planeta cuando lo necesita.
—Necesitábamos apoyo mundial, Lisbeth. No es tan fácil —dijo Nat, mirando por encima del hombro.
—"Necesitamos, necesitábamos". Ustedes son Los Vengadores, el mundo es quien les necesita a ustedes, no los putos gobiernos. ¿Se vendieron ante los líderes mundiales que lanzaron una bomba hacia Nueva York? Bomba que, por cierto, tuviste que desviar, Tony —dije con gran ira.
No sabía realmente por qué estaba tan molesta. Creo que era porque sabía que ellos siempre fueron los que tuvieron la razón y que tenían la fuerza suficiente como para detener lo que sea. Incluyendo al maldito de Loki.
—Por no tener control sobre nuestra fuerza, Ultron tuvo lugar y asesinó a casi todo un país entero.
—Ellos debatirían sobre si deben actuar o no. ¿Y si deciden que no?, ¿entonces el planeta se va al traste?
Tony endureció la mirada y se enderezó.
—Suenas como Rogers.
Natasha se dio la vuelta, tensa.
— ¿Dónde está Steve? —preguntó ella.
Tony apretó el puño sobre la mesa.
—Tony… —dije yo con más calma.
Él respiró profundo, de manera silenciosa.
—Fui a Siberia. Resulta que Helmut Zemo, una víctima de Sokovia, planificó todo. Barnes no puso la bomba en Viena.
Yo miré a Natasha y ella se acercó a la mesa.
—Pero eso no importa… Steve me ocultó que… que Barnes asesinó a mis padres.
Yo me quedé inmóvil y Nat bajó la mirada. Tony bufó y sonrió amargamente.
—Claro que tú también lo sabías.
—Steve y yo prometimos que…
—Steve y tú. Sí. ¿Crees que se me olvida que nos traicionaste en el aeropuerto? Puedo hacer una puta llamada y tendrás a un convoy completo de SWAT aquí, para que te lleven a la misma prisión en la que estaban Barton, Wanda, Wilson y la hormiga esa…
— ¿Estaban? —inquirió ella, por lo visto no afectada por la amenaza de Tony.
—Alguien les ayudó a escapar. Y bien sabemos que ese alguien tuvo que haber sido Steve.
—Tony, debes entender que Steve no te dijo nada porque quería evitarte más dolor.
— ¿De verdad? —dijo, poniéndose de pie de un salto y tornándose su rostro de un alarmante color rojo —. ¿O más bien evitar decir la puñetera verdad? Que su amigo, Bucky, no es tan bueno como él ciegamente cree.
—Lamento lo que pasó, Tony —dije yo, interrumpiéndolo —. Pero sabes que Bucky no tuvo la culpa.
Tony endureció su expresión, y respiró profundo, mirándome a los ojos.
—Él… los mató.
Su voz fue débil. Yo tragué fuerte porque pude sentir su dolor.
—Pero no era él. No fue Bucky Barnes quién disparó, fue el Soldado de Invierno. Y Bucky ya no estaba, no tenía elección o siquiera la potestad de detenerse.
—El veterano o el asesino, no me interesa, fue por su mano que los perdí aquella maldita noche.
Yo suspiré. Tony seguía furioso.
—No quiero hablar más de ello, Lis. Lo siento. No podré perdonar a Steve por ocultármelo.
Yo miré a Natasha y ella asintió en silencio.
—Está bien.
Él poco a poco se calmó. Natasha volvió a la cocina y un silencio incómodo nos embargó, hasta que él volvió a mirarme.
— ¿No hay nada que puedas hacer para volver a Asgard?
—A no ser que Heimdall se apiade de mí y logre anular esto… —alcé el brazo y señalé la marca —… No, no puedo volver.
— ¿Y dónde coño estaba Thor?
—Loki lo mandó a uno de los reinos, días antes. Quizá lo tenía planificado, ya no me extrañaría que fuera así. Por eso él no pudo hacer nada. Supongo que ya se enterará.
—No estará muy feliz —dijo Natasha, mientras se acercaba con los platos de comida.
—Supongo. Ya veré qué puedo hacer para ir… o atraerlo hasta acá
—Loki no vendrá sabiendo que estás aquí y que estás con nosotros —dijo Tony antes de empezar a devorar la comida —. ¡Por Dios, Romanoff! Ya veo cómo conquistaste al grandote —dijo él, al parecer, olvidando repentinamente la discusión de hacía unos minutos. Pero así era él: esquivaba el dolor.
Yo fruncí el ceño y Natasha se ruborizó un poco.
— ¿El Dr. Banner y tú…?
Su silencio fue su respuesta. Yo me quedé boquiabierta.
—Eso lo obviaste deliberadamente, Nat. Eso no lo vi venir.
—Ninguno —dijo Tony —. Pero… no importa. Es que no sabemos dónde está.
— ¿Él?, ¿por qué?
—Tomó una nave y desapareció luego del conflicto con Ultron. Encontramos la nave o, lo que quedó de ella, en el mar. Pero no hay rastros de él.
Yo miré a Tony, pero él se veía sereno.
—Él debe estar bien, Romanoff. Ven, que esto está buenísimo.
Comimos, pero Natasha se veía evidentemente nostálgica. Tony degustaba cada porción como si fuera su última cena. Ayudamos a limpiar todo y nos volvimos a sentar en la mesa, pero en silencio.
— ¿Cómo supiste que estaba aquí? —pregunté yo de repente.
Tony miró mi antebrazo.
—Yo pensé que no funcionaba —dijo Natasha, un poco seria.
—Relájate, Romanoff. No le diré a Ross de tu guarida secreta.
Ella asintió y comenzó a juguetear con un mechón de su ahora rubio cabello.
—Lis, si quieres, puedes venir conmigo a la torre. Es un lugar un poco menos escondido.
— ¿Con Pepper? Uff, Tony, sabes que ella y yo nos llevamos bien solas, pero contigo se torna tóxico el ambiente. Además, me siento bien estando tras bambalinas.
Él apretó los labios y carraspeó la garganta.
—Créeme, estarías bien en la torre —dijo él, entre dientes.
Yo alcé las cejas.
—Tony, ¿qué hiciste?
Natasha sonrió.
—Qué no hizo, Lis. ¿Lo que te conté no es suficiente?
—Gracias, Romanoff, por tus siempre oportunas intervenciones.
Natasha inclinó la cabeza a modo de reverencia.
—Debiste haber hecho algo bien grave como para que te haya dejado. Mira que te ha aguantado unas…
—Ella no me dejó —clarificó —. Nos dimos un tiempo.
*"So, no one told you life was gonna be this way…". La canción de la serie hizo eco en mi cabeza.
—Pues piensa qué hacer para recuperarla, Tony. Ella vale la pena.
Él sujetó sus manos y asintió ligeramente, mirando la mesa.
Un rato después, Natasha se había ido a su habitación para tratar de calmar el dolor de cabeza y yo acompañé a Tony a la puerta.
— ¿Seguro que ese tal Ross no sabrá de este sitio? Natasha no merece estar encerrada.
—Me aseguré de que no me siguieran. Pero, recuerda que ella no es una santa. Ella violó el tratado que firmó.
—Ella hizo lo que creía correcto. Ella creyó en los acuerdos, pero también creyó en Steve. Al igual que tú has creído en muchas cosas y muchas de ellas no han resultado del todo bien.
Tony respiró profundo y asintió.
—Me alegro de que hayas vuelto, Lis. Te extrañé mucho.
—Yo igual.
Nos abrazamos y él acarició mi cabello suavemente.
— ¿Vas a volver?
—Me quedaría si fuera posible. Pero desaparecerme por tanto rato levantará sospechas. Y, aunque deteste decirlo, Ross sabe rastrear. No quiero aumentar los riesgos, mucho menos ahora que estás aquí.
Yo asentí. Le di un beso en la mejilla y él se sonrojó un poco.
—Intentaré venir mañana otra vez. Tenemos unas cosas que discutir.
—Está bien.
De vuelta a mi habitación, me cubrí con las sábanas e intenté mantener en mi mente la alegría indescriptible que sentí al escuchar y ver a Tony. Pero Vetr, su risa, su dulce mirada, cubría mi corazón por completo. Así que lloré en silencio por un largo momento, utilizando ese dolor como mi incentivo para no caer. Mi motivo para buscar la manera de regresar a Asgard y matar a la bazofia de Loki Laufeyson.
Él tenía los días contados… y quizá yo también.
*Fue una referencia a Friends. Amo esa serie.
