Adrien se sentía algo abrumado al no saber nada sobre Mar. Estaba en una constante contradicción. Sabía que Nathaniel era bueno, eso lo mantenía algo tranquilo. Pero también se preocupaba por todos los secretos que ella tenía, por la falta de memoria. ¿Y si le pasaba algo? Nathaniel no sabía que ella había pedido no ser entregada, quizás intentando ayudar, arruinaba todo.
Qué complicada podía ser la vida en ocasiones.
No pudo evitar recordar a su padre. Una vez había decidido llevar a Rose a la feria, llegaron al lugar más o menos a las cuatro de la tarde. Rose jugó muchos juegos, ganó un peluche de cerdo y se veía dichosa. Realmente parecía que disfrutaba mucho estar en la feria. Había sido una salida de hermanos gratificante.
—¡Eres el mejor hermano! —había exclamado alegre mientras besaba su mejilla expresando el cariño y la felicidad que sentía.
Adrien sonrió y abrazó a su hermana. La adoraba, de ser necesario daría su vida por ella.
Solo que las cosas se arruinaron un poco en el momento en el que regresaron a casa. Gabriel le dio una cachetada y lo increpó por haberse llevado sin avisar a Rose.
—¡Tienes que avisar antes! ¡no puedes llegar y llevártela! Tengo que saber dónde están —parecía estar preocupado y al mismo tiempo enojado. Emociones que nunca pensó ver reflejadas en el rostro de su padre, eso era una completa novedad —. Algún día lo entenderás.
Ese día él se había enojado mucho por la cachetada, lo vio como algo completamente innecesario. Pero ahora que era un adulto y estaba pasando por algo similar, comprendió el actuar de su padre. Sí, eso era ser adulto y tener una responsabilidad: preocupación y angustia. Una combinación nada agradable.
—Adrien, te necesito concentrado en el trabajo —lo regañó Jean mientras atendía a un paciente.
—Sí. Perdón —e intentó concentrarse para no tener más regaños. Es solo que... últimamente su mente viajaba mucho al pasado y no lo podía controlar.
Nathaniel y Mar continuaban en esa heladería, sentados. Mar quería respuestas, porque sentía que ya había descubierto algo y quería saber.
—Si toque una fibra sensible, al menos me gustaría tener respuestas —ella rompió ese silencio incómodo —. ¿No crees que me gané esas respuestas?
Vaya que sabía como llegar a las personas. Parecía que sabía que tenía ciertos encantos, porque su rostro reflejaba demasiada inocencia, sí, pero sus ojos eran la clave. Era parecida a la mirada de el Gato con botas.
—Solo digamos que soy un artista frustrado —respondió simplemente —. Soy alguien que cree que el arte está presente en todas partes. El arte de vivir, el arte de hablar, el arte de mirar. El arte existe en cada cosa que hacemos —expresó.
Mar sonrió ampliamente. Ahora lo entendía todo. ¡Nathaniel tenía talento para escribir!
—¡Tú talento es la escritura! Lo acabas de demostrar.
—No exactamente —el rostro de Mar se desinfló, ya no se sentía tan entusiasmada —. Se podría decir que sí, pero no.
Mar se cruzó de brazos. ¿Sí pero no? ¿estaba hablando con un niño o con un adulto? Porque sinceramente no encontraba una diferencia en ese momento.
—Nathaniel, si eres sincero conmigo, tal vez podríamos llegar a una solución que nos beneficié a ambos.
—¿Cómo qué?
—Solo habla y lo sabremos.
¿Confiar en una niña desconocida que era prima de Adrien? Pues... ni modo. ¿Qué más podría perder? Nada.
Así que decidió sincerarse con Mar.
—Digamos que cuando era pequeño tenía problemas, por ese motivo era tan tímido y todos me molestaban —no quería hablar de sus problemas, eso ya era más personal —. Y digamos que para intentar superar eso, me gustaba dibujar. Dibujaba historias en las cuales yo era protagonista, me daba poderes asombrosos. Volar, teletransportarme, leer la mente.
—Eras el protagonista de tú historia porque los demás te ignoraban —Nathaniel bajó la cabeza un poco avergonzado.
—Exacto. Era una manera de sentirme vivo, de no caer en cosas peores. Incluso había villanos.
—Adrien y Nino.
—Eh... —la mirada de Mar decía: "no intentes mentirme cuando ya sé la verdad", era una advertencia —. ¿Podrías culparme? Era pequeño, ellos me molestaban. Eso era como una venganza.
—No soy quien para juzgarte —respondió con sinceridad —. Además, no veo lo malo. Siempre se necesitan malos para que una historia sea interesante.
—Gracias —sonrió —. El punto es que cuando descubrieron mis cómics, me obligaron a dejar eso, dijeron que tenía que hacer algo importante por mí vida —no entraría en detalles y diría que todos esos cómics habían sido tirados a la basura frente a sus ojos, no diría eso jamás.
Aquel era el recuerdo más doloroso de su vida. Tantos años de trabajo, de dedicación, de pensar en poderes y todo eso había sido arrojado a la basura. Era injusto, una terrible injusticia que Súper Nath no había podido evitar.
—Me recomendaron unirme a algún taller para poder botar el estrés. Me dieron la opción del teatro, pero no pude hacerlo, no tenía tanta personalidad. Así que opté por el baile —los ojos de Nathaniel demostraban un bonito brillo, era como un brillo de esperanza —. Pero también me hicieron dejar eso, porque no era algo propio del hombre.
—¡Qué horror! ¡dos sueños arruinados!
—Eso es ser Nathaniel.
Mar pensaría rápidamente en una solución. Ella ayudaría a Nathaniel a cumplir sus sueños, si quería dibujar, lo haría. Si quería bailar, lo haría. ¡No renunciaría a sus sueños!
Regresaron a la oficina a las siete de la tarde. Sonreían y se miraban de modo cómplice. La verdad era que sí, habían formulado un plan y parecía ser uno bastante bueno. Nathaniel se sentía bastante emocionado, finalmente podría salir de esa aburrida oficina. ¿Quién diría que todo eso sería gracias a una niña?
—El turno de Adrien termina a las diez —le informó Nathaniel —. Tenemos tres horas aquí, encerrados.
Mar echó un vistazo a la oficina y notó que Nathaniel tenía razón al describir el lugar como aburrido.
—¿Tú tío tiene algún día libre?
—Los domingos cerramos, así que nadie viene.
—¿Tienes llave del lugar? —preguntó ella. El chico mostró las llaves sintiéndose algo contrariado. Algo planeaba —. ¡Es perfecto!
Mar se levantó de su asiento y se colocó frente a Nathaniel. El lugar estaba vacío, ni siquiera la auxiliar de aseo se encontraba cerca. Así que podrían hablar con completa calma.
—¡Vamos a arreglar éste lugar! —exclamó ella.
Nathaniel se levantó de un salto, sorprendido y algo asustado.
—¡No podemos hacer eso! ¡mi tío me mataría! Las decisiones las toma él.
¡Qué gallina era Nathaniel! Mi tío esto, mi tío aquello. Nadie debía ser así de miedoso
—Aquí trabajan los dos, Jean no tiene porque imponer sus ideas. Tienes que demostrarle que ya eres grande, que él no puede dominarte ahora —le explicó ella. Nathaniel se quedó callado. Eso había sido crudo, pero realista.
Mar no sabía en qué clase de mundo estaba, pero era extraño. Adrien tenía problemas con su padre, o eso le había dicho Nino. Nino no se llevaba bien con los suyos. Y Nathaniel le tenía demasiado respeto a su tío.
¿Por qué todos odiaban a sus padres?
—Yo...
Nathaniel iba a hablar, pero Mar ya no lo pudo seguir escuchando. Estaba presentando los síntomas de nuevo. Dolor de cabeza, sudoración y vista negra. Sus oídos se taparon.
Estaba teniendo una visión.
Veía la habitación ya tan similar de siempre, oscura y borrosa. Una gran cama y un hombre tendido en ella.
—Hija mía, no importa lo que los demás te digan, si tú quieres ser diseñadora puedes hacerlo.
La chica de coletas y cabello azabache corrió para darle un abrazo a su padre.
—¡Gracias, padre! Te prometo que seré la mejor diseñadora de modas que el mundo haya visto —prometió con convicción.
Y volvió a la realidad. Nathaniel estaba tirándole aire. Ella lloraba. Era extraño ver esas visiones y descubrir que después de todo, sí tenía un padre.
—¿Estás bien? —preguntó un preocupado Nathaniel.
—Lo estoy. Solo recordé a mi padre y lo mucho que lo extraño.
—Oh...
Ambos regresaron a sus actividades. No quisieron hablar del tema familiar, era algo que a todos les dolía.
Mar quería averiguar más sobre su padre, quería saber porque él estaba enfermo, que era lo que le dolía y porque siempre estaba en esa cama. Ansiaba recuperar sus memorias, ansiaba poder verlo y pasar tiempo juntos.
Algunos clientes venían a tomar su hora, o a esperar. De todas formas ellos siguieron hablando, el sábado irían a comprar algo de pintura. Nathaniel quería dar alegría al lugar, así que lo pintaría de rojo. Aunque Mar tenía otra cosa en mente, algo que le gustaría mucho más al chico.
Cuando el último paciente salió, Nathaniel se colocó al lado de Mar. Era hora de la acción.
—Hora de irnos, Mar.
—De hecho, Nathaniel y yo queríamos hablar con ustedes.
Adrien y Jean compartieron una mirada de extrañeza.
—¿Sobre qué? —preguntó Jean.
¡Y comenzaba la acción!
—Bueno, resulta que yo estaré aquí por un largo tiempo y no es muy interesante estar encerrada aquí viendo como las horas pasan —Adrien se sintió culpable ante esa afirmación, aunque culpaba más a Jean —. Así que, Nathaniel y yo estuvimos hablando y me enteré de que éste edificio tiene de todo.
—Eso es cierto, señorita —Jean ya tenía una idea de adónde quería llegar.
—Nathaniel me contó que también existen cursos aquí, cursos interesantes claro está —ese era el giro importante, el que Nathaniel le había recalcado mencionar. La cara de desconcierto de Jean fue su indicio de que iba por buen camino —. Hablamos un poco, y me pareció una buena idea que en vez de estar aquí encerrados, podamos ir a algún curso. Lo hablamos bastante y llegamos a la conclusión de que queremos aprender inglés —expuso Mar.
Habían practicado esa conversación por horas y habían decidido que sería más tierno si ella hablaba. Vieron el rostro de Jean y la chica decidió seguir hablando.
—Me gustaría mucho que Nathaniel vaya conmigo, nos hicimos muy buenos amigos y así no me sentiré tan perdida. ¿Por favor?
—Además, investigamos en Internet y descubrimos que son cursos gratuitos. No tienen de que preocuparse.
Sin que nadie se diera cuenta, chocaron los puños en sus espaldas. Eso había salido mejor de lo que ambos habían esperado, ¡fue épico!
Ahora solo faltaba obtener una respuesta. Ojalá positiva. Nathaniel estaba ansioso, demasiado ansioso. Y Mar tenía un arma secreta, si la respuesta era negativa, explotaría en llanto falso. Solo esperaba que Nathaniel la siguiera, sino, no sería muy útil que digamos.
