Muy buenas a todos! Aquí estoy con un nuevo capítulo! Les informo que ya este fic está en su recta final, así que quedan pocos capítulos para terminarlo! ^^

Lady Yomi: Mi querida lectora! Me alegro mucho que me comentaras! Si, por fin Cloud y Aeris se volvieron a ver frente a frente después de tantísimos años! Jiji ya en este capítulo descubrirás cual fue la respuesta de Aeris a su intrigante pregunta! La verdad que esta historia puede tener tantos rumbos... puede ser triste pero también puede terminar feliz. Sin embargo, hay que remontarse a todo lo que han vivido Cloud y Aeris, puesto que no es fácil reconstruir algo que todo el mundo se encargó de romper :( Pero se verá dentro de poco, ya que a la historia le queda poquito para terminar jiji Me alegro mucho que te gustase esa parte, quería darle impacto y emoción al momento jiji Eres una gran lectora y espero que tus problemas de salud te estén dando la paz que mereces querida! Como siempre, te mando mucho cariño y mis mejores deseos! Muchos besitos y abrazos! ^^

Reimy: mi querida lectora! Te extrañé en el anterior episodio pero imagino que estarás ocupada con tus cosas jiji espero volver a verte pronto por aquí, te mando muchos besitos y abrazos! ^^

Capítulo 25

-¿Por qué no me lo dijiste hace 15 años? - preguntó él, después de unos minutos de silencio.

Estaban sentados en una cafetería cercana al Instituto Midgar, uno frente al otro. Pero ni él estaba prestando atención a su café ni ella a su té. Cada uno estaba mirando en una dirección distinta: él tenía sus ojos clavados en ella, mientras que la mirada de la mujer estaba perdida en el agua caliente que tenía entre sus manos.

La mujer acababa de revelarle la verdad que, de alguna forma u otra, estaba ansioso por escuchar. Su intuición nunca le fallaba y, en aquel caso, no iba a haber ningún tipo de excepción. Le había confirmado lo que el sospechaba desde hacía unos días, una sospecha que no le dejaba descansar tranquilo. Sin embargo, se había dado cuenta como la mujer que estaba frente a él se había quebrado de miedo al decírselo.

Ella sabía que lo primero que iba a preguntarle eran aquellas palabras. Por qué. Por qué no se lo había dicho en su momento, desde que lo supo. Por qué callarse durante 15 años. Por qué alejarlo de su hijo había sido la mejor opción. Por qué hacerle creer a su hijo que su padre era un hombre que no lo quería.

-Aeris, respóndeme. - dijo él, con dureza. Haciendo que el corazón de ella se encogiese cada vez más. Ella sabía que estaba dolido, roto por aquella revelación. Lo había visto en sus ojos al contestarle que era su hijo. Lo había sentido al ver la forma en que su boca se había torcido. Y ahora, le hablaba con la dureza que ella temía. Nunca le había hablado de esa forma, aquella era la primera vez. Y se sentía perdida.

-¿Es que no vas a decir nada? - insistió él. Aeris sentía sus profundos ojos azules sobre ella, quemándola. Siguió mirando su té, deseando ahogarse en él, pero sabía que era prácticamente imposible. Antes de que Cloud volviese a insistir, Aeris finalmente habló.

-Pensé en decírtelo desde que lo supe. Pero … me contaron que Rinoa estaba embarazada, también.-comenzó a explicar ella, mientras sus ojos seguían divagando en el té - Y no sentí que fuera correcto destruir la familia que estabas empezando a formar.

-¿Y si era lo correcto ocultarme que estabas esperando un hijo mío? - preguntó él, con dureza.
-No tenía otra opción, Cloud…-musitó ella, con voz quebrada.
-Si la tenías. Y era decírmelo.
-¿Y qué ibas a hacer? - estallo ella, mirándolo por fin, clavando sus ojos verdes en los azules de él - ¿Decirle a Rinoa "oye, lo nuestro se acabó, Aeris está embarazada"? ¿Marcharte conmigo y dejarla sola con un bebé? ¿O ibas a cuidar de los dos a la vez?

Cloud se mantuvo en silencio, apretando los labios. Era cierto. ¿Qué habría hecho si se hubiera enterado de la verdad? No habría querido separarse de su hija con Rinoa, pero tampoco de Aeris y su hijo. Tampoco podría haberle arrebatado a Rinoa su hija para marcharse con Aeris y Sora. De cualquiera de las formas, habría estado en una tesitura complicada.

-Eso no es excusa para que te callaras y no me dijeras nada. - repuso Cloud, molesto.
-Estaba evitándote problemas…-comenzó a decir Aeris.
-¡Cállate! - dijo Cloud, dando un golpe en la mesa. Aeris lo miró, con los ojos muy abiertos, mientras se le formaba un nudo en la garganta. Tembloroso, el rubio volvió a hablar, en un susurro - Cállate… no sabes… él era mi hijo también y yo…tenía derecho a saberlo. - murmuró, esquivando su mirada. No podía mirarla, no debía.

El silencio se hizo entre ambos. Un silencio tenso, recargado. Los demás clientes de la cafetería los observaron cuando Cloud dio el golpe en la mesa, pero rápidamente, volvieron a sus conversaciones. Aeris lo miraba fijamente, sin poder contener las lágrimas. El rubio tenía una de sus manos cubriéndole los ojos y la otra sobre la mesa, temblorosa.

Sin pensarlo dos veces, Aeris puso su mano sobre la suya, sobre la que descansaba en la mesa. Sintió como Cloud se tensaba ante el roce, pero él no abandonó su postura.

-Perdóname - musitó ella, entre lágrimas.

Él se quitó la mano de los ojos, que le había servido de venda durante los instantes anteriores y la miró. Observó a aquella mujer que estaba frente a él y se dio cuenta de la verdad. Se dio cuenta de lo frágil que era Aeris, de lo que había aguantado durante 15 años y de lo que no. Quiso decirle algo, pero ella se adelantó.

-Perdóname - repitió - tienes razón. Tendría que haber sido valiente y decírtelo. Tendría que haber dejado todo atrás, coger a Denzel y marcharme de mi casa. Tendría que haber ido a buscarte aquella noche y decirte que ibas a ser padre. Tendría que haberme enfrentado a las cosas, dejar el miedo atrás. Pedirte que te quedaras conmigo para siempre, que me abrazases fuerte y me dijeses que todo iba a ir bien. - explicó ella, llorando.

-Aeris…

-Pero no lo hice. No lo hice porque soy una cobarde. Porque nunca he mirado por mi, nunca he sido egoísta. Siempre han estado los demás primero, mis hijos primero. Y cuando tuve que ponerte a ti primero delante de los demás, a la única persona que había conseguido hacerme sentir viva, te puse en el último lugar. No pensé en ti, no pensé en el daño que te haría si no te decía que ibas a ser padre. No pensé en nada, simplemente pensé en Rinoa, en Zack, en tu hija, en mi familia. Pensé en todos menos en ti. Y ese fue el mayor error de mi vida - sollozó, cerrando los ojos con dolor, mientras dejaba caer más lágrimas.

Entonces, Cloud se zafó de su agarre y puso su mano sobre la de ella, agarrándola con fuerza. Se acercó a ella lentamente, en un intento de besarla, de reconfortarla.

Todavía besarla se sentía como si fuera la primera vez. Sus labios seguían siendo suaves, dulces. Los de él seguían siendo finos y cálidos. Fue un beso corto pero fue suficiente para hacerlos estremecer a ambos.

-Cloud…-dijo Aeris, sin entender.
-Lo siento. - musitó él, mirándola fijamente. - Sé que hace 15 años me dijiste que lo nuestro tenía que terminar. Que teníamos que olvidarnos el uno al otro. Pero supongo que no es fácil.

Aeris volvió a mirar el té, incapaz de plantarle cara al hombre que tenía delante. Sin embargo, se dio cuenta de que sus manos seguían entrelazadas.

Tras un silencio en el que ambos intentaban calmarse interiormente, cada uno a sí mismo, Cloud volvió a hablar.

-Quiero hablar con él. Decirle la verdad. - dijo el rubio, retomando el tema por el que estaban preocupados. La mujer lo miró, nerviosa.
-Cloud, todavía es demasiado pronto. No lo aceptará bien. Deja que hable con él. - dijo ella, intentando convencerle.
-Creo que él también merece saberlo ya. - continuó Cloud, haciendo caso omiso a sus palabras.
-Dame un poco de tiempo, por favor. - suplicó ella.


-¡Sora! - dijo Kairi, alzando su mano y moviéndola de un lado para otro, tratando de llamar la atención del joven.

Sora miró en la dirección en la que provenía la voz y, con una sonrisa, corrió al encuentro de Kairi.

-¡Kairi! Siento llegar tarde, pero Riku y Roxas me entretuvieron y… -explicó él, tratando de justificar su tardanza con algo de nerviosismo.
-No te preocupes, Sora. Es más, me ha venido bien que tardaras para…prepararme para lo que te quiero decir - dijo ella, sonrojada.

Después de la clase de matemáticas, Kairi se había mostrado en los últimos días de una manera distinta con Sora. Más cercana pero también … más tímida, como avergonzada. Sin embargo, había reunido el valor suficiente para pedirle a Sora que saliesen juntos aquella tarde, como amigos.

Sora lo miró, igual de sonrojado que ella. ¿A qué se refería?
-Bueno, Kairi…¡dímelo ya! - exigió él, mientras su corazón latía con fuerza. Pero ella negó con la cabeza.
-Todavía no. ¡Al final de la cita! - propuso ella, con una dulce sonrisa a la que Sora no pudo resistirse.
-Está bien - asintió él. - ¿A dónde quieres que vayamos? - preguntó.
-¿Qué te parece si vamos al parque de atracciones del Sector 4? - dijo la joven, emocionada.
-¿El parque de atracciones? - dijo Sora, poco convencido. Tendrían que coger un tren y el tiempo escaseaba para ambos jóvenes. Sin embargo…quería estar con Kairi.
-Porfa…-dijo ella, mirándolo suplicante.

Sora rió y se llevó una mano a la cabeza, sonrojado a la vez que feliz.
-¡Está bien! Tu ganas - dijo él.
-¡Perfecto! ¡Vamos! - dijo Kairi, tomando la mano de Sora y empezando a correr hacia la estación de trenes. El corazón de Sora le dio un vuelco cuando sintió la mano de Kairi sobre la suya. Sin embargo, sonrió, intentando restarle importancia al asunto.


El parque de atracciones era un sitio espléndido para divertirse y pasar un rato agradable con amigos. Pero Sora no estaba pasándolo del todo bien. Se encontraba mareado, aquella última montaña rusa había amenazado con hacerle vomitar.

A su lado estaba Kairi, risueña, observando como su amigo estaba pálido y de cuclillas, con una mano en el estómago.
-Sora, ¿seguro que no quieres tomar un poco de agua? Te vendría bien para el mareo - dijo Kairi, bromista aunque algo preocupada.
-¡No estoy mareado! - repuso él, levantándose rápidamente, lo que provocó que sus rodillas temblaran y habría estado a punto de caer si Kairi no lo hubiese sostenido.
-¿Ves? Estás mareado - dijo ella, con orgullo. Le había ganado aquella pequeña batalla. - Ven, vamos a sentarnos en aquel banco.

Ambos jóvenes caminaron lentamente y se sentaron en un banco cercano, desde el cual se veían todas las atracciones, la gente, los puestos de comida… Sora se sentía bastante desanimado. Su estúpido mareo estaba echando a perder su primera cita con Kairi.

-Lo siento, Kairi - dijo él, apretando los puños - Estoy aguando tu diversión con mis mareos y mis tonterías.

Kairi lo miró mientras sus ojos azules se llenaban de dulzura, componiendo una sonrisa suave.
-No te preocupes, Sora. La verdad es que no tengo más ganas de subirme a otra montaña rusa.

El joven suspiró, algo más aliviado.
-Y no me importa estar aquí sentada sin hacer nada si estoy contigo. - dijo ella, con mucha timidez.

Sora abrió mucho los ojos, girándose lentamente hacia la joven que estaba sentada a su lado. ¿Qué acababa de decir?

-Kairi…yo…

Sin embargo, Kairi lo interrumpió con su risa. Ambos miraron al frente de nuevo, aunque Sora estaba perplejo y confundido. ¿Qué había querido decir Kairi con aquellas palabras? Entonces, recordó el motivo por el que ambos habían quedado para verse.

-Oye…Kairi…¿qué era lo que ibas a decirme? Ya sabes…

La joven se tensó, poniéndose nerviosa. Había llegado el momento de decirle la verdad. No podía ser cobarde y echarse para atrás ahora. No, su padre no la había enseñado a ser cobarde.
-Sora, yo… lo siento mucho. Me acerqué a ti para ayudarte con matemáticas no sólo por gentileza.
-¿Qué quieres decir? - preguntó el joven, sin entender.
-Que…yo… desde que empezó el curso, me había fijado en ti. Me pareciste guapo cuando te vi pero me daba vergüenza acercarme a hablarte. Aunque se te veía bastante abierto y sociable…pero mi miedo a no parecerte simpática no me dejaba actuar. - explicó Kairi, mientras el corazón de Sora latía a mil por hora. ¿Estaba confesándole sus sentimientos?

El silencio se hizo entre ambos jóvenes. Sora no sabía que decir y sabía que si hablaba, las palabras se iban a trabar en su boca, haciéndolo parecer un inútil.
-Sora, el motivo por el que me acerqué a ti para ayudarte con matemáticas…es …porque tú…me gustas.

Kairi clavó sus ojos azules en él, mientras un rojísimo Sora la miraba boquiabierto.

FIN DEL CAPÍTULO