Sirius y Remus se encontraban en la puerta de la casa de Severus, y aunque Sirius trataba de estar tranquilo no podía evitar apretar la mano de Remus.

—Mi amor, él no dirá que no—dijo su hombre lobo.

Cuando Severus apareció tras la puerta de su casa su cara de sorpresa era única.

—El gato no está aquí.

—Ya lo sabemos, se fue hoy—dijo Sirius.

Los tres se miraron por lo que parecieron horas pero en realidad solo fueron segundos.

Cuando el cuerpo de Severus se desplazó hacia un lado invitándolos a entrar, Sirius se quedó más tranquilo.

Los tres caminaron hacia el lugar donde solían pasar esos días, era curioso como un lugar nuevo y desconocido se acababa convirtiendo en algo habitual y cómodo.

A pesar de todo Severus se veía algo desconcertado, los tres tomaron asiento como era habitual. Y el servicio de té apareció ante ellos.

Ya era costumbre que Severus les ofreciera té cada tarde y al parecer la rutina no se había roto.

—No sé tú, pero yo le echo de menos—dijo Sirius mirando a Severus, este tan solo asintió.

—El animalito era adorable, pero que yo no le gustara no ayudaba—señaló Remus a lo que se ganó una ceja alzada en modo de sorna del pelinegro.

—Era un animal muy inteligente.—Sus puyas habían bajado de nivel, pero no se privaba de ellas—. Y realmente suave—esto parecía ser más un comentario para sí mismo.

—¿Te gustan las cosas suaves?—preguntó Sirius.

Severus no contestó, y el moreno tampoco le dio tiempo. De un momento a otro, donde había estado Sirius ahora se hallaba un perro de largo cabello negro.

El animal miró a Severus y a Remus, este asintió y el animago se acercó a Severus.

Lo miraba sorprendido, aunque no asustado. El hocico del Sirius tocó la rodilla de Severus buscando su mano sin dejar de hacerlo hasta que esta le acarició entre las orejas.

Sirius movía su rabo contento, no había como que te rascaran las orejitas siendo un perro. Metió su cabeza hasta llegar a la de Severus y darle un lametón en la mejilla haciéndolo reír.

En ese momento se transformó de nuevo, completamente desnudo y entre las piernas de Severus.

Este lo miraba sorprendido, pero no se apartó.

Sirius volvió a alzar su rostro y ya no fue un lametón, ahora le besó, una, dos, tres veces. Hasta que no separó más sus labios besándolo a conciencia.

Al principio sus labios no respondieron, pero cuando los notó moverse al ritmo de los suyos, avivó el beso.

Se levantó de su postura sentándose a horcajadas sobre Severus, que le acogió sosteniéndole por los muslos deslizando sus manos hasta acabar en sus nalgas, apretándoselas mientras el beso se convertía en algo más, en mucho más.

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Ya empieza, ya empieza... (25 capítulos después, bravo!)

Hasta mañana.